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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Costas de las Olas Rompientes]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 11:02:52 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[El acero sangrante]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-acero-sangrante</link>
			<pubDate>Mon, 09 May 2022 12:31:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1234">Narrador</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-acero-sangrante</guid>
			<description><![CDATA[En aquél rincón de los mares de Oonindo, reinaba la calma. Una calma tensa. La calma que sabe que se aproxima una tormenta.<br />
<br />
No sería una tormenta como las del húmedo oeste, una vorágine rugiente y gris de truenos con una densa cortina de lluvia perenne. Tampoco como las del cálido sur, con olas cuyas crestas aspiran a acariciar las nubes y vientos capaces de arrancar las velas de un navío de cuajo.<br />
<br />
No. Sasaki Reiji, Akimichi Katsudon y el bijū de ocho colas, Gyūki, se dirigían al noreste, a una gran isla sumida casi en totalidad en la fría nieve. Allí las tormentas eran diferentes. Peligros naturales de hielo y muerte. Y ellos iban de frente a sumergirse de lleno en la peor de las tormentas que el País del Hierro había vivido en los últimos siglos.<br />
<br />
Un lector avezado se habrá percatado de que esto no tiene por qué ocurrir exactamente en el sentido literal, y aquél que ha seguido los pasos de este muchacho espadachín sabrá ya a qué tormenta me refiero.<br />
<br />
Dejad que os cuente la historia.<br />
<br />
La historia de la muerte de Sasaki Reiji, shinobi de Uzushiogakure.<br />
<br />
<br />
<br />
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<br />
<br />
<br />
<div align="center">· · ·</div>
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<br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Llevamos ya unos cuantos días navegando. ¿Aún no te has acostumbrado, hombretón?</span></span><br />
<br />
Gyūki se refería a Akimichi Katsudon, que había vuelto a vomitar el desayuno. Digo esto porque es importante reseñar que esta era también la tercera vez que desayunaba.<br />
<br />
—<span style="color: coral;" class="mycode_color">No sabes el hambre que estoy pasando. No me entra nada. Todo lo que como, acabo tirándolo. ¿Falta mucho para llegar al Hierro?</span><br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por lo menos tres días más.</span></span><br />
<br />
Katsudon emitió un quejido lastimero.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Master" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Daruu. Hueco de rol.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En aquél rincón de los mares de Oonindo, reinaba la calma. Una calma tensa. La calma que sabe que se aproxima una tormenta.<br />
<br />
No sería una tormenta como las del húmedo oeste, una vorágine rugiente y gris de truenos con una densa cortina de lluvia perenne. Tampoco como las del cálido sur, con olas cuyas crestas aspiran a acariciar las nubes y vientos capaces de arrancar las velas de un navío de cuajo.<br />
<br />
No. Sasaki Reiji, Akimichi Katsudon y el bijū de ocho colas, Gyūki, se dirigían al noreste, a una gran isla sumida casi en totalidad en la fría nieve. Allí las tormentas eran diferentes. Peligros naturales de hielo y muerte. Y ellos iban de frente a sumergirse de lleno en la peor de las tormentas que el País del Hierro había vivido en los últimos siglos.<br />
<br />
Un lector avezado se habrá percatado de que esto no tiene por qué ocurrir exactamente en el sentido literal, y aquél que ha seguido los pasos de este muchacho espadachín sabrá ya a qué tormenta me refiero.<br />
<br />
Dejad que os cuente la historia.<br />
<br />
La historia de la muerte de Sasaki Reiji, shinobi de Uzushiogakure.<br />
<br />
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—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Llevamos ya unos cuantos días navegando. ¿Aún no te has acostumbrado, hombretón?</span></span><br />
<br />
Gyūki se refería a Akimichi Katsudon, que había vuelto a vomitar el desayuno. Digo esto porque es importante reseñar que esta era también la tercera vez que desayunaba.<br />
<br />
—<span style="color: coral;" class="mycode_color">No sabes el hambre que estoy pasando. No me entra nada. Todo lo que como, acabo tirándolo. ¿Falta mucho para llegar al Hierro?</span><br />
<br />
—<span style="color: rosybrown;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Por lo menos tres días más.</span></span><br />
<br />
Katsudon emitió un quejido lastimero.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Master" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Daruu. Hueco de rol.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Operación Trombón de Fûjin]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-operacion-trombon-de-fujin</link>
			<pubDate>Mon, 18 Apr 2022 01:35:15 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1234">Narrador</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-operacion-trombon-de-fujin</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 12px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Día del Agua</span>, <span style="color: limegreen;" class="mycode_color">Bienvenida</span>, 09:00 AM</span></span></div>
<br />
El sol, casi al borde del horizonte, calentaba la fresca mañana en la que se había despertado Uzushiogakure no Sato, tiñendo el mar de tonos dorados y crepusculares. En el puerto, una cantidad inusual de shinobis y kunoichis llenaban los muelles. Hablaban entre ellos. Algunos más emocionados que otros. Algunos más tensos que otros. Probablemente todos con algo de nervios. <br />
<br />
Siempre había algo de nerviosismo cuando se empezaba una misión. La incertidumbre de cómo resultará, las ganas de hacerlo bien, de no fallar. Y aquella en particular… Bueno, aquella en particular no era una misión cualquiera. <br />
<br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Misión S" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">(S) Gran Guerra Ninja: Operación Trombón de Fūjin</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Recomendaciones:</span> Personajes de nivel superior a 10<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span> <a href="https://ninjaworld.es/foro-costas-de-las-olas-rompientes" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Costas de las Olas Rompientes</a> (País del Rayo)<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Plazo máximo:</span> 2 meses<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Aprovechando la batalla que parece va a librarse en los Arrozales del Silencio, la Alianza Shinobi ha decidido enviar un grupo más pequeño de ninjas para atacar y recuperar la Villa de las Aguas Termales mientras esta se encuentra más desprotegida. El grupo saldrá desde Uzushiogakure no Sato, en barco, dirigiéndose al puerto de las Costas de las Olas Rompientes.</i></div></div>
    </div>
</div>
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
<br />
<br />
En total, eran noventa y siete ninjas los citados para llevar a cabo la reconquista de la Villa de las Aguas Termales. Quizá algún día, si lo hacían fantásticamente bien —o catastróficamente mal—, aquel número cobrase un encanto especial, y fuesen conocidos como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los noventa y siete de Uzu</span>. O algo más épico. Por el momento, sin embargo, tan solo era eso: un número. <br />
<br />
El navío en el que iban a desplazarse era un barco de tres palos, de numerosas velas cuadradas blancas y una majestuosa bandera con la espiral izada, bien alta y carmesí. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Mucha suerte</span> —decía Datsue, situado en el estrecho puente de madera que conectaba el barco con el muelle—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Vuelve sano y a salvo.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡Mucha suerte!</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Suerte.</span><br />
<br />
A medida que los ninjas iban subiendo, Datsue les saludaba con un apretón de manos y les dedicaba unas breves palabras. Ataviado con su vestimenta de Uzukage —sombrero incluido—, el hecho de que estuviese personalmente allí ya denotaba la importancia de la misión. <br />
<br />
Para desgracia de Datsue, no podía ir con ellos. La Villa no podía quedar sin su cabeza visible, en un momento tan crítico y con tanta incertidumbre. Lo único que podía hacer en aquellos momentos era… desearles suerte. Era poca cosa, lo sabía. Muy poca cosa. Demasiado poca. <br />
<br />
<span style="color: mediumturquoise; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Los estoy enviando yo. Cada shinobi, cada kunoichi que no regrese…</span>»</span><br />
<br />
La responsabilidad sería suya. La culpa sería suya. Lo peor de todo es que había enviado tantas tropas a los Arrozales del Silencio y a diversos puntos estratégicos de Ōnindo, que no todas las fuerzas que enviaba a aquel barco eran ninjas de élite. Joder, había genins. E incluso entre los genins, alguno estaba muy verde todavía. Si ellos morían… <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Dependemos de ti. ¡Mucha suerte!</span> —se forzó a seguir saludando, tragándose la angustia y empujándola con fuerza contra el estómago. <br />
<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Normas de posteo y aclaraciones" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">¡Hola! ¡Datsue al habla! Como ya saben, esta trama la llevaremos Nao y yo. Es mi obligación de Uzukage recordaros que en Uzu contamos con una bonita <a href="https://ninjaworld.es/tema-la-armeria" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">armería</a> de la que podéis recoger diversas armas para la misión. Si lo hacéis, especificarlo en el próximo post. <br />
<br />
A todos los participantes, ya es vuestro turno. Por el momento, vamos a poner una ventana de 96h de tiempo en el que podéis postear a partir de mi post. Quizá esto cambie más adelante, pero por el momento vamos a probar así. Cualquier duda o cosa, no dudéis en hablarnos a Nao o a mí.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 12px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: skyblue;" class="mycode_color">Día del Agua</span>, <span style="color: limegreen;" class="mycode_color">Bienvenida</span>, 09:00 AM</span></span></div>
<br />
El sol, casi al borde del horizonte, calentaba la fresca mañana en la que se había despertado Uzushiogakure no Sato, tiñendo el mar de tonos dorados y crepusculares. En el puerto, una cantidad inusual de shinobis y kunoichis llenaban los muelles. Hablaban entre ellos. Algunos más emocionados que otros. Algunos más tensos que otros. Probablemente todos con algo de nervios. <br />
<br />
Siempre había algo de nerviosismo cuando se empezaba una misión. La incertidumbre de cómo resultará, las ganas de hacerlo bien, de no fallar. Y aquella en particular… Bueno, aquella en particular no era una misión cualquiera. <br />
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<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Misión S" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">(S) Gran Guerra Ninja: Operación Trombón de Fūjin</span></span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Recomendaciones:</span> Personajes de nivel superior a 10<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span> <a href="https://ninjaworld.es/foro-costas-de-las-olas-rompientes" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Costas de las Olas Rompientes</a> (País del Rayo)<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Plazo máximo:</span> 2 meses<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Aprovechando la batalla que parece va a librarse en los Arrozales del Silencio, la Alianza Shinobi ha decidido enviar un grupo más pequeño de ninjas para atacar y recuperar la Villa de las Aguas Termales mientras esta se encuentra más desprotegida. El grupo saldrá desde Uzushiogakure no Sato, en barco, dirigiéndose al puerto de las Costas de las Olas Rompientes.</i></div></div>
    </div>
</div>
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
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<br />
En total, eran noventa y siete ninjas los citados para llevar a cabo la reconquista de la Villa de las Aguas Termales. Quizá algún día, si lo hacían fantásticamente bien —o catastróficamente mal—, aquel número cobrase un encanto especial, y fuesen conocidos como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los noventa y siete de Uzu</span>. O algo más épico. Por el momento, sin embargo, tan solo era eso: un número. <br />
<br />
El navío en el que iban a desplazarse era un barco de tres palos, de numerosas velas cuadradas blancas y una majestuosa bandera con la espiral izada, bien alta y carmesí. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Mucha suerte</span> —decía Datsue, situado en el estrecho puente de madera que conectaba el barco con el muelle—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Vuelve sano y a salvo.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">¡Mucha suerte!</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Suerte.</span><br />
<br />
A medida que los ninjas iban subiendo, Datsue les saludaba con un apretón de manos y les dedicaba unas breves palabras. Ataviado con su vestimenta de Uzukage —sombrero incluido—, el hecho de que estuviese personalmente allí ya denotaba la importancia de la misión. <br />
<br />
Para desgracia de Datsue, no podía ir con ellos. La Villa no podía quedar sin su cabeza visible, en un momento tan crítico y con tanta incertidumbre. Lo único que podía hacer en aquellos momentos era… desearles suerte. Era poca cosa, lo sabía. Muy poca cosa. Demasiado poca. <br />
<br />
<span style="color: mediumturquoise; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Los estoy enviando yo. Cada shinobi, cada kunoichi que no regrese…</span>»</span><br />
<br />
La responsabilidad sería suya. La culpa sería suya. Lo peor de todo es que había enviado tantas tropas a los Arrozales del Silencio y a diversos puntos estratégicos de Ōnindo, que no todas las fuerzas que enviaba a aquel barco eran ninjas de élite. Joder, había genins. E incluso entre los genins, alguno estaba muy verde todavía. Si ellos morían… <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Dependemos de ti. ¡Mucha suerte!</span> —se forzó a seguir saludando, tragándose la angustia y empujándola con fuerza contra el estómago. <br />
<br />
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Normas de posteo y aclaraciones" /><br />
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        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">¡Hola! ¡Datsue al habla! Como ya saben, esta trama la llevaremos Nao y yo. Es mi obligación de Uzukage recordaros que en Uzu contamos con una bonita <a href="https://ninjaworld.es/tema-la-armeria" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">armería</a> de la que podéis recoger diversas armas para la misión. Si lo hacéis, especificarlo en el próximo post. <br />
<br />
A todos los participantes, ya es vuestro turno. Por el momento, vamos a poner una ventana de 96h de tiempo en el que podéis postear a partir de mi post. Quizá esto cambie más adelante, pero por el momento vamos a probar así. Cualquier duda o cosa, no dudéis en hablarnos a Nao o a mí.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Camino del Rebelde]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-camino-del-rebelde</link>
			<pubDate>Mon, 01 Feb 2021 20:56:53 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-camino-del-rebelde</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 12px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kaminari no Kuni, en algún punto de las Costas de las Olas Rompientes. <br />
Cinco minutos después del <a href="https://ninjaworld.es/tema-dojos-220-1%C2%BA-div-final-daruu-vs-datsue?page=5" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">atentado</a>.</span></span></div>
<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«Zzzzzup.»</span></div>
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">FLUOOOOOSH.</span></span></span></div>
<br />
Una enorme ola rompió contra la orilla, empapando por completo a la figura delgada y jadeante que acababa de aparecer de rodillas sobre la arena, entre destellos carmesíes. Se trataba de un muchacho vestido con ropas sencillas, de pelo negro ralo y medio rostro deformado por una horrible quemadura, que agradeció aquel improvisado chapuzón. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Argh, argh... Lo... Lo conseguimos...</span> —balbuceó, entrecortadamente, escupiendo las palabras, pugnando por hablar sobre la respiración agitada que hacía que su pecho se bamboleara arriba y abajo sin control—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Lo...</span> <br />
<br />
Otra ola rompió, furiosa, contra la arena y su propio cuerpo. La fuerza del mar le arrojó sobre un costado, como si el propio Susano'o le estuviera recriminando sus actos. ¿O tal vez era esa su forma de abrazar a su hijo, que volvía victorioso del campo de batalla? En aquel momento, Akame no habría sabido responder a esa pregunta ni aunque le ofrecieran un millón de ryōs como premio. <br />
<br />
<span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Un millón de ryōs...»</span> <br />
<br />
Como activada por un resorte, su mente halló la razón por la que se encontraba allí. Habían tenido éxito en su atentado y ahora casi todos los daimyō de Ōnindo yacían muertos; carbonizados, hechos trizas o convertidos en poco menos que restos humeantes de carne humana. Sin embargo, Akame no se sentía ningún ganador; conmocionado, más bien parecía que él mismo hubiera sido víctima de la furia del Gran Dragón. Trató de levantarse y notó sendas punzadas de dolor en la cabeza: más concretamente allí donde estaban sus ojos. Ya de rodillas, se pasó una mano temblorosa por la cara y sus dedos pudieron sentir el incofundible tacto espeso y caliente de la sangre. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Mierda, joder</span> —bufó. Sobreponiéndose al dolor, se retiró trastabillando para alejarse del rompeolas antes de recibir el siguiente impacto. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Cálmate, ¡cálmate, coño! ... Tengo un plan. Eso es, tengo un plan. Sólo tengo que seguir el plan»</span>, se dijo en su fuero interno mientras con manos temblorosas se lavaba la cara con la salada agua del mar, frotándose las mejillas y bajo los párpados para limpiarse la sangría que el uso de su Mangekyō había provocado. <br />
<br />
El Uchiha se levantó a tientas, tratando de recuperar el aliento, mientras con mirada borrosa oteaba los alrededores en busca de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">algo</span>, y rezando porque cierta mujer que le debía un favor —y de los gordos— hubiera cumplido su palabra. <br />
<br />
Pero no lo hallaba.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Shikari, no me jodas eh... No me jodas, Shikari...</span> —empezó a balbucear, dando vueltas sobre sí mismo como un náufrago desesperado en busca de un trozo de madera al que agarrarse en mitad del temporal—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Shik... ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!</span> —exclamó de júbilo, de repente. <br />
<br />
Echó a correr hacia la precaria banderola que adornaba el pináculo de un montículo de rocas junto a la orilla, a poco de su posición. Las piernas estuvieron a punto de fallarle a mitad de la carrera, fruto de los nervios y el estrés acumulado, pero consiguió mantener el equilibrio y llegar hasta la meta. Allí, una larga rama clavada sobre la arena y culminada por un pañuelo rojo en su extremo visible le saludó como un rayo de esperanza. El Uchiha se tiró sobre la arena, excavando con ambas manos con tanta desesperación que se hizo varias heridas en los dedos; no sintió dolor alguno, pues sólo quería confirmar que Shikari había cumplido, en efecto, su palabra... <br />
<br />
Entonces notó el tacto de algo duro y áspero en la yema de los dedos, entre la arena, y un suspiró de auténtico alivio se escapó de sus labios, mientras desenterraba con ahínco una pequeña cajita de madera.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 12px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Kaminari no Kuni, en algún punto de las Costas de las Olas Rompientes. <br />
Cinco minutos después del <a href="https://ninjaworld.es/tema-dojos-220-1%C2%BA-div-final-daruu-vs-datsue?page=5" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">atentado</a>.</span></span></div>
<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: crimson; font-style: italic;">«Zzzzzup.»</span></div>
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">FLUOOOOOSH.</span></span></span></div>
<br />
Una enorme ola rompió contra la orilla, empapando por completo a la figura delgada y jadeante que acababa de aparecer de rodillas sobre la arena, entre destellos carmesíes. Se trataba de un muchacho vestido con ropas sencillas, de pelo negro ralo y medio rostro deformado por una horrible quemadura, que agradeció aquel improvisado chapuzón. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Argh, argh... Lo... Lo conseguimos...</span> —balbuceó, entrecortadamente, escupiendo las palabras, pugnando por hablar sobre la respiración agitada que hacía que su pecho se bamboleara arriba y abajo sin control—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Lo...</span> <br />
<br />
Otra ola rompió, furiosa, contra la arena y su propio cuerpo. La fuerza del mar le arrojó sobre un costado, como si el propio Susano'o le estuviera recriminando sus actos. ¿O tal vez era esa su forma de abrazar a su hijo, que volvía victorioso del campo de batalla? En aquel momento, Akame no habría sabido responder a esa pregunta ni aunque le ofrecieran un millón de ryōs como premio. <br />
<br />
<span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Un millón de ryōs...»</span> <br />
<br />
Como activada por un resorte, su mente halló la razón por la que se encontraba allí. Habían tenido éxito en su atentado y ahora casi todos los daimyō de Ōnindo yacían muertos; carbonizados, hechos trizas o convertidos en poco menos que restos humeantes de carne humana. Sin embargo, Akame no se sentía ningún ganador; conmocionado, más bien parecía que él mismo hubiera sido víctima de la furia del Gran Dragón. Trató de levantarse y notó sendas punzadas de dolor en la cabeza: más concretamente allí donde estaban sus ojos. Ya de rodillas, se pasó una mano temblorosa por la cara y sus dedos pudieron sentir el incofundible tacto espeso y caliente de la sangre. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Mierda, joder</span> —bufó. Sobreponiéndose al dolor, se retiró trastabillando para alejarse del rompeolas antes de recibir el siguiente impacto. <span style="color: darkkhaki; font-style: italic;">«Cálmate, ¡cálmate, coño! ... Tengo un plan. Eso es, tengo un plan. Sólo tengo que seguir el plan»</span>, se dijo en su fuero interno mientras con manos temblorosas se lavaba la cara con la salada agua del mar, frotándose las mejillas y bajo los párpados para limpiarse la sangría que el uso de su Mangekyō había provocado. <br />
<br />
El Uchiha se levantó a tientas, tratando de recuperar el aliento, mientras con mirada borrosa oteaba los alrededores en busca de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">algo</span>, y rezando porque cierta mujer que le debía un favor —y de los gordos— hubiera cumplido su palabra. <br />
<br />
Pero no lo hallaba.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Shikari, no me jodas eh... No me jodas, Shikari...</span> —empezó a balbucear, dando vueltas sobre sí mismo como un náufrago desesperado en busca de un trozo de madera al que agarrarse en mitad del temporal—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Shik... ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!</span> —exclamó de júbilo, de repente. <br />
<br />
Echó a correr hacia la precaria banderola que adornaba el pináculo de un montículo de rocas junto a la orilla, a poco de su posición. Las piernas estuvieron a punto de fallarle a mitad de la carrera, fruto de los nervios y el estrés acumulado, pero consiguió mantener el equilibrio y llegar hasta la meta. Allí, una larga rama clavada sobre la arena y culminada por un pañuelo rojo en su extremo visible le saludó como un rayo de esperanza. El Uchiha se tiró sobre la arena, excavando con ambas manos con tanta desesperación que se hizo varias heridas en los dedos; no sintió dolor alguno, pues sólo quería confirmar que Shikari había cumplido, en efecto, su palabra... <br />
<br />
Entonces notó el tacto de algo duro y áspero en la yema de los dedos, entre la arena, y un suspiró de auténtico alivio se escapó de sus labios, mientras desenterraba con ahínco una pequeña cajita de madera.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El conejo y el sol, el lobo y la arena]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-conejo-y-el-sol-el-lobo-y-la-arena</link>
			<pubDate>Wed, 03 Jul 2019 00:49:13 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=851">Sagiso Ranko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-conejo-y-el-sol-el-lobo-y-la-arena</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tema Veraniego</span></div>
<br />
A finales del verano de 219, la familia Sagisō fue al este de Ōnindo para aprovechar los últimos días del sol más intenso del año. Una semana antes, la chica se había encontrado con Ayame, en Yachi, y tiempo después regresaría al este, a Los Herreros, donde se encontraría con Ken y Hikaru.<br />
<br />
—<span style="color: sandybrown;" class="mycode_color">Un buen lugar, esto es lo que es.</span> —dijo Sagisō Kizaemon mientras clavaba un enorme parasol en la arena fina del País del Rayo. <br />
<br />
Era un día despejado, temprano todavía, y con agradables vientos del este. Había un calor exquisito, y no había casi nadie en aquella playa. Una serie de rocas naturales de lo que parecía ser otrora un risco fungía de escollera a la izquierda, hacia el este. Detrás del hombre con yukata de colores amarillos, se veía una mujer algo madura, muy atractiva y de cabello carmesí, quien guiaba con su único brazo, el izquierdo, a un par de sirvientes para que colocaran varias mantas sobre la arena y las aseguraban con lo que podían. Portaba un kimono que mostraba desde la rodilla hacia abajo, típico de esta fémina, aunque no parecía portar ropa de baño alguna. Al lado de Sagisō Komachi se veía una chica bajita de cabello similar y piel bronceada, con pequeños pantaloncillos y la parte superior de un bikini naranja muy modesto, de aspecto modesto. Sagisō Kuumi portaba también unas gafas de sol de aspecto costoso y un bolso que no podía tener más pinta de “vacaciones de verano”.<br />
<br />
Y al final iba una chica alta, de cabello castaño oscuro suelto, salvo un entrenzado en la nuca, y piel ligeramente morena. Vestía un traje de baño blanco con florecitas cian, de una pieza, el cual llegaba hasta la base del cuello, además de tener un adorno ondulado a lo largo de la línea de la cadera, como una falda. Aunado a ello, vestía una falda azul translúcida, que apenas y alcanzaba a oscurecer sus piernas bien formadas, fruto del entrenamiento y su estilo de pelea.<br />
<br />
Sagisō Ranko estaba bastante contenta de que no hubiese mucha gente en aquel lugar, así podría estar tranquila sin temor que la vieran.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Perfecto</span> —Les dijo Komachi a los sirvientes que colocaban el resto de las mantas y parasoles, y a los que traían las canastas de comida de la carroza que había quedado un buen tramo más atrás, en el camino —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">. Chicas, adelante. Son libres.</span><br />
<br />
Kuumi rió.<br />
<br />
—<span style="color: tomato;" class="mycode_color">Genial. Pero comenzaré tomando algo de color.</span> —dijo antes de acomodarse fuera de los parasoles para recibir gustosa el sol de media mañana.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Creo que yo iré a pasear un momento. No… No parece haber mucho problema por ese lado.</span> —Ranko señaló hacia las rocas.<br />
<br />
Komachi la despidió con un gesto de la mano, y Ranko comenzó a caminar hacia el este. Hacía ya mucho tiempo que no estaba en el País del Rayo, y hasta ese momento no conocía lo bellas que eran sus playas.<br />
<br />
<span style="color: plum;" class="mycode_color">”Es tan raro ver el mar a su mismo nivel, y no desde un risco…”</span> pensó, mientras deambulaba sobre la arena rumbo a la escollera. Tal vez por eso iba hacia las rocas.<br />
<br />
Tal vez.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tema Veraniego</span></div>
<br />
A finales del verano de 219, la familia Sagisō fue al este de Ōnindo para aprovechar los últimos días del sol más intenso del año. Una semana antes, la chica se había encontrado con Ayame, en Yachi, y tiempo después regresaría al este, a Los Herreros, donde se encontraría con Ken y Hikaru.<br />
<br />
—<span style="color: sandybrown;" class="mycode_color">Un buen lugar, esto es lo que es.</span> —dijo Sagisō Kizaemon mientras clavaba un enorme parasol en la arena fina del País del Rayo. <br />
<br />
Era un día despejado, temprano todavía, y con agradables vientos del este. Había un calor exquisito, y no había casi nadie en aquella playa. Una serie de rocas naturales de lo que parecía ser otrora un risco fungía de escollera a la izquierda, hacia el este. Detrás del hombre con yukata de colores amarillos, se veía una mujer algo madura, muy atractiva y de cabello carmesí, quien guiaba con su único brazo, el izquierdo, a un par de sirvientes para que colocaran varias mantas sobre la arena y las aseguraban con lo que podían. Portaba un kimono que mostraba desde la rodilla hacia abajo, típico de esta fémina, aunque no parecía portar ropa de baño alguna. Al lado de Sagisō Komachi se veía una chica bajita de cabello similar y piel bronceada, con pequeños pantaloncillos y la parte superior de un bikini naranja muy modesto, de aspecto modesto. Sagisō Kuumi portaba también unas gafas de sol de aspecto costoso y un bolso que no podía tener más pinta de “vacaciones de verano”.<br />
<br />
Y al final iba una chica alta, de cabello castaño oscuro suelto, salvo un entrenzado en la nuca, y piel ligeramente morena. Vestía un traje de baño blanco con florecitas cian, de una pieza, el cual llegaba hasta la base del cuello, además de tener un adorno ondulado a lo largo de la línea de la cadera, como una falda. Aunado a ello, vestía una falda azul translúcida, que apenas y alcanzaba a oscurecer sus piernas bien formadas, fruto del entrenamiento y su estilo de pelea.<br />
<br />
Sagisō Ranko estaba bastante contenta de que no hubiese mucha gente en aquel lugar, así podría estar tranquila sin temor que la vieran.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Perfecto</span> —Les dijo Komachi a los sirvientes que colocaban el resto de las mantas y parasoles, y a los que traían las canastas de comida de la carroza que había quedado un buen tramo más atrás, en el camino —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">. Chicas, adelante. Son libres.</span><br />
<br />
Kuumi rió.<br />
<br />
—<span style="color: tomato;" class="mycode_color">Genial. Pero comenzaré tomando algo de color.</span> —dijo antes de acomodarse fuera de los parasoles para recibir gustosa el sol de media mañana.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">Creo que yo iré a pasear un momento. No… No parece haber mucho problema por ese lado.</span> —Ranko señaló hacia las rocas.<br />
<br />
Komachi la despidió con un gesto de la mano, y Ranko comenzó a caminar hacia el este. Hacía ya mucho tiempo que no estaba en el País del Rayo, y hasta ese momento no conocía lo bellas que eran sus playas.<br />
<br />
<span style="color: plum;" class="mycode_color">”Es tan raro ver el mar a su mismo nivel, y no desde un risco…”</span> pensó, mientras deambulaba sobre la arena rumbo a la escollera. Tal vez por eso iba hacia las rocas.<br />
<br />
Tal vez.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Al fin un poco de calma?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-al-fin-un-poco-de-calma</link>
			<pubDate>Mon, 01 Jul 2019 19:01:36 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-al-fin-un-poco-de-calma</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En algún momento del verano del año 212...</span></div>
<br />
<br />
<br />
El carro se detuvo con un último traqueteo y el relincho del caballo puso fin a tan largo trayecto. El hombre que lo conducía, un muchacho larguirucho y nervioso como un ratón, bajó de un salto y abrió la puerta del compartimento.<br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">¡Ya hemos llegado, señores! ¡Espero que hayan tenido un agradable viaje!</span> —exclamó a viva voz, al tiempo que torcía el cuerpo en una destacada reverencia que casi le hizo tocar el suelo con la nariz.<br />
<br />
Desde dentro, un hosco gruñido respondió a tan afable bienvenida. Una mano, pálida y de dedos largos, se apoyó en el marco del carro antes de asomar el resto del cuerpo. Un hombre alto, de gesto tan duro como sus afilados ojos de color aguamarina y vestido con una camiseta de manga corta de color gris y pantalones largos igual de sobrios, fue el primero en salir. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Kōri, ayúdame con las maletas</span> —ordenó, y su voz era tan acerada como su propia mirada.<br />
<br />
—<span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Sí, padre</span> —respondió alguien desde el interior del carro, antes de salir detrás de su progenitor. Cualquiera podría haberlo confundido con un destello blanco, y no habría estado demasiado alejado de la realidad. Todo en Kōri era blanco, desde su piel albina, hasta sus cabellos como la nieve. Ni siquiera había llegado a la mayoría de edad, pero había cierta madurez en su mirada fría como el hielo absolutamente inusual en alguien tan joven como él.<br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">¡Oh, permítame que le ayude, señor!</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">No habrá más propinas</span> —espetó, sin ningún tipo de reparo—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Podemos encargarnos nosotros mismos. Vamos, Ayame, sal de una vez.</span><br />
<br />
La última en salir fue una niña de cabellos negros que le caían por encima de los hombros, pero se vio obligada a entrecerrar los ojos con gesto dolorido cuando la luz del sol acuchilló sin piedad sus pupilas. Aquella chiquilla de diez años, que había nacido en Amegakure y rara vez había salido de su tierra natal, no estaba nada acostumbrada a no tener un cielo nublado por encima de su cabeza. Cuando se vio cegada por la repentina luz del Sol. Con cierta timidez pero llena de curiosidad, la chiquilla ajustó la banda de tela con la que cubría su frente y miró a su alrededor mientras su padre y su hermano cargaban con las maletas.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">No llueve...</span> —comentó en voz alta, sorprendida—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Es una mala señal?</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Aquí no.</span><br />
<br />
Ayame se volvió hacia su padre, sorprendida, y de un par de zancadas se puso a su altura. Kōri les seguía en silencio.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Pero por qué en Amegakure sí es una mala señal y aquí no?</span> —preguntó.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Porque Amenokami no llega hasta aquí, estamos en el País del Rayo.</span><br />
<br />
Ayame se quedó un momento en silencio.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Entonces aquí vive Raijin? ¿El dios de los truenos? ¡No me gustan los truenos!</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡PLOC!</span></div>
<br />
Un golpecito con los nudillos en la coronilla, y la muchacha se calló con un gemido de dolor.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Anda, deja de decir gilipolleces y presta atención! No te vayas a caer.</span><br />
<br />
Ayame infló los carrillos, pero no protestó. Siguieron caminando junto al borde de un escarpado acantilado que se alzaba decenas de metros por encima de un mar embravecido que embestía una y otra vez, sin descanso, contra las rocas. Más adelante, una serie de cabañas de madera se alzaban sobre los acantilados, y una escalera tallada en la misma piedra descendía por aquella misma caída hasta una cala de arenas blancas donde el mar estaba mucho más tranquilo que en las zonas colindantes.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¡Ah, esa es la nuestra!</span> —exclamó Ayame, llena de felicidad y energía. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Ten cuidado, no te vayas a caer!</span> —bramó Zetsuo, cuando la chiquilla echó a correr en dirección a la casita—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Esta niña...</span><br />
<br />
Los dos Aotsuki llegaron poco después. Kōri entró directamente para dejar la maleta, pero Zetsuo se limitó a posarla momentáneamente en el suelo y estirar la espalda, disfrutando del momento como hacía mucho que no lo hacía. Desde luego, las últimas semanas en el hospital antes de coger las vacaciones de verano habían sido especialmente estresantes.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Ah... Al fin un poco de calma...</span><br />
<br />
Claro que nadie se había dado cuenta de que Ayame se había metido en la cabaña que no tocaba...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En algún momento del verano del año 212...</span></div>
<br />
<br />
<br />
El carro se detuvo con un último traqueteo y el relincho del caballo puso fin a tan largo trayecto. El hombre que lo conducía, un muchacho larguirucho y nervioso como un ratón, bajó de un salto y abrió la puerta del compartimento.<br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">¡Ya hemos llegado, señores! ¡Espero que hayan tenido un agradable viaje!</span> —exclamó a viva voz, al tiempo que torcía el cuerpo en una destacada reverencia que casi le hizo tocar el suelo con la nariz.<br />
<br />
Desde dentro, un hosco gruñido respondió a tan afable bienvenida. Una mano, pálida y de dedos largos, se apoyó en el marco del carro antes de asomar el resto del cuerpo. Un hombre alto, de gesto tan duro como sus afilados ojos de color aguamarina y vestido con una camiseta de manga corta de color gris y pantalones largos igual de sobrios, fue el primero en salir. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Kōri, ayúdame con las maletas</span> —ordenó, y su voz era tan acerada como su propia mirada.<br />
<br />
—<span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Sí, padre</span> —respondió alguien desde el interior del carro, antes de salir detrás de su progenitor. Cualquiera podría haberlo confundido con un destello blanco, y no habría estado demasiado alejado de la realidad. Todo en Kōri era blanco, desde su piel albina, hasta sus cabellos como la nieve. Ni siquiera había llegado a la mayoría de edad, pero había cierta madurez en su mirada fría como el hielo absolutamente inusual en alguien tan joven como él.<br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">¡Oh, permítame que le ayude, señor!</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">No habrá más propinas</span> —espetó, sin ningún tipo de reparo—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Podemos encargarnos nosotros mismos. Vamos, Ayame, sal de una vez.</span><br />
<br />
La última en salir fue una niña de cabellos negros que le caían por encima de los hombros, pero se vio obligada a entrecerrar los ojos con gesto dolorido cuando la luz del sol acuchilló sin piedad sus pupilas. Aquella chiquilla de diez años, que había nacido en Amegakure y rara vez había salido de su tierra natal, no estaba nada acostumbrada a no tener un cielo nublado por encima de su cabeza. Cuando se vio cegada por la repentina luz del Sol. Con cierta timidez pero llena de curiosidad, la chiquilla ajustó la banda de tela con la que cubría su frente y miró a su alrededor mientras su padre y su hermano cargaban con las maletas.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">No llueve...</span> —comentó en voz alta, sorprendida—. <span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Es una mala señal?</span><br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Aquí no.</span><br />
<br />
Ayame se volvió hacia su padre, sorprendida, y de un par de zancadas se puso a su altura. Kōri les seguía en silencio.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Pero por qué en Amegakure sí es una mala señal y aquí no?</span> —preguntó.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Porque Amenokami no llega hasta aquí, estamos en el País del Rayo.</span><br />
<br />
Ayame se quedó un momento en silencio.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Entonces aquí vive Raijin? ¿El dios de los truenos? ¡No me gustan los truenos!</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡PLOC!</span></div>
<br />
Un golpecito con los nudillos en la coronilla, y la muchacha se calló con un gemido de dolor.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Anda, deja de decir gilipolleces y presta atención! No te vayas a caer.</span><br />
<br />
Ayame infló los carrillos, pero no protestó. Siguieron caminando junto al borde de un escarpado acantilado que se alzaba decenas de metros por encima de un mar embravecido que embestía una y otra vez, sin descanso, contra las rocas. Más adelante, una serie de cabañas de madera se alzaban sobre los acantilados, y una escalera tallada en la misma piedra descendía por aquella misma caída hasta una cala de arenas blancas donde el mar estaba mucho más tranquilo que en las zonas colindantes.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¡Ah, esa es la nuestra!</span> —exclamó Ayame, llena de felicidad y energía. <br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">¡Ten cuidado, no te vayas a caer!</span> —bramó Zetsuo, cuando la chiquilla echó a correr en dirección a la casita—. <span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Esta niña...</span><br />
<br />
Los dos Aotsuki llegaron poco después. Kōri entró directamente para dejar la maleta, pero Zetsuo se limitó a posarla momentáneamente en el suelo y estirar la espalda, disfrutando del momento como hacía mucho que no lo hacía. Desde luego, las últimas semanas en el hospital antes de coger las vacaciones de verano habían sido especialmente estresantes.<br />
<br />
—<span style="color: royalblue;" class="mycode_color">Ah... Al fin un poco de calma...</span><br />
<br />
Claro que nadie se había dado cuenta de que Ayame se había metido en la cabaña que no tocaba...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¡Brindad marineros yoho!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-brindad-marineros-yoho</link>
			<pubDate>Sat, 20 Apr 2019 14:10:39 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-brindad-marineros-yoho</guid>
			<description><![CDATA[Las luces de Tanzaku Gai ya habían quedado muy atrás, apenas perceptibles como un manto iridiscente que se reflejaba en el cielo nocturno sobre las frondosas copas de los árboles en el horizonte, cuando Akame se detuvo por primera vez. A su alrededor la oscuridad de la noche les envolvía y el silencio del bosque sólo era roto por los ruidos de las alimañas y el canto de las aves nocturnas. Pese a ser Primavera, o tal vez por eso mismo, corría una brisa fresca que el Uchiha agradecía; la caminata le había hecho entrar en calor, con gotas de sudor que perlaban su frente, y aquel vientito que agitaba las hojas de los árboles le alivaba. Pese a que conservaba parte de su estado de forma, el omoide, el alcohol y la indigencia habían hecho estragos en él. Akame no era el de antes, al menos todavía no. Y su apresurada salida de incógnito de la ciudad —por buenos motivos— les había llevado a andar durante un par de horas sin descanso. <br />
<br />
El renegado apoyó la espalda contra el tronco del árbol más cercano y trató de recuperar el aliento con bocanadas ávidas. Por una parte, su instinto de supervivencia —convertido más bien en paranoia después de que Aotsuki Ayame les viera en el callejón del bar de Ime— le decía que no debía detenerse, pero sus piernas no daban para más sin un pequeño descanso. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«¿Hacia dónde vamos, de todos modos? El País del Agua está lejísimos, y si seguimos andando en esta dirección, pronto llegaremos a la frontera con la Espiral... ¿Y si en Uzu ya lo saben? ¿Y si me están buscando?»</span> Atravesar los territorios de su antigua Aldea, que le había apresado y ejecutado por traidor, no parecía la opción más recomendable.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Así que Mizu no Kuni. ¿Tienes alguna hoja de ruta? Porque si no, yo estaría más que encantado de sugerirte que nos alejemos de Uzushiogakure. No tengo tanta prisa por volver al Corral de los Quietos, a pesar de todo, es difícil decir que no me gusta contarme entre los vivos</span> —apostilló, con una sonrisa socarrona—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Si seguimos hacia el Sur, podríamos llegar a Taikarune al amanecer.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Las luces de Tanzaku Gai ya habían quedado muy atrás, apenas perceptibles como un manto iridiscente que se reflejaba en el cielo nocturno sobre las frondosas copas de los árboles en el horizonte, cuando Akame se detuvo por primera vez. A su alrededor la oscuridad de la noche les envolvía y el silencio del bosque sólo era roto por los ruidos de las alimañas y el canto de las aves nocturnas. Pese a ser Primavera, o tal vez por eso mismo, corría una brisa fresca que el Uchiha agradecía; la caminata le había hecho entrar en calor, con gotas de sudor que perlaban su frente, y aquel vientito que agitaba las hojas de los árboles le alivaba. Pese a que conservaba parte de su estado de forma, el omoide, el alcohol y la indigencia habían hecho estragos en él. Akame no era el de antes, al menos todavía no. Y su apresurada salida de incógnito de la ciudad —por buenos motivos— les había llevado a andar durante un par de horas sin descanso. <br />
<br />
El renegado apoyó la espalda contra el tronco del árbol más cercano y trató de recuperar el aliento con bocanadas ávidas. Por una parte, su instinto de supervivencia —convertido más bien en paranoia después de que Aotsuki Ayame les viera en el callejón del bar de Ime— le decía que no debía detenerse, pero sus piernas no daban para más sin un pequeño descanso. <span style="color: indianred; font-style: italic;">«¿Hacia dónde vamos, de todos modos? El País del Agua está lejísimos, y si seguimos andando en esta dirección, pronto llegaremos a la frontera con la Espiral... ¿Y si en Uzu ya lo saben? ¿Y si me están buscando?»</span> Atravesar los territorios de su antigua Aldea, que le había apresado y ejecutado por traidor, no parecía la opción más recomendable.<br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Así que Mizu no Kuni. ¿Tienes alguna hoja de ruta? Porque si no, yo estaría más que encantado de sugerirte que nos alejemos de Uzushiogakure. No tengo tanta prisa por volver al Corral de los Quietos, a pesar de todo, es difícil decir que no me gusta contarme entre los vivos</span> —apostilló, con una sonrisa socarrona—. <span style="color: khaki;" class="mycode_color">Si seguimos hacia el Sur, podríamos llegar a Taikarune al amanecer.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Dojo de Jade]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-dojo-de-jade</link>
			<pubDate>Wed, 31 Jan 2018 17:13:55 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-dojo-de-jade</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Buenas a todos. <br />
<br />
Antes de nada, gracias por participar. Espero conseguir que esto sea una experiencia gratificante para todos y al mismo tiempo una trama fluída, entretenida y llevadera. <br />
<br />
Como ya os comenté a algunos, mi objetivo en esta trama es ofreceros una experiencia de combate según el sistema del foro (con sus barras de PV, CK, sus números y demás). Podéis verlo, más que como una aventura o historia, como un "tutorial" (no me gusta llamarlo así, pero bueh) sobre todo lo que se me ocurra relacionado con el combate en NinjaWorld. <br />
<br />
Para empezar, en este post describiré el lugar donde estará ambientada la trama: el <span style="color: seagreen;" class="mycode_color">Dojo de Jade</span>. Como resumen rápido, se trata de —como su propio nombre indica— un dojo-santuario creado por un ninja veterano ya jubilado, llamado Hisui-sensei, que ofrece sus enseñanzas sólo a determinados alumnos. La principal ventaja que existe respecto al entrenamiento que pueda ofrecer cualquier sensei de cualquiera de las Tres Grandes Aldeas es que en el Dojo de Jade se reúnen ninjas de todo Oonindo. Y por tanto, los alumnos pueden entrenar contra todo tipo de oponentes. <br />
<br />
El Dojo está ubicado en un golfo de la Costa de las Olas Rompientes, en el País del Rayo, al Sureste de la Villa de las Aguas Termales. Esto quiere decir que se tardan <span style="color: crimson;" class="mycode_color">4 días a pie desde Uzushiogakure</span>, <span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">2 días y medio a pie desde Kusagakure</span> y <span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">5 días y medio a pie desde Amegakure</span>. Tened esto en cuenta, aunque por supuesto vuestros pjs pueden haber venido en carromato, a caballo, en barco, etc.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>En este <span style="color: gold;" class="mycode_color">turno inicial</span> debéis hacer un post narrando la llegada de vuestros personajes al Dojo. Los motivos por los que hayan venido los dejo a vuestra elección (<span style="color: red;" class="mycode_color">intentad ser coherentes con el trasfondo de vuestro pj a la hora de elegir una motivación</span>), aunque aquí tenéis una lista de sugerencias:<br />
<br />
- El pj ha recibido una invitación personal del Hisui-sensei para acudir a un curso de unos días en el Dojo.<br />
- El pj tiene algún sensei/amigo/familiar influyente que le ha conseguido un boleto para pasar unos días en el Dojo.<br />
- El pj tiene los recursos suficientes para pagarse un boleto y una estadía en el Dojo.</i></div>
<br />
Sin más, finalizo recordando algunas normas básicas para asegurar que la trama sea lo más fluída, entretenida y llevadera posible. <br />
<br />
- Los tiempos de espera son de 72 horas. Eso quiere decir que si en algún momento de la trama tardáis más de 3 días en responder de forma no justificada y/o sin avisar, quien sea (yo u otros usuarios) podrán saltaros el turno. Si esto se repite, seréis expulsados.<br />
- No manipular a ningún NPC ni rolear elementos del escenario, clima, etc. Ceñíos a vuestros propios pjs.<br />
- Por favor, <span style="color: gold;" class="mycode_color">tened en cuenta vuestros Atributos</span> a la hora de interactuar con los demás pjs y con el entorno. Voy a ser especialmente quisquilloso con este punto.<br />
<br />
¡A rolear!</div>
    </div>
</div>
<br />
<br />
<br />
Desde un rato antes de llegar, el majestuoso Dojo de Jade ya es visible, alzándose sobre las escarpadas paredes de acantilados de las Costa de las Olas Rompientes. No se trata sólo de un simple edificio a la vieja usanza, sino que su arquitectura tradicional —todo está construído utilizando, mayormente, madera— abarca toda una serie de edificios y lugares al aire libre que ocupan un buen tramo del golfo en el que está situado. <br />
<br />
Lo primero que se puede ver mientras uno se aproxima por el sendero que bordea los acantilados de la costa es el muro de madera que delimita el recinto. El primer detalle llamativo, para los observadores avispados, es que la empalizada no parece haber sido construída colocando largos tablones —el muro mide más de tres metros de alto— unos junto a otros, sino que está conformado por lo que parece ser un único <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bloque</span> de madera. El segundo; que no hay ni un sólo árbol en varios kilómetros a la redonda, como corresponde al paraje árido y seco de Kaminari no Kuni. <br />
<br />
Este muro, que rodea todo el Dojo, tiene dos entradas, una al Oeste y otra en el Este. Cuando se atraviesa alguno de los dos arcos de madera tallada que delimitan estas entradas, se puede ver el interior del Dojo. Por el Oeste se encuentran, primero, el edificio residencial donde vive Hisui-sensei y donde habitan, también, quienes trabajan para él; fundamentalmente personal de mantenimiento, cocineros y también sus alumnos internos. En este edificio se ubican, también, las habitaciones para invitados. Se trata de una construcción de estilo tradicional que levanta unos asombrosos tres pisos sobre el borde de los pedregosos riscos de la costa. En el primero se alojan los invitados y alumnos externos del Dojo, en el segundo el personal de servicio y en el tercero el maestro con sus discípulos. <br />
<br />
El edificio residencial es sencillo y humilde, pero elegante y acogedor al mismo tiempo. Dispone de cómodas habitaciones para los invitados y alumnos —consisten fundamentalmente en un cama, una mesa con una silla, una pequeña estantería, un armario ropero, una ventana que da al exterior del recinto o al patio interior de la residencia y un cuarto de baño individual—, una sala común muy amplia donde hay varias estanterías repletas de libros de diversos temas —historia de Oonindo y de los países, de las Aldeas, del Ninjutsu...— varias mesas y sillas para sentarse y leer, y demás. En el centro, además, hay un pequeño jardín interior con un estanque de agua corriente salpicado de coloridas carpas. A los lados, escaleras por las cuales se sube a los pisos superiores.<br />
<br />
Frente al edificio residencial hay un descampado vallado, especialmente preparado para el entrenamiento al aire libre. Dispone de varias pistas para practicar con diverso material; muñecos de madera, un circuito de obstáculos y demás. <br />
<br />
Hacia el Este del recinto se alza el imponente Dojo de Jade, propiamente dicho. Se trata de un dojo tradicional de un sólo piso construído en madera y ribeteado con detalles de color verde aguamarina, el mismo que lucen las brillantes tejas de su techo. El inmenso edificio está dividido en varias áreas y habitaciones separadas por tabiques y puertas de papel de arroz sumamente conservadoras. <br />
<br />
Frente a la cara Sur del Dojo, alzándose imponentes sobre el risco del acantilado y sobre las olas que golpean con fuerza las columnas de madera que las sostienen, hay varias plataformas de entrenamiento. El viento y el agua castigan de forma inclemente esta zona, por lo que el combatir y practicar en este lugar añade un considerable extra de riesgo y fatiga para cualquier alumno. <br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">Primera Flor</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 218</div></i></div>
<br />
Ya era casi mediodía cuando el anciano maestro descendió los escalones de madera de la entrada del edificio residencial con la mirada fija en el horizonte. El viento de Primavera —que en aquel lugar no solía ser cálido, sino más bien frío y desagradable—, amortiguado por las altas murallas de madera que rodeaban su hogar, le alborotó las rastras gises y blancas que le caían, largas, por los hombros y la espalda. Llevaba un kimono color marrón caoba, adornado con motivos florales de colores verdes y ribeteados de hilo dorado. En la cintura, un obi amarillo claro y en sus pies, unas viejas getas de madera. <br />
<br />
Aquella mañana de Primavera lucía soleada, algo común en aquella época del año, cuando ya dejaban atrás el mal tiempo del Invierno. Incluso allí, en mitad de la Costa de las Olas Rompientes, la llegada de épocas más cálidas era recibida con buen grado.<br />
<br />
Hisui-sensei, el respetado Maestro del Dojo de Jade escrutó el sendero a Este y Oeste con sus ojos verdes, siempre tan llenos de serenidad y la sabiduría que sólo una vida larga y llena de experiencia puede conferir. Estaba esperando a una nueva hornada de jóvenes y prometedores alumnos que deseaban buscar en él los conocimientos que en sus respectivas Aldeas no podían obtener. Para Hisui no era algo excepcional; cada año recibía muchos estudiantes con el mismo propósito. A algunos los entrenaba, a otros no. Pero siempre aprendía algo. <br />
<br />
<span style="color: seagreen; font-style: italic;">«Estos, de momento, llegan algo tarde. Y ya he limpiado el dojo cuatro veces. Ah, así es imposible dejar de fumar»</span>, pensó el viejo sensei mientras metía una mano dentro de su kimono. Sacó una pipa con algo de tabaco chamuscado y una caja de cerillas. Se puso el artilugio entre los labios, saboreando la inconfundible sequedad de la madera; encendió un fósforo y lo arrimó a la boca de la pipa. <br />
<br />
Entonces pipó con fuerza, expulsando el humo por las comisuras de sus labios. <br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Mapa del Dojo de Jade" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><a href="https://imgur.com/a/elGCi" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://imgur.com/a/elGCi</a><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Leyenda</span><br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1</span></span>: Edificio Residencial<br />
<span style="color: pink;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">2</span></span>: Patio de entrenamiento<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">3</span></span>: Dojo <br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">4</span></span>: Plataformas de entrenamiento<br />
<span style="color: brown;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Línea marrón</span></span>: Muro<br />
</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Buenas a todos. <br />
<br />
Antes de nada, gracias por participar. Espero conseguir que esto sea una experiencia gratificante para todos y al mismo tiempo una trama fluída, entretenida y llevadera. <br />
<br />
Como ya os comenté a algunos, mi objetivo en esta trama es ofreceros una experiencia de combate según el sistema del foro (con sus barras de PV, CK, sus números y demás). Podéis verlo, más que como una aventura o historia, como un "tutorial" (no me gusta llamarlo así, pero bueh) sobre todo lo que se me ocurra relacionado con el combate en NinjaWorld. <br />
<br />
Para empezar, en este post describiré el lugar donde estará ambientada la trama: el <span style="color: seagreen;" class="mycode_color">Dojo de Jade</span>. Como resumen rápido, se trata de —como su propio nombre indica— un dojo-santuario creado por un ninja veterano ya jubilado, llamado Hisui-sensei, que ofrece sus enseñanzas sólo a determinados alumnos. La principal ventaja que existe respecto al entrenamiento que pueda ofrecer cualquier sensei de cualquiera de las Tres Grandes Aldeas es que en el Dojo de Jade se reúnen ninjas de todo Oonindo. Y por tanto, los alumnos pueden entrenar contra todo tipo de oponentes. <br />
<br />
El Dojo está ubicado en un golfo de la Costa de las Olas Rompientes, en el País del Rayo, al Sureste de la Villa de las Aguas Termales. Esto quiere decir que se tardan <span style="color: crimson;" class="mycode_color">4 días a pie desde Uzushiogakure</span>, <span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">2 días y medio a pie desde Kusagakure</span> y <span style="color: cornflowerblue;" class="mycode_color">5 días y medio a pie desde Amegakure</span>. Tened esto en cuenta, aunque por supuesto vuestros pjs pueden haber venido en carromato, a caballo, en barco, etc.<br />
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<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>En este <span style="color: gold;" class="mycode_color">turno inicial</span> debéis hacer un post narrando la llegada de vuestros personajes al Dojo. Los motivos por los que hayan venido los dejo a vuestra elección (<span style="color: red;" class="mycode_color">intentad ser coherentes con el trasfondo de vuestro pj a la hora de elegir una motivación</span>), aunque aquí tenéis una lista de sugerencias:<br />
<br />
- El pj ha recibido una invitación personal del Hisui-sensei para acudir a un curso de unos días en el Dojo.<br />
- El pj tiene algún sensei/amigo/familiar influyente que le ha conseguido un boleto para pasar unos días en el Dojo.<br />
- El pj tiene los recursos suficientes para pagarse un boleto y una estadía en el Dojo.</i></div>
<br />
Sin más, finalizo recordando algunas normas básicas para asegurar que la trama sea lo más fluída, entretenida y llevadera posible. <br />
<br />
- Los tiempos de espera son de 72 horas. Eso quiere decir que si en algún momento de la trama tardáis más de 3 días en responder de forma no justificada y/o sin avisar, quien sea (yo u otros usuarios) podrán saltaros el turno. Si esto se repite, seréis expulsados.<br />
- No manipular a ningún NPC ni rolear elementos del escenario, clima, etc. Ceñíos a vuestros propios pjs.<br />
- Por favor, <span style="color: gold;" class="mycode_color">tened en cuenta vuestros Atributos</span> a la hora de interactuar con los demás pjs y con el entorno. Voy a ser especialmente quisquilloso con este punto.<br />
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¡A rolear!</div>
    </div>
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Desde un rato antes de llegar, el majestuoso Dojo de Jade ya es visible, alzándose sobre las escarpadas paredes de acantilados de las Costa de las Olas Rompientes. No se trata sólo de un simple edificio a la vieja usanza, sino que su arquitectura tradicional —todo está construído utilizando, mayormente, madera— abarca toda una serie de edificios y lugares al aire libre que ocupan un buen tramo del golfo en el que está situado. <br />
<br />
Lo primero que se puede ver mientras uno se aproxima por el sendero que bordea los acantilados de la costa es el muro de madera que delimita el recinto. El primer detalle llamativo, para los observadores avispados, es que la empalizada no parece haber sido construída colocando largos tablones —el muro mide más de tres metros de alto— unos junto a otros, sino que está conformado por lo que parece ser un único <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bloque</span> de madera. El segundo; que no hay ni un sólo árbol en varios kilómetros a la redonda, como corresponde al paraje árido y seco de Kaminari no Kuni. <br />
<br />
Este muro, que rodea todo el Dojo, tiene dos entradas, una al Oeste y otra en el Este. Cuando se atraviesa alguno de los dos arcos de madera tallada que delimitan estas entradas, se puede ver el interior del Dojo. Por el Oeste se encuentran, primero, el edificio residencial donde vive Hisui-sensei y donde habitan, también, quienes trabajan para él; fundamentalmente personal de mantenimiento, cocineros y también sus alumnos internos. En este edificio se ubican, también, las habitaciones para invitados. Se trata de una construcción de estilo tradicional que levanta unos asombrosos tres pisos sobre el borde de los pedregosos riscos de la costa. En el primero se alojan los invitados y alumnos externos del Dojo, en el segundo el personal de servicio y en el tercero el maestro con sus discípulos. <br />
<br />
El edificio residencial es sencillo y humilde, pero elegante y acogedor al mismo tiempo. Dispone de cómodas habitaciones para los invitados y alumnos —consisten fundamentalmente en un cama, una mesa con una silla, una pequeña estantería, un armario ropero, una ventana que da al exterior del recinto o al patio interior de la residencia y un cuarto de baño individual—, una sala común muy amplia donde hay varias estanterías repletas de libros de diversos temas —historia de Oonindo y de los países, de las Aldeas, del Ninjutsu...— varias mesas y sillas para sentarse y leer, y demás. En el centro, además, hay un pequeño jardín interior con un estanque de agua corriente salpicado de coloridas carpas. A los lados, escaleras por las cuales se sube a los pisos superiores.<br />
<br />
Frente al edificio residencial hay un descampado vallado, especialmente preparado para el entrenamiento al aire libre. Dispone de varias pistas para practicar con diverso material; muñecos de madera, un circuito de obstáculos y demás. <br />
<br />
Hacia el Este del recinto se alza el imponente Dojo de Jade, propiamente dicho. Se trata de un dojo tradicional de un sólo piso construído en madera y ribeteado con detalles de color verde aguamarina, el mismo que lucen las brillantes tejas de su techo. El inmenso edificio está dividido en varias áreas y habitaciones separadas por tabiques y puertas de papel de arroz sumamente conservadoras. <br />
<br />
Frente a la cara Sur del Dojo, alzándose imponentes sobre el risco del acantilado y sobre las olas que golpean con fuerza las columnas de madera que las sostienen, hay varias plataformas de entrenamiento. El viento y el agua castigan de forma inclemente esta zona, por lo que el combatir y practicar en este lugar añade un considerable extra de riesgo y fatiga para cualquier alumno. <br />
<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">Primera Flor</span>, <span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Primavera</span> del año 218</div></i></div>
<br />
Ya era casi mediodía cuando el anciano maestro descendió los escalones de madera de la entrada del edificio residencial con la mirada fija en el horizonte. El viento de Primavera —que en aquel lugar no solía ser cálido, sino más bien frío y desagradable—, amortiguado por las altas murallas de madera que rodeaban su hogar, le alborotó las rastras gises y blancas que le caían, largas, por los hombros y la espalda. Llevaba un kimono color marrón caoba, adornado con motivos florales de colores verdes y ribeteados de hilo dorado. En la cintura, un obi amarillo claro y en sus pies, unas viejas getas de madera. <br />
<br />
Aquella mañana de Primavera lucía soleada, algo común en aquella época del año, cuando ya dejaban atrás el mal tiempo del Invierno. Incluso allí, en mitad de la Costa de las Olas Rompientes, la llegada de épocas más cálidas era recibida con buen grado.<br />
<br />
Hisui-sensei, el respetado Maestro del Dojo de Jade escrutó el sendero a Este y Oeste con sus ojos verdes, siempre tan llenos de serenidad y la sabiduría que sólo una vida larga y llena de experiencia puede conferir. Estaba esperando a una nueva hornada de jóvenes y prometedores alumnos que deseaban buscar en él los conocimientos que en sus respectivas Aldeas no podían obtener. Para Hisui no era algo excepcional; cada año recibía muchos estudiantes con el mismo propósito. A algunos los entrenaba, a otros no. Pero siempre aprendía algo. <br />
<br />
<span style="color: seagreen; font-style: italic;">«Estos, de momento, llegan algo tarde. Y ya he limpiado el dojo cuatro veces. Ah, así es imposible dejar de fumar»</span>, pensó el viejo sensei mientras metía una mano dentro de su kimono. Sacó una pipa con algo de tabaco chamuscado y una caja de cerillas. Se puso el artilugio entre los labios, saboreando la inconfundible sequedad de la madera; encendió un fósforo y lo arrimó a la boca de la pipa. <br />
<br />
Entonces pipó con fuerza, expulsando el humo por las comisuras de sus labios. <br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Mapa del Dojo de Jade" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><a href="https://imgur.com/a/elGCi" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">https://imgur.com/a/elGCi</a><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Leyenda</span><br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">1</span></span>: Edificio Residencial<br />
<span style="color: pink;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">2</span></span>: Patio de entrenamiento<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">3</span></span>: Dojo <br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">4</span></span>: Plataformas de entrenamiento<br />
<span style="color: brown;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Línea marrón</span></span>: Muro<br />
</div>
    </div>
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