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Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#1
Juro había regresado a la aldea después de aquel abrazo que nos unió a ambos. La misión, aunque fallida, había que terminarla y ahora debía informar al Morikage, Moyashi Kenzou de lo que había sucedido en aquel castillo en el que trata de recuperarme a velocidad récord para regresar a Kusagakure y volver a la actividad normal lo antes posible.

Sin embargo, no debía caer en falsas esperanzas, por lo menos iba a tomarme una buena semana. Aquella herida todavía tenía mal aspecto y necesitaba aquel jodido gotero suministrandome la puta droga conciliadora durante las 24 horas del día. Tan joven y tan mal aspecto. La historia se repetía. Una y otra vez. Yo seguía tropezando con la misma jodida piedra, la de la incompetencia, la del fracaso, la del gennin que no hace más que crear problemas.

Juro, sin embargo, se las había apañado para burlar a todo un General de Kurama. Le envidiaba. Era el deseo de todo kage. Era todo disciplina, todo... éxitos garantizados. Aunque la misi´çon se había ido a la mierda, algo dentro de mí me decía que el Morikage se hincharía de nuevo como un pavo real al conocer la noticia de que su jinchūriki había sobrevivido a una muerte segura. Bueno, más que una muerte, a que el sello fuera revertido y entonces fuera el prisionero del Nanabi.

Me retuvieron una semana más. Por supuesto, en contra de mi voluntad. Todavía no me explico como Yamauchi no recurrió a la violencia. Cada día le suplicaba que me dejase marchar y cada día tenía tiempo para atenderme y decirme que tenía que sanar antes de poder partir de regreso a la aldea. Tenía ganas de volver a ver a mi madre, a Juro, a los demás... de tener una audiencia con Kenzou-sama. Y al final llegaría el ansiado momento.


— Muchas gracias por todo, Yamauchi-dono. Ha sido usted como una madre estos días, se lo agradezco. Dele las gracias a Gyou-sama también, por favor. La verdad es que lamento profundamente todo lo ocurrido

Por respuesta recibí una reverencia que explicaba muchas cosas. Tras ello puse rumbo al norte, siempre al norte...
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#2
El viaje de regreso se hizo largo, muy largo. Creo que fueron dos días y medio. Si, eso es, si mal no recuerdo, tuve que pasar pernoctar en una aldea cercana al bosque. Mi paso no era el más rápido todavía, aunque me sentía bien físicamente, aquella casi muerte provocó que tuviese que abandonar el entrenamiento durante aquella semana y media, lo cual, evidentemente notaba. Además, la cabeza me torturó durante todo el jodido viaje.

Pensaba. Todo y nada a la vez. Como uno de aquellos sueños en los que quieres correr a máxima velocidad pero no te mueves del sitio. Rabia e impotencia. ¿Cuándo iba a tomar el toro por los cuernos? ¿Cuando iba a dejar de fracasar? Ojalá supiera la respuesta, porque la deseaba con todas mis fuerzas.

Tras día y medio sin descanso, más allá de la obligada parada para dormir, llegué a mi hogar. Kusagakure. Todo parecía estar normal pero se respiraba un ambiente sepulcral. Sí, la gente iba de aquí para allá, pero lo hacían cabizbajos, con el rostro apagado, sin mediar palabra con nadie. Era como sia lguien les hubiese arrebatado la vida y les hubiera impuesto una penitencia en vida.


— ¿Qué cojones ha pasado?

Necesitaba respuestas y las necesitaba ya. No entendía absolutamente nada y empezaba a odiar el ambiente que estaba respirando desde hacía menos de un puto minuto. Así que hice lo que tenía que hacer: volver a casa e interrogar a mi madre. Eché a correr y la gente ni se inmutaba, simplemente se apartaban para que no les atropellase hasta que llegué a la puerta de mi casa, hice un par de respiraciones profundas y solté el aire en un gran suspiro.

— Vamos allá
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#3
Puse la mano sobre el pomo, pero no hizo falta que hiciera fuerza alguna, esta cedió de forma casi automatizada. Alguien había estado esperando allí...

Sasagani Naomi en persona, fundiéndose en un abrazo como cuando eres presa de una avalancha de todo animal capaz de pisotearte. Por momentos me quedé paralizado, creo que el corazón dejó de latir. Pero luego todo volvió a la normalidad, recuperé la cordura y pude comprender que había algo que había salido mal. Muy mal.

De hecho, notaba las lágrimas de mamá en la ropa, mojando mi piel.


— Mamá

— ¡Ay, mi Yotita! Menos mal que a ti no te ha pasado nada... no me lo perdonaría jamás

La rubia empezó a besuquear la mejilla.A poco que uno conociera a mi madre, sabría que pese a ser cercana y cariñosa, aquella reacción estaba siendo totalmente desmedida.

— Mamá, ¿qué coño ha pasado? Esto parece fantasmagakure

Y en cierto modo así era. Lo que había visto aquel día por las calles resultaba claramente deprimente. Una aldea totalmente abatida.

— ¿Q-qué? N-nda... ¿qué i-iba a p-pasar, Y-Yotita?

Estaba mintiendo. Cualquiera se daría cuenta. Su voz destilaba inseguridad y miedo.

— Mamá, no me jodas, cuéntamelo

— Está bien... Entra, vamos, que vas a coger frío

Acepté, terminé por entrar y cerré la puerta detrás mío, cruzando el pasillo y accediendo al salón, donde me encontré con Kumopansa.

— Es Juro-kun. Lo siento, tronco
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#4
— ¿Jurete? ¿De qué cojones hablas?

No estaba entendiendo absolutamente nada. De hecho, me estaba pareciendo una broma de muy mal gusto, o directamente una jodida pesadilla de la que había que despertar pronto. Conocía a Juro y sabía que no le gustaba llamar la atención. Además... ¿qué diablos podría haber hecho para que todos estuvieran así?

— Mira, tío, jamás lo hubiera dicho de él, pero...

... perdió el control, Yotita. Él, él...

— ¿Él qué? ¡Escúpelo ya, maldita sea! ¿dónde está?

Estaba empezando a ponerme realmente nervioso y a punto de salir por patas e ir a buscar a Jurete a su propia casa y que él mismo me dijera lo que había pasado. Mi madre era incapaz de dejar de llorar y yo cada vez entendía menos de qué narices iba la película. La mente empezaba a nublarse y empezaba a marearme producto de la excitación del momento, así que tuve que apoyarme en la mesa.

— ¡Ay, mi Yotita!

Irremediablemente, aquella mujer rubia volvió a abrazarme.

— Se ha cargado al viejo, tío

¡BAM!

Como un dardo envenenado, la araña lo soltó sin más y todo a mi alrededor empezó a ir a cámara lenta. El mundo se había empezado a derrumbar y, de pronto, el suelo llegó a impactar contra mi rostro. Sentía la sangre brotar de mis fosas nasales como un torrente violento. El cuerpo cada vez lo sentía menos mío y un grito, ininteligible me atormentaba. Luego, todo se apagó.
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#5
Cuando desperté sentí como si varios martillos golpeasen sin cesar mi cabeza. Habían pasado apenas unas horas pero seguía doliendo. Mientras tanto, los globos oculares iban adaptándose a la iluminación, teniendo que achinar un poco los párpados, debido a la proximidad de una luz de la lámpara de aquel salón.

— ¡Yotita, Yotita! ¿estás bien?

— Más o menos... — entonces recordé el por qué me encontraba en aquella situación mientras trataba de reincorporarme — Y ahora recuperemos el tema de Jurete, por favor

— Ay, está bien... Kumopansa, díselo tú. Yo no puedo

Vi que la araña andaba por ahí cerca e hizo un sonidito como se se aclarase la garganta.

— No sé qué cable fue el que se le cruzo ni los motivos que le empujaron pero... el día que volvió de la misión el tejado del dojo del Morikage voló por los aires y luego voló Juro con la ayuda del chakra del bijuu... Kenzou quiso impedirlo y...

Estaba tenso, muy tenso.

— ¡¿Y qué?!

El animal resopló.

— Juro le lanzó una especie de láser. Aquello solo puede ser una jodida bijuudama, tio. Se volvió loco. Kenzou-sama la absorbió y la palmó, colega. Todavía no me lo creo

— ¡Joder, no me jodas, macho, NO ME PUTO JODAS!

¿Eikyuu Juro? ¿mi Jurete? ¿un puto traidor y el asesino de Kenzou-sama? ¿acaso eso era posible? No lo entendía. REcordaba el último momento con Juro en el castillo, aquel abrazo. Pero yo mismo sentí que algo iba mal. Quizás... Sacudí la cabeza. Me negaba a aceptar que aquello fuese premeditado. Me negaba a aceptar que mi destino era perseguirle e imponer la justicia de Kusagakure y vengar la muerte de Kenzou-sama. Tenía que haber algo más.

— ¿Y luego qué pasó?

— Se fue volando tras la pelea. Yotita, Kenzou-sama nos salvó a todos

Chasquee la lengua y di varios puñetazos en la mesa hasta que los nudillos se me inflamaron y mi labio desprendió un hilo de sangre. inconscientemente me había mordido hasta el punto de hacerme un leve corte.

— Lo siento, necesito pensar

Como si de un alma en pena más se tratase, me levanté de donde estaba tumbado y me fui a paso lento. El silencio nos permitió oír cada paso hasta que me perdí tras el umbral de la puerta que daba a la calle. Todo había cambiado y nada volvería a ser como antes.

Desde aquel día emprendería una búsqueda sin descanso para hallar las respuestas que necesitaba.
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