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Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#61
La desesperación poco a poco crecía entre los recién llegados. Los grifos no dejaban de echar aquel líquido y las puertas parecían estar cerradas a cal y canto, por mucha fuerza que pusieran en el intento de escapar de allí. La pieza fue algo secundario que Riko no tardó en coger y que Reiji le arrebató después, puesto que Riko, en verdad, no había hecho mucha fuerza —ni parecía haberla hecho— para guardarla consigo.

Reiji, por su parte, al tocar la pieza fue tragado por aquel agua hasta el fondo, sin que los tres restantes pudiesen impedirlo. Acababan de perder a un camarada, a alguien totalmente necesario para salir de allí. Y aunque fueran desconocidos, algo dentro de ellos lo sabía, y si uno de ellos faltaba, los otros pagarían.

Poco después a Juro le dio un tirón por comenzar a nadar para no hundirse. Nadó hasta tomar una tubería que ya estaba cercana al techo, donde el agua comenzaba a llegar. Sin embargo no podría sujetarse más tiempo, porque aquello se abrió y se llevó a Juro sin que Ayame y Riko se dieran cuenta.

Y ellos dos terminaron por recibir el líquido hasta sus cabezas, perdiendo el conocimiento.

• • •

Reiji estaba recostado sobre una alfombra empapada, haciendo que el polvo se pegase a sus ropas con tan solo un minúsculo movimiento. Le dolía la cabeza y algo en su mano le pesaba más de lo que podría haber imaginado de algo tan pequeño. A su lado había una pequeña cesta con algunos suministros de maíz. Unos ojos violáceos miraban desde la oscuridad de un rincón de la habitación al chico que ya comenzaba a volver en sí.

• • •

Juro estaba tumbado sobre una cama, totalmente seco y sin sentimiento alguno de cansancio. La habitación estaba bien iluminada y él se encontraba solo. La puerta estaba cerrada y los muebles sin ninguna mota de polvo.

Pero algo le impedía levantarse de la cama, una cuerda atada a su pie izquierdo, más concretamente.

• • •

Riko y Ayame se hallaban tirados en el recibidor de la casa, ambos empapados y cansados por el esfuerzo que les había supuesto mover sus piernas todo el rato para no ahogarse, Ayame mucho menos que Riko, claro. Ambos comenzaban a recuperarse lentamente, mientras un hombre que ambos habían visto esperaba pacientemente que se levantase, con la mirada posada sobre Ayame.


Orden de posteo: Reiji, Juro, Riko y Ayame.
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#62
Al final, con solo poner mi mano sobre aquella fría pieza de metal, me la lleve. Sin fuerza, como si la pieza estuviese predestinada a estar conmigo. No tuve mucho tiempo para darle vueltas al asunto, pues nada más poner mi mano sobre la pieza me hundí en lo que parecía ser agua lodosa. Y pese a que esperaba golpearme con el suelo de la cocina, no recuerdo ningún golpe, solo perder el conocimiento, tal vez por la falta de aire.

Y entonces desperté. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero desde luego me dolía mucho la cabeza, como si me hubiera dado un fuerte golpe, sin embargo no recordaba haber golpeado nada. Estaba todo empapado, tal vez por el lodo de la cocina, pero desde luego seguía vivo, y no me había ahogado. El polvo de la alfombra sobre la que me encontraba se pegaba a mi ropa mientras me incorporaba, y aquella estúpida pieza de puzle pesaba más de lo que me había imaginado para su tamaño, pero también yo estaba perdiendo las fuerzas. La guarde en el portaobjetos como pude mientras observaba mí alrededor.

Fue entonces cuando lo vi. No a los ojos que me observaban desde uno de los rincones de aquella habitación, sino una pequeña cesta con algo de Maíz. No pude contenerme, mi cuerpo necesitaba ese maíz tanto o más que respirar y todo lo que me rodeaba dejó de existir. Otra vez, si ni siquiera había pensado que aquel maíz pudiese estar envenenado, me abalancé sobre el cual león hambriento y solo cuando termine alce la vista de nuevo. Otra vez había encontrado el maíz tarde y no había sido capaz de controlarme para guardar un poco para el futuro.

En ese momento fue cuando me percate de la otra presencia. Unos ojos violáceos me observaban desde la oscuridad. No podía verse nada, solo aquellos ojos clavados en mí. Ni su rostro, ni su pelo, ni su tamaño. La oscuridad no me permitía ver más allá. Reconozco que me sobresalte, cayendo de culo sobre la alfombra, y empujando con mis brazos y piernas para alejarme de aquella mirada penetrante. Me ponía los pelos de punta. Aun así, hable con voz temblorosa.

¿E…e…eres tu quien me…me ha estado a…ayudando?
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#63
En el culmen del caos, Juro trató de cerrar los grifos, en vano, y señaló impotentemente hacia la puerta. Ayame se quedó paralizada, buscando una salida. Riko y Jin, sin embargo, se dirigieron hacia el mismo lugar: la pieza que Juro había dejado caer y que no había tenido el valor de recoger.

Jin tomó la pieza. En lugar de enloquecer, el resultado fue mucho peor. Al instante, el agua bajo sus pies se lo tragó.

— ¡Jin! — exclamó Juro, sorprendido y aterrado. Era el que menos rencor podía tener contra él, puesto que no había sido consciente de mientras ocurría todo. Aun así, estuvo seguro de que todos se alarmarían.

Nada más ser tragado, Juro sintió sus oportunidades de salir de esa casa tragadas con él. Lo necesitaban. Por alguna maldita razón. Si querían salir de ahí algún día tenían que estar los cuatro.

El agua subió el nivel y Juro trató de mantenerse a flote. En cierto momento, un tirón le asaltó y poco a poco, empezó a hundirse, de espaldas a Riko o Ayame. Cruelmente, ninguno de los dos se dio cuenta de su problema. Ninguno pudo socorrerle.

Trató de aferrarse a una tubería, cercana ya al techo, pero el tirón era demasiado fuerte. Como si algo, desde abajo, le atrayese, inevitablemente.

Se hundió, con impotencia.

« ¡Socorro! ¡Por favor! ¡Alguién! »

Su conciencia se diluyó, como el agua...


Cuando despertó, se dio cuenta de que estaba tumbado en una cama. Muebles inmaculados, sin polvo. La puerta al fondo y una buena iluminación. Tuvo una especie de deja vu.

— Otra vez no…

Estaba completamente seco, y no sentía cansancio alguno. El recuerdo del nado desesperado y de sus compañeros se veía tan lejano ya…

Pero seguía en la mansión. Lo supo al ver aquella habitación.

« Esto no es un sueño. ¿Verdad? Todo esto es real »

Empezaba a ser incapaz de distinguirlo…

Juro trató de moverse hacia la puerta, para comprobar si podía salir de ella. Pero entonces, notó algo. Una cuerda estaba atada a su pie izquierdo, de forma que por mucho que tirase no podía salir.

« No, joder, no… »

Empezó a sentir pánico. ¿Cómo había llegado ahí? ¿Quién le había atado? Y lo más importante. ¿Le encontraría alguien? De no ser así, podría morir de hambre y de sed, en una habitación olvidada, sin que nadie lo supiese.

— ¿¡Hola!? ¿¡Hay alguien ahí!? — vociferó. Empezaba a sentir miedo —. ¡Por favor! ¡Estoy atrapado!

Mientras gritaba, Juro trató de tirar de la cuerda con ambas manos, por si se rompía. Supo que sería en vano. No tenía la fuerza suficiente como para hacer algo así, y solo conseguiría empeorarlo.

Le echó un vistazo a la habitación. Si tan solo hubiese algo que pudiese ayudar a cortar la cuerda…
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...

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  • Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60
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#64
Riko había tratado de conseguir la pieza que se le había caído a Juro pero, antes si quiera de poder agarrarla firmemente, un tercer integrante apareció, sujetándola con fuerza y arrebatándosela al peliblanco de entre los dedos, que al menos había ayudado para que no se hundiera del todo. El Senju entonces esperó cualquier tipo de acción violenta, pero el resultado fue muy diferente, su compañero se hundió, y él trató de agarrarlo, buscó por todas partes al escuchar el grito del kuseño, pero nada.

El peliblanco miró a sus dos compañeros con cara de espanto, Jin había desaparecido y el nivel del líquido no paraba de subir, por lo que rápidamente tuvieron que empezar a preocuparse por sus propias vidas así que comenzaron a nadar, todo por sobrevivir, no había salida, no podían lograrlo pero aún así lo estaban intentando.

En un momento dado su cabeza se vio completamente cubierta y un fondo negro apareció en su mente, no sentía nada a su alrededor, no se sentía ni a sí mismo, no podía moverse, había dejado de luchar, su cuerpo se había rendido ante la situación, no había nada que pudiera hacer ya.

...

Riko abrió sus ojos muy lentamente, tratando de adaptarse a la luz, muy confuso, no sabía que había pasado, ni donde estaba ni cómo había llegado allí, pero se lo agradecía a quien fuera, había sobrevivido y aquello ya era un milagro. Sus músculos, aún doloridos, no le dejaban moverse con toda la libertad que querría, pero aún así movió la cabeza, tratando de ubicarse, estaba en el recibidor de la casa y no estaba solo.

A-Ayame...

Y sus ojos entonces se fijaron en un hombre que esperaba paciente a que ambos recuperasen el conocimiento, con la mirada fija en la kunoichi.

¿Q-Quien... eres? — Alcanzó a preguntar.
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#65
Todo intento fue inútil.

Las puertas permanecían cerradas a cal y canto, de los grifos, imposibles de cerrar, seguía manando aquel extraño líquido amarronado de naturaleza desconocida, y la cocina seguía inundándose a una velocidad antinatural.

—Maldita sea... esto no va bien... —murmuraba Ayame para sí, que no conseguía encontrar ninguna salida adicional.

Un súbito chapoteo la sobresaltó.

—¡Jin! —escuchó la voz de Juro.

—¿¡Dónde está!? —preguntó, con un hilo de voz. Pero no había rastro del muchacho, y Ayame sintió una extraña congoja en su interior que iba mucho más allá de la mera preocupación.

Y es que, un absurdo e inexplicable sentimiento en su interior se lamentaba de haber perdido a Jin. Todos debían permanecer unidos. Él era necesario. Todos ellos eran necesarios si querían salir de allí... vivos.

El nivel del líquido seguía subiendo, y pronto el deseo de Ayame de no tocar aquel fue imposible de cumplir. Asqueada, horrorizada, y sintiéndose terriblemente sucia, se vio pronto obligada a abandonar su refugio en las encimeras, ya inútiles, y nadar para no verse surmergida en el lodo.

«Si es que es sólo lodo de verdad...»

Tan concentrada estaba en mantenerse a flote que ni siquiera se dio cuenta de que Juro también había desaparecido. Con el el líquido al nivel de la barbilla, pataleaba y braceaba con desesperación por mantenerse a flote y el creciente sentimiento de indignación creciendo en su pecho. Ella era el agua. ¿Cómo iba a ahogarse? En condiciones normales, sólo le bastaría utilizar su técnica de hidratación para deshacer su cuerpo en agua y evitarlo. Pero aquellas no eran condiciones normales. Lo intentó de nuevo, pero, tal y como esperaba, seguía sin poder utilizar sus habilidades. Era como si fuera una civil normal más. No sólo estaba sumergida en un líquido de dudosa naturaleza, sino que además iba a verse ahogada en aquel.

—R... Riko-san... —suplicó ayuda, pero él estaba en las mismas condiciones que ella.

Y al final terminó por agotarse de patalear. Se hundió. Y las lágrimas se agolparon en sus ojos.

«Se acabó. Este es mi final. Ahogada y contaminada.» Fue su último pensamiento, cargado de rabia, antes de que todo se oscureciera a su alrededor.

Jamás volvería a ver a sus seres queridos. Ni siquiera había tenido la oportunidad de despedirse de su familia o de Daruu...



. . .



Pero el destino no parecía estar de acuerdo con ella. O eso, o simplemente sintió lástima por su situación.

Abrió los ojos con una profunda inspiración, sus pulmones agradecidos de volver a catar el oxígeno. Estaba tirada de cualquiera manera, aún empapada, pero bajo ella ya no había aquel suelo de ajedrez, sino de madera desgastada y oscura con parches de alfombra roja.

De alguna manera, habían salido de la cocina.

— A-Ayame... —Escuchó una voz junto a ella.

—R... Riko-san... ¿Dónde están los demás...? —murmuró, aún aletargada. Quiso volverse hacia él, pero se dio cuenta de que él tenía la mirada fija más allá de su posición.

Y, con un terrible escalofrío, se levantó y se giró en aquella dirección. Y casi deseó no haberlo hecho. Un hombre los miraba con fijeza.

No.

Más bien la miraba a ella.

Ayame se estremeció, incapaz de apartar la mirada del desconocido, y retrocedió un paso, pálida como la cera.

—¿Q-Quien... eres? preguntó Riko, reproduciendo las dudas de ambos en voz alta.

Pero Ayame no estaba segura de querer conocer la respuesta. ¿Podría tratarse de uno de los cazadores de los que habían estado huyendo? ¿Ya los habían encontrado? ¿Y ahora qué harían? No tenían armas. No tenían sus técnicas. Ayame miró de reojo a Riko. ¿Podrían fiarse de sus cuerpos para defenderse?
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#66
Reiji volvió en sí y lo primero que hizo fue atacar la cesta donde reposaba su tan preciado maíz. Los ojos se cerraron entre las sombras y una débil sonrisa se escuchó, para luego volver a fijar aquellos ojos sobre el muchacho que, asustado cuando se dio cuenta de que esa persona lo miraba, se cayó de nuevo contra la alfombra.

Sí, soy yo —murmuró una voz azucarada, sin todavía salir a la luz —. Creo que has sido el más valiente de tus compañeros al arriesgarte a coger esa pieza, no por nada te elegí el primero... —alegó la voz, dejando ver como un par de manos de un tono aceitunado se veían salir de entre las sombras —. Esa es una de las partes para salir de la casa, pero también para poder liberarla del embrujo, y eres tú quién decide qué hacer con ella, claro está; que el cómo hacerlo no será tan fácil de solucionar.

La figura volvió a esconder todo su cuerpo en las sombras, cerrando los ojos por un momento y desapareciendo de la vista de Reiji.

Cuatro partes conforman la llave, más dos partes no pueden estar juntas, una de ellas te podrá hacer enloquecer, mientras que las otras no te harán ningún daño —recitó la voz —. La cooperación y la confianza son clave, Reiji-kun.

• • •

Juro estaba desesperado, no sabía qué hacer ni cómo deshacerse de la cuerda que lo mantenía preso. Rápidamente pensó que si encontraba algo en la habitación con lo que liberarse podría salir de allí, y lo único que divisó fue un pequeño bulto en la alfombra, que quedaba bastante más cerca de lo que podía imaginarse, aunque no del todo como para conseguir cogerla si se tiraba de la cama o lo intentaba con una mano.

Sin embargo una mano de madera había tomado aquello que reposaba bajo la alfombra y se lo había acercado. Gen lo miraba con su rostro inerte, movido por unos hilos que eran totalmente invisibles. Aquel objeto era ni más ni menos que otro trozo parecido a lo que había encontrado en las cocinas, pero con una parte que parecía cortar. Tenía dos huecos, volviendo a asemejarse a una pieza de un puzle.

Él decidiría qué hacer.

• • •

Riko y Ayame habían sobrevivido sin saber muy bien ni cómo ni por qué. Ambos estaban bien y ya habían recuperado la conciencia, claro que ahora había un intruso entre ellos. El hombre tenía su mirada violácea sobre la figura de Ayame que se estremecía sin querer, mientras que Riko se había atrevido a preguntar quién era.

¿Yo? Yo soy parte del grupo de Hiro, aquel que fue la víctima sin ni si quiera ser el culpable, pero la casa me acogió, y yo logré mi venganza, todo por la pobre e indefensa Midori, que, casualmente, fue la más sádica de los cinco —dijo mientras negaba con la cabeza, y cuando volvió a fijar los ojos en ellos, su cuerpo cambió al del hombre colgado que acababan de presenciar momentos antes —. En efecto, estoy muerto, pero no por ello he dejado de existir, por eso de vez en cuando invito a gente a jugar conmigo, a tres chicos... Y una chica —terminó, dirigiéndose directamente a la kunoichi.

Luego se acercó a Riko y lo miró detenidamente.

Cuatro partes, es lo que necesitáis, tenéis doce horas, si no... —susurró mientras se ampliaba su sonrisa, retorciendo el gesto a uno de terrible satisfacción —Uno de vosotros pagará, y, ¿sabéis qué pasará si uno de los cuatro falta? Que los otros tres no saldrán jamás.

Y el hombre se fue, soltando carcajadas que resonaron por toda la mansión y desapareciendo entre las sombras.


Orden de posteo: Reiji, Juro, Ayame y Riko.
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#67
Sí, soy yo —murmuró una voz azucarada, sin todavía salir a la luz —. Creo que has sido el más valiente de tus compañeros al arriesgarte a coger esa pieza, no por nada te elegí el primero...

Más que valentía había sido desesperación. Al fin y al cabo no me había jugado nada. Las otras personas temían volverse locos como Juro al tocar la pieza. Y yo no es que no tuviera miedo, claro, sin embargo iba a enloquecer si o si, por lo que me daba igual si era por la pieza o por el maldito pero delicioso maíz. Pero ¿para qué cuestionar a la persona que te había salvado la vida?

. Esa es una de las partes para salir de la casa, pero también para poder liberarla del embrujo, y eres tú quién decide qué hacer con ella, claro está; que el cómo hacerlo no será tan fácil de solucionar.

Eso planteaba muchas más preguntas que la desinformación que tenía antes. No es que yo fuera un maniático del conocimiento ni un loco del saber, tampoco me mataba la curiosidad. Pero era obvio que a la vez que quería salir de una vez de aquel maldito lugar, también quería conocer cosas sobre él. Mi avidez de conocimiento no me extrañaba.

Cuatro partes conforman la llave, más dos partes no pueden estar juntas, una de ellas te podrá hacer enloquecer, mientras que las otras no te harán ningún daño —recitó la voz —. La cooperación y la confianza son clave, Reiji-kun.

Espera un momento, ¿Entonces cada pieza esta predestinada a cada uno de nosotros? ¿Y si alguno de mis compañeros muriese, podría cortarle la mano y con la mano coger su pieza? No es que quiera matarlos ni nada, pero este lugar es muy peligroso.

Unos tíos armados que los perseguían. Un muerto al cual me había negado a mirar. Una cocina que se inundaba de fango sola. Y mi pequeño problema con el maíz. Sí, todo muy seguro y pacífico, nada de lo que preocuparse. Se podía andar por el pasillo tranquilamente sin esperar ninguna trampa o locura. Como si estuvieras en tu propia casa.

De cualquier modo, puedo liberar la mansión o salir de ella con las piezas, pero ¿Puedo hacer ambas cosas?

La verdad es que yo quería salir de allí en cuanto pudiera, pero esa persona misteriosa me había ayudado, así que por que no ayudarlo también a él, se lo debía. También revisé mis alrededores buscando una salida, si tenía que encontrar a mis compañeros para salir o liberar la casa de su maldición, primero tendría que mover mi ahora sucio trasero.
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#68
Juro observó por algo que pudiese usar, muy nervioso. ¡Pero había nada! ¡iba a morir ahí! La desesperación empezaba a inundarle…

« Calmate Juro. Si te pones así, no lograrás nada… »

La voz de su hermana, que tantas veces le había dicho eso, se hizo paso en su memoria y logró que se calmase. Juro respiró profundamente unas cuantas veces.

Volvió a observar, esta vez más calmado. Y localizó un bulto en la alfombra. Estaba cerca, más cerca de lo que podría estar.

Trató de estirarse y alcanzarlo, pero por más que lo hiciese, no llegaba. Su pierna protestó ante los tirones — probablemente, le quedaría una buena marca. Sería una suerte si no empezaba a sangrar — hasta que tuvo que rendirse. Realmente no llegaba.

Justo cuando empezó a pensar en alguna otra opción, una mano de madera recogió lo que había en la alfombra y se lo acercó.

Juro alzó la vista, para encontrarse con su marioneta, cara a cara.

— ¿Gen? — murmuró, sorprendido. Estaba ahí, y se estaba moviendo… ¿solo? —. Oh dios mío, Gen. ¿A ti también te han poseído? ¿Es eso?

Sin embargo, su marioneta no intentó matarle ni empezó a dispar fuego. Eso era un alivio. En lugar de eso, le estaba teniendo lo que había bajo la alfombra: una pieza de puzle idéntica a la que le había hecho enloquecer en las cocinas. Pero tenía un extremo filoso.

Entonces lo supo. Algo o alguien quería que cogiese esa pieza. La misma persona, quizá, que le había atado. Le estaban forzando a decidir.

— Oye… ¡No tiene gracia! ¡Deja a Gen en paz, seas quien seas! ¡Es mío! — gritó, a los cuatro vientos, como si alguien le estuviera escuchando en la habitación.

Barajo las opciones. Si se enloquecía, poco podría hacer. Pero tampoco podría causar ningún daño, ¿no? Al fin y al cabo, estaba atado. Si tuviese control de su chakra, podría manejar a Gen y utilizarlo, pero eso no podría ser.

Y no es que tuviera más opciones. Era arriesgarse o morir ahí.

— Espero que no me estés traicionando, colega… — le susurró a la marioneta, mientras estiraba el brazo.

Primero, simplemente se limitó a tocar la pieza con un dedo, para ver si esta provocaba algun efecto. Si no pasaba nada, probaría a tomarla con su mano derecha.

Si todo salía bien y nada se descontrolaba, podría cortar la cuerda.
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#69
—¿Yo? —respondió el extraño hombre de ojos violáceos—. Yo soy parte del grupo de Hiro...

«¿Hiro? ¡¿El mismo Hiro que mencionó Juro antes?!»

—...aquel que fue la víctima sin ni si quiera ser el culpable, pero la casa me acogió, y yo logré mi venganza, todo por la pobre e indefensa Midori, que, casualmente, fue la más sádica de los cinco —continuó, negando con la cabeza. Pero entonces volvió a mirarles y directamente. Su cuerpo cambió súbitamente. Y Ayame soltó un chillido de terror. Aquel hombre era el hombre que habían encontrado ahorcado en la habitación hacía apenas unos minutos. Incapaz de sostenerse sobre sus piernas, Ayame cayó al suelo de culo.

¿Pero cómo era posible? ¡Estaba muerto! Ayame le había visto moverse, ¡pero Riko le había tomado el pulso y había confirmado que estaba muerto!

Y, como si le leyera el pensamiento, siguió hablando:

—En efecto, estoy muerto, pero no por ello he dejado de existir, por eso de vez en cuando invito a gente a jugar conmigo, a tres chicos... Y una chica —concluyó, señalando directamente a la temblorosa Ayame.

El hombre comenzó a acercarse, y aunque se estaba dirigiendo a Riko, Ayame no pudo evitar intentar alejarse del muerto viviente.

—Cuatro partes, es lo que necesitáis, tenéis doce horas, si no... —susurró y sus labios se tensaron en una escalofriante sonrisa—. Uno de vosotros pagará, y, ¿sabéis qué pasará si uno de los cuatro falta? Que los otros tres no saldrán jamás.

Y antes de que pudieran preguntar nada, el hombre desapareció entre las sombras. Pero sus carcajadas seguían reverberando en los oídos de la aterrorizada Ayame.

—No... no entiendo nada... —balbuceó débilmente, con los ojos llenos de lágrimas. Se llevó una mano al pecho. Le dolía el corazón, como si lo estuviera apretando una gélida garra de hierro—. P... ¿Por qué...? ¿Por qué nosotros? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? No entiendo nada... Quiero salir de aquí... Quiero... Quiero...

Era demasiado para ella. No comprendía qué era lo que les estaba pasando y era incapaz de pensar fríamente. En aquellos momentos, sólo quería salir de allí cuanto antes y olvidarlo todo. Echaba de menos su casa...
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#70
El hombre aseguró tratarse de Hiro, y a la cabeza del Senju no pudo olvidársele la escena de cuando Juro había sido poseído, donde aquel nombre también había salido a luz, pero aquello no tenía sentido, no parecía que en la casa hubiera nadie más, ni entonces ni en los últimos tiempos.

Riko estaba paralizado, no podía moverse y sus ojos no se desviaban de aquel hombre, que en un momento dado cambió de apariencia, convirtiéndose en el mismo hombre que habían visto colgado hacía un rato, que el propio Riko se había asegurado que estaba muerto, pero allí le tenían, delante de ellos hablándoles como si nada hubiera sucedido.

—En efecto, estoy muerto, pero no por ello he dejado de existir, por eso de vez en cuando invito a gente a jugar conmigo, a tres chicos... Y una chica

Todo aquello no era más que un juego para él, un juego que, sin dudas, podía llegar a ser mortal y aquel hombre no parecía tener ni el más mínimo remordimiento, simplemente quería jugar.

El peliblanco se vio retrocediendo un par de pasos al ver que aquel hombre se comenzó a acercar a él.

—Cuatro partes, es lo que necesitáis, tenéis doce horas, si no... Uno de vosotros pagará, y, ¿sabéis qué pasará si uno de los cuatro falta? Que los otros tres no saldrán jamás.

Y como si nada de aquello hubiera pasado, desapareció.

El de ojos violáceos se había quedado inmóvil, era incapaz de articular palabra, y simplemente escuchaba a Ayame preguntar cosas que, en aquel punto no serviría de nada preguntar, por lo que, tras unos segundos, se volvió hacia ella.

Está... Está bien, Ayame. Tenemos que encontrar al resto como sea, si queremos salir de aquí tiene que ser todos juntos. Ahora ya sabemos lo que tenemos que hacer, tenemos que encontrar cuatro partes en menos de doce horas, espero no equivocarme pero lo que Juro cogió antes debe de ser una, por lo que nos quedan tres una vez estemos con Jin, así que por favor, tratemos de dejar el miedo de lado.

Acababa de hablar con todo el coraje había sido capaz de reunir, viendo la reacción de la kunoichi sabía que tenía que ser él quien aportara eso en aquellos momentos, por lo que respiró un par de veces para serenarse lo máximo posible.

Vamos, ¿por dónde empezamos?
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#71
Te contestas tu solo —la voz volvió a hablar, y justo después de aquella oración, se carcajeó con una risa bastante estridente, demasiado para los oídos del Amejin —. ¡Qué gracioso eres! No, Reiji-kun, tus compañeros deben estar vivos, de lo contrario, a lo mejor no salís ninguno...

Un brillo extraño se apoderó de sus ojos violetas cuando pronunció aquello último, ¿podía hacer ambas cosas? Nadie lo había intentado, bueno, nadie había podido intentarlo...

Joven, ¿de verdad arriesgarías, no tu vida, sino la de tus compañeros, por ayudarme? —volvió a reír la voz, esta vez en un tono más agudo que antes —. ¡Yo mismo inventé ese Fuuinjutsu! —respondió, mirándole fijamente —. Reiji-kun, de verdad que me tocó la lotería cuando te elegí.

Otra chispa en su mirada, una sonrisa entre las sombras, la voz sonaba distante esta vez.

Sal de aquí, Reiji-kun, creo que vales más que para morir en esta casa...

Si Reiji contestaba, no recibiría respuesta pues aquella voz se había esfumado al igual que el brillo violeta que desprendían sus ojos. La luz de la habitación en la que se encontraba de repente se encendió, pudiendo ver un pequeño cuarto vacío, con solo una estantería y una cama plegada. Si se daba la vuelta, encontraría una puerta de madera con un papel doblado pegado.

La puerta podía abrirse sin problema.

• • •

Gen lo miraba sin mirarle, simplemente depositando sus pequeños y oscuros ojos en el rostro de Juro, aun con el objeto en sus manos, como si no entendiese nada de lo que decía. Y es que, ¿una marioneta entendería las palabras de una persona? Giró la cabeza, y se quedó en la misma posición.

Hasta que Juro tocó la pieza con uno de sus dedos, pero nada más de sentir el frío tan característico de aquel metal le ocurrió, no le dolía nada, ni se sentía fuera de sí, seguía exactamente como antes.

Gen seguía sujetando el objeto, sin moverse.

• • •

Riko y Ayame seguían en el recibidor de la mansión, después de haber encontrado al extraño ser que los había traído hasta allí para jugar con él. Riko todavía seguía en posesión de su trozo de papel deshecho con un mapa de la primera planta del lugar, y solo dos cosas tenían que hacer: buscar más partes, sabiendo que una la tenía aquel chico de nombre Jin, o encontrar a las dos personas restantes del grupo y juntos terminar la búsqueda.


Sois libres de andar por la casa, menos Juro que sigue atado.

Orden de posteo: Reiji, Juro, Riko y Ayame.


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#72
Te contestas tu solo. ¡Qué gracioso eres! No, Reiji-kun, tus compañeros deben estar vivos, de lo contrario, a lo mejor no salís ninguno...

¡Maldición! No solo tenía que asegurar mi supervivencia, sino que también tenía que asegurar la supervivencia de los otros tres. Como no era difícil mantenerse vivo uno mismo en esa situación… Y luego estaba el tema de la confianza. ¿Cómo quería que confiara en unos desconocidos que te dejaban tirado a la minima? Encima, estaba seguro que lo del maíz me iba a volver a suceder. Había perdido el control dos veces, y en ninguna de las dos pude resistirme lo suficiente como para guardar suministros.

Todo se complicaba. Demasiado complicado. No porque fuera un reto para mi inteligencia, sino porque conocía mis propios límites. No había puzles que no pudieran resolverse, pero había acciones que no podían lograrse.

Joven, ¿de verdad arriesgarías, no tu vida, sino la de tus compañeros, por ayudarme? ¡Yo mismo inventé ese Fuuinjutsu!. Reiji-kun, de verdad que me tocó la lotería cuando te elegí.

¿Qué valor podía tener para mí la vida de unos desconocidos? No, esa no era la pregunta que quería hacerme a mí mismo. Aquella voz, desconocida, tenía valor para mí. Un desconocido que se había portado bien conmigo, que me había ayudado en varias ocasiones, tenía valor para mí. Aquellos que me habían dejado atrás, solo eran meros objetos necesarios para completar el puzzle. Solo eran llaves humanas. Para mí, por el momento, ese era su único valor. Pero quien sabe lo que depara el futuro.

Sal de aquí, Reiji-kun, creo que vales más que para morir en esta casa...

Sí. Pensé para mis adentros. Por qué sabía que podía escuchar mis pensamientos. Lo había hecho antes, cuando había suplicado servirle a cambio de maíz. “Puede que tengas razón, pero tú me has ayudado a mí, cuando otros no lo hicieron, si puedo hacer ambas cosas las haré, y no pienses que no voy a intentarlo, a mi cerebro le gustan los retos”. Y aunque lo dije con cierta seguridad, todavía me temblaban las piernas.

Entonces se hizo la luz en la habitación. Era tan solo un pequeño cuarto, con una cama plegada y una estantería, pero con una sola puerta, que además estaba detrás de mí. Aquella persona, la de los ojos violáceos y la piel más oscura que la mía, debía ser un espectro atrapado en aquella mansión. Eso, o me había vuelto majara y todo aquello era solo fruto de mi imaginación y del miedo, aunque el maíz tenía un sabor muy real.

Había un papel sobre la puerta. Lo cogí, luego comprobé que la puerta no estaba cerrada, ni con llave ni con nada. Revisé que seguía teniendo la pieza en mi portaobjetos y luego revise el papelito que había cogido, por si era algo importante. Todo ello, sin salir todavía de la habitación.
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#73
Juro con los dedos la pieza, y al entrar en contacto con el frío metal, alejó la mano, como acto reflejo.

Sin embargo, nada pasó. Estaba bien.

« Parece... seguro »

Por supuesto que no era seguro. Él lo sabía perfectamente tras lo que había visto en aquellas cocinas. La mano aún le latía del dolor — había tenido que golpear algo muy duro —, pero, no tenía otro remedio.

— Seas lo que seas, no quieres que me quede aquí, ¿verdad? — murmuró. ¿Le estaba hablando a la mansión? ¿A Gen? Quién sabe.

Juro cogió la pieza, y con cuidado, utilizó el extremo metálico para cortar la cuerda que retenía su pierna. Poco a poco, hasta deshacerse de su agarre. Tras eso, saboreando por fin la libertad, se masajearía la zona donde había estado atado, y luego se levantaría, en dirección hacia la puerta. Guardó la pieza en su bolsillo, consciente de su importancia. Si eso era una de las cuatro supuestas partes del puzle, como la que había cogido antes, tenía que conservarla. Esa no parecía agresiva, a diferencia de la anterior.

Pero antes de seguir cavilando, se volvió hacia su marioneta.

— ¿Vamos? — preguntó.

Era un asunto peliaguado, aunque Juro estuviese bromeando. El chico era consciente de que la marioneta no tenía vida, y que algo la controlaba. ¿La mansión? Por mucho que miraba, no había hilos de chakra. Antes, había estado en un pergamino. Eso quería decir...

« Aquí hay un ninja. O alguien capaz de deshacer el sellado. Esto apesta » — reflexionó, para sí.

Consciente de que quien quiera que la controlase pudiera matarlo usando su propia marioneta, Juro no se atrevió a cogerla sin más. Se acercó a ella, observando si había algun hilo o si la marioneta hacía un movimiento rápido. Si no ocurría nada durante un rato, se atrevería a tratar de cogerla.

Después de todo, no podía dejarla ahí, sin más. Era de su madre.
Hablo / Pienso

Avatar hecho por la increible Eri-sama.

...

Sellos implantados: Hermandad intrepida
  • Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60
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#74
— Está... Está bien, Ayame —escuchó la voz de Riko cerca de ella, y Ayame se aferró a ella como a un oasis en mitad del desierto. Tenía que concentrarse en su voz si no quería terminar de enloquecer, al menos con él cerca no estaría sola. Porque si hubiera estado sola...—. Tenemos que encontrar al resto como sea, si queremos salir de aquí tiene que ser todos juntos. Ahora ya sabemos lo que tenemos que hacer, tenemos que encontrar cuatro partes en menos de doce horas, espero no equivocarme pero lo que Juro cogió antes debe de ser una, por lo que nos quedan tres una vez estemos con Jin, así que por favor, tratemos de dejar el miedo de lado.

Ella asintió varias veces. Su cuerpo aún temblaba sin control, pero se estaba esforzando por respirar hondo varias veces y apartar los terroríficos pensamientos que acosaban su ya atormentada mente.

— Vamos, ¿por dónde empezamos? —volvió a hablar.

Ayame alzó la cabeza y se refugió en sus exóticos y hermosos ojos violáceos. Volvió a respirar hondo. Una. Dos. Hasta tres veces.

«Todo está bien. Seguimos juntos.» Se recordó, tratando por todos los medios de calmarse.

—Ya... ya hemos visitado la cocina y una de las habitaciones... No creo que encontremos nada allí... —Y tampoco le apetecía nada acercarse al cuarto del hombre ahorcado—. Si no recuerdo mal, de ese mapa que tienes aún queda una habitación para completar el ala este de la casa...

Temblorosa como estaba, tardó algunos segundos más en reincorporarse. Y cuando lo hizo, lo hizo entre peligrosos tambaleos. No podía evitarlo, nunca había sentido tanto miedo como entonces. Pero, por mucho miedo que sintiera, si no seguía adelante jamás podría salir de allí. Debía apoyarse en la presencia de Riko para no quedarse petrificada en el sitio.

—Hay que reunir cuatro piezas... Jin tiene la que encontró Juro... Ay, espero que estén bien... —gimoteó, y su sinceridad iba más allá de que los necesitaban para la supervivencia del grupo. Iba incluso más allá del rencor que había sentido hacia Jin por no haberles ayudado antes. Le preocupaba su seguridad y jamás sería capaz de desearle el mal a nadie de aquella manera.

Fueran adonde fueran, Ayame se sumió en un tenso silencio mientras caminaban. No dejaba de darle vueltas a las palabras que les había dicho El Ahorcado, que era como había decidido llamarle.

—No paran de hablar de un tal Hiro —compartió sus pensamientos en voz alta, al cabo de varios segundos. Quizás necesitaba conocer la opinión de Riko al respecto, quizás simplemente temía quedarse en completo silencio y se estaba refugiando en su voz—. Incluso Juro pronunció ese nombre cuando parecía estar... "poseído"... ¿Qué fue lo que dijo sobre él? ¿Que mataron a Hiro por culpa de alguien...? El Ahorcado dijo que pertenecía a su grupo, así que él no puede ser Hiro. Así que tenemos a tres personajes en esta historia: Hiro, El Ahorcado, y esa tal Midori. —A medida que enumeraba los nombres, iba levantando uno a uno los dedos de su mano derecha—. También dijo que el grupo era de cinco personas, así que aún hay dos que no conocemos... ¿Crees que fue Midori quien mató a Hiro? El Ahorcado dijo que fue la más sádica...
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Sprite por Karvistico.


—Habitación de Ayame: Link

No respondo dudas por MP.
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#75
Mientras hablaba podía observar como la kunoichi se iba calmando poco a poco, lo único que necesitaba en ese momento era alguien que la calmara y en el que pudiese confiar, y Riko iba a ser aquella persona teniendo en cuenta que se encontraban ellos dos solos.

—Ya... ya hemos visitado la cocina y una de las habitaciones... No creo que encontremos nada allí... Si no recuerdo mal, de ese mapa que tienes aún queda una habitación para completar el ala este de la casa...

El peliblanco sonrió, parecía que Ayame estaba más tranquila, por lo que simplemente asintió, dándola la razón tratando así de que ganara en confianza y expulsara de su cabeza lo que acababa de pasar, necesitaba que tanto ella como los otros estuvieran al 100% para poder salir de aquella casa sanos y salvos.

—Hay que reunir cuatro piezas... Jin tiene la que encontró Juro... Ay, espero que estén bien...

Riko miró a su alrededor, tratando de ubicarse por completo.

No te preocupes, el hombre dijo que esto era un juego para él, ¿no? Nos necesita a los cuatro para seguir jugando, así que seguro que estarán bien, solo tenemos que encontrarnos. — Dijo el joven para tranquilizar a Ayame. — Tenemos que movernos, vamos a la sala que nos queda por visitar del ala este, a ver qué encontramos ahí, ¿vale?

El camino se hizo en el más profundo silencio, al menos parte de él, hasta que Ayame decidió compartir sus pensamientos con él, pensamientos que el propio Riko compartía.

Sí... Yo también me he dado cuenta de eso... — Afirmó pensativo. — Puede ser... ¿por qué si no ha puntualizado eso? Además, hay algo que no me cuadra... Ha dicho que Hiro fue la víctima sin ni si quiera ser el culpable, ¿culpable de qué? ¿Qué fue lo que pasó aquí? — Preguntó al aire, sabiendo que Ayame no podía responderle.
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