2/09/2019, 00:26
Dos hombres caminaban por un amplio pasillo, en un lugar oscuro, pero al mismo tiempo brillante. Los suelos, las paredes, y hasta los cilíndricos pilares gruesos que a pares sujetaban el techo del sótano parecían hechos de un material cristalino, entre negro y púrpura, similar al hielo, pero que no resbalaba ni estaba frío. De hecho, allá adentro hacía algo de calor, pese al perpetuo invierno del exterior. Hacía calor y la atmósfera era algo asfixiante, con el eco de los pasos de aquellas dos personas reverberando continuamente entre reflejos de lámparas, incapaces de escapar, prisioneros.
Una prisión, eso parecía aquél lugar. Había celdas, y había barrotes. De los prisioneros mejor no adelantamos nada.
Uno de los hombres era bajito, andaba encorvado y se ayudaba de un bastón. Llevaba una máscara de médico como las de la antiguedad, aunque con el pico bastante más corto. Un extraño sombrero de copa blanco, como la túnica larga que vestía, reflejaba la luz porque llevaba atornillada una placa de metal con la insignia de su fría patria. El otro hombre era mucho más alto y lucía una túnica negra tan larga que la arrastraba por el suelo. Su porte orgulloso hacía balancear su cabello pelirrojo y largo hasta la parte baja de la espalda. Sus ojos afilados registraban los habitantes de aquellas celdas con muchísimo interés. Se detuvo frente a una de ellas.
—Hmm. —Se aclaró la garganta—. No negaré que me deja usted impresionado, Medichii. ¿Y cuándo dices que estarán preparados?
Dentro, una figura oscura levantó la mirada. Una mirada roja, cargada de odio, que escudriñó al pelirrojo de arriba a abajo. Sin previo aviso, aquello se lanzó hacia los barrotes, los golpeó con violencia y los hizo doblarse. Hizo que Medichii diera un salto y tuviera que apoyarse en el bastón para no caer, pero su superior apenas se movió del sitio. Tan sólo le ondeó el pelo y la túnica. Se apartó el mechón que se había interpuesto en su rostro.
—Un mes. Tal vez dos. Pero podemos empezar a hacer pruebas de campo con ellos, si lo desea...
¡Bam, Bam, BAMBAM! El animal, un gorila desproporcionado con el rostro desfigurado y más parecido a las fauces de un cocodrilo, golpeó los barrotes insistentemente. Mordisqueó los barrotes dejando atrás un reguero de babas y mucosidad pegajosas.
—¿Hiciste buen uso del chakra que presté?
—Por supuesto, señor. Todos tienen un pequeño fragmento. Y esperamos que cuando estén completos sean capaces de usarlo por sí mismos.
—Podremos reventar unas cuantas cosas, ¿eh, Medichii? —rio el superior.
—Sí, sí.
—Dime, Medichii.... —El pelirrojo se dio la vuelta hacia su subordinado y luego miró de reojo a la bestia. Se acarició la barbilla con extrema curiosidad—. ¿Pero qué pasa si derrotan a unos cuantos, eh? Sólo diez de estos te han llevado todo un año.
----Mi señor... —Medichii comenzó a reír. Era una risa suave, pero extremadamente irritante, acompañada de alguna que otra tos enfermiza.
—¿Qué te hace tanta gracia, Medichii?
—Mi señor, dígamelo usted, ¿qué les pasa a los bijuu cuando mueren?
Kurama sonrió.
Una prisión, eso parecía aquél lugar. Había celdas, y había barrotes. De los prisioneros mejor no adelantamos nada.
Uno de los hombres era bajito, andaba encorvado y se ayudaba de un bastón. Llevaba una máscara de médico como las de la antiguedad, aunque con el pico bastante más corto. Un extraño sombrero de copa blanco, como la túnica larga que vestía, reflejaba la luz porque llevaba atornillada una placa de metal con la insignia de su fría patria. El otro hombre era mucho más alto y lucía una túnica negra tan larga que la arrastraba por el suelo. Su porte orgulloso hacía balancear su cabello pelirrojo y largo hasta la parte baja de la espalda. Sus ojos afilados registraban los habitantes de aquellas celdas con muchísimo interés. Se detuvo frente a una de ellas.
—Hmm. —Se aclaró la garganta—. No negaré que me deja usted impresionado, Medichii. ¿Y cuándo dices que estarán preparados?
Dentro, una figura oscura levantó la mirada. Una mirada roja, cargada de odio, que escudriñó al pelirrojo de arriba a abajo. Sin previo aviso, aquello se lanzó hacia los barrotes, los golpeó con violencia y los hizo doblarse. Hizo que Medichii diera un salto y tuviera que apoyarse en el bastón para no caer, pero su superior apenas se movió del sitio. Tan sólo le ondeó el pelo y la túnica. Se apartó el mechón que se había interpuesto en su rostro.
—Un mes. Tal vez dos. Pero podemos empezar a hacer pruebas de campo con ellos, si lo desea...
¡Bam, Bam, BAMBAM! El animal, un gorila desproporcionado con el rostro desfigurado y más parecido a las fauces de un cocodrilo, golpeó los barrotes insistentemente. Mordisqueó los barrotes dejando atrás un reguero de babas y mucosidad pegajosas.
—¿Hiciste buen uso del chakra que presté?
—Por supuesto, señor. Todos tienen un pequeño fragmento. Y esperamos que cuando estén completos sean capaces de usarlo por sí mismos.
—Podremos reventar unas cuantas cosas, ¿eh, Medichii? —rio el superior.
—Sí, sí.
—Dime, Medichii.... —El pelirrojo se dio la vuelta hacia su subordinado y luego miró de reojo a la bestia. Se acarició la barbilla con extrema curiosidad—. ¿Pero qué pasa si derrotan a unos cuantos, eh? Sólo diez de estos te han llevado todo un año.
----Mi señor... —Medichii comenzó a reír. Era una risa suave, pero extremadamente irritante, acompañada de alguna que otra tos enfermiza.
—¿Qué te hace tanta gracia, Medichii?
—Mi señor, dígamelo usted, ¿qué les pasa a los bijuu cuando mueren?
Kurama sonrió.
Esta cuenta representa a la totalidad de los administradores de NinjaWorld.es