24/08/2021, 13:58
(Última modificación: 20/10/2021, 10:10 por Uzumaki Eri. Editado 2 veces en total.)
El sol volvió a salir por las costas del Remolino y abrazaba a sus habitantes con aquel suave manto que calentaba la piel de la gente entre el frío del invierno. Para Uchiha Natsu aquellos primeros días eran especiales a la vez que extraños, una de esas sensaciones que no eran fáciles de describir. Recientemente había sido graduado en la academia de Uzushiogakure y había obtenido su nuevo rango ninja como gennin de la aldea que le vio crecer con aquel especial obsequio que fue su bandana ninja.
Aquel día se encontraba entre las calles de la aldea, a primera hora viendo a los negocios y los locales como iban abriendo sus puertas para empezar la jornada, orgulloso y reluciente con su bandana anudada en la frente y una sonrisa boba de esas de oreja a oreja. Irradiaba felicidad por los cuatro costados. Tanto fue así que que acudió a unos de esos locales que se situaban cerca del jardín de los cerezos. Era un lugar pequeño pero de esos que desprendían un sabor artesanal por todos los rincones. 'A la porra' rezaba en el cartel identificativo. Allí compré unos pocos churros que iba a disfrutar de desayuno.
«Igual debería ponerme a trabajar en serio» me decía para mis adentros mientras degustaba aquel dulce capricho.
No me refería al entrenamiento, eso seguía haciéndolo. No. Más bien a trabajar para la aldea, la que ahora mismo era mi sustento económico y por la que tenía que empezar a dar todo lo que había recibido y sacar una sonrisa a mis padres, allí donde estuviesen. Además... el alquiler social, aunque barato no se pagaba solo.
Aquel día se encontraba entre las calles de la aldea, a primera hora viendo a los negocios y los locales como iban abriendo sus puertas para empezar la jornada, orgulloso y reluciente con su bandana anudada en la frente y una sonrisa boba de esas de oreja a oreja. Irradiaba felicidad por los cuatro costados. Tanto fue así que que acudió a unos de esos locales que se situaban cerca del jardín de los cerezos. Era un lugar pequeño pero de esos que desprendían un sabor artesanal por todos los rincones. 'A la porra' rezaba en el cartel identificativo. Allí compré unos pocos churros que iba a disfrutar de desayuno.
«Igual debería ponerme a trabajar en serio» me decía para mis adentros mientras degustaba aquel dulce capricho.
No me refería al entrenamiento, eso seguía haciéndolo. No. Más bien a trabajar para la aldea, la que ahora mismo era mi sustento económico y por la que tenía que empezar a dar todo lo que había recibido y sacar una sonrisa a mis padres, allí donde estuviesen. Además... el alquiler social, aunque barato no se pagaba solo.