El joven heredero de los Takanashi siguío al Ishimura para ayudarlo a preparar la cena. Tatsuya aún tenía manchado de sangre su pantalón, pero no podía quedarse desnudo, tenía suficiente frío con el torso descubierto. En cuanto hicieron la fogata decidió poner cerca su ropa para que se secase, ya se había remojado lo suficiente para desteñir totalmente el rojo sangre. Tomó su cabello que aun se encontraba ligeramente húmedo y se peinó de nuevo con su típica coleta, sintió algo de ardor de pronto y al verse el antebrazo derecho vió que tenía un raspón que por alguna razón no había notado antes, probablemente provocado por el arrastre a la hora de evitar al búho, pero era leve así que decidió ignorarlo.
El fuego hacía proyectar sombras danzantes en aquel lugar, aquella luz suplía la ausencia de las estrellas. Kazuma traía consigo docenas y mas docenas de hongos en la mochila, en un inicio Tatsuya no estaba muy convencido de probarlos pero al ver que Kazuma se lo ofrecía con toda seguridad creyó que no debía temer a quedar intoxicado o algo por el estilo, para su sorpresa sabían mucho mejor de lo que esperaba, nunca había probado uno en su vida pero eran de lo mejor. Se alegró de que su acompañante venía preparado, así no tendrían que buscar algúna planta o regresar al lugar donde dejaron al ave para arrancarle un ala.
Cuando todo estuvo listo aquel chico de Uzushio empezó a narrar el relato que según decía había sido su maestro el que se lo había contado a él. Kazuma le imprimía un toque especial con su voz. No era lo mismo leer cuentos en un libro que alguien te cuente la leyenda con sus propias palabras, uno puede contagiarse de las emociones del otro como si realmente lo hubiesen vivido.
Kazuma relataba la historia de 7 espadas, que por su poder eran codiciadas, aquella sed de poder de los hombres que no saben lo que significa el poseer un arma, a Tatsuya en un inicio le hizo ilusión la historia de aquellos guerreros que vencieron al demonio, pero, a su vez también sintió rabia por la ignorancia que hizo que se corrompieran aquellas armas, y asi se perdieron en el olvido al igual que la antigua Kirigakure. En aquella historia se reflejaba aquello que el Takanashi sentía, aquello que ni el mismo sabía explicar, aunque pronto el Ishimura culminó de una manera inesperada aquella leyenda.
—Hubo un tiempo en el que me hubiera gustado tenerlas y volverme más fuerte, pero luego me di cuenta de que solo me convertiría en un carnicero más, pues las estaba codiciando solo como armas… —reflexión un poco sobre sí mismo—. Pero creo que alguien como tú, que ama las espadas por lo que son, podría reunirlas y hacer que dejen de ser simples guillotinas y que se conviertan en los símbolos de valor que solían ser antaño… ¿Te lo imaginas? Tatsuya, el sabio de las siete espadas.
-¿¡EEEEHHH!?- Tatsuya casi se va de espaldas al escuchar las palabras pronunciadas por Kazuma.
El joven de Taki se ruborizó de las mejillas, el no se veía a sí mismo protagonizando una búsqueda digna de ser contada por juglares, le gustaba escuchar o leer historias, pero no como para lanzarse el mismo a buscar problemas, aunque... La verdad el era muy tranquilo, pero, algo era innegable; el hecho de que le resultaba fascinante la idea de aquellas armas legendarias.
Tatsuya se subestima mucho a sí mismo y nunca había tenido ninguna aspiración a ser alguien grande porque no se cree capaz de serlo. Él admira mucho al Kawakage, pues Yubiwa es todo un ninja legendario para los habitantes de Taki, el joven Takanashi pensó que quizás el algún día podría igualarlo, pero desistía al pensar que no era nada más que un sueño infantil. Aunque Tatsuya siempre ha querido proteger a los demás con su espada pero a veces creía que también era una meta demasiado alta.
-No... no se que decir- Dijo para luego respirar profundo. -Yo siempre he tratado de evitar los problemas, aunque por alguna razón por más que lo intento siempre termino metido en uno- Continuó mientras centraba su vista en la fogata. -Puede ser que lo intente, pero, no estoy muy seguro de llegar a un nivel así de legendario- Terminó de decir aún con el rostro algo sonrojado.
El fuego hacía proyectar sombras danzantes en aquel lugar, aquella luz suplía la ausencia de las estrellas. Kazuma traía consigo docenas y mas docenas de hongos en la mochila, en un inicio Tatsuya no estaba muy convencido de probarlos pero al ver que Kazuma se lo ofrecía con toda seguridad creyó que no debía temer a quedar intoxicado o algo por el estilo, para su sorpresa sabían mucho mejor de lo que esperaba, nunca había probado uno en su vida pero eran de lo mejor. Se alegró de que su acompañante venía preparado, así no tendrían que buscar algúna planta o regresar al lugar donde dejaron al ave para arrancarle un ala.
Cuando todo estuvo listo aquel chico de Uzushio empezó a narrar el relato que según decía había sido su maestro el que se lo había contado a él. Kazuma le imprimía un toque especial con su voz. No era lo mismo leer cuentos en un libro que alguien te cuente la leyenda con sus propias palabras, uno puede contagiarse de las emociones del otro como si realmente lo hubiesen vivido.
Kazuma relataba la historia de 7 espadas, que por su poder eran codiciadas, aquella sed de poder de los hombres que no saben lo que significa el poseer un arma, a Tatsuya en un inicio le hizo ilusión la historia de aquellos guerreros que vencieron al demonio, pero, a su vez también sintió rabia por la ignorancia que hizo que se corrompieran aquellas armas, y asi se perdieron en el olvido al igual que la antigua Kirigakure. En aquella historia se reflejaba aquello que el Takanashi sentía, aquello que ni el mismo sabía explicar, aunque pronto el Ishimura culminó de una manera inesperada aquella leyenda.
—Hubo un tiempo en el que me hubiera gustado tenerlas y volverme más fuerte, pero luego me di cuenta de que solo me convertiría en un carnicero más, pues las estaba codiciando solo como armas… —reflexión un poco sobre sí mismo—. Pero creo que alguien como tú, que ama las espadas por lo que son, podría reunirlas y hacer que dejen de ser simples guillotinas y que se conviertan en los símbolos de valor que solían ser antaño… ¿Te lo imaginas? Tatsuya, el sabio de las siete espadas.
-¿¡EEEEHHH!?- Tatsuya casi se va de espaldas al escuchar las palabras pronunciadas por Kazuma.
El joven de Taki se ruborizó de las mejillas, el no se veía a sí mismo protagonizando una búsqueda digna de ser contada por juglares, le gustaba escuchar o leer historias, pero no como para lanzarse el mismo a buscar problemas, aunque... La verdad el era muy tranquilo, pero, algo era innegable; el hecho de que le resultaba fascinante la idea de aquellas armas legendarias.
Tatsuya se subestima mucho a sí mismo y nunca había tenido ninguna aspiración a ser alguien grande porque no se cree capaz de serlo. Él admira mucho al Kawakage, pues Yubiwa es todo un ninja legendario para los habitantes de Taki, el joven Takanashi pensó que quizás el algún día podría igualarlo, pero desistía al pensar que no era nada más que un sueño infantil. Aunque Tatsuya siempre ha querido proteger a los demás con su espada pero a veces creía que también era una meta demasiado alta.
-No... no se que decir- Dijo para luego respirar profundo. -Yo siempre he tratado de evitar los problemas, aunque por alguna razón por más que lo intento siempre termino metido en uno- Continuó mientras centraba su vista en la fogata. -Puede ser que lo intente, pero, no estoy muy seguro de llegar a un nivel así de legendario- Terminó de decir aún con el rostro algo sonrojado.