23/03/2017, 22:41
Por fin logró parar de carcajearse. Esperó, de corazón, no tener otro ataque de risa similar. Le dolía la mandíbula y las articulaciones. También se sentía algo mareado, pero eso era producto de las esporas, sin lugar a dudas.
Tomó una profunda bocanada de aire y alzó la vista. Miró de nuevo al monstruo de tres cabezas, pero ya no estaba allí. Sus ojos parpadearon varias veces, incrédulos. En su lugar se encontraba una despampanante rubia de tez morena, vestida con un kimono corto -MUY corto- de color negro, adornado con motivos florales.
—¿Te gusta lo que ves? —le preguntó con tono sensual.
Ralexion se puso rojo como un tomate. Si desarollara el Sharingan en ese instante, su faz seguiría siendo más carmesí que sus ojos. Su respiración se aceleró de manera más que perceptible. No sabía qué hacer, y en cuanto a cómo reaccionar, su cuerpo ya lo había decidido por él.
—Anda, acércate que no muerdo —afirmó, lamiéndose el labio superior.
—Yo-yo-yo-yo —repetió una y otra vez, como si su mente se hubiera quedado atrapada en un bucle.
Finalmente se desmayó. Ante tal asalto a los sentidos, incapaz de procesarlo todo, su joven mente optó por desconectarse. Eso sí, incluso en su desvanecimiento, sus labios mostraban una sonrisa.
Tomó una profunda bocanada de aire y alzó la vista. Miró de nuevo al monstruo de tres cabezas, pero ya no estaba allí. Sus ojos parpadearon varias veces, incrédulos. En su lugar se encontraba una despampanante rubia de tez morena, vestida con un kimono corto -MUY corto- de color negro, adornado con motivos florales.
—¿Te gusta lo que ves? —le preguntó con tono sensual.
Ralexion se puso rojo como un tomate. Si desarollara el Sharingan en ese instante, su faz seguiría siendo más carmesí que sus ojos. Su respiración se aceleró de manera más que perceptible. No sabía qué hacer, y en cuanto a cómo reaccionar, su cuerpo ya lo había decidido por él.
—Anda, acércate que no muerdo —afirmó, lamiéndose el labio superior.
—Yo-yo-yo-yo —repetió una y otra vez, como si su mente se hubiera quedado atrapada en un bucle.
Finalmente se desmayó. Ante tal asalto a los sentidos, incapaz de procesarlo todo, su joven mente optó por desconectarse. Eso sí, incluso en su desvanecimiento, sus labios mostraban una sonrisa.