1/06/2019, 12:49
(Última modificación: 1/06/2019, 12:49 por Amedama Daruu.)
Katsudon resopló.
—Puf. El único sitio por el que se me ocurre que podríamos volver es por el País de la Tormenta. Es un rodeo un poco grande, ¿eh, chico? —El Akimichi hizo rodar sus ojos—. Además, no sé qué es peor. Esos amejin están locos. ¡Locos, te digo! El otro día uno se coló dentro del puto despacho de Hanabi, joder. ¿¡Te lo puedes creer!?
El hombretón se acarició la barbilla, pensativo.
—Aunque también está el País del Rayo... igualmente es un poco pateo, ¿eh? —rio Katsudon—. ¡Bueno, ya veremos, chico! De todas formas, con este cuerpazo que tengo, no creo que se atrevan a asaltarte si voy a tu lado, jua, jua, jua!
Terminaron de desayunar y emprendieron de nuevo la marcha tras apagar la hoguera y recoger sus cosas. Nuevamente iniciaron una larga caminata sin descanso, en la que nuevamente Reiji tuvo que esforzarse por alcanzar al gigante.
La península fue estrechándose. Al cabo de un par de horas, pasaron desde lejos al costado de un castillo tradicional gigantesco. Tenía el aspecto de haber sido abandonado hacía mucho, mucho tiempo. A Reiji le deslumbró un destello desde un ventanuco en la parte superior, y tuvo que apartar la vista.
—Es increíble, alguna de esas armaduras samurai mantienen todavía su brillo intacto. O quizás eran más brillantes aún en su día. No entiendo como este lugar sigue en pie, con las armaduras y armas dentro. ¿Quizás incluso los ladrones tienen más respeto por esos guerreros ancestrales de lo que les concedo?
«O quizás sean más supersticiosos de lo que creo y piensan que les va a caer una maldición.»
—Puf. El único sitio por el que se me ocurre que podríamos volver es por el País de la Tormenta. Es un rodeo un poco grande, ¿eh, chico? —El Akimichi hizo rodar sus ojos—. Además, no sé qué es peor. Esos amejin están locos. ¡Locos, te digo! El otro día uno se coló dentro del puto despacho de Hanabi, joder. ¿¡Te lo puedes creer!?
El hombretón se acarició la barbilla, pensativo.
—Aunque también está el País del Rayo... igualmente es un poco pateo, ¿eh? —rio Katsudon—. ¡Bueno, ya veremos, chico! De todas formas, con este cuerpazo que tengo, no creo que se atrevan a asaltarte si voy a tu lado, jua, jua, jua!
Terminaron de desayunar y emprendieron de nuevo la marcha tras apagar la hoguera y recoger sus cosas. Nuevamente iniciaron una larga caminata sin descanso, en la que nuevamente Reiji tuvo que esforzarse por alcanzar al gigante.
La península fue estrechándose. Al cabo de un par de horas, pasaron desde lejos al costado de un castillo tradicional gigantesco. Tenía el aspecto de haber sido abandonado hacía mucho, mucho tiempo. A Reiji le deslumbró un destello desde un ventanuco en la parte superior, y tuvo que apartar la vista.
—Es increíble, alguna de esas armaduras samurai mantienen todavía su brillo intacto. O quizás eran más brillantes aún en su día. No entiendo como este lugar sigue en pie, con las armaduras y armas dentro. ¿Quizás incluso los ladrones tienen más respeto por esos guerreros ancestrales de lo que les concedo?
«O quizás sean más supersticiosos de lo que creo y piensan que les va a caer una maldición.»
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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