31/01/2022, 21:03
Aquello empezaba a irritarle, a irritarle de verdad. Aquella copia no solo era idéntica a él, no solo sonaba como él, sino que actuaba y hablaba como él. Tenía su entonación, sus mismas pausas, su sonrisa media torcida. Las provocaciones sobre Yota y haberse convertido en su niñera las podía tolerar, como alguien que ha vivido en la calle aprende a tolerar el frío y el suelo duro bajo sus pies descalzos.
Pero entonces llegó la puntilla.
Al principio, lo sintió como una hostia en la cabeza. Primero llega la sorpresa, luego una muy breve sensación de adormecimiento en la zona, como si hubiese quedado anestesiada, luego el dolor. Un dolor profundo, la punta de una flecha clavada y perdida en lo profundo de su pecho muchos años atrás. Nunca extraída, su cuerpo había aprendido a convivir con ella. A casi olvidarse de porqué dolía.
Hasta que se lo recordaban.
—Voy a… —No pudo terminar la frase. Sus peores temores se confirmaron cuando vio las manos de su réplica entrelazarse. Reconoció aquella tanda de sellos, y la ira se empapó de adrenalina, determinación: sus manos ejecutaron una tanda distinta.
La electricidad avanzó hacia él, pero la tierra bajo sus pies se movió justo a tiempo para elevarle. Para elevarlos, a él y a Yota. Una porción de dos metros cuadrados que subió hasta formar una especie de columna de cinco metros de altura, con ellos en lo alto.
Chasqueó la lengua, y le estampó a Yota lo que tanto llevaba pidiendo en las manos, sin quitar la vista de su adversario.
—Ahí tienes lo que querías —dijo, sin mirarle, soltando las llaves de las esposas—. Ahora no te quejes.
«¿Debería atacar a la réplica de Yota y liquidarla rápido? Hmm… Si mi réplica tiene todo mi poder, no creo que Yota pueda resistirle mucho tiempo. Joder, mierda. No queda otra, tengo que vencerme a mí mismo. Pero… ¿cómo coño se hace eso?»
Pero entonces llegó la puntilla.
Al principio, lo sintió como una hostia en la cabeza. Primero llega la sorpresa, luego una muy breve sensación de adormecimiento en la zona, como si hubiese quedado anestesiada, luego el dolor. Un dolor profundo, la punta de una flecha clavada y perdida en lo profundo de su pecho muchos años atrás. Nunca extraída, su cuerpo había aprendido a convivir con ella. A casi olvidarse de porqué dolía.
Hasta que se lo recordaban.
—Voy a… —No pudo terminar la frase. Sus peores temores se confirmaron cuando vio las manos de su réplica entrelazarse. Reconoció aquella tanda de sellos, y la ira se empapó de adrenalina, determinación: sus manos ejecutaron una tanda distinta.
La electricidad avanzó hacia él, pero la tierra bajo sus pies se movió justo a tiempo para elevarle. Para elevarlos, a él y a Yota. Una porción de dos metros cuadrados que subió hasta formar una especie de columna de cinco metros de altura, con ellos en lo alto.
Chasqueó la lengua, y le estampó a Yota lo que tanto llevaba pidiendo en las manos, sin quitar la vista de su adversario.
—Ahí tienes lo que querías —dijo, sin mirarle, soltando las llaves de las esposas—. Ahora no te quejes.
«¿Debería atacar a la réplica de Yota y liquidarla rápido? Hmm… Si mi réplica tiene todo mi poder, no creo que Yota pueda resistirle mucho tiempo. Joder, mierda. No queda otra, tengo que vencerme a mí mismo. Pero… ¿cómo coño se hace eso?»
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