25/01/2019, 22:22
En la búsqueda de la hierba, y con el olor de la misma aún muy presente en las fosas nasales, sendos Inuzuka avanzaron a la par que olfateaban como buenos sabuesos. Estaba claro que tarde o temprano —y esperaban mas bien que fuese temprano— terminarían por encontrar algún rastro, y por efímero que fuese, sería suficiente para saber que estaban en la zona al menos. Era un plan simple, a la par que infalible. A veces las cosas mas sencillas son las más precisas.
Conforme estaba planteado, sucedió.
En cierto punto del bosque de setas, el can encontró un rastro de la taidonka. Avisó de inmediato al rastas, que rápidamente se tornó hacia Akane. Pero por suerte o por desgracia, el rastro se desvaneció tan rápida y fugazmente como había aparecido.
—¡Tsk! —chasqueó la lengua el de orbes verdes —tiene que estar cerca entonces, hermano. Busquemos por la zona, y el primero en encontrar de nuevo el rastro avisa. Hagamos un círculo, de no mas de veinte metros o así, ¿va?
—¡Wuuf!
Si, ambos estaban de a cuerdo. Lo más lógico en ese mismo instante era buscar un poco mas por la zona, aunque fuese en pos de encontrar una taidonka solitaria. Siempre se ha dicho, que menos da una piedra. Pobres usuarios de Doton...
Sin premura, ambos genin salieron corriendo en direcciones opuestas, buscando trazar tras ello media circunferencia, rastreando los alrededores. Era sencillo, debían encontrar de nuevo la zona desde la que había provenido ese peculiar aroma de la planta. Por muy escondida que estuviese, no podría engañar a ese par de sabuesos. Al menos eso esperaba el Inuzuka de ojos verdes.
Conforme estaba planteado, sucedió.
En cierto punto del bosque de setas, el can encontró un rastro de la taidonka. Avisó de inmediato al rastas, que rápidamente se tornó hacia Akane. Pero por suerte o por desgracia, el rastro se desvaneció tan rápida y fugazmente como había aparecido.
—¡Tsk! —chasqueó la lengua el de orbes verdes —tiene que estar cerca entonces, hermano. Busquemos por la zona, y el primero en encontrar de nuevo el rastro avisa. Hagamos un círculo, de no mas de veinte metros o así, ¿va?
—¡Wuuf!
Si, ambos estaban de a cuerdo. Lo más lógico en ese mismo instante era buscar un poco mas por la zona, aunque fuese en pos de encontrar una taidonka solitaria. Siempre se ha dicho, que menos da una piedra. Pobres usuarios de Doton...
Sin premura, ambos genin salieron corriendo en direcciones opuestas, buscando trazar tras ello media circunferencia, rastreando los alrededores. Era sencillo, debían encontrar de nuevo la zona desde la que había provenido ese peculiar aroma de la planta. Por muy escondida que estuviese, no podría engañar a ese par de sabuesos. Al menos eso esperaba el Inuzuka de ojos verdes.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~