"Jaiyá. Sabe escoger sus palabras, reconozco que es cauteloso. Ahora me pregunto, ¿qué traerá entre manos?. No estará aquí sin un motivo, es poco probable que haya venido a caer aquí por casualidad." Su ojo se posó sobre su interlocutor, escudriñando cada detalle que podía de pies a cabeza, más no lograba detectar nada fuera de lo normal en aquel jovencito, lo cual incluso podía llegar a ser decepcionante, dadas sus ganas de divertirse. "A ver a ver, ¿cómo se lo voy a sacar?" Maquinaba cómo si si jugarreta fuera el plan diabólico del siglo.
—¿De paso, eh?— Alzó la ceja, incrédulo. —Bonito lugar escogiste para pasar el rato. Andar por estos lares quiere algo de ganas—. Cruzó los brazos, mientras echaba la cabeza al lado, mostrándose más relajado.
No parecía nada del otro mundo, hasta que el contrario hizo la pregunta del millón de Ryōs. "Pero qué... ¿Este tipo no sabe dónde está?" Rompió su postura, sorprendido. "No, debe estar tratando de darme atol con el dedo, pero le seguiré el ritmo de la conversación para corroborarlo." Se puso la mano en la cintura, y empezó a caminar despacio, rodeando con su andar el genin de Kusagakure.
—A buena hora lo preguntas— Hizo una pausa para observar las ruinas. —Este lugar solía ser una de las ciudades más grandes y prósperas de toda la nación hace ya una década más o menos... Hasta que un día, el demonio conocido cómo el Gobi, también llamado el Bijū de cinco colas, atacó este lugar, destruyendo todo a su paso y masacrando a los habitantes por igual—. Se detuvo en su andar, pensando en cómo seguir su relato de la mejor manera posible. —Eso fue cuando yo no tenía edad siquiera para limpiarme los mocos, pero según me contó mi abuelo, cuando el desastre ocurrió Amegakure no pudo hacer nada para evitarlo. Al llegar ya era demasiado tarde...— Se giró sobre su propio eje, dando una vuelta entera y quedose entonces observando fijamente al pelinegro. —Desde aquel fatídico día este lugar es conocido cómo la Ciudad Fantasma—. Aseveró.
Se quedó a la expectativa de la reacción del de ojos color miel, a la espera de algún gesto que pudiera darle un indicio, aunque no supiera que estaba buscando descubrir en realidad.
—Dime ahora entonces... ¿De verdad has venido acá a tomarte una pausa de tu peregrinaje?, ¿o hay algo escondido entre el silencio de estas torres que captó tu atención?—. Inclinó levemente su cabeza hacía su costado izquierdo. —No serías el primero ni el último que gustase de fisgonear en busca de algo valioso—. Inclinó nuevamente la cabeza hacia el lado contrario, dándose luego la espalda al otro, observando la calle, cuyo fin se perdía entre la oscuridad del lugar.
—¿De paso, eh?— Alzó la ceja, incrédulo. —Bonito lugar escogiste para pasar el rato. Andar por estos lares quiere algo de ganas—. Cruzó los brazos, mientras echaba la cabeza al lado, mostrándose más relajado.
No parecía nada del otro mundo, hasta que el contrario hizo la pregunta del millón de Ryōs. "Pero qué... ¿Este tipo no sabe dónde está?" Rompió su postura, sorprendido. "No, debe estar tratando de darme atol con el dedo, pero le seguiré el ritmo de la conversación para corroborarlo." Se puso la mano en la cintura, y empezó a caminar despacio, rodeando con su andar el genin de Kusagakure.
—A buena hora lo preguntas— Hizo una pausa para observar las ruinas. —Este lugar solía ser una de las ciudades más grandes y prósperas de toda la nación hace ya una década más o menos... Hasta que un día, el demonio conocido cómo el Gobi, también llamado el Bijū de cinco colas, atacó este lugar, destruyendo todo a su paso y masacrando a los habitantes por igual—. Se detuvo en su andar, pensando en cómo seguir su relato de la mejor manera posible. —Eso fue cuando yo no tenía edad siquiera para limpiarme los mocos, pero según me contó mi abuelo, cuando el desastre ocurrió Amegakure no pudo hacer nada para evitarlo. Al llegar ya era demasiado tarde...— Se giró sobre su propio eje, dando una vuelta entera y quedose entonces observando fijamente al pelinegro. —Desde aquel fatídico día este lugar es conocido cómo la Ciudad Fantasma—. Aseveró.
Se quedó a la expectativa de la reacción del de ojos color miel, a la espera de algún gesto que pudiera darle un indicio, aunque no supiera que estaba buscando descubrir en realidad.
—Dime ahora entonces... ¿De verdad has venido acá a tomarte una pausa de tu peregrinaje?, ¿o hay algo escondido entre el silencio de estas torres que captó tu atención?—. Inclinó levemente su cabeza hacía su costado izquierdo. —No serías el primero ni el último que gustase de fisgonear en busca de algo valioso—. Inclinó nuevamente la cabeza hacia el lado contrario, dándose luego la espalda al otro, observando la calle, cuyo fin se perdía entre la oscuridad del lugar.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
