21/01/2017, 18:47
Toshio era un shinobi demasiado genial, tan genial que habló de justicia y todas esas chorradas. Para mí la justicia era un mero instrumento de los mejores posicionados socialmente para hacer lo que le saliesen de las mismísimas pelotas. Pues nada, que en el caso de encontrar asaltadores de caminos, quería que los lleváramos ante la justicia.
Joder con la justicia...¿A caso no somos ahora la justicia?
Me parecía muy complicado eso, apalizar a esos mierdas, capturarlos, llevarlos a esa "justicia" por que eran muy señoritos. Esa gente que tiene el poder divino de decidir sobre el destino de otros eran tipos muy cómodos, más cómodos aún, cuando se tratan de cosas que no les afecta.
-No hace falta tanta historia. Dije despreocupado. -Solo hay que darles un pequeño susto, para que no vuelvan a hacer esas tonterías y que se dediquen a trabajar en algo honrado...cojones...Que se pasan dos pueblos... Si robaran por necesidad seria una cosa, pero es que esa gente robaba para revenderlo. Y encima te destrozaban aquello que no se podían llevar...
La gente mala se merece hostia fina. Punto.
Hablamos de nuestras cosas, cosas de ninjas peligroso que eramos. Toshio era un shinobi preparado, demasiado para mi gusto como casi todo el. Llevaba un huevo de armas, cosa que a mi no me gustaban, por que si por algún caso te quedabas sin ellas ¿Que cojones hacias? ¿Poner cara de gilipollas mientras te liquidan? Pero Toshio era perfecto. O eso pensé cuando dijo...
-Bueno, no, yo SOY Taijutsu-
Quedé sorprendido ante tal demostración de autoconfianza y le comenté sonriente, casi a carcajada limpia. -Joder Toshio, eres un tipo duro de la hostia. Ya me enseñará en Señor Taijutsu un par de llaves ¿No? ja ja ja.
La caminata se volvió amena hablando de barbaridades juveniles aliñadas de fanfarronería máxima. Hasta que llegamos al Paraje del Bambú, concretamente donde sucedió aquello del otro día.
-Mantén los ojos abiertos colegui, por aquí aparecieron esos capullos el otro día.
Estos tíos sabían muy bien hacer lo que hacían, justo en esta parte del camino. Un misero camino de tierra y un mar de bambú a cada lado.
-Un sitio perfecto para una emboscada. Comenté con seriedad. Y la verdad no era un experto, pero hace un rato que nos habíamos sumido en un incómodo silencio...
Joder con la justicia...¿A caso no somos ahora la justicia?
Me parecía muy complicado eso, apalizar a esos mierdas, capturarlos, llevarlos a esa "justicia" por que eran muy señoritos. Esa gente que tiene el poder divino de decidir sobre el destino de otros eran tipos muy cómodos, más cómodos aún, cuando se tratan de cosas que no les afecta.
-No hace falta tanta historia. Dije despreocupado. -Solo hay que darles un pequeño susto, para que no vuelvan a hacer esas tonterías y que se dediquen a trabajar en algo honrado...cojones...Que se pasan dos pueblos... Si robaran por necesidad seria una cosa, pero es que esa gente robaba para revenderlo. Y encima te destrozaban aquello que no se podían llevar...
La gente mala se merece hostia fina. Punto.
Hablamos de nuestras cosas, cosas de ninjas peligroso que eramos. Toshio era un shinobi preparado, demasiado para mi gusto como casi todo el. Llevaba un huevo de armas, cosa que a mi no me gustaban, por que si por algún caso te quedabas sin ellas ¿Que cojones hacias? ¿Poner cara de gilipollas mientras te liquidan? Pero Toshio era perfecto. O eso pensé cuando dijo...
-Bueno, no, yo SOY Taijutsu-
Quedé sorprendido ante tal demostración de autoconfianza y le comenté sonriente, casi a carcajada limpia. -Joder Toshio, eres un tipo duro de la hostia. Ya me enseñará en Señor Taijutsu un par de llaves ¿No? ja ja ja.
La caminata se volvió amena hablando de barbaridades juveniles aliñadas de fanfarronería máxima. Hasta que llegamos al Paraje del Bambú, concretamente donde sucedió aquello del otro día.
-Mantén los ojos abiertos colegui, por aquí aparecieron esos capullos el otro día.
Estos tíos sabían muy bien hacer lo que hacían, justo en esta parte del camino. Un misero camino de tierra y un mar de bambú a cada lado.
-Un sitio perfecto para una emboscada. Comenté con seriedad. Y la verdad no era un experto, pero hace un rato que nos habíamos sumido en un incómodo silencio...