16/01/2017, 22:50
Nos dispusimos a salir de la aldea, cargados hasta los topes. La pobre mula estaba tan cargada, que sentía lastima por ella. Tanto que me daban ganas de aligerar su carga llevándola yo mismo. Pero siendo sinceros, era un animal verdaderamente duro y resistente. Me atrevería a decir que ese animal era el mejor trabajador que teníamos.
No se que haríamos si no tuviéramos a este bicho...
Era temprano ese día, y se notaba actividad de comerciantes y campesinos que se preparaban para emprender sus rutas comerciales. Eso nos daba cierta tranquilidad, Los asaltadores de caminos, solían elegir como presa a los pobres despistados que eran lo suficientemente imprudentes para viajar solos, más aún si iban bien cargados. Y yo era lo que quería hacer, era el mejor reclamo para ese tipo de calaña, a fin de cuentas, estuve muchos años conviviendo con gente así.
-Parece que tendremos que asegurarnos de viajar solos. Comenté con seriedad.
-Bueno, así es mucho mejor. La mercancía que llevamos es muy pero que muy urgente. Aclaró mi madre que lo único que quería, era no tener contra tiempos en el camino. Pero yo lo veía difícil, los problemas siempre son mejor cortarlos de raíz, y cuanto antes mejor.
-Ya veremos ya... Respondí dando una patada a un piedra que salió disparada.
Al rato, cuando estábamos a punto de salir por las puertas de la aldea, había además de comerciantes y campesinos. Algún que otro shinobi que se disponía a emprender sus respectivos viajes para llevar a cabo sus importantes misiones. Pero ese día yo tenía que cumplir con mi deber de hijo. Adelantándonos un poco más, había un shinobi solitario apoyado sobre el muro con pose interesante, y daba la impresión de que nos estaba esperando, pues no nos quitaba el ojo de encima.
Entonces como parecía evidente le pregunté sin más. -¿Querías algo? Le pregunté todavía con la voz típica de no llevar muchas horas despierto.
No se que haríamos si no tuviéramos a este bicho...
Era temprano ese día, y se notaba actividad de comerciantes y campesinos que se preparaban para emprender sus rutas comerciales. Eso nos daba cierta tranquilidad, Los asaltadores de caminos, solían elegir como presa a los pobres despistados que eran lo suficientemente imprudentes para viajar solos, más aún si iban bien cargados. Y yo era lo que quería hacer, era el mejor reclamo para ese tipo de calaña, a fin de cuentas, estuve muchos años conviviendo con gente así.
-Parece que tendremos que asegurarnos de viajar solos. Comenté con seriedad.
-Bueno, así es mucho mejor. La mercancía que llevamos es muy pero que muy urgente. Aclaró mi madre que lo único que quería, era no tener contra tiempos en el camino. Pero yo lo veía difícil, los problemas siempre son mejor cortarlos de raíz, y cuanto antes mejor.
-Ya veremos ya... Respondí dando una patada a un piedra que salió disparada.
Al rato, cuando estábamos a punto de salir por las puertas de la aldea, había además de comerciantes y campesinos. Algún que otro shinobi que se disponía a emprender sus respectivos viajes para llevar a cabo sus importantes misiones. Pero ese día yo tenía que cumplir con mi deber de hijo. Adelantándonos un poco más, había un shinobi solitario apoyado sobre el muro con pose interesante, y daba la impresión de que nos estaba esperando, pues no nos quitaba el ojo de encima.
Entonces como parecía evidente le pregunté sin más. -¿Querías algo? Le pregunté todavía con la voz típica de no llevar muchas horas despierto.