14/08/2017, 21:21
Pam, pam, pam, pam, pam en el coco que le daba Hibagon a la masa. Y entre los golpes y la excitación del mono gigante, al fin Kaido y Daruu pudieron hablar con algo más de libertad, sus voces amortiguadas por el martilleo constante de la bestia.
—Podríamos abrir una pizzería aquí arriba, Daruu. Nada mejor que un buen slice calentito para los que van cruzando la senda. Y bien: ¿ahora qué?
—Calla, calla. Que nos va a oír y se va a pensar que lo dices en serio, igual se ilusiona y entonces sí que estamos jodidos.
»Ahora deberíamos conseguir que pare de darle pam pam en el coco a la masa. Ya está suficientemente compacta. ¡Hibagon-san, no más pam pam! ¡¡NO MÁS PAM PAM!!
Hibagon detuvo poco a poco el golpeteo, como si su cerebro tardara varios segundos en procesar la orden.
—Ahora tienes que ponerla encima del horno. Luego le haces pam pam en el coco otra vez hasta hacerla un disco... Hasta hacerla PLANA —indicó, después de que Hibagon torciese el gesto sin entender—. Entonces ponemos la leña debajo, y... Bueno, tendrás que apañártelas para hacer fuego.
—Yo saber Katon.
—¿En... serio? —Esta vez fue Daruu el que torció el gesto, incrédulo.
—Oh, sí. Yo ser samurái en otra vida, pero aprender un par de trucos. Hibagon saber Katon. Muy pequeñito, pero Katon.
Daruu se encogió de hombros. Señaló al horno.
—Muy bien, pues... puedes empezar.
Hibagon cogió la masa, la hizo una pelota gigantesca y se acercó al gigantesco horno que, sin duda, pensó Daruu, estaría construído a base de pam pam en el coco sobre piedras enormes y una gran cantidad de sueños infantiles de gorila con chakra natural. Puso la pelota allá y le dio un buen pam que la convirtió en un disco muy fino. Luego, colocó la leña debajo.
—Y ahora, Katon de Hibagon.
El abominable hombre de la Senda respiró aire y exhaló una pequeña llamita que, sin embargo, fue suficiente para prender los leños.
—¿Y ahora?
—Y ahora echamos los ingredientes y el tomate, y a esperar.
Daruu y Kaido esparcieron bien los ingredientes. No pasó mucho rato hasta que aquél disco blanco se volvió doradito y empezó a desprender un olor delicioso.
—Jo, Hibagon. ¡Qué bien nos está quedando la pizza!
—Sí. Gracias por hacer pizza para Hibagon. Creo que Hibagon comer a partir de aquí. Vosotros ir.
—Pero... Creía que íbamos a compartirla... —Vale, sí, Daruu tenía muchas ganas de irse de allí arriba, pero ahora que ya habían llegado hasta el final, aquella pizza olía que te cagas, y honestamente le rugían las tripas.
—Mmh. ¿Dar pam pam en el coco y echar? ¿O dar pizza? —Hibagon caviló unos instantes, y Daruu fue retrocediendo hasta la entrada del túnel, sin dejar de clavar la vista en él—. ¡Ya sé! Gente buena ayudar. Por eso, yo comer pizza con Señor Pelopincho y Señor Azul. Pero pequeñito trozo eh.
Pasado un tiempo la pizza estaba lista y Daruu instó a que Hibagon la sacara de allí. Iba a sugerir buscar alguna herramienta para cortarla, o sacar incluso sus propios kunais, pero con su peculiar filosofía, Hibagon colocó su mano en vertical y le dio unos buenos pam pam en el coco a la pizza, dividiéndola en trozos irregulares, pero asequibles, más o menos del tamaño de una pizza hecha para un humano.
—Ahora comed un trozo, pero sólo un trozo. Si coger más trozos, yo dar un PAM por cada trozo que coger de más.
—Cla... claro... —dijo Daruu, quien se sirvió un trozo, e incómodo, empezó a saciar su hambre.
—Podríamos abrir una pizzería aquí arriba, Daruu. Nada mejor que un buen slice calentito para los que van cruzando la senda. Y bien: ¿ahora qué?
—Calla, calla. Que nos va a oír y se va a pensar que lo dices en serio, igual se ilusiona y entonces sí que estamos jodidos.
»Ahora deberíamos conseguir que pare de darle pam pam en el coco a la masa. Ya está suficientemente compacta. ¡Hibagon-san, no más pam pam! ¡¡NO MÁS PAM PAM!!
Hibagon detuvo poco a poco el golpeteo, como si su cerebro tardara varios segundos en procesar la orden.
—Ahora tienes que ponerla encima del horno. Luego le haces pam pam en el coco otra vez hasta hacerla un disco... Hasta hacerla PLANA —indicó, después de que Hibagon torciese el gesto sin entender—. Entonces ponemos la leña debajo, y... Bueno, tendrás que apañártelas para hacer fuego.
—Yo saber Katon.
—¿En... serio? —Esta vez fue Daruu el que torció el gesto, incrédulo.
—Oh, sí. Yo ser samurái en otra vida, pero aprender un par de trucos. Hibagon saber Katon. Muy pequeñito, pero Katon.
Daruu se encogió de hombros. Señaló al horno.
—Muy bien, pues... puedes empezar.
Hibagon cogió la masa, la hizo una pelota gigantesca y se acercó al gigantesco horno que, sin duda, pensó Daruu, estaría construído a base de pam pam en el coco sobre piedras enormes y una gran cantidad de sueños infantiles de gorila con chakra natural. Puso la pelota allá y le dio un buen pam que la convirtió en un disco muy fino. Luego, colocó la leña debajo.
—Y ahora, Katon de Hibagon.
El abominable hombre de la Senda respiró aire y exhaló una pequeña llamita que, sin embargo, fue suficiente para prender los leños.
—¿Y ahora?
—Y ahora echamos los ingredientes y el tomate, y a esperar.
Daruu y Kaido esparcieron bien los ingredientes. No pasó mucho rato hasta que aquél disco blanco se volvió doradito y empezó a desprender un olor delicioso.
—Jo, Hibagon. ¡Qué bien nos está quedando la pizza!
—Sí. Gracias por hacer pizza para Hibagon. Creo que Hibagon comer a partir de aquí. Vosotros ir.
—Pero... Creía que íbamos a compartirla... —Vale, sí, Daruu tenía muchas ganas de irse de allí arriba, pero ahora que ya habían llegado hasta el final, aquella pizza olía que te cagas, y honestamente le rugían las tripas.
—Mmh. ¿Dar pam pam en el coco y echar? ¿O dar pizza? —Hibagon caviló unos instantes, y Daruu fue retrocediendo hasta la entrada del túnel, sin dejar de clavar la vista en él—. ¡Ya sé! Gente buena ayudar. Por eso, yo comer pizza con Señor Pelopincho y Señor Azul. Pero pequeñito trozo eh.
Pasado un tiempo la pizza estaba lista y Daruu instó a que Hibagon la sacara de allí. Iba a sugerir buscar alguna herramienta para cortarla, o sacar incluso sus propios kunais, pero con su peculiar filosofía, Hibagon colocó su mano en vertical y le dio unos buenos pam pam en el coco a la pizza, dividiéndola en trozos irregulares, pero asequibles, más o menos del tamaño de una pizza hecha para un humano.
—Ahora comed un trozo, pero sólo un trozo. Si coger más trozos, yo dar un PAM por cada trozo que coger de más.
—Cla... claro... —dijo Daruu, quien se sirvió un trozo, e incómodo, empezó a saciar su hambre.