24/04/2018, 22:29
«Vamos allá, comienza el espectáculo.» Pensó Ayame, moviéndose hacia la izquierda en el pilar para asomarse. Sin embargo, se vio obligada a detenerse momentáneamente con un siseo de dolor cuando algo silbó junto a su brazo y cortó ropa y piel a la altura del bíceps. Un delgado hilo de sangre se deslizó hasta su codo. «¡Maldita sea! ¡Me ha hecho sangrar!» Un shuriken; no, dos shuriken, que ahora yacían en el suelo inertes. Debían de haber pasado a ambos lados de su propio pilar y ella no había sido capaz de verlos.
Fuera como fuese, debía seguir con el plan. Se agachó momentáneamente para coger las armas y guardarlas en el portaobjetos que llevaba tras la espalda y salió de la seguridad del pilar por el lado contrario por el que había salido su réplica momentos atrás. Avanzó de forma lenta pero segura, en línea recta, siempre asegurándose de no quedar a la vista de su oponente...
Ya que era su clon el encargado de mantener su atención.
La réplica seguía corriendo hacia el pilar de Daruu, bordeándolo en un arco para intentar quedar siempre a su vista mientras mantenía uno de sus brazos más retrasado, casi flexionado, y con la mano cerrada en un puño. Sin embargo, pese a lo que pudiera parecer, ese brazo no estaba preparando un golpe directo. Es más, cuando se encontraba aún a unos pocos metros del chico, quizás a algo menos de cinco metros, lanzó el puño contra el suelo.
Y una densa humareda, oscura como el carbón, invadió la escena.
«¡Ahora!»
Fuera del rango de la nube de humo, Ayame saltó hacia la izquierda para dejar a un lado el pilar. Estiró la mano izquierda para liberar el arco mientras la derecha buscaba una flecha en el carcaj de su espalda. La cargó y apuntó, mientras lanzaba un chasquido con su lengua. Y el sonido se encargó de buscarle.
Y disparó hacia donde el eco le indicó que disparara para alcanzar su hombro derecho.
Volvió a chasquear, con una nueva flecha cargada. Y volvió a disparar para alcanzar a su pierna izquierda.
Fuera como fuese, debía seguir con el plan. Se agachó momentáneamente para coger las armas y guardarlas en el portaobjetos que llevaba tras la espalda y salió de la seguridad del pilar por el lado contrario por el que había salido su réplica momentos atrás. Avanzó de forma lenta pero segura, en línea recta, siempre asegurándose de no quedar a la vista de su oponente...
Ya que era su clon el encargado de mantener su atención.
La réplica seguía corriendo hacia el pilar de Daruu, bordeándolo en un arco para intentar quedar siempre a su vista mientras mantenía uno de sus brazos más retrasado, casi flexionado, y con la mano cerrada en un puño. Sin embargo, pese a lo que pudiera parecer, ese brazo no estaba preparando un golpe directo. Es más, cuando se encontraba aún a unos pocos metros del chico, quizás a algo menos de cinco metros, lanzó el puño contra el suelo.
Y una densa humareda, oscura como el carbón, invadió la escena.
«¡Ahora!»
Fuera del rango de la nube de humo, Ayame saltó hacia la izquierda para dejar a un lado el pilar. Estiró la mano izquierda para liberar el arco mientras la derecha buscaba una flecha en el carcaj de su espalda. La cargó y apuntó, mientras lanzaba un chasquido con su lengua. Y el sonido se encargó de buscarle.
Y disparó hacia donde el eco le indicó que disparara para alcanzar su hombro derecho.
Volvió a chasquear, con una nueva flecha cargada. Y volvió a disparar para alcanzar a su pierna izquierda.