12/06/2018, 22:09
Karma, claramente molesta, devolvió su mirada al azul infinito del mar. Así fue hasta que escuchó la entrada de un nuevo participante en la conversación, o mejor dicho una, a juzgar por su femenina voz.
—Nada importante —injirió el capitán—. Falta de amor por la mar, eso es todo —y echó a reír de nuevo.
La fémina le dirigió una mirada fulminante al señor del navío. Entonces se fijó en Reika, aquella que se había preocupado por su bienestar a pesar de que no se conocían de nada. Sus ojos no necesitaron de mucho tiempo para aterrizar sobre el hitai-ate con el emblema de Amegakure que la rubia portaba al cuello. Karma habría jurado que el dolor de cabeza que le impedía pensar con claridad acababa de acrecentarse debido a esa imagen.
«¡Es una kunoichi de otra villa, y yo haciendo el ridículo así! ¡Es la primera vez que me topo con un integrante de otra aldea y tiene que verme echa un trapo, vomitando! Tan hábil como siempre, Kojima...», se desdeñó.
—Gracias por su preocupación, pero no es nada serio. Llevo así una temporada —le respondió a la Yamanaka, quitándole hierro al asunto y haciendo gala de un respeto propio de quien goza de educación y trata con un desconocido.
La uzujin cayó en la cuenta de algo. Había una mujer a proa, sentada en el banco a mano izquierda, observando la situación con descarado interés, incluso sonreía. Karma retornó su campo de visión a la mar, allí donde no tenía que enfrentar la mirada de ningún curioso, así como la vergüenza que ello conllevaba.
—Nada importante —injirió el capitán—. Falta de amor por la mar, eso es todo —y echó a reír de nuevo.
La fémina le dirigió una mirada fulminante al señor del navío. Entonces se fijó en Reika, aquella que se había preocupado por su bienestar a pesar de que no se conocían de nada. Sus ojos no necesitaron de mucho tiempo para aterrizar sobre el hitai-ate con el emblema de Amegakure que la rubia portaba al cuello. Karma habría jurado que el dolor de cabeza que le impedía pensar con claridad acababa de acrecentarse debido a esa imagen.
«¡Es una kunoichi de otra villa, y yo haciendo el ridículo así! ¡Es la primera vez que me topo con un integrante de otra aldea y tiene que verme echa un trapo, vomitando! Tan hábil como siempre, Kojima...», se desdeñó.
—Gracias por su preocupación, pero no es nada serio. Llevo así una temporada —le respondió a la Yamanaka, quitándole hierro al asunto y haciendo gala de un respeto propio de quien goza de educación y trata con un desconocido.
La uzujin cayó en la cuenta de algo. Había una mujer a proa, sentada en el banco a mano izquierda, observando la situación con descarado interés, incluso sonreía. Karma retornó su campo de visión a la mar, allí donde no tenía que enfrentar la mirada de ningún curioso, así como la vergüenza que ello conllevaba.