2/04/2017, 16:26
—Mis disculpas, sufrimos unos percances por el camino, pero ahora estamos aquí a su disposición —respondió Toshio, con una educada reverencia.
Aunque su compañero fue bastante más seco a la hora de excusarse:
—Hemos venido tan rápido como buenamente hemos podido. De todos modos, será mejor que nos explique cuál es la situación y nos pongamos manos a la obra, ¿No le parece?
Chīzu Nezumi torció ligeramente el gesto ante aquella falta de diligencia. Sin embargo, terminó por sacudir la cabeza y les hizo una señal a ambos para que subieran las escaleras.
—Bien, no importa. Acompañadme, muchachos. Os explicaré de qué va todo esto.
Después de seguir sus instrucciones, guió a ambos muchachos a lo largo de un estrecho y largo pasillo bien iluminado por numerosos ventanales, el suelo era de madera reluciente y que crujía bajo sus pies entre lastimeros gañidos. Al fondo del mismo, dos portones daban paso a un amplio despacho que poco tendría que envidiar al del mismísimo Morikage. Estanterías de la mejor madera repletas de diferentes archivadores poblaban las paredes, una cálida moqueta verde cubría el suelo y, junto a un gran ventanal que daba vista a los océanos de maíz que se extendían en el exterior, un escritorio bien cuidado y ordenado. Nezumi se plantó frente al ventanal, con los brazos cruzados y sus pequeños ojos entrecerrados.
—Estos campos de maíz han sido mi vida desde que nací. Con ellos me he ganado el sustento, y esta fama que me permite ahora vivir entre tantas comodidades. He trabajado duro por él durante tantos años...
Se giró hacia los muchachos, con su gesto contraído en una mueca de rabia y desolación.
—Pero ahora una plaga de ratas está acabando con mi cosecha. Todos los días me encuentro varias hanegadas con plantas inservibles que debo desechar. ¿Podéis haceros una idea de la cantidad de ryos que pierdo a cada minuto que pasa por culpa de esas alimañas?
»Por eso necesito que me ayudéis a acabar con esta plaga de una vez por todas. ¿Tenéis alguna idea de cómo hacerlo?
Aunque su compañero fue bastante más seco a la hora de excusarse:
—Hemos venido tan rápido como buenamente hemos podido. De todos modos, será mejor que nos explique cuál es la situación y nos pongamos manos a la obra, ¿No le parece?
Chīzu Nezumi torció ligeramente el gesto ante aquella falta de diligencia. Sin embargo, terminó por sacudir la cabeza y les hizo una señal a ambos para que subieran las escaleras.
—Bien, no importa. Acompañadme, muchachos. Os explicaré de qué va todo esto.
Después de seguir sus instrucciones, guió a ambos muchachos a lo largo de un estrecho y largo pasillo bien iluminado por numerosos ventanales, el suelo era de madera reluciente y que crujía bajo sus pies entre lastimeros gañidos. Al fondo del mismo, dos portones daban paso a un amplio despacho que poco tendría que envidiar al del mismísimo Morikage. Estanterías de la mejor madera repletas de diferentes archivadores poblaban las paredes, una cálida moqueta verde cubría el suelo y, junto a un gran ventanal que daba vista a los océanos de maíz que se extendían en el exterior, un escritorio bien cuidado y ordenado. Nezumi se plantó frente al ventanal, con los brazos cruzados y sus pequeños ojos entrecerrados.
—Estos campos de maíz han sido mi vida desde que nací. Con ellos me he ganado el sustento, y esta fama que me permite ahora vivir entre tantas comodidades. He trabajado duro por él durante tantos años...
Se giró hacia los muchachos, con su gesto contraído en una mueca de rabia y desolación.
—Pero ahora una plaga de ratas está acabando con mi cosecha. Todos los días me encuentro varias hanegadas con plantas inservibles que debo desechar. ¿Podéis haceros una idea de la cantidad de ryos que pierdo a cada minuto que pasa por culpa de esas alimañas?
»Por eso necesito que me ayudéis a acabar con esta plaga de una vez por todas. ¿Tenéis alguna idea de cómo hacerlo?