26/07/2020, 20:55
”Ranko… chan…”
Debía ser aquella cueva, tal vez la hora del día, tal vez el sol que se colaba por el techo de la galería, tal vez el respirador. Pero de pronto había calor.
Kazuma recogió y guardó una muestra de aquellas plantas supuestamente venenosas. Ranko recordó aquella misión de hierbas, musgos y tés. No recordaba cuándo es que se había tomado el té que la herborista les había obsequiado.
Lo que siguió, sin embargo, hizo que le saltaran varias alarmas. Violeta quería salir, pero, tal como el peliblanco le informaba, el camino de vuelta sí que estaba lleno de gas. Además, la mujer decía que no había salidas a la galería, pero… ¿cómo lo sabía si estaba sellada hasta hace unos instantes? Aunque había mencionado conocer las Minas desde antes. ¿Ya las había explorado? El socio de Yōgi les había dicho que había demasiados caminos, pero sólo habían seguido una senda. ¿Se habían perdido de los otros túneles? ¿O era que las paredes habían cambiado, como con un jutsu de tierra? Por un momento se preguntó si Uragiri en realidad había encontrado el cadáver, pero él mencionó haber estado menos de un par de horas, y a los genin les había tomado más que ello llegar a la galería.
—¡E-espere, Violeta-san! —El tono de Ranko fue más suplicante que demandante, y sus manos se volvieron a alzar con las palmas abiertas, intentando que la mujer no se apresurase —. Kazuma-san tiene razón. Yōgi-san, qui-quien nos encomendó la misión e-espera fuera… ¡y sus guardias! S-si viesen a Violeta-san salir, l-lo primero que pensarían s-sería que usted e-es la ladrona y le atacarían.
»A-además sólo tenemos dos respiradores… No p-p-podríamos salir los tres. O-o bien e-encontramos otro camino para salir, t-tal vez los huecos del techo, o.. o…
”Ranko, no. No digas eso.”
—O bien u-u-uno espera d-dentro con Violeta-san.
Ranko apartaría su hirviente rostro, aunque parcialmente oculto, de Violeta y lo dirigiría a Kazuma, intentando evitar la vergüenza que le ahogaba.
—¿P-p-por q-qué quiere Kazuma-san lle-llevarse el cadáver?
Debía ser aquella cueva, tal vez la hora del día, tal vez el sol que se colaba por el techo de la galería, tal vez el respirador. Pero de pronto había calor.
Kazuma recogió y guardó una muestra de aquellas plantas supuestamente venenosas. Ranko recordó aquella misión de hierbas, musgos y tés. No recordaba cuándo es que se había tomado el té que la herborista les había obsequiado.
Lo que siguió, sin embargo, hizo que le saltaran varias alarmas. Violeta quería salir, pero, tal como el peliblanco le informaba, el camino de vuelta sí que estaba lleno de gas. Además, la mujer decía que no había salidas a la galería, pero… ¿cómo lo sabía si estaba sellada hasta hace unos instantes? Aunque había mencionado conocer las Minas desde antes. ¿Ya las había explorado? El socio de Yōgi les había dicho que había demasiados caminos, pero sólo habían seguido una senda. ¿Se habían perdido de los otros túneles? ¿O era que las paredes habían cambiado, como con un jutsu de tierra? Por un momento se preguntó si Uragiri en realidad había encontrado el cadáver, pero él mencionó haber estado menos de un par de horas, y a los genin les había tomado más que ello llegar a la galería.
—¡E-espere, Violeta-san! —El tono de Ranko fue más suplicante que demandante, y sus manos se volvieron a alzar con las palmas abiertas, intentando que la mujer no se apresurase —. Kazuma-san tiene razón. Yōgi-san, qui-quien nos encomendó la misión e-espera fuera… ¡y sus guardias! S-si viesen a Violeta-san salir, l-lo primero que pensarían s-sería que usted e-es la ladrona y le atacarían.
»A-además sólo tenemos dos respiradores… No p-p-podríamos salir los tres. O-o bien e-encontramos otro camino para salir, t-tal vez los huecos del techo, o.. o…
”Ranko, no. No digas eso.”
—O bien u-u-uno espera d-dentro con Violeta-san.
Ranko apartaría su hirviente rostro, aunque parcialmente oculto, de Violeta y lo dirigiría a Kazuma, intentando evitar la vergüenza que le ahogaba.
—¿P-p-por q-qué quiere Kazuma-san lle-llevarse el cadáver?
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