9/06/2019, 01:47
Y allí estaba la joven kunoichi, empujando la carreta de camino al barrio alto, bajo el sol de la estación del pájaro bermellón. Incluso ella, con una afinidad natural a las altas temperaturas sentía como su melena pelirroja empezaba a pegarse a su rostro debido a la fina capa de sudor que se iba formando sobre ella y que le hacía respirar suavemente entreabriendo los labios. - Tal vez a la vuelta pueda simplemente dejar caer calle a bajo la dichosa carreta – fantaseaba cada vez de peor humor la pelirroja ante un trabajo para el que se consideraba tan poco adecuada y aprovechada.
Su vista se dirigió a las alturas, a los suaves tejados rojos y azules de su villa, donde el mensajero de esta mañana la saludaba amablemente con una mano. Ocultando un gesto de enfado que empezaba a ser evidente en la joven, levantó una mano separándola de la carreta para devolver el saludo de manera bastante poco enérgica para ver como se iba a toda velocidad. - Incluso repartir el correo hubiera sido mejor que esto – se lamentó bajando la mirada hasta la angosta calle que aún tenía que subir.
Tras una buena caminata con la carreta aún vacía a rastras, alcanzó la enorme hacienda que antes había visto desde las alturas, ahora parecía aún más grande, rodeada por una gruesa y ostentosa verja, obviando algunos comentarios despectivos que se quedarían dentro de su cabeza, avanzó por el serpenteante camino que atravesaba los jardines hasta alcanzar la ostentosa puerta, respirando profundamente dos veces, recordándose a si misma lo valiosa que sería la donación para alumnos como ella. Llamó a la puerta con educación y una dulce sonrisa preparada para quien abriera la puerta.
- Saludos, soy la genin encargada de la misión. – se presentaría ante aquel que abriera aquella opulenta puerta, deseando empezar a cargar ya los materiales de estudio y salir de allí cuanto antes. en profesorado en ESO, bachillerato, formación profesional y enseñanzas de idiomas
Su vista se dirigió a las alturas, a los suaves tejados rojos y azules de su villa, donde el mensajero de esta mañana la saludaba amablemente con una mano. Ocultando un gesto de enfado que empezaba a ser evidente en la joven, levantó una mano separándola de la carreta para devolver el saludo de manera bastante poco enérgica para ver como se iba a toda velocidad. - Incluso repartir el correo hubiera sido mejor que esto – se lamentó bajando la mirada hasta la angosta calle que aún tenía que subir.
Tras una buena caminata con la carreta aún vacía a rastras, alcanzó la enorme hacienda que antes había visto desde las alturas, ahora parecía aún más grande, rodeada por una gruesa y ostentosa verja, obviando algunos comentarios despectivos que se quedarían dentro de su cabeza, avanzó por el serpenteante camino que atravesaba los jardines hasta alcanzar la ostentosa puerta, respirando profundamente dos veces, recordándose a si misma lo valiosa que sería la donación para alumnos como ella. Llamó a la puerta con educación y una dulce sonrisa preparada para quien abriera la puerta.
- Saludos, soy la genin encargada de la misión. – se presentaría ante aquel que abriera aquella opulenta puerta, deseando empezar a cargar ya los materiales de estudio y salir de allí cuanto antes. en profesorado en ESO, bachillerato, formación profesional y enseñanzas de idiomas