14/08/2017, 00:57
Cuando menos se lo esperó, la pelirroja llamó al gerente del restaurante y dio un par de indicaciones adicionales, básicamente arregló todo para que despidieran a aquel mesero que tristemente tendría que volver a ver alguna que otra vez más dentro de la aldea a diferencia de Yuriko que una vez terminase lo suyo en Uzushio se iría oliendo a rosas. «Puta vida hermano, puta vida »
Cuando se quiso acordar, la kunoichi ya había entrado al hotel, inclusive fue invitada a pasar a la habitación donde, a pesar de recibir invitación para tomar asiento, prefirió declinar la oferta con un ligero pero respetuoso gesto. En su lugar se mantuvo en pie a un lado de la puerta, donde no estorbaría así la abrieran de un portazo.
Justo después de que la mayor se tumbase sobre la cama dejó en claro que la pecosa tendría que hacer algo, alguna tarea que esperaba no tuviese nada que ver con aquella escena montada en el restaurante.
—Para eso contrató a un shinobi, ¿no es cierto? —respondió encogiéndose de hombros—. Para que la sirvamos durante su estancia dentro de la aldea —concluyó respondiendo a su propia pregunta.
Lo único que restaba era esperar a que aquella mujer diera indicaciones.
Cuando se quiso acordar, la kunoichi ya había entrado al hotel, inclusive fue invitada a pasar a la habitación donde, a pesar de recibir invitación para tomar asiento, prefirió declinar la oferta con un ligero pero respetuoso gesto. En su lugar se mantuvo en pie a un lado de la puerta, donde no estorbaría así la abrieran de un portazo.
Justo después de que la mayor se tumbase sobre la cama dejó en claro que la pecosa tendría que hacer algo, alguna tarea que esperaba no tuviese nada que ver con aquella escena montada en el restaurante.
—Para eso contrató a un shinobi, ¿no es cierto? —respondió encogiéndose de hombros—. Para que la sirvamos durante su estancia dentro de la aldea —concluyó respondiendo a su propia pregunta.
Lo único que restaba era esperar a que aquella mujer diera indicaciones.