18/08/2015, 20:10
Blame quedó expectante desde a misma entrada, repudiaba al resto, casi tanto como el resto le repudiaba a él. Por ende, juntarse con ellos no podía ser buena idea, salvo concebida por un auténtico hipócrita. Con el tiempo, el aforo del sitio comenzó a quedarse corto, a cada minuto el sitio se llenaba mas y mas. Entre todos ellos, ni tan siquiera una cara que le sacase una sonrisa. Era triste, pero cierto.
Entre tanta gente, tan solo cabía a destacar que en cierto punto del estadio, la gente parecía tropezar con algo, concluyendo en una tremenda hostia contra el suelo. Hasta uno de los jounin había sido testigo del hecho, riendo como un niño chico.
Al cabo de un buen rato, uno de los jounin sacó una bandeja cargada de metales. La puso sobre una mesa, en el escenario, y volvió a continuar con los preparativos. Poco tardaron el llevar un atril con un micrófono, en el cuál un interlocutor daría nombre a los merecedores de esa banda metálica. Poco a poco el acto llegaba a su comienzo. No entendía el porqué los había citado tan pronto si no estaba todo listo... pero en fin, al menos le consolaba que ya quedaba menos.
"Que lento pasa el tiempo cuando no te encuentras a gusto..."
Con el paso del tiempo, gran parte del alumnado del curso se fue arremolinando bajo el escenario. Era normal, un jounin se puso frente al atril, y comenzó a dar un discurso sobre fidelidad a la aldea, el honor, la responsabilidad de ser genin, y un montón de sandeces mas.
Sin ánimo alguno, el chico comenzó a acercarse, con toda la parsimonia del mundo. En su camino, el joven escuchó con desdén que entre las palabras del jounin, comenzaron a surgir nombres. Los alumnos graduados comenzaban a subir uno a uno tras ser nombrados. Le consolaba que en esa graduación no había demasiados nombres.
Los genins se volvían algo eufóricos, comenzaron a hablar entre ellos con más ánimos del habitual, e incluso se abrazaban entre ellos. En la mente del Senju no cabía hueco para esa falsedad...
Tras un rato, el nombre del Senju fue publicado a voz alta. El chico continuó su paseo hasta llegar arriba del escenario, sin pararse siquiera ante sus compañeros. Le daba igual, él no iba a ser participe de esa falsa orgía de sentimientos falsos. Le importaba un pimiento quien había pasado y quien no, lo único que le importaba es que esa banda metálica no se la cobrasen en de el primer sueldo.
Tras tomar su bandana, el chico bajó del escenario. Nadie había allí para felicitarlo, ni para abrazarlo... que alivio.
Entre tanta gente, tan solo cabía a destacar que en cierto punto del estadio, la gente parecía tropezar con algo, concluyendo en una tremenda hostia contra el suelo. Hasta uno de los jounin había sido testigo del hecho, riendo como un niño chico.
Al cabo de un buen rato, uno de los jounin sacó una bandeja cargada de metales. La puso sobre una mesa, en el escenario, y volvió a continuar con los preparativos. Poco tardaron el llevar un atril con un micrófono, en el cuál un interlocutor daría nombre a los merecedores de esa banda metálica. Poco a poco el acto llegaba a su comienzo. No entendía el porqué los había citado tan pronto si no estaba todo listo... pero en fin, al menos le consolaba que ya quedaba menos.
"Que lento pasa el tiempo cuando no te encuentras a gusto..."
Con el paso del tiempo, gran parte del alumnado del curso se fue arremolinando bajo el escenario. Era normal, un jounin se puso frente al atril, y comenzó a dar un discurso sobre fidelidad a la aldea, el honor, la responsabilidad de ser genin, y un montón de sandeces mas.
Sin ánimo alguno, el chico comenzó a acercarse, con toda la parsimonia del mundo. En su camino, el joven escuchó con desdén que entre las palabras del jounin, comenzaron a surgir nombres. Los alumnos graduados comenzaban a subir uno a uno tras ser nombrados. Le consolaba que en esa graduación no había demasiados nombres.
Los genins se volvían algo eufóricos, comenzaron a hablar entre ellos con más ánimos del habitual, e incluso se abrazaban entre ellos. En la mente del Senju no cabía hueco para esa falsedad...
Tras un rato, el nombre del Senju fue publicado a voz alta. El chico continuó su paseo hasta llegar arriba del escenario, sin pararse siquiera ante sus compañeros. Le daba igual, él no iba a ser participe de esa falsa orgía de sentimientos falsos. Le importaba un pimiento quien había pasado y quien no, lo único que le importaba es que esa banda metálica no se la cobrasen en de el primer sueldo.
Tras tomar su bandana, el chico bajó del escenario. Nadie había allí para felicitarlo, ni para abrazarlo... que alivio.