5/04/2018, 19:23
Se aproximaba a los bosques que supieron estar en los alrededores de lo que alguna vez fue Konohagakure. Debió llegar hasta allí en unos cinco días, pero le llevó más de una semana. Viajó a su propio ritmo. Los padres de Shikanori debían estar muy enojados con él para mandarlo tan lejos. Dijeron que se hartaron de verlo sin hacer nada y que sino deseaba hacer misiones ni tampoco entrenar, entonces iría a conocer los orígenes de su clan. El joven Nara suspiró y se encogió de hombros. La consideró una amenaza vacía, un burdo intento por asustarlo y obligarlo a realizar algo productivo. Sin embargo, cuando su madre se fue y volvió con su famosa katana, Shikanori supo de inmediato que hablaban en serio. Soltó su libro y abandonó la silla en la que se hallaba de un salto. En un instante retrocedió hasta afirmar la espalda contra la pared de la habitación. No había nada que discutir. Solo restaba asentir y ponerse en marcha.
Más de una semana había pasado desde entonces. Para su fortuna, pudo viajar y mantener los problemas al mínimo. Le hubiese encantado que no existieran problemas, pero el mismo viaje lo consideraba problemático. Pero eso ya no importaba, ya había llegado a su destino, solo faltaba un poco más. Con un andar pesado, se adentraba lentamente en los bosques de la hoja. Mientras avanzaba, recorría el sitio con la mirada. Observaba las frondosas copas llenas de verdes hojas y el modo en que los abrasadores rayos de sol se filtraban por ellas. Le resultó un lugar hermoso y lleno de cierto misticismo, quizás por ser consciente de que estaba ligado a la historia de su familia. « Cuando acabe con esto, escogeré un gran árbol y dormiré una buena siesta en una de sus ramas » Extendió su brazo y acaricio el tronco de algunos árboles con tan solo la yema de sus dedos. Faltaba poco. Debía estar por allí. El sitio indicado por sus padres y que contenía algunos rollos secretos del clan Nara. Si no los encontraba, si no los leía y les decía a sus padres cual era el contenido de estos, entonces ellos considerarían que Shikanori no fue al bosque. En ese caso, su madre lo castigaría por desobedecer. Bastó con imaginar por un segundo los posibles castigos para que un escalofrío recorriera su espalda y se le helara la sangre. « Debo encontrar esos rollos » Nunca antes Shikanori había estado tan determinado a lograr algo.
Más de una semana había pasado desde entonces. Para su fortuna, pudo viajar y mantener los problemas al mínimo. Le hubiese encantado que no existieran problemas, pero el mismo viaje lo consideraba problemático. Pero eso ya no importaba, ya había llegado a su destino, solo faltaba un poco más. Con un andar pesado, se adentraba lentamente en los bosques de la hoja. Mientras avanzaba, recorría el sitio con la mirada. Observaba las frondosas copas llenas de verdes hojas y el modo en que los abrasadores rayos de sol se filtraban por ellas. Le resultó un lugar hermoso y lleno de cierto misticismo, quizás por ser consciente de que estaba ligado a la historia de su familia. « Cuando acabe con esto, escogeré un gran árbol y dormiré una buena siesta en una de sus ramas » Extendió su brazo y acaricio el tronco de algunos árboles con tan solo la yema de sus dedos. Faltaba poco. Debía estar por allí. El sitio indicado por sus padres y que contenía algunos rollos secretos del clan Nara. Si no los encontraba, si no los leía y les decía a sus padres cual era el contenido de estos, entonces ellos considerarían que Shikanori no fue al bosque. En ese caso, su madre lo castigaría por desobedecer. Bastó con imaginar por un segundo los posibles castigos para que un escalofrío recorriera su espalda y se le helara la sangre. « Debo encontrar esos rollos » Nunca antes Shikanori había estado tan determinado a lograr algo.