8/07/2017, 22:31
- Muero de hambre, así que deseo un buen plato de comida… Una vez que terminemos podemos visitar otro lugar interesante. el estómago del chico acompañó sus palabras con su característico sonido, casi parecían ser dos entes independientes - Vamos Izumi… si no como algo moriré.
—Vale, vale— claudicó la joven, las compras tendrían que esperar por el momento —Sígueme pues, vamos a la Carpa Dorada— informó la joven mientras comenzaba a caminar hacia su derecha, rodeando la fuente a buen paso —Así que aguanta un poco y no te me mueras por el camino— bromeó la pelirosa
Al otro lado de la fuente, prácticamente al final del hall inferior de la torre de Ocio, esperaba el restaurante favorito de la Sanshouo: La Carpa Dorada. Dos grandes columnas cuadradas de pie ancho, sostenían un par de estatuas de carpas color oro, a modo de guardianas de la entrada.
—Por aquí— indicó la chica que cruzó entre las esculturas
Nada más situarse entre la dos figuras, Zaku podría ver una larga moqueta roja que llevaba hasta una puerta de madera noble tallada (carpas y dibujos de jardines tradicionales japoneses). A ambos lados de la puerta, dos tipos grandes como armarios custodiaban la entrada. Vestidos con trajes de chaqueta negra, zapatos de color marrón, guantes y gafas. Imponían desde la distancia.
—Buenos días señorita Sanshoou— saludó uno de los hombres nada más verla mientras el otro abría la puerta de par en par a pesar de que la joven aún estaba lejos —Ya la extrañábamos por aquí—
—Buenos días Tetsu— saludo al primero con la mano —Daigo— después al otro —He estado un poco liada— se excusó la chica antes de detenerse a la altura del tal Tetsu —Me paso el día de un sitio para otro, cuando no es por temas de la aldea es la abuela— se quejó la joven —Pero así es la vida, ¿está el Sr Fujitora?—
—Por supuesto, debe estar ahora mismo en cocina— Tetsu le hizo una señal a su compañero para que fuese a buscar al jefe —Llama al jefe, dile que la Sr Sanshouo está aquí— ordenó el gorila —Pase, pase— pidió amablemente el hombre —Estará más cómoda en la recepción—
—Gracias— aceptó la joven, que apenas estaba preparándose para cruzar cuando recordó que Zaku venía un poco más atrás —Zaku, date prisa— le dijo la chica antes de cruzar la puerta —Viene conmigo Tetsu— avisó mientras se adentraba en un enorme salón que actuaba como recepción del restaurante. Sillones mullidos, mesas, jarrones, lámparas enormes, suelo mármol. Todo allí respiraba lujo, no era un lugar común y corriente, además parecía estar abarrotado de personas que esperaban para entrar al local con sus mejores galas
—Vale, vale— claudicó la joven, las compras tendrían que esperar por el momento —Sígueme pues, vamos a la Carpa Dorada— informó la joven mientras comenzaba a caminar hacia su derecha, rodeando la fuente a buen paso —Así que aguanta un poco y no te me mueras por el camino— bromeó la pelirosa
Al otro lado de la fuente, prácticamente al final del hall inferior de la torre de Ocio, esperaba el restaurante favorito de la Sanshouo: La Carpa Dorada. Dos grandes columnas cuadradas de pie ancho, sostenían un par de estatuas de carpas color oro, a modo de guardianas de la entrada.
—Por aquí— indicó la chica que cruzó entre las esculturas
Nada más situarse entre la dos figuras, Zaku podría ver una larga moqueta roja que llevaba hasta una puerta de madera noble tallada (carpas y dibujos de jardines tradicionales japoneses). A ambos lados de la puerta, dos tipos grandes como armarios custodiaban la entrada. Vestidos con trajes de chaqueta negra, zapatos de color marrón, guantes y gafas. Imponían desde la distancia.
—Buenos días señorita Sanshoou— saludó uno de los hombres nada más verla mientras el otro abría la puerta de par en par a pesar de que la joven aún estaba lejos —Ya la extrañábamos por aquí—
—Buenos días Tetsu— saludo al primero con la mano —Daigo— después al otro —He estado un poco liada— se excusó la chica antes de detenerse a la altura del tal Tetsu —Me paso el día de un sitio para otro, cuando no es por temas de la aldea es la abuela— se quejó la joven —Pero así es la vida, ¿está el Sr Fujitora?—
—Por supuesto, debe estar ahora mismo en cocina— Tetsu le hizo una señal a su compañero para que fuese a buscar al jefe —Llama al jefe, dile que la Sr Sanshouo está aquí— ordenó el gorila —Pase, pase— pidió amablemente el hombre —Estará más cómoda en la recepción—
—Gracias— aceptó la joven, que apenas estaba preparándose para cruzar cuando recordó que Zaku venía un poco más atrás —Zaku, date prisa— le dijo la chica antes de cruzar la puerta —Viene conmigo Tetsu— avisó mientras se adentraba en un enorme salón que actuaba como recepción del restaurante. Sillones mullidos, mesas, jarrones, lámparas enormes, suelo mármol. Todo allí respiraba lujo, no era un lugar común y corriente, además parecía estar abarrotado de personas que esperaban para entrar al local con sus mejores galas