8/03/2022, 12:29
Yota consiguió evitar lo que habría sido un daño mucho mayor interponiendo sus brazos frente a su torso. Así, el shuriken impactó en estos en lugar de poder llegar a afectar a algún órgano de importancia. Pero esas heridas también le acarrearían problemas de cara a un futuro más bien próximo.
—¡Agh! —gimió, dolorido—. Pero... pese a conocerlas las ignoras por completo.
Su Sombra le dirigió una mirada confundida.
—¿Mmmh? ¿De qué cojones estás ha...?
La pregunta del Yota oscuro se vio súbitamente interrumpida cuando la enorme araña sobre la que estaba montado el Kusajin saltó de repente. La inercia tiró de él hacia abajo con tal brusquedad que se le hizo imposible evitar que los quelíceros del arácnido se le clavaran en la pierna. Con un fuerte tirón, Kumokichi lo estampó violentamente contra el suelo y después lo inmovilizó contra este utilizando todo el peso de su cuerpo. Yota recogió el shuriken que había herido anteriormente a Kumokichi y comenzó a acercarse al Yota oscuro, que ahora se reía a carcajadas.
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! ¿De verdad crees que vas a salir de esta? ¿Y después qué? ¿Cuál de tus supuestos amiguitos va a venir a rescatarte?
El shuriken que sostenía Yota comenzó a chisporrotear. Yota oscuro afiló aún más su sonrisa.
—Vuelve al Yomi del que nunca debiste salir.
Pero justo cuando iba a descargar la estocada mortal sobre él, la Sombra le escupió una telaraña a los ojos. Acertara o lo bloqueara, esperaba que aquella distracción le diera el tiempo suficiente para realizar su siguiente acción: el cuerpo del Yota oscuro volvió a chisporrotear, y una nueva descarga eléctrica se expandió desde su cuerpo hacia Kumokichi y el otro Yota.
Por otra parte, Zaide estaba lidiando contra lo peor de sí mismo.
—¡Cállate, joder!
—La verdad duele, ¿uh?
—¿Qué coño sabrás tú de mí, eh? Puto bastardo… ¡SAL DE MI PUTA CABEZA!
La Sombra de Zaide se carcajeó.
—Zaide, Zaide, Zaide... ¡Claro que lo sé todo de ti, joder! ¡Soy tú! ¡No tengo que entrar en tu cabeza para conocerte!
—¡SAL!
—Ah... ¿Qué diría Miru si te viera ahora mismo?
—¡¡¡SAL HE DICHO!!!
La sonrisa desapareció de los labios de la Sombra de Zaide cuando un relámpago restalló en las manos de su original. Sin cambiar un ápice su expresión, él hizo lo mismo: juntó las manos, y un arco de electricidad pura provocó el sonido de un trueno en sus manos.
Tensó el arco.
Y una flecha atronadora salidó disparada hacia su gemela. Ambas saetas impactarían en el aire, estallando en una corriente circular de cinco metros a la redonda.
—¡Agh! —gimió, dolorido—. Pero... pese a conocerlas las ignoras por completo.
Su Sombra le dirigió una mirada confundida.
—¿Mmmh? ¿De qué cojones estás ha...?
La pregunta del Yota oscuro se vio súbitamente interrumpida cuando la enorme araña sobre la que estaba montado el Kusajin saltó de repente. La inercia tiró de él hacia abajo con tal brusquedad que se le hizo imposible evitar que los quelíceros del arácnido se le clavaran en la pierna. Con un fuerte tirón, Kumokichi lo estampó violentamente contra el suelo y después lo inmovilizó contra este utilizando todo el peso de su cuerpo. Yota recogió el shuriken que había herido anteriormente a Kumokichi y comenzó a acercarse al Yota oscuro, que ahora se reía a carcajadas.
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! ¿De verdad crees que vas a salir de esta? ¿Y después qué? ¿Cuál de tus supuestos amiguitos va a venir a rescatarte?
El shuriken que sostenía Yota comenzó a chisporrotear. Yota oscuro afiló aún más su sonrisa.
—Vuelve al Yomi del que nunca debiste salir.
Pero justo cuando iba a descargar la estocada mortal sobre él, la Sombra le escupió una telaraña a los ojos. Acertara o lo bloqueara, esperaba que aquella distracción le diera el tiempo suficiente para realizar su siguiente acción: el cuerpo del Yota oscuro volvió a chisporrotear, y una nueva descarga eléctrica se expandió desde su cuerpo hacia Kumokichi y el otro Yota.
Por otra parte, Zaide estaba lidiando contra lo peor de sí mismo.
—¡Cállate, joder!
—La verdad duele, ¿uh?
—¿Qué coño sabrás tú de mí, eh? Puto bastardo… ¡SAL DE MI PUTA CABEZA!
La Sombra de Zaide se carcajeó.
—Zaide, Zaide, Zaide... ¡Claro que lo sé todo de ti, joder! ¡Soy tú! ¡No tengo que entrar en tu cabeza para conocerte!
—¡SAL!
—Ah... ¿Qué diría Miru si te viera ahora mismo?
—¡¡¡SAL HE DICHO!!!
La sonrisa desapareció de los labios de la Sombra de Zaide cuando un relámpago restalló en las manos de su original. Sin cambiar un ápice su expresión, él hizo lo mismo: juntó las manos, y un arco de electricidad pura provocó el sonido de un trueno en sus manos.
Tensó el arco.
Y una flecha atronadora salidó disparada hacia su gemela. Ambas saetas impactarían en el aire, estallando en una corriente circular de cinco metros a la redonda.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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