21/06/2017, 22:48
Suspiré al escuchar la respuesta de Aiko, ella no se había visto nunca en la necesidad de utilizar ese tipo de objetos porque sus habilidades le facilitaban ese tipo de acciones. Miré a los conejos que ya se habían apoderado de la primera planta e incluso había algunos que habían empezado a subir por las escaleras al segundo piso; además, un solo conejo saltando no causaba ningún ruido aparente, no obstante, más de dos docena lograban emitir un sonido molesto.
—Supongo que tienes razón, me da un poco de pena con los roedores, pero lo mejor será que nos vayamos.— Sonreí asintiendo a la propuesta de la pelirroja. Me preparé para dar un golpe, la puerta era de madera por lo que no habría mucho problema.
Sin embargo, en la segunda planta la paz que reinaba terminó cuando un par de roedores se habían atrevido a saltar en la cama de la anciana y del niño. —¿Momo? ¿Que haces aquí?— El infante se quitó las lagañas frotandose los ojos con sus manos, luego observó que no solo habían un conejo sino dos, y en el pasillo habían más, el ruido que provenía de la planta baja lo alarmó.
—ABUELA!— Vociferó y se levantó de la cama. El grito se habría escuchado en la primera planta.—Los conejos se han escapado, seguro es culpa de esas personas, Vamos! Vamos Rápido.—
Tras escuchar la voz en el segundo piso no tuve más remedio que golpear la puerta, la misma voló sin piedad y la libertad era nuestra, hubiera querido decir que fui el primero en poner un pie afuera de esa casa, pero varios de los conejos salieron disparados hacia la pradera. —Vamos!— Expresé un segundo tras el impacto, salté pasando por encima de los conejos y corrí rápidamente al exterior, no sabía exactamente a donde pero lo cierto era que sería cada más lejos de esa casa.
En el interior del hogar se pudo escuchar unas últimas palabras de la vieja. —INSOLENTES ¡¿COMO SE ATREVEN A LIBERAR A MIS NIÑOS?!— La anciana estaba en la puerta de salida, sí alguno de los dos shinobis volteaba vería como intentaba agarrar y tapar la puerta para no perder a todo los roedores.
—Esto ha sido una locura, creo que es la situación más rara que he vivido.— Comenté mientras seguía la carrera, mis ojos buscarían rápidamente la cordillera, el lado de la montaña por donde habríamos entrado al valle.
—Supongo que tienes razón, me da un poco de pena con los roedores, pero lo mejor será que nos vayamos.— Sonreí asintiendo a la propuesta de la pelirroja. Me preparé para dar un golpe, la puerta era de madera por lo que no habría mucho problema.
Sin embargo, en la segunda planta la paz que reinaba terminó cuando un par de roedores se habían atrevido a saltar en la cama de la anciana y del niño. —¿Momo? ¿Que haces aquí?— El infante se quitó las lagañas frotandose los ojos con sus manos, luego observó que no solo habían un conejo sino dos, y en el pasillo habían más, el ruido que provenía de la planta baja lo alarmó.
—ABUELA!— Vociferó y se levantó de la cama. El grito se habría escuchado en la primera planta.—Los conejos se han escapado, seguro es culpa de esas personas, Vamos! Vamos Rápido.—
Tras escuchar la voz en el segundo piso no tuve más remedio que golpear la puerta, la misma voló sin piedad y la libertad era nuestra, hubiera querido decir que fui el primero en poner un pie afuera de esa casa, pero varios de los conejos salieron disparados hacia la pradera. —Vamos!— Expresé un segundo tras el impacto, salté pasando por encima de los conejos y corrí rápidamente al exterior, no sabía exactamente a donde pero lo cierto era que sería cada más lejos de esa casa.
En el interior del hogar se pudo escuchar unas últimas palabras de la vieja. —INSOLENTES ¡¿COMO SE ATREVEN A LIBERAR A MIS NIÑOS?!— La anciana estaba en la puerta de salida, sí alguno de los dos shinobis volteaba vería como intentaba agarrar y tapar la puerta para no perder a todo los roedores.
—Esto ha sido una locura, creo que es la situación más rara que he vivido.— Comenté mientras seguía la carrera, mis ojos buscarían rápidamente la cordillera, el lado de la montaña por donde habríamos entrado al valle.