5/07/2018, 16:28
Fue automático: Karma alzó una ceja al máximo, haciéndola más que visible. ¿Había escuchado bien? Quizás era una indiscreción por su parte, pero la rubia le había disparado varias preguntas. No estaba de más devolverle algunas; ahora más que nunca, tras percibir lo que creía haber percibido.
—He estado mejor, pero no te precupes, puedo mantenerme en pie —aseguró, para entonces lanzarse a interrogar sobre aquello que Reika prefería que quedase en la sombra de la ignorancia—. Has dicho... ¿paseadora de tortugas?
La mujer de antes bajó las escaleras, acompañada por el tipo de aspecto intimidante que llevaba el yukata. No obstante la médica no se percató de ello, de pronto demasiado involucrada en la conversación con la otra kunoichi como para prestar atención a nada más.
Los ya mencionados se acomodaron en un punto más interno de la bodega, a unos cuatro metros de las muchachas.
Otros pasajeros del navío también acabaron refugiándose de la lluvia bajo la cubierta. El ambiente se impregnó de distintas voces, acompañando a las de Karma y Reika, según los presentes charlaban entre ellos. Habrían, en total, unas diez personas, contando a la misteriosa mujer, su acompañante, y el dúo de kunoichis. Aún así, el tamaño de la bodega permitía que existiese un mínimo de privacidad entre los grupos de seres humanos y no se generase una sensación de claustrofobia.
—He estado mejor, pero no te precupes, puedo mantenerme en pie —aseguró, para entonces lanzarse a interrogar sobre aquello que Reika prefería que quedase en la sombra de la ignorancia—. Has dicho... ¿paseadora de tortugas?
La mujer de antes bajó las escaleras, acompañada por el tipo de aspecto intimidante que llevaba el yukata. No obstante la médica no se percató de ello, de pronto demasiado involucrada en la conversación con la otra kunoichi como para prestar atención a nada más.
Los ya mencionados se acomodaron en un punto más interno de la bodega, a unos cuatro metros de las muchachas.
Otros pasajeros del navío también acabaron refugiándose de la lluvia bajo la cubierta. El ambiente se impregnó de distintas voces, acompañando a las de Karma y Reika, según los presentes charlaban entre ellos. Habrían, en total, unas diez personas, contando a la misteriosa mujer, su acompañante, y el dúo de kunoichis. Aún así, el tamaño de la bodega permitía que existiese un mínimo de privacidad entre los grupos de seres humanos y no se generase una sensación de claustrofobia.