14/01/2017, 23:05
Madre mía me ha tocado la lotería el día que fui aceptado en Kusagakure
Pensaba alegre mientras disfrutaba de un esplendido día de primavera de esos buenos, de esos que la brisa traía aromas flores y los pajaritos cantaban alegres y todas esas cosas cursis tan bonitas. Sin duda un buen día para entrenar hasta caer rendido.
Pero bueno, como aún me estaba adaptando a la aldea, más que nada me tomé el día de relax buscando sitios decentes en donde pudiera entrenar. Ayaka me comentó que habían dojos y sitios en donde los shinobis Kusagakureños se daban mamporros a base de bien.
A ver si me encuentro un tipo duro para darnos de tortas...
Paseé por la aldea cargando a la espalda mi amigo tronco de cien kilos que me agencié el otro día, bien sujeto a una enorme cuerda que tenía atada la cintura y encontré varios Dojos, pero me centré en los que estuvieran practicando algo de taijutsu. Me dispuse a entrar en aquel inmenso Dojo en donde podía escuchar sin problemas los berridos de lo que seguramente sería los ninjas entrenando o peleando. Fuera lo que fuera que estuvieran haciendo dentro, seguro que me interesaría.
Pero antes de entrar, al ver que el Dojo estaba hecho a base de madera, y aún viendo que era una estructura la mar de sólida. No quise arriesgar que el peso del tronco junto con el mio fuera demasiado para los viejos tablones del suelo. Por lo que dejé el tronco en la entrada, sabía que nadie se lo llevaría...
Bueno...vamos allá...
Yo ya empecé a escudriñar a todo el mundo con el que me cruzaba mientras entraba, sobre todo los shinobis con chalecos y con máscaras, que esos eran la clase de oponentes que me interesaban. Quería hostias de verdad, no caricias de bebés.
Pensaba alegre mientras disfrutaba de un esplendido día de primavera de esos buenos, de esos que la brisa traía aromas flores y los pajaritos cantaban alegres y todas esas cosas cursis tan bonitas. Sin duda un buen día para entrenar hasta caer rendido.
Pero bueno, como aún me estaba adaptando a la aldea, más que nada me tomé el día de relax buscando sitios decentes en donde pudiera entrenar. Ayaka me comentó que habían dojos y sitios en donde los shinobis Kusagakureños se daban mamporros a base de bien.
A ver si me encuentro un tipo duro para darnos de tortas...
Paseé por la aldea cargando a la espalda mi amigo tronco de cien kilos que me agencié el otro día, bien sujeto a una enorme cuerda que tenía atada la cintura y encontré varios Dojos, pero me centré en los que estuvieran practicando algo de taijutsu. Me dispuse a entrar en aquel inmenso Dojo en donde podía escuchar sin problemas los berridos de lo que seguramente sería los ninjas entrenando o peleando. Fuera lo que fuera que estuvieran haciendo dentro, seguro que me interesaría.
Pero antes de entrar, al ver que el Dojo estaba hecho a base de madera, y aún viendo que era una estructura la mar de sólida. No quise arriesgar que el peso del tronco junto con el mio fuera demasiado para los viejos tablones del suelo. Por lo que dejé el tronco en la entrada, sabía que nadie se lo llevaría...
Bueno...vamos allá...
Yo ya empecé a escudriñar a todo el mundo con el que me cruzaba mientras entraba, sobre todo los shinobis con chalecos y con máscaras, que esos eran la clase de oponentes que me interesaban. Quería hostias de verdad, no caricias de bebés.