21/01/2018, 22:01
El muchacho se puso en pie con una ágil maniobra, demostrando que iba recuperando el pleno de sus capacidades. El Uchiha se adelantó a la adormilada Ritsuko y fue el primero en abandonar el pequeño aposento para comensales. Fue entonces que se dirigió hacia la barra, ya que, efectivamente, no había pagado todavía.
Con un efímero set de pasos se plantó frente a la referida. No tardó en salir del interior de la puerta que llevaba a la cocina la pequeña camarera, sonriendo como era habitual en ella. Se posicionó frente al Uchiha al otro lado de la barra.
—La cuenta, por favor.
—Por supuesto, son trescientos ryōs, por favor.
Ralexion extrajo una pequeña bolsa de cuero del interior de su portador de objetos, de la cual sacó unas cuantas monedas de cobre que cubrían la cantidad de la factura. El genin las dejó reposar sobre la superficie de madera y la chiquilla las tomó con la celeridad de un ave de caza.
—¡Muchas gracias, señores clientes! ¡Esperamos que vuelvan! —afirmó con tono radiante, dedicándoles una reverencia.
El genin encaró a la pelirroja.
—Vamos. Y ya sabes, no te alejes mucho.
Guardó el pequeño zurrón de vuelta en su lugar de procedencia y tras despedirse de la camarera, partió con paso firme. La dirección era obvia: el hogar de Ritsuko.
Con un efímero set de pasos se plantó frente a la referida. No tardó en salir del interior de la puerta que llevaba a la cocina la pequeña camarera, sonriendo como era habitual en ella. Se posicionó frente al Uchiha al otro lado de la barra.
—La cuenta, por favor.
—Por supuesto, son trescientos ryōs, por favor.
Ralexion extrajo una pequeña bolsa de cuero del interior de su portador de objetos, de la cual sacó unas cuantas monedas de cobre que cubrían la cantidad de la factura. El genin las dejó reposar sobre la superficie de madera y la chiquilla las tomó con la celeridad de un ave de caza.
—¡Muchas gracias, señores clientes! ¡Esperamos que vuelvan! —afirmó con tono radiante, dedicándoles una reverencia.
El genin encaró a la pelirroja.
—Vamos. Y ya sabes, no te alejes mucho.
Guardó el pequeño zurrón de vuelta en su lugar de procedencia y tras despedirse de la camarera, partió con paso firme. La dirección era obvia: el hogar de Ritsuko.