5/09/2017, 17:42
—Perfecto. Manos a la obra.
Yonji se movió ágilmente para ayudar a Yuriko a acomodarse en el centro de la cama, con su espalda a medio recostar del espaldar de la misma, desde donde ella pudiera ver todo el proceso de la reparación de su artilugio. Para la suerte de todos, ya la que en su momento sí que fuera una hermosa mujer, ya había pasado por sustos similares tiempo atrás, y no era la primera vez que la técnica sumergida en la gema del collar se rompía, deshaciendo así su angelical figura.
El Uzumaki realizó una invocación de un pergamino, el cual una vez abierto, revelaría ciertos trazados que no eran más que fórmulas extrañas y desconocidas ante los ojos de Koko. Parecían ser transcripciones cruzadas entre tinta de sellado, un círculo perfecto desde el cual cruzaban 5 líneas en un sólo epicentro. Epicentro desde el cual reposaría la gema.
A los laterales del pergamino, dos siluetas, en donde Yonji pondría sus dos manos. Arriba, otro espacio, donde Yuriko vertió un poco de su sangre después de haberse cortado ligeramente el dedo.
Luego de unos sellos, el chakra de Yonji comenzó a actuar por sobre el pergamino, y las inscripciones fueron compactándose una tras otra hasta ser completamente absorbidas por la piedra central angular, concentración de chakra que hizo evaporar la sangre de Yuriko, y dejar el papel totalmente en blanco. La gema comenzó a girar rápidamente, hasta que ésta cedió, quedando inmóvil un par de segundos después.
El siguiente paso del pelirrojo habría sido coger la mano de Yuriko, tomar la gema, e incrustarla en la hendidura del hermoso collar. Clanc, la piedra encajó, y quedó antinaturalmente sellada en su cuenca.
Finalmente, Yuriko dio vuelta, y un sonoro puff la envolvió de lleno; obligándola a voltear.
Cuando la nube se disipara, Kageyama Koko vería, nuevamente, a la hermosa mujer con sus cabellos de fuego y sus ojos de mar azul. Tan esbelta y bella como antes. Yuriko miró a Yonji, se le acercó al oído y le susurró algo. Él, inmediatamente, desapareció de la habitación.
Yuriko finalmente caminó descalza hasta los linderos de la genin y se agachó hasta su altura. Le envolvió los brazos con sus manos, suaves y delicadas, y la apretó fuerte.
—Hoy me has sido de mucha ayuda, Koko, y espero que lo sigas siendo al guardar contigo todo lo que hoy has presenciado. Entenderás que después de este evento, que es mi última pasarela, anunciaré mi retiro y podré por fin dejar de vivir de los vestigios de mi pasado. Sólo quiero que el mundo me recuerde por lo que una vez fui, y no por lo que soy ahora.
Suspiró, y dejó que sus labios se tornaran en una cálida sonrisa.
—Por tu esfuerzo, puedes estar segura de que tu misión quedará como cumplida. Ha sido un placer conocerte, y espero encontrarnos de nuevo, algún día.
Yonji se movió ágilmente para ayudar a Yuriko a acomodarse en el centro de la cama, con su espalda a medio recostar del espaldar de la misma, desde donde ella pudiera ver todo el proceso de la reparación de su artilugio. Para la suerte de todos, ya la que en su momento sí que fuera una hermosa mujer, ya había pasado por sustos similares tiempo atrás, y no era la primera vez que la técnica sumergida en la gema del collar se rompía, deshaciendo así su angelical figura.
El Uzumaki realizó una invocación de un pergamino, el cual una vez abierto, revelaría ciertos trazados que no eran más que fórmulas extrañas y desconocidas ante los ojos de Koko. Parecían ser transcripciones cruzadas entre tinta de sellado, un círculo perfecto desde el cual cruzaban 5 líneas en un sólo epicentro. Epicentro desde el cual reposaría la gema.
A los laterales del pergamino, dos siluetas, en donde Yonji pondría sus dos manos. Arriba, otro espacio, donde Yuriko vertió un poco de su sangre después de haberse cortado ligeramente el dedo.
Luego de unos sellos, el chakra de Yonji comenzó a actuar por sobre el pergamino, y las inscripciones fueron compactándose una tras otra hasta ser completamente absorbidas por la piedra central angular, concentración de chakra que hizo evaporar la sangre de Yuriko, y dejar el papel totalmente en blanco. La gema comenzó a girar rápidamente, hasta que ésta cedió, quedando inmóvil un par de segundos después.
El siguiente paso del pelirrojo habría sido coger la mano de Yuriko, tomar la gema, e incrustarla en la hendidura del hermoso collar. Clanc, la piedra encajó, y quedó antinaturalmente sellada en su cuenca.
Finalmente, Yuriko dio vuelta, y un sonoro puff la envolvió de lleno; obligándola a voltear.
Cuando la nube se disipara, Kageyama Koko vería, nuevamente, a la hermosa mujer con sus cabellos de fuego y sus ojos de mar azul. Tan esbelta y bella como antes. Yuriko miró a Yonji, se le acercó al oído y le susurró algo. Él, inmediatamente, desapareció de la habitación.
Yuriko finalmente caminó descalza hasta los linderos de la genin y se agachó hasta su altura. Le envolvió los brazos con sus manos, suaves y delicadas, y la apretó fuerte.
—Hoy me has sido de mucha ayuda, Koko, y espero que lo sigas siendo al guardar contigo todo lo que hoy has presenciado. Entenderás que después de este evento, que es mi última pasarela, anunciaré mi retiro y podré por fin dejar de vivir de los vestigios de mi pasado. Sólo quiero que el mundo me recuerde por lo que una vez fui, y no por lo que soy ahora.
Suspiró, y dejó que sus labios se tornaran en una cálida sonrisa.
—Por tu esfuerzo, puedes estar segura de que tu misión quedará como cumplida. Ha sido un placer conocerte, y espero encontrarnos de nuevo, algún día.