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Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#31
La chica se puso nerviosa, lo que a su vez puso nerviosa a Ranko.

"Oh, no… Es un tema delicado y estoy insistiendo mucho en ello, ¿Verdad? ¡¿Verdad?! Cielos…"

Pero Ayame se interrumpió, afortunadamente, cuando llegaron a la Posada Cucurbita. El lugar tenía pinta rústica, tradicional, pero acogedora.

O-oh, no se… No te preocupes, Ayame-san. ¡Se ve mona! No tengo por qué desconfiar de la recomendación de Ayame-san. —Le dedicó una sonrisa sincera.

El dinero no era problema para ella, y parecía ser un lugar lo suficientemente cómodo para pasar una buena noche de descanso. Aunque, claro, no estaba de más echarle un vistazo a la posada.

Tímidamente, Ranko dio unos pasos y se adentró en el edificio. Intentó hablar con quien le pareciera fuese dependiente o trabajador de Cucurbita.

B-b-buenas… B-buenas tardes… —Su dificultad comunicativa sería más evidente al contrastarse con la naturalidad con la que había estado hablando con Ayame unos segundos atrás.
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#32
O-oh, no se… No te preocupes, Ayame-san —respondió Ranko—. ¡Se ve mona! No tengo por qué desconfiar de la recomendación de Ayame-san —añadió, con una sonrisa.

Y ella se la devolvió.

Entraron en el lugar. A juego con el exterior, el interior de la posada estaba adornada a la manera tradicional. Aunque no era un lugar tan amplio como podría haberse esperado en un hotel de lujo, lo cierto era que resultaba bastante acogedor, y ni siquiera había tanta gente como para resultar agobiante. Ayame guió a Ranko a través del vestíbulo hasta la recepción, donde les esperaba un hombre de cabellos canosos repeinados hacia atrás, ojos pequeños y un curioso bigote que le hacía parecer a todas luces un mayordomo.

B-b-buenas… B-buenas tardes… —Saludó Ranko, y su voz tembló como un diminuto cascabel.

Ayame le dirigió una breve mirada de soslayo, extrañada. Desde el principio, la kunoichi de Kusagakure le había parecido una chica tímida. Pero parecía que iba hasta el extremo. ¿Le pasaría con todo el mundo?

¡Oh, buenos días, señoritas! —El recepcionista les devolvió el saludo, cargado de formalidad—. ¿En qué puedo ayudarlas? ¿Habitación para dos, acaso?

Oh, no... sólo para mi amiga —se apresuró a corregir Ayame, señalando a Ranko.
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#33
Cucurbita era igual de mona por dentro que por fuera. Ayame seguía siendo muy amable, y Ranko seguía rezando no incomodarla en ningún momento. El hombre canoso del vestíbulo las recibió y saludó con propiedad y alegría. El lugar no parecía estar muy lleno, por lo que la Kusajin estimó no tendría mucho problema. Ayame la presentó (”A… ¿Amiga?” pensó, con cierta calidez en su rostro) y explicó que era sólo la de la trenza que requería un espacio.

S-sí. E-ehm… Ah… M-Me llamo Sagisō Ra… Ranko. Quisiera… Ahm… Quisiera una habitación. S-sencilla está bien. Creo… Creo que será para dos n-noches.

Mientras hablaba, Ranko jugueteaba con sus dedos. Respiró. El hecho de que la chica de la luna la estuviese viendo con pena le daba más pena. Respiró.

¿Cuándo…? —Respiró —. ¿Cuánto s-sería?

”Todo iba bien, Ranko, no te alteres de más. Respira de nuevo.”

Respiró.
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#34
S-sí. E-ehm… Ah… M-Me llamo Sagisō Ra… Ranko —respondió entre balbuceos la de Kusagakure, mientras jugueteaba con sus dedos—. Quisiera… Ahm… Quisiera una habitación. S-sencilla está bien. Creo… Creo que será para dos n-noches —respiró—. ¿Cuándo…? ¿Cuánto s-sería? —completó.

El recepcionista, que había estado escuchando pacientemente las palabras de la muchacha mientras se atusaba el bigote, asintió un par de veces con una afable sonrisa.

Sí, por supuesto. Una habitación individual son veinte ryos la noche, por lo que serían cuarenta en total, señorita.

Ayame, mientras tanto, miraba a su alrededor con curiosidad. Ya había estado allí con anterioridad, pero nunca dejaba de maravillarse con los múltiples adornos fabricados con calabazas que había en aquel sitio.
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#35
Le alegró y alivió que el recepcionista fuese tan paciente, y sus nervios se calmaron lentamente. Ranko asintió y buscó entre sus ropas su monedero, de donde sacó el respectivo dinero que entregó al hombre.

P- ¿Podría yo dejar mi equipaje e-en mi habitación por mientras? ¿Por favor? —Suponía que la respuesta sería positiva, pero no dejaba que quisiera pedir permiso para todo y ser lo más educada y respetuosa posible.

Ayame se había entretenido viendo los ornamentos del lugar. Ranko se le acercó con cuidado, pues no la quería agarrar distraída.

E-es un lugar muy mono… ¡Gracias p-por enseñármelos, Ayame-san! Y pa… parece que en realidad les gustan… ahm… las calabazas. Mucho. Creo.

Esperaría, entonces, a que aquel amable recepcionista le enseñara en camino a su habitación. Ranko no sabría si la chica de la luna iría con ella o esperaría en la recepción, así que se quedaría de pie un rato, esperando su reacción.
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#36
P- ¿Podría yo dejar mi equipaje e-en mi habitación por mientras? ¿Por favor? —balbuceó Ranko.

Y el recepcionista, tras contar y guardar cuidadosamente el dinero en la caja registradora correspondiente, asintió varias veces con amabilidad.

¡Por supuesto, por supuesto! —dijo, tendiéndole una llave, en cuyo llavero se podía leer el número 208—. Su habitación es la 208. Subiendo por las escaleras de allí hasta el segundo piso, al final del pasillo[/sub] —le indicó, señalando unas escaleras de madera que se encontraban a la derecha de la recepción.

Ayame se despidió con una respetuosa inclinación de cabeza, y dejó que Ranko se acercara a ella.

E-es un lugar muy mono… ¡Gracias p-por enseñármelos, Ayame-san! Y pa… parece que en realidad les gustan… ahm… las calabazas. Mucho. Creo.

—[color=dodgerblue]¿Verdad? Es un lugar bastante acogedor, creí que te gustaría. ¿Quieres que te acompañe a tu habitación o prefieres ir tú sola?
—le preguntó. Después de todo, lo último que quería era invadir la privacidad de la kunoichi de Kusagakure.
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#37
Ranko tomó la llave, perdiendo lentamente la timidez de su sonrisa.

Gracias —le dijo por enésima vez.

Cuando le preguntó si quería que la acompañase, o si prefería que la esperase, se llevó un dedo al mentón. Sentía que sería un poco maleducado dejarla sola. Pero también sentía que sería superraro invitar a una chica que recién conocía a su cuarto de hotel.

"¡De posada! Y es sólo para que lo vea y no se quede sola aquí en la recepción. ¡Además! Ya has invitado a una chica a…" Su cabeza se llenó de "lalalá" insistentes, como si no quisiera escucharse a sí misma.

E-está bien. A-Ayame-san p-puede venir, s-s-si gusta…

Ranko comenzó a andar, con aire de duda, como si fuese a perderse de un piso al otro. Pero logró llegar sin problemas a la segunda planta. El pasillo estaba adornado de manera similar a la recepción, y cada vez se le hacía más y más hogareño. Tal vez era la amabilidad de todos con quien se había topado, tal vez Yachi era un pueblo mágico, ¿Quién sabe?

Las chicas no tardarían en llegar a la puerta asignada con el número 208. La Kusajin tomaría su llave para abrir la puerta y entrar al cuarto.

Era una habitación pequeña, pero acogedora. Había una cama baja, sencilla, con cobertor de un sobrio color verde y detalles naranjas; una mesita al lado y algunos cuadros en las paredes. A pesar de ello, el cuarto estaba en excelentes condiciones y despedía un suave aroma a, Ranko supuso, calabaza.

La de la trenza dio unos pasos, mas no se dispuso a explorar la estancia a fondo.

Se nota cómoda. —dijo en tono amigable, con una sonrisa.
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#38
Ranko se pensó la respuesta durante varios segundos.

E-está bien. A-Ayame-san p-puede venir, s-s-si gusta…

¡Muy bien! Pero sólo si quieres, ¿eh? No quiero ser una molestia...

Ambas echaron a andar. La de Kusagakure estaba algo dubitativa, como si se fuera a perder de un momento a otro, pero Ayame la guió en base a su experiencia anterior. No era un lugar tan grande ni tan lioso como para perder la orientación, pero resultaba comprensible que, siendo la primera vez, Ranko se sintiera desorientada. Al final llegaron sin problemas al segundo piso, y se encaminaron hacia la puerta con el número 208. Y cuando Ranko la abrió y ambas entraron, Ayame respiró hondo aquel aroma a calabaza con un sentimiento de familiaridad. La habitación era similar a la que ella había disfrutado allí, tiempo atrás: con una cama baja, una cómoda junto a ella y algunos cuadros en las paredes.

Se nota cómoda —dijo la de Kusagakure.

Lo es —asintió Ayame, con una afable sonrisa—. Y al no haber tanta gente no tendrás problemas de ruidos por la noche.

Ayame esperó pacientemente, mirando por la ventana, mientras Ranko terminaba de acomodarse. Para cuando se sintió lista para partir, volvieron a salir y cerraron la puerta de la habitación. Sin embargo, cuando estaban bajando las escaleras e iban por el primer piso, Ayame se detuvo en seco y retuvo a Ranko por el brazo.

Espera. ¿Oyes eso?

A Ranko le costaría oírlo. Le costaría mucho. Pero al poco detectó las voces que subían desde la recepción. Y aún así, no consiguió escucharlas con claridad.

¡Las [...] arriba, [...] pueda verlas! ¡Ya estás [...] esa [...] fuerte, [...]!

Ayame la miraba con intensidad, esperando su reacción.
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#39
¡Claro! N-no imagino a Ayame-san siendo una molestia...

La chica la acompañó, concordando en lo cómoda que era la habitación. La Kusajin no tomó mucho tiempo, sólo dejó su mochila a un lado de la cama y la flauta sobre la mesita. No quiso entretener a Ayame al acomodar su ropa, ya lo haría antes de dormir, tal vez. Se sentó un segundo para probar la comodidad de la cama, y suspiró.

Me alegra. —dijo al escuchar que no habría mucha gente. "Muchísimo."

Luego se levantó y se aseguró que llevaba lo indispensable: su equipo ninja y su monedero, sólo por si encontraba algo mono para comprarse o algo de apariencia deliciosa para zamparse. Asintió hacia la chica de la luna y la siguió escaleras abajo.

"Tiene lindo cabello. Y esa luna en su frente… ¿Será un tatuaje? Tal vez es un jutsu de sellado. Quisiera preguntarle…"

Pero justo antes de que abriera la boca y pudiese solventar sus dudas, Ayame la detuvo.

¿Qué…? —comenzó, pero se llevó la mano a la boca para interrumpirse, pues la chica le indicó que escuchara. Las voces eran muy débiles ante los oídos de Ranko, y de seguro habrían pasado desapercibidas si Ayame no las hubiese señalado.

"¿Las qué arriba? ¿Ver qué? ¿Qué suerte?" La mente de Ranko se puso alerta, más por la indicación de la chica que por lo que había apenas escuchado. Intentó pensar, pero la información que recibía era muy poca. ¿Era la voz del recepcionista o de un inquilino? ¿Estaba gritando sólo hablando animadamente? ¿Estaba alegre o asustado? Al ser un lugar nuevo, no sabía si una voz así era sospechosa o no. Pero no estaba de más ir precavida.

Intentando no emitir sonido alguno, Ranko llevó su diestra al costado, lista para empuñar la wakizashi que colgaba de su cadera. Con el corazón comenzando a acelerarse, negó hacia Ayame. Susurró lo ás bajo posible.

No. No claramente. ¿Qué escuchas?

Presentía problemas.
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#40
No. No claramente. ¿Qué escuchas? —respondió la de Kusagakure.

Pero Ayame alzó una mano, pidiéndole silencio durante un instante. Su semblante se fue ensombreciendo a medida que las voces ascendían desde el piso inferior (unas voces que Ranko no era capaz de entender con la suficiente claridad como para entender su contenido) y al final, después de varios tensos segundos, la kunoichi tragó saliva con esfuerzo.

Están atracando el hostal... —respondió, en voz muy baja—. Y no sólo eso... —añadió, aún más seria—. Han cerrado las puertas principales. Nos tienen a todos de rehén...

Unos inconfundible sonido de unos pasos comenzaron a subir con pesada lentitud los escalones.
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#41
Y problemas había. Un atraco, según Ayame. Los músculos de Ranko se tensaron, como si se preparasen para una batalla cercana.

"Estamos atrapadas, entonces. Hay que pensar rápido."

Como en toda pelea, Ranko sentiría la pena abandonar su cuerpo, con la emoción del combate sustituyéndola. Aunque la de la trenza no podía escuchar bien que pasaba debajo, Ayame la guiaba.

"Si puede escuchar tan bien debe ser una ninja rastreadora, como Inuzuka Etsu-san. ¿Será tan fuerte como él? Ayame-san no tiene aspecto de luchadora, mas no debería de juzgarla. ¡Mei-san no se veía tan ruda y me derrotó con sus bichitos!"

Lo que sí pudo escuchar fueron pasos, lentos y pesados, que ascendían hasta ellas. Ranko pensó rápidamente qué podría hacer, pero sus opciones eran limitadas, al menos para el momento, en su opinión: no tenía dónde ocultarse, ni ningún jutsu para hacerlo; no sabía si las puertas por las que pasaban estarían abiertas o no; por lo que lo único que restaba era atacar.

Si nada se lo impedía, intentaría avanzar tan silenciosa pero rápidamente como pudiese, pasando de Ayame, con la diestra lista para desenvainar a Higanbana, su wakizashi, y la siniestra frente a sí, en posición defensiva. Iría tan cerca de las escaleras como pudiese, y apenas viera a la persona que subía, intentaría lanzarse contra él, llevarlo contra la pared y ponerle el filo de su espada contra el cuello. Contaba con que el supuesto asaltante no esperase a nadie escaleras arriba, para que fuese un verdadero ataque sorpresa, y que fuese más fácil apresarlo.
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#42
Para sorpresa de Ayame, fue como si Ranko hubiese sufrido una repentina transformación al oír sus palabras. Todo rastro de inseguridad y timidez fueron reemplazados por una brillante determinación. De hecho, en cuanto escuchó los pasos que se acercaban a ellas, fue la kunoichi de Kusagakure la primera en entrar en acción: se movió presta y acorraló al recién llegado contra la pared, con un brillante filo contra el cuello.

¡No, por favor, no! ¡Piedad! —gritó el aterrorizado posadero.

¡Espera, Ranko-san! —susurró Ayame, sujetando a la de Kusagakure por el antebrazo. El pobre hombre había perdido su perfecto peinado, e incluso lucía un feo moratón en la mejilla—. ¿Qué ha ocurrido?

O... o... ocurrió poco después de que llegárais... —balbuceaba, aterrorizado—. T... tres hombres y una m... mujer... Me... me obligaron a darles todo el contenido de la caja fuerte pero... pero... No se dieron por satisfechos... Cerraron las puertas y las ventanas... Nos tienen como rehenes... Yo... yo... Iba a ir a buscaros... ¡Vosotras sois kunoichi! ¿Verdad? ¡Ayudadnos por favor!

Por supuesto —asintió Ayame, sombría. Entonces se volvió hacia Ranko—. Ranko-san, ¿qué vas a hacer tú?

Pocas opciones había, estando encerradas en aquella posada, pero quizás prefería quedarse mirando en la retaguardia.
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#43
¡Era el hombre de la posada! Ayame le puso una mano a Ranko para evitar que le hiciera daño, aunque la Kusajin no planeaba herir a la persona. La chica soltó al dependiente casi al instante y envainó a Higanbana.

¡D-d-disculpe! —susurró, arrepentida de haberse lanzado así. Se alejó un paso del hombre para darle espacio para recuperar el aliento, mientras escuchaba lo que él decía.

"Tres hombres y una mujer. Puertas cerradas. Rehenes." repasó la castaña en su cabeza. El hombre les pidió ayuda al ser kunoichis. Ayame le preguntó a Ranko qué haría. Un dejo de emoción sobrepasó a todo posible miedo o nervio. "Una situación peligrosa… ¡Un momento ideal para mostrar mi valía y seguir mi deber como shinobi! Pero no puedo dejarme llevar… Piensa, Ranko, piensa, ¿Qué es lo primero que debería hacer? No, no hacer. Saber."

¿Cómo son? —le preguntó rápidamente al hombre —. ¿Iban armados? ¿Usaron alguna técnica?

Recordó la suerte que tenía de pararrayos, pues casi todos sus encuentros habían sido contra el Raiton: Rōga, Yota, Mei, e incluso su hermana, Kuumi. Desafortunadamente no había aprendido a lidiar con tal elemento. Ranko pensó que, al ser una kunoichi más de combate directo, no podría hacer mucho en otros aspectos, así que información sobre los movimientos o equipo de los criminales sería muy útil. Aunque, claro, si atacaba con las técnicas equivocadas, podría causar más destrozos que alivios.

¿Q-qué piensa Ayame-san? —preguntó en voz baja.
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#44
¿Cómo son? —preguntó la de Kusagakure—. ¿Iban armados? ¿Usaron alguna técnica?

No... no... técnicas no... —respondió el tabernero en voz baja, mientras mirada a sus espaldas, temeroso de ver aparecer a alguno de sus captores por el pasillo—. Llevaban cuchillos, armas y... y uno de ellos llevaba algo atado al pecho... Algo que brillaba. Dijeron... dijeron que si uno de nosotros hacía alguna tontería... volaríamos todos por los aires...

Ayame palideció al escucharlo.

¿Q-qué piensa Ayame-san? —preguntó Ranko.

Pienso que estamos tratando con una banda kamikaze o algo así... —susurró ella, mientras se desatornillaba la bandana de su brazo y la guardaba tras su espalda, en el portaobjetos—. Si nos ven, y se dan cuenta de que hay dos kunoichi en la posada con ellos se pondrán muy nerviosos...

¡¡¿¿Es que no nos has oído??!! ¡¡Ponte de putas rodillas o te dibujaremos una sonrisa de sangre en ese cuello tan bonito que tienes!! —escucharon en la recepción, seguido de un alarido de terror.

El tabernero, temblando de pies a cabeza, echó a correr escaleras arriba.

Tenemos que hacer algo... —susurró Ayame.
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#45
"Tres hombres, una mujer" se dijo Ranko una vez más. "Con cuchillos, armas y lo que podría ser un sello o aparato explosivo. Por los gritos y los golpes, definitivamente son agresivos."

Ayame sugirió quitarse las bandanas, pues podría poner nerviosos a los atacantes. Ranko apretó los labios.

"¿¡Pero y la gloria!? ¡No podré poner en alto el nombre de mi familia si no saben de dónde soy! Aunque… supongo que tiene razón."

Un poco a regañadientes, la de la trenza desató la bandana de su cuello e imitó a Ayame, colocándola en su propio guardaobjetos.

Había que actuar rápido, y Ranko estaba dispuesta a ello, pero no sabía cómo proceder. Lo único que se le ocurría era bajar y lanzarse a toda velocidad contra los villanos. Si pateaba lo suficientemente rápido, podría encargarse de todos antes de que hicieran estallar la cosa brillante. ¿No?

"No, no puedo moverme tan velozmente… ¡Ah! ¡Sabía que debía estudiar el jutsu ése para ocultarse!"

Ayame-san —susurró al final, con prisa —. Yo… me especializo en combate. N-no tengo mucho que me ayude justo ahora… Tal vez un henge no jutsu básico… Fuera de eso, estoy en blanco…

"Quisiera poder llevar la batuta… Pero en este momento no soy de mucha utilidad. Y debo de reconocerlo" pensó la chica, un tanto decepcionada y avergonzada de sí misma.
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