13/08/2017, 23:20
«¿Belleza perpetua? No puede ser literal »pensaba la kunoichi mientras prestaba absoluta atención a la modelo.
—Claro, entiendo eso pero dudo mucho que llegue jamás a las suelas de alguien como Shiona-sama —respondió ante el comentario relacionado a su antigua jefa.
Del mismo modo, la rubia tampoco se sentía muy capaz de llegarle a alguien como Yuriko, aunque si vamos al caso depende mucho también del atractivo físico, si la genética no le beneficia no lograría jamás llegarle ni cerca y… Siendo sinceros, Koko era el tipo de chica que pensaba no haber sido bendecida de ninguna manera por nadie.
—En sí, dudo que llegue jamás a nada, me conformo con no pasar hambre ni frío —confesó finalmente por si quedaba algún tipo de duda sobre su forma de ver las cosas.
Además, nadie va a pagarle por ponerse un vestido y pasear por una pasarela, está gorda y una modelo no puede estar gorda.
Finalmente para desviar completamente la conversación, llegó el mesero con la carta que se las dejó a ambas. Koko al menos se fue directamente a la sección de pastas ya que llevaba su tiempo sin comer algo de ese estilo, usualmente comía unas mezclas de verduras con carne y nada más que en sí no eran de su completo agrado, al menos no en comparación con un buen pastel de chocolate con crema y merengue a montones, sin fruta de ser posible, arruina todo.
De todas maneras, prefería esperarse a que la pelirroja ordenase primero, era la mayor, la famosa, la elegante, etc. etc. y la Kageyama era simplemente una acompañante, una sirvienta recién contratada como para estarse dando lujos o lo que sea. Conocía su lugar como “criada” desde hacía años ya.
—Claro, entiendo eso pero dudo mucho que llegue jamás a las suelas de alguien como Shiona-sama —respondió ante el comentario relacionado a su antigua jefa.
Del mismo modo, la rubia tampoco se sentía muy capaz de llegarle a alguien como Yuriko, aunque si vamos al caso depende mucho también del atractivo físico, si la genética no le beneficia no lograría jamás llegarle ni cerca y… Siendo sinceros, Koko era el tipo de chica que pensaba no haber sido bendecida de ninguna manera por nadie.
—En sí, dudo que llegue jamás a nada, me conformo con no pasar hambre ni frío —confesó finalmente por si quedaba algún tipo de duda sobre su forma de ver las cosas.
Además, nadie va a pagarle por ponerse un vestido y pasear por una pasarela, está gorda y una modelo no puede estar gorda.
Finalmente para desviar completamente la conversación, llegó el mesero con la carta que se las dejó a ambas. Koko al menos se fue directamente a la sección de pastas ya que llevaba su tiempo sin comer algo de ese estilo, usualmente comía unas mezclas de verduras con carne y nada más que en sí no eran de su completo agrado, al menos no en comparación con un buen pastel de chocolate con crema y merengue a montones, sin fruta de ser posible, arruina todo.
De todas maneras, prefería esperarse a que la pelirroja ordenase primero, era la mayor, la famosa, la elegante, etc. etc. y la Kageyama era simplemente una acompañante, una sirvienta recién contratada como para estarse dando lujos o lo que sea. Conocía su lugar como “criada” desde hacía años ya.