29/08/2017, 01:04
La escena con la que se encontró la rubia justo después de aquel efímero encuentro con el hombre del mostacho fue de todo menos alentadora. Todo había sido revuelto y entre todo se topó con una mujer que… Fácil se atrevería a decir que era la madre de Yuriko, o tal vez la abuela...
Al dejar el vestido y las zapatillas rápidamente a un lado donde no estorbarían ni se estropearían, la pecosa se acercó a aquella mujer simplemente para asegurarse que estuviese al menos con vida y fue entonces cuando notó que algo raro ocurría.
Por un lado aquella anciana vestía exactamente igual que la modelo a la que había estado escoltando, por el otro, el collar con aquella gema preciosa que lucía en su cuello ya no tenía justamente aquello que la volvía sumamente llamativa, es decir, la piedra. Entonces las deducciones a las que podría llegar una kunoichi de pocas ideas eran muy pocas.
«La joya, se llevó esa cosa »Dijo en su mente sabiendo exactamente lo qué hacer, aunque una cosa no quitaba la otra, aquella mujer que tenía delante no podía ser la hermosa modelo con la que había pasado el día y por la cual se atrevería a declararse homosexual, aquella era una anciana completamente distinta, o al menos mínimamente ya que compartía varios rasgos.
—Volveré tan rápido como pueda —afirmó a la mujer, tratando de ayudarla a recostarse sobre el colchón incluso si eso suponía alzarla entre brazos.
No era una chica sumamente brillante, mucho menos curiosa como para preguntarse qué era lo que había ocurrido y lo único que tenía en la mente en ese preciso instante era justamente ir a darle una buena paliza al ex-mesero que la propia pelirroja había hecho despedir horas atrás.
Al dejar el vestido y las zapatillas rápidamente a un lado donde no estorbarían ni se estropearían, la pecosa se acercó a aquella mujer simplemente para asegurarse que estuviese al menos con vida y fue entonces cuando notó que algo raro ocurría.
Por un lado aquella anciana vestía exactamente igual que la modelo a la que había estado escoltando, por el otro, el collar con aquella gema preciosa que lucía en su cuello ya no tenía justamente aquello que la volvía sumamente llamativa, es decir, la piedra. Entonces las deducciones a las que podría llegar una kunoichi de pocas ideas eran muy pocas.
«La joya, se llevó esa cosa »Dijo en su mente sabiendo exactamente lo qué hacer, aunque una cosa no quitaba la otra, aquella mujer que tenía delante no podía ser la hermosa modelo con la que había pasado el día y por la cual se atrevería a declararse homosexual, aquella era una anciana completamente distinta, o al menos mínimamente ya que compartía varios rasgos.
—Volveré tan rápido como pueda —afirmó a la mujer, tratando de ayudarla a recostarse sobre el colchón incluso si eso suponía alzarla entre brazos.
No era una chica sumamente brillante, mucho menos curiosa como para preguntarse qué era lo que había ocurrido y lo único que tenía en la mente en ese preciso instante era justamente ir a darle una buena paliza al ex-mesero que la propia pelirroja había hecho despedir horas atrás.