30/05/2017, 19:38
— No necesito más osos, Nabi-kun. —
Le acaricie ese maravilloso pelo aún algo humedo con cariño.
— Ya buscaré otro animal de peluche entonces. Hasta que encuentre alguno tan adorable como tú.
Era como un sueño hecho realidad pero sin el como. Poder estar abrazado a ella asín era todo lo que había podido desear cada noche desde que la conocí, ¿qué importaba que me empapara la camiseta? Como si quería moquearme de arriba a abajo por cada abrazo, solo podía ver en lo comodo que era abrazarla y las vibrantes olas de felicidad que se extendían por mis brazos al rodearla.
—Pero, Nabi-kun, ¿y tus dangos? ¿Quieres uno de los míos? No es justo que tu no comas... ¡Los has comprado tú!
— No te preocupes, Eri-chan. Si yo solo quería comprarle un palo de dangos pero el anciano insistió en que me llevara dos. No tengo mucha hambre ahora mismo.
Despues de besar los labios de Eri-hime no podía permitir de ninguna de las maneras perder el sabor de ese beso, no volvería a comer ni a beber ni a respirar por la boca. Agarré delicadamente la muñeca del brazo con el que me ofrecía el dango y le puse el palo de dangos justo enfrente.
— Todo tuyo, Eri-chan. Disfrutalo por los dos.
Le acaricie ese maravilloso pelo aún algo humedo con cariño.
— Ya buscaré otro animal de peluche entonces. Hasta que encuentre alguno tan adorable como tú.
Era como un sueño hecho realidad pero sin el como. Poder estar abrazado a ella asín era todo lo que había podido desear cada noche desde que la conocí, ¿qué importaba que me empapara la camiseta? Como si quería moquearme de arriba a abajo por cada abrazo, solo podía ver en lo comodo que era abrazarla y las vibrantes olas de felicidad que se extendían por mis brazos al rodearla.
—Pero, Nabi-kun, ¿y tus dangos? ¿Quieres uno de los míos? No es justo que tu no comas... ¡Los has comprado tú!
— No te preocupes, Eri-chan. Si yo solo quería comprarle un palo de dangos pero el anciano insistió en que me llevara dos. No tengo mucha hambre ahora mismo.
Despues de besar los labios de Eri-hime no podía permitir de ninguna de las maneras perder el sabor de ese beso, no volvería a comer ni a beber ni a respirar por la boca. Agarré delicadamente la muñeca del brazo con el que me ofrecía el dango y le puse el palo de dangos justo enfrente.
— Todo tuyo, Eri-chan. Disfrutalo por los dos.
—Nabi—
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