19/04/2017, 21:00
Amegakure, la aldea que le devolvió a la vida.
Había estado algunos buenos meses recluído en el hospital de la aldea, después del incidente con su pasado. Fueron meses difíciles los que tuvo que soportar durante su recuperación, pero las quemaduras en su cuerpo serían testigos de lo que había vivido. Bontenmaru pudo salir adelante gracias a la persona que le salvó, quien ahora se había convertido en su padre adoptivo, su maestro.
Pasaron los meses para que su recuperación fuera oficial. Ya había aprendido como era la aldea de Ame, pero no había socializado con nadie que no fuera su maestro. Obviamente, los buenos días los daba por cordialidad. Los vecinos y amigos de su maestro lo conocían por ser "el sobreviviente". Sin embargo, Bontenmaru no tenía amistades o rivalidades, nadie conocido de su edad. De momento se la había pasado viviendo introvertido, observando las apariencias y actitudes de los que le rodeaban. ¿Aburrido? Quizás.
Dejando de lado esas historias...
Era un día normal en el distrito, y Bonten se había adentrado a la arcadia. Todavía no había reunido sus propios ryos porque no había salido de misión, así que no tuvo de otra que ir a pedirle dinero a su maestro.
-¿En serio me estás pidiendo dinero para eso? - Preguntó con la ceja arqueada.
-Si. - Respondió con una simple respuesta. Con sus mejillas infladas y mirando para otro lado.
Y así fue que consiguió el dinero. Bontenmaru se había estado viciando en un juego que se llamaba "Ninja Fighter" (Versión de Street Fighter pero con ninjas). Para llegar a ser bueno, tuvo que aprender a conocer los personajes, tuvo muchas derrotas y otras victorias, y ahora no había nadie que lo quitara de la bendita maquinita que estaba cerca de la de Otsusuki Invaders. Salvo que, llegó el gerente y pidió que le dieran espacio en la máquina. Era muy popular y tenían que sacar todas las monedas que habían hechado.
Así que Bontenmaru se estiró y salió caminando del lugar para ver que otras máquinas habían y se fijó en aquella llamada Otsusuki Invaders. Había una chica jugando, o al menos, eso pensó Bontenmaru porque vió a Kagetsuna de espaldas.
El muchacho del parche decidió acercarse a la máquina y ponerse a un lado, respetando el espacio de la peli-violeta. De momento, la llamaría como "mujer" porque no se había fijado en su rostro. La mirada del pelinegro estaba concentrada en el juego y en como jugaba la persona de la máquina.
Debía admitir que le daban ganas de trollearla rompiéndo el silencio para sacarla de su concentración, o haciéndo alguna otra cosa para verla fallar. No sería mala idea, kufufufu. ~ Pero él entendía muy bien el sentido del "gaming". ¡Era un pecado, un sacrilegio interrumpir los "Scores" de los demás! Y como a Bonten no le gustaba que le hicieran eso... Pues se mantendría respetando el espacio personal de Kagetsuna, y también el espacio que tenía "ella" con el juego. Solo observando en silencio, animándola con la mente para que terminara el juego, o el juego terminaba con ella... Y ver si jugaba él, kufufufu. ~
Había estado algunos buenos meses recluído en el hospital de la aldea, después del incidente con su pasado. Fueron meses difíciles los que tuvo que soportar durante su recuperación, pero las quemaduras en su cuerpo serían testigos de lo que había vivido. Bontenmaru pudo salir adelante gracias a la persona que le salvó, quien ahora se había convertido en su padre adoptivo, su maestro.
Pasaron los meses para que su recuperación fuera oficial. Ya había aprendido como era la aldea de Ame, pero no había socializado con nadie que no fuera su maestro. Obviamente, los buenos días los daba por cordialidad. Los vecinos y amigos de su maestro lo conocían por ser "el sobreviviente". Sin embargo, Bontenmaru no tenía amistades o rivalidades, nadie conocido de su edad. De momento se la había pasado viviendo introvertido, observando las apariencias y actitudes de los que le rodeaban. ¿Aburrido? Quizás.
Dejando de lado esas historias...
Era un día normal en el distrito, y Bonten se había adentrado a la arcadia. Todavía no había reunido sus propios ryos porque no había salido de misión, así que no tuvo de otra que ir a pedirle dinero a su maestro.
-¿En serio me estás pidiendo dinero para eso? - Preguntó con la ceja arqueada.
-Si. - Respondió con una simple respuesta. Con sus mejillas infladas y mirando para otro lado.
Y así fue que consiguió el dinero. Bontenmaru se había estado viciando en un juego que se llamaba "Ninja Fighter" (Versión de Street Fighter pero con ninjas). Para llegar a ser bueno, tuvo que aprender a conocer los personajes, tuvo muchas derrotas y otras victorias, y ahora no había nadie que lo quitara de la bendita maquinita que estaba cerca de la de Otsusuki Invaders. Salvo que, llegó el gerente y pidió que le dieran espacio en la máquina. Era muy popular y tenían que sacar todas las monedas que habían hechado.
Así que Bontenmaru se estiró y salió caminando del lugar para ver que otras máquinas habían y se fijó en aquella llamada Otsusuki Invaders. Había una chica jugando, o al menos, eso pensó Bontenmaru porque vió a Kagetsuna de espaldas.
El muchacho del parche decidió acercarse a la máquina y ponerse a un lado, respetando el espacio de la peli-violeta. De momento, la llamaría como "mujer" porque no se había fijado en su rostro. La mirada del pelinegro estaba concentrada en el juego y en como jugaba la persona de la máquina.
Debía admitir que le daban ganas de trollearla rompiéndo el silencio para sacarla de su concentración, o haciéndo alguna otra cosa para verla fallar. No sería mala idea, kufufufu. ~ Pero él entendía muy bien el sentido del "gaming". ¡Era un pecado, un sacrilegio interrumpir los "Scores" de los demás! Y como a Bonten no le gustaba que le hicieran eso... Pues se mantendría respetando el espacio personal de Kagetsuna, y también el espacio que tenía "ella" con el juego. Solo observando en silencio, animándola con la mente para que terminara el juego, o el juego terminaba con ella... Y ver si jugaba él, kufufufu. ~