Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#14
—¡Oye, pues no te queda nada mal! Podrías sustituir tu atuendo por algo parecido a eso —dio Ayame—. Voy a vestirme yo también.

—Sí hombre —protestó Daruu, levantando una ceja, o intentando levantarla, porque no podía moverlas—. No me imagino con esto todo el día. Me escuece la cara ya...

Dejó que la muchacha se vistiera y se acercó al baúl que había volcado Ayame al suelo.

—¡Hala, bestia, lo has tirado todo! —gritó, para que pudiera oírle. Entonces encontró un curioso shuriken de goma en el suelo y se agachó a recogerlo. En lugar de un agujero, tenía un eje sobre el que rotar. Y a la mínima que uno le daba a una de las puntas para que comenzase a girar, ya no dejaba de hacerlo. Era como si aquél pequeño falso arma hubiera decidido olvidar lo que significaba la fricción. Daruu jugueteó un poco más con él, y pronto se dio cuenta de que causaba cierta adicción. Sus ojos se movían al compás del giro, sumidos en una vorágine hipnótica—. Ugh —se quejó, y lo lanzó al montón, donde siguió girando. Aquellas cosas parecían un Genjutsu hecho realidad.

La puerta del probador se abrió, y Daruu se dio la vuelta. Abrió la boca de par en par —menos mal que tenía la máscara y no se le notaba—.

Hasta ahora, había visto a Ayame. La había mirado, claro. Y le gustaba. Toda ella. Pero ahora la estaba viendo. Ayame era muy tímida, y se vestía modestamente. Pero aquél traje sacaba a relucir curvas que no sabía siquiera que Ayame podía tener.

Daruu sacudió la cabeza cuando su compañera le habló. Rojo como un tomate, se dio la vuelta y cogió un escudo para mirarlo por delante, por detrás... y para cubrirse una ansiosa pubertad, que estaba haciendo acto de presencia en el peor momento. Y es que a él también le venía ajustado el traje y, bueno...

—Esto... te sienta muy bien, Ayame-chan... —dijo, con un hilo de voz—. Pues... Deberíamos planificar una pelea. Ya sabes, la cuerpografíaCOREOGRAFÍA, COREOGRAFÍA.

Lanzó el escudo a un lado, cogió el shuriken de giro infinito y se lo arrojó. Entonces quedó impresionado: el arma, gracias a ese giro antinatural, hizo una bonita parábola en el aire y pasó a un lado de Ayame sin tocarla.

Suspiró. Si intentaba acostumbrarse a verla así, quizás el cuerpo dejaba de pedirle algo tan apremiantemente.

O quizás se lo pidiera con más apremio.

Sacudió la cabeza, se dio la vuelta de nuevo y se puso a rebuscar en el baúl, totalmente avergonzado.
[Imagen: K02XwLh.png]

No hay marcas de sangre registradas.
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RE: (D) Demostración en el Patito Pluvial - por Amedama Daruu - 13/12/2017, 13:14


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