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Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#16
—Cuanto antes empecemos, mucho mejor.

—Eso es, eso es. Pero vamos, primero lo primero. ¡Las tareas del hogar!

Y con aquello no se refería a limpieza, como bien habría podido pensar Yota. No. Lo sabría con certeza cuando le siguiese el paso a Tokaro, que secundado por el chucho, atravesó el umbral de la sala y salió al exterior de la granja, por su parte trasera. Ahí se encontró con un enorme jardín cercado desde varios flancos, dos siembras distintas de diversos vegetales, y un corral lo suficientemente amplio en donde yacían repartidas un total de séis ovejas.

Cinco de ellas tenían su lana blanquecina como el mismísimo invierno, y una sola con el pelaje ligeramente más opaco, y de cuernos más grandes que el resto. Incluso su tamaño superaba a las demás.

—Este es mi rebaño, Yota-kun. En las mañanas, generalmente, tenemos una rutina para ellas y es de lo que deberás encargarte primero junto a MouKou. Tienes que llevar a las ovejas hasta una pradera no muy lejos de aquí, subiendo la empinada por la que viniste, y dejar que se alimenten. MouKou las arrea, así que sólo debes preocuparte de que ninguna se descarrile. Cuando hayan terminado, MouKou volverá a agruparlas para traerlas de vuelta al corral, ¿vale?

MouKou corrió hasta el portón de bambú, y le dio un mordisco a la cuerda. Tan sólo esperó la señal de Yota, para comenzar con la primera labor del día.
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#17
—Eso es, eso es. Pero vamos, primero lo primero. ¡Las tareas del hogar!

«¿Las... tareas del hogar?»

No acabé de entenderle y espera estar equivocado, no me apasionaba la idea de agarrar una fregona y una escoba. Pero tanto el anciano como MouKou se estaban moviendo así que no me quedó otra que seguirles. Llegamos a la parte trasera de la casa, cruzamos una puerta que nos conducía hasta el exterior y entonces vi el cercado de las ovejas. Aquella iba a ser mi primera tarea.


—Este es mi rebaño, Yota-kun. En las mañanas, generalmente, tenemos una rutina para ellas y es de lo que deberás encargarte primero junto a MouKou. Tienes que llevar a las ovejas hasta una pradera no muy lejos de aquí, subiendo la empinada por la que viniste, y dejar que se alimenten. MouKou las arrea, así que sólo debes preocuparte de que ninguna se descarrile. Cuando hayan terminado, MouKou volverá a agruparlas para traerlas de vuelta al corral, ¿vale?

—No parece muy complicado, además, con MouKou conmigo seguro que todo es más fácil

Pensé que era mejor ir de buen rollo, buscando la complicidad del chucho, parecía prestar una atención especial, como si nos entendiera cuando hablábamos. Así que, hombre precavido vale por dos.

De hecho el chucho sujetaba una cuerda, que sería la encargada de liberar al rebaño esperando algún tipo de señal para liberarlas.


— ¿Listo, Moukou? — le dije al can alzando mi pulgar derecho
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Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa
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#18
— ¿Listo, Moukou? —expresó el Yotsuki, con su brazo erguido y su pulgar en ristre. Haciéndole saber a MouKou que tenía la mejor de las disposiciones.

MouKou ladró, expresivo.

—¡wOoOof!

Y la cuerda cedió entre sus dientes, liberando al rebaño del señor Tokaro.

. . .

La primera oveja, la de pelaje opaco, tomó la delantera. Detrás de ella, las otras cinco ovejas también le siguieron el paso, tan ordenadamente como se les había estado inculcando durante tanto tiempo, escoltadas por detrás por el paciente avance del can, que ladraba en forma de advertencia de cuando en vez, cuando alguna de las ovejas intentaba desviar su rumbo. Les habrá tomado alrededor de séis minutos de marcha firme para ascender toda la pradera, y llegar hasta un pequeño pastizal partido con frondosa vegetación. Grama verde, nutritiva.

La grama era desproporcional en sus diversas zonas de pasto creciente, lo que daba certeza de que algo comía de ahí a diario.

El chucho entonces dirigió a las ovejas alrededor del pasto, y éstas sin mediar palabra comenzaron a comer. A mascar como si no hubiese mañana. Las séis al unísono, y Yota podía escuchar los dientes de los animales rechinar mientras partían los tallos crecidos que se mecían en el interior de sus hocicos.
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#19
El perro respondió con un sonoro ladrido ante mi aprobación y entonces la cuerda cedió y las ovejas pudieron salir en libertad, guiadas por el propio can que directamente enfilaron aquella rampa, camino previo al deseado destino: el pasto.

Era increíble como los animales obedecían a MouKou que con una serie de ladridos guiaba aquellos 6 animales, siendo el primero el de color azabache y los demás, los otros 5 de un aspecto nevado. No tuve que hacer nada, tan solo seguirles ya que el can lo tenía todo controlado. Tanto fue así que en pocos minutos llegamos hasta la pradera en la que el pequeño rebaño se dispuso a disfrutar del festín de hierba que tenían ante ellos y ya estaban dispuestos a llenarse las tripas.

Me acerqué hasta MouKou.


— Buen trabajo, MouKou — dije al mismo tiempo que le acariciaba el lomo.
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#20
El gesto de Yota hacia MouKou le obligó a bajar la guardia. ¿Qué mejor que una buena caricia en el lomo para un perro, cierto?; una muestra gratificante de que el humano estaba contento con su trabajo. MouKou, sin embargo, no era un chucho común y corriente, sino que era un can ninja. Más inteligente que cualquier pulgoso de calle, y más avispado. Tanto que podía fingir sus actitudes, mostrarse feliz ante la mano de Yota sobándole el pescuezo.

Mover la cola, y todas esas cosas. Si hubiese podido hablar, habría dicho: "humano tonto"

Detrás de ellos, las ovejas continuaron con su rutina de alimentación. Devoraron los pastos, y se movieron una a una para buscar un área más frondosa. De a poco, como si de una máquina de barrido se tratase, la primera cosecha de hierba se la habían tragado toda. Las séis ovejas parecían haber quedado satisfechas, y MouKou se dio cuenta de ello.

Ladró, con ordenanza. Ellas acataron el llamado, y volvieron a hacer la fila. Dieron vuelta como lo habrían hecho la primera vez, una tras una, y la oveja negra tomó rumbo con el rebaño hacia la bajada de la pendiente.

El perro, no obstante, se quedó sentado; mirando a Yota. No lucía muy dispuesto a moverse, tanto así que dejó que las ovejas siguieran su camino sin que él las corrigiera. ¿Pero por qué? ¿es que quería que Yota se ocupase de ellas para él quedarse sólo, o qué?
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#21
La verdad, no esperaba que MouKou se pusiese a dar brincos por ahí después de que le acariciase pero, no sé, algo hubiera estado bien. Sin embargo, el perro no hizo nada y se limitó a ver como las ovejas iban comiendo al mismo tiempo que se iban moviendo a medida que el pasto se iba agotando.

— La verdad es que no sé que pinto yo en todo esto, ¿Sabes? — me dirigía al perro, claro. A fin de cuentas estaba a su lado — Lo cierto es que lo has hecho todo tu solo, MouKou

De nuevo, como si el animal hubiera apagado el botón de encendido.

Hasta que ladró.

Fue entonces cuando las ovejas enfilaron el camino hecho para volver a la casa. Caminé y vi que detrás, MouKou seguía sentado mirándome fijamente.

«¿Qué mosca le ha picado?»

Era como si me provocase, como si tratase de darme una lección, ¿Pero por qué? No lograba entenderlo. Me situé delante del rebaño y entonces llamé al can.


— ¡Vamos MouKou, hora de irse!
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#22
Ante el llamado de Yota, el chucho arrancó a andar, aunque dubitativo, siempre viendo hacia atrás. Con la oreja parada, alerta; y su hocico cerrado, intransigente. Poco después retomó el paso para con su colega ninja y encarriló a las ovejas para que volvieran a casa, a su tan querido corral.

Al llegar a la granja, Mokou dejó que Yota cerrara el cercado con la cuerda y después tomó rumbo hacia la casa. Y escaneó el lugar hasta que se percató de que Tokaro-san estaba dormido, en su sillón habitual. Con un periódico abierto por sobre las piernas y una taza de café caliente echando humo a su costado. MouKou le observó en silencio, y antes de que Yota pudiera incluso decir nada, él le saltó en dos patas y le puso las del frente por sobre los hombros.

Le lamió el rostro, y se le quedó mirando. Como si quisiese decirle algo.

Luego se bajó, y le mordisqueó la mano derecha. Y señalaba el exterior con el hocico. Parecía estar diciéndole que quería que lo... ¿siguiera?
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#23
Afortunadamente el can obedeció a la llamada, entendiendo a la perfección que si no se venía conmigo tendría un problema interesante, se lo agradecí con una sonrisa y todo el grupo descendimos la ladera hasta llegar hasta la parte trasera de la casa. Volvíamos al punto inicial antes de que nos separásemos de Tokaro. Una vez allí, las ovejas entraron en el cercado, cerré aquella puertecita y anudé el hilo para que nada ni nadie pudiese salir o entrar.

MouKou, por su parte, se internó en la casa sin esperar.

«Desde luego que necesita quemar energías con urgencia, ¡No para quieto!»

Una vez terminé la tarea yo también entré. Pude ver a Tokaro dormido en su sillón y un periódico cubriéndole las piernas. El aroma del té hizo que comprobase visualmente que reposaba sobre una mesita, aún caliente. El perro trataba de llamar su atención, primero estiro sus patas delanteras para abalanzarse sobre él. Aquello debió despertarlo, pero aparentemente no lo hizo. Justo después, MouKou mordió su mano con suavidad y me señaló como tratando de decir algo. Algo que no llegaba a comprender.

Carraspee un par de veces.


— Tokaro-san, ya terminamos con las ovejas
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#24
Aún y tras los mordiscos leves de MouKou, Yota pareció ignorar sus intentos de comunicarse y llamó en voz alta al señor Tokaro, quien despertó de su profunda siesta apenas escuchó la voz del ya conocido Yotsuki. El can no tuvo más remedio que guardar sus intenciones para más adelante, siendo que para él era importante que su guardián no estuviese ahí para saber qué intentaba hacer.

El viejo, sin embargo, se levantó de su asiento y se acercó hasta Yota.

—Oh, Yota-kun. Han vuelto tan pronto, ¿o es que he dormido mucho tiempo? —dijo, estrujándose la espalda—. ¿cómo ha ido todo? ¿Se alimentaron las ovejas?
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#25
El viejo respondió a mi llamada abriendo los ojos poco después de que hablase.

—Oh, Yota-kun. Han vuelto tan pronto, ¿o es que he dormido mucho tiempo? —dijo, estrujándose la espalda—. ¿cómo ha ido todo? ¿Se alimentaron las ovejas?

— Me temo que se ha echado una buena cabezadita, señor. Y efectivamente, no dejaron ni las malas hierbas, están perfectamente sus ovejas — contesté orgulloso de la tarea completada — Bueno, ¿Qué es lo que sigue? —

Era todo un viejo. Aquel gesto rascándose la espalda era típico de dormirse en una mala postura pero bueno, ese no era mi problema ni mi misión. Solo quería saber qué más deseaba el anciano Tokaro que hiciera mientras averiguaba qué diantres pasaba con MouKou.
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#26
—Me temo que se ha echado una buena cabezadita, señor. Y efectivamente, no dejaron ni las malas hierbas, están perfectamente sus ovejas—respondió el kusajin, a lo que el viejo Tokaro le respondió con una galante sonrisa. Luego intercaló la mirada entre Yota y el can, que yacía calmo y tranquilo al lado del genin—. Bueno, ¿Qué es lo que sigue?

—Pues, con haber alimentado a las ovejas me basta, ya me ocuparé yo de acicalarlas. Tenéis los dos la tarde para compartir, conocerse y hacer lo que queráis. Entrenar, si gustan, o dar un paseo por la aldea. En la nevera hay para el almuerzo, Yota, y bueno, siéntete como en casa. Eso sí, lo que hablamos, ¿eh?

Se acercó hasta él y le susurró al oído.

—No le quites el ojo, y si de casualidad trata de escabullirse, quizás sería buena idea que le permitieses ir para así seguirlo. Creo que es la única forma de saber qué está pasando realmente.
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#27
—Pues, con haber alimentado a las ovejas me basta, ya me ocuparé yo de acicalarlas. Tenéis los dos la tarde para compartir, conocerse y hacer lo que queráis. Entrenar, si gustan, o dar un paseo por la aldea. En la nevera hay para el almuerzo, Yota, y bueno, siéntete como en casa. Eso sí, lo que hablamos, ¿eh?

Entonces se acercó hasta mí, como si no quisiera que el perro oyese lo que tenía que decirme.

—No le quites el ojo, y si de casualidad trata de escabullirse, quizás sería buena idea que le permitieses ir para así seguirlo. Creo que es la única forma de saber qué está pasando realmente.

— Entiendo

Miré a MouKou con una sonrisa, agachándome para estar a su altura, a cuatro patas no era tan alto como cuando se tiraba encima de uno.

— ¿Tienes hambre, MouKou? A mí se me ha abierto el apetito
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#28
Por más que fuera, su extraña actitud sí que no había mermado su gran apetito. No señor, si alguien le ofrecía una buena papa a MouKou, era imposible que éste la rechazara. Apenas escuchó la invitación de Yota se levantó del suelo, sacudió sus pelajes en un intenso coleteo y corrió hasta los linderos de la nevera, deseando tener pulgares en ese momento.

Sentó su culo peludo y aguardó a que Yota echara un vistazo. Lo que ahí encontraría, sería todo un banquete digno. Lo que quisiera comer, curiosamente, estaba ahí ya cocinado. Había un buen pollo entero, sazonado a la parrilla y estufado de cualquier cantidad de vegetales. También un poco de cordero en salsa de naranja, con sus rodajitas paseándose entre la carne; y una docena de enrollados de ramen, un plato algo característico de la zona y que tendría que haberlo probado alguna vez. También un par de cervezas —para la merienda del señor mayor, probablemente— y una jarra de frutas licuadas para beber.

Entre tanto, el señor Tokaro había tomado rumbo hacia el otro extremo de la casa. Seguramente tendría sus cosas que hacer, y confiaba en que Yota pudiera encontrar respuestas ante las huidas de MouKou. Pero por las babas que soltaba el hocico del perro, la posibilidad de que se escurriera no habría de suceder sino hasta que se hubiese alimentado.

Y para eso, tendría que esperar que Yota se sirviera. Se sirviera tanto como quisiera, y tanto como quisiera el perro.

. . .

Nada mejor que una caminata por las calles de la aldea, con el sol primaveral tocándoles el rostro como para hacer una buena digestión. Hasta entonces, MouKou no actuaba para nada extraño, y se dedicaba a caminar al lado de Yota por la avenida sin ningún problema, dejándose acariciar de vez en cuando por algún transeúnte conocido, y no conocido también.

Nadie se molestaba en increpar a Yota —desde luego, nadie querría acariciarle a él, con ese entrecejo tan fruncido y esa imagen de niño malo— así que casi todo el mundo reparaba en el perro.

Hasta que una muchacha, de la edad de Yota, probablemente; se detuvo. Miró a Yota, luego a su bandana. Y luego, a MouKou.

Lucía un tanto perpleja. Tan perpleja que perdió su sentido de orientación y al intentar retroceder sin mirar atrás, terminó golpeando a un par de personas que le hicieron tambalear hasta un puesto de ramen. Golpeó una estantería y su cabello se llenó de pasta fría, y de salsa también.
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#29
— Me tomaré eso como un sí — dije, acariciando mi nuca por detrás de la trenza.

No hizo falta que MouKou se mostrase más comunicativo y el simple hecho de verle sentado, en admiración a la nevera hablaba pro si solo. La abrí y literalmente flipé con lo que tenía ese anciano allí. Había comida para hincharnos los dos a base de bien. Pero lo que más llamó mi atención fue aquel cordero a la naranja. Incluso más que el ramen. Lo cual ya era mucho.


— Ah sí... Esto será perfecto, ¿No crees?

Miré al perro que empezaba a babear de pura gula. Tomé un trozo que estuviera lo bastante humedecido por aquella salsa de naranja y lo arrojé al ninken. Después me atiborré yo mismo, con mis propias manos. entre bocado y bocado, rcompensé a MouKou con algún que otro trozo de más.

Con la barriga llena, estábamos listos para ir a dar una vuelta.

. . .

Manoseaba mi barriga con mi mano a medida que íbamos paseando y me iba asegurando de que el can me seguía. Así fue en todo momento. Muchos fueron los que hacían carantoñas al chucho, muchos otros, los que le manoseaban, acariciando su lomo o incluso haciéndole caritas de esas que uno le hace a un perro para hacerse el simpático.

Hasta que nos cruzamos con una joven, la cual me miraba de forma un tanto extraña.

«¿Acaso tengo monos en la cara?»
Me dije para mis adentros.

Obviamente no era el caso. De pronto hizo marcha atrás, perdiendo el mundo de vista, y los pies de su ubicación, tropezando con la gente para acabar golpeando un local de ramen. Se había puesto perdida. Fue gracioso y no pude evitar soltar una sonrisa.


— Oye, ¿Estás bien? — pregunté después de acercarme para ayudarla a incorporarse.
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Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa
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#30
Morenita ella, la muchacha pareció sonrosarse tanto de la vergüenza que cualquiera habría pensado que la pasta encima de sus cabellos iba a comenzar a hervir en cualquier momento. Trató de limpiarse con las manos tan rápido como podía, pero le costó más deshacerse de la salsa, que terminó de remover para cuando Yota se acercó a ella.

Le vio desde lo bajo, y aceptó la ayuda del ninja. Se levantó, y Yota pudo ver que tenía casi su misma altura, y el cabello castaño. Ojos color oliva y una pequeña marca bajo el párpado, no mas grande que un pulgar. Pero parecía ser un colmillo rojo.

—Diantres. Que vergüenza... —MouKou les observó, callado y sin moverse de donde estaba—. muchas gracias, shinobi-kun. Ésto suele pasarme seguido, soy una chica muy pero muy despistada.

Sonrió nerviosa, e intercalaba su mirada entre el chucho y Yota.

—Que lindo perrito. ¿Es tuyo?

Preguntó, quizás; demasiado interesada.
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