8/06/2019, 16:09
Entre la apatía y la rabia, la muchacha partió directo a la hacienda de los Yako, dispuesta a cumplir el encargo aunque fuese de mala. No podría ir saltando entre los edificios cómo la primera vez que quiso buscar la dirección, ya que ahora llevaba por delante el susodicho diablito y por ende debía resignarse a caminar por la calle como cualquier civil, sin poder sacarle realmente un poco de provecho a su aptitudes ninja. La idílica vida del shinobi era algo lejano para los recién graduados.
—¡Hey!— De pronto escucharía a una voz familiar llamando su atención: Era el mismo mensajero que le llevó el pergamino en la mañana, saludándole con la mano diestra mientras iba de tejado en tejado con incomparable sonrisa. —¡Suerte!— fue lo único que alcanzó a decir antes de largarse con una velocidad ya más propia de un ninja experimentado.
Chuntaro desde un inició se imaginó que la tarea no iba a ser agradable para la muchacha, y nomás verla con esa carretilla en mano se estaba imaginando el tipo de encargo que le había tocado. No era que se estuviese burlando de ella, pero esperaba que al menos la kunoichi encontrara la moraleja en la historia.
Cuando llegase a la mansión indicada, tendría que transitar un camino curvado y empinado a través de los jardines de la residencia hasta llegar a la puerta. Si bien la casa Yako no era tan enorme cómo la de otras familias ricas, aún así era cuatro veces más grande que la granja de donde provenía la Sarutobi. Tejado tradicional en color rojizo y azul marino, con la fachada pintada en blanco. La entrada era un gran portón de madera grabada con motivos de yōkai misteriosos. Un claro derroche de opulencia.
—¡Hey!— De pronto escucharía a una voz familiar llamando su atención: Era el mismo mensajero que le llevó el pergamino en la mañana, saludándole con la mano diestra mientras iba de tejado en tejado con incomparable sonrisa. —¡Suerte!— fue lo único que alcanzó a decir antes de largarse con una velocidad ya más propia de un ninja experimentado.
Chuntaro desde un inició se imaginó que la tarea no iba a ser agradable para la muchacha, y nomás verla con esa carretilla en mano se estaba imaginando el tipo de encargo que le había tocado. No era que se estuviese burlando de ella, pero esperaba que al menos la kunoichi encontrara la moraleja en la historia.
Cuando llegase a la mansión indicada, tendría que transitar un camino curvado y empinado a través de los jardines de la residencia hasta llegar a la puerta. Si bien la casa Yako no era tan enorme cómo la de otras familias ricas, aún así era cuatro veces más grande que la granja de donde provenía la Sarutobi. Tejado tradicional en color rojizo y azul marino, con la fachada pintada en blanco. La entrada era un gran portón de madera grabada con motivos de yōkai misteriosos. Un claro derroche de opulencia.
![[Imagen: 7FT8VMk.gif]](https://i.imgur.com/7FT8VMk.gif)
