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Estamos en Ceniza, Verano del año 217.

Saga Torneo de los Dojos (fecha bloqueada)
Últimos rumores: ¡Sigue las tramas de los Hilos del Mundo! Primer Hilo | Segundo Hilo | Tercer Hilo
Trabajo de campo
#1
La avenida principal de la Aldea se encontraba abarrotada como cada mañana, carros, mercaderes ambulantes, viajeros y ciudadanos que iban y venían inmersos en su propia rutina. El ir y venir de los clientes en los comercios, grupos de shinobis que regresaban o marchaban a sus misiones... todo aquello tenía un cierto encanto si se observaba con los ojos adecuados aunque a Ashida simplemente le agobiaba, nunca le gustó estar a la misma altura que las multitudes. El prefería tenerlas a sus pies, frente a su escenario y no pululando a su alrededor de un lugar a otro sin reparar en él.

"Llevo aquí toda la mañana..." se quejaba el pelinegro, que se encontraba sentado sobre un viejo barril a la puerta de una tienda de ebanistería "Por estás cosas no me gusta trabajar dentro de la Aldea... no sabes en quién puedes fiarte" desvió la mirada de la muchedumbre que ocupaba la vía para revisar que su apreciado shamisen descansaba cómodamente junto a él, apoyado entre la pared y el barril "Tal vez tenga que ser menos exigente, tampoco creo que sea tan complicado..." se ajusto sobre los hombros su capa de viaje para después revolver su frondosa melena un tanto desquiciado "Si tan sólo me hubiesen dado todos los malditos detalles directamente..." chasqueó la lengua mientras tomaba con su mano izquierda su instrumento musical por el mástil para subirlo a su regazo "Si fuese en otro lugar no tendría problema en ir yo solo... pero aquí dentro no puedo permitirme errores, tengo que ir sobre seguro" se recordó así mismo al verse tentado a presentarse aquella tarde-noche solo en Minami Tabān (Taberna del Sur)

Dispuesto a hacer su espera más amena, sacó de entre sus ropas su bachi mientras se acomodaba el shamisen. Respiro hondo con suavidad antes de hacer vibrar la primera cuerda de su instrumento "Vamos allá..." Ashida comenzó a tocar ante la sorpresa de muchos viandantes que se detenían a observar, unos se quedaban, otros recordaban que tenían tareas que hacer y seguían su camino, otros ni siquiera le prestaban atención... pero ninguno de ellos le importaba los más mínimo, en aquel momento para el músico solo existían él y su shamisen.
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#2
En cuanto Daigo despertó, supo que aquella mañana sería una de esas mañanas. No podía escuchar ningún ruido en toda la casa, a parte del sonido de platos y cubiertos que provenía del comedor.

Supongo que tendré que prepararme antes de que él me lo diga, ya sé lo que me espera.

Luego de estirarse y dejar escapar un gran bostezo, el peliverde se vistió y salió al comedor.

—¡Buenos días!

—¡Buenos días! ¿Listo para una sesión de entrenamiento con tu padre?

...

—Oye, ¿Por qué llevas la capucha puesta? Hace calor y no está lloviendo...

—Porque me gusta, además, ayuda a tapar mi pelo...

—¿Eh? ¿Qué tiene de malo tu pelo?

Padre e hijo trotaban por las calles de la aldea. Una de las pocas veces en las que ambos se tomaban un rato para charlar y estar juntos.

—¡Es verde! ¿Te parece normal tener el pelo verde?

—¡Tu abuelo tenía el pelo verde!

Antes de que ninguno se diese cuenta, una tonta discusión se formó en torno al color de pelo de Daigo.

Luego de un par de minutos más corriendo y de dejar atrás aquella pequeña discusión, padre e hijo continuaron charlando de forma mucho más amena mientras trotaban.

Hasta que...

—Uf... uf... tú... sigue entrenando... que tengo algo que prepararte en casa...

Akio estaba totalmente exhausto.

—Uhh... claro, estaré fuera un rato más, volveré luego.

Penoso...

Daigo continuó entrenando un rato más, hasta que un hermoso sonido que provenía de la avenida principal de la aldea lo obligó a dirigirse hasta allí y detenerse a disfrutar del espectáculo junto al público que se había formado.
-hablo-
pienso
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#3
Tras el silencio de la última nota, siguió una pequeña ovación. Ashida observó el nutrido grupito que se había formado al rededor suyo con cierto orgullo, no había nada que le gustase más que sentir que su música era algo capaz de no dejar indiferente a las personas "Es genial sentir el calor del público" se vanaglorio para sí mismo, sabedor de que la falsa humildad era mejor siempre que la vanidad

—Muchas gracias— respondió el chico mientras dejaba de nuevo en el suelo, apoyado entre el barril y la pared —Me alegro de que les haya gustado— se llevó la mano hasta su nuca, atravesando su vigorosa mata de pelo negro en un gesto más que ensayado

—¡Otra, otra!— empezó una niña y pronto lo demás lo corearon

—¡Lo siento, lo siento!— se disculpó el muchacho mientras desentrelazaba sus piernas para apoyarlas en el suelo —Nada me gustaría más que tocar para tan magnífico público, pero se me hace tarde y aún hay cosas que debo hacer— se disculpó el pelinegro —Pero no se preocupen, mañana volveré a tocar aquí mismo— anunció mientras se levantaba con cierta dificultad, casi se le habían dormido las piernas

"Daños colaterales de llevar toda la mañana ahí sentado..." se ajustó la capa con un par de palmadas a la altura del trasero

—¡Gracias a todos!— volvió a repetir mientras el grupo comenzaba a dispersarse a su alrededor, Ashida se dio la vuelta y recogió su shamisen con cuidado. Lo colocó sobre el barril y sacó una cinta desde el interior de su túnica, era la banda de cuero que usaba para poder cargar a la espalda su instrumento sin dificultad.

"Será mejor que vaya a otra parte... parece que hoy no es mi día de suerte, ¿dónde se habrán metido todos esos gennins pardillos recién salidos de la academia?" se preguntaba el pelinegro "Al final me veo yendo solo"

Así que sin más, se puso a atarlo con cuidado.
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#4
El músico continuó tocando durante apenas un par de minutos, el tiempo suficiente para encantar por completo al chico, que no estaba acostumbrado a disfrutar de muchos espectáculos debido a su clase social.

—¡Impresionante!

Aplaudió con energía junto al resto del público en cuanto el joven dejó de tocar.

—Muchas gracias —respondió el músico ante la ovación del público—. Me alegro de que les haya gustado.

—¡Otra, otra! —Empezó una niña y luego todo el público, incluído Daigo, la coreó.

—¡Lo siento, lo siento! —se disculpó el músico—. Nada me gustaría más que tocar para tan magnífico público, pero se me hace tarde y aún hay cosas que debo hacer, pero no se preocupen, mañana volveré a tocar aquí mismo

Demonios... supongo que tendré que esperar a mañana.

—¡Gracias a todos!

Todo el público empezó a dispersarse mientras el músico recogía sus cosas, todo el público excepto Daigo, que decidió acercarse al joven.

—Eso ha sido increíble —dijo—. ¿Cómo se llama?
-hablo-
pienso
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