18/08/2015, 16:09
Los días habían pasado desde que el último regimiento de genins habían aprobado sus respectivas pruebas. Algunos habían tenido que superar un mero examen, otros había tenido que mostrar tan solo un simple jutsu, otros tuvieron que combatir. Las pruebas eran miles, y a cada cual mas tediosa. Lo peor no era el curso, si no ver con qué clase de prueba te saltaban al final del mismo. Por suerte o desgracia, para Blame había sido la misma que en la anterior ocasión. Un simple y descarado combate. Cabe destacar que en ésta ocasión su rival sobrevivió, el chico tuvo que contener su alma en el puño, aguantar el sufrimiento de no salvar a su compañero, con tal de un futuro mas prospero...
Al levantarse, el señor albino se dirigió en pelotas hacia la cocina, donde tomó un par de trozos de pizza y una lata de té verde. Con parsimonia se sentó en el salón, y comenzó a tomar el desayuno sin demasiadas ganas, pese a lo bueno que es desayunar pizza. 9 de cada 10 médicos lo aconsejan, el que no lo hace es vegano y hereje... morirá a manos de su dios.
Al cabo de un buen rato, el chico se dio cuenta de que bajo la puerta habían pasado una nota. Era un sobre blanco, algo de lo mas normal salvo por el hecho de que en la puerta, al lado derecho concretamente, había un buzón. El chico alzó una ceja mientras terminaba de saborear la pizza, mientras que por su cabeza pasaba una ligera idea de qué podía ser. Seguramente había sido uno de sus tantos queridos admiradores, quizás un "Vete de esta aldea, o morirás". Evidentemente éste tipo de avisos eran de lo mas aduladores.
—En fin...—
Con todo el ánimo que se podía esperar, el chico se levantó del sofá, se estiró un poco y procedió a mirar de qué se trataba. Se acercó a la puerta, y tomó el sobre. Algo llamó su atención, el sobre tenía el sello del despacho del Morikage. Sin duda, como se tratase de una amenaza bajo ese sello, debía andarse con cuidado. El chico abrió el sobre, y comenzó a leer.
El chico arrugó la carta como si del envoltorio de un bocadillo se tratase, hizo una pelota y la lanzó a la papelera. Dejó caer un suspiro, y alzó su mirada al cuarto. Sobre la puerta de éste tenía un reloj, de ahí el gesto. El susodicho reloj marcaba las 10:00 de la mañana.
"No me digas que..."
Cuando llegó a mirar el calendario que tenía pegado a la nevera, cayó en cuenta del porqué la invitación estaba en ese lugar y no fuera. Era día 15.
—Mierda...—
De nuevo le tocaba aguantar a toda la gente posible. Para colmo, iba bastante justo de tiempo. Sin demasiada demora, aunque sin animo alguno, el chico se dirigió a su habitación. Se arrimó a la mesilla de noche, tomó de uno de los cajones uno calzoncillos y se los puso, tras ello unos calcetines del mismo cajón. ¿Para qué ordenar cada cosa por su tipo? En fin, tampoco era un experto en la colada, a nadie le importaba o debía importarle este detalle. Tras ello tomó sus pantalones negros, y su camiseta de color negro y blanca. Por último, tomó su capa de viaje negra, cubriendo su falta de pinarse con esa capucha holgada que caracterizaba esa elección.
"Bueno... vamos al lío. Cuanto antes lo haga, antes podré irme..."
El Senju se dirigió a la salida, y en la misma instancia tomó las botas. No le gustaba andar con ellas por casa. Sin mas, tomó las llaves del llavero que tenía al lado de la puerta, y salió de casa. Cerró tras de sí sin preámbulos, aunque pasó en ésta ocasión de echar el cerrojo.
Comenzó a caminar, dirección al estadio de Bambú. Jamás había estado en ese sitio, aunque sabía que estaba adaptado para grandes celebraciones, o actos de bastante importancia. Al cabo de un rato, el chico llegó al sitio. Frente a él se hallaba aquella enorme estructura creada casi en su totalidad de bambú. Sin demasiadas contemplaciones, y bajo la mirada de numerosos "Haters" el chico continuó su camino hacia el interior.
Una vez dentro, el chico observó que todo estaba bastante organizado. En el medio del estadio había una infinidad de sillas, en los bordes había incontable vegetación decorativa, una infinidad de gente se arremolinaba y hablaba a saber de qué, En la zona norte se había colocado un escenario enorme, y en la zona sur había una especie de bar improvisado. En lo alto del escenario había unos cuantos jounin, y algún que otro chunin. No había rastro de la gran celebridad que había firmado la carta.
El albino permaneció en la entrada, con los brazos cruzados y sus orbes en el escenario. Si le llamaban, pues iría... entre tanto, no había otra cosa que hacer salvo esperar.
Al levantarse, el señor albino se dirigió en pelotas hacia la cocina, donde tomó un par de trozos de pizza y una lata de té verde. Con parsimonia se sentó en el salón, y comenzó a tomar el desayuno sin demasiadas ganas, pese a lo bueno que es desayunar pizza. 9 de cada 10 médicos lo aconsejan, el que no lo hace es vegano y hereje... morirá a manos de su dios.
Al cabo de un buen rato, el chico se dio cuenta de que bajo la puerta habían pasado una nota. Era un sobre blanco, algo de lo mas normal salvo por el hecho de que en la puerta, al lado derecho concretamente, había un buzón. El chico alzó una ceja mientras terminaba de saborear la pizza, mientras que por su cabeza pasaba una ligera idea de qué podía ser. Seguramente había sido uno de sus tantos queridos admiradores, quizás un "Vete de esta aldea, o morirás". Evidentemente éste tipo de avisos eran de lo mas aduladores.
—En fin...—
Con todo el ánimo que se podía esperar, el chico se levantó del sofá, se estiró un poco y procedió a mirar de qué se trataba. Se acercó a la puerta, y tomó el sobre. Algo llamó su atención, el sobre tenía el sello del despacho del Morikage. Sin duda, como se tratase de una amenaza bajo ese sello, debía andarse con cuidado. El chico abrió el sobre, y comenzó a leer.
Atención, aviso urgente.
Se requiere de la presencia de todo el alumnado de la promoción 3 del año 200 para su acto público en la que se otorgará la banda metálica que representa a nuestra aldea. Se ruega que nadie falte, aunque no haya conseguido alcanzar el rango de genin, debe mostrar sus respetos hacia sus compañeros. La hora de la celebración serán las 11:00 horas de la mañana, día 15. El lugar será el estadio de Bambú.
Enhorabuena a los que han pasado con éxito el examen, y ánimo para intentarlo de nuevo a los que no.
Attmte. Señor Morikage.
Se requiere de la presencia de todo el alumnado de la promoción 3 del año 200 para su acto público en la que se otorgará la banda metálica que representa a nuestra aldea. Se ruega que nadie falte, aunque no haya conseguido alcanzar el rango de genin, debe mostrar sus respetos hacia sus compañeros. La hora de la celebración serán las 11:00 horas de la mañana, día 15. El lugar será el estadio de Bambú.
Enhorabuena a los que han pasado con éxito el examen, y ánimo para intentarlo de nuevo a los que no.
Attmte. Señor Morikage.
El chico arrugó la carta como si del envoltorio de un bocadillo se tratase, hizo una pelota y la lanzó a la papelera. Dejó caer un suspiro, y alzó su mirada al cuarto. Sobre la puerta de éste tenía un reloj, de ahí el gesto. El susodicho reloj marcaba las 10:00 de la mañana.
"No me digas que..."
Cuando llegó a mirar el calendario que tenía pegado a la nevera, cayó en cuenta del porqué la invitación estaba en ese lugar y no fuera. Era día 15.
—Mierda...—
De nuevo le tocaba aguantar a toda la gente posible. Para colmo, iba bastante justo de tiempo. Sin demasiada demora, aunque sin animo alguno, el chico se dirigió a su habitación. Se arrimó a la mesilla de noche, tomó de uno de los cajones uno calzoncillos y se los puso, tras ello unos calcetines del mismo cajón. ¿Para qué ordenar cada cosa por su tipo? En fin, tampoco era un experto en la colada, a nadie le importaba o debía importarle este detalle. Tras ello tomó sus pantalones negros, y su camiseta de color negro y blanca. Por último, tomó su capa de viaje negra, cubriendo su falta de pinarse con esa capucha holgada que caracterizaba esa elección.
"Bueno... vamos al lío. Cuanto antes lo haga, antes podré irme..."
El Senju se dirigió a la salida, y en la misma instancia tomó las botas. No le gustaba andar con ellas por casa. Sin mas, tomó las llaves del llavero que tenía al lado de la puerta, y salió de casa. Cerró tras de sí sin preámbulos, aunque pasó en ésta ocasión de echar el cerrojo.
Comenzó a caminar, dirección al estadio de Bambú. Jamás había estado en ese sitio, aunque sabía que estaba adaptado para grandes celebraciones, o actos de bastante importancia. Al cabo de un rato, el chico llegó al sitio. Frente a él se hallaba aquella enorme estructura creada casi en su totalidad de bambú. Sin demasiadas contemplaciones, y bajo la mirada de numerosos "Haters" el chico continuó su camino hacia el interior.
Una vez dentro, el chico observó que todo estaba bastante organizado. En el medio del estadio había una infinidad de sillas, en los bordes había incontable vegetación decorativa, una infinidad de gente se arremolinaba y hablaba a saber de qué, En la zona norte se había colocado un escenario enorme, y en la zona sur había una especie de bar improvisado. En lo alto del escenario había unos cuantos jounin, y algún que otro chunin. No había rastro de la gran celebridad que había firmado la carta.
El albino permaneció en la entrada, con los brazos cruzados y sus orbes en el escenario. Si le llamaban, pues iría... entre tanto, no había otra cosa que hacer salvo esperar.