27/05/2020, 15:27
Kazuma despertó poco después que su compañera, saludo, dedico algunos minutos a estirarse y luego se sentó a desayunar. Visto de mañana el desierto era un lugar bastante bonito, era como si el sol fuese de oro líquido y se desparramase por el azul lienzo del cielo. Y pensaba en quizá si era así, pues el que fuese un precioso metal fundido explicaría los abominables calores de las horas diurnas.
—Bien, es hora de ponernos en marcha —diría luego de haber recogido todo.
La marcha fue tal como había sido el día anterior, con un paisaje que parecía exactamente el mismo. El tiempo paso lenta y calurosamente, pero la incipiente visión de las montañas al norte les marcaba el buen camino. Finalmente, en un atardecer rojizo, llegaron a su destino, las Minas de Akuma.
—Bien, es hora de ponernos en marcha —diría luego de haber recogido todo.
La marcha fue tal como había sido el día anterior, con un paisaje que parecía exactamente el mismo. El tiempo paso lenta y calurosamente, pero la incipiente visión de las montañas al norte les marcaba el buen camino. Finalmente, en un atardecer rojizo, llegaron a su destino, las Minas de Akuma.
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