Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#13
Entre la apatía y la rabia, la muchacha partió directo a la hacienda de los Yako, dispuesta a cumplir el encargo aunque fuese de mala. No podría ir saltando entre los edificios cómo la primera vez que quiso buscar la dirección, ya que ahora llevaba por delante el susodicho diablito y por ende debía resignarse a caminar por la calle como cualquier civil, sin poder sacarle realmente un poco de provecho a su aptitudes ninja. La idílica vida del shinobi era algo lejano para los recién graduados.

—¡Hey!— De pronto escucharía a una voz familiar llamando su atención: Era el mismo mensajero que le llevó el pergamino en la mañana, saludándole con la mano diestra mientras iba de tejado en tejado con incomparable sonrisa. —¡Suerte!— fue lo único que alcanzó a decir antes de largarse con una velocidad ya más propia de un ninja experimentado.

Chuntaro desde un inició se imaginó que la tarea no iba a ser agradable para la muchacha, y nomás verla con esa carretilla en mano se estaba imaginando el tipo de encargo que le había tocado. No era que se estuviese burlando de ella, pero esperaba que al menos la kunoichi encontrara la moraleja en la historia.

Cuando llegase a la mansión indicada, tendría que transitar un camino curvado y empinado a través de los jardines de la residencia hasta llegar a la puerta. Si bien la casa Yako no era tan enorme cómo la de otras familias ricas, aún así era cuatro veces más grande que la granja de donde provenía la Sarutobi. Tejado tradicional en color rojizo y azul marino, con la fachada pintada en blanco. La entrada era un gran portón de madera grabada con motivos de yōkai misteriosos. Un claro derroche de opulencia.
[Imagen: 7FT8VMk.gif]

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~Ausente los fines de semana~
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Mensajes en este tema
(D) El peso del conocimiento - por King Roga - 4/06/2019, 22:05
RE: (D) El peso del conocimiento - por King Roga - 8/06/2019, 16:09


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