1/03/2019, 17:49
Kazuma no tardó en ponerse a la cabeza y andar frente a Ranko, dirigiéndola hacia los acantilados. La chica asintió y siguió tras él, mientras el peliblanco decía que Etsu parecía el más experimentado del grupo. De repente, soltó un quejido.
Ranko, siguiendo por instinto los movimientos del chico, atisbó algo de piel morena entre las ropas de Kazuma. Entendió lo que había pasado cuando él mencionó haber sentido una brisa. La kunoichi se tornó roja y se tapó los ojos con las manos.
—¡L-l-l-l-lo s-s-s-si-si-ento, Ka-kazuma-s-san! ¡N-n-no fue…! ¡Y-y-yo no…! ¡L-l-le juro q-que no vi na-nada! —soltó con voz apenada y aguda en exceso.
No supo qué hacer. Seguiría andando si el chico continuaba el camino, aunque intentaría ver solo el rastro de hierbas moviéndose que dejaba al seguir, evitando verlo directamente por la pena. Kazuma sonaba calmado y tranquilo como siempre, pero el que la situación tuviese que ver con la retaguardia semidescubierta de otra persona le hacía sentir a Ranko bastante incómoda.
Por un momento olvidó que tenían que con rumbo a los acantilados para buscar las últimas hierbas.
Pronto, el ruido de los monos confundidos quedó atrás, y el leve rastro de la kunoichi de la trenza delante, guiando a los hermanos Inuzuka. Etsu y Akane pasaron un buen rato corriendo y saltando entre los árboles, sin más que el sonido de los animales lejanos y el aroma húmedo del bosque. Curiosamente, podía seguir percibiendo el ínfimo aroma de la taidonka, aunque solo vería las hierbas, sin flor alguna.
Minutos después, los hongos de los árboles disminuirían en tamaño cuanto más se alejaba Etsu del corazón del bosque. Asimismo, los árboles en sí se harían menos robustos y entrelazados, menos amenazadores.
De repente, ambos sentirían un olor familiar de nuevo: el encantador aroma a tocino. Si seguían el rastro de Ranko, pronto el aroma a carne frita se haría más y más intenso. Al igual que varios minutos antes, sentirían el olor, mas no el sonido de la carne en el aceite.
Ranko, siguiendo por instinto los movimientos del chico, atisbó algo de piel morena entre las ropas de Kazuma. Entendió lo que había pasado cuando él mencionó haber sentido una brisa. La kunoichi se tornó roja y se tapó los ojos con las manos.
—¡L-l-l-l-lo s-s-s-si-si-ento, Ka-kazuma-s-san! ¡N-n-no fue…! ¡Y-y-yo no…! ¡L-l-le juro q-que no vi na-nada! —soltó con voz apenada y aguda en exceso.
No supo qué hacer. Seguiría andando si el chico continuaba el camino, aunque intentaría ver solo el rastro de hierbas moviéndose que dejaba al seguir, evitando verlo directamente por la pena. Kazuma sonaba calmado y tranquilo como siempre, pero el que la situación tuviese que ver con la retaguardia semidescubierta de otra persona le hacía sentir a Ranko bastante incómoda.
Por un momento olvidó que tenían que con rumbo a los acantilados para buscar las últimas hierbas.
Pronto, el ruido de los monos confundidos quedó atrás, y el leve rastro de la kunoichi de la trenza delante, guiando a los hermanos Inuzuka. Etsu y Akane pasaron un buen rato corriendo y saltando entre los árboles, sin más que el sonido de los animales lejanos y el aroma húmedo del bosque. Curiosamente, podía seguir percibiendo el ínfimo aroma de la taidonka, aunque solo vería las hierbas, sin flor alguna.
Minutos después, los hongos de los árboles disminuirían en tamaño cuanto más se alejaba Etsu del corazón del bosque. Asimismo, los árboles en sí se harían menos robustos y entrelazados, menos amenazadores.
De repente, ambos sentirían un olor familiar de nuevo: el encantador aroma a tocino. Si seguían el rastro de Ranko, pronto el aroma a carne frita se haría más y más intenso. Al igual que varios minutos antes, sentirían el olor, mas no el sonido de la carne en el aceite.
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