27/02/2017, 02:41
«Menudo fastidio. Menudo fastidio.»
La misión de rango D que se le había encomendado al genin era simple y directa: transportar un pergamino desde la villa de Uzu hasta Yamiria. Por supuesto, los contenidos del pergamino le eran completamente desconocidos. No se molestó en preguntar siquiera. ¿Para qué? Se hacía una idea de cómo eran los altos mandos de la aldea.
En cualquiera de los casos, lo que pudiera estar transportando no podría darle más igual. Podría tratarse de unos planes de asesinato y a Ralexion le habría resultado indiferente. Que no es que le fueran a encomendar algo así a un genin novato como él, de todas formas.
Lo importante de la cuestión es que tenía que ir hasta allí, él solo, ¡a pie! ¡Que ultraje! Pero si decía que no, sabía que su madre lo mataría en cuanto se enterara. Así que el Uzumaki se puso su conjuto de ropajes favorito y puso una pierna delante de la otra, que el camino se hace al caminar.
Logró llegar a Yamiria, y su mayor deseo era el de reposar el trasero sobre algún tipo de asiento y comer algo para acallar a su caprichoso estómago. La ciudad era bella y vibrante, algo que en condiciones normales llamaría la atención de Ralexion y alimentaría su curiosidad; no obstante, su ánimo era como poco paupérrimo. Solo quería dar con la casa del té donde debía de reunirse con el agente de Amegakure y volver al hogar, a comer algo casero preparado por su madre.
Le llevó una buena media hora cumplir su objetivo, pero eventualmente dio con el lugar en cuestión. Le informaron de que su contancto era un joven al que le faltaba un ojo. «Debería de ser sencillo.»
Entró en el local. Escaneó el interior con la mirada, pero no encontró a nadie que se correspondiera con la descripción. Suspiró. Tomó asiento en una mesa libre, cerca de la puerta. No había pasado más de un minuto y ya se le había acercado una camarera para tomarle pedido.
—Bienvenido al Jardín del Té, señor cliente. ¿Qué desea?
—Un té verde con tres cucharadas de azúcar y dos raciones de dangos, por favor. Los más dulces que tengan —afirmó con tono ausente mientras se rascaba el hombro derecho.
—Un té verde con tres cucharadas y dos raciones de dangos muy dulces, ¡marchando!
La camarera se marchó. El Uzumaki volvió a suspirar. ¿Quién demonios le mandó meterse a ninja? Con lo bien que estaría él ahora ayudando a su madre en la floristería...
La misión de rango D que se le había encomendado al genin era simple y directa: transportar un pergamino desde la villa de Uzu hasta Yamiria. Por supuesto, los contenidos del pergamino le eran completamente desconocidos. No se molestó en preguntar siquiera. ¿Para qué? Se hacía una idea de cómo eran los altos mandos de la aldea.
En cualquiera de los casos, lo que pudiera estar transportando no podría darle más igual. Podría tratarse de unos planes de asesinato y a Ralexion le habría resultado indiferente. Que no es que le fueran a encomendar algo así a un genin novato como él, de todas formas.
Lo importante de la cuestión es que tenía que ir hasta allí, él solo, ¡a pie! ¡Que ultraje! Pero si decía que no, sabía que su madre lo mataría en cuanto se enterara. Así que el Uzumaki se puso su conjuto de ropajes favorito y puso una pierna delante de la otra, que el camino se hace al caminar.
Logró llegar a Yamiria, y su mayor deseo era el de reposar el trasero sobre algún tipo de asiento y comer algo para acallar a su caprichoso estómago. La ciudad era bella y vibrante, algo que en condiciones normales llamaría la atención de Ralexion y alimentaría su curiosidad; no obstante, su ánimo era como poco paupérrimo. Solo quería dar con la casa del té donde debía de reunirse con el agente de Amegakure y volver al hogar, a comer algo casero preparado por su madre.
Le llevó una buena media hora cumplir su objetivo, pero eventualmente dio con el lugar en cuestión. Le informaron de que su contancto era un joven al que le faltaba un ojo. «Debería de ser sencillo.»
Entró en el local. Escaneó el interior con la mirada, pero no encontró a nadie que se correspondiera con la descripción. Suspiró. Tomó asiento en una mesa libre, cerca de la puerta. No había pasado más de un minuto y ya se le había acercado una camarera para tomarle pedido.
—Bienvenido al Jardín del Té, señor cliente. ¿Qué desea?
—Un té verde con tres cucharadas de azúcar y dos raciones de dangos, por favor. Los más dulces que tengan —afirmó con tono ausente mientras se rascaba el hombro derecho.
—Un té verde con tres cucharadas y dos raciones de dangos muy dulces, ¡marchando!
La camarera se marchó. El Uzumaki volvió a suspirar. ¿Quién demonios le mandó meterse a ninja? Con lo bien que estaría él ahora ayudando a su madre en la floristería...