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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Historias antiguas]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 29 Apr 2026 07:48:11 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Historia Kazutaka (construcción)]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-historia-kazutaka-construccion</link>
			<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 02:17:54 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Shizen</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-historia-kazutaka-construccion</guid>
			<description><![CDATA[Capítulo 1 El momento esperado <br />
<br />
Son muchos los clanes shinobis que poseen rituales de iniciación, cada uno como modo de transición y reconocimiento de sus integrantes. Dentro de esta extensa gama tenemos al clan Aburame, los cuales son reconocido por su arte ninja, el cual consiste en el control de insectos, dicho de una manera simplificada. Pero, para obtener esta singular habilidad, deben someterse a una de estas tradicionales iniciaciones ninja y es así como comienza esta historia.<br />
<br />
En una noche, no muy distinta a otras, sombras se desplazan por la oscuridad. Estas se mueven como si fueran relámpagos en el mismo cielo, sin más sonido que algunas hojas de los árboles que pisan en su rápido pasaje por los callejones. Retazos de luz, producto de la luna inmensa en el cielo, dejan ver un poco mejor aquellos fantasmas, los cuales parecen disminuir su ritmo.<br />
<br />
Un edificio enorme se encuentra frente a ellos, este se ve algo singular, ya que al parecer era uno muy importante. Con un enorme entrada, un símbolo era iluminado por la luz nocturna, este era común verlo en soldados de aquellas misteriosas aldeas, donde, se decía encontrar a los mejores guerreros.<br />
<br />
Nuevamente aquellos dos entes misteriosos parecen moverse, pero con más cautela, dejando a simple vista una canasta de paja, envuelta en su parte superior con una manta blanca. Una de aquellas sombras, se aleja rápidamente del lugar, mientras que la otra aun parece inmóvil ante el objeto que yacía en el suelo. La noche llegaba a su fin lentamente, aclarándose suavemente y descubriendo unos claros, en lo que empezaba a tomar forma como una persona y más aún una mujer, que dejaba una pequeña estela de lágrima en su rostro, que sin más, de un salto desaparecía entre los restos de la madrugada. <br />
<br />
Capitulo 2 Un último día de trabajo o tal vez el comienzo de otro<br />
<br />
Yukio, una fiel trabajadora en las oficinas del kage, se dirigía a su despacho por un llamado oficial del mismo.  Había estado ahí desde hace más de 8 años, desde que, sufrió fuertes lesiones en una batalla durante una misión muy importante. Aunque en sus momentos de gloria, era reconocida como una bondadosa y misericordiosa shinobi, muchos dicen que desde aquel enfrenamiento, sus heridas no solo fueron corporales. Hoy solo se puede ver a una mujer adulta, fría, muy estricta y servicial a su aldea, pero que, suele mostrar rasgos sombríos y síntomas de bipolaridad.<br />
<br />
Ya muy cerca de su destino, puede ver por las distintas oficinas y lugares dentro de aquella construcción, gente que se mueve por todos lados y que se hablan en voz baja, con miradas curiosas. Frente a un enorme portón, lo espera un shinobi de alto rango al parecer por su vestimenta el cual lo escolta al interior de la oficina principal donde se encontraría con nada menos que el kage de su aldea.<br />
<br />
Este la miro con una seriedad y ambos se cruzaron una mirada de unos minutos, hasta que aquel personaje tan importante, empezó a dirigirle algunas palabras, las cuales al parecer asombraron mucho a Yukio, quien no pudo ocultar su cara de impresión, seguida de una mueca que intentaba hacer desapercibida una expresión de molestia. Mientras su superior continuaba con su charla, de repente saco un pergamino, el cual estaba en un cajón del escritorio, colocando el mismo sobre la mesada, con una última frase que al parecer dejo perpleja a su acompañante. Aquella sorprendida mujer, quedo paralizada unos instantes, antes de oír nuevamente palabras que salían de su boca, a medida que se acercaba a aquel escrito, tomándolo con algo más de fuerza de lo necesario, observándolo unos segundo para levantarlo y marcarse sin decir nada.<br />
<br />
Capitulo 3 los primeros pasos de un shinobi]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Capítulo 1 El momento esperado <br />
<br />
Son muchos los clanes shinobis que poseen rituales de iniciación, cada uno como modo de transición y reconocimiento de sus integrantes. Dentro de esta extensa gama tenemos al clan Aburame, los cuales son reconocido por su arte ninja, el cual consiste en el control de insectos, dicho de una manera simplificada. Pero, para obtener esta singular habilidad, deben someterse a una de estas tradicionales iniciaciones ninja y es así como comienza esta historia.<br />
<br />
En una noche, no muy distinta a otras, sombras se desplazan por la oscuridad. Estas se mueven como si fueran relámpagos en el mismo cielo, sin más sonido que algunas hojas de los árboles que pisan en su rápido pasaje por los callejones. Retazos de luz, producto de la luna inmensa en el cielo, dejan ver un poco mejor aquellos fantasmas, los cuales parecen disminuir su ritmo.<br />
<br />
Un edificio enorme se encuentra frente a ellos, este se ve algo singular, ya que al parecer era uno muy importante. Con un enorme entrada, un símbolo era iluminado por la luz nocturna, este era común verlo en soldados de aquellas misteriosas aldeas, donde, se decía encontrar a los mejores guerreros.<br />
<br />
Nuevamente aquellos dos entes misteriosos parecen moverse, pero con más cautela, dejando a simple vista una canasta de paja, envuelta en su parte superior con una manta blanca. Una de aquellas sombras, se aleja rápidamente del lugar, mientras que la otra aun parece inmóvil ante el objeto que yacía en el suelo. La noche llegaba a su fin lentamente, aclarándose suavemente y descubriendo unos claros, en lo que empezaba a tomar forma como una persona y más aún una mujer, que dejaba una pequeña estela de lágrima en su rostro, que sin más, de un salto desaparecía entre los restos de la madrugada. <br />
<br />
Capitulo 2 Un último día de trabajo o tal vez el comienzo de otro<br />
<br />
Yukio, una fiel trabajadora en las oficinas del kage, se dirigía a su despacho por un llamado oficial del mismo.  Había estado ahí desde hace más de 8 años, desde que, sufrió fuertes lesiones en una batalla durante una misión muy importante. Aunque en sus momentos de gloria, era reconocida como una bondadosa y misericordiosa shinobi, muchos dicen que desde aquel enfrenamiento, sus heridas no solo fueron corporales. Hoy solo se puede ver a una mujer adulta, fría, muy estricta y servicial a su aldea, pero que, suele mostrar rasgos sombríos y síntomas de bipolaridad.<br />
<br />
Ya muy cerca de su destino, puede ver por las distintas oficinas y lugares dentro de aquella construcción, gente que se mueve por todos lados y que se hablan en voz baja, con miradas curiosas. Frente a un enorme portón, lo espera un shinobi de alto rango al parecer por su vestimenta el cual lo escolta al interior de la oficina principal donde se encontraría con nada menos que el kage de su aldea.<br />
<br />
Este la miro con una seriedad y ambos se cruzaron una mirada de unos minutos, hasta que aquel personaje tan importante, empezó a dirigirle algunas palabras, las cuales al parecer asombraron mucho a Yukio, quien no pudo ocultar su cara de impresión, seguida de una mueca que intentaba hacer desapercibida una expresión de molestia. Mientras su superior continuaba con su charla, de repente saco un pergamino, el cual estaba en un cajón del escritorio, colocando el mismo sobre la mesada, con una última frase que al parecer dejo perpleja a su acompañante. Aquella sorprendida mujer, quedo paralizada unos instantes, antes de oír nuevamente palabras que salían de su boca, a medida que se acercaba a aquel escrito, tomándolo con algo más de fuerza de lo necesario, observándolo unos segundo para levantarlo y marcarse sin decir nada.<br />
<br />
Capitulo 3 los primeros pasos de un shinobi]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Sus Pertenencias, Mis Recuerdos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-sus-pertenencias-mis-recuerdos</link>
			<pubDate>Sun, 07 Feb 2016 18:15:51 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Yusei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-sus-pertenencias-mis-recuerdos</guid>
			<description><![CDATA[Desde pequeño siempre supo que era adoptado, él no se parecía a sus “padres” ni a sus “hermanos” ellos tenían cabelleras negras y tez oscura y él tenía el cabello rubio, algo no encajaba en la historia, y aunque eso no era un indicador exacto para asumir aquello tenía en su mente recuerdos vagos de un lugar con varios niños con los que solía jugar, adosado a eso sus hermanastros siempre le dijeron que era adoptado. <br />
<br />
Afortunadamente esta familia era adinerada, podía decirse que vivían muy bien, y Yusei creció varios años de su vida junto a estas personas. Sus padrastros le transmitían amor y cariño, y en ocasiones sus hermanastros, pero no del todo, ya que sentían cierto recelo porque el rubio era el más pequeño de la casa, y nuestra madre siempre decía que le gustaban los chicos de cabellera dorada, por lo que era “el consentido” de cierta manera.<br />
<br />
En una primavera la señora de la casa tuvo que salir a concluir algunos trámites y negocios a algún pueblo o ciudad del que Yusei seguía ajeno, por otro lado su padre se quedó cuidando a sus progenitores. El tiempo empezó a transcurrir y la mujer nunca volvió; a pesar de los esfuerzos de su esposo por ofrecer recompensas y publicar carteles en su búsqueda nadie ni nada dio respuesta. El hogar se llenó de tristeza y desesperación, incógnitas rondaban en la cabeza de todos.<br />
<br />
Las lunas siguieron pasando y la esposa nada que aparecía, ni daba señales de vida. Finalmente su esposo, el padrastro de Yusei, decidió salir en su búsqueda o por lo menos para saber algún motivo o razón de ella, información, lo que fuera. Varios días después uno de los acompañantes volvió a casa anunciando la muerte del señor en un accidente atroz.<br />
<br />
A partir de ese día todo cambió, Yusei nunca lo olvidará aquel momento, las lágrimas inundaron su rostro y el mundo de él y sus hermanos se entristeció en la soledad. En ocasiones el menor dormía en el padre de su padre difunto y su madre pérdida, buscando entre sus cosas y obteniendo recuerdos, impregnándose del olor de ellos para recordarlos.<br />
<br />
Sin embargo, el dolor, los llantos y la tristeza de sus únicos familiares no duró mucho, porque ahora había que repartir la herencia; la codicia los invadió y mientras ellos sacaban cuentas llegaron al acuerdo de que el adoptado no merecía recibir nada, después de todo no era hijo legitimo del matrimonio de aquella pareja adinerada. <br />
<br />
Sus hermanastros habían estado hablando entre ellos para buscar una forma en sacar al pequeño de la casa, habían planeado varias formas de hacerlo, incluso de desaparecer físicamente la presencia del rubio, por cosas del destino escuchó lo que planeaban los avariciosos y esa misma noche decidió huir de su hogar, pero antes paso por el cuarto de sus padrastros y decidió llevarse un recuerdo de ambos; de su padre decidió elegir una cadena metálica con un dije, también de metal, que aparentaba ser un diente de algún felino prehistórico; elegir algún objeto de su madre fue un poco más difícil, pero luego observo a la pared un enorme abanico que yacía sobre la cama, había escuchado siempre que era un objeto apreciado por ella y decidió que se lo llevaría.<br />
<br />
Esa misma noche con unos cuantos ryos, un poco de comida y las pertenencias de sus padres salió de la casa,  caminaba sin rumbo, porque no sabía a donde ir pero lo de lo que estaba seguro es que se alejaba de aquel pueblo en el que había crecido. El camino se le hizo bastante difícil por el abanico tan extravagante que decidió llevar, pero se negaba a dejarlo abandonado. Y así pasaron varios días, sus reservas de habían acabado y se encontraba en medio del bosque, malas decisiones había tomado y pagó por ellas quedando inconsciente entre las raíces de un gran árbol.<br />
<br />
Yusei tardó en despertar varios días hasta que finalmente abrió los ojos y se topó en un lugar ajeno, parecía una casa, se encontraba en una cálida cama y observó a su alrededor, estaba sólo, se levantó  de golpe, sentándose, un fuerte dolor de cabeza lo atacó y se encontraba un poco mareado; rápidamente busco en su cuello la cadena que había llevado consigo y estaba ahí, por otro lado buscaba el abanico con la mirada pero no lo encontró así que decidió aventurarse en aquel lugar extraño y se puso de pie y al dar el tercer paso cayó y llamó la atención de la persona que lo había salvado, una mujer de cabellera negra, era una ninja, pudo ver su protector con una flecha descendente.<br />
<br />
Yusei duró unos días en la casa de aquella kunoichi, en los cuales se recuperó casi en su totalidad, él estaba muy agradecido con la mujer por salvar su vida y sobre todo por traer sus pertenencias. Después pasó a formar parte de un sistema de protección de la aldea y fue asignado a una residencia con más personas en su situación. <br />
<br />
El rubio recibió una invitación por parte de su salvadora, ella quería que él se alistara en la fuerza armada de la aldea y él no tenía nada más que aceptar, era convertirse en un ninja o ser un civil. Los shinobis tenían más beneficios o eso creía él y por eso decidió asistir a la academia ninja de Takigakure.<br />
<br />
En su estadía en la academia siempre llevaba consigo el abanico y el dije, eran sus pertenencias más preciadas, incluso ya se había acostumbrado a cargar el gran objeto metálico. Su interés y atención le abrió las puertas en su aprendizaje por lo que destacó, no como los mejores de su salón, pero sí le iba bastante bien. <br />
<br />
Cierto día mientras volvía de la academia se topó con un personaje bastante particular, su cuerpo estaba cubierto con un abrigo marrón oscuro y su cara tapada con una máscara de porcelana blanca y con ciertos rasgos salvajes dibujadas en ella, en una corta charla con aquel sujeto extraño entendió que aquel abanico era un arma bastante rara y poderosa. Desde entonces decidió aprender a utilizar el objeto de su madre y insistió miles de veces en la academia para encontrar a alguien que le mostrara cómo usarla.<br />
<br />
La vida de Yusei cambió, no se sabe sí para mejor o peor, pero lo importante es que se encontraba vivo, en Takigakure No Sato y ahora era un genin de la aldea.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Desde pequeño siempre supo que era adoptado, él no se parecía a sus “padres” ni a sus “hermanos” ellos tenían cabelleras negras y tez oscura y él tenía el cabello rubio, algo no encajaba en la historia, y aunque eso no era un indicador exacto para asumir aquello tenía en su mente recuerdos vagos de un lugar con varios niños con los que solía jugar, adosado a eso sus hermanastros siempre le dijeron que era adoptado. <br />
<br />
Afortunadamente esta familia era adinerada, podía decirse que vivían muy bien, y Yusei creció varios años de su vida junto a estas personas. Sus padrastros le transmitían amor y cariño, y en ocasiones sus hermanastros, pero no del todo, ya que sentían cierto recelo porque el rubio era el más pequeño de la casa, y nuestra madre siempre decía que le gustaban los chicos de cabellera dorada, por lo que era “el consentido” de cierta manera.<br />
<br />
En una primavera la señora de la casa tuvo que salir a concluir algunos trámites y negocios a algún pueblo o ciudad del que Yusei seguía ajeno, por otro lado su padre se quedó cuidando a sus progenitores. El tiempo empezó a transcurrir y la mujer nunca volvió; a pesar de los esfuerzos de su esposo por ofrecer recompensas y publicar carteles en su búsqueda nadie ni nada dio respuesta. El hogar se llenó de tristeza y desesperación, incógnitas rondaban en la cabeza de todos.<br />
<br />
Las lunas siguieron pasando y la esposa nada que aparecía, ni daba señales de vida. Finalmente su esposo, el padrastro de Yusei, decidió salir en su búsqueda o por lo menos para saber algún motivo o razón de ella, información, lo que fuera. Varios días después uno de los acompañantes volvió a casa anunciando la muerte del señor en un accidente atroz.<br />
<br />
A partir de ese día todo cambió, Yusei nunca lo olvidará aquel momento, las lágrimas inundaron su rostro y el mundo de él y sus hermanos se entristeció en la soledad. En ocasiones el menor dormía en el padre de su padre difunto y su madre pérdida, buscando entre sus cosas y obteniendo recuerdos, impregnándose del olor de ellos para recordarlos.<br />
<br />
Sin embargo, el dolor, los llantos y la tristeza de sus únicos familiares no duró mucho, porque ahora había que repartir la herencia; la codicia los invadió y mientras ellos sacaban cuentas llegaron al acuerdo de que el adoptado no merecía recibir nada, después de todo no era hijo legitimo del matrimonio de aquella pareja adinerada. <br />
<br />
Sus hermanastros habían estado hablando entre ellos para buscar una forma en sacar al pequeño de la casa, habían planeado varias formas de hacerlo, incluso de desaparecer físicamente la presencia del rubio, por cosas del destino escuchó lo que planeaban los avariciosos y esa misma noche decidió huir de su hogar, pero antes paso por el cuarto de sus padrastros y decidió llevarse un recuerdo de ambos; de su padre decidió elegir una cadena metálica con un dije, también de metal, que aparentaba ser un diente de algún felino prehistórico; elegir algún objeto de su madre fue un poco más difícil, pero luego observo a la pared un enorme abanico que yacía sobre la cama, había escuchado siempre que era un objeto apreciado por ella y decidió que se lo llevaría.<br />
<br />
Esa misma noche con unos cuantos ryos, un poco de comida y las pertenencias de sus padres salió de la casa,  caminaba sin rumbo, porque no sabía a donde ir pero lo de lo que estaba seguro es que se alejaba de aquel pueblo en el que había crecido. El camino se le hizo bastante difícil por el abanico tan extravagante que decidió llevar, pero se negaba a dejarlo abandonado. Y así pasaron varios días, sus reservas de habían acabado y se encontraba en medio del bosque, malas decisiones había tomado y pagó por ellas quedando inconsciente entre las raíces de un gran árbol.<br />
<br />
Yusei tardó en despertar varios días hasta que finalmente abrió los ojos y se topó en un lugar ajeno, parecía una casa, se encontraba en una cálida cama y observó a su alrededor, estaba sólo, se levantó  de golpe, sentándose, un fuerte dolor de cabeza lo atacó y se encontraba un poco mareado; rápidamente busco en su cuello la cadena que había llevado consigo y estaba ahí, por otro lado buscaba el abanico con la mirada pero no lo encontró así que decidió aventurarse en aquel lugar extraño y se puso de pie y al dar el tercer paso cayó y llamó la atención de la persona que lo había salvado, una mujer de cabellera negra, era una ninja, pudo ver su protector con una flecha descendente.<br />
<br />
Yusei duró unos días en la casa de aquella kunoichi, en los cuales se recuperó casi en su totalidad, él estaba muy agradecido con la mujer por salvar su vida y sobre todo por traer sus pertenencias. Después pasó a formar parte de un sistema de protección de la aldea y fue asignado a una residencia con más personas en su situación. <br />
<br />
El rubio recibió una invitación por parte de su salvadora, ella quería que él se alistara en la fuerza armada de la aldea y él no tenía nada más que aceptar, era convertirse en un ninja o ser un civil. Los shinobis tenían más beneficios o eso creía él y por eso decidió asistir a la academia ninja de Takigakure.<br />
<br />
En su estadía en la academia siempre llevaba consigo el abanico y el dije, eran sus pertenencias más preciadas, incluso ya se había acostumbrado a cargar el gran objeto metálico. Su interés y atención le abrió las puertas en su aprendizaje por lo que destacó, no como los mejores de su salón, pero sí le iba bastante bien. <br />
<br />
Cierto día mientras volvía de la academia se topó con un personaje bastante particular, su cuerpo estaba cubierto con un abrigo marrón oscuro y su cara tapada con una máscara de porcelana blanca y con ciertos rasgos salvajes dibujadas en ella, en una corta charla con aquel sujeto extraño entendió que aquel abanico era un arma bastante rara y poderosa. Desde entonces decidió aprender a utilizar el objeto de su madre y insistió miles de veces en la academia para encontrar a alguien que le mostrara cómo usarla.<br />
<br />
La vida de Yusei cambió, no se sabe sí para mejor o peor, pero lo importante es que se encontraba vivo, en Takigakure No Sato y ahora era un genin de la aldea.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[A daga y espada]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-a-daga-y-espada</link>
			<pubDate>Tue, 26 Jan 2016 19:08:53 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-a-daga-y-espada</guid>
			<description><![CDATA[Mediante el pillaje y el engaño, Len se ganó la vida en las crudas calles de Amegakure durante casi toda su infancia, a base de estafas y robos con tan solo 5 años, se convirtió en un pequeño y afamado ladronzuelo de poca monta.. Perteneciendo a un pequeño grupo de refugiados y mendigos que llegaban a la aldea; vivían en los suburbios escondidos en oscuras casas camufladas y olvidadas en perdidas calles y alcantarillas. El susodicho grupo, robaba en las tiendas y a los visitantes para poder sobrevivir, hasta que un día, alguien de estos desfavorecidos ansioso de codicia quiso ir mas allá. De tal manera que a cambio de una mejor situación económico-social, revelo la ubicación del hogar de estos picaros.<br />
<br />
Y en este oficio, se hacen pocos amigos... Gente poderosa que había sido robada y no consentían ese tipo de tonterías, ya fuese por un bastón para andar tan común que se puede comprar en cualquier tienda como un reloj de oro, decidieron tomar cartas en el asunto liquidando a todos los que encontraron. Ninguno de estos niños, conocía las artes ninjas ni tuvieron ocasión de practicarlas en la escuela por motivos evidentes, pero Len quien quería mejorar el estatus quo de todos sus compañeros y amigos, se dedico a observar a diversos ninjas tanto de escuela como otros mucho mas expertos, e intentar mejorar sus habilidades.<br />
<br />
Habiendo utilizado las técnicas básicas ninjas durante una larga temporada logro poder utilizarlas y así consiguió evitar caer en aquella masacre que hubo en el pequeño hogar de escombros. <br />
<br />
Con su hogar destruido, vago nuevamente por las calles de la ciudad hasta caer agotado, siendo recogido por un anciano que regentaba una pequeña tienda de dulces. Vivió varios años con el anciano en su pequeña tienda de dos pisos, y con el tiempo, tanto la gente como ellos, acabaron considerándose abuelo y nieto. Gracias al considerado anciano. Durante los primeros años, Len no quiso saber nada sobre el mundo ninja y se decidió a vivir una vida civil, pero un día, mientras limpiaba una habitación, descubrió un pequeño pasadizo donde el anciano guardaba antiguos pergaminos, armas y demás objetos similares. El viejo resulto nada mas y nada menos que ser un afamado y poderoso ninja, que con el tiempo decidió jubilarse. Tras varios días después de haber descubierto su secreto, Len le pidió ayuda ya que quería convertirse en alguien poderoso para poder vengar a su antigua familia, tras una larga charla en la que el anciano se negó constantemente, decidió enseñarle bajo una única razón, y es que si encontrase quien fue el traidor, su primera respuesta no sería la fuerza bruta, si no que buscaría una respuesta y que tras ello meditase hasta llegar a una conclusión, a ser posible que no desembocase en violencia. Aceptando los términos del anciano, Len pudo entrar en la academia y conseguido avanzar en su aprendizaje, aunque gran parte de su avance, fue gracias al anciano.<br />
<br />
Finalmente, logro graduarse con 12 años con una nota sobresaliente en todos los campos de la escuela, pero un año antes de acabar sus estudios, el anciano falleció por causas naturales y pidió ser enterrado como última voluntad en el pequeño descampado detrás de su casa. Len se vio muy afectado por su perdida, volvió a perder a su familia por causas que se escapaban de sus manos. Tras acabar su graduación, fue a la tumba de su abuelo, a despedirse de él, mostrándole las notas a una lapida de piedra y pasando una fría y oscura noche durmiendo a su lado. Tras varias semanas durmiendo al lado de la lapida por puro agotamiento, casi sin comer nada y meditando sobre que iba a ser de él desde ese momento, decidió convertirse en un poderoso ninja y buscar al causante de lo que el considero el primer mal de su vida, para que su 'abuelo' se sintiera orgulloso, no por el hecho de haberse cobrado venganza, sino por el hecho de haber encontrado finalmente las respuestas a sus incógnitas. <br />
<br />
<div align="center">Las mentes infantiles son tan interesantes... ¿Sera las respuestas lo único que tomes en tu nombre? ¿O bañaras también tu cuerpo en sangre?</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Mediante el pillaje y el engaño, Len se ganó la vida en las crudas calles de Amegakure durante casi toda su infancia, a base de estafas y robos con tan solo 5 años, se convirtió en un pequeño y afamado ladronzuelo de poca monta.. Perteneciendo a un pequeño grupo de refugiados y mendigos que llegaban a la aldea; vivían en los suburbios escondidos en oscuras casas camufladas y olvidadas en perdidas calles y alcantarillas. El susodicho grupo, robaba en las tiendas y a los visitantes para poder sobrevivir, hasta que un día, alguien de estos desfavorecidos ansioso de codicia quiso ir mas allá. De tal manera que a cambio de una mejor situación económico-social, revelo la ubicación del hogar de estos picaros.<br />
<br />
Y en este oficio, se hacen pocos amigos... Gente poderosa que había sido robada y no consentían ese tipo de tonterías, ya fuese por un bastón para andar tan común que se puede comprar en cualquier tienda como un reloj de oro, decidieron tomar cartas en el asunto liquidando a todos los que encontraron. Ninguno de estos niños, conocía las artes ninjas ni tuvieron ocasión de practicarlas en la escuela por motivos evidentes, pero Len quien quería mejorar el estatus quo de todos sus compañeros y amigos, se dedico a observar a diversos ninjas tanto de escuela como otros mucho mas expertos, e intentar mejorar sus habilidades.<br />
<br />
Habiendo utilizado las técnicas básicas ninjas durante una larga temporada logro poder utilizarlas y así consiguió evitar caer en aquella masacre que hubo en el pequeño hogar de escombros. <br />
<br />
Con su hogar destruido, vago nuevamente por las calles de la ciudad hasta caer agotado, siendo recogido por un anciano que regentaba una pequeña tienda de dulces. Vivió varios años con el anciano en su pequeña tienda de dos pisos, y con el tiempo, tanto la gente como ellos, acabaron considerándose abuelo y nieto. Gracias al considerado anciano. Durante los primeros años, Len no quiso saber nada sobre el mundo ninja y se decidió a vivir una vida civil, pero un día, mientras limpiaba una habitación, descubrió un pequeño pasadizo donde el anciano guardaba antiguos pergaminos, armas y demás objetos similares. El viejo resulto nada mas y nada menos que ser un afamado y poderoso ninja, que con el tiempo decidió jubilarse. Tras varios días después de haber descubierto su secreto, Len le pidió ayuda ya que quería convertirse en alguien poderoso para poder vengar a su antigua familia, tras una larga charla en la que el anciano se negó constantemente, decidió enseñarle bajo una única razón, y es que si encontrase quien fue el traidor, su primera respuesta no sería la fuerza bruta, si no que buscaría una respuesta y que tras ello meditase hasta llegar a una conclusión, a ser posible que no desembocase en violencia. Aceptando los términos del anciano, Len pudo entrar en la academia y conseguido avanzar en su aprendizaje, aunque gran parte de su avance, fue gracias al anciano.<br />
<br />
Finalmente, logro graduarse con 12 años con una nota sobresaliente en todos los campos de la escuela, pero un año antes de acabar sus estudios, el anciano falleció por causas naturales y pidió ser enterrado como última voluntad en el pequeño descampado detrás de su casa. Len se vio muy afectado por su perdida, volvió a perder a su familia por causas que se escapaban de sus manos. Tras acabar su graduación, fue a la tumba de su abuelo, a despedirse de él, mostrándole las notas a una lapida de piedra y pasando una fría y oscura noche durmiendo a su lado. Tras varias semanas durmiendo al lado de la lapida por puro agotamiento, casi sin comer nada y meditando sobre que iba a ser de él desde ese momento, decidió convertirse en un poderoso ninja y buscar al causante de lo que el considero el primer mal de su vida, para que su 'abuelo' se sintiera orgulloso, no por el hecho de haberse cobrado venganza, sino por el hecho de haber encontrado finalmente las respuestas a sus incógnitas. <br />
<br />
<div align="center">Las mentes infantiles son tan interesantes... ¿Sera las respuestas lo único que tomes en tu nombre? ¿O bañaras también tu cuerpo en sangre?</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ojo blanco, corazón de piedra.]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-ojo-blanco-corazon-de-piedra</link>
			<pubDate>Sun, 25 Oct 2015 23:06:17 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=298">Higeki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-ojo-blanco-corazon-de-piedra</guid>
			<description><![CDATA[Un Hyuga había nacido, alguien capaz de perpetuar el legado de aquel Dojutsu tan poderoso, alguien que sin duda tenia casi todas las papeletas para ser un gran ninja, alguien a quien se le privo de una vida normal. Hace 17 años ocurrió el nacimiento de Rin Hyuga, único primogénito conocido de la familia Hyuga, el cual debía heredar el Byakugan y perpetuar este legado, alguien que sin duda tenia unas grandes facultades para ser un ninja de provecho, por esta misma razón, al pequeño Rin se le privo de cualquier contacto con aquello que no le permitiese alcanzar la meta que le habían impuesto. Desde pequeño sus padres Takashi y Sana Hyuga, en un acuerdo con los altos cargos de Amegakure, separaron a Rin de cualquier contacto con la villa y lo encerraron en una pequeña aldea tan solo habitada por los miembros de la familia Hyuga y algunos altos cargos de la aldea. Allí se dedicaron a entrenar al pequeño Rin para el combate, tanto física como mentalmente, creando así a un muchacho prácticamente sin sentimientos, el cual tan solo vivía para combatir, nunca nadie se intereso por el, tan solo su madre, aunque su padre se lo impedía, pues debían crear a un gran ninja. Durante todo su aprendizaje, el cual duro hasta los 15 años, aprendió todo tipo de materias que se daban en la academia ninja, ademas de cosas mas avanzadas, aunque todas aplicadas a algún tipo de combate o con alguna finalidad letal. A los 15 años, se presento a un examen para poder ascender al grado de Genin, para lo cual tuvo que ir a la escuela, supero este con creces y mientras volvía a su casa se encontró con un choco el cual también había ido al examen, este se dirigió a el, pero Rin hizo caso omiso, pues no sabia que contestar, el chico le agarro y el peliblanco sin dudarlo un instante le tiro al suelo, como es natural el chico se levanto y fue a golpearle, tras una corta pelea el chico acabo muerto y desde entonces Rin fue repudiado dentro de su aldea, por miedo. Como castigo se le impusieron dos años de penitencia, los cuales solo sirvieron para aumentar su frialdad , ya que el estar en una cárcel a una edad tan joven acaba marcando a cualquiera, tras eso dos años Rin salió de la cárcel y ahora mismo tan solo trata de encontrar cuales es su camino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Un Hyuga había nacido, alguien capaz de perpetuar el legado de aquel Dojutsu tan poderoso, alguien que sin duda tenia casi todas las papeletas para ser un gran ninja, alguien a quien se le privo de una vida normal. Hace 17 años ocurrió el nacimiento de Rin Hyuga, único primogénito conocido de la familia Hyuga, el cual debía heredar el Byakugan y perpetuar este legado, alguien que sin duda tenia unas grandes facultades para ser un ninja de provecho, por esta misma razón, al pequeño Rin se le privo de cualquier contacto con aquello que no le permitiese alcanzar la meta que le habían impuesto. Desde pequeño sus padres Takashi y Sana Hyuga, en un acuerdo con los altos cargos de Amegakure, separaron a Rin de cualquier contacto con la villa y lo encerraron en una pequeña aldea tan solo habitada por los miembros de la familia Hyuga y algunos altos cargos de la aldea. Allí se dedicaron a entrenar al pequeño Rin para el combate, tanto física como mentalmente, creando así a un muchacho prácticamente sin sentimientos, el cual tan solo vivía para combatir, nunca nadie se intereso por el, tan solo su madre, aunque su padre se lo impedía, pues debían crear a un gran ninja. Durante todo su aprendizaje, el cual duro hasta los 15 años, aprendió todo tipo de materias que se daban en la academia ninja, ademas de cosas mas avanzadas, aunque todas aplicadas a algún tipo de combate o con alguna finalidad letal. A los 15 años, se presento a un examen para poder ascender al grado de Genin, para lo cual tuvo que ir a la escuela, supero este con creces y mientras volvía a su casa se encontró con un choco el cual también había ido al examen, este se dirigió a el, pero Rin hizo caso omiso, pues no sabia que contestar, el chico le agarro y el peliblanco sin dudarlo un instante le tiro al suelo, como es natural el chico se levanto y fue a golpearle, tras una corta pelea el chico acabo muerto y desde entonces Rin fue repudiado dentro de su aldea, por miedo. Como castigo se le impusieron dos años de penitencia, los cuales solo sirvieron para aumentar su frialdad , ya que el estar en una cárcel a una edad tan joven acaba marcando a cualquiera, tras eso dos años Rin salió de la cárcel y ahora mismo tan solo trata de encontrar cuales es su camino.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Historia Ritsuko] A Oscuras se está mejor]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-historia-ritsuko-a-oscuras-se-esta-mejor</link>
			<pubDate>Sat, 26 Sep 2015 01:24:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Ritsuko</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deeppink;" class="mycode_color"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">A oscuras se está mejor</span></span></span></div>
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>La familia de Ritsuko no tenía absolutamente nada particular, constaba solamente de un hombre, una mujer y bueno, Ritsuko. El padre de la chica era un herrero cuyas creaciones no eran especialmente llamativas, simplemente se dedicaba a forjar una que otra katana pero se dedicaba más que nada a shurikens y kunais, nada del otro mundo.<br />
<br />
La madre de Ritsuko por otra parte era una empleada de limpieza de una posada pero estaba demasiado convencida de que lograría convertirse en una gran kunoichi en algún momento de su vida, sin importarle haber suspendido más de tres veces el examen de graduación para convertirse en una Genin. Si, teniendo unos veinte años de edad suspendió varias veces ese examen, una mujer sin lugar a dudas peculiar.<br />
<br />
Poco tiempo después de que estos dos se conocieran, terminaron por casarse y engendrar a la criatura que llamaron Ritsuko, una jovencita insoportable pero demasiado parecida a su madre tanto físicamente como mentalmente, inclusive fue de ella que heredó el Kekkei Genkai que corre por sus venas. A la cual entretenían dejándole algunos pedazos de arcilla con la que jugaba durante horas hasta que se secaba.<br />
<br />
Como se dijo previamente, esta familia era de lo más normal, no tenía cuentos interesantes ni tampoco reliquias valiosas ni nada. Lo más valioso que tendrán serán esas dos cuchillas que el padre de Ritsuko forjó una vez y que llamó como sus más grandes creaciones, solo por ser de acero negro, nada más y nada menos que por eso.<br />
<br />
Con el paso de los años, cuando Ritsuko habría cumplido unos once años, su madre falleció por unos problemas de respiración que se desarrolló por la sobreexposición a los diversos vapores de la forja. Un suceso que estremeció al padre de la chica y lo llevó al borde de la desesperación. Lo suficiente como para negarse a aceptar el hecho de que la mujer había muerto por lo que dejó el cadáver en una habitación de la casa la cual nunca más volvió a abrir, pero que tampoco se había molestado en cerrar con llave.<br />
<br />
El hombre cayó en la depresión y por esto comenzó a beber en cantidades, volviendo tarde por las noches completamente ebrio solo para apalizar a la niña y luego encerrarla en la misma habitación oscura con el cuerpo en putrefacción de su madre. ¿Qué fue lo más triste del caso? Que Ritsuko no tuvo la culpa de nada, en todo caso fue culpa del hombre que a veces tiraba basura en la forja para deshacerse de ella. El lado positivo es que esa habitación estaba conectada a un baño del cual podía sacar agua y reutilizar los restos de arcilla seca que había en toda la habitación. Así por lo menos tenía un medio de entretenimiento en sus horas de castigo, por lo menos hasta que anochecía ya que la habitación no tenía luz.<br />
<br />
Cuando Ritsuko tenía unos catorce años, en algunos laboratorios cercanos a la aldea empezaron unos experimentos algo extraños e incluso comenzaron a ofrecer dinero a los viajeros para convertirse en conejillos de indias. Justamente un día cuando el padre de la pelirroja volvía de hacer una entrega a un pueblo cercano, algunos de estos hombres se le acercaron ofreciéndole una generosa oferta la cual no tardó en aceptar, a cambio de su hija que ya no quería volver a ver.<br />
<br />
Así que bien, entregaron a Ritsuko que obviamente se resistió pensando que algo podría hacer tras haberse convertido en genin pero no fue el caso. Terminó encerrada en una habitación completamente vacía y luego de una serie de cirugías de la que no fue consciente se encontró con una serie de válvulas alrededor de su cuerpo, bastante útiles si planeaba seguir con su vida de kunoichi.<br />
<br />
Luego de esto, Ritsuko fue devuelta a su padre que seguía en las mismas solo que ahora enfermo también, a saber si era por la basura de la forja o el alcohol. Lo importante era que el hombre siguió castigando a la chica sin motivo aparente encerrándola en esa habitación con el esqueleto de su madre, con la que por algún motivo empezó a hablar. ¿Por qué...? Porque le terminó tomando la palabra a su padre que no paraba de decirle que esa mujer estaba viva, incluso siendo un esqueleto.<br />
<br />
Poco después de que la pelirroja cumpliera un año más, su padre falleció, aunque él si fue enterrado como corresponde, pero con el inconveniente de que el hombre pasó a mejor vida justo cuando la chica estaba encerrada en esa habitación oscura. Romper la puerta fue lo primero que se le vino a la cabeza a Ritsuko, pero no tenía la fuerza ni conocía una buena técnica para hacerlo, por lo que no le quedó de otra que chillar y enloquecerse allí dentro.<br />
<br />
Habrán pasado dos días que el olor a putrefacción del cadáver se estaba volviendo insoportable por los vecinos por lo que presentaron la queja y terminaron enviando a algunos shinobis que se encontraron el cadaver y de paso a Ritsuko completamente trastornada que sobrevivió gracias a que esa habitación tenía conección a un pequeño baño sin ventanas.<br />
<br />
En la actualidad, Ritsuko vive en aquella casa completamente sola, ni siquiera le dejaron el esqueleto de su madre, aunque la kunoichi se guardó el cráneo partido diciendo que la mujer aún vive...</i></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deeppink;" class="mycode_color"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">A oscuras se está mejor</span></span></span></div>
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>La familia de Ritsuko no tenía absolutamente nada particular, constaba solamente de un hombre, una mujer y bueno, Ritsuko. El padre de la chica era un herrero cuyas creaciones no eran especialmente llamativas, simplemente se dedicaba a forjar una que otra katana pero se dedicaba más que nada a shurikens y kunais, nada del otro mundo.<br />
<br />
La madre de Ritsuko por otra parte era una empleada de limpieza de una posada pero estaba demasiado convencida de que lograría convertirse en una gran kunoichi en algún momento de su vida, sin importarle haber suspendido más de tres veces el examen de graduación para convertirse en una Genin. Si, teniendo unos veinte años de edad suspendió varias veces ese examen, una mujer sin lugar a dudas peculiar.<br />
<br />
Poco tiempo después de que estos dos se conocieran, terminaron por casarse y engendrar a la criatura que llamaron Ritsuko, una jovencita insoportable pero demasiado parecida a su madre tanto físicamente como mentalmente, inclusive fue de ella que heredó el Kekkei Genkai que corre por sus venas. A la cual entretenían dejándole algunos pedazos de arcilla con la que jugaba durante horas hasta que se secaba.<br />
<br />
Como se dijo previamente, esta familia era de lo más normal, no tenía cuentos interesantes ni tampoco reliquias valiosas ni nada. Lo más valioso que tendrán serán esas dos cuchillas que el padre de Ritsuko forjó una vez y que llamó como sus más grandes creaciones, solo por ser de acero negro, nada más y nada menos que por eso.<br />
<br />
Con el paso de los años, cuando Ritsuko habría cumplido unos once años, su madre falleció por unos problemas de respiración que se desarrolló por la sobreexposición a los diversos vapores de la forja. Un suceso que estremeció al padre de la chica y lo llevó al borde de la desesperación. Lo suficiente como para negarse a aceptar el hecho de que la mujer había muerto por lo que dejó el cadáver en una habitación de la casa la cual nunca más volvió a abrir, pero que tampoco se había molestado en cerrar con llave.<br />
<br />
El hombre cayó en la depresión y por esto comenzó a beber en cantidades, volviendo tarde por las noches completamente ebrio solo para apalizar a la niña y luego encerrarla en la misma habitación oscura con el cuerpo en putrefacción de su madre. ¿Qué fue lo más triste del caso? Que Ritsuko no tuvo la culpa de nada, en todo caso fue culpa del hombre que a veces tiraba basura en la forja para deshacerse de ella. El lado positivo es que esa habitación estaba conectada a un baño del cual podía sacar agua y reutilizar los restos de arcilla seca que había en toda la habitación. Así por lo menos tenía un medio de entretenimiento en sus horas de castigo, por lo menos hasta que anochecía ya que la habitación no tenía luz.<br />
<br />
Cuando Ritsuko tenía unos catorce años, en algunos laboratorios cercanos a la aldea empezaron unos experimentos algo extraños e incluso comenzaron a ofrecer dinero a los viajeros para convertirse en conejillos de indias. Justamente un día cuando el padre de la pelirroja volvía de hacer una entrega a un pueblo cercano, algunos de estos hombres se le acercaron ofreciéndole una generosa oferta la cual no tardó en aceptar, a cambio de su hija que ya no quería volver a ver.<br />
<br />
Así que bien, entregaron a Ritsuko que obviamente se resistió pensando que algo podría hacer tras haberse convertido en genin pero no fue el caso. Terminó encerrada en una habitación completamente vacía y luego de una serie de cirugías de la que no fue consciente se encontró con una serie de válvulas alrededor de su cuerpo, bastante útiles si planeaba seguir con su vida de kunoichi.<br />
<br />
Luego de esto, Ritsuko fue devuelta a su padre que seguía en las mismas solo que ahora enfermo también, a saber si era por la basura de la forja o el alcohol. Lo importante era que el hombre siguió castigando a la chica sin motivo aparente encerrándola en esa habitación con el esqueleto de su madre, con la que por algún motivo empezó a hablar. ¿Por qué...? Porque le terminó tomando la palabra a su padre que no paraba de decirle que esa mujer estaba viva, incluso siendo un esqueleto.<br />
<br />
Poco después de que la pelirroja cumpliera un año más, su padre falleció, aunque él si fue enterrado como corresponde, pero con el inconveniente de que el hombre pasó a mejor vida justo cuando la chica estaba encerrada en esa habitación oscura. Romper la puerta fue lo primero que se le vino a la cabeza a Ritsuko, pero no tenía la fuerza ni conocía una buena técnica para hacerlo, por lo que no le quedó de otra que chillar y enloquecerse allí dentro.<br />
<br />
Habrán pasado dos días que el olor a putrefacción del cadáver se estaba volviendo insoportable por los vecinos por lo que presentaron la queja y terminaron enviando a algunos shinobis que se encontraron el cadaver y de paso a Ritsuko completamente trastornada que sobrevivió gracias a que esa habitación tenía conección a un pequeño baño sin ventanas.<br />
<br />
En la actualidad, Ritsuko vive en aquella casa completamente sola, ni siquiera le dejaron el esqueleto de su madre, aunque la kunoichi se guardó el cráneo partido diciendo que la mujer aún vive...</i></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[사토루, Satoru]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-%EC%82%AC%ED%86%A0%EB%A3%A8-satoru</link>
			<pubDate>Tue, 15 Sep 2015 07:18:52 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=55">Hei</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[En los Bosques del País del Bosque uno se puede encontrar con cualquier cosa. Algunos dicen que el mismo tiene vida propia y que si uno no lo trata bien, pagará las consecuencias. También hay leyendas de que ermitaños moran por la zona y que no dudan en usar sus habilidades para echar a aquellos de corazón impuro y malas intenciones. <br />
<br />
Mas ya no. Kusagakure fue borrada del mapa, así como lo fueron antes otras aldeas. El bosque de a su alrededor también fue afectado e individuos que antes ni locos saldrían de sus madrigueras, se vieron obligados a migrar a otro bosque que no esté corrompido por la Maldición del Odio. <br />
<br />
Sin embargo hay quienes, recios, nunca abandonarían el terreno que donde durante tanto tiempo vivieron. Satoru, nuestro protagonista, era parte de ese grupo. Él formaba parte de unos nómadas que se hacían llamar Hermanos del Bosque que vagaban por el terreno del País del Bosque buscando alimento y refugio del peligroso exterior. Habían Hermanos del Bosque en todos los bosques del mundo, pero con los recientes conflictos estos disminuyeron. Cabe destacar que los mismos siempre se las arreglaron para mimetizarse con su entorno y así pasar desapercibido por los malvivientes que merodeaban el lugar. <br />
<br />
La secta tenía la creencia de eran Hijos del Bosque. Consecuentemente, estos eran nombrados y educados por el mismo. Los pilares centrales de la creencia eran: <br />
<br />
<ul class="mycode_list"><li>Protege la naturaleza como si fuese tu propio cuerpo.<br />
</li>
<li>Omite el uso de la violencia así como el del odio. <br />
</li>
<li>Jamás atentes contra la vida.<br />
</li>
</ul>
<br />
Sin embargo, el joven dejó de creer que el bosque donde vivía seguía vivo. No obstante, los árboles y arbustos seguían igual de verdes. Entonces, ¿porqué creyó esto? La respuesta es simple, sencillamente Satoru ya no se sentía conectado al bosque cuando meditaba. Y en su entorno, el que tenía problemas para conciliar la iluminación era porque su corazón no era del todo puro. Satoru, seguro y convencido de que sus intenciones eran sanas, se separó del grupo y viajó en busca de un nuevo hogar; un nuevo bosque. <br />
<br />
En su viaje descubrió a los civilizados, con los cuales conversó y discutió. También conoció de la existencia de los famosos manipuladores de chakra, con los cuales se obsesionó y aprendió. Pero lo más importante es que se encontró con sus pares. Sí, los Hermanos del Bosque. Estos, a diferencia de los que se quedaron en el ya muerto bosque del País del Bosque, aseguraban que su Bosque del País del Fuego también había muerto y que habían conversado con la Naturaleza misma y que les dio un importante comunicado. <br />
<br />
— <span style="color: FireBrick;" class="mycode_color">El mundo a cambiado. Adaptate o muere.</span> — Le mencionó a Satoru un tal Kuro, nombrado así por el Bosque del País del Fuego.  <br />
<br />
Satoru creyó en las palabras del profeta, aunque tuvo el infortunio de que se le concediera el beneficio de la duda. La Naturaleza misma, una deidad de deidades, se comunicó con un simple Hijo del Bosque. Era difícil de creer, pero ya había viajado lo suficiente y quería ver que tenían para mostrarles estos nuevos Hermanos. Fue por eso que se les unió y siguió a donde quiera que vayan, pero nunca participaría en sus actividades. Las mismas consistían en mendigar y, en extremos casos, robar con la justificación de que sin dinero no podrían encontrar un nuevo bosque.<br />
<br />
Con el tiempo el grupo meditó las palabras de la Madre Naturaleza y entendió que debían adaptarse a la civilización o morir en las profundidades del Bosque. Fue por eso que buscaron asilo en una reciente aldea de la cuál habían escuchado. El nuevo hogar, que todavía no había sido contaminada por el Odio, se llamaba Takigakure. <br />
<br />
Encontrar el paradero de la aldea fue todo un parto. Tuvieron que sacrificar horas de meditación en antros y bares buscando a alguien que sepa algo del nuevo vasallo del Señor Feudal del País del Río. Finalmente dieron con un Shinobi con una insignia Ninja en su frente nunca antes vista. Con cautela se acercaron hacia a él y le rogaron desesperadamente que le dieran información sobre el paradero de esta nueva aldea. Los fanáticos dieron por sentado que era un militar de la respectiva aldea debido a que se encontraban en el País de Río. <br />
<br />
El Shinobi cedió pero con una condición, debían pagar una gran suma de dinero. Kuro, el lider del grupo, regaló todos sus fondos al supuesto Kojima, Shinobi de Takigakure. Este los presentaría con un mediador que decidiría si eran aptos o no para ser ciudadanos de Takigakure. <br />
<br />
No lo pensaron dos veces. Los integrantes del grupo tomaron sus cosas y siguieron a Kojima.<br />
<br />
Al llegar un especialista en tortura e ilusiones escarbó en las mentes de todos los miembros del grupo. Nadie pasó la prueba a excepción del joven Satoru, el cual demostró un Ninjutsu nunca antes visto y que la aldea quería tener. Claro, el pequeño ermitaño pensó que tal hazaña era común. El mismo manipulaba chakra desde antes de saber lo que era. Como no tenía apellido, se le dio el primer nombre de Taki, el nombre de la aldea. <br />
<br />
El resto del grupo, aparentemente, estaba literalmente loco. Al enterarse que no pasaron la prueba hubo un gran disturbio y tuvieron que ejecutarlos para la seguridad de la aldea. No podían permitir que unos locos andaran por ahí sabiendo el camino hacia Takigakure. El torturador aseguró que todo lo que decía el líder era mentira. <br />
<br />
Satoru se había ganado la lotería, ahora estaba bajo la protección de la aldea. Había encontrado su nuevo bosque. Sin embargo, aunque las palabras de Kuro hayan sido mentira, Satoru no podía dejar de creer que eran verdad. Tarde o temprano los Hermanos del Bosque iban a ser exterminados por otra guerra. Satoru estudiaría y entrenaría para hacerse fuerte y proteger a su bien más preciado, la Naturaleza misma.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En los Bosques del País del Bosque uno se puede encontrar con cualquier cosa. Algunos dicen que el mismo tiene vida propia y que si uno no lo trata bien, pagará las consecuencias. También hay leyendas de que ermitaños moran por la zona y que no dudan en usar sus habilidades para echar a aquellos de corazón impuro y malas intenciones. <br />
<br />
Mas ya no. Kusagakure fue borrada del mapa, así como lo fueron antes otras aldeas. El bosque de a su alrededor también fue afectado e individuos que antes ni locos saldrían de sus madrigueras, se vieron obligados a migrar a otro bosque que no esté corrompido por la Maldición del Odio. <br />
<br />
Sin embargo hay quienes, recios, nunca abandonarían el terreno que donde durante tanto tiempo vivieron. Satoru, nuestro protagonista, era parte de ese grupo. Él formaba parte de unos nómadas que se hacían llamar Hermanos del Bosque que vagaban por el terreno del País del Bosque buscando alimento y refugio del peligroso exterior. Habían Hermanos del Bosque en todos los bosques del mundo, pero con los recientes conflictos estos disminuyeron. Cabe destacar que los mismos siempre se las arreglaron para mimetizarse con su entorno y así pasar desapercibido por los malvivientes que merodeaban el lugar. <br />
<br />
La secta tenía la creencia de eran Hijos del Bosque. Consecuentemente, estos eran nombrados y educados por el mismo. Los pilares centrales de la creencia eran: <br />
<br />
<ul class="mycode_list"><li>Protege la naturaleza como si fuese tu propio cuerpo.<br />
</li>
<li>Omite el uso de la violencia así como el del odio. <br />
</li>
<li>Jamás atentes contra la vida.<br />
</li>
</ul>
<br />
Sin embargo, el joven dejó de creer que el bosque donde vivía seguía vivo. No obstante, los árboles y arbustos seguían igual de verdes. Entonces, ¿porqué creyó esto? La respuesta es simple, sencillamente Satoru ya no se sentía conectado al bosque cuando meditaba. Y en su entorno, el que tenía problemas para conciliar la iluminación era porque su corazón no era del todo puro. Satoru, seguro y convencido de que sus intenciones eran sanas, se separó del grupo y viajó en busca de un nuevo hogar; un nuevo bosque. <br />
<br />
En su viaje descubrió a los civilizados, con los cuales conversó y discutió. También conoció de la existencia de los famosos manipuladores de chakra, con los cuales se obsesionó y aprendió. Pero lo más importante es que se encontró con sus pares. Sí, los Hermanos del Bosque. Estos, a diferencia de los que se quedaron en el ya muerto bosque del País del Bosque, aseguraban que su Bosque del País del Fuego también había muerto y que habían conversado con la Naturaleza misma y que les dio un importante comunicado. <br />
<br />
— <span style="color: FireBrick;" class="mycode_color">El mundo a cambiado. Adaptate o muere.</span> — Le mencionó a Satoru un tal Kuro, nombrado así por el Bosque del País del Fuego.  <br />
<br />
Satoru creyó en las palabras del profeta, aunque tuvo el infortunio de que se le concediera el beneficio de la duda. La Naturaleza misma, una deidad de deidades, se comunicó con un simple Hijo del Bosque. Era difícil de creer, pero ya había viajado lo suficiente y quería ver que tenían para mostrarles estos nuevos Hermanos. Fue por eso que se les unió y siguió a donde quiera que vayan, pero nunca participaría en sus actividades. Las mismas consistían en mendigar y, en extremos casos, robar con la justificación de que sin dinero no podrían encontrar un nuevo bosque.<br />
<br />
Con el tiempo el grupo meditó las palabras de la Madre Naturaleza y entendió que debían adaptarse a la civilización o morir en las profundidades del Bosque. Fue por eso que buscaron asilo en una reciente aldea de la cuál habían escuchado. El nuevo hogar, que todavía no había sido contaminada por el Odio, se llamaba Takigakure. <br />
<br />
Encontrar el paradero de la aldea fue todo un parto. Tuvieron que sacrificar horas de meditación en antros y bares buscando a alguien que sepa algo del nuevo vasallo del Señor Feudal del País del Río. Finalmente dieron con un Shinobi con una insignia Ninja en su frente nunca antes vista. Con cautela se acercaron hacia a él y le rogaron desesperadamente que le dieran información sobre el paradero de esta nueva aldea. Los fanáticos dieron por sentado que era un militar de la respectiva aldea debido a que se encontraban en el País de Río. <br />
<br />
El Shinobi cedió pero con una condición, debían pagar una gran suma de dinero. Kuro, el lider del grupo, regaló todos sus fondos al supuesto Kojima, Shinobi de Takigakure. Este los presentaría con un mediador que decidiría si eran aptos o no para ser ciudadanos de Takigakure. <br />
<br />
No lo pensaron dos veces. Los integrantes del grupo tomaron sus cosas y siguieron a Kojima.<br />
<br />
Al llegar un especialista en tortura e ilusiones escarbó en las mentes de todos los miembros del grupo. Nadie pasó la prueba a excepción del joven Satoru, el cual demostró un Ninjutsu nunca antes visto y que la aldea quería tener. Claro, el pequeño ermitaño pensó que tal hazaña era común. El mismo manipulaba chakra desde antes de saber lo que era. Como no tenía apellido, se le dio el primer nombre de Taki, el nombre de la aldea. <br />
<br />
El resto del grupo, aparentemente, estaba literalmente loco. Al enterarse que no pasaron la prueba hubo un gran disturbio y tuvieron que ejecutarlos para la seguridad de la aldea. No podían permitir que unos locos andaran por ahí sabiendo el camino hacia Takigakure. El torturador aseguró que todo lo que decía el líder era mentira. <br />
<br />
Satoru se había ganado la lotería, ahora estaba bajo la protección de la aldea. Había encontrado su nuevo bosque. Sin embargo, aunque las palabras de Kuro hayan sido mentira, Satoru no podía dejar de creer que eran verdad. Tarde o temprano los Hermanos del Bosque iban a ser exterminados por otra guerra. Satoru estudiaría y entrenaría para hacerse fuerte y proteger a su bien más preciado, la Naturaleza misma.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El príncipe de los espejos (construcción)]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-principe-de-los-espejos-construccion</link>
			<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 12:15:52 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-principe-de-los-espejos-construccion</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color"><span style="font-size: 18px;">Capitulo 1</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Llovía, como casi siempre desde que los ciudadanos de Shinogi-To tienen memoria, rara era la vez en la que el sol se asomaba entre las nubes y la lluvia cesaba, rara y un mal presagio para todos los habitantes del país de la tormenta. Era prácticamente de noche, las luces artificiales iluminaban las calles abarrotadas de gente, pese a que era ya casi media noche.<br />
<br />
Entre toda la multitud había una persona que destacaba. Un hombre bastante alto, con el cabello blanco como la nieve pese a no aparentar más de veinte cinco años; ataviado con una gabardina de color negro, una camiseta de color granate, unos pantalones negros y unas botas. Sus ojos brillaban bajo la luz como dos esmeraldas.<br />
<br />
Caminaba con la mirada al frente y con las manos en los bolsillos, sin miedo, pese a saber en qué lugar se encontraba. Junto a él caminaba un hombre mucho más mayor, con los cabellos mayoritariamente canosos. Cargaba con una maleta que parecía algo pesada, y en la otra mano sostenía un paraguas para que su señor no se mojase.<br />
<br />
Las miradas los siguieron hasta que ambos se introdujeron un callejón y allí entraron en un antro de mala muerte. El lugar estaba iluminado tan solo por la luz de las velas, pese al avance tecnológico de la ciudad, algunas mesas y sillas estaban roídas por las ratas, otras llenas de moho. El lugar apestaba a tabaco, alcohol e incluso a sexo.<br />
<br />
La entrada del noble y su mayordomo atrajo la mirada de los clientes habituales, que simplemente les observaron de reojo y comentaron con murmullos. Ellos ya sabían a lo que un hombre como ese hacía en un local así, pero nadie podía decir nada, no al menos si querían conservar su integridad física. El hombre de cabellos blancos ni siquiera se dignó en mirarlos.<br />
<br />
Se acercaron a la barra donde un hombre bastante corpulento les atendió. No solo era tan grande como un barril de cerveza, sino que era tan bajito como estos, tenía las uñas de las manos bastante sucias, y su aliento apestaba a cloaca, incluso se podían apreciar algunos restos de comida en su frondoso bigote.</span><br />
<br />
—<span style="color: olivedrab;" class="mycode_color">¿Que desea señor?</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pregunto a su nuevo cliente</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Quiero que hagas realidad el deseo de todos los hombres</span> — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Respondió el hombre de ojos esmeraldas, aquella frase era lo que alguien le había dicho que tenía que decir.</span><br />
<br />
—<span style="color: olivedrab;" class="mycode_color">Por supuesto, sígame.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre barril de cerveza guió al noble y su sirviente hasta la parte trasera de la tienda. A primera vista allí no había más que barriles de cerveza, estanterías llenas de comida y cajas cuyo contenido no podía apreciarse. El hombre arrastro como pudo algunas de estas cajas dejando a la vista una trampilla de la cual tiró para dejar a la vista unas escaleras.</span><br />
<br />
—<span style="color: olivedrab;" class="mycode_color">Adelante, espero que encuentre lo que ha venido a buscar.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre de cabellos como la nieve y su fiel sirviente descendieron las escaleras sin ninguna duda, pese a que la apariencia del dueño y la apariencia del local indicaran que todo aquello podía ser tan solo una sucia trampa. Sin embargo, parecía saber con certeza lo que iba a encontrarse y no titubeo en ningún momento.<br />
<br />
El hombre barril había cerrado la trampilla en cuanto ellos habían desaparecido y no les había seguido. Al final de las escaleras tan solo había un enorme pasillo de piedra iluminado por antorchas sujetas a la pared a cada uno de los lados. El pasillo parecía eterno y se ensanchaba cada vez más, tras un buen rato de camino este giraba a la derecha y tras otro buen rato giraba a la izquierda. Al final, otro largo paseo después, alcanzaron el final del pasillo.<br />
<br />
Frente a unas enormes puerta de madera, un hombre ataviado con una túnica y una capucha que cubría su rostro y que caminaba apoyándose en un bastón de madera, recibió al hombre los ojos esmeraldas y a su sirviente.</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Buenas noches, bienvenido</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquella voz no tenía un tono concreto, no parecía la de un anciano, ni tampoco la de una persona joven, no parecía enfadado, ni alegre, era plana, tan plana como una tabla de madera</span> —<span style="color: violet;" class="mycode_color">Síganme por favor.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El encapuchado dio media vuelta y apoyo sus manos sobre las puertas de madera. Parecían bastante pesadas por su tamaño, pero basto con que el hombre las tocara para que estas se abrieran de par en par, dejando ver una enorme sala. El suelo de esta estaba cubierto por una especie de moqueta de color rojo, las paredes y pilares de la sala estaban hechos de mármol. Y la luz era abrumadora, se podía ver todo con perfecta claridad. Y sin embargo aquel lugar era oscuro, muy oscuro.<br />
<br />
Las paredes y los pilares que sostenían aquel lugar estaban repletos de mujeres y niños encadenados a ellas por unos grilletes, sus pies jamás tocaban el suelo y muchos habían sido azotados recientemente, pues en algunos casos la sangre aun goteaba en el suelo. Y esa era el único sonido que se escuchaba en aquel lugar, pues todos estaban amordazados, sin embargo tenían los ojos bien abiertos, para que el cliente pudiera ver bien la mercancía.</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Puede darse una vuelta y elegir lo que más le guste, pero si necesita que le aconseje le esperare justo aquí.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Las puertas se habían cerrado tras el paso de los tres hombres, y el más menudo de ellos, el hombre que les había guiado al interior de la sala, y que andaba con la ayuda de un cayado de madera, se había quedado al lado de las puertas a la espera de que sus nuevos clientes seleccionaran la mercancía que más les gustara, o que bien, les dejara intentar colarles algún esclavo del que quería deshacerse con rapidez. Aquello era a lo que él llamaba aconsejar.<br />
<br />
Sin embargo el noble y su sirviente comenzaron a explorar el lugar sin preguntarle ni pedirle ni un solo consejo al encapuchado. Hacía tiempo que el de los ojos esmeraldas se había enterado del negocio de venta de esclavos y estaba decidido a adquirir a su esclava. No es que no pudiera conseguir a la mujer que él quisiera, es que prefería una mascota a la que tratar como le diera la gana, una mascota que hiciera lo que él quisiera, cuando él quisiera y como él quisiera.<br />
<br />
Necesitaba encontrar algo que satisficiese a sus ojos y allí había de todo. Mujeres de diferentes edades, con diferentes tonos de piel, color de ojos y color de pelo. No le interesaban para nada las menores, así que simplemente pasaba de largo, indiferente ante el sufrimiento de estas. Observo a cada una de las mujeres del lugar, las había muy exóticas y también muy comunes, pero ninguna encendía su chispa y estaba a punto de irse cuando la vio.<br />
<br />
Estaba un poco apartada del resto y al contrario que las demás, las cadenas que la sujetaban era de oro, y su cuerpo no mostraba ni una sola cicatriz. Sus cabellos eran rojos como la sangre, largo, liso y bien peinado. Sus ojos eran dos rubíes, pero no había vida, no había brillo en ello. Al contrario que algunas de las demás, no quedaba ni un atisbo de esperanza en su mirada. Y sin embargo seguía respirando, seguía viva.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Me voy a llevar a esta</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sentencio el peliblanco.</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Le advierto señor que esa mujer es especial, su precio es muy elevado, esa mujer es la última persona que conserva un Kekkei que se creía perdido después de la guerra, algunos shinobis hacen suculentas ofertas por ella.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con una orden de su brazo, el mayordomo se adelantó un paso y abrió la maleta que portaba frente al encapuchado, dejando ver una enorme cantidad de dinero.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Lo que hay aquí es suficiente para comprar al resto de los esclavos, te daré otra suma equivalente cuando haya llegado a mi carruaje sano y salvo con ella ¿Hay trato?</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El encapuchado, abrumado y ensimismado por la cantidad de dinero que había recibido y que iba a recibir no dudo ni un solo instante en asentir con la cabeza. Los acompaño por la salida secreta del lugar hasta las afueras del pueblo. Habían cubierto a la muchacha con trapos como si de una mendiga se tratarse. Los acompañó hasta donde el noble había dejado su carro con caballos, recibió su dinero, y desapareció por donde había venido.</span><br />
</div></div></div>
<br />
<div align="center"><span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color"><span style="font-size: 18px;">Capitulo 2</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En algún lugar entre el país de la tormenta y el país de la tierra, entre bosques y montañas, se encontraba el castillo a donde el noble había llevado a vivir a su esclava. Un castillo digno de un señor feudal, sin embargo, aquel hombre no lo era. Había convertido a la esclava en su esposa, pero seguía siendo tan solo un maniquí que obedecía órdenes, una mascota que hacía caso a su dueño y que si lo hacía mal, le castigaban.<br />
<br />
Pero a ella la castigaban siempre, independientemente de si lo hacía bien o mal. Simplemente aquel hombre de ojos esmeralda y de blancos cabellos la usaba como quería. Y ella jamás se quejó, jamás le llevo la contraria, jamás intento defenderse, nunca alzo la mano contra su “dueño”. Y le daba igual, porque jamás había tenido esperanza.<br />
<br />
Pese a que sabía, gracias a que su madre se lo había contado de pequeña, que tenía un gran poder en su interior, jamás había sido capaz de utilizarlo, pues carecía del entrenamiento de un shinobi para manipular su chackra. Además, había sido capturada junto a su madre cuando no pasaba de los diez años, y habían visto como maltrataban y violaban a su madre hasta la muerte. Hacía mucho que había perdido la fe, hacía mucho que no tenía ningún motivo para luchar.<br />
<br />
Y sin embargo, el día en que tuvo que pelear llego inevitablemente. Aquel hombre la había dejado embarazada y más que preocuparse por la sangre de su sangre se había preocupado por encontrarle un comprador. Aquel hombre pensaba vender a su hijo al mejor postor. Ella le había escuchado negociar con un shinobi de Kusgakure, explicando que por las venas de aquel niño o niña no solo corría su sangre noble, sino también el Kekkei genkai de la madre. Y la mujer, y su bebe en camino, eran los únicos poseedores de aquella naturaleza.<br />
<br />
Y ella que hacía mucho que no tenía fe, ahora tenía que salvar a ese niño, como había intentado salvarla a ella su madre. No podía permitir que aquel despiadado hombre la separara de su hijo, no podía dejar que se lo vendiera a nadie. Y ella ni siquiera sabía por qué aquel hombre quería vender a su propio hijo al mejor postor.<br />
<br />
Lo planeo todo lo mejor que pudo. Tenía que escapar de aquel lugar antes de que el bebe naciera, antes de que nadie pudiera separarlos. Ni el tiempo ni la salud estaban de parte de aquella mujer, el embarazo hacia que no se encontrara en muy buen estado, pero tenía muy claro que si no se marchaba se arrepentiría el resto de sus días.<br />
<br />
Llovía, era casi más de media noche, hacía tiempo que el dueño del castillo se había ido a dormir, de hecho todo el castillo dormía, todos menos la esclava. Ya no la encerraban, hacía tiempo que no lo hacían, pues nunca había opuesto resistencia, nunca hasta aquel día.<br />
<br />
Salió del castillo a toda por la parte trasera, salió con el mayor sigilo posible intentando evitar a los guardias de la muralla. La puerta del jardín trasero siempre estaba abierta, por alguna razón que ella no conocía, pero aquello la beneficiaba. Una vez fuera corrió, corrió todo lo lejos que pudo. Sabía que no tardarían en darse cuenta de su ausencia, sobretodo su dueño, pues dormían en la misma cama. <br />
<br />
El barro y el peso de su barriga hacían de aquello una difícil tarea, además del cuidado que tenia de evitar tropezar para no caer y dañar al bebe. Pero ni siquiera sabía a donde ir, hacia donde ir, solo corrió hacia delante hasta que su cuerpo no pudo más y tuvo que apoyarse en un árbol a tomar un respiro.<br />
<br />
El hombre de ojos esmeraldas se había levantado sin nadie a su lado. Al principio todo fue caos, ninguno de los guardias sabia a donde había huido la esclava. Pero enseguida se calmó, y su calma atemorizo más a los guardias que su ira. No tardó mucho en organizar una partida de búsqueda, había pagado mucho por esa mujer, y llevaba en su vientre algo que le iba a proporcionar todavía más dinero. Cuando estuvo preparado, monto su blanco corcel, y partió en busca de sus pertenencias extraviadas.<br />
<br />
La noche no era precisamente calurosa, el camisón era lo único que ella llevaba puesto. Pese a que tenía algunas libertadas dentro del castillo aun siendo una esclava, era su dueño quien elegía las prendas de ropa que iba a utilizar a lo largo del día. Además, había otra cosa que la mujer no había tenido en cuenta al escapar. Las montañas estaban repletas de bandidos.<br />
<br />
El noble sin embargo, sí que había tenido en cuenta el hecho de que había bandidos por los alrededores, y temía que estos le arrebataran sus pertenencias. Lo que más preocupaba al hombre es que mataran al niño que estaba por nacer. Tenía dinero suficiente para comprar las esclavas que quisiera, y no le importaba en lo más mínimo perder una, pero esa no, no podía permitirlo, tenía que encontrarla el primero. Ni siquiera se fiaba de sus propios soldados.<br />
<br />
Si se quedaba parada mucho tiempo, el noble la alcanzaría, por eso ella decidió retomar el camino. Aunque fuera poco a poco, paso a paso, tenía que alejarse. Corrió y cuando no pudo más, caminó. Ya no podía pararse, tenía que alejarse lo máximo posible, encontrar algún lugar donde refugiarse. El problema era, que no era nadie, solo una esclava, desde que las atraparon a ella y a su madre en el desierto. La madre de la esclava había muerto defendiendo a su hija, y esta haría lo propio por el suyo.<br />
<br />
Al fin, al fin la encontró. Ella caminaba agotada apoyándose en el tronco de los árboles, mirando al suelo para evitar tropezar. A él no le importaba el terreno ni el cansancio, su caballo había sido entrenado para moverse por esos lugares. Ella se giró al escuchar los pasos del caballo acercarse, se quedó paralizada, asustada, no sabía qué hacer, ni hacia donde correr.<br />
<br />
El noble se apeó del caballo, camino hacia su esclava con total calma y tranquilidad mientras extendía su mano hacia ella, queriéndole decir que fuese con él. Ella daba pasitos hacia atrás, atemorizada, pero el peliblanco estaba cada vez más cerca. Hasta que la alcanzo. La bofetada resonó por todo el bosque. Después de golpearla, la agarró del brazo con fuerza y tiro de ella. Evidentemente, él era mucho más fuerte, y pese a la resistencia ella no podía hacer nada.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Te lo he dado todo, y me lo pagas así, prepárate para el infierno mujer.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sin embargo sus palabras quedaron eclipsadas cuando una bandada de cuervos salidos de la nada empezó a atacar al noble, quien no tuvo más remedio que soltar a la mujer para cubrirse, desenvainar su extraña espada, y comenzar a golpear al aire para alejarlos. Cuando al fin logró librarse de los pájaros, se giró hacia la mujer, pero algo, o mejor dicho alguien, se interponía entre él y su esclava.<br />
<br />
El que se interponía era hombre vestido completamente de negro, excepto por una bufanda de color rojo que le cubría la parte inferior de su rostro, su cabello también era negro y le alcanzaba hasta la mitad de la espalda. Sus ojos no eran tan oscuros, sin embargo en aquel momento también parecían negros. Sujetaba entre sus manos una espada cuyo filo era tan oscuro como la noche. La bandana de la villa de la lluvia se veía claramente en su brazo izquierdo.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Apártate, ella me pertenece.</span><br />
<br />
—<span style="color: Blueviolet;" class="mycode_color">Las personas no le pertenecen a nadie excepto a sí mismas.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Yo pague por ella, es mía, así que quítate de en medio o te sacare yo.</span><br />
<br />
—<span style="color: blueviolet;" class="mycode_color">Inténtalo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los dos hombres comenzaron a pelear. El noble utilizaba una extraña espada con forma de aguja y un mango que parecía la mitad de una esfera, además combatía con un estilo bastante extraño. El hombre de los cuervos también se manejaba muy bien con la espada, y gracias a la oscuridad de la noche era bastante difícil discernir su filo, pero ambos luchadores estaban a la par, era una lucha por ver quien cometía el primer error.<br />
<br />
Sin embargo el hombre de los cuervos era un shinobi experimentado, y no solo era diestro en la esgrima, por lo que se adelantó a su rival gracias a las artes ninjas. Si, había jugado sucio, pero eso venia implícito en su trabajo. Trabajo que había dejado de cumplir al escuchar el golpe resonando por todo el bosque, y había acudido raudo pensado que se trataba de algún enemigo, y sin embargo se había encontrado con aquel panorama.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Está bien, tú ganas, de momento.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Fueron las últimas palabras del noble antes de subirse a su corcel y marcharse. Pero aquella no sería la última vez que los hombres se verían las caras. El noble esta resentido, le habían robado a su esclava y a su hijo. Y no iba a quedarse quieto, aunque le costara años, recuperaría lo que era suyo, incluso si tenía que enfrentarse a la villa oculta de la lluvia.</span><br />
<br />
—<span style="color: blueviolet;" class="mycode_color">¿Estas bien?</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pregunto el hombre de los cuervos a la mujer mientras le tendía la mano, que había quedado sentada en el suelo, y que al parecer aun no era capaz de articular ninguna palabra. Aún tenía miedo, y sin embargo acepto la mano que le tendían, aunque tímidamente.</span><br />
</div></div></div>
<br />
<div align="center"><span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color"><span style="font-size: 18px;">Capitulo 3</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquel shinobi no abandono a la mujer en mitad del bosque, sino que la llevo consigo a la villa de la lluvia con todas las consecuencias que aquello acarreo para él. Ella había pasado por mucho, su vida había sido complicada, y necesitaba reponerse de todo aquello. Pese a todas las dificultades, ambos acabaron enamorados el uno del otro.<br />
<br />
El niño que ella llevaba en su interior había nacido sano. Su nombre fue Reiji, porque así lo quiso su madre y no porque alguien la hubiese obligado a elegir ese nombre. Aquel shinobi lo tomo como a su propio hijo, aunque no lo era, y lo entreno como antes había hecho su padre con él. Y no solo eso, sino que lo hizo ingresar en la academia para convertirlo en todo un Shinobi de amegakure.<br />
<br />
Ella no paso sus años en balde, él le había enseñado a manipular el chakra, y unas cuantas cosas más, y gracias a lo que sus antepasados le habían retransmitido, aquel raro Kekkei, había podido sacar algo de dinero vendiendo algunas artesanías y joyas, dinero que invirtió en abrir su propia joyería en el distrito comercial. Pese a que le preguntaron muchas veces y tubo la libertad de elegir, ella nunca quiso dedicarse a la vida militar.<br />
<br />
Sin embargo, si su hijo quería hacerlo ella no se lo iba a impedir, porque hasta que su amado la saco de aquel bosque, ella nunca había podido hacerlo, y no iba a permitir que a su hijo le sucediera lo mismo. El joven también pasaba tiempo ayudando a su madre en la Joyería, o entrenando con el quien creía que era su padre, porque, pese a todo, jamás le contaron la verdad.<br />
<br />
Al final, el joven Reiji, a la edad de 14 años, logro graduarse como gennin.</span><br />
</div></div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color"><span style="font-size: 18px;">Capitulo 1</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Llovía, como casi siempre desde que los ciudadanos de Shinogi-To tienen memoria, rara era la vez en la que el sol se asomaba entre las nubes y la lluvia cesaba, rara y un mal presagio para todos los habitantes del país de la tormenta. Era prácticamente de noche, las luces artificiales iluminaban las calles abarrotadas de gente, pese a que era ya casi media noche.<br />
<br />
Entre toda la multitud había una persona que destacaba. Un hombre bastante alto, con el cabello blanco como la nieve pese a no aparentar más de veinte cinco años; ataviado con una gabardina de color negro, una camiseta de color granate, unos pantalones negros y unas botas. Sus ojos brillaban bajo la luz como dos esmeraldas.<br />
<br />
Caminaba con la mirada al frente y con las manos en los bolsillos, sin miedo, pese a saber en qué lugar se encontraba. Junto a él caminaba un hombre mucho más mayor, con los cabellos mayoritariamente canosos. Cargaba con una maleta que parecía algo pesada, y en la otra mano sostenía un paraguas para que su señor no se mojase.<br />
<br />
Las miradas los siguieron hasta que ambos se introdujeron un callejón y allí entraron en un antro de mala muerte. El lugar estaba iluminado tan solo por la luz de las velas, pese al avance tecnológico de la ciudad, algunas mesas y sillas estaban roídas por las ratas, otras llenas de moho. El lugar apestaba a tabaco, alcohol e incluso a sexo.<br />
<br />
La entrada del noble y su mayordomo atrajo la mirada de los clientes habituales, que simplemente les observaron de reojo y comentaron con murmullos. Ellos ya sabían a lo que un hombre como ese hacía en un local así, pero nadie podía decir nada, no al menos si querían conservar su integridad física. El hombre de cabellos blancos ni siquiera se dignó en mirarlos.<br />
<br />
Se acercaron a la barra donde un hombre bastante corpulento les atendió. No solo era tan grande como un barril de cerveza, sino que era tan bajito como estos, tenía las uñas de las manos bastante sucias, y su aliento apestaba a cloaca, incluso se podían apreciar algunos restos de comida en su frondoso bigote.</span><br />
<br />
—<span style="color: olivedrab;" class="mycode_color">¿Que desea señor?</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pregunto a su nuevo cliente</span><br />
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—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Quiero que hagas realidad el deseo de todos los hombres</span> — <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Respondió el hombre de ojos esmeraldas, aquella frase era lo que alguien le había dicho que tenía que decir.</span><br />
<br />
—<span style="color: olivedrab;" class="mycode_color">Por supuesto, sígame.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre barril de cerveza guió al noble y su sirviente hasta la parte trasera de la tienda. A primera vista allí no había más que barriles de cerveza, estanterías llenas de comida y cajas cuyo contenido no podía apreciarse. El hombre arrastro como pudo algunas de estas cajas dejando a la vista una trampilla de la cual tiró para dejar a la vista unas escaleras.</span><br />
<br />
—<span style="color: olivedrab;" class="mycode_color">Adelante, espero que encuentre lo que ha venido a buscar.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El hombre de cabellos como la nieve y su fiel sirviente descendieron las escaleras sin ninguna duda, pese a que la apariencia del dueño y la apariencia del local indicaran que todo aquello podía ser tan solo una sucia trampa. Sin embargo, parecía saber con certeza lo que iba a encontrarse y no titubeo en ningún momento.<br />
<br />
El hombre barril había cerrado la trampilla en cuanto ellos habían desaparecido y no les había seguido. Al final de las escaleras tan solo había un enorme pasillo de piedra iluminado por antorchas sujetas a la pared a cada uno de los lados. El pasillo parecía eterno y se ensanchaba cada vez más, tras un buen rato de camino este giraba a la derecha y tras otro buen rato giraba a la izquierda. Al final, otro largo paseo después, alcanzaron el final del pasillo.<br />
<br />
Frente a unas enormes puerta de madera, un hombre ataviado con una túnica y una capucha que cubría su rostro y que caminaba apoyándose en un bastón de madera, recibió al hombre los ojos esmeraldas y a su sirviente.</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Buenas noches, bienvenido</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquella voz no tenía un tono concreto, no parecía la de un anciano, ni tampoco la de una persona joven, no parecía enfadado, ni alegre, era plana, tan plana como una tabla de madera</span> —<span style="color: violet;" class="mycode_color">Síganme por favor.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El encapuchado dio media vuelta y apoyo sus manos sobre las puertas de madera. Parecían bastante pesadas por su tamaño, pero basto con que el hombre las tocara para que estas se abrieran de par en par, dejando ver una enorme sala. El suelo de esta estaba cubierto por una especie de moqueta de color rojo, las paredes y pilares de la sala estaban hechos de mármol. Y la luz era abrumadora, se podía ver todo con perfecta claridad. Y sin embargo aquel lugar era oscuro, muy oscuro.<br />
<br />
Las paredes y los pilares que sostenían aquel lugar estaban repletos de mujeres y niños encadenados a ellas por unos grilletes, sus pies jamás tocaban el suelo y muchos habían sido azotados recientemente, pues en algunos casos la sangre aun goteaba en el suelo. Y esa era el único sonido que se escuchaba en aquel lugar, pues todos estaban amordazados, sin embargo tenían los ojos bien abiertos, para que el cliente pudiera ver bien la mercancía.</span><br />
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—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Puede darse una vuelta y elegir lo que más le guste, pero si necesita que le aconseje le esperare justo aquí.</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Las puertas se habían cerrado tras el paso de los tres hombres, y el más menudo de ellos, el hombre que les había guiado al interior de la sala, y que andaba con la ayuda de un cayado de madera, se había quedado al lado de las puertas a la espera de que sus nuevos clientes seleccionaran la mercancía que más les gustara, o que bien, les dejara intentar colarles algún esclavo del que quería deshacerse con rapidez. Aquello era a lo que él llamaba aconsejar.<br />
<br />
Sin embargo el noble y su sirviente comenzaron a explorar el lugar sin preguntarle ni pedirle ni un solo consejo al encapuchado. Hacía tiempo que el de los ojos esmeraldas se había enterado del negocio de venta de esclavos y estaba decidido a adquirir a su esclava. No es que no pudiera conseguir a la mujer que él quisiera, es que prefería una mascota a la que tratar como le diera la gana, una mascota que hiciera lo que él quisiera, cuando él quisiera y como él quisiera.<br />
<br />
Necesitaba encontrar algo que satisficiese a sus ojos y allí había de todo. Mujeres de diferentes edades, con diferentes tonos de piel, color de ojos y color de pelo. No le interesaban para nada las menores, así que simplemente pasaba de largo, indiferente ante el sufrimiento de estas. Observo a cada una de las mujeres del lugar, las había muy exóticas y también muy comunes, pero ninguna encendía su chispa y estaba a punto de irse cuando la vio.<br />
<br />
Estaba un poco apartada del resto y al contrario que las demás, las cadenas que la sujetaban era de oro, y su cuerpo no mostraba ni una sola cicatriz. Sus cabellos eran rojos como la sangre, largo, liso y bien peinado. Sus ojos eran dos rubíes, pero no había vida, no había brillo en ello. Al contrario que algunas de las demás, no quedaba ni un atisbo de esperanza en su mirada. Y sin embargo seguía respirando, seguía viva.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Me voy a llevar a esta</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sentencio el peliblanco.</span><br />
<br />
—<span style="color: violet;" class="mycode_color">Le advierto señor que esa mujer es especial, su precio es muy elevado, esa mujer es la última persona que conserva un Kekkei que se creía perdido después de la guerra, algunos shinobis hacen suculentas ofertas por ella.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con una orden de su brazo, el mayordomo se adelantó un paso y abrió la maleta que portaba frente al encapuchado, dejando ver una enorme cantidad de dinero.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Lo que hay aquí es suficiente para comprar al resto de los esclavos, te daré otra suma equivalente cuando haya llegado a mi carruaje sano y salvo con ella ¿Hay trato?</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El encapuchado, abrumado y ensimismado por la cantidad de dinero que había recibido y que iba a recibir no dudo ni un solo instante en asentir con la cabeza. Los acompaño por la salida secreta del lugar hasta las afueras del pueblo. Habían cubierto a la muchacha con trapos como si de una mendiga se tratarse. Los acompañó hasta donde el noble había dejado su carro con caballos, recibió su dinero, y desapareció por donde había venido.</span><br />
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<div align="center"><span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color"><span style="font-size: 18px;">Capitulo 2</span></span></div>
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En algún lugar entre el país de la tormenta y el país de la tierra, entre bosques y montañas, se encontraba el castillo a donde el noble había llevado a vivir a su esclava. Un castillo digno de un señor feudal, sin embargo, aquel hombre no lo era. Había convertido a la esclava en su esposa, pero seguía siendo tan solo un maniquí que obedecía órdenes, una mascota que hacía caso a su dueño y que si lo hacía mal, le castigaban.<br />
<br />
Pero a ella la castigaban siempre, independientemente de si lo hacía bien o mal. Simplemente aquel hombre de ojos esmeralda y de blancos cabellos la usaba como quería. Y ella jamás se quejó, jamás le llevo la contraria, jamás intento defenderse, nunca alzo la mano contra su “dueño”. Y le daba igual, porque jamás había tenido esperanza.<br />
<br />
Pese a que sabía, gracias a que su madre se lo había contado de pequeña, que tenía un gran poder en su interior, jamás había sido capaz de utilizarlo, pues carecía del entrenamiento de un shinobi para manipular su chackra. Además, había sido capturada junto a su madre cuando no pasaba de los diez años, y habían visto como maltrataban y violaban a su madre hasta la muerte. Hacía mucho que había perdido la fe, hacía mucho que no tenía ningún motivo para luchar.<br />
<br />
Y sin embargo, el día en que tuvo que pelear llego inevitablemente. Aquel hombre la había dejado embarazada y más que preocuparse por la sangre de su sangre se había preocupado por encontrarle un comprador. Aquel hombre pensaba vender a su hijo al mejor postor. Ella le había escuchado negociar con un shinobi de Kusgakure, explicando que por las venas de aquel niño o niña no solo corría su sangre noble, sino también el Kekkei genkai de la madre. Y la mujer, y su bebe en camino, eran los únicos poseedores de aquella naturaleza.<br />
<br />
Y ella que hacía mucho que no tenía fe, ahora tenía que salvar a ese niño, como había intentado salvarla a ella su madre. No podía permitir que aquel despiadado hombre la separara de su hijo, no podía dejar que se lo vendiera a nadie. Y ella ni siquiera sabía por qué aquel hombre quería vender a su propio hijo al mejor postor.<br />
<br />
Lo planeo todo lo mejor que pudo. Tenía que escapar de aquel lugar antes de que el bebe naciera, antes de que nadie pudiera separarlos. Ni el tiempo ni la salud estaban de parte de aquella mujer, el embarazo hacia que no se encontrara en muy buen estado, pero tenía muy claro que si no se marchaba se arrepentiría el resto de sus días.<br />
<br />
Llovía, era casi más de media noche, hacía tiempo que el dueño del castillo se había ido a dormir, de hecho todo el castillo dormía, todos menos la esclava. Ya no la encerraban, hacía tiempo que no lo hacían, pues nunca había opuesto resistencia, nunca hasta aquel día.<br />
<br />
Salió del castillo a toda por la parte trasera, salió con el mayor sigilo posible intentando evitar a los guardias de la muralla. La puerta del jardín trasero siempre estaba abierta, por alguna razón que ella no conocía, pero aquello la beneficiaba. Una vez fuera corrió, corrió todo lo lejos que pudo. Sabía que no tardarían en darse cuenta de su ausencia, sobretodo su dueño, pues dormían en la misma cama. <br />
<br />
El barro y el peso de su barriga hacían de aquello una difícil tarea, además del cuidado que tenia de evitar tropezar para no caer y dañar al bebe. Pero ni siquiera sabía a donde ir, hacia donde ir, solo corrió hacia delante hasta que su cuerpo no pudo más y tuvo que apoyarse en un árbol a tomar un respiro.<br />
<br />
El hombre de ojos esmeraldas se había levantado sin nadie a su lado. Al principio todo fue caos, ninguno de los guardias sabia a donde había huido la esclava. Pero enseguida se calmó, y su calma atemorizo más a los guardias que su ira. No tardó mucho en organizar una partida de búsqueda, había pagado mucho por esa mujer, y llevaba en su vientre algo que le iba a proporcionar todavía más dinero. Cuando estuvo preparado, monto su blanco corcel, y partió en busca de sus pertenencias extraviadas.<br />
<br />
La noche no era precisamente calurosa, el camisón era lo único que ella llevaba puesto. Pese a que tenía algunas libertadas dentro del castillo aun siendo una esclava, era su dueño quien elegía las prendas de ropa que iba a utilizar a lo largo del día. Además, había otra cosa que la mujer no había tenido en cuenta al escapar. Las montañas estaban repletas de bandidos.<br />
<br />
El noble sin embargo, sí que había tenido en cuenta el hecho de que había bandidos por los alrededores, y temía que estos le arrebataran sus pertenencias. Lo que más preocupaba al hombre es que mataran al niño que estaba por nacer. Tenía dinero suficiente para comprar las esclavas que quisiera, y no le importaba en lo más mínimo perder una, pero esa no, no podía permitirlo, tenía que encontrarla el primero. Ni siquiera se fiaba de sus propios soldados.<br />
<br />
Si se quedaba parada mucho tiempo, el noble la alcanzaría, por eso ella decidió retomar el camino. Aunque fuera poco a poco, paso a paso, tenía que alejarse. Corrió y cuando no pudo más, caminó. Ya no podía pararse, tenía que alejarse lo máximo posible, encontrar algún lugar donde refugiarse. El problema era, que no era nadie, solo una esclava, desde que las atraparon a ella y a su madre en el desierto. La madre de la esclava había muerto defendiendo a su hija, y esta haría lo propio por el suyo.<br />
<br />
Al fin, al fin la encontró. Ella caminaba agotada apoyándose en el tronco de los árboles, mirando al suelo para evitar tropezar. A él no le importaba el terreno ni el cansancio, su caballo había sido entrenado para moverse por esos lugares. Ella se giró al escuchar los pasos del caballo acercarse, se quedó paralizada, asustada, no sabía qué hacer, ni hacia donde correr.<br />
<br />
El noble se apeó del caballo, camino hacia su esclava con total calma y tranquilidad mientras extendía su mano hacia ella, queriéndole decir que fuese con él. Ella daba pasitos hacia atrás, atemorizada, pero el peliblanco estaba cada vez más cerca. Hasta que la alcanzo. La bofetada resonó por todo el bosque. Después de golpearla, la agarró del brazo con fuerza y tiro de ella. Evidentemente, él era mucho más fuerte, y pese a la resistencia ella no podía hacer nada.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Te lo he dado todo, y me lo pagas así, prepárate para el infierno mujer.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sin embargo sus palabras quedaron eclipsadas cuando una bandada de cuervos salidos de la nada empezó a atacar al noble, quien no tuvo más remedio que soltar a la mujer para cubrirse, desenvainar su extraña espada, y comenzar a golpear al aire para alejarlos. Cuando al fin logró librarse de los pájaros, se giró hacia la mujer, pero algo, o mejor dicho alguien, se interponía entre él y su esclava.<br />
<br />
El que se interponía era hombre vestido completamente de negro, excepto por una bufanda de color rojo que le cubría la parte inferior de su rostro, su cabello también era negro y le alcanzaba hasta la mitad de la espalda. Sus ojos no eran tan oscuros, sin embargo en aquel momento también parecían negros. Sujetaba entre sus manos una espada cuyo filo era tan oscuro como la noche. La bandana de la villa de la lluvia se veía claramente en su brazo izquierdo.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Apártate, ella me pertenece.</span><br />
<br />
—<span style="color: Blueviolet;" class="mycode_color">Las personas no le pertenecen a nadie excepto a sí mismas.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Yo pague por ella, es mía, así que quítate de en medio o te sacare yo.</span><br />
<br />
—<span style="color: blueviolet;" class="mycode_color">Inténtalo.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los dos hombres comenzaron a pelear. El noble utilizaba una extraña espada con forma de aguja y un mango que parecía la mitad de una esfera, además combatía con un estilo bastante extraño. El hombre de los cuervos también se manejaba muy bien con la espada, y gracias a la oscuridad de la noche era bastante difícil discernir su filo, pero ambos luchadores estaban a la par, era una lucha por ver quien cometía el primer error.<br />
<br />
Sin embargo el hombre de los cuervos era un shinobi experimentado, y no solo era diestro en la esgrima, por lo que se adelantó a su rival gracias a las artes ninjas. Si, había jugado sucio, pero eso venia implícito en su trabajo. Trabajo que había dejado de cumplir al escuchar el golpe resonando por todo el bosque, y había acudido raudo pensado que se trataba de algún enemigo, y sin embargo se había encontrado con aquel panorama.</span><br />
<br />
—<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">Está bien, tú ganas, de momento.</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Fueron las últimas palabras del noble antes de subirse a su corcel y marcharse. Pero aquella no sería la última vez que los hombres se verían las caras. El noble esta resentido, le habían robado a su esclava y a su hijo. Y no iba a quedarse quieto, aunque le costara años, recuperaría lo que era suyo, incluso si tenía que enfrentarse a la villa oculta de la lluvia.</span><br />
<br />
—<span style="color: blueviolet;" class="mycode_color">¿Estas bien?</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pregunto el hombre de los cuervos a la mujer mientras le tendía la mano, que había quedado sentada en el suelo, y que al parecer aun no era capaz de articular ninguna palabra. Aún tenía miedo, y sin embargo acepto la mano que le tendían, aunque tímidamente.</span><br />
</div></div></div>
<br />
<div align="center"><span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color"><span style="font-size: 18px;">Capitulo 3</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquel shinobi no abandono a la mujer en mitad del bosque, sino que la llevo consigo a la villa de la lluvia con todas las consecuencias que aquello acarreo para él. Ella había pasado por mucho, su vida había sido complicada, y necesitaba reponerse de todo aquello. Pese a todas las dificultades, ambos acabaron enamorados el uno del otro.<br />
<br />
El niño que ella llevaba en su interior había nacido sano. Su nombre fue Reiji, porque así lo quiso su madre y no porque alguien la hubiese obligado a elegir ese nombre. Aquel shinobi lo tomo como a su propio hijo, aunque no lo era, y lo entreno como antes había hecho su padre con él. Y no solo eso, sino que lo hizo ingresar en la academia para convertirlo en todo un Shinobi de amegakure.<br />
<br />
Ella no paso sus años en balde, él le había enseñado a manipular el chakra, y unas cuantas cosas más, y gracias a lo que sus antepasados le habían retransmitido, aquel raro Kekkei, había podido sacar algo de dinero vendiendo algunas artesanías y joyas, dinero que invirtió en abrir su propia joyería en el distrito comercial. Pese a que le preguntaron muchas veces y tubo la libertad de elegir, ella nunca quiso dedicarse a la vida militar.<br />
<br />
Sin embargo, si su hijo quería hacerlo ella no se lo iba a impedir, porque hasta que su amado la saco de aquel bosque, ella nunca había podido hacerlo, y no iba a permitir que a su hijo le sucediera lo mismo. El joven también pasaba tiempo ayudando a su madre en la Joyería, o entrenando con el quien creía que era su padre, porque, pese a todo, jamás le contaron la verdad.<br />
<br />
Al final, el joven Reiji, a la edad de 14 años, logro graduarse como gennin.</span><br />
</div></div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lo menos que se puede hacer]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-lo-menos-que-se-puede-hacer</link>
			<pubDate>Thu, 27 Aug 2015 02:05:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">kanto</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-lo-menos-que-se-puede-hacer</guid>
			<description><![CDATA[Nacido en la extrema pobreza de la aldea Amegakure , se encontraba un joven llamado Kanto. Vivía dentro de las redes de tuberías que mueven el agua de la aldea. Se alimentaba de ratas principalmente y gracias a la gran tecnología que tiene la aldea de Amegakure, su familia y el podían conseguir agua potable. Todos los miembros de la familia respetaban la vida de los demás aldeanos, nunca contaminaron las aguas del lugar. Siempre tenían precauciones con las diferentes actividades que hacían con las aguas; ya tenían bastos conocimientos sobre el sistema de tuberías y se manejaban de una manera natural en el lugar. Gracias a la poca luz que pasa por las tapas de los alcantarillados, cuando era un niño pequeño siempre disfrutaba adivinar que color de la luz de neón cuando visitaban un nuevo lugar.<br />
<br />
Siempre se encontraban en constante movimiento de las redes de tuberías, ya que por la constante lluvia y los diferentes horarios de uso de las aguas del lugar; hacia que las aguas aumentaran de nivel en diferentes secciones. Incluso pudiendo ser peligroso en algunas ocasiones. Cuando ya había obtenido la edad y el permiso para andar por si mismo en las tuberías, en par de ocasiones casi pierde su vida; solo por no estar atento a sus alrededores. Con el tiempo ya ha obtenido una destreza para moverse en las peores condiciones dentro de estas y la inteligencia suficiente para recordarse de los cominos de manera exacta.<br />
<br />
Ya con el pasar del tiempo los padres de Kanto se habían deteriorado, de tal manera que ya le quedaban pocos momentos de vida. Ya mostraban los efectos de una vida con un mal cuidado. Ellos alentaron al joven a dejar esa vida, sabían que el tenia un gran potencial que podía explotar y que nunca se apreciaría si se queda en aquel lugar. Una difícil decisión fue tomada por Kanto, tuvo que olvidarse de su familia y comenzar su vida en las afueras. Luego de combatir consigo mismo, este acepto el reto, alejándose de aquella vida. Cuando salio no pudo notar el hermoso paisaje de la ciudad de Amegakure. Se encontraba en la tristeza gracias a la perdida de las únicas personas que el conocia. Tomo fuerzas gracias a la voluntad que le habían dejado sus padres, el no podía tomar en vano el ultimo deseo que ellos tenían.Pero luego de un tiempo las luces, el olor, el ruido de la villa, el tacto de cada gota de lluvia que caía en su piel. Todo era totalmente nuevo, aquella combinación de sensaciones era abrumadora para el. El eligió ir a la academia ninja, ya que sintió que seria lo mas sencillo para el, por las habilidades que había tomado en su vida.<br />
<br />
Así comenzado su vida como estudiante en la estudiante de la villa sin ningún apoyo. Nunca pudo ser el mejor de la clase y como se pudo esperar, no pudo socializar muy bien que digamos. Ya que nunca lo había intentado anteriormente. Los profesores no le tomaban en cuenta su presencia, ya que solo tenia la capacidad de aprobar las tareas básicas con la menor nota posible. Para su subsistencia el lograba robar algunas cosas de las comunidades, pocas veces era visto haciendo esos actos; de que no se sentía tan orgulloso. Luego de un gran esfuerzo y dedicación había logrado graduarse de la academia para convertirse en ninja y en una nueva persona.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Nacido en la extrema pobreza de la aldea Amegakure , se encontraba un joven llamado Kanto. Vivía dentro de las redes de tuberías que mueven el agua de la aldea. Se alimentaba de ratas principalmente y gracias a la gran tecnología que tiene la aldea de Amegakure, su familia y el podían conseguir agua potable. Todos los miembros de la familia respetaban la vida de los demás aldeanos, nunca contaminaron las aguas del lugar. Siempre tenían precauciones con las diferentes actividades que hacían con las aguas; ya tenían bastos conocimientos sobre el sistema de tuberías y se manejaban de una manera natural en el lugar. Gracias a la poca luz que pasa por las tapas de los alcantarillados, cuando era un niño pequeño siempre disfrutaba adivinar que color de la luz de neón cuando visitaban un nuevo lugar.<br />
<br />
Siempre se encontraban en constante movimiento de las redes de tuberías, ya que por la constante lluvia y los diferentes horarios de uso de las aguas del lugar; hacia que las aguas aumentaran de nivel en diferentes secciones. Incluso pudiendo ser peligroso en algunas ocasiones. Cuando ya había obtenido la edad y el permiso para andar por si mismo en las tuberías, en par de ocasiones casi pierde su vida; solo por no estar atento a sus alrededores. Con el tiempo ya ha obtenido una destreza para moverse en las peores condiciones dentro de estas y la inteligencia suficiente para recordarse de los cominos de manera exacta.<br />
<br />
Ya con el pasar del tiempo los padres de Kanto se habían deteriorado, de tal manera que ya le quedaban pocos momentos de vida. Ya mostraban los efectos de una vida con un mal cuidado. Ellos alentaron al joven a dejar esa vida, sabían que el tenia un gran potencial que podía explotar y que nunca se apreciaría si se queda en aquel lugar. Una difícil decisión fue tomada por Kanto, tuvo que olvidarse de su familia y comenzar su vida en las afueras. Luego de combatir consigo mismo, este acepto el reto, alejándose de aquella vida. Cuando salio no pudo notar el hermoso paisaje de la ciudad de Amegakure. Se encontraba en la tristeza gracias a la perdida de las únicas personas que el conocia. Tomo fuerzas gracias a la voluntad que le habían dejado sus padres, el no podía tomar en vano el ultimo deseo que ellos tenían.Pero luego de un tiempo las luces, el olor, el ruido de la villa, el tacto de cada gota de lluvia que caía en su piel. Todo era totalmente nuevo, aquella combinación de sensaciones era abrumadora para el. El eligió ir a la academia ninja, ya que sintió que seria lo mas sencillo para el, por las habilidades que había tomado en su vida.<br />
<br />
Así comenzado su vida como estudiante en la estudiante de la villa sin ningún apoyo. Nunca pudo ser el mejor de la clase y como se pudo esperar, no pudo socializar muy bien que digamos. Ya que nunca lo había intentado anteriormente. Los profesores no le tomaban en cuenta su presencia, ya que solo tenia la capacidad de aprobar las tareas básicas con la menor nota posible. Para su subsistencia el lograba robar algunas cosas de las comunidades, pocas veces era visto haciendo esos actos; de que no se sentía tan orgulloso. Luego de un gran esfuerzo y dedicación había logrado graduarse de la academia para convertirse en ninja y en una nueva persona.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cazar o ser cazado]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cazar-o-ser-cazado</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2015 21:11:59 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cazar-o-ser-cazado</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Las guerras son causantes de muchas cosas: destrucción, muerte, tristeza y otras muchas cosas negativas. Sin embargo a veces las guerras traen consigo cosas buenas. Cuando las cinco grandes aldeas fueron reducidas a la nada, los supervivientes tuvieron viajar y refugiarse en las entonces pequeñas aldeas que sobrevivieron, era eso o vagar por el mundo hasta encontrar un lugar al que poder llamar hogar. Durante este periodo se crearon nuevas relaciones entre los acogidos y los habitantes de dichas villas. Odio, envidia, respeto, amor, un sin fin de nuevas historias, incluso se trasmitieron nuevas leyendas.<br />
<br />
Y de una de esas historias, una de amor tal vez, nadie lo sabe con certeza, surgió una nueva familia. Algunas de las muchas personas que llegaron a Uzushiogakure tras la destrucción de las cinco grandes villas eran descendientes de antiguos clanes de estas, y entre ellos había uno en especial que era conocido por que siempre iban acompañados por su fiel compañero, un perro. Se trataba del clan Inuzuka.<br />
<br />
No todos los miembros de dicho clan se trasladaron hasta Uzushio, algunos prefirieron vivir en los bosques como ermitaños, otros se fueron hasta Kusagakure o Amegakure. Pero los que llegaron hasta la villa del remolino fueron los protagonistas de la historia. Nadie sabe muy bien como paso o que sucedió, el hecho en sí es todo un misterio rodeado de leyendas, pero de un día para otro, surgió en la villa una familia descendiente de los Inuzuka, pero estaban acompañados por grandes felinos, como tigres, panteras, pumas, etc. Y el caso es que ambas familias se nunca se llevaron como el perro y el gato, las relaciones siempre fueron cordiales, e incluso hubo amor entre ambas. Aunque tal, quien evito las disputas y llevo todo por el buen camino, fue quien gobernaba la villa por aquel entonces."</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">La estación del tigre</span></span></div>
<br />
El otoño había llegado hacia poco, las lluvias y las tormentas habían empezado a ser más frecuentes, las hojas de los arboles empezaban a caer. Era una época muy especial para los miembros de mi familia, pues según la mitología que se nos transmite desde solo mi madre sabe cuándo, el otoño era la estación del tigre. Pues según la leyenda, el guardián del oeste y representante del otoño, era un enorme tigre blanco.<br />
<br />
Pero había otra razón por la cual aquella época era especial. Mi madre estaba esperando un hijo, me estaba esperando a mí. Mi padre, por otro lado y según mi madre, había salido a comprar tabaco hacia un par de meses. O eso creo que me contó, la verdad es que no me interesa mucho la historia, no es tan sabrosa como un buen filete. Así que por eso jamás he conocido a mi padre, tampoco sé si encontrara el tabaco y volverá algún día, si mi madre no ha ido a buscarlo aún, por algo será. Eso sí, si vuelve espero que me traiga un buen chuletón de la mejor carne.<br />
<br />
Se trataba de un nacimiento especial, claro. Un niño en plena estación del tigre. Y aunque mi padre no estaba presente, lo cual cuando era un bebe no me importaba por que no era consciente de ello, mis tíos abuelos y otra sarta de familiares que no sé qué serán de mí se encontraban presentes en el lugar. Claro que para la mayoría era solo algo histórico, por el tema del bebe que nace en la estación de su deidad felina. <br />
<br />
Pero claro, tratándose de mí, todavía quedaban sorpresas. No es que naciera con retraso o adelanto, de hecho nací el día que me tocaba a la hora que me tocaba, preciso como un reloj. Fui un niño normal y corriente, si no tenemos en cuenta ciertos pequeños detalles sin importancia. El primero era una llamativa cola de pelaje blanco y rallas negras, el segundo era que mi pelo era blanco, cuando en la familia todos tenían el pelo oscuro, o eso creo, nunca he visto a mi padre y nadie me cuenta nada de él. Y el ultimo pero no menos importante, es que cuando abrí mis ojos por primera vez, todo el mundo pudo ver como mi iris era rasgado, como el de un gato.<br />
<br />
Evidentemente aquello se investigó, porque no era normal, pero como nunca nadie llego a nada, al final todos lo tomaron como una especie de milagro, teniendo en cuenta la fecha de mi nacimiento.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">Una decisión muy fácil</span></span></div>
<br />
Cazar o ser cazado. Me gustaría decir que esa siempre ha sido mi mentalidad, pero estaría mintiendo. Los niños siempre han sido muy crueles, sobre todo con aquello que les parece raro o no es normal. Sobre todo cuando empiezan a crecer y a entender, que nacer con cola y ojos de gato no era algo normal. Así que mis primeros años en la academia no fueron muy agradables, al menos para mí.<br />
<br />
Temía salir de casa con mi preciosa cola al aire, tenía que esconderla porque por ella, era el objetivo de la gran mayoría de insultos y vejaciones, aunque la verdad es que no servía de mucho esconderla porque ya sabían que la tenía, aunque yo me sentía más seguro. Más difícil era esconder los ojos de gato o los colmillos que me crecieron cuando empezaron a salirme los dientes, por si la cola y los ojos no eran suficientes.<br />
<br />
Pero claro, yo me criaba y jugaba con animales que eran depredadores por naturaleza. De hecho por aquel entonces prefería la compañía de los tigres de mi madre o los pumas de mi tío y todavía sigo prefiriéndola. Estando con esos animales es cuando aprendí la lección, ellos no tenían miedo, ellos provocaban el miedo en sus presas, no huían con el rabo entre las piernas, eran cazadores. Y yo aprendí, y empecé a ser más animal que humano.<br />
<br />
Llego una época en la que dejé de esconder mi cola. Había tomado una decisión, yo iba a ser el depredador, y no la presa, así como lo eran los compañeros de la familia. Aunque tal vez me lo tome demasiado literal, aquellos que me insultaban o se metían conmigo llegaban a sus casas con arañazos y mordiscos. Claro, aquello tampoco era lo normal, y me lleve unas cuantas regañinas de mis profesores y de mi madre, pero mereció la pena, dejaron de meterse conmigo.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">Nunca solo</span></span></div>
<br />
Como era costumbre en mi familia desde que mis antepasados criaban perros, todos los miembros eran acompañados por un animal, en nuestro caso eran todo felinos, y en mi caso más concretamente, eran tigres. Yo no era la excepción y cuando llego la camada de los tigres que acompañaban a mi madre, fue mi turno de conseguir un compañero.<br />
<br />
No fue difícil saber cuál de todos los recién nacidos iba acompañarme hasta el fin de mis días, entre todos los pequeños tigres, había uno cuyo pelaje era el igual que el de mi cola, blanco. Y ni siquiera tuve que decir nada para que ese fuera el elegido, incluso mi madre había pensado lo mismo que yo, lo cual no era extraño.<br />
<br />
Decidí que se llamaría Byakko, como la deidad a la que adorábamos. Las razones eran claras, la criatura que representaba a dicha deidad era también un tigre blanco, la camada también había nacido en otoño, y por si fuera poco, la deidad representaba también al elemento rayo, y vaya, pura casualidad era que yo fuese también usuario de dicho elemento. Había más que un vínculo familiar entre ese pequeño tigre y yo.<br />
<br />
Por algún motivo que no me he parado a estudiar, los libros no se comen, puedo entender perfectamente a los tigres cuando hablan, así que no fue difícil acoplarme a la pequeña familia tigre y aprender mientras la madre criaba a los pequeños. Byakko destacaba entre la camada, no solo por su color, sino porque además era un poco más grande que el resto. Y sin embargo, no tuvo ningún problema con el resto de los tigres como yo lo tuve con mis compañeros de clase, claro que ellos eran hermanos.<br />
<br />
Hacia prácticamente de todo con los tigres, comer, jugar, cazar, etc. No es que no tuviera amigos, que no los tenía, es que simplemente era mucho mejor vivir entre animales que con las personas, claro que, como tenía que ir a la academia, tenía por narices que relacionarme con ellos, y de verdad que lo intentaba con todas mis fuerzas, pero tal vez correr por el patio persiguiendo un pájaro para cazarlo y comérmelo allí, crudo na más pillarlo, no fue lo mejor para mis relaciones humanas. Cuando al fin termine la academia y me gradué, seguía sin haber logrado conseguir un solo amigo humano, tal vez algún día.<br />
<br />
Y sin embargo, no estuve solo nunca, vale que no tenía mucho amigos, pero siempre he tenido, y siempre tendré a mi lado, al pequeño Byakko, aunque algún día no será tan pequeño.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Las guerras son causantes de muchas cosas: destrucción, muerte, tristeza y otras muchas cosas negativas. Sin embargo a veces las guerras traen consigo cosas buenas. Cuando las cinco grandes aldeas fueron reducidas a la nada, los supervivientes tuvieron viajar y refugiarse en las entonces pequeñas aldeas que sobrevivieron, era eso o vagar por el mundo hasta encontrar un lugar al que poder llamar hogar. Durante este periodo se crearon nuevas relaciones entre los acogidos y los habitantes de dichas villas. Odio, envidia, respeto, amor, un sin fin de nuevas historias, incluso se trasmitieron nuevas leyendas.<br />
<br />
Y de una de esas historias, una de amor tal vez, nadie lo sabe con certeza, surgió una nueva familia. Algunas de las muchas personas que llegaron a Uzushiogakure tras la destrucción de las cinco grandes villas eran descendientes de antiguos clanes de estas, y entre ellos había uno en especial que era conocido por que siempre iban acompañados por su fiel compañero, un perro. Se trataba del clan Inuzuka.<br />
<br />
No todos los miembros de dicho clan se trasladaron hasta Uzushio, algunos prefirieron vivir en los bosques como ermitaños, otros se fueron hasta Kusagakure o Amegakure. Pero los que llegaron hasta la villa del remolino fueron los protagonistas de la historia. Nadie sabe muy bien como paso o que sucedió, el hecho en sí es todo un misterio rodeado de leyendas, pero de un día para otro, surgió en la villa una familia descendiente de los Inuzuka, pero estaban acompañados por grandes felinos, como tigres, panteras, pumas, etc. Y el caso es que ambas familias se nunca se llevaron como el perro y el gato, las relaciones siempre fueron cordiales, e incluso hubo amor entre ambas. Aunque tal, quien evito las disputas y llevo todo por el buen camino, fue quien gobernaba la villa por aquel entonces."</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">La estación del tigre</span></span></div>
<br />
El otoño había llegado hacia poco, las lluvias y las tormentas habían empezado a ser más frecuentes, las hojas de los arboles empezaban a caer. Era una época muy especial para los miembros de mi familia, pues según la mitología que se nos transmite desde solo mi madre sabe cuándo, el otoño era la estación del tigre. Pues según la leyenda, el guardián del oeste y representante del otoño, era un enorme tigre blanco.<br />
<br />
Pero había otra razón por la cual aquella época era especial. Mi madre estaba esperando un hijo, me estaba esperando a mí. Mi padre, por otro lado y según mi madre, había salido a comprar tabaco hacia un par de meses. O eso creo que me contó, la verdad es que no me interesa mucho la historia, no es tan sabrosa como un buen filete. Así que por eso jamás he conocido a mi padre, tampoco sé si encontrara el tabaco y volverá algún día, si mi madre no ha ido a buscarlo aún, por algo será. Eso sí, si vuelve espero que me traiga un buen chuletón de la mejor carne.<br />
<br />
Se trataba de un nacimiento especial, claro. Un niño en plena estación del tigre. Y aunque mi padre no estaba presente, lo cual cuando era un bebe no me importaba por que no era consciente de ello, mis tíos abuelos y otra sarta de familiares que no sé qué serán de mí se encontraban presentes en el lugar. Claro que para la mayoría era solo algo histórico, por el tema del bebe que nace en la estación de su deidad felina. <br />
<br />
Pero claro, tratándose de mí, todavía quedaban sorpresas. No es que naciera con retraso o adelanto, de hecho nací el día que me tocaba a la hora que me tocaba, preciso como un reloj. Fui un niño normal y corriente, si no tenemos en cuenta ciertos pequeños detalles sin importancia. El primero era una llamativa cola de pelaje blanco y rallas negras, el segundo era que mi pelo era blanco, cuando en la familia todos tenían el pelo oscuro, o eso creo, nunca he visto a mi padre y nadie me cuenta nada de él. Y el ultimo pero no menos importante, es que cuando abrí mis ojos por primera vez, todo el mundo pudo ver como mi iris era rasgado, como el de un gato.<br />
<br />
Evidentemente aquello se investigó, porque no era normal, pero como nunca nadie llego a nada, al final todos lo tomaron como una especie de milagro, teniendo en cuenta la fecha de mi nacimiento.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">Una decisión muy fácil</span></span></div>
<br />
Cazar o ser cazado. Me gustaría decir que esa siempre ha sido mi mentalidad, pero estaría mintiendo. Los niños siempre han sido muy crueles, sobre todo con aquello que les parece raro o no es normal. Sobre todo cuando empiezan a crecer y a entender, que nacer con cola y ojos de gato no era algo normal. Así que mis primeros años en la academia no fueron muy agradables, al menos para mí.<br />
<br />
Temía salir de casa con mi preciosa cola al aire, tenía que esconderla porque por ella, era el objetivo de la gran mayoría de insultos y vejaciones, aunque la verdad es que no servía de mucho esconderla porque ya sabían que la tenía, aunque yo me sentía más seguro. Más difícil era esconder los ojos de gato o los colmillos que me crecieron cuando empezaron a salirme los dientes, por si la cola y los ojos no eran suficientes.<br />
<br />
Pero claro, yo me criaba y jugaba con animales que eran depredadores por naturaleza. De hecho por aquel entonces prefería la compañía de los tigres de mi madre o los pumas de mi tío y todavía sigo prefiriéndola. Estando con esos animales es cuando aprendí la lección, ellos no tenían miedo, ellos provocaban el miedo en sus presas, no huían con el rabo entre las piernas, eran cazadores. Y yo aprendí, y empecé a ser más animal que humano.<br />
<br />
Llego una época en la que dejé de esconder mi cola. Había tomado una decisión, yo iba a ser el depredador, y no la presa, así como lo eran los compañeros de la familia. Aunque tal vez me lo tome demasiado literal, aquellos que me insultaban o se metían conmigo llegaban a sus casas con arañazos y mordiscos. Claro, aquello tampoco era lo normal, y me lleve unas cuantas regañinas de mis profesores y de mi madre, pero mereció la pena, dejaron de meterse conmigo.<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">Nunca solo</span></span></div>
<br />
Como era costumbre en mi familia desde que mis antepasados criaban perros, todos los miembros eran acompañados por un animal, en nuestro caso eran todo felinos, y en mi caso más concretamente, eran tigres. Yo no era la excepción y cuando llego la camada de los tigres que acompañaban a mi madre, fue mi turno de conseguir un compañero.<br />
<br />
No fue difícil saber cuál de todos los recién nacidos iba acompañarme hasta el fin de mis días, entre todos los pequeños tigres, había uno cuyo pelaje era el igual que el de mi cola, blanco. Y ni siquiera tuve que decir nada para que ese fuera el elegido, incluso mi madre había pensado lo mismo que yo, lo cual no era extraño.<br />
<br />
Decidí que se llamaría Byakko, como la deidad a la que adorábamos. Las razones eran claras, la criatura que representaba a dicha deidad era también un tigre blanco, la camada también había nacido en otoño, y por si fuera poco, la deidad representaba también al elemento rayo, y vaya, pura casualidad era que yo fuese también usuario de dicho elemento. Había más que un vínculo familiar entre ese pequeño tigre y yo.<br />
<br />
Por algún motivo que no me he parado a estudiar, los libros no se comen, puedo entender perfectamente a los tigres cuando hablan, así que no fue difícil acoplarme a la pequeña familia tigre y aprender mientras la madre criaba a los pequeños. Byakko destacaba entre la camada, no solo por su color, sino porque además era un poco más grande que el resto. Y sin embargo, no tuvo ningún problema con el resto de los tigres como yo lo tuve con mis compañeros de clase, claro que ellos eran hermanos.<br />
<br />
Hacia prácticamente de todo con los tigres, comer, jugar, cazar, etc. No es que no tuviera amigos, que no los tenía, es que simplemente era mucho mejor vivir entre animales que con las personas, claro que, como tenía que ir a la academia, tenía por narices que relacionarme con ellos, y de verdad que lo intentaba con todas mis fuerzas, pero tal vez correr por el patio persiguiendo un pájaro para cazarlo y comérmelo allí, crudo na más pillarlo, no fue lo mejor para mis relaciones humanas. Cuando al fin termine la academia y me gradué, seguía sin haber logrado conseguir un solo amigo humano, tal vez algún día.<br />
<br />
Y sin embargo, no estuve solo nunca, vale que no tenía mucho amigos, pero siempre he tenido, y siempre tendré a mi lado, al pequeño Byakko, aunque algún día no será tan pequeño.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La historia la escriben los vencedores]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-historia-la-escriben-los-vencedores</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2015 17:49:20 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=7">Inuzuka Nabi</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[En mi corta existencia he encontrado dos verdades que reinan en casi todas las personas. Primera, todos tienen un precio, y segunda, el altruismo es un engaño para necios. Aunque en realidad ambas están ligadas, creo que es necesario separarlas en dos entidades distintas.<br />
<br />
La primera puede ser algo impactante y que, al pensarlo, dudes de ella, más que dudar, la niegues por el simple hecho de que eres incapaz de aceptarla. El precio no tiene porque ser dinero, ni siquiera tiene que ser algo, los ricos matarían por seguir siendo ricos, los pobres matarían por ser ricos, los viejos por ser jóvenes, los jóvenes por no envejecer. El egoísmo es inherente al ser humano. Nadie se jode a si mismo si puede joder a otro. <br />
<br />
La segunda es obvia, pero hay gente que aún se cree que alguien así existe. Es un espejismo, un ente ficticio para poder soportar el verdadero egoísmo impregnado en cada uno de nosotros. Necesitáis creer que existe el bien absoluto para poder aceptar que existe el mal absoluto. Veis a la muerte y pensáis que hay algo después de ella, que os lleva con vuestro creador, cuando vuestro creador es el testículo izquierdo de vuestro padre y ese ovulo locuelo que se dejo fecundar de vuestra madre. <br />
<br />
Vosotros, pequeños seres, vivís en perpetuo engaño. Necesitáis crear un juicio divino y después de la vida para justificar que la vida es injusta. A mi no me engañareis, en vuestras marañas de ilusiones no hay sitio para mis ojos rojos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo primero, Resignación</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Nací y me eduqué, por así decirlo, en un pequeño orfanato de las zonas más pobres de la Villa Oculta entre Remolinos, se encargaba de los niños huerfanos de padres shinobi muertos o desaparecidos durante las misiones. Aunque no era exclusivamente de esa clase de niños, tanto el director como su única empleada no podian negarle la estancia a los bebes que aparecian cada cierto tiempo en su misma puerta. Tal vez así empezara todo, por ser demasiado solidarios, pero bueno, esa parte no toca ahora. <br />
<br />
Un lugar de reunion para niños de todas las edades donde todos tienen algo en común, un trauma con la muerte de sus padres, aunque algunos no gozaban de tal virtud, o defecto, pero en aquel ambiente era una virtud, porque los chiquillos que carecian de progenitores hacian constantes abucheos a los que o bien sí que los tenian y habian sido abandonados o los que no habian tenido noticias de ellos. Así, ellos mismos se dividieron en dos grupos dentro del recinto. Estaban los verdaderamente huerfanos y los huerfanos en la practica, pero no en la teoria. <br />
<br />
La primera facción se reunia en los Pobres Sagrados, un nombre desfasado a más no poder y que usaban como referencia a que sus padres estan en el cielo, no como los de los otros niños, que estaban emborrachandose y haciendo el mal segun estos. Y despues estaba mi grupo rebelde, el Crayon Uchiha, con un plastidecor carmesí como estandarte. Simbolizaba la libertad y la diversion a partes iguales, no rechazabamos a ningún niño, tuviera padres pasteleros o negros, eso no era importante para el Crayon Uchiha. <br />
<br />
Cabe decir, que durante toda mi estancia en aquel lugar solo dos niños fueron dejados en la misma puerta del orfanato, mi servidor, y una pequeña niña de azules cabellos. Y aquellos eran los primeros y unicos integrantes del Crayon Uchiha. <br />
</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo segundo, Encuentro</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">El frio no se detenia por ninguna pared o puerta, con su paso inexorable iba despertando uno a uno a todos los habitantes de aquella pequeña casa. El sistema de calefacción hacia varios años que no funcionaba, por suerte, los inviernos durante aquel periodo habian sido calmados y poco intensos, sin embargo, como profetizando un cambio más profundo, aquella estación fue la más helada que mi mente puede recordar. No digo que no fuera imaginado por mi infantil mente y exagerado sin darme cuenta, pero es el único invierno en que literalmente se me llegaron a congelar los mocos.<br />
<br />
Era un intrascendental dia de una intrascendental semana de un intrascendental mes, cuando llegó al orfanato una pequeña niña de apenas un año, sus cabellos azules la hacian tan única como más tarde demostraria ser. Os mentiria si os dijera que mire a los ojos de aquel mini ser humano y al instante supe que iba a ser mi única y mejor amiga, pero estaba demasiado ocupado intentando sobrevivir a aquella ola de congelación acercandome al unico fuego que se podia encender en aquel maldito orfanato. Una docena de niños nos reuniamos alrededor de la chimenea por intentar sobrevivir. Así, la pequeña Eri tuvo que sobrevivir con el calor de las mantas que la rodeaban y el de la señorita Yuna que la acunaba en sus brazos.</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo tercero, Brecha</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Cada vez eramos más y más niños. Con el paso de los años, los niños huerfanos aumentaban y los niños que eran recogidos o adoptados no variaba, siempre era cero. Como ya habia mencionado, era un orfanato de pobres, los pobres no quieren más niños y los ricos no quieren tener un niño pobre. Cuando un señor rico llegaba y se encontraba a esos pequeños seres que habian vivido casi toda su vida con la misma ropa que, con suerte, se limpiaba una vez al mes y ellos mismos el concepto de ducha que tenian era un mangerazo en el jardin trasero, pues no les parecia muy apropiado adoptar... eso. <br />
<br />
Con cada nuevo huesped de la casa, la brecha entre ellos y yo se hacia más profunda. Ellos habian conocido a sus padres y tenian un trauma que los unia, yo todo lo que habia conocido habia sido aquel lugar. Así pues, irremediablemente, a la edad de cuatro años me independicé de aquellos idiotas fundando el Crayon Uchiha. Sin embargo, eso no hizo más que dejar constancia de lo solo que estaba. Hasta que por el cuartel general del Crayon Uchiha apareció una perdida niña de azules pelos y llorosos ojos. <br />
<br />
Al parecer, los otros niños abusaban de ella constantemente tanto verbal como fisicamente. Sin pensarlo dos veces, y con todo el infantilismo que acompañaba a mi persona, le solté que yo seria su heroe de brillante armadura. Pues Uchiha Nabi era bien conocido en aquellos lares por nunca decir no a pelear por lo que creia justo, aunque supiera que no iba a salir victorioso. Sin querer evitarlo, entregó a la pequeña Eri el titulo de Segundo Crayon y le partió un diente al cabecilla de los que se metian con ella de un derechazo. Se ganó varias semanas sin postre y teniendo que limpiar durante un par de horas más que los demás, pero no le importó, porque no estaba sólo. Ya no. </div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo cuarto, Tormenta</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Pasamos casi 2 años sin separarnos. Como Crayon Uchiha resolvimos misterios como el de "¿Por que aparecen bombones con olor a caca en mi almohada?" o "¿Qué significa soñar con una ardilla que come zanahorias?", tambien ayudabamos a gente en apuros o jugabamos a tonterias, joder, que al fin y al cabo eramos solo unos niños. Sin embargo, llegó el dia en que decidimos que era hora de conocer el mundo más allá de las fronteras del orfanato. Diseñamos un plan perfecto para conseguir la libertad y acordamos un dia.<br />
<br />
Ayudariamos a Yuna-chan con las últimas tareas del dia, en cuanto tuvieramos la oportunidad le quitariamos la llave de la puerta principal y cuando se fuera a dormir seriamos libres. Un plan brillante. Obviamente ya la habiamos ayudado otros dias y era casi como nuestra madre, pero por circunstancias necesitabamos salir de aquel lugar. <br />
<br />
Estabamos a punto de llegar a la veintena de niños, en los últimos meses el director se habia agriado y vuelto estricto llegando a ser cruel. Yuna al principio nos defendia pero poco a poco fue dejandolo correr. Cada vez habian mas bocas pero la misma comida de siempre, así que a la minima que cualquiera se propasaba le castigaban sin comer o sin cenar. Sentí que debiamos salir de ahi antes de que la cosa se desmadrara.<br />
<br />
Justo el dia del plan no encontramos a Yuna por ninguna parte y el director nos mandó a dormir más pronto que de costumbre. Entonces debí haber sospechado que era tarde, pero no lo ví venir. <br />
<br />
Me levanté inocentemente a por un vaso de agua en plena noche, sin pensar en que si me veian fuera de la cama probablemente al dia siguiente ni comeria ni cenaria ni existiria, pero estaba demasiado dormido para razonarlo, con tan mala suerte que me encontré con la luz del salon encendida y dos personas discutiendo acaloradamente dentro.<br />
<br />
<span style="color: pink;" class="mycode_color"> ¿Te has vuelto loco? ¡Son niños! No puedes hacer algo así, no puedes... </span><br />
<br />
<span style="color: blue;" class="mycode_color"> Exacto, son niños. Es cambiar un niño por un ingreso extra para poder darles de comer a todos. ¿Cuantos dias has pasado sin comer para poder darselo todo a ellos, Yuna-chan? ¿Te piensas que estoy ciego? No voy a permitirlo. Además, él ni siquiera consta en la lista oficial, apareció aqui sin más. Y se ira como vino, sin que nadie lo sepa.</span><br />
<br />
<span style="color: pink;" class="mycode_color"> Pero no deja de ser un ser inocente, él no ha hecho nada para merecer esto. No, no puedo permitirlo, no te dejaré venderlo como si no fuera más que un animal de exhibición. Es inmoral y... no... puedo... per...</span><br />
<br />
La voz se apagó lentamente sin oponer resistencia, como si se hubiera quedado dormida. Estaba seguro de que eran Yuna y el director, y de que hablaban de mi. Tenia que salir de ahi cuanto antes pero no sin Eri. Con todo el sigilo que me pude permitir subi a avisarla y le insté que debiamos irnos de inmediato, ya veriamos como y ya veriamos por donde pero iban a pasar cosas malas si nos quedabamos. Y pasaron.<br />
<br />
Cuando estabamos ya fuera, saliendo por la puerta de atrás, unos hombres nos cortaron el paso, al parecer ellos iban en la dirección contraria, Eri y yo nos paramos en seco, sorprendidos de ver forasteros. Antes de poder recular y salir corriendo para el otro lado, una mano me separó de Eri y me lanzó hacia aquellos hombres, que me agarraron de inmediato. Obviamente me resistí, pero fue inutil, mi fuerza era muy inferior a la del hombre que me tenia agarrado, ademas el director habia aparecido y sujetaba a Eri con fuerza en los hombros. <br />
<br />
Lo teniamos todo en nuestra contra. Eran más, más fuertes y más habiles. Me quedé en silencio intentando ver un escenario en el que mi mejor amiga no acabara recibiendo una paliza. Al parecer el director me iba a vender como carnada, bueno, no me importaba, pero no queria pasarle factura a ella. Mientras el hombre y el director hablaban Eri abrió la boca y el director le pego una bofetada. Sin pensarmelo dos veces le pegue un pisotón al hombre que me agarraba y me lancé a por ella pero antes de poder hacer nada un hombre apareció ante mi y me dio un fuerte puñetazo en pleno estomago. <br />
<br />
Solo pude contemplar como Eri me lloraba, aunque esta vez lo ví con nuevos ojos, los ojos de un vengador. Intenté musitarle "Volveré", mientras aquellos hombres me sacaban de mi hogar, pero cai inconsciente antes de lo que pensaba.<br />
</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo cinco, Remodelación</div></span><br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Desperté en una siniestra habitación que en verdad era una celda, pero ellos lo llamaban habitación. Con una puerta que se cerraba por fuera. No habia ni un apice de luz natural, por lo que deducí que estabamos bajo tierra, más tarde se me demostró. Poco despues de despertarme me dieron ropa y me llevaron a un salón enorme que carecia de cualquier tipo de mobiliario. De la única puerta que habia empezaron a entrar niños y niños, de todas las edades, alturas y colores. Algunos parecian duros como rocas, otros temblaban como flanes. Sin embargo, todos tenian una cosa en común, unos ojos de color tan oscuro que la noche a su lado parece mediodia.<br />
<br />
Desde mis ojos podia verles a todos, pero no veia a ninguno de ellos. Mi cuerpo estaba allí pero mi mente aún se negaba a volver a él. Sentia como me hundia poco a poco en mi mismo, me volví poco más que una maquina de reflejos, veia mi alrededor, lo sentia y era capaz de reaccionar a los estimulos, pero no pensaba. Cuando las puertas se cerraron y la gran masa de jovenes se apelotonó, me apoyé en una pared y observé. Una voz se coló por algún tipo de sistema de megafonia anunciando que teniamos que reducir el numero de estudiantes a cinco como maximo. Pude percatarme de algun que otro par de ojos volverse igual de carmesies que los mios, que ya llevaban así desde mucho antes.<br />
<br />
Despues de unos diez segundos de tensión, un chico decidió rajarle la garganta a otro y con ese acto desató el caos. Todos y cada uno de ellos se dejó llevar por el instinto más salvaje y primordial del ser humano, el de supervivencia. La capacidad de poner tu vida por encima de cualquier cosa. Miraba y remiraba pero no veia nada, no habia nada en aquella sala, estaba vacia, a pesar de la carniceria, a pesar de todos los muchachos que intentaban pasar por encima de los demas, para mi no habia nada. <br />
<br />
Un espontaneo decidió venir a por mi, pensando que a lo mejor seria un blanco facil por estar apoyado, o por estar sudando de todo, no me importó. Con mis ojos carmesís lo vi venir de lejos, me intentó clavar un cuchillo rudimentario, golpe en la muñeca para corregir la trayectoria del arma y rodillazo en el estomago. Cayó inconsciente al momento. Entonces me percaté, esos muchachos no eran nada, literalmente, la mayoria no se habian pegado en su vida. Yo aún sin tener ningún tipo de conocimiento marcial ni shinobi en aquel momento, tenia a mis espaldas cientos de peleas, casi todas perdidas, pero esta vez era diferente.<br />
<br />
Viviendo en una aldea ninja y siendo secuestrado por mi clan shinobi, pensaba que me iban a meter en algún tipo de escuela militar, pero aquello... eran un montón de niños civiles. Sin fuerza, sin conocimientos, sin experiencia y sin ganas de pelear. ¿Qué era eso? Despues de aquel primer intento de ataque vinieron más , los despachaba uno tras otro, los veia venir y los veia en el suelo. No lo pensaba, no necesitaba pensarlo, mi cuerpo actuaba.<br />
<br />
Siguieron así hasta que finalmente, quedamos cinco en pie. No paso nada. Se miraban entre ellos y un chico de ojos rojos y yo nos evaluabamos entre nosotros. Eramos los que estabamos más tranquilos de aquel lugar. Seguimos en silencio hasta que el megafono se volvió a accionar para informarnos que debiamos matarlos, dejarlos inconscientes no contaba. No me moví, no iba a matar a nadie. Lo único que hice fue protegerme y ahi me quedé. Por suerte o por desgracia, uno de los que quedaba se dedicó a rematar a todos y cada uno de los cuerpos del suelo.<br />
<br />
Ni me inmuté. En ese momento me dí cuenta, que ya no era un niño. No era adulto, no era un shinobi, no era un civil, no era un Uchiha, no era nadie. Mi nombre no significaba nada así que me deshice de él, ya no era Uchiha Nabi, él desapareció al aparecer mis ojos. <br />
<br />
Apareció un hombre de mediana edad con un cabello exageradamente largo y liso de color gris claro, parecian ser canas pero era demasiado joven. Nos felicitó y nos nombró sus pupilos. No le volvimos a ver. No nos dijo su nombre. </div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Último capitulo, Inefable</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Nos entrenaron por separado, supusé que era porque tarde o temprano tendriamos que matarnos. No estaba seguro y tampoco me importaba demasiado. Mi vida terminó cuando me sacaron de mi vida. Ellos querian que me pasara el rato entrenando y yo queria salir de allí, teniamos algo en común. Así fue pasando el tiempo, nos enseñaron todo lo que hace falta saber. <br />
<br />
Combate cuerpo a cuerpo, la utilización de todo tipo de armas, arrojadizas, contundentes, de filo, estrategias militares simples, incluso a preparar trampas. Nos instruyeron en el ninjutsu, y se nos explicó quienes eran los Uchihas.<br />
<br />
Con el paso del tiempo comprobé que toda la información que me habian dado sobre mi clan era totalmente cierta, por lo menos en el aspecto combativo. Lo primero, nuestro ojo, el sharingan, un par de ojos carmesies que nos otorgan un par de ventajas entre ellas cabe nombrar la capacidad de percibir el chakra y su color y copiar tecnicas de otros shinobis. Lo segundo, un don con el Katon, que desde el primer momento en que entrené Ninjutsu quedó más que demostrado. <br />
<br />
Eso en cuanto a combate, el resto de los Uchihas son todo malas noticias. Me contaron que desde el principio de los tiempos el hombre ha temido el poder, y entre los clanes, nosotros eramos los más poderosos. Usados como armas de guerra, cuando la guerra acabó, dejando desolación y amargura, el odio se instauró en el apellido Uchiha. Muchos siguen viendo los ojos rojos como simbolo de problemas, y más de uno pensara que son los ojos del demonio. Y por mi experiencia como portador de ellos, no les falta razón. <br />
<br />
Desde que desperté este "don" no he visto más que sangre y no he sentido más que dolor, desde que desperté no he hecho más que desear dormirme. <br />
<br />
Nos juntaron a los cinco, cinco años despues, para sacar a un solo shinobi. En esa misma sala donde habiamos acribillado a unos muchachos inocentes aprovechandonos de su inexperiencia. Ahora nos encontrabamos de nuevo, armados hasta los dientes de armas y conocimiento. Con los ojos más rojos que la sangre que nos corria a toda prisa por las venas. Nos miramos, por un segundo, vi los niños confundidos que siguieron unas sangrientas directrices cinco años antes. <br />
<br />
Y un minuto despues, quedabamos dos, a cada cual más lleno de heridas. Era raro, tal vez inexplicable, aquel era el muchacho en el que me habia fijado la primera vez. No era especialmente fuerte, ni agil, y tampoco era tan diestro. Creo que no sabia lo que habia visto en él, pero ahora lo veia, lo que no habia visto años antes, en aquel entonces lo sentí, pero en aquel combate final, lo ví. Cristalino. No era ningún guerrero, probablemente, nunca se hubiera planteado luchar. Sin embargo, en sus alma podia ver que tenia una motivación tan grande para seguir adelante que no necesitaba fuerza, ni agilidad, ni destreza, porque no pensaba vacilar, no pensaba rendirse. <br />
<br />
Su voluntad me sobrepasó, por un momento, me sentí totalmente incapaz de pararle los pies. Se me acercaba a toda velocidad con un kunai en cada mano. Fui a ponerme en guardia, pero mi Kodachi vaciló, casi tanto como estaba vacilando yo. Entonces, salí, o salió, lo que habia estado guardandome para no sufrir en aquella asquerosa cueva, para olvidar mi perdida, olvidé lo que habia perdido. <br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color"> Yo... no quiero estar sola. Bueno, en verdad, ya no quiero estar sin ti. </span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"> Te he fallado, he roto todas las promesas que algún dia te hice. Merezco esto. </span><br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color"> ¿Me sacaras de aqui, Nabi? ¿Me lo prometes?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"> Joder, sí. No dejaré que te pudras en aquel lugar. </span><br />
<br />
Estaba hablando con mis propios recuerdos de aquella muchacha de cabellera azul y corazón de oro. Toda la rabia y todo el dolor llegó de golpe, la colera se apodero de mi, de mi cuerpo, de mis ojos y de mi alma. Pero, ¿sabes qué pasa si divagas en un combate? Que pierdes. Un kunai se hundió en mi hombro izquierdo, y con su siniestra dirigia el segundo kunai hacia mi otro hombro. Sin dudarlo, mi brazo derecho, kodachi en mano, dibujó un arco para detener aquel ataque, dado que mi brazo izquierdo estaba del todo inutilizado. <br />
<br />
Con otra espada o con más fuerza, le hubiera cortado el brazo sin más, con mi kodachi y mi fuerza se quedo a medias al chocar contra el hueso, así, con el brazo casi seccionado del todo del cuerpo, cayó de rodillas ante mi. Al borde del desangramiento, me miró y yo le correspondí la mirada. Musitó algo, o al menos lo intentó, antes de que sus ojos pasaran del carmesí al negro para siempre. Si no fuera por el sharingan, no podria haberle leido los labios. <br />
<br />
<span style="color: silver;" class="mycode_color"> Lo siento, onee-chan </span><br />
<br />
Y así, acabé con una vida y al final de aquella vida, una segunda coma se dibujo en mis ojos. Y me inunde en lagrimas. Con los ojos más rojos que nunca, en aquella sala donde el olor a sangre y a chamusquina reinaba con mano de hierro hice lo que habia querido hacer desde el primer dia que habia despertado allí. Lloré, de forma descontrolada e imparable. Por mi vida y por la de todos los que la habian perdido en aquella sala. Creo que en algún momento deje atras el dolor y de lo que sufria era algo más profundo, con otro nombre, porque no me sabia igual. A dia de hoy no sé como explicarlo.<br />
</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capítulo extra: Llegaron tarde</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Delante del cadaver de un muchacho mediocre me encontraron los ANBUs de Uzushiogakure. No se fiaron de un muchacho que habia estado encerrado en unas instalaciones criminales y militares durante casi toda su vida y que acababa de matar a cuatro compañeros como si tal cosa. Aunque yo estaba más pallá que pacá en aquel momento. <br />
<br />
Me encerraron durante dos años en los que me evaluaron psicologicamente y me adaptaron para la sociedad, dado que consideraban mi conducta de antisocial y casi psicopata. Tras ese tiempo, el especialista a cargo me obligó a escribir "mis memorias" y aquí estamos. Para ver si me dejan salir de aqui y alistarme en la academia militar, digo, ninja. No sé, aun mezclo los conceptos. <br />
<br />
Lo que yo no supe hasta hace un par de dias, era que toda la organización secuestradora de niños Uchihas abandonados o huerfanos se mantenia gracias al poder de un gran magnate del mismo clan que no queria que se desperdiciara el potencial belico del clan, pero que tampoco queria niños inutiles y ademas estaba como un cencerro. <br />
<br />
La cuestión en cuestión es que aquel hombre era inmensamente poderoso tanto a escala social como a escala economica, se le logró relacionar con toda esta serie de delitos inhumanos así que fue encarcelado antes de decidir qué castigo recibiria, pues debian interrogarlo a fondo para saber hasta donde llegan sus delitos. Así pues, se le expropiaron todas sus propiedades y su fortuna que, al no tener hijos, no tenian legitimo heredero. La mayoria pasaron a poder de Uzushiogakure, pero yo recibí una pequeña compensación por los horrores que habia tenido que pasar a costa de la locura de aquel burgés. <br />
<br />
Solo se me concedió un modesto piso donde poder vivir tras la academia y una gran suma de dinero a la que podria acceder al alcanzar la mayoria de edad, hasta entonces recibiria una mensualidad un tanto ostentosa con la que vivir, vivir a lo grande.<br />
<br />
Ahora me siento preparado. ¡A por el aprobado! </div></div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En mi corta existencia he encontrado dos verdades que reinan en casi todas las personas. Primera, todos tienen un precio, y segunda, el altruismo es un engaño para necios. Aunque en realidad ambas están ligadas, creo que es necesario separarlas en dos entidades distintas.<br />
<br />
La primera puede ser algo impactante y que, al pensarlo, dudes de ella, más que dudar, la niegues por el simple hecho de que eres incapaz de aceptarla. El precio no tiene porque ser dinero, ni siquiera tiene que ser algo, los ricos matarían por seguir siendo ricos, los pobres matarían por ser ricos, los viejos por ser jóvenes, los jóvenes por no envejecer. El egoísmo es inherente al ser humano. Nadie se jode a si mismo si puede joder a otro. <br />
<br />
La segunda es obvia, pero hay gente que aún se cree que alguien así existe. Es un espejismo, un ente ficticio para poder soportar el verdadero egoísmo impregnado en cada uno de nosotros. Necesitáis creer que existe el bien absoluto para poder aceptar que existe el mal absoluto. Veis a la muerte y pensáis que hay algo después de ella, que os lleva con vuestro creador, cuando vuestro creador es el testículo izquierdo de vuestro padre y ese ovulo locuelo que se dejo fecundar de vuestra madre. <br />
<br />
Vosotros, pequeños seres, vivís en perpetuo engaño. Necesitáis crear un juicio divino y después de la vida para justificar que la vida es injusta. A mi no me engañareis, en vuestras marañas de ilusiones no hay sitio para mis ojos rojos.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo primero, Resignación</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Nací y me eduqué, por así decirlo, en un pequeño orfanato de las zonas más pobres de la Villa Oculta entre Remolinos, se encargaba de los niños huerfanos de padres shinobi muertos o desaparecidos durante las misiones. Aunque no era exclusivamente de esa clase de niños, tanto el director como su única empleada no podian negarle la estancia a los bebes que aparecian cada cierto tiempo en su misma puerta. Tal vez así empezara todo, por ser demasiado solidarios, pero bueno, esa parte no toca ahora. <br />
<br />
Un lugar de reunion para niños de todas las edades donde todos tienen algo en común, un trauma con la muerte de sus padres, aunque algunos no gozaban de tal virtud, o defecto, pero en aquel ambiente era una virtud, porque los chiquillos que carecian de progenitores hacian constantes abucheos a los que o bien sí que los tenian y habian sido abandonados o los que no habian tenido noticias de ellos. Así, ellos mismos se dividieron en dos grupos dentro del recinto. Estaban los verdaderamente huerfanos y los huerfanos en la practica, pero no en la teoria. <br />
<br />
La primera facción se reunia en los Pobres Sagrados, un nombre desfasado a más no poder y que usaban como referencia a que sus padres estan en el cielo, no como los de los otros niños, que estaban emborrachandose y haciendo el mal segun estos. Y despues estaba mi grupo rebelde, el Crayon Uchiha, con un plastidecor carmesí como estandarte. Simbolizaba la libertad y la diversion a partes iguales, no rechazabamos a ningún niño, tuviera padres pasteleros o negros, eso no era importante para el Crayon Uchiha. <br />
<br />
Cabe decir, que durante toda mi estancia en aquel lugar solo dos niños fueron dejados en la misma puerta del orfanato, mi servidor, y una pequeña niña de azules cabellos. Y aquellos eran los primeros y unicos integrantes del Crayon Uchiha. <br />
</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo segundo, Encuentro</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">El frio no se detenia por ninguna pared o puerta, con su paso inexorable iba despertando uno a uno a todos los habitantes de aquella pequeña casa. El sistema de calefacción hacia varios años que no funcionaba, por suerte, los inviernos durante aquel periodo habian sido calmados y poco intensos, sin embargo, como profetizando un cambio más profundo, aquella estación fue la más helada que mi mente puede recordar. No digo que no fuera imaginado por mi infantil mente y exagerado sin darme cuenta, pero es el único invierno en que literalmente se me llegaron a congelar los mocos.<br />
<br />
Era un intrascendental dia de una intrascendental semana de un intrascendental mes, cuando llegó al orfanato una pequeña niña de apenas un año, sus cabellos azules la hacian tan única como más tarde demostraria ser. Os mentiria si os dijera que mire a los ojos de aquel mini ser humano y al instante supe que iba a ser mi única y mejor amiga, pero estaba demasiado ocupado intentando sobrevivir a aquella ola de congelación acercandome al unico fuego que se podia encender en aquel maldito orfanato. Una docena de niños nos reuniamos alrededor de la chimenea por intentar sobrevivir. Así, la pequeña Eri tuvo que sobrevivir con el calor de las mantas que la rodeaban y el de la señorita Yuna que la acunaba en sus brazos.</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo tercero, Brecha</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Cada vez eramos más y más niños. Con el paso de los años, los niños huerfanos aumentaban y los niños que eran recogidos o adoptados no variaba, siempre era cero. Como ya habia mencionado, era un orfanato de pobres, los pobres no quieren más niños y los ricos no quieren tener un niño pobre. Cuando un señor rico llegaba y se encontraba a esos pequeños seres que habian vivido casi toda su vida con la misma ropa que, con suerte, se limpiaba una vez al mes y ellos mismos el concepto de ducha que tenian era un mangerazo en el jardin trasero, pues no les parecia muy apropiado adoptar... eso. <br />
<br />
Con cada nuevo huesped de la casa, la brecha entre ellos y yo se hacia más profunda. Ellos habian conocido a sus padres y tenian un trauma que los unia, yo todo lo que habia conocido habia sido aquel lugar. Así pues, irremediablemente, a la edad de cuatro años me independicé de aquellos idiotas fundando el Crayon Uchiha. Sin embargo, eso no hizo más que dejar constancia de lo solo que estaba. Hasta que por el cuartel general del Crayon Uchiha apareció una perdida niña de azules pelos y llorosos ojos. <br />
<br />
Al parecer, los otros niños abusaban de ella constantemente tanto verbal como fisicamente. Sin pensarlo dos veces, y con todo el infantilismo que acompañaba a mi persona, le solté que yo seria su heroe de brillante armadura. Pues Uchiha Nabi era bien conocido en aquellos lares por nunca decir no a pelear por lo que creia justo, aunque supiera que no iba a salir victorioso. Sin querer evitarlo, entregó a la pequeña Eri el titulo de Segundo Crayon y le partió un diente al cabecilla de los que se metian con ella de un derechazo. Se ganó varias semanas sin postre y teniendo que limpiar durante un par de horas más que los demás, pero no le importó, porque no estaba sólo. Ya no. </div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo cuarto, Tormenta</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Pasamos casi 2 años sin separarnos. Como Crayon Uchiha resolvimos misterios como el de "¿Por que aparecen bombones con olor a caca en mi almohada?" o "¿Qué significa soñar con una ardilla que come zanahorias?", tambien ayudabamos a gente en apuros o jugabamos a tonterias, joder, que al fin y al cabo eramos solo unos niños. Sin embargo, llegó el dia en que decidimos que era hora de conocer el mundo más allá de las fronteras del orfanato. Diseñamos un plan perfecto para conseguir la libertad y acordamos un dia.<br />
<br />
Ayudariamos a Yuna-chan con las últimas tareas del dia, en cuanto tuvieramos la oportunidad le quitariamos la llave de la puerta principal y cuando se fuera a dormir seriamos libres. Un plan brillante. Obviamente ya la habiamos ayudado otros dias y era casi como nuestra madre, pero por circunstancias necesitabamos salir de aquel lugar. <br />
<br />
Estabamos a punto de llegar a la veintena de niños, en los últimos meses el director se habia agriado y vuelto estricto llegando a ser cruel. Yuna al principio nos defendia pero poco a poco fue dejandolo correr. Cada vez habian mas bocas pero la misma comida de siempre, así que a la minima que cualquiera se propasaba le castigaban sin comer o sin cenar. Sentí que debiamos salir de ahi antes de que la cosa se desmadrara.<br />
<br />
Justo el dia del plan no encontramos a Yuna por ninguna parte y el director nos mandó a dormir más pronto que de costumbre. Entonces debí haber sospechado que era tarde, pero no lo ví venir. <br />
<br />
Me levanté inocentemente a por un vaso de agua en plena noche, sin pensar en que si me veian fuera de la cama probablemente al dia siguiente ni comeria ni cenaria ni existiria, pero estaba demasiado dormido para razonarlo, con tan mala suerte que me encontré con la luz del salon encendida y dos personas discutiendo acaloradamente dentro.<br />
<br />
<span style="color: pink;" class="mycode_color"> ¿Te has vuelto loco? ¡Son niños! No puedes hacer algo así, no puedes... </span><br />
<br />
<span style="color: blue;" class="mycode_color"> Exacto, son niños. Es cambiar un niño por un ingreso extra para poder darles de comer a todos. ¿Cuantos dias has pasado sin comer para poder darselo todo a ellos, Yuna-chan? ¿Te piensas que estoy ciego? No voy a permitirlo. Además, él ni siquiera consta en la lista oficial, apareció aqui sin más. Y se ira como vino, sin que nadie lo sepa.</span><br />
<br />
<span style="color: pink;" class="mycode_color"> Pero no deja de ser un ser inocente, él no ha hecho nada para merecer esto. No, no puedo permitirlo, no te dejaré venderlo como si no fuera más que un animal de exhibición. Es inmoral y... no... puedo... per...</span><br />
<br />
La voz se apagó lentamente sin oponer resistencia, como si se hubiera quedado dormida. Estaba seguro de que eran Yuna y el director, y de que hablaban de mi. Tenia que salir de ahi cuanto antes pero no sin Eri. Con todo el sigilo que me pude permitir subi a avisarla y le insté que debiamos irnos de inmediato, ya veriamos como y ya veriamos por donde pero iban a pasar cosas malas si nos quedabamos. Y pasaron.<br />
<br />
Cuando estabamos ya fuera, saliendo por la puerta de atrás, unos hombres nos cortaron el paso, al parecer ellos iban en la dirección contraria, Eri y yo nos paramos en seco, sorprendidos de ver forasteros. Antes de poder recular y salir corriendo para el otro lado, una mano me separó de Eri y me lanzó hacia aquellos hombres, que me agarraron de inmediato. Obviamente me resistí, pero fue inutil, mi fuerza era muy inferior a la del hombre que me tenia agarrado, ademas el director habia aparecido y sujetaba a Eri con fuerza en los hombros. <br />
<br />
Lo teniamos todo en nuestra contra. Eran más, más fuertes y más habiles. Me quedé en silencio intentando ver un escenario en el que mi mejor amiga no acabara recibiendo una paliza. Al parecer el director me iba a vender como carnada, bueno, no me importaba, pero no queria pasarle factura a ella. Mientras el hombre y el director hablaban Eri abrió la boca y el director le pego una bofetada. Sin pensarmelo dos veces le pegue un pisotón al hombre que me agarraba y me lancé a por ella pero antes de poder hacer nada un hombre apareció ante mi y me dio un fuerte puñetazo en pleno estomago. <br />
<br />
Solo pude contemplar como Eri me lloraba, aunque esta vez lo ví con nuevos ojos, los ojos de un vengador. Intenté musitarle "Volveré", mientras aquellos hombres me sacaban de mi hogar, pero cai inconsciente antes de lo que pensaba.<br />
</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capitulo cinco, Remodelación</div></span><br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Desperté en una siniestra habitación que en verdad era una celda, pero ellos lo llamaban habitación. Con una puerta que se cerraba por fuera. No habia ni un apice de luz natural, por lo que deducí que estabamos bajo tierra, más tarde se me demostró. Poco despues de despertarme me dieron ropa y me llevaron a un salón enorme que carecia de cualquier tipo de mobiliario. De la única puerta que habia empezaron a entrar niños y niños, de todas las edades, alturas y colores. Algunos parecian duros como rocas, otros temblaban como flanes. Sin embargo, todos tenian una cosa en común, unos ojos de color tan oscuro que la noche a su lado parece mediodia.<br />
<br />
Desde mis ojos podia verles a todos, pero no veia a ninguno de ellos. Mi cuerpo estaba allí pero mi mente aún se negaba a volver a él. Sentia como me hundia poco a poco en mi mismo, me volví poco más que una maquina de reflejos, veia mi alrededor, lo sentia y era capaz de reaccionar a los estimulos, pero no pensaba. Cuando las puertas se cerraron y la gran masa de jovenes se apelotonó, me apoyé en una pared y observé. Una voz se coló por algún tipo de sistema de megafonia anunciando que teniamos que reducir el numero de estudiantes a cinco como maximo. Pude percatarme de algun que otro par de ojos volverse igual de carmesies que los mios, que ya llevaban así desde mucho antes.<br />
<br />
Despues de unos diez segundos de tensión, un chico decidió rajarle la garganta a otro y con ese acto desató el caos. Todos y cada uno de ellos se dejó llevar por el instinto más salvaje y primordial del ser humano, el de supervivencia. La capacidad de poner tu vida por encima de cualquier cosa. Miraba y remiraba pero no veia nada, no habia nada en aquella sala, estaba vacia, a pesar de la carniceria, a pesar de todos los muchachos que intentaban pasar por encima de los demas, para mi no habia nada. <br />
<br />
Un espontaneo decidió venir a por mi, pensando que a lo mejor seria un blanco facil por estar apoyado, o por estar sudando de todo, no me importó. Con mis ojos carmesís lo vi venir de lejos, me intentó clavar un cuchillo rudimentario, golpe en la muñeca para corregir la trayectoria del arma y rodillazo en el estomago. Cayó inconsciente al momento. Entonces me percaté, esos muchachos no eran nada, literalmente, la mayoria no se habian pegado en su vida. Yo aún sin tener ningún tipo de conocimiento marcial ni shinobi en aquel momento, tenia a mis espaldas cientos de peleas, casi todas perdidas, pero esta vez era diferente.<br />
<br />
Viviendo en una aldea ninja y siendo secuestrado por mi clan shinobi, pensaba que me iban a meter en algún tipo de escuela militar, pero aquello... eran un montón de niños civiles. Sin fuerza, sin conocimientos, sin experiencia y sin ganas de pelear. ¿Qué era eso? Despues de aquel primer intento de ataque vinieron más , los despachaba uno tras otro, los veia venir y los veia en el suelo. No lo pensaba, no necesitaba pensarlo, mi cuerpo actuaba.<br />
<br />
Siguieron así hasta que finalmente, quedamos cinco en pie. No paso nada. Se miraban entre ellos y un chico de ojos rojos y yo nos evaluabamos entre nosotros. Eramos los que estabamos más tranquilos de aquel lugar. Seguimos en silencio hasta que el megafono se volvió a accionar para informarnos que debiamos matarlos, dejarlos inconscientes no contaba. No me moví, no iba a matar a nadie. Lo único que hice fue protegerme y ahi me quedé. Por suerte o por desgracia, uno de los que quedaba se dedicó a rematar a todos y cada uno de los cuerpos del suelo.<br />
<br />
Ni me inmuté. En ese momento me dí cuenta, que ya no era un niño. No era adulto, no era un shinobi, no era un civil, no era un Uchiha, no era nadie. Mi nombre no significaba nada así que me deshice de él, ya no era Uchiha Nabi, él desapareció al aparecer mis ojos. <br />
<br />
Apareció un hombre de mediana edad con un cabello exageradamente largo y liso de color gris claro, parecian ser canas pero era demasiado joven. Nos felicitó y nos nombró sus pupilos. No le volvimos a ver. No nos dijo su nombre. </div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Último capitulo, Inefable</div></span><br />
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"> Nos entrenaron por separado, supusé que era porque tarde o temprano tendriamos que matarnos. No estaba seguro y tampoco me importaba demasiado. Mi vida terminó cuando me sacaron de mi vida. Ellos querian que me pasara el rato entrenando y yo queria salir de allí, teniamos algo en común. Así fue pasando el tiempo, nos enseñaron todo lo que hace falta saber. <br />
<br />
Combate cuerpo a cuerpo, la utilización de todo tipo de armas, arrojadizas, contundentes, de filo, estrategias militares simples, incluso a preparar trampas. Nos instruyeron en el ninjutsu, y se nos explicó quienes eran los Uchihas.<br />
<br />
Con el paso del tiempo comprobé que toda la información que me habian dado sobre mi clan era totalmente cierta, por lo menos en el aspecto combativo. Lo primero, nuestro ojo, el sharingan, un par de ojos carmesies que nos otorgan un par de ventajas entre ellas cabe nombrar la capacidad de percibir el chakra y su color y copiar tecnicas de otros shinobis. Lo segundo, un don con el Katon, que desde el primer momento en que entrené Ninjutsu quedó más que demostrado. <br />
<br />
Eso en cuanto a combate, el resto de los Uchihas son todo malas noticias. Me contaron que desde el principio de los tiempos el hombre ha temido el poder, y entre los clanes, nosotros eramos los más poderosos. Usados como armas de guerra, cuando la guerra acabó, dejando desolación y amargura, el odio se instauró en el apellido Uchiha. Muchos siguen viendo los ojos rojos como simbolo de problemas, y más de uno pensara que son los ojos del demonio. Y por mi experiencia como portador de ellos, no les falta razón. <br />
<br />
Desde que desperté este "don" no he visto más que sangre y no he sentido más que dolor, desde que desperté no he hecho más que desear dormirme. <br />
<br />
Nos juntaron a los cinco, cinco años despues, para sacar a un solo shinobi. En esa misma sala donde habiamos acribillado a unos muchachos inocentes aprovechandonos de su inexperiencia. Ahora nos encontrabamos de nuevo, armados hasta los dientes de armas y conocimiento. Con los ojos más rojos que la sangre que nos corria a toda prisa por las venas. Nos miramos, por un segundo, vi los niños confundidos que siguieron unas sangrientas directrices cinco años antes. <br />
<br />
Y un minuto despues, quedabamos dos, a cada cual más lleno de heridas. Era raro, tal vez inexplicable, aquel era el muchacho en el que me habia fijado la primera vez. No era especialmente fuerte, ni agil, y tampoco era tan diestro. Creo que no sabia lo que habia visto en él, pero ahora lo veia, lo que no habia visto años antes, en aquel entonces lo sentí, pero en aquel combate final, lo ví. Cristalino. No era ningún guerrero, probablemente, nunca se hubiera planteado luchar. Sin embargo, en sus alma podia ver que tenia una motivación tan grande para seguir adelante que no necesitaba fuerza, ni agilidad, ni destreza, porque no pensaba vacilar, no pensaba rendirse. <br />
<br />
Su voluntad me sobrepasó, por un momento, me sentí totalmente incapaz de pararle los pies. Se me acercaba a toda velocidad con un kunai en cada mano. Fui a ponerme en guardia, pero mi Kodachi vaciló, casi tanto como estaba vacilando yo. Entonces, salí, o salió, lo que habia estado guardandome para no sufrir en aquella asquerosa cueva, para olvidar mi perdida, olvidé lo que habia perdido. <br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color"> Yo... no quiero estar sola. Bueno, en verdad, ya no quiero estar sin ti. </span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"> Te he fallado, he roto todas las promesas que algún dia te hice. Merezco esto. </span><br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color"> ¿Me sacaras de aqui, Nabi? ¿Me lo prometes?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"> Joder, sí. No dejaré que te pudras en aquel lugar. </span><br />
<br />
Estaba hablando con mis propios recuerdos de aquella muchacha de cabellera azul y corazón de oro. Toda la rabia y todo el dolor llegó de golpe, la colera se apodero de mi, de mi cuerpo, de mis ojos y de mi alma. Pero, ¿sabes qué pasa si divagas en un combate? Que pierdes. Un kunai se hundió en mi hombro izquierdo, y con su siniestra dirigia el segundo kunai hacia mi otro hombro. Sin dudarlo, mi brazo derecho, kodachi en mano, dibujó un arco para detener aquel ataque, dado que mi brazo izquierdo estaba del todo inutilizado. <br />
<br />
Con otra espada o con más fuerza, le hubiera cortado el brazo sin más, con mi kodachi y mi fuerza se quedo a medias al chocar contra el hueso, así, con el brazo casi seccionado del todo del cuerpo, cayó de rodillas ante mi. Al borde del desangramiento, me miró y yo le correspondí la mirada. Musitó algo, o al menos lo intentó, antes de que sus ojos pasaran del carmesí al negro para siempre. Si no fuera por el sharingan, no podria haberle leido los labios. <br />
<br />
<span style="color: silver;" class="mycode_color"> Lo siento, onee-chan </span><br />
<br />
Y así, acabé con una vida y al final de aquella vida, una segunda coma se dibujo en mis ojos. Y me inunde en lagrimas. Con los ojos más rojos que nunca, en aquella sala donde el olor a sangre y a chamusquina reinaba con mano de hierro hice lo que habia querido hacer desde el primer dia que habia despertado allí. Lloré, de forma descontrolada e imparable. Por mi vida y por la de todos los que la habian perdido en aquella sala. Creo que en algún momento deje atras el dolor y de lo que sufria era algo más profundo, con otro nombre, porque no me sabia igual. A dia de hoy no sé como explicarlo.<br />
</div></div></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">Capítulo extra: Llegaron tarde</div></span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Delante del cadaver de un muchacho mediocre me encontraron los ANBUs de Uzushiogakure. No se fiaron de un muchacho que habia estado encerrado en unas instalaciones criminales y militares durante casi toda su vida y que acababa de matar a cuatro compañeros como si tal cosa. Aunque yo estaba más pallá que pacá en aquel momento. <br />
<br />
Me encerraron durante dos años en los que me evaluaron psicologicamente y me adaptaron para la sociedad, dado que consideraban mi conducta de antisocial y casi psicopata. Tras ese tiempo, el especialista a cargo me obligó a escribir "mis memorias" y aquí estamos. Para ver si me dejan salir de aqui y alistarme en la academia militar, digo, ninja. No sé, aun mezclo los conceptos. <br />
<br />
Lo que yo no supe hasta hace un par de dias, era que toda la organización secuestradora de niños Uchihas abandonados o huerfanos se mantenia gracias al poder de un gran magnate del mismo clan que no queria que se desperdiciara el potencial belico del clan, pero que tampoco queria niños inutiles y ademas estaba como un cencerro. <br />
<br />
La cuestión en cuestión es que aquel hombre era inmensamente poderoso tanto a escala social como a escala economica, se le logró relacionar con toda esta serie de delitos inhumanos así que fue encarcelado antes de decidir qué castigo recibiria, pues debian interrogarlo a fondo para saber hasta donde llegan sus delitos. Así pues, se le expropiaron todas sus propiedades y su fortuna que, al no tener hijos, no tenian legitimo heredero. La mayoria pasaron a poder de Uzushiogakure, pero yo recibí una pequeña compensación por los horrores que habia tenido que pasar a costa de la locura de aquel burgés. <br />
<br />
Solo se me concedió un modesto piso donde poder vivir tras la academia y una gran suma de dinero a la que podria acceder al alcanzar la mayoria de edad, hasta entonces recibiria una mensualidad un tanto ostentosa con la que vivir, vivir a lo grande.<br />
<br />
Ahora me siento preparado. ¡A por el aprobado! </div></div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las rimbombantes memorias de Uzumaki Tantei y su despampanante melena escarlata]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-las-rimbombantes-memorias-de-uzumaki-tantei-y-su-despampanante-melena-escarlata</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2015 00:55:37 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Tantei</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div align="center"><img src="http://www.subirimagenes.com/imagedata.php?url=http://s2.subirimagenes.com/imagen/9439692titulofin01.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: 9439692titulofin01.png]" class="mycode_img" /></div>
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio primero</span> - Ni drogas ni rock and roll</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Tsuyo, quiero uno más</span><br />
<br />
El hombre, de ojos cerúleos y puntiagudo cabello rojo atado en una coleta, intentó resistirse a los encantos de su mujer, que después de zarandearlo con cariño le clavó esa mirada esmeralda que había logrado mantenerlo enamorado por ya doce años. Había que escapar, no podía enfrentarse a esos ojos. Desviaba la mirada, intentaba cambiar de tema. Tenía habilidad para hablar, debía refugiarse en ella como tantas veces lo había hecho para sortear las dificultades que la conversación le planteaba. Un halago por aquí, un comentario acerca del clima por allá y finalmente un llamado a alguno de sus hijos para hacerles una pregunta ridículamente complicada acerca de las lecciones de Fuuinjutsu que había comenzado a darles hace poco.<br />
<br />
<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-¡Niños!</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Tsuuuuu-chan, nada de técnicas de distracción, quiero mi respuesta</span><br />
<br />
Era imposible. Se había casado con la única persona en todo Uzushiogakure que parecía ser inmune a sus habilidades. Además, incluso aunque se esmerara y lograra una vez más postergar el pedido, no lograría escapar por siempre. Lo peor de todo, era que deseaba decirle que sí con todo su corazón. La situación de la aldea era buena y estable, económicamente estaban cómodos y ambos tenían ganas. ¿Por qué entonces negarse? <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-¡Papi, papi, papi, papi, papi, papi!</span><br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡Pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa!</span><br />
<br />
Dos vocecillas infantiles se acercaban desde lejos en un coro descoordinado y tremendamente estridente.<br />
<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-Estos dos son muy incómodos de escuchar Nagami-</span> soltó serio el pelirrojo. La mujer lo miró desilusionada por algunos segundos, pero no se rendiría tan fácilmente. Frunció el entrecejo y se preparó para volver al ataque con nuevos y relucientes argumentos acerca de lo linda que sería la experiencia y de lo mucho que deseaba hacer crecer la familia. No eran necesarios. <br />
<br />
<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-Tal vez una voz más lo solucione</span><br />
</div></div></div>
<br />
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio segundo</span> - Aquel infame caballo extravagante</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Los cinco colorados conformaban una familia Uzumaki de pura sepa, y eso a Tsuyo le encantaba. Sus responsabilidades como consejero de la Uzukage y como uno de los referentes del clan le dejaban poco tiempo para estar en casa, pero cada vez que tenía la oportunidad de escaparse, pasaba tardes enteras instruyendo a sus dos hijos mayores en las artes del fuuinjutsu. <br />
<br />
Akamazu y Reisei aprendían rápido, comprendían sin necesidad de demasiada explicación los fundamentos teóricos, y a la ahora de aplicarlos técnicamente cumplían con las expectativas de su viejo. A Tsuyo no le sorprendía, llevaban su propia sangre y la de Nagami, que era una de las más habilidosas kunoichis que jamás había conocido. Quién sí lo dejaba completamente pasmado era el pequeño Tantei. Aquel enano insignificante, de tan solo dos años y medio de edad, participaba como oyente de las clases, y además de hablar con una increíble fluidez y de dominar su cuerpo con destreza, era capaz de replicar varias combinaciones de sellos manuales de memoria, con precisión y a alta velocidad. Claro que aún no dominaba en absoluto su chakra, pero era bastante impresionante. Solo por estar ahí sentado mirando a sus hermanos, aparentemente papando moscas, el niño había amaestrado uno de los pilares fundamentales del ninjutsu.<br />
<br />
Tsuyo lo ocultaba con maestría, pero el pequeñajo era sin dudas su favorito. Era imposible que no lo fuera. Aquel niño era lo que todo padre shinobi quería tener. Porque a pesar de que no tenía idea de si aquella superioridad intelectual se mantendría al crecer, en aquel momento, el jounnin podía hacer alarde de que su hijo era un auténtico prodigio. Y de hecho lo hacía. Media aldea había oído hablar ya de "Tantei, el prodigio Uzumaki", a pesar de que el niño apenas tenía control de esfínteres. Nagami se lo reprochaba todo el tiempo. Sabía que esa actitud podría despertar los celos de sus hijos mayores y no quería que nada rompiera la armonía de su familia. Tsuyo la ignoraba, no tenía cargo de conciencia. Tenía un favorito, claro, pero los quería a los tres por igual. Y sus hijos lo sabían. <br />
<br />
Triste fue que se despidieran tan temprano.<br />
<br />
Una semana después de que celebraran el tercer cumpleaños de Tantei, un comunicado urgente llegó a las puertas de la residencia Uzumaki Uzumaki.<br />
<br />
Uzumaki Tsuyo era requerido urgente para una misión de nivel S. Algo estaba sucediendo en Amegakure y las fuerzas de la alianza estaban siendo convocadas. Uzushiogakure tenía la responsabilidad de garantizar un cuerpo poderoso de shinobis con conocimiento avanzado en técnicas de sellado. La Sandaime Uzukage en persona lideraría ese grupo, y Tsuyo era una pieza fundamental. Nagami, que originalmente también había sido citada, podría quedarse por falta de familiares que pudieran hacerse cargo de los tres infantes de la familia.<br />
<br />
<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-Chicos, tengo que irme por un tiempo. El mundo necesita de shinobis con nuestras habilidades. Necesita de personas que sean capaces de encerrar la maldad; de atraparla y limitar su libertad para que no puedan dañar a otros. Eso es lo que voy a hacer ahora, a encerrar una gran cantidad de maldad que está lastimando a gente inocente. Familias felices como nosotros. Niños estupendos como ustedes, con un gran futuro. Volveré en unos días, ¿está bien?</span><br />
<br />
Con siete, cinco y tres años, eso fue lo último que los tres hermanos escucharon de su papá. Más tarde, en la medida en que cada uno fue alcanzando la edad adecuada, Nagami les explicó que aquella "maldad" de la que su padre había hablado era una criatura conocida como Bijuu. Les explicó lo poco que sabía de su naturaleza y la historia del mundo ninja y como aquellas criaturas ya habían aparecido en otras ocasiones. Les hizo entender que su padre había sido un héroe, que se había sacrificado por todos. Pero aquellos niños no necesitaban tal explicación. Eran inteligentes y conocían a su padre. Sabían que si los había abandonado como lo había hecho, era porque su admirado papá no había tenido otra oportunidad. No necesitaban que les recordaran que había sido un héroe ahora que no estaba, porque él se los había dejado más que claro cada día que había compartido con ellos. <br />
<br />
Los niños entendieron y aceptaron el destino de su viejo, y se unieron más que nunca. Como consecuencia su pérdida se volvieron una auténtica fortaleza. Nagami entendió entonces que no tenía de qué preocuparse, sus hijos soportarían el dolor y se volverían hombres tan valerosos como Tsuyo; y saber eso, la obligó a ella mantenerse fuerte. Si el recuerdo de su padre eran los cimientos de la fortaleza, ella se volvería la muralla que la protegiera.<br />
<br />
<br />
</div></div></div>
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio tercero</span> - Palmada va, palmada viene</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Una seña fue suficiente para que los otros dos miembros del equipo entendieran su orden. Uno se abrió hacia la derecha, el otro hacia la izquierda. Él avanzó por el medio, directo al objetivo, un poco más lento que sus compañeros, para darles tiempo a completar el recorrido primero. No era el más rápido, tampoco el más fuerte, ni mucho menos el que conocía más técnicas. Pero conocía <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"la"</span> técnica y eso era lo que necesitaban en ese momento. <br />
<br />
Llegó el de la izquierda con una velocidad centellante, cruzando el aire al tiempo que lanzaba una patada voladora. Inmediatamente llegó el de la derecha con una potencia inesperada, surcando el terreno con una patada al raz del suelo. Habían mejorado, sin lugar a dudas, pero así no llegarían a nada. Deshacerse de ellos no hubiera sido un inconveniente de no ser por lo que pasó a continuación: el rezagado, el tercero del equipo, aquel que cuidadosamente había avanzado por el carril central, había aparecido repentinamente justo enfrente a ella, y parecía estar terminando una larga serie de sellos. ¿Acaso los otros dos habían sido una distracción? Sintió como le estampaban una palmada en el abdomen, y de repente todo su sistema de chakra pareció volverse loco. Por unos segundos estuvo verdaderamente sorprendida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">"¡¿Cómo mierda?!"</span></span>. Pero nada sucedió. Bloqueó la patada voladora, esquivo la rasante, y mandó a volar de un golpe al atrevido que había osado burlar sus defensas.<br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡Maldición Tan! ¡Nos dijiste que ya lo habías dominado completamente! ¡¿Que fue eso?!-</span> Bramó, desde el suelo, el más grande de los tres chicos que había conformado el equipo de ataque, el de la patada voladora. <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-Pff... que fiasco. Te dije que no lo lograría, me debes unos fideos- </span>Agregó el segundo, el de la patada rasante.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-Mierda... estaba seguro de que esa fórmula funcionaría</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-¿Qué fue esa fórmula Tan? ¿Qué estabas intentando? Debo confesarte que por un segundo se sintió como el Gogyō Fūin</span><br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-Es algo en lo que estuvimos trabajando. Un nuevo estilo de combate con sellos. Es un secreto Papá, no podemos contártelo hasta que no esté listo... lo que claramente no será hoy- </span>Dijo mientras lanzaba una mirada acusadora al pequeño Tantei.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-Son bastante exigentes para haberse rendido tan rápido, idiotas-</span> Soltó con actitud el pequeño.<br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-Enano de mierda... -</span> Balbuceó el grande por lo bajo. <br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-¡Eh! Tranquilo Akamazu. Además, si es un estilo que están desarrollando los tres, ¿Por qué es Tan el responsable de completar la técnica?</span><br />
<br />
Silencio absoluto. Dos caras enojadas y una con una sonrisa de oreja a oreja, pero ninguno contestó.<br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Respondan, ahora</span><br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-Porque nosotros no pudimos completarlo y Tantei es el único que quiere seguir insistiendo como un idiota. Dijo que si le dábamos algún tiempo lo lograría, y no lo hizo, así que...</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Así que el más pequeño de ustedes es el único que tiene lo necesario para ser un Gennin</span><br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡¿Qué?! ¡Pero si ni siquiera sabe ninjutsu de academia!</span><br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-Dame tres días, inútil</span><br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡Eso es todo, voy a matarte enano pedante!-</span> Gritó mientras salía corriendo directo hacia Tantei.<br />
<br />
Nagami se movió rápido y contuvo a su hijo mayor. Ya estaba acostumbrada, aquel era solo un día más en la vida de una madre viuda que había cometido el hermoso, escalofriante, placentero e insufrible error de tener una familia numerosa. Akamazu, Reisei y Tantei habían nacido uno cada dos años, por lo que cada vez que uno salía de una etapa el próximo estaba entrando en ella. Esto hizo que Nagami y Tsuyo pasaran más de seis años seguidos de cambio de pañales, sueño interrumpido y vómito aleatorio. <br />
<br />
Pero valía la pena, aquellos tres niños eran cada uno tan especial como el otro. En ese momento, con doce, diez y ocho años, cada uno le recordaba, a su manera, una faceta de su esposo. Era como si Tsuyo nunca los hubiera dejado.<br />
<br />
Akamazu era muy activo, explosivo y temperamental. Podía pasar de estar riéndose a carcajadas a estar rabiando contra absolutamente todo. Era de muy poca paciencia y prácticamente vivía todo el tiempo enojado por alguna bobada insignificante.<br />
<br />
Reisei era tranquilo, más bien introspectivo y muy racional. Una auténtica balanza, un niño con mucha autocrítica. Un analista de situaciones, que prefería dejar a los demás encargarse de las cosas y participar únicamente cuando sentía que de verdad era necesario.<br />
<br />
Tantei era un pequeño detective. Curioso como muy pocos, siempre buscando descubrir y aprender cosas nuevas, e igualmente creativo. Un intelectual en potencia.<br />
<br />
Los tres tenían la melena salvaje de su padre, por lo que juntos, sobre todo de pequeños, conformaban una imagen de lo más tierna y pintoresca. A pesar de sus notorias diferencias, aquellas tres bolas de fuego andaban en grupo para todos lados. Se cuidaban mutuamente, se admiraban, se respetaban y sobre todo se entendían. <br />
<br />
</div></div></div>
<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio quinto</span> - Después del hombre con cabeza de kiwi</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Abrió los ojos con dificultad. Le costaba enfocar, pero rápidamente identificó dos melenas coloradas que lo acechaban. Se dio cuenta de que estaba acostado en algún lugar. Se sentía atrapado en una especie de burbuja, sabía que le estaban hablando pero no podía oír nada con claridad, era como si los sonidos vinieran de muy lejos. Pestañó varias veces intentando recuperar la vista. No funcionó. Intentó moverse, sentir su cuerpo. Tampoco pudo hacerlo. Estaba completamente agotado, como si hubiera corrido tres triatlones. Sus ojos volvieron a cerrarse, y de repente estaba lejos, muy lejos. ¿Lejos de dónde? No tenía idea, porque no había logrado descubrir en donde había estado, pero seguro era que no estaba más ahí. <br />
<br />
Caminaba por el jardín de cerezos de la aldea. El cielo era rojo, bañado de nubes blancas y negras. Se miró las manos; blanco. Se miró los pies; negro. Miró el suelo; rojo. Todo se reducía a blanco, negro y rojo. Todo menos la cabeza de la figura humanoide que estaba parada frente a él, a no más de cinco metros. Era un kiwi cortado por la mitad, verde con ocho semillas negras distribuidas a cada uno de los lados de una beta de color verde claro situada en la mitad de la extravagante fruta.<br />
<br />
El hombre comenzó a avanzar y él a correr. ¿O fue al revés? ¿El comenzó a correr y el hombre a perseguirlo? No estaba seguro, pero no se detendría a preguntarle. <br />
<br />
Recorrió el jardín por lo que parecieron horas. Cada vez que miraba hacia atrás el hombre con cabeza de kiwi se encontraba a la misma distancia, avanzando lento y tranquilo, como si tuviera la seguridad absoluta de que alcanzaría a su presa tarde o temprano. Decidió entonces detenerse, y el hombre con cabeza de kiwi hizo lo mismo. ¿O se detuvo primero el hombre con cabeza de kiwi, y él lo imitó? <br />
<br />
Se quedaron quietos, mirándose el uno al otro. ¿Quién era ese tipo? ¿Qué era? Lo sentía perturbadoramente cercano y familiar. De repente desapareció, y Tantei quedó solo, cavilando. ¿Cuál era su comida favorita? ¿Y su color favorito? ¿Cuál era su canción favorita? ¿Su lugar favorito? Esa la sabía, el jardín de cerezos. Le encantaba ese jardín porque Tsuyo los llevaba a él y a sus hermanos a pasear cuando pequeños. ¿Y si se daba vuelta? De repente sintió que debía hacerlo, que debía voltear. Lo hizo.<br />
<br />
Ahí, frente a él, colgando de las ramas de los cerezos, se vio sí mismo ahorcado en mil versiones diferentes. Con cuatro, con seis, con ocho y diez, con quince, con veinte y tantos y treinta y más. Con ropa que no usaba hace mucho, con la misma ropa que usaba siempre y con ropa que seguramente usaría algún día. Se vio a él con pelo corto y largo, alto y bajo, incluso con barba. <br />
<br />
Abrió los ojos sobresaltado. Ahora veía perfecto, estaba en un hospital. Sus hermanos lo miraban horrorizados. Akamazu había estado llorando, se le notaba. Ambos estaban completamente devastados. Se lanzaron sobre él para abrazarlo.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-¿Qué...?-</span> alcanzó a susurrar<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-¿Qué pasó?</span><br />
<br />
Los dos muchachos se separaron. Se miraron entre ellos y devolvieron la mirada a su hermano menor. <br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¿Eh? Es decir que... ¿no recuerdas nada?</span><br />
<br />
Tantei recorrió la habitación con la mirada. No tardó en sacar conclusiones, era rápido para eso. Algo le había pasado, obvio, no tenía ni la menor idea de qué, pero algo claramente fuera de lo común, porque no tenía ninguna herida. En cualquier caso, ¿dónde estaba su ma...<br />
<br />
El corazón le dio un vuelco.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-¿Dónde está mamá?</span><br />
<br />
Con dieciséis, catorce y doce años, los tres hermanos perdieron a su mamá. Después de calmarlo y llorar con él, Akamazu y Reisei le explicaron a Tantei lo poco que sabían. <br />
<br />
Catorce días atrás, una tarde como cualquier otra, él había desaparecido. Salió de la casa y no volvió. Tenía sentido, lo último que recordaba era haber salido a comprar algo para comer. Al cabo de varias horas, ya muy alterada, Nagami les había dicho que esperaran en la casa, que ella misma lo encontraría. Después de eso, ella también desapareció. Akamazu y Reisei estuvieron solos el día siguiente, esperando que su mamá volviera con él, pero no hubo noticias, por lo que acudieron a los ancianos del clan por ayuda. Los ancianos hicieron llegar la noticia a Shiona. Dos miembros de la aldea habían desaparecido sin dejar absolutamente ningún rastro, era como si la tierra los hubiera tragado. Se reunió un grupo especial de ninjas sensores y se desplegó una búsqueda que duró varios días. No aparecía nada. No había pistas, rastros, nada. Era como si literalmente hubieran sido transportados a una dimensión paralela. Aparentemente no habían salido de la aldea, pero dentro de ella nadie los había visto. <br />
<br />
La familia Tsuyo-Nagami era bastante conocida. Tsuyo había sido uno de los héroes en el sellado del Gobi, y Nagami era una kunoichi de alto nivel, por lo que su desaparición junto con uno de sus hijos, y el hecho de que sus otros dos hijos hubieran quedado completamente abandonados, no tardó en generar un revuelo importante. Por algunos días, estuvo en boca de todos. <br />
<br />
El catorceavo día Nagami apareció en el hospital de la aldea, con Tantei en sus brazos, sano y dormido, y una herida mortal en forma de espiral en el abdomen. Intentaron tratarla, pero los daños internos eran irreparables. Tenía prácticamente todo el organismo devastado. Era impresionante que no hubiera muerto en el acto y que además hubiera sido capaz de cargar con el chico.<br />
<br />
Tantei había estado durmiendo desde entonces. <br />
<br />
Shiona en persona se había encargado de hablar con Akamazu y Reisei. Les había prometido averiguar lo sucedido, pero por el momento era toda la información que tenían. A día de hoy, esa sigue siendo la única información disponible del caso.<br />
</div></div></div>
<br />
<br />
<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio sexto</span> - ¿Listos? Ahí va</span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">¿Ya dije que los tres hermanos eran una fortaleza? Si lo hice lo repito: eran una maldita fortaleza.<br />
<br />
Con la contención de su clan, pero fundamentalmente por tenerse entre ellos, lograron sobreponerse a la pérdida de su madre. Maduraron de golpe, ¿cómo no hacerlo? Eran tres huérfanos de tan solo dieciocho, dieciséis y catorce años. <br />
<br />
El Fuuinjutsu, la disciplina que tanto su mamá como su papá les habían inculcado durante toda su infancia, se volvió mucho más para ellos que simplemente un conocimiento ninja. Se convirtió en eso que los conectaba con los recuerdos de sus padres. Se volvió un símbolo.<br />
<br />
Entrenaban duro, se ayudaban mutuamente, se desafiaban y potenciaban. Cada uno de los tres aportaba algo que los otros dos no tenían. Se complementaban, y esto hizo que lograran superar grandes obstáculos que de otra forma hubieran representado desafíos mucho mayores. Cada uno tenía literalmente tres cabezas.<br />
<br />
Akamazu escaló rangos y se volvió un jounnin. Como su padre alguna vez se volvió un referente dentro de los Uzumaki, lo que hizo que además de las misiones tuviera que empezar a destinar cada vez más tiempo a cumplir responsabilidades dentro del clan. Tuvo que tapar todos los huecos que sus padres dejaron y hacerse cargo de mantener económicamente aquel núcleo de tres. Se volvió la cabeza de la familia.<br />
<br />
Reisei alcanzó también el rango de jounnin a pesar de su corta de edad, superando por unos poco meses la marca que había impuesto Akamazu. Como no tiene tantas responsabilidades como su hermano mayor es quién tuvo que encargarse de resolver los pequeños inconvenientes del día a día. Entre misión y misión se asegura de mantener la casa en buen estado y de que su hermano menor siempre tenga lo que necesita.<br />
<br />
Tantei se graduó con honores de la academia. Sabe que a pesar de haber probado la vida del shinobi desde temprano, lo más difícil está por venir, y está ansioso por vivirlo. Las historias de su papá, su mamá y sus hermanos acerca de sus experiencias como ninjas no hicieron más que motivarlo, y cree estar completamente preparado psicológicamente para tener sus propias experiencias. Muy preparado de verdad. Tal vez incluso, demasiado preparado.<br />
</div></div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><img src="http://www.subirimagenes.com/imagedata.php?url=http://s2.subirimagenes.com/imagen/9439692titulofin01.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: 9439692titulofin01.png]" class="mycode_img" /></div>
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio primero</span> - Ni drogas ni rock and roll</span></span></div>
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Tsuyo, quiero uno más</span><br />
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El hombre, de ojos cerúleos y puntiagudo cabello rojo atado en una coleta, intentó resistirse a los encantos de su mujer, que después de zarandearlo con cariño le clavó esa mirada esmeralda que había logrado mantenerlo enamorado por ya doce años. Había que escapar, no podía enfrentarse a esos ojos. Desviaba la mirada, intentaba cambiar de tema. Tenía habilidad para hablar, debía refugiarse en ella como tantas veces lo había hecho para sortear las dificultades que la conversación le planteaba. Un halago por aquí, un comentario acerca del clima por allá y finalmente un llamado a alguno de sus hijos para hacerles una pregunta ridículamente complicada acerca de las lecciones de Fuuinjutsu que había comenzado a darles hace poco.<br />
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<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-¡Niños!</span><br />
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<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Tsuuuuu-chan, nada de técnicas de distracción, quiero mi respuesta</span><br />
<br />
Era imposible. Se había casado con la única persona en todo Uzushiogakure que parecía ser inmune a sus habilidades. Además, incluso aunque se esmerara y lograra una vez más postergar el pedido, no lograría escapar por siempre. Lo peor de todo, era que deseaba decirle que sí con todo su corazón. La situación de la aldea era buena y estable, económicamente estaban cómodos y ambos tenían ganas. ¿Por qué entonces negarse? <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-¡Papi, papi, papi, papi, papi, papi!</span><br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡Pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa!</span><br />
<br />
Dos vocecillas infantiles se acercaban desde lejos en un coro descoordinado y tremendamente estridente.<br />
<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-Estos dos son muy incómodos de escuchar Nagami-</span> soltó serio el pelirrojo. La mujer lo miró desilusionada por algunos segundos, pero no se rendiría tan fácilmente. Frunció el entrecejo y se preparó para volver al ataque con nuevos y relucientes argumentos acerca de lo linda que sería la experiencia y de lo mucho que deseaba hacer crecer la familia. No eran necesarios. <br />
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<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-Tal vez una voz más lo solucione</span><br />
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio segundo</span> - Aquel infame caballo extravagante</span></span></div>
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Los cinco colorados conformaban una familia Uzumaki de pura sepa, y eso a Tsuyo le encantaba. Sus responsabilidades como consejero de la Uzukage y como uno de los referentes del clan le dejaban poco tiempo para estar en casa, pero cada vez que tenía la oportunidad de escaparse, pasaba tardes enteras instruyendo a sus dos hijos mayores en las artes del fuuinjutsu. <br />
<br />
Akamazu y Reisei aprendían rápido, comprendían sin necesidad de demasiada explicación los fundamentos teóricos, y a la ahora de aplicarlos técnicamente cumplían con las expectativas de su viejo. A Tsuyo no le sorprendía, llevaban su propia sangre y la de Nagami, que era una de las más habilidosas kunoichis que jamás había conocido. Quién sí lo dejaba completamente pasmado era el pequeño Tantei. Aquel enano insignificante, de tan solo dos años y medio de edad, participaba como oyente de las clases, y además de hablar con una increíble fluidez y de dominar su cuerpo con destreza, era capaz de replicar varias combinaciones de sellos manuales de memoria, con precisión y a alta velocidad. Claro que aún no dominaba en absoluto su chakra, pero era bastante impresionante. Solo por estar ahí sentado mirando a sus hermanos, aparentemente papando moscas, el niño había amaestrado uno de los pilares fundamentales del ninjutsu.<br />
<br />
Tsuyo lo ocultaba con maestría, pero el pequeñajo era sin dudas su favorito. Era imposible que no lo fuera. Aquel niño era lo que todo padre shinobi quería tener. Porque a pesar de que no tenía idea de si aquella superioridad intelectual se mantendría al crecer, en aquel momento, el jounnin podía hacer alarde de que su hijo era un auténtico prodigio. Y de hecho lo hacía. Media aldea había oído hablar ya de "Tantei, el prodigio Uzumaki", a pesar de que el niño apenas tenía control de esfínteres. Nagami se lo reprochaba todo el tiempo. Sabía que esa actitud podría despertar los celos de sus hijos mayores y no quería que nada rompiera la armonía de su familia. Tsuyo la ignoraba, no tenía cargo de conciencia. Tenía un favorito, claro, pero los quería a los tres por igual. Y sus hijos lo sabían. <br />
<br />
Triste fue que se despidieran tan temprano.<br />
<br />
Una semana después de que celebraran el tercer cumpleaños de Tantei, un comunicado urgente llegó a las puertas de la residencia Uzumaki Uzumaki.<br />
<br />
Uzumaki Tsuyo era requerido urgente para una misión de nivel S. Algo estaba sucediendo en Amegakure y las fuerzas de la alianza estaban siendo convocadas. Uzushiogakure tenía la responsabilidad de garantizar un cuerpo poderoso de shinobis con conocimiento avanzado en técnicas de sellado. La Sandaime Uzukage en persona lideraría ese grupo, y Tsuyo era una pieza fundamental. Nagami, que originalmente también había sido citada, podría quedarse por falta de familiares que pudieran hacerse cargo de los tres infantes de la familia.<br />
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<span style="color: darkred;" class="mycode_color">-Chicos, tengo que irme por un tiempo. El mundo necesita de shinobis con nuestras habilidades. Necesita de personas que sean capaces de encerrar la maldad; de atraparla y limitar su libertad para que no puedan dañar a otros. Eso es lo que voy a hacer ahora, a encerrar una gran cantidad de maldad que está lastimando a gente inocente. Familias felices como nosotros. Niños estupendos como ustedes, con un gran futuro. Volveré en unos días, ¿está bien?</span><br />
<br />
Con siete, cinco y tres años, eso fue lo último que los tres hermanos escucharon de su papá. Más tarde, en la medida en que cada uno fue alcanzando la edad adecuada, Nagami les explicó que aquella "maldad" de la que su padre había hablado era una criatura conocida como Bijuu. Les explicó lo poco que sabía de su naturaleza y la historia del mundo ninja y como aquellas criaturas ya habían aparecido en otras ocasiones. Les hizo entender que su padre había sido un héroe, que se había sacrificado por todos. Pero aquellos niños no necesitaban tal explicación. Eran inteligentes y conocían a su padre. Sabían que si los había abandonado como lo había hecho, era porque su admirado papá no había tenido otra oportunidad. No necesitaban que les recordaran que había sido un héroe ahora que no estaba, porque él se los había dejado más que claro cada día que había compartido con ellos. <br />
<br />
Los niños entendieron y aceptaron el destino de su viejo, y se unieron más que nunca. Como consecuencia su pérdida se volvieron una auténtica fortaleza. Nagami entendió entonces que no tenía de qué preocuparse, sus hijos soportarían el dolor y se volverían hombres tan valerosos como Tsuyo; y saber eso, la obligó a ella mantenerse fuerte. Si el recuerdo de su padre eran los cimientos de la fortaleza, ella se volvería la muralla que la protegiera.<br />
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</div></div></div>
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio tercero</span> - Palmada va, palmada viene</span></span></div>
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Una seña fue suficiente para que los otros dos miembros del equipo entendieran su orden. Uno se abrió hacia la derecha, el otro hacia la izquierda. Él avanzó por el medio, directo al objetivo, un poco más lento que sus compañeros, para darles tiempo a completar el recorrido primero. No era el más rápido, tampoco el más fuerte, ni mucho menos el que conocía más técnicas. Pero conocía <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"la"</span> técnica y eso era lo que necesitaban en ese momento. <br />
<br />
Llegó el de la izquierda con una velocidad centellante, cruzando el aire al tiempo que lanzaba una patada voladora. Inmediatamente llegó el de la derecha con una potencia inesperada, surcando el terreno con una patada al raz del suelo. Habían mejorado, sin lugar a dudas, pero así no llegarían a nada. Deshacerse de ellos no hubiera sido un inconveniente de no ser por lo que pasó a continuación: el rezagado, el tercero del equipo, aquel que cuidadosamente había avanzado por el carril central, había aparecido repentinamente justo enfrente a ella, y parecía estar terminando una larga serie de sellos. ¿Acaso los otros dos habían sido una distracción? Sintió como le estampaban una palmada en el abdomen, y de repente todo su sistema de chakra pareció volverse loco. Por unos segundos estuvo verdaderamente sorprendida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: crimson;" class="mycode_color">"¡¿Cómo mierda?!"</span></span>. Pero nada sucedió. Bloqueó la patada voladora, esquivo la rasante, y mandó a volar de un golpe al atrevido que había osado burlar sus defensas.<br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡Maldición Tan! ¡Nos dijiste que ya lo habías dominado completamente! ¡¿Que fue eso?!-</span> Bramó, desde el suelo, el más grande de los tres chicos que había conformado el equipo de ataque, el de la patada voladora. <br />
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<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-Pff... que fiasco. Te dije que no lo lograría, me debes unos fideos- </span>Agregó el segundo, el de la patada rasante.<br />
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<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-Mierda... estaba seguro de que esa fórmula funcionaría</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-¿Qué fue esa fórmula Tan? ¿Qué estabas intentando? Debo confesarte que por un segundo se sintió como el Gogyō Fūin</span><br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-Es algo en lo que estuvimos trabajando. Un nuevo estilo de combate con sellos. Es un secreto Papá, no podemos contártelo hasta que no esté listo... lo que claramente no será hoy- </span>Dijo mientras lanzaba una mirada acusadora al pequeño Tantei.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-Son bastante exigentes para haberse rendido tan rápido, idiotas-</span> Soltó con actitud el pequeño.<br />
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<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-Enano de mierda... -</span> Balbuceó el grande por lo bajo. <br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-¡Eh! Tranquilo Akamazu. Además, si es un estilo que están desarrollando los tres, ¿Por qué es Tan el responsable de completar la técnica?</span><br />
<br />
Silencio absoluto. Dos caras enojadas y una con una sonrisa de oreja a oreja, pero ninguno contestó.<br />
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<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Respondan, ahora</span><br />
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<span style="color: indianred;" class="mycode_color">-Porque nosotros no pudimos completarlo y Tantei es el único que quiere seguir insistiendo como un idiota. Dijo que si le dábamos algún tiempo lo lograría, y no lo hizo, así que...</span><br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">-Así que el más pequeño de ustedes es el único que tiene lo necesario para ser un Gennin</span><br />
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<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡¿Qué?! ¡Pero si ni siquiera sabe ninjutsu de academia!</span><br />
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<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-Dame tres días, inútil</span><br />
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<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¡Eso es todo, voy a matarte enano pedante!-</span> Gritó mientras salía corriendo directo hacia Tantei.<br />
<br />
Nagami se movió rápido y contuvo a su hijo mayor. Ya estaba acostumbrada, aquel era solo un día más en la vida de una madre viuda que había cometido el hermoso, escalofriante, placentero e insufrible error de tener una familia numerosa. Akamazu, Reisei y Tantei habían nacido uno cada dos años, por lo que cada vez que uno salía de una etapa el próximo estaba entrando en ella. Esto hizo que Nagami y Tsuyo pasaran más de seis años seguidos de cambio de pañales, sueño interrumpido y vómito aleatorio. <br />
<br />
Pero valía la pena, aquellos tres niños eran cada uno tan especial como el otro. En ese momento, con doce, diez y ocho años, cada uno le recordaba, a su manera, una faceta de su esposo. Era como si Tsuyo nunca los hubiera dejado.<br />
<br />
Akamazu era muy activo, explosivo y temperamental. Podía pasar de estar riéndose a carcajadas a estar rabiando contra absolutamente todo. Era de muy poca paciencia y prácticamente vivía todo el tiempo enojado por alguna bobada insignificante.<br />
<br />
Reisei era tranquilo, más bien introspectivo y muy racional. Una auténtica balanza, un niño con mucha autocrítica. Un analista de situaciones, que prefería dejar a los demás encargarse de las cosas y participar únicamente cuando sentía que de verdad era necesario.<br />
<br />
Tantei era un pequeño detective. Curioso como muy pocos, siempre buscando descubrir y aprender cosas nuevas, e igualmente creativo. Un intelectual en potencia.<br />
<br />
Los tres tenían la melena salvaje de su padre, por lo que juntos, sobre todo de pequeños, conformaban una imagen de lo más tierna y pintoresca. A pesar de sus notorias diferencias, aquellas tres bolas de fuego andaban en grupo para todos lados. Se cuidaban mutuamente, se admiraban, se respetaban y sobre todo se entendían. <br />
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</div></div></div>
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio quinto</span> - Después del hombre con cabeza de kiwi</span></span></div>
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Abrió los ojos con dificultad. Le costaba enfocar, pero rápidamente identificó dos melenas coloradas que lo acechaban. Se dio cuenta de que estaba acostado en algún lugar. Se sentía atrapado en una especie de burbuja, sabía que le estaban hablando pero no podía oír nada con claridad, era como si los sonidos vinieran de muy lejos. Pestañó varias veces intentando recuperar la vista. No funcionó. Intentó moverse, sentir su cuerpo. Tampoco pudo hacerlo. Estaba completamente agotado, como si hubiera corrido tres triatlones. Sus ojos volvieron a cerrarse, y de repente estaba lejos, muy lejos. ¿Lejos de dónde? No tenía idea, porque no había logrado descubrir en donde había estado, pero seguro era que no estaba más ahí. <br />
<br />
Caminaba por el jardín de cerezos de la aldea. El cielo era rojo, bañado de nubes blancas y negras. Se miró las manos; blanco. Se miró los pies; negro. Miró el suelo; rojo. Todo se reducía a blanco, negro y rojo. Todo menos la cabeza de la figura humanoide que estaba parada frente a él, a no más de cinco metros. Era un kiwi cortado por la mitad, verde con ocho semillas negras distribuidas a cada uno de los lados de una beta de color verde claro situada en la mitad de la extravagante fruta.<br />
<br />
El hombre comenzó a avanzar y él a correr. ¿O fue al revés? ¿El comenzó a correr y el hombre a perseguirlo? No estaba seguro, pero no se detendría a preguntarle. <br />
<br />
Recorrió el jardín por lo que parecieron horas. Cada vez que miraba hacia atrás el hombre con cabeza de kiwi se encontraba a la misma distancia, avanzando lento y tranquilo, como si tuviera la seguridad absoluta de que alcanzaría a su presa tarde o temprano. Decidió entonces detenerse, y el hombre con cabeza de kiwi hizo lo mismo. ¿O se detuvo primero el hombre con cabeza de kiwi, y él lo imitó? <br />
<br />
Se quedaron quietos, mirándose el uno al otro. ¿Quién era ese tipo? ¿Qué era? Lo sentía perturbadoramente cercano y familiar. De repente desapareció, y Tantei quedó solo, cavilando. ¿Cuál era su comida favorita? ¿Y su color favorito? ¿Cuál era su canción favorita? ¿Su lugar favorito? Esa la sabía, el jardín de cerezos. Le encantaba ese jardín porque Tsuyo los llevaba a él y a sus hermanos a pasear cuando pequeños. ¿Y si se daba vuelta? De repente sintió que debía hacerlo, que debía voltear. Lo hizo.<br />
<br />
Ahí, frente a él, colgando de las ramas de los cerezos, se vio sí mismo ahorcado en mil versiones diferentes. Con cuatro, con seis, con ocho y diez, con quince, con veinte y tantos y treinta y más. Con ropa que no usaba hace mucho, con la misma ropa que usaba siempre y con ropa que seguramente usaría algún día. Se vio a él con pelo corto y largo, alto y bajo, incluso con barba. <br />
<br />
Abrió los ojos sobresaltado. Ahora veía perfecto, estaba en un hospital. Sus hermanos lo miraban horrorizados. Akamazu había estado llorando, se le notaba. Ambos estaban completamente devastados. Se lanzaron sobre él para abrazarlo.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-¿Qué...?-</span> alcanzó a susurrar<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-¿Qué pasó?</span><br />
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Los dos muchachos se separaron. Se miraron entre ellos y devolvieron la mirada a su hermano menor. <br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">-¿Eh? Es decir que... ¿no recuerdas nada?</span><br />
<br />
Tantei recorrió la habitación con la mirada. No tardó en sacar conclusiones, era rápido para eso. Algo le había pasado, obvio, no tenía ni la menor idea de qué, pero algo claramente fuera de lo común, porque no tenía ninguna herida. En cualquier caso, ¿dónde estaba su ma...<br />
<br />
El corazón le dio un vuelco.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">-¿Dónde está mamá?</span><br />
<br />
Con dieciséis, catorce y doce años, los tres hermanos perdieron a su mamá. Después de calmarlo y llorar con él, Akamazu y Reisei le explicaron a Tantei lo poco que sabían. <br />
<br />
Catorce días atrás, una tarde como cualquier otra, él había desaparecido. Salió de la casa y no volvió. Tenía sentido, lo último que recordaba era haber salido a comprar algo para comer. Al cabo de varias horas, ya muy alterada, Nagami les había dicho que esperaran en la casa, que ella misma lo encontraría. Después de eso, ella también desapareció. Akamazu y Reisei estuvieron solos el día siguiente, esperando que su mamá volviera con él, pero no hubo noticias, por lo que acudieron a los ancianos del clan por ayuda. Los ancianos hicieron llegar la noticia a Shiona. Dos miembros de la aldea habían desaparecido sin dejar absolutamente ningún rastro, era como si la tierra los hubiera tragado. Se reunió un grupo especial de ninjas sensores y se desplegó una búsqueda que duró varios días. No aparecía nada. No había pistas, rastros, nada. Era como si literalmente hubieran sido transportados a una dimensión paralela. Aparentemente no habían salido de la aldea, pero dentro de ella nadie los había visto. <br />
<br />
La familia Tsuyo-Nagami era bastante conocida. Tsuyo había sido uno de los héroes en el sellado del Gobi, y Nagami era una kunoichi de alto nivel, por lo que su desaparición junto con uno de sus hijos, y el hecho de que sus otros dos hijos hubieran quedado completamente abandonados, no tardó en generar un revuelo importante. Por algunos días, estuvo en boca de todos. <br />
<br />
El catorceavo día Nagami apareció en el hospital de la aldea, con Tantei en sus brazos, sano y dormido, y una herida mortal en forma de espiral en el abdomen. Intentaron tratarla, pero los daños internos eran irreparables. Tenía prácticamente todo el organismo devastado. Era impresionante que no hubiera muerto en el acto y que además hubiera sido capaz de cargar con el chico.<br />
<br />
Tantei había estado durmiendo desde entonces. <br />
<br />
Shiona en persona se había encargado de hablar con Akamazu y Reisei. Les había prometido averiguar lo sucedido, pero por el momento era toda la información que tenían. A día de hoy, esa sigue siendo la única información disponible del caso.<br />
</div></div></div>
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<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="font-family: georgia;"><span style="color: firebrick;" class="mycode_color">Episodio sexto</span> - ¿Listos? Ahí va</span></span></div>
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<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">¿Ya dije que los tres hermanos eran una fortaleza? Si lo hice lo repito: eran una maldita fortaleza.<br />
<br />
Con la contención de su clan, pero fundamentalmente por tenerse entre ellos, lograron sobreponerse a la pérdida de su madre. Maduraron de golpe, ¿cómo no hacerlo? Eran tres huérfanos de tan solo dieciocho, dieciséis y catorce años. <br />
<br />
El Fuuinjutsu, la disciplina que tanto su mamá como su papá les habían inculcado durante toda su infancia, se volvió mucho más para ellos que simplemente un conocimiento ninja. Se convirtió en eso que los conectaba con los recuerdos de sus padres. Se volvió un símbolo.<br />
<br />
Entrenaban duro, se ayudaban mutuamente, se desafiaban y potenciaban. Cada uno de los tres aportaba algo que los otros dos no tenían. Se complementaban, y esto hizo que lograran superar grandes obstáculos que de otra forma hubieran representado desafíos mucho mayores. Cada uno tenía literalmente tres cabezas.<br />
<br />
Akamazu escaló rangos y se volvió un jounnin. Como su padre alguna vez se volvió un referente dentro de los Uzumaki, lo que hizo que además de las misiones tuviera que empezar a destinar cada vez más tiempo a cumplir responsabilidades dentro del clan. Tuvo que tapar todos los huecos que sus padres dejaron y hacerse cargo de mantener económicamente aquel núcleo de tres. Se volvió la cabeza de la familia.<br />
<br />
Reisei alcanzó también el rango de jounnin a pesar de su corta de edad, superando por unos poco meses la marca que había impuesto Akamazu. Como no tiene tantas responsabilidades como su hermano mayor es quién tuvo que encargarse de resolver los pequeños inconvenientes del día a día. Entre misión y misión se asegura de mantener la casa en buen estado y de que su hermano menor siempre tenga lo que necesita.<br />
<br />
Tantei se graduó con honores de la academia. Sabe que a pesar de haber probado la vida del shinobi desde temprano, lo más difícil está por venir, y está ansioso por vivirlo. Las historias de su papá, su mamá y sus hermanos acerca de sus experiencias como ninjas no hicieron más que motivarlo, y cree estar completamente preparado psicológicamente para tener sus propias experiencias. Muy preparado de verdad. Tal vez incluso, demasiado preparado.<br />
</div></div></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Mil días de lluvia]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-mil-dias-de-lluvia</link>
			<pubDate>Sat, 15 Aug 2015 04:12:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Ichiro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-mil-dias-de-lluvia</guid>
			<description><![CDATA[Resumen<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Ichiro nació el cinco de invierno del ciento ochenta y siete, en los campos y montañas a las afueras de Amegakure. Fruto de una familia humilde, su madre, por la cual lleva su apellido, Akira era una descendiente de los ninjas del clan hozuki, que vivían en Kirigakure. Aunque había servido como kunoichi de Ame no se había destacado y se retiró de su puesto de trabajo como jonin cuando conoció al padre de Ichiro. <br />
Ryu era un granjero que ya vivía en los campos aledaños al pueblo y que lo visitaba con frecuencia para vender su cosecha en los mercados.<br />
Tras casarse los dos se mudaron a la casa donde vivía Ryu y como producto de ese amor nació el joven shinobi.<br />
No los conoció mucho ya que a la edad de tres años quedo huérfano a causa del asesinato de sus padres, las razones nunca fueron aclaradas, se supone y rumorea que habría sido un ajuste de “cuentas pendientes” que se arrastraban desde las guerras civiles. En el año 190, al cabo del el nombramiento de la nueva Arashikage, esta hizo una persecución de todos los ninjas que estuvieran en contra o atentando contra su régimen, la familia de Ichiro se vio muy perjudicada, perdiendo así a sus padres. Tampoco fue aclarado el por qué.<br />
Quedo en manos de sus tíos paternos quienes le criaron como a un hijo más. No se sabe si por miedo pero estos nunca comentaron mucho sobre la muerte de sus padres, solo se limitaban a contar los recuerdos felices.<br />
 A los cinco años sufrió de un episodio que casi le es fatal. Por su corta edad, descuido y confianza en sí mismo, intento trasladar un recipiente de agua hirviendo que se encontraba en  la cocina de una mesa a otra, un tropezón hizo que se derramase el agua encima de su cuerpo, sus tíos lo envolvieron en una manta y llevaron lo más rápido que pudieron al hospital del pueblo, pero al estar a varios kilómetros y hacer el recorrido a pie, no pudo tener los tratos de emergencia que se necesitan en las primeras horas. Estuvo en cuidados intensivos dos meses y quedo con graves secuelas en su cuello, hombro y parte de la espalda, pero sobrevivió.<br />
A los seis años de edad, Ichiro demostró un poder singular, podía convertir partes de su cuerpo en agua, aunque era algo gelatinosa de a poco fue perfeccionando la técnica, también descubrió que tenía dotes de controlar el agua que estuviera fuera de su cuerpo, esto le vino muy bien a su familia de granjeros que lo utilizaron en su beneficio para el cultivo.<br />
Su familia le explico la situación, él no era igual a ellos, él era “especial” tenía que encontrar personas que le enseñaran a usar ese don para bien de sí mismo. Sabían que al ser diferente mucha gente iba a querer influenciarlo para mal o aprovecharse de él.<br />
El hermano de su madre consiguió algunos contactos para que Ichiro pudiera ingresar en la academia ninja, por la distancia a recorrer les era casi imposible llevarlo todos los días, pero la misma academia podía cuidar del chico de lunes a viernes yendo su tío a buscarlo los viernes de tarde para que pasara el fin de semana en su casa.  <br />
Al otro día, emocionado pero nervioso, el futuro joven shinobi cargando una mochila aunque de aspecto simple bien equipada, partió acompañado por su tío hasta la famosa villa.<br />
Más que algunos relatos y descripciones el joven no conocía las edificaciones aunque se las había imaginado un centenar de veces.<br />
Dos horas de caminata transcurrieron desde su punto de partida hasta las puertas de Ame. Donde ya dentro de la ciudad buscaron la academia ninja para dejar a Ichiro ahí.<br />
Y así pasaron varios años de su vida, trasladándose de campo a ciudad y hoy a la edad de 12 años, ya es un genin formado, aunque siga llevando el mismo estilo de vida. </i></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Resumen<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Ichiro nació el cinco de invierno del ciento ochenta y siete, en los campos y montañas a las afueras de Amegakure. Fruto de una familia humilde, su madre, por la cual lleva su apellido, Akira era una descendiente de los ninjas del clan hozuki, que vivían en Kirigakure. Aunque había servido como kunoichi de Ame no se había destacado y se retiró de su puesto de trabajo como jonin cuando conoció al padre de Ichiro. <br />
Ryu era un granjero que ya vivía en los campos aledaños al pueblo y que lo visitaba con frecuencia para vender su cosecha en los mercados.<br />
Tras casarse los dos se mudaron a la casa donde vivía Ryu y como producto de ese amor nació el joven shinobi.<br />
No los conoció mucho ya que a la edad de tres años quedo huérfano a causa del asesinato de sus padres, las razones nunca fueron aclaradas, se supone y rumorea que habría sido un ajuste de “cuentas pendientes” que se arrastraban desde las guerras civiles. En el año 190, al cabo del el nombramiento de la nueva Arashikage, esta hizo una persecución de todos los ninjas que estuvieran en contra o atentando contra su régimen, la familia de Ichiro se vio muy perjudicada, perdiendo así a sus padres. Tampoco fue aclarado el por qué.<br />
Quedo en manos de sus tíos paternos quienes le criaron como a un hijo más. No se sabe si por miedo pero estos nunca comentaron mucho sobre la muerte de sus padres, solo se limitaban a contar los recuerdos felices.<br />
 A los cinco años sufrió de un episodio que casi le es fatal. Por su corta edad, descuido y confianza en sí mismo, intento trasladar un recipiente de agua hirviendo que se encontraba en  la cocina de una mesa a otra, un tropezón hizo que se derramase el agua encima de su cuerpo, sus tíos lo envolvieron en una manta y llevaron lo más rápido que pudieron al hospital del pueblo, pero al estar a varios kilómetros y hacer el recorrido a pie, no pudo tener los tratos de emergencia que se necesitan en las primeras horas. Estuvo en cuidados intensivos dos meses y quedo con graves secuelas en su cuello, hombro y parte de la espalda, pero sobrevivió.<br />
A los seis años de edad, Ichiro demostró un poder singular, podía convertir partes de su cuerpo en agua, aunque era algo gelatinosa de a poco fue perfeccionando la técnica, también descubrió que tenía dotes de controlar el agua que estuviera fuera de su cuerpo, esto le vino muy bien a su familia de granjeros que lo utilizaron en su beneficio para el cultivo.<br />
Su familia le explico la situación, él no era igual a ellos, él era “especial” tenía que encontrar personas que le enseñaran a usar ese don para bien de sí mismo. Sabían que al ser diferente mucha gente iba a querer influenciarlo para mal o aprovecharse de él.<br />
El hermano de su madre consiguió algunos contactos para que Ichiro pudiera ingresar en la academia ninja, por la distancia a recorrer les era casi imposible llevarlo todos los días, pero la misma academia podía cuidar del chico de lunes a viernes yendo su tío a buscarlo los viernes de tarde para que pasara el fin de semana en su casa.  <br />
Al otro día, emocionado pero nervioso, el futuro joven shinobi cargando una mochila aunque de aspecto simple bien equipada, partió acompañado por su tío hasta la famosa villa.<br />
Más que algunos relatos y descripciones el joven no conocía las edificaciones aunque se las había imaginado un centenar de veces.<br />
Dos horas de caminata transcurrieron desde su punto de partida hasta las puertas de Ame. Donde ya dentro de la ciudad buscaron la academia ninja para dejar a Ichiro ahí.<br />
Y así pasaron varios años de su vida, trasladándose de campo a ciudad y hoy a la edad de 12 años, ya es un genin formado, aunque siga llevando el mismo estilo de vida. </i></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Camino de la Sabiduría]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-camino-de-la-sabiduria--639</link>
			<pubDate>Thu, 13 Aug 2015 21:15:41 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=12">Karamaru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-camino-de-la-sabiduria--639</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-size: 30px;"><span style="font-family: Viner Hand ITC;">"El Camino de la Sabiduria"</span></span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Historia" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tras cientos de charcos al norte de la majestuosa ciudad de Shinogi-To, capital del País de la Tormenta, un pequeño templo se yergue sobre el terreno. Los misterios y rumores lo rodean desde hace años. Muchos vieron sus puertas abrirse y cerrarse pero nunca pudieron entrar.  Salían pequeños, niños vestidos con túnicas doradas y con una cabeza calva, que se dirigían a la academia de Amegakure. Algunos simpáticos, otros un poco mas serios, pero todos parecían personas normales. Llegaban a la academia, hablaban lo justo y necesario, y volvían al templo. Ellos, junto al resto de residentes, dedicaban cada acto de sus vidas al “Chie no Kami”. Este era el Dios de la Sabiduría, antiguamente llamado profeta, que dedico su vida a conseguir la paz, la tranquilidad mental y como meta personal la afinidad con los animales. Solía decir: “La paz debe reinar entre los hombres, pero también, con las bestias que nos rodean”. Este templo de oración estaba habitado por varios monjes, hombres y mujeres, divididos en cuatro clanes. Los Sao, los Hashima, los Habaki, y los Tinshen. Cada uno con sus rasgos familiares definidos.<br />
<br />
Esta es la historia de uno de ellos. De uno de los descendientes de Yukio Hatoyama y Habaki Ten. Como su gran ancestra, la familia posee cabellos rubios y ojos ámbar y en su gran mayoría la habilidad de controlar el Raiton. Este relato cuenta la historia del nieto de uno de los cuatro sabios. Su nombre, Habaki Karamaru.<br />
<br />
Como todos los nacidos del templo, Karamaru era de sangre pura. Provenía directamente del linaje de Yukio Hatoyama, conocido como el "Dios de la Sabiduría", y su tercera esposa Habaki Ten. Sus padres habían pasado sin pena ni gloria sus vidas apoyando al clan. Su madre era una de las jardineras, estas se encargaban de la comida para el resto de los residentes, y su padre un herrero, dueño del local que daba armas a los niños y adultos para su entrenamiento. Ambos eran amables, y a pesar de no lograr alcanzar el equilibrio entre la mente y el cuerpo, ocuparon sus puestos de trabajo con felicidad y actuaron con orgullo cumpliendo con su tarea. El templo era auto-sustentable, no necesitaban la ayuda del exterior, y por esa situación los padres de Karamaru no pudieron criarlo durante sus seis primeros años, el período de prueba para demostrar ser apto y conseguir ir a la academia y continuar con el proceso de entrenamiento de combate y equilibrio de chakra. Por eso mismo, Habaki Furimaro, uno de los cuatro maestros del templo, maestro del Raiton y abuelo del niño, comenzó a entrenarlo personalmente para que pueda seguir el camino que él había realizado.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Hoy es día para un entrenamiento ¿No, mi niño?</span>- recitaba todas las mañanas el abuelo a su nieto. Era estricto y obligaba a Karamaru a esforzarse más allá de su límite. Quería que siga su camino, quería que el pequeño sea un gran maestro como lo era él. Su hijo le había defraudado, termino como simple herrero del clan pero esta vez no fallaría. Prometía todos los días que su nieto se convertiría en lo que una vez él fue. Un prodigio entre los de su clase, y conocedor experto del “Dōbutsu-shin no chikara”. A pesar de estar cansado de escuchar las mismas palabras una y otra vez, Karamaru colocaba una sonrisa en su rostro y asentía con firmeza a las palabras del anciano.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Estoy listo abuelo. ¿Hoy toca hacer formas no?</span>- pregunto el niño con curiosidad.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">¿Formas?  Hoy quiero que sepas un poco de historia, quiero que sepas porque eres especial</span>- comento apuntado con el índice a su nieto- <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Sabes que somos de la familia Habaki, descendientes de Ten, maestra del Raiton. Pero teniendo cuatro años, ya debes de saber por qué hay cuatro clanes y por qué tienen sus diferencias. Nuestro Dios, un hombre que creía que el amor propio no debía ser guardado para una sola mujer, nos enseño que el haren es lo correcto. Ya sabrás que es eso cuando seas grande, pero te contaba eso para que entiendas que nuestro Dios decidió tener descendencia, y regalarle a ella su propio poder, con cuatro mujeres. Esto formó las cuatro familias, una experta en Doton, otra en Futon, otra en Suiton, y otra en Raiton. Por orden, los Hashima, los Tinshen, los Sao y los Habaki. Rara vez nace un hombre o una mujer con afinidad al Katon, uno de ellos eres tú.</span><br />
<br />
Karamaru entendía poco y nada. La boca abierta y los ojos como platos confirmaban que el pequeño hombre no sabía mucho del templo. <br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">¿Y eso quiere que decir que podré manejar el fuego?</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Exactamente</span>- replico el abuelo- <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Y es por eso que te estoy entrenando personalmente, así como cada maestro del templo es tutor de su propio familiar con manejo del Katon. Esta generación es prodigiosa, y las cuatro familias tuvieron el mismo año un niño con esta naturaleza de chakra. Tomalos como rivales, son los cuatro que tendrán permitido salir del templo, asi que hazme orgulloso y empecemos a entrenar, ¿Querías formas verdad?</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«¿Rivales? ¿Tendre que pelear contra ellos?»</span>- los pensamientos de Karamaru se vieron interrumpidos por la pregunta del anciano.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Emm, si claro, un entrenamiento tranquilo.</span><br />
<br />
A Karamaru le quedaba una pequeña duda.<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Osea que… ¿Me entrenaras ocho años? Por qué si soy elegido para ir a la academia iré a los seis, y por lo general te gradúas a los doce. O eso me dijo mi papi. Y tu me entrenaras mientras voy a la academia ¿no?</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Exactamente, eres inteligente, pero por ahora dediquémonos al entrenamiento</span>- sentencio la conversación el anciano poniendo sus manos en la espalda y saliendo de la habitación a paso lento.<br />
<br />
<div align="center">...</div>
<br />
Dos años pasaron y los cuatro dominantes del Katon se juntaron para recibir la bendición de sus maestros y salir por primera vez al exterior. Karamaru se sentía más preparado que nunca, iba a lograr lo que sus padres no pudieron, incluso con tres rivales a sus espaldas. Tal vez, y solo tal vez, nunca se volverían a ver una vez graduados, pero estarían en sus pensamientos. Hashima To, Tinshen Furimura, y Sao Lao. Los cuatro, vestidos de la misma manera con su túnica dorada su pantalón gris y su cintúron azul, se dirigieron a las puertas para comenzar el viaje hasta a la academia. Un viaje en silencio y sin dirigirse la mirada.<br />
<br />
Sin embargo, al volver, los cuatro se llevarían una sorpresa. Los maestros habían llamado a un anciano, uno que nunca habían visto, llamado Kiyon. Y tras las palabras del abuelo de Karamaru se enteraron quien era.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Este es Kiyon. Decidimos acabar con su peregrinación para que los entrené a ustedes. El tiene el mismo o incluso mayor poder y habilidad que nosotros. Y como se imaginaran, maneja el Katon. Él no es maestro por su naturaleza de chakra, y por eso ocupamos los puestos de sabios, pero creemos que es el mejor para entrenarlos.</span><br />
<br />
El hombre parecía simpático y amable. Tenía una barba en forma de candada y de color blanco como la nieve.<br />
<br />
<div align="center">...</div>
<br />
Varios entrenamientos sucedieron a ese evento, se podría decir que hasta incontables. Kiyon era un maestro duro, y Karamaru se entero desde el primer momento. Sin embargo, el paso del tiempo dio la razón a Kiyon y los frutos que dio como resultado se notaron increíblemente en Karamaru. No solo era más grande y tenía un mejor físico, si no que también había madurado. En seis años había completado el primer paso del largo camino. Junto a sus otros tres rivales, habían terminado el entrenamiento con Kiyon y se habían graduado de la academia. Karamaru era el peor manejando el Katon, pero había superado al mismísimo Kiyon en otro aspecto, era muy hábil manejando el Dōbutsu-shin no chikara. <br />
<br />
Los cuatro maestros dieron su visto bueno, después de sus halagos y de los de su querido maestro, con el cual formaron un gran vinculo durante ese tiempo, para que los cuatro salieran del templo. No era algo que Karamaru se tomase con calma, estaba nervioso, pero sabía que para eso se había preparado toda su vida. A partir de ese momento tenían prohibida la entrada, se tenían que fortalecer en el exterior, vivir solos o buscar compañía. Valerse por ellos mismos. Nadie quería alargar el asunto y por eso uno por uno fue saliendo del templo. Karamaru al final.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Espera</span>- escucho Karamaru mientras se dirigía a la puerta exterior una calida mañana de Otoño. Su primer mañana como chico de 12 años. Eran palabras de su abuelo- <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Siempre espere este momento. Tristemente no podre verte cuando vuelvas, mucho tiempo pasara, y por eso quiero regalarte algo. Un último recuerdo mío, espero que lo lleves contigo a donde quiera que vayas. No es mucho pero tal vez, pero llévalo para recordar al templo.</span><br />
<br />
El anciano le había dado una cadena de oro. Sin nada especial a la vista pero con un recuerdo imborrable. Finalmente, la despedida estaba hecha. Con los cuatro maestros a las lejanías, Karamaru pudo irse en paz esperando con ansías sus aventuras fuera del templo,<br />
<br />
Ambas caras tuvieron unas sonrisas. El pelado, que ya no era un niño, dejo escapar una lágrima sabiendo que era la última vez que vería a su familiar más cercano. Las puertas gigantes de color zafiro se abrieron lentamente y sin dar vuelta atrás Karamaru cruzo el umbral. Estaba en el exterior, ya no estaba bajo cuatro paredes. Podía ir donde quisiera, su estancia en las afueras del templo ya no eran solo el camino hasta a la academia. Él ya tenía su plaqueta de metal que lo denominaba ninja de Amegakure en su cinturón.<br />
<br />
Y así fue como se dirigió a Amegakure, por recomendación de su abuelo, a conseguir una casa en la que vivir. Tenía pocos ryos encima pero suponía que le iba a alcanzar para encontrar una estancia. Pero lo que él más quería era seguir el consejo de Kion. <br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">No traten de hacer esto solos, busquen un equipo. Busquen un maestro que los guie en las afueras.</span></div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="color: gold;" class="mycode_color"><span style="font-size: 30px;"><span style="font-family: Viner Hand ITC;">"El Camino de la Sabiduria"</span></span></span></div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Historia" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tras cientos de charcos al norte de la majestuosa ciudad de Shinogi-To, capital del País de la Tormenta, un pequeño templo se yergue sobre el terreno. Los misterios y rumores lo rodean desde hace años. Muchos vieron sus puertas abrirse y cerrarse pero nunca pudieron entrar.  Salían pequeños, niños vestidos con túnicas doradas y con una cabeza calva, que se dirigían a la academia de Amegakure. Algunos simpáticos, otros un poco mas serios, pero todos parecían personas normales. Llegaban a la academia, hablaban lo justo y necesario, y volvían al templo. Ellos, junto al resto de residentes, dedicaban cada acto de sus vidas al “Chie no Kami”. Este era el Dios de la Sabiduría, antiguamente llamado profeta, que dedico su vida a conseguir la paz, la tranquilidad mental y como meta personal la afinidad con los animales. Solía decir: “La paz debe reinar entre los hombres, pero también, con las bestias que nos rodean”. Este templo de oración estaba habitado por varios monjes, hombres y mujeres, divididos en cuatro clanes. Los Sao, los Hashima, los Habaki, y los Tinshen. Cada uno con sus rasgos familiares definidos.<br />
<br />
Esta es la historia de uno de ellos. De uno de los descendientes de Yukio Hatoyama y Habaki Ten. Como su gran ancestra, la familia posee cabellos rubios y ojos ámbar y en su gran mayoría la habilidad de controlar el Raiton. Este relato cuenta la historia del nieto de uno de los cuatro sabios. Su nombre, Habaki Karamaru.<br />
<br />
Como todos los nacidos del templo, Karamaru era de sangre pura. Provenía directamente del linaje de Yukio Hatoyama, conocido como el "Dios de la Sabiduría", y su tercera esposa Habaki Ten. Sus padres habían pasado sin pena ni gloria sus vidas apoyando al clan. Su madre era una de las jardineras, estas se encargaban de la comida para el resto de los residentes, y su padre un herrero, dueño del local que daba armas a los niños y adultos para su entrenamiento. Ambos eran amables, y a pesar de no lograr alcanzar el equilibrio entre la mente y el cuerpo, ocuparon sus puestos de trabajo con felicidad y actuaron con orgullo cumpliendo con su tarea. El templo era auto-sustentable, no necesitaban la ayuda del exterior, y por esa situación los padres de Karamaru no pudieron criarlo durante sus seis primeros años, el período de prueba para demostrar ser apto y conseguir ir a la academia y continuar con el proceso de entrenamiento de combate y equilibrio de chakra. Por eso mismo, Habaki Furimaro, uno de los cuatro maestros del templo, maestro del Raiton y abuelo del niño, comenzó a entrenarlo personalmente para que pueda seguir el camino que él había realizado.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Hoy es día para un entrenamiento ¿No, mi niño?</span>- recitaba todas las mañanas el abuelo a su nieto. Era estricto y obligaba a Karamaru a esforzarse más allá de su límite. Quería que siga su camino, quería que el pequeño sea un gran maestro como lo era él. Su hijo le había defraudado, termino como simple herrero del clan pero esta vez no fallaría. Prometía todos los días que su nieto se convertiría en lo que una vez él fue. Un prodigio entre los de su clase, y conocedor experto del “Dōbutsu-shin no chikara”. A pesar de estar cansado de escuchar las mismas palabras una y otra vez, Karamaru colocaba una sonrisa en su rostro y asentía con firmeza a las palabras del anciano.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Estoy listo abuelo. ¿Hoy toca hacer formas no?</span>- pregunto el niño con curiosidad.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">¿Formas?  Hoy quiero que sepas un poco de historia, quiero que sepas porque eres especial</span>- comento apuntado con el índice a su nieto- <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Sabes que somos de la familia Habaki, descendientes de Ten, maestra del Raiton. Pero teniendo cuatro años, ya debes de saber por qué hay cuatro clanes y por qué tienen sus diferencias. Nuestro Dios, un hombre que creía que el amor propio no debía ser guardado para una sola mujer, nos enseño que el haren es lo correcto. Ya sabrás que es eso cuando seas grande, pero te contaba eso para que entiendas que nuestro Dios decidió tener descendencia, y regalarle a ella su propio poder, con cuatro mujeres. Esto formó las cuatro familias, una experta en Doton, otra en Futon, otra en Suiton, y otra en Raiton. Por orden, los Hashima, los Tinshen, los Sao y los Habaki. Rara vez nace un hombre o una mujer con afinidad al Katon, uno de ellos eres tú.</span><br />
<br />
Karamaru entendía poco y nada. La boca abierta y los ojos como platos confirmaban que el pequeño hombre no sabía mucho del templo. <br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">¿Y eso quiere que decir que podré manejar el fuego?</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Exactamente</span>- replico el abuelo- <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Y es por eso que te estoy entrenando personalmente, así como cada maestro del templo es tutor de su propio familiar con manejo del Katon. Esta generación es prodigiosa, y las cuatro familias tuvieron el mismo año un niño con esta naturaleza de chakra. Tomalos como rivales, son los cuatro que tendrán permitido salir del templo, asi que hazme orgulloso y empecemos a entrenar, ¿Querías formas verdad?</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">«¿Rivales? ¿Tendre que pelear contra ellos?»</span>- los pensamientos de Karamaru se vieron interrumpidos por la pregunta del anciano.<br />
<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Emm, si claro, un entrenamiento tranquilo.</span><br />
<br />
A Karamaru le quedaba una pequeña duda.<br />
<span style="color: gold;" class="mycode_color">Osea que… ¿Me entrenaras ocho años? Por qué si soy elegido para ir a la academia iré a los seis, y por lo general te gradúas a los doce. O eso me dijo mi papi. Y tu me entrenaras mientras voy a la academia ¿no?</span><br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Exactamente, eres inteligente, pero por ahora dediquémonos al entrenamiento</span>- sentencio la conversación el anciano poniendo sus manos en la espalda y saliendo de la habitación a paso lento.<br />
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<div align="center">...</div>
<br />
Dos años pasaron y los cuatro dominantes del Katon se juntaron para recibir la bendición de sus maestros y salir por primera vez al exterior. Karamaru se sentía más preparado que nunca, iba a lograr lo que sus padres no pudieron, incluso con tres rivales a sus espaldas. Tal vez, y solo tal vez, nunca se volverían a ver una vez graduados, pero estarían en sus pensamientos. Hashima To, Tinshen Furimura, y Sao Lao. Los cuatro, vestidos de la misma manera con su túnica dorada su pantalón gris y su cintúron azul, se dirigieron a las puertas para comenzar el viaje hasta a la academia. Un viaje en silencio y sin dirigirse la mirada.<br />
<br />
Sin embargo, al volver, los cuatro se llevarían una sorpresa. Los maestros habían llamado a un anciano, uno que nunca habían visto, llamado Kiyon. Y tras las palabras del abuelo de Karamaru se enteraron quien era.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Este es Kiyon. Decidimos acabar con su peregrinación para que los entrené a ustedes. El tiene el mismo o incluso mayor poder y habilidad que nosotros. Y como se imaginaran, maneja el Katon. Él no es maestro por su naturaleza de chakra, y por eso ocupamos los puestos de sabios, pero creemos que es el mejor para entrenarlos.</span><br />
<br />
El hombre parecía simpático y amable. Tenía una barba en forma de candada y de color blanco como la nieve.<br />
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<div align="center">...</div>
<br />
Varios entrenamientos sucedieron a ese evento, se podría decir que hasta incontables. Kiyon era un maestro duro, y Karamaru se entero desde el primer momento. Sin embargo, el paso del tiempo dio la razón a Kiyon y los frutos que dio como resultado se notaron increíblemente en Karamaru. No solo era más grande y tenía un mejor físico, si no que también había madurado. En seis años había completado el primer paso del largo camino. Junto a sus otros tres rivales, habían terminado el entrenamiento con Kiyon y se habían graduado de la academia. Karamaru era el peor manejando el Katon, pero había superado al mismísimo Kiyon en otro aspecto, era muy hábil manejando el Dōbutsu-shin no chikara. <br />
<br />
Los cuatro maestros dieron su visto bueno, después de sus halagos y de los de su querido maestro, con el cual formaron un gran vinculo durante ese tiempo, para que los cuatro salieran del templo. No era algo que Karamaru se tomase con calma, estaba nervioso, pero sabía que para eso se había preparado toda su vida. A partir de ese momento tenían prohibida la entrada, se tenían que fortalecer en el exterior, vivir solos o buscar compañía. Valerse por ellos mismos. Nadie quería alargar el asunto y por eso uno por uno fue saliendo del templo. Karamaru al final.<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Espera</span>- escucho Karamaru mientras se dirigía a la puerta exterior una calida mañana de Otoño. Su primer mañana como chico de 12 años. Eran palabras de su abuelo- <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Siempre espere este momento. Tristemente no podre verte cuando vuelvas, mucho tiempo pasara, y por eso quiero regalarte algo. Un último recuerdo mío, espero que lo lleves contigo a donde quiera que vayas. No es mucho pero tal vez, pero llévalo para recordar al templo.</span><br />
<br />
El anciano le había dado una cadena de oro. Sin nada especial a la vista pero con un recuerdo imborrable. Finalmente, la despedida estaba hecha. Con los cuatro maestros a las lejanías, Karamaru pudo irse en paz esperando con ansías sus aventuras fuera del templo,<br />
<br />
Ambas caras tuvieron unas sonrisas. El pelado, que ya no era un niño, dejo escapar una lágrima sabiendo que era la última vez que vería a su familiar más cercano. Las puertas gigantes de color zafiro se abrieron lentamente y sin dar vuelta atrás Karamaru cruzo el umbral. Estaba en el exterior, ya no estaba bajo cuatro paredes. Podía ir donde quisiera, su estancia en las afueras del templo ya no eran solo el camino hasta a la academia. Él ya tenía su plaqueta de metal que lo denominaba ninja de Amegakure en su cinturón.<br />
<br />
Y así fue como se dirigió a Amegakure, por recomendación de su abuelo, a conseguir una casa en la que vivir. Tenía pocos ryos encima pero suponía que le iba a alcanzar para encontrar una estancia. Pero lo que él más quería era seguir el consejo de Kion. <br />
<br />
<span style="color: orangered;" class="mycode_color">No traten de hacer esto solos, busquen un equipo. Busquen un maestro que los guie en las afueras.</span></div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[De un color azul cielo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-de-un-color-azul-cielo</link>
			<pubDate>Tue, 11 Aug 2015 00:50:05 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-de-un-color-azul-cielo</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">De un color azul cielo</span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me gusta hablar de mi historia, pero sé que en algún momento tendré que hablaros de ella, así que primero comenzaré por hablaros de los colores, porque son cosas que me gustan. <br />
<br />
Todo el mundo conoce los colores, principalmente porque todos tenemos ojos, por el que recibimos imágenes que contienen siempre distintos colores, (a excepción, claro está, de las personas que sufren de problemas de vista y, o bien están ciegos y no ven nada, o bien solo ven en uno o dos colores). Pero aún así esas personas siguen viendo colores, uno, el negro, quienes no pueden ver nada, y dos o más, los que pueden ver al menos, varios. Pero lo usual en el mundo es que todos veamos colores distintos.<br />
<br />
Bien, pues después de esta larga introducción, quería hablaros de los colores, estos se pueden distinguir en dos grupos, primarios y secundarios. Esto puede recordarnos a las personas. ¿Por qué? Hay gente que prefiere ser único, ser alguien que solo se valga por si mismo, autónomo. Estos se relacionan con los colores primarios, colores primitivos y que no se consiguen mezclando otros. Sin embargo, encontramos los colores secundarios, estos se consiguen mediante la mezcla de varios colores: dos, tres... Estos representan a las personas que deciden mezclarse con los demás, amistad, amor, cualquier tipo de relación.<br />
<br />
Color azul cielo, ese fue el color que elegí yo. Azul, porque es un color primario, incapaz de ser creado, incapaz de crearse tras una mezcla, por la parte de mi vida en la que estuve sola, sin embargo logre crear una mezcla, una mezcla mínima, pero que está ahí, presente, ese blanco, esa luz, se mezcló con mi azul solitario, y creó el azul cielo que soy hoy.</span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Hielo" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<br />
Una familia feliz: un padre ANBU, una madre retirada de la vida de ninja por cuidar de su familia, una hija superdotada y una vida en camino. Sin embargo la mujer de la familia tenía problemas de salud, y por ello el padre solía pedir permisos para quedarse con ella, por lo que las responsabilidades de toda la familia caían en los hombros de la hija superdotada.<br />
<br />
La hija había pasado cada examen de ascenso con una facilidad increíble, y había llegado con tal escasa edad a ANBU que nadie podía creérselo, sin embargo allí estaba, tomando misiones demasiado arriesgadas para una joven como era ella. Sus padres, muy orgullosos de su pequeño fruto, olvidaban a veces el hecho de estar esperando a otro. ¿Y es que para qué quieres más cuando tienes el ser perfecto ya en tu posesión? Ese pensamiento era el que tenía el padre, y por eso pasando los meses de dicho embarazo, él cada vez se hacía menos responsable y más se centraba en su hija mayor.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">¡Serás la envidia de tu hermano menor!</span> - Solía repetir una y otra vez, sacando los colores a su hija mayor.<br />
<br />
Sin embargo, hubo un problema cerca de Uzushiogakure, un problema que encomendaron a la familia feliz ya que sus habilidades como equipo eran envidiables por todos. Aún con dudas, se mandó de misión al padre y a la hija, dejando a la madre al cuidado de médicos especializados. Pero el padre, dudoso de dejar a su mujer a manos de alguien desconocido, decidió quedarse y cuidarla, confiando ciegamente en su hija prodigio.<br />
<br />
Pero la desgracia ocurrió, y a la pobre muchacha le sorprendieron varios ataques en masa, algunos logró derrotar, pero los últimos ataques lograron tomar su vida.<br />
<br />
La joven prodigio se había llevado la felicidad de esa familia feliz.<br />
<br />
El padre, culpándose a sí mismo, entró en una depresión que lo llevó a retirarse de la vida de ninja y dejarse llevar por el alcohol, mientras su mujer solo podía culpar a la vida de su interior. Cegada por el dolor que conllevaba la pérdida de su preciado tesoro, dio a luz la primavera del año ciento ochenta y siete a una pequeña niña de hermosos cabellos azules y una belleza incomparable.<br />
<br />
Sin embargo ni su madre ni su padre la amaban, la cuidaban porque era su deber, más no querían tener esa responsabilidad. Así un día, el padre ciego por el dolor y el alcohol en sus venas desapareció de la villa, dejando atrás lo que quedaba de esa familia rota. La madre, por otro lado, pasaba los días sin comer, y, por consiguiente, la pequeña niña no tomaba más alimento que dos biberones a medio hacer.<br />
<br />
-<span style="color: Cyan;" class="mycode_color">Tu culpa... Tu culpa... He perdido a mi familia por tu culpa, maldito demonio...</span> - La mujer decía con una voz de ultratumba al bebé, mientras lo maltrataba como quería. Sin embargo la bebé siempre tenía una sonrisa en la cara, porque tenía a su madre, y eso era lo único que buscaba.<br />
<br />
Su nombre fue Eri.<br />
<br />
Sin embargo, la mujer no hizo caso de las necesidades de su hija menor, y pasando los días,  no pudiendo soportar más el dolor y ver que culpar a otros no hacía que su familia volviera, decidió que ella se reuniría antes de cuando tocaba con ellos, deshaciéndose de su vida, dejando a la pequeña Eri en un mundo donde solo se tenía a ella misma, sola, sin ningún tipo de compañía, y derivado de esto, ningún tipo de amor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con únicamente la soledad como compañera.</span><br />
<br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Río" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<br />
Abrió los ojos, se encontraba en el cuarto que compartía con las chicas del orfanato. Eri siempre se preguntaba cómo había llegado allí, y qué había ocurrido con su familia para que la dejasen en ese lugar. Sin embargo eran preguntas que nadie quería contestarle. Se levantó de su cama, vistió su típico vestido azul oscuro, casi descolorido, y salió por la puerta, dejando a las demás chicas dormir una hora más.<br />
<br />
Solía levantarse temprano, salir un poco al patio del pequeño edificio en el que se encontraba, porque allí dónde estaba era el orfanato de Uzushiogakure para ninjas abandonados, que de orfanato en sí tenía poco, ya que era una gran casa con varias habitaciones, un salón donde solían dar las clases a los jóvenes que vivían allí, varios baños, una gran cocina, y el dormitorio donde dormían el director del lugar y la encargada de la limpieza. Por las tardes los niños, que no eran más de veinte ya que el edificio no podía soportar tantas personas viviendo allí de una pequeña subvención que les proporcionaba la villa; solían recibir clases en la habitación correspondiente, sin embargo por las mañanas los pequeños que vivían en dicha casa tenían que realizar las tareas domésticas, tales como limpiar, ayudar a cocinar, fregar...<br />
<br />
La pequeña Eri caminó por los pasillos que aún se encontraban oscuros debido a que las persianas todavía no estaban levantadas, pero que eran fáciles de recorrer aún con a penas luz, y una vez fuera del edificio, corrió a sentarse en uno de los bancos del jardín, recogió sus piernas contra su pecho y miró al cielo.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Al menos aquí no estoy sola.</span>- Y aún viviendo en un orfanato con un montón de personas desconocidas, siendo explotada por los encargados y maltratada en muchos casos por sus compañeros, sabía que contaba con alguien en ese lugar, alguien importante para ella y que sabía que siempre estaría allí, porque era como su angel guardián, siempre la lograba salvar y sanar cuando lo necesitaba. Cuando la hora voló volvió dentro para comenzar con sus tareas.<br />
<br />
Al entrar por la puerta se topó con unos ojos color azabache y sin dudarlo por un segundo sus mejillas tomaron un color carmesí. Allí estaba su mejor y único amigo, su angel guardián, Uchiha Nabi. Él era el único que había hablado con ella como a su igual cuando llegó, y sabía que era respetado por todos, eso hacía que estando con él nadie la dijera nada malo. Un año mayor que ella, solían pasar la mayor parte de su tiempo libre juntos, jugando a cualquier cosa o simplemente hablando. ¿Por qué se sonrojaba entonces? Era algo que ella sabía, pero no quería reconocer.<br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Te llevaba buscando media hora.</span>-Dijo el chico con los brazos a modo de jarra, con amba cejas levantadas. -<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Hoy íbamos a empezar a planear un modo de salir de aquí, ¿lo habías olvidado otra vez?</span>-Susurró acercándose al oído de la pequeña, quien solo atinó a ponerse más nerviosa. Tanto Eri como Nabi habían decidido realizar un plan de huída del orfanato y Eri solo sabía retrasarlo olvidándose de que tenían que hacerlo.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Lo siento Nabi... ¡Me quedé embobada viendo el cielo de nuevo!</span>- Dijo cogiéndole de la mano y arrastrándolo hacia la cocina, donde la mayoría de niños ya estaban esperando su ansiado desayuno.<br />
<br />
Y así eran los días para la pequeña de cortos cabellos azules, por las mañanas limpiaba y por las tardes estudiaba, y en sus ratos libres pasaba el tiempo junto con Nabi. Pero ahora ambos estaban ideando un plan para escapar de ese lugar, lejos de maltratos y explotación, para así convertirse en ninjas de alto prestigio. <br />
<br />
Esa misma tarde ambos niños estaban en el cuarto de los chicos cuando todos estaban jugando fuera -<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">¡El Crayón Uchiha abre su sesión!</span>- Dijo un entusiasmado Nabi dando a su compañera una cera fina de color carmesí.  <br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¡Bien!</span>-Le siguió Eri levantando ambas manos en señal de felicidad, luego los bajó y comenzó a hablar.-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Estuve pensando esta mañana mientras miraba al cielo que lo que podríamos hacer es esta misma noche, ayudar a Yuna con las tareas de la cocina para así intentar que deje la puerta de atrás abierta, y cuando nos vayamos a dormir, esperamos una hora... ¡Y salimos por detrás!</span>- Explicó jugando con su cera. -<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Qué te parece?</span><br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Pues está bien pensado, aunque deberíamos primero tantear el terreno y hablar con Yuna, para que no sospeche mucho de por qué la ayudaremos esta noche, así que vamos a buscarla.</span>-Terminando de decir esto, se levantó de la cama y ofreciéndole su mano a Eri, levantó a la joven tirando de ella, así ambos niños fueron en busca de la señora encargada de limpiar.<br />
<br />
Pero no la lograron encontrar por ningún lado, y ambos niños tuvieron que aplazar su plan de huida, así esa misma noche ambos se fueron a dormir con clara desilusión reflejada en sus rostros, pero no duró mucho, ya que pasadas las cinco horas de la medianoche de ese mismo día, Nabi notó como su estómago estaba revuelto, como diciéndole que algo malo sucedía. Y así fue como bajó a las cocinas a buscar un vaso de agua para intentar relajarse y volver a coger el sueño, descalzo y con las manos frotándose los ojos, escuchó como unas voces hablaban en el dormitorio del jefe, y olvidándose de que quedaban unas horas de sueño, corrió al dormitorio de las chicas, buscando una cabellera azul que resaltaba entre las demás, despertándola y sacándola de sus sueños. <br />
<br />
-<span style="color: deepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Qué pasa Nabi...?</span>- Eri frotaba sus ojos como minutos antes lo había hecho el joven de cabellos rubios. Éste lucía asustado, con los ojos ligeramente abiertos.<br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Tenemos que irnos, Eri, porque hay problemas en el orfanato.</span>-Sin rodeos Nabi lo dijo todo con seis palabras, y Eri cogió la mano del chico, asustada. Tenía miedo de lo que podría estar pasando, así que se abrazó a Nabi intentando que sus brazos la reconfortasen. -<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Somos muchos niños, demasiados, y el presupuesto no llega para todos...</span>- Habló en su oído.-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Así que han comenzado a vender niños a gente... Gente no buena.</span>- Intentó suavizar al notar el temblor de la pequeña entre sus brazos. -<span style="color: Yelow;" class="mycode_color">¡Tenemos que irnos antes de que nos pase a nosotros!</span><br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Yo no quiero separarme de ti...</span>-Susurró la joven de cabellos azules, y sin dudarlo un minuto, tomó la mano que le brindó su compañero y ambos corrieron escaleras abajo, poniendo en marcha su plan de huida que esa misma tarde habían planeado. No fue difícil llegar sin hacer mucho ruido, y una vez fuera del edificio se sintieron totalmente aliviados, pero Nabi notó unos pares de ojos encima de ellos, y como por un acto reflejo se posicionó entre esos ojos y su compañera. <br />
<br />
-<span style="color: Crimson;" class="mycode_color">Ahí está el chico, es él, es el Uchiha.</span>-Uno de los poseedores del par de ojos habló, y gracias a que estaba amaneciendo se podían apreciar unos cabellos largos recogidos en una coleta alta, y unos pozos negros, que no les perdían de vista en ningún segundo. Y antes de que Nabi llegase a contestar, una voz habló por detrás de ambos niños.<br />
<br />
-<span style="color: Green;" class="mycode_color">Oh, si ya estáis aquí, bienvenidos sean.</span>-El hombre que apareció por detrás de los chicos no fue ni más ni menos que el jefe del orfanato, apoyando sus manos en los hombros de Nabi y Eri, aplicando fuerza en ellos, logrando crear quejidos provenientes de sus bocas. -<span style="color: Green;" class="mycode_color">Siento que el encuentro haya ocurrido así, pero aquí lo tienen, Uchiha Nabi, el chico del que os hablé.</span>- Explicó el jefe, empujando al susodicho hacia esos hombres y agarrando con ambas manos los hombros de la pequeña niña. -<span style="color: Green;" class="mycode_color">Podéis llevároslo, ya hablaremos del precio.</span><br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Qué? ¿Se van a llevar a Nabi? ¿Por qué? ¿No puedo ir yo con ellos?</span>-De la boca de Eri empezaron a llover preguntas y más preguntas, del mismo modo que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos verdes, se llevarían a su única salvación y con él una parte de ella. Pero antes de que la chica siguiese haciendo preguntas el jefe del orfanato giró la cara de la joven tras un tortazo en su mejilla izquierda. -<span style="color: Green;" class="mycode_color">Cuando dos adultos están hablando, no se les interrumpe, esto conllevará a dos semanas de castigo.</span>- Regañó el hombre, arrancando una risa al segundo hombre que había aparecido.<br />
<br />
La luz del amanecer estaba bañando a todos los presentes del lugar, y tras el golpe que la joven había recibido el pequeño rubio intentó correr para socorrerla, en vano ya que alguien se había posicionado en frente de él y le había propinado un puñetazo en pleno estómago, haciendo al chico caer de rodillas y abrazándose la zona afectada con sus brazos, escupiendo un poco de saliva por la boca. El hombre que le había golpeado lo cargó sobre su hombro derecho, con una reverencia ambos desconocidos se despidieron del encargado, quien sujetaba con sus fuertes y rechonchos brazos los hombros de la pequeña que intentaba zafarse e ir tras su único compañero y amigo. <br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¡NABI!</span>-Gritó con una voz desgarradora, más su grito no logró más que despertar a los residentes del orfanato, que se acercaron a las ventanas para descubrir qué estaba ocurriendo, sin embargo no ocurrió nada más que eso, ya que los hombres que se llevaban al susodicho no cambiaron su rumbo en ningún momento.<br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Eri...</span>-El chico logró pronunciar el nombre de la chica con un hilo de voz.<br />
<br />
Y lo último que la pequeña niña recordó de ese día fue un par de ojos rojos observándola desde la distancia.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Un color rojo carmesí que la transmitía ira, pero también tristeza.</span><br />
<br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Corriente" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
Había días en los que prefería no levantarse de la cama, y es que la joven protagonista de esta historia llevaba un año en soledad en el orfanato. Y es que después de su incidente y su fallida escapada con Nabi, la chica no logró sonreír de nuevo, echaba de menos a su compañero, pero sabía que no regresaría, que ya no lo volvería a ver, y eso le desgarraba por dentro. Los niños del orfanato comenzaron a desaparecer y poco a poco los niños comenzaban a tener más miedo por ser lo siguientes, pero a Eri le daba igual, sus pensamientos indicaban que no había peor lugar que donde se encontraba barriendo ahora mismo.<br />
<br />
La joven de cabellos azules movía la escoba al compás con el que se mecía su corta falda del vestido veraniego que llevaba, suspiró, ya le quedaba pequeño y debía heredar más ropa de las compañeras mayores. Entonces alguien tocó a la puerta, dos golpes suaves, y al ser la persona más cercana a ella, decidió que era la más indicada para abrir la puerta.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Quién es?</span>-Preguntó la pequeña al abrir un poco la puerta, lo suficiente para dejar que su vista examinase a lo desconocido. Allí encontró a un par de hombres ya entrados en años, uno, canoso de ojos verdes, y el otro, más joven que el anterior, de cabellos oscuros y ojos marrones.<br />
<br />
-<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Hola, pequeña, veníamos a hablar con el encargado del orfanato. ¿Está por aquí?</span>- Preguntó el de cabellos oscuros, entonces y como siempre solía hacer, el encargado apareció por detrás de la puerta, abriéndola de par en par con una sonrisa adornándole el rostro.<br />
<br />
-<span style="color: Green;" class="mycode_color">¡Hola, amigos! Pasad, pasad, debemos hablar de varias cosas en mi despacio, luego os enseñaré a los pequeños.</span>- Así el encargado y los otros hombres pasaron dentro de la estancia. Uno de los señores, el de cabellos grises, se quedó mirando fijamente a Eri mientras caminaba lentamente por el pasillo, y cuando ésta lo notó, aguantó su mirada sobre ella, fijamente y sin cortar la visión, con una expresión seria en ambos rostros, el hombre no soportó tal cosa, así que decidió dedicarle una sonrisa cálida a la joven, que logró, al menos un poco, colar en el corazón de la joven y que esta relajase su dura mirada, dedicándole una mirada más comprensiva y casi una sonrisa. <br />
<br />
Perdiendo de vista a los tres varones, siguió con su tarea de limpiar el recibidor del orfanato, que le llevó toda la mañana. Una vez terminó sus tareas, se sentó al pie de las escaleras y sacó uno de sus libros que recibió por su último cumpleaños, objeto perteneciente a Yuna. Aprovechó que todos los chicos estaban en el jardín o limpiando otro lugar de la casa, ya que el pasillo de la entrada se encontraba totalmente vacío y carente de ruido. Sus minutos de paz duraron aproximadamente media hora, ya que los tres hombres que habían ingresado en la habitación del encargado habían vuelto a salir entre palabras y alguna que otra risa.<br />
<br />
Entonces el hombre de cabellos grises miró a Eri y en un momento en el que el encargado y su compañero hablaban se acercó a la pequeña y se sentó a su lado, con la misma sonrisa que le había dedicado minutos antes. Eri sonrió, esta vez más incómoda por como se había acercado el hombre a ella.<br />
<br />
-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">Hola pequeña.</span>-Saludó feliz.-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">¿Cuántos años tienes?</span>- Preguntó intentando sacar un tema de conversación.-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">¿No se supone que deberías estar jugando con las demás niñas?</span><br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">No me gustan sus juegos, además no me llevo bien con los niños de aquí.</span>-Explicó Eri sin dejar de mirar su libro, estaba nerviosa por el hombre que la acompañaba, mordiéndose el labio con más frecuencia que de costumbre.-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Tengo seis años... Pero por mi estatura parece que tengo menos.</span>-Agregó como dato, sin que fuese necesario.<br />
<br />
-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">No pasa nada, así pareces más mona.</span>-Dijo el hombre a modo de broma, revolviéndole el cabello a la de ojos verdes. -<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">¿No te sientes sola así?</span><br />
<br />
La joven hizo un puchero y se colocó los diferentes puntos de su ahora desordenado cabello. -<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Hace un año perdí a mi mejor y único amigo, después de eso ni yo he querido a otra persona, ni otra persona me ha querido a mí...</span>-La pequeña comenzó a jugar con sus manos, pensando si era correcto revelar esa información a un hombre que acababa de conocer.-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Pero... Si soy sincera, me siento muy sola aquí...</span>-Terminó con un hilo de voz, tratando de ocultarse detrás de su libro.<br />
<br />
El hombre mostró una sonrisa compasiva a la joven, y sin decir nada, se levantó y se añadió a la conversación que mantenían los otros hombres. Eri suspiró y sin mirar de nuevo al hombre, se fue a su habitación. Estaba convencida que ese hombre no volvería, y que solo había querido tener una charla... Bah, ¿qué más daba? Se sentó en su cama y decidió seguir leyendo su libro.<br />
<br />
Pero al día siguiente el hombre de cabellos grises volvió al edificio, con unos papeles sellados, hizo al hombre que llevaba el orfanato el hombre más feliz de la villa, y cuando Yuna fue a avisar a Eri, la de cabellos azules sabía que le había tocado el turno de salir de allí. Pero no le importaba lo más mínimo. Cuando vio al hombre le volvió a sonreír, y este ofreció su mano para que la pequeña la tomase, y juntos dejaron atrás el orfanato, porque esa había sido su prisión durante años y ya era hora de volver a respirar de nuevo.<br />
<br />
El señor que había adoptado a Eri era un hombre reconocido en la villa por ser uno de los ninjas médicos más reconocidos, además por poseer una fortuna bastante importante, y más si eres un hombre mayor que vive solo en una gran casa. Su nombre era Genza, y por lo que había escuchado la joven de cabellos azulados estaba viudo y no tenía ningún hijo. Eri tenía todo para ella, pero no quería nada, solo la compañía de Genza, al que comenzó a llamar abuelo. Para ella, él era su segundo amigo en el mundo, quien había acabado con la época de soledad que le había tocado vivir después de la marcha de Nabi, así que decidió que ella misma, como ninja que había nacido, seguiría los pasos de su ahora abuelo y conseguiría llegar a ser una gran ninja médico.<br />
<br />
Por ello comenzó a ser instruida por Genza desde los ocho años de edad en su casa, y todos los días ambos trabajaban duro para entrenar. Pero, por desgracia, un día, el hombre de cabellos grisáceos no abrió los ojos para tener otra jornada más, muriendo de causas naturales. <br />
<br />
La joven Eri, de unos once años de edad, fue la que descubrió el cadáver de su abuelo reposando en la cama que éste ocupaba. No dijo nada, solo se sentó a su lado, en el suelo, y apretó con su mano izquierda la de su abuelo, aferrándose a él, intentando volver a traerlo a la vida, a su vida, con ella. <br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">No te vayas... Abuelo... No me dejes...</span>- Lloraba, susurraba, más no recibía respuesta alguna del hombre, y cuando vinieron a recoger su cuerpo, Eri quedó sola en la gran casa de la que ahora era dueña, más toda esa fortuna que el hombre había legado a su ahora hija no era ningún repuesto para el dolor que la muerte del mismo había dejado en el corazón de la muchacha.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero ella había prometido convertirse en la mejor ninja médico, por él, para honrar su memoria.</span><br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Lago" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
Caminaba por los pasillos de la escuela de la villa oculta del Remolino, le apetecía entrenar, pero tocaba ir a clase en algún momento. Llevaba varios días sin poder dormir por las noches, y tampoco le sentaba bien las comidas, así que algo malo ocurriría, no le daba buena espina esas señales que su cuerpo intentaba transmitirle, pero intentó omitirlas de la información que tenía en la cabeza en esos momentos.<br />
<br />
Desde el incidente con su abuelo, la joven Eri había hablado con la kage de Uzushio, Shiona, y ésta le había permitido tomar una plaza en su escuela junto un lugar donde dormir en la misma, junto con los internos que vivían allí. La joven, sin embargo, planeaba poder comprar una casa una vez graduada con el dinero que Genza le había legado y vivir adecuadamente, pero sin ningún tipo de capricho. Suspiró, odiaba recordar la muerte de su abuelo.<br />
<br />
Aquel día su vida cambió, y ahora la pequeña Eri, de doce años de edad, era una chica tímida que no acostumbraba a hablar con casi nadie, y eso que en la escuela había gente con la que parecía poder hacer buenas migas, pero no, no quería volver a abrir su corazón, no quería volver a amar para luego sufrir a cambio. Negó con la cabeza, no quería pensar, no quería volver a sentir.<br />
<br />
Entre pensamientos, pasó el día, y lo mismo el siguiente, y el siguiente del siguiente... <br />
<br />
Pero el día siguiente, del siguiente del siguiente, algo cambió. Ella entró en su clase, dispuesta a recibir más instrucciones e como convertirse en una gran ninja y una mejor persona. Sin embargo, una gran cabellera rubia le sorprendió, y con el corazón intentando salir de su pecho corrió por toda la habitación hasta quedar en frente de la persona que había acelerado sus latidos.<br />
<br />
No una, si no todas las veces que su pequeño corazón se había acelerado en su vida.<br />
<br />
Allí estaba, Nabi, Uchiha Nabi, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">su</span> Nabi, sentado, con los brazos cruzados, mirada seria... No parecía él, habían pasado... ¿Siete años? Pero Eri sonreía, una amplia sonrisa adornaba su joven rostro, y sin dudarlo un segundo, saltó la mesa que los separaba y lo abrazó, sorprendiendo al joven Uchiha.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Han pasado siete años... Pero estás aquí de nuevo... Conmigo...</span>-Susurró cerca de su oído la pequeña chica de cabellos azules, lágrimas rebeldes se habían apoderado de su visión, nublándola, y todos los presentes en el salón habían dejado lo que hacían y se habían centrado en la peculiar pareja.<br />
<br />
Segundos más tarde, unos brazos la rodearon, y un extraño, pero reconfortante abrazo había surgido de entre ambos.<br />
<br />
-<span style="color: Crimson;" class="mycode_color">Hola, Eri.</span>- La voz del rubio sonaba seria, más grave de como la recordaba.-<span style="color: Crimson;" class="mycode_color">Te he echado de menos.</span><br />
<br />
La susodicha sonrió de nuevo y acentuó el abrazo, era él, aunque una versión más seria y recta que la que había conocido, pero le daba totalmente igual, allí estaba Nabi, y todavía la recordaba, era lo único que necesitaba para volver a ser feliz.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Porque había dejado de estar sola de nuevo.<br />
<br />
Porque allí estaba su luz. <br />
<br />
Su mezcla.</span><br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
Eri se estaba colocando su nueva bandana en la frente. Aquel día acababa de graduarse como gennin en la escuela de la villa oculta del Remolino, pero no era ella la única, la acompañaban distintos chicos más, algunos con aspecto normal, otros no tanto, y junto a ella Nabi adornaba también su bandana en el cuello. Pero ella estaba decidida, una nueva Eri había nacido, una llena de sueños y esperanzas, y esta vez no estaba sola. Muchos colores se arremolinaban a su al rededor, algunos conocidos por sus nombres, como Yota, Kazuma y Juro, y a su lado, la luz que había iluminado su vida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y su sueño era cuidar y proteger a sus seres queridos.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-size: 20px;"><span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">De un color azul cielo</span></span></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me gusta hablar de mi historia, pero sé que en algún momento tendré que hablaros de ella, así que primero comenzaré por hablaros de los colores, porque son cosas que me gustan. <br />
<br />
Todo el mundo conoce los colores, principalmente porque todos tenemos ojos, por el que recibimos imágenes que contienen siempre distintos colores, (a excepción, claro está, de las personas que sufren de problemas de vista y, o bien están ciegos y no ven nada, o bien solo ven en uno o dos colores). Pero aún así esas personas siguen viendo colores, uno, el negro, quienes no pueden ver nada, y dos o más, los que pueden ver al menos, varios. Pero lo usual en el mundo es que todos veamos colores distintos.<br />
<br />
Bien, pues después de esta larga introducción, quería hablaros de los colores, estos se pueden distinguir en dos grupos, primarios y secundarios. Esto puede recordarnos a las personas. ¿Por qué? Hay gente que prefiere ser único, ser alguien que solo se valga por si mismo, autónomo. Estos se relacionan con los colores primarios, colores primitivos y que no se consiguen mezclando otros. Sin embargo, encontramos los colores secundarios, estos se consiguen mediante la mezcla de varios colores: dos, tres... Estos representan a las personas que deciden mezclarse con los demás, amistad, amor, cualquier tipo de relación.<br />
<br />
Color azul cielo, ese fue el color que elegí yo. Azul, porque es un color primario, incapaz de ser creado, incapaz de crearse tras una mezcla, por la parte de mi vida en la que estuve sola, sin embargo logre crear una mezcla, una mezcla mínima, pero que está ahí, presente, ese blanco, esa luz, se mezcló con mi azul solitario, y creó el azul cielo que soy hoy.</span><br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Hielo" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<br />
Una familia feliz: un padre ANBU, una madre retirada de la vida de ninja por cuidar de su familia, una hija superdotada y una vida en camino. Sin embargo la mujer de la familia tenía problemas de salud, y por ello el padre solía pedir permisos para quedarse con ella, por lo que las responsabilidades de toda la familia caían en los hombros de la hija superdotada.<br />
<br />
La hija había pasado cada examen de ascenso con una facilidad increíble, y había llegado con tal escasa edad a ANBU que nadie podía creérselo, sin embargo allí estaba, tomando misiones demasiado arriesgadas para una joven como era ella. Sus padres, muy orgullosos de su pequeño fruto, olvidaban a veces el hecho de estar esperando a otro. ¿Y es que para qué quieres más cuando tienes el ser perfecto ya en tu posesión? Ese pensamiento era el que tenía el padre, y por eso pasando los meses de dicho embarazo, él cada vez se hacía menos responsable y más se centraba en su hija mayor.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">¡Serás la envidia de tu hermano menor!</span> - Solía repetir una y otra vez, sacando los colores a su hija mayor.<br />
<br />
Sin embargo, hubo un problema cerca de Uzushiogakure, un problema que encomendaron a la familia feliz ya que sus habilidades como equipo eran envidiables por todos. Aún con dudas, se mandó de misión al padre y a la hija, dejando a la madre al cuidado de médicos especializados. Pero el padre, dudoso de dejar a su mujer a manos de alguien desconocido, decidió quedarse y cuidarla, confiando ciegamente en su hija prodigio.<br />
<br />
Pero la desgracia ocurrió, y a la pobre muchacha le sorprendieron varios ataques en masa, algunos logró derrotar, pero los últimos ataques lograron tomar su vida.<br />
<br />
La joven prodigio se había llevado la felicidad de esa familia feliz.<br />
<br />
El padre, culpándose a sí mismo, entró en una depresión que lo llevó a retirarse de la vida de ninja y dejarse llevar por el alcohol, mientras su mujer solo podía culpar a la vida de su interior. Cegada por el dolor que conllevaba la pérdida de su preciado tesoro, dio a luz la primavera del año ciento ochenta y siete a una pequeña niña de hermosos cabellos azules y una belleza incomparable.<br />
<br />
Sin embargo ni su madre ni su padre la amaban, la cuidaban porque era su deber, más no querían tener esa responsabilidad. Así un día, el padre ciego por el dolor y el alcohol en sus venas desapareció de la villa, dejando atrás lo que quedaba de esa familia rota. La madre, por otro lado, pasaba los días sin comer, y, por consiguiente, la pequeña niña no tomaba más alimento que dos biberones a medio hacer.<br />
<br />
-<span style="color: Cyan;" class="mycode_color">Tu culpa... Tu culpa... He perdido a mi familia por tu culpa, maldito demonio...</span> - La mujer decía con una voz de ultratumba al bebé, mientras lo maltrataba como quería. Sin embargo la bebé siempre tenía una sonrisa en la cara, porque tenía a su madre, y eso era lo único que buscaba.<br />
<br />
Su nombre fue Eri.<br />
<br />
Sin embargo, la mujer no hizo caso de las necesidades de su hija menor, y pasando los días,  no pudiendo soportar más el dolor y ver que culpar a otros no hacía que su familia volviera, decidió que ella se reuniría antes de cuando tocaba con ellos, deshaciéndose de su vida, dejando a la pequeña Eri en un mundo donde solo se tenía a ella misma, sola, sin ningún tipo de compañía, y derivado de esto, ningún tipo de amor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Con únicamente la soledad como compañera.</span><br />
<br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Río" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<br />
Abrió los ojos, se encontraba en el cuarto que compartía con las chicas del orfanato. Eri siempre se preguntaba cómo había llegado allí, y qué había ocurrido con su familia para que la dejasen en ese lugar. Sin embargo eran preguntas que nadie quería contestarle. Se levantó de su cama, vistió su típico vestido azul oscuro, casi descolorido, y salió por la puerta, dejando a las demás chicas dormir una hora más.<br />
<br />
Solía levantarse temprano, salir un poco al patio del pequeño edificio en el que se encontraba, porque allí dónde estaba era el orfanato de Uzushiogakure para ninjas abandonados, que de orfanato en sí tenía poco, ya que era una gran casa con varias habitaciones, un salón donde solían dar las clases a los jóvenes que vivían allí, varios baños, una gran cocina, y el dormitorio donde dormían el director del lugar y la encargada de la limpieza. Por las tardes los niños, que no eran más de veinte ya que el edificio no podía soportar tantas personas viviendo allí de una pequeña subvención que les proporcionaba la villa; solían recibir clases en la habitación correspondiente, sin embargo por las mañanas los pequeños que vivían en dicha casa tenían que realizar las tareas domésticas, tales como limpiar, ayudar a cocinar, fregar...<br />
<br />
La pequeña Eri caminó por los pasillos que aún se encontraban oscuros debido a que las persianas todavía no estaban levantadas, pero que eran fáciles de recorrer aún con a penas luz, y una vez fuera del edificio, corrió a sentarse en uno de los bancos del jardín, recogió sus piernas contra su pecho y miró al cielo.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Al menos aquí no estoy sola.</span>- Y aún viviendo en un orfanato con un montón de personas desconocidas, siendo explotada por los encargados y maltratada en muchos casos por sus compañeros, sabía que contaba con alguien en ese lugar, alguien importante para ella y que sabía que siempre estaría allí, porque era como su angel guardián, siempre la lograba salvar y sanar cuando lo necesitaba. Cuando la hora voló volvió dentro para comenzar con sus tareas.<br />
<br />
Al entrar por la puerta se topó con unos ojos color azabache y sin dudarlo por un segundo sus mejillas tomaron un color carmesí. Allí estaba su mejor y único amigo, su angel guardián, Uchiha Nabi. Él era el único que había hablado con ella como a su igual cuando llegó, y sabía que era respetado por todos, eso hacía que estando con él nadie la dijera nada malo. Un año mayor que ella, solían pasar la mayor parte de su tiempo libre juntos, jugando a cualquier cosa o simplemente hablando. ¿Por qué se sonrojaba entonces? Era algo que ella sabía, pero no quería reconocer.<br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Te llevaba buscando media hora.</span>-Dijo el chico con los brazos a modo de jarra, con amba cejas levantadas. -<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Hoy íbamos a empezar a planear un modo de salir de aquí, ¿lo habías olvidado otra vez?</span>-Susurró acercándose al oído de la pequeña, quien solo atinó a ponerse más nerviosa. Tanto Eri como Nabi habían decidido realizar un plan de huída del orfanato y Eri solo sabía retrasarlo olvidándose de que tenían que hacerlo.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Lo siento Nabi... ¡Me quedé embobada viendo el cielo de nuevo!</span>- Dijo cogiéndole de la mano y arrastrándolo hacia la cocina, donde la mayoría de niños ya estaban esperando su ansiado desayuno.<br />
<br />
Y así eran los días para la pequeña de cortos cabellos azules, por las mañanas limpiaba y por las tardes estudiaba, y en sus ratos libres pasaba el tiempo junto con Nabi. Pero ahora ambos estaban ideando un plan para escapar de ese lugar, lejos de maltratos y explotación, para así convertirse en ninjas de alto prestigio. <br />
<br />
Esa misma tarde ambos niños estaban en el cuarto de los chicos cuando todos estaban jugando fuera -<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">¡El Crayón Uchiha abre su sesión!</span>- Dijo un entusiasmado Nabi dando a su compañera una cera fina de color carmesí.  <br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¡Bien!</span>-Le siguió Eri levantando ambas manos en señal de felicidad, luego los bajó y comenzó a hablar.-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Estuve pensando esta mañana mientras miraba al cielo que lo que podríamos hacer es esta misma noche, ayudar a Yuna con las tareas de la cocina para así intentar que deje la puerta de atrás abierta, y cuando nos vayamos a dormir, esperamos una hora... ¡Y salimos por detrás!</span>- Explicó jugando con su cera. -<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Qué te parece?</span><br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Pues está bien pensado, aunque deberíamos primero tantear el terreno y hablar con Yuna, para que no sospeche mucho de por qué la ayudaremos esta noche, así que vamos a buscarla.</span>-Terminando de decir esto, se levantó de la cama y ofreciéndole su mano a Eri, levantó a la joven tirando de ella, así ambos niños fueron en busca de la señora encargada de limpiar.<br />
<br />
Pero no la lograron encontrar por ningún lado, y ambos niños tuvieron que aplazar su plan de huida, así esa misma noche ambos se fueron a dormir con clara desilusión reflejada en sus rostros, pero no duró mucho, ya que pasadas las cinco horas de la medianoche de ese mismo día, Nabi notó como su estómago estaba revuelto, como diciéndole que algo malo sucedía. Y así fue como bajó a las cocinas a buscar un vaso de agua para intentar relajarse y volver a coger el sueño, descalzo y con las manos frotándose los ojos, escuchó como unas voces hablaban en el dormitorio del jefe, y olvidándose de que quedaban unas horas de sueño, corrió al dormitorio de las chicas, buscando una cabellera azul que resaltaba entre las demás, despertándola y sacándola de sus sueños. <br />
<br />
-<span style="color: deepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Qué pasa Nabi...?</span>- Eri frotaba sus ojos como minutos antes lo había hecho el joven de cabellos rubios. Éste lucía asustado, con los ojos ligeramente abiertos.<br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Tenemos que irnos, Eri, porque hay problemas en el orfanato.</span>-Sin rodeos Nabi lo dijo todo con seis palabras, y Eri cogió la mano del chico, asustada. Tenía miedo de lo que podría estar pasando, así que se abrazó a Nabi intentando que sus brazos la reconfortasen. -<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Somos muchos niños, demasiados, y el presupuesto no llega para todos...</span>- Habló en su oído.-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Así que han comenzado a vender niños a gente... Gente no buena.</span>- Intentó suavizar al notar el temblor de la pequeña entre sus brazos. -<span style="color: Yelow;" class="mycode_color">¡Tenemos que irnos antes de que nos pase a nosotros!</span><br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Yo no quiero separarme de ti...</span>-Susurró la joven de cabellos azules, y sin dudarlo un minuto, tomó la mano que le brindó su compañero y ambos corrieron escaleras abajo, poniendo en marcha su plan de huida que esa misma tarde habían planeado. No fue difícil llegar sin hacer mucho ruido, y una vez fuera del edificio se sintieron totalmente aliviados, pero Nabi notó unos pares de ojos encima de ellos, y como por un acto reflejo se posicionó entre esos ojos y su compañera. <br />
<br />
-<span style="color: Crimson;" class="mycode_color">Ahí está el chico, es él, es el Uchiha.</span>-Uno de los poseedores del par de ojos habló, y gracias a que estaba amaneciendo se podían apreciar unos cabellos largos recogidos en una coleta alta, y unos pozos negros, que no les perdían de vista en ningún segundo. Y antes de que Nabi llegase a contestar, una voz habló por detrás de ambos niños.<br />
<br />
-<span style="color: Green;" class="mycode_color">Oh, si ya estáis aquí, bienvenidos sean.</span>-El hombre que apareció por detrás de los chicos no fue ni más ni menos que el jefe del orfanato, apoyando sus manos en los hombros de Nabi y Eri, aplicando fuerza en ellos, logrando crear quejidos provenientes de sus bocas. -<span style="color: Green;" class="mycode_color">Siento que el encuentro haya ocurrido así, pero aquí lo tienen, Uchiha Nabi, el chico del que os hablé.</span>- Explicó el jefe, empujando al susodicho hacia esos hombres y agarrando con ambas manos los hombros de la pequeña niña. -<span style="color: Green;" class="mycode_color">Podéis llevároslo, ya hablaremos del precio.</span><br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Qué? ¿Se van a llevar a Nabi? ¿Por qué? ¿No puedo ir yo con ellos?</span>-De la boca de Eri empezaron a llover preguntas y más preguntas, del mismo modo que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos verdes, se llevarían a su única salvación y con él una parte de ella. Pero antes de que la chica siguiese haciendo preguntas el jefe del orfanato giró la cara de la joven tras un tortazo en su mejilla izquierda. -<span style="color: Green;" class="mycode_color">Cuando dos adultos están hablando, no se les interrumpe, esto conllevará a dos semanas de castigo.</span>- Regañó el hombre, arrancando una risa al segundo hombre que había aparecido.<br />
<br />
La luz del amanecer estaba bañando a todos los presentes del lugar, y tras el golpe que la joven había recibido el pequeño rubio intentó correr para socorrerla, en vano ya que alguien se había posicionado en frente de él y le había propinado un puñetazo en pleno estómago, haciendo al chico caer de rodillas y abrazándose la zona afectada con sus brazos, escupiendo un poco de saliva por la boca. El hombre que le había golpeado lo cargó sobre su hombro derecho, con una reverencia ambos desconocidos se despidieron del encargado, quien sujetaba con sus fuertes y rechonchos brazos los hombros de la pequeña que intentaba zafarse e ir tras su único compañero y amigo. <br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¡NABI!</span>-Gritó con una voz desgarradora, más su grito no logró más que despertar a los residentes del orfanato, que se acercaron a las ventanas para descubrir qué estaba ocurriendo, sin embargo no ocurrió nada más que eso, ya que los hombres que se llevaban al susodicho no cambiaron su rumbo en ningún momento.<br />
<br />
-<span style="color: Yellow;" class="mycode_color">Eri...</span>-El chico logró pronunciar el nombre de la chica con un hilo de voz.<br />
<br />
Y lo último que la pequeña niña recordó de ese día fue un par de ojos rojos observándola desde la distancia.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Un color rojo carmesí que la transmitía ira, pero también tristeza.</span><br />
<br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Corriente" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
Había días en los que prefería no levantarse de la cama, y es que la joven protagonista de esta historia llevaba un año en soledad en el orfanato. Y es que después de su incidente y su fallida escapada con Nabi, la chica no logró sonreír de nuevo, echaba de menos a su compañero, pero sabía que no regresaría, que ya no lo volvería a ver, y eso le desgarraba por dentro. Los niños del orfanato comenzaron a desaparecer y poco a poco los niños comenzaban a tener más miedo por ser lo siguientes, pero a Eri le daba igual, sus pensamientos indicaban que no había peor lugar que donde se encontraba barriendo ahora mismo.<br />
<br />
La joven de cabellos azules movía la escoba al compás con el que se mecía su corta falda del vestido veraniego que llevaba, suspiró, ya le quedaba pequeño y debía heredar más ropa de las compañeras mayores. Entonces alguien tocó a la puerta, dos golpes suaves, y al ser la persona más cercana a ella, decidió que era la más indicada para abrir la puerta.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">¿Quién es?</span>-Preguntó la pequeña al abrir un poco la puerta, lo suficiente para dejar que su vista examinase a lo desconocido. Allí encontró a un par de hombres ya entrados en años, uno, canoso de ojos verdes, y el otro, más joven que el anterior, de cabellos oscuros y ojos marrones.<br />
<br />
-<span style="color: Brown;" class="mycode_color">Hola, pequeña, veníamos a hablar con el encargado del orfanato. ¿Está por aquí?</span>- Preguntó el de cabellos oscuros, entonces y como siempre solía hacer, el encargado apareció por detrás de la puerta, abriéndola de par en par con una sonrisa adornándole el rostro.<br />
<br />
-<span style="color: Green;" class="mycode_color">¡Hola, amigos! Pasad, pasad, debemos hablar de varias cosas en mi despacio, luego os enseñaré a los pequeños.</span>- Así el encargado y los otros hombres pasaron dentro de la estancia. Uno de los señores, el de cabellos grises, se quedó mirando fijamente a Eri mientras caminaba lentamente por el pasillo, y cuando ésta lo notó, aguantó su mirada sobre ella, fijamente y sin cortar la visión, con una expresión seria en ambos rostros, el hombre no soportó tal cosa, así que decidió dedicarle una sonrisa cálida a la joven, que logró, al menos un poco, colar en el corazón de la joven y que esta relajase su dura mirada, dedicándole una mirada más comprensiva y casi una sonrisa. <br />
<br />
Perdiendo de vista a los tres varones, siguió con su tarea de limpiar el recibidor del orfanato, que le llevó toda la mañana. Una vez terminó sus tareas, se sentó al pie de las escaleras y sacó uno de sus libros que recibió por su último cumpleaños, objeto perteneciente a Yuna. Aprovechó que todos los chicos estaban en el jardín o limpiando otro lugar de la casa, ya que el pasillo de la entrada se encontraba totalmente vacío y carente de ruido. Sus minutos de paz duraron aproximadamente media hora, ya que los tres hombres que habían ingresado en la habitación del encargado habían vuelto a salir entre palabras y alguna que otra risa.<br />
<br />
Entonces el hombre de cabellos grises miró a Eri y en un momento en el que el encargado y su compañero hablaban se acercó a la pequeña y se sentó a su lado, con la misma sonrisa que le había dedicado minutos antes. Eri sonrió, esta vez más incómoda por como se había acercado el hombre a ella.<br />
<br />
-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">Hola pequeña.</span>-Saludó feliz.-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">¿Cuántos años tienes?</span>- Preguntó intentando sacar un tema de conversación.-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">¿No se supone que deberías estar jugando con las demás niñas?</span><br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">No me gustan sus juegos, además no me llevo bien con los niños de aquí.</span>-Explicó Eri sin dejar de mirar su libro, estaba nerviosa por el hombre que la acompañaba, mordiéndose el labio con más frecuencia que de costumbre.-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Tengo seis años... Pero por mi estatura parece que tengo menos.</span>-Agregó como dato, sin que fuese necesario.<br />
<br />
-<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">No pasa nada, así pareces más mona.</span>-Dijo el hombre a modo de broma, revolviéndole el cabello a la de ojos verdes. -<span style="color: SpringGreen;" class="mycode_color">¿No te sientes sola así?</span><br />
<br />
La joven hizo un puchero y se colocó los diferentes puntos de su ahora desordenado cabello. -<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Hace un año perdí a mi mejor y único amigo, después de eso ni yo he querido a otra persona, ni otra persona me ha querido a mí...</span>-La pequeña comenzó a jugar con sus manos, pensando si era correcto revelar esa información a un hombre que acababa de conocer.-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Pero... Si soy sincera, me siento muy sola aquí...</span>-Terminó con un hilo de voz, tratando de ocultarse detrás de su libro.<br />
<br />
El hombre mostró una sonrisa compasiva a la joven, y sin decir nada, se levantó y se añadió a la conversación que mantenían los otros hombres. Eri suspiró y sin mirar de nuevo al hombre, se fue a su habitación. Estaba convencida que ese hombre no volvería, y que solo había querido tener una charla... Bah, ¿qué más daba? Se sentó en su cama y decidió seguir leyendo su libro.<br />
<br />
Pero al día siguiente el hombre de cabellos grises volvió al edificio, con unos papeles sellados, hizo al hombre que llevaba el orfanato el hombre más feliz de la villa, y cuando Yuna fue a avisar a Eri, la de cabellos azules sabía que le había tocado el turno de salir de allí. Pero no le importaba lo más mínimo. Cuando vio al hombre le volvió a sonreír, y este ofreció su mano para que la pequeña la tomase, y juntos dejaron atrás el orfanato, porque esa había sido su prisión durante años y ya era hora de volver a respirar de nuevo.<br />
<br />
El señor que había adoptado a Eri era un hombre reconocido en la villa por ser uno de los ninjas médicos más reconocidos, además por poseer una fortuna bastante importante, y más si eres un hombre mayor que vive solo en una gran casa. Su nombre era Genza, y por lo que había escuchado la joven de cabellos azulados estaba viudo y no tenía ningún hijo. Eri tenía todo para ella, pero no quería nada, solo la compañía de Genza, al que comenzó a llamar abuelo. Para ella, él era su segundo amigo en el mundo, quien había acabado con la época de soledad que le había tocado vivir después de la marcha de Nabi, así que decidió que ella misma, como ninja que había nacido, seguiría los pasos de su ahora abuelo y conseguiría llegar a ser una gran ninja médico.<br />
<br />
Por ello comenzó a ser instruida por Genza desde los ocho años de edad en su casa, y todos los días ambos trabajaban duro para entrenar. Pero, por desgracia, un día, el hombre de cabellos grisáceos no abrió los ojos para tener otra jornada más, muriendo de causas naturales. <br />
<br />
La joven Eri, de unos once años de edad, fue la que descubrió el cadáver de su abuelo reposando en la cama que éste ocupaba. No dijo nada, solo se sentó a su lado, en el suelo, y apretó con su mano izquierda la de su abuelo, aferrándose a él, intentando volver a traerlo a la vida, a su vida, con ella. <br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">No te vayas... Abuelo... No me dejes...</span>- Lloraba, susurraba, más no recibía respuesta alguna del hombre, y cuando vinieron a recoger su cuerpo, Eri quedó sola en la gran casa de la que ahora era dueña, más toda esa fortuna que el hombre había legado a su ahora hija no era ningún repuesto para el dolor que la muerte del mismo había dejado en el corazón de la muchacha.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero ella había prometido convertirse en la mejor ninja médico, por él, para honrar su memoria.</span><br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Lago" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
Caminaba por los pasillos de la escuela de la villa oculta del Remolino, le apetecía entrenar, pero tocaba ir a clase en algún momento. Llevaba varios días sin poder dormir por las noches, y tampoco le sentaba bien las comidas, así que algo malo ocurriría, no le daba buena espina esas señales que su cuerpo intentaba transmitirle, pero intentó omitirlas de la información que tenía en la cabeza en esos momentos.<br />
<br />
Desde el incidente con su abuelo, la joven Eri había hablado con la kage de Uzushio, Shiona, y ésta le había permitido tomar una plaza en su escuela junto un lugar donde dormir en la misma, junto con los internos que vivían allí. La joven, sin embargo, planeaba poder comprar una casa una vez graduada con el dinero que Genza le había legado y vivir adecuadamente, pero sin ningún tipo de capricho. Suspiró, odiaba recordar la muerte de su abuelo.<br />
<br />
Aquel día su vida cambió, y ahora la pequeña Eri, de doce años de edad, era una chica tímida que no acostumbraba a hablar con casi nadie, y eso que en la escuela había gente con la que parecía poder hacer buenas migas, pero no, no quería volver a abrir su corazón, no quería volver a amar para luego sufrir a cambio. Negó con la cabeza, no quería pensar, no quería volver a sentir.<br />
<br />
Entre pensamientos, pasó el día, y lo mismo el siguiente, y el siguiente del siguiente... <br />
<br />
Pero el día siguiente, del siguiente del siguiente, algo cambió. Ella entró en su clase, dispuesta a recibir más instrucciones e como convertirse en una gran ninja y una mejor persona. Sin embargo, una gran cabellera rubia le sorprendió, y con el corazón intentando salir de su pecho corrió por toda la habitación hasta quedar en frente de la persona que había acelerado sus latidos.<br />
<br />
No una, si no todas las veces que su pequeño corazón se había acelerado en su vida.<br />
<br />
Allí estaba, Nabi, Uchiha Nabi, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">su</span> Nabi, sentado, con los brazos cruzados, mirada seria... No parecía él, habían pasado... ¿Siete años? Pero Eri sonreía, una amplia sonrisa adornaba su joven rostro, y sin dudarlo un segundo, saltó la mesa que los separaba y lo abrazó, sorprendiendo al joven Uchiha.<br />
<br />
-<span style="color: DeepSkyBlue;" class="mycode_color">Han pasado siete años... Pero estás aquí de nuevo... Conmigo...</span>-Susurró cerca de su oído la pequeña chica de cabellos azules, lágrimas rebeldes se habían apoderado de su visión, nublándola, y todos los presentes en el salón habían dejado lo que hacían y se habían centrado en la peculiar pareja.<br />
<br />
Segundos más tarde, unos brazos la rodearon, y un extraño, pero reconfortante abrazo había surgido de entre ambos.<br />
<br />
-<span style="color: Crimson;" class="mycode_color">Hola, Eri.</span>- La voz del rubio sonaba seria, más grave de como la recordaba.-<span style="color: Crimson;" class="mycode_color">Te he echado de menos.</span><br />
<br />
La susodicha sonrió de nuevo y acentuó el abrazo, era él, aunque una versión más seria y recta que la que había conocido, pero le daba totalmente igual, allí estaba Nabi, y todavía la recordaba, era lo único que necesitaba para volver a ser feliz.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Porque había dejado de estar sola de nuevo.<br />
<br />
Porque allí estaba su luz. <br />
<br />
Su mezcla.</span><br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
Eri se estaba colocando su nueva bandana en la frente. Aquel día acababa de graduarse como gennin en la escuela de la villa oculta del Remolino, pero no era ella la única, la acompañaban distintos chicos más, algunos con aspecto normal, otros no tanto, y junto a ella Nabi adornaba también su bandana en el cuello. Pero ella estaba decidida, una nueva Eri había nacido, una llena de sueños y esperanzas, y esta vez no estaba sola. Muchos colores se arremolinaban a su al rededor, algunos conocidos por sus nombres, como Yota, Kazuma y Juro, y a su lado, la luz que había iluminado su vida. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Y su sueño era cuidar y proteger a sus seres queridos.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La ley de Blame]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-ley-de-blame</link>
			<pubDate>Sat, 08 Aug 2015 22:19:00 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Blame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-ley-de-blame</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: 16px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley de la no armonía</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Dicen que el dinero no da la felicidad, así como la salud lo es todo, el amor es lo mas importante, los padres son los últimos que fallarían a un hijo, e innumerables sandeces. Sin embargo la realidad se rige sobre 2 leyes básicas y fundamentales. La primera, nunca bajes la guardia. La segunda, y no por ello menos importante, uno mismo debe hacer las cosas si desea que salgan bien.<br />
<br />
Desde el día en que nació, Sendo no ha llegado a ser nada afortunado. Hijo único, en una familia de únicamente una pareja, sin herencias, sin legado, albino, con heterocromia, con unos padres inapropiados... Mares de lagrimas eran frecuentes en el seno familiar, si no era a causa de una borrachera del padre, era una ausencia de comida. El nacimiento del hijo había resultado casi un castigo, y muchas veces aunque fuese inconscientemente, así lo hacían ver sendos padres. Sendo creció sin saber de su sangre, pues ni tan siquiera su padre lo sabía. Creció sin amigos, pues en esa aldea solo habían adultos, y creció rodeado de desdén.<br />
<br />
Apenas llegaba su quinta primavera, el hijo de ésta familia comenzó a desarrollar un talento asombroso para el dibujo, una de las muchas aficiones que lo salvaban de una cruda y difícil realidad. La familia duramente llegaba a fin de mes, el padre no tenía trabajo y la madre estaba casi siempre fuera de casa.... momentos que el padre aprovechaba para desahogar su ira sobre el pequeño. Siempre había una causa justificando dicha acción, y un padre no había de ser malo, era un pensamiento alocado, o al menos eso pensaba la madre. Un beso y una disculpa, y ahí no había sucedido nada.<br />
<br />
Sendo buscaba en su mente la libertad, no había mal que en su imaginación pudiese hacerle daño, allí el era el rey. Sus dibujos, no eran mas que sus fantasías expresadas en papel, así mas tarde podía volver a revivirlas.<br />
<br />
La sexta primavera de su vida se acercaba, la familia por otro lado parecía ir a peor situación, y más aun al ser despedida la madre... todo parecía irse al traste en breve. Fue casualmente, o no, el día del cumpleaños del progenitor cuando sucederían uno de los acontecimientos mas impactantes en ésta familia.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del ahorcado</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Ardiente mañana relucía con el avistamiento del astro flamígero, un día mas. Sendo levantaba su mirada desde la cama, buscando los primeros rayos de sol. Su mirada, triste, no llegaba a ver con claridad por la ventana, pero tampoco importaba... en éste día no había mas importancia que la celebración de 6 primaveras. ¿Habría hoy algo de almorzar? Eso si que era para debatir en éstos momentos.<br />
<br />
Un ruido alertó al albino, su mirada rápidamente se clavó sobre la recién abierta puerta, entre la cuál se hallaba la madre del chico. Sus ojos tornaban oceánicos, por una clara influencia de lágrimas. Sin duda algo pasaba.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Te encuentras bien madre?</span>— Preguntó el joven aún desde la cama.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Tu-tu.... tu....</span>— Apenas había pronunciado una palabra y explotó a llorar, aunque no duró demasiado en su posición, casi a la vez que comenzó a llorar salió corriendo hacia el comedor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: grey;" class="mycode_color">"¿Que diablos... ? ¿Padre habrá bebido otra vez... ?"</span> </span>Pensó a la par que volvía su mirada hacia la ventana. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: gray;" class="mycode_color">"Creo que no es eso.... es muy temprano....."</span></span><br />
<br />
Tras alzarse, no muy lejos de su cama, situada en una mesilla se encontraba la parte superior de su pijama. El albino agarró la prenda, la cuál se puso casi al instante. La prenda quedó abierta, omitió la parte de abrocharse los botones con tal de ahorrar unos segundos, tras lo cuál avanzó hacia la puerta de la habitación. Apenas había salido del habitáculo, sus ojos se abrieron cual búho. Una escena impresionante se representaba frente a él.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Idiota! ¡Ayúdame!</span>- Gritó la mujer entre llantos. —<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Aún podemos salvarlo! ¡Ayúdame a baja a papa! ¡AYÚDAME!</span>-<br />
<br />
En el comedor, la luz atravesaba con potencia la persiana, iluminando ténuemente un inerte caparazón. El cuerpo del padre yacía colgado sobre una soga. A sus pies, una botella de alcohol barato derramada, y no mucho mas lejos una silla derrumbada. Quizás la presión había sido demasiado para él, y había recurrido al camino fácil. A su lado, la mujer insistía en intentar salvarlo... apretaba con fuerzas la mano del cadáver, y le hablaba como si éste fuese a responder. No mas allá de la expectativa de la mujer, aquel inerte cuerpo ya poseía un color mas blanco al cabello del hijo, así como un olor a putrefacción bastante desagradable. Sendo no acudió a la llamada auxilio de la madre, quedó pasivo observando. En la mente del joven solo se veía algo positivo en esta situación, ya no recibiría mas palizas sin motivo. El peliblanco comenzó a reír a carcajadas, inconscientemente mostraba el resentimiento que había sentido hacia ese hombre durante toda su vida.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Padre a muerto.... jajajajajaja! BWAJAJAJAJAJA!</span>—<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Estúpido! ¡TU TIENES LA CULPA! ¡TODO HA SIDO CULPA TUYA!</span>— Gritó furiosa la mujer mientras soltaba la mano del difunto. La mujer no tardó en dirigirse hacia la posición del albino para propinarle un espeluznante puñetazo en la cabeza que lo dejaría inconsciente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: grey;" class="mycode_color">"¿Yo tengo la culpa... ?"</span></span> Fue el último pensamiento que rondó la cabeza del chico antes de que todo se volviese turbio.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del vivero</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Los recuerdos a destacar hasta la sexta primavera eran pocos, pero quizás eso fuese lo mejor, no recordar los momentos de dificultad... aunque quizás los recuerdos que mas sobrellevaba eran los mas dolorosos. Fuere como fuere, los tiempos que transcurrieron a la muerte del padre de la familia no fueron a peor, si no al contrario. La madre encontró un trabajo en un vivero, y se pudieron mudar a una casa distinta en la misma aldea. Fue un tiempo de paz, de agradable estancia, que aunque no llegase a disfrutar con la madre debido a su trabajo, fue inolvidable. No había palizas, podía dormir a la hora que le viniese en gana, nadie le reprochaba nada, no tenía vigilancia...<br />
<br />
La vida en general parecía sonreír a la escasa familia, al parecer había sobrado alguien durante mucho tiempo. Los días transcurrían, y aunque la tragedia les había besado hacía poco, ya llevaban casi 10 meses de recuperación... obviamente no demasiado, pero las heridas las cura el tiempo, o eso dicen.<br />
<br />
En incontables ocasiones el chico había acudido al trabajo de la madre, pues además de ser un lugar armonioso, el edificio era precioso y la compañía agradable. Como un día cualquiera, el chico acudió a ver a su madre tras el almuerzo, llevando consigo un plato para que la mujer comiese también. El día era de lo mas agradable, así como la sonrisa de la madre al ver a su hijo traerle la comida. Un cálido abrazó fue la recompensa del chico, mas que suficiente.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Sendo, ¿Que vas a querer por tu cumpleaños?</span>— Preguntó indiscretamente.<br />
<br />
El joven quedó asombrado, hacía mucho que no vivían tan bien, y no recordaba haber recibido mas que la comida en un cumpleaños. Sin duda la reacción del albino fue quedar asombrado y callado, no tenía respuesta a esa pregunta... ahora mismo no deseaba nada, lo tenía todo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Madre, no gastes el dinero en un regalo. Usa el dinero para que viajemos algún día a la capital del país, eso si sería un regalo, y para ambos.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Que buena idea!</span>—<br />
<br />
La madre confirmó que la idea del chico había sido espléndida, a la par agarró el plato y comenzó a comer ayudada por la mesa de muestras como soporte al plato. El joven quedó asombrado mirando una extraña planta, una planta de raíces negras y hojas rojas con marcas triangulares color azabache. Sus tallos eran delgados y espinosos, así mismo estaba autoprotegida por varias ramas menores terminadas en filosas puntas. Su mirada quedó tan empapada de asombro ante esa planta, que la madre no pudo evitar darse cuenta.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Es fascinante, ¿verdad? Esta planta es muy rara. La semana que viene van a mandarla a la capital para que se estudie, al parecer tiene propiedades parecidas a las de una sanguijuela. Será un gran avance para la medicina. Yo la he llamado Orquidea Negra.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Es hermosa.... espeluznante y hermosa....</span>— Comentó el peliblanco.<br />
<br />
De pronto, la armonía se vio eclipsada por el pánico. La tierra comenzó a temblar, el pánico cundió en las calles, y no fue distinto dentro del vivero. Sendo agarró la mano de su madre, e intentó arrastrarla hacia la salida.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Vamos madre! ¡Hay que salir fuera!</span>—<br />
<br />
Apenas había avanzado 3 pasos, una enorme parte del techo cayó sobre el albino, aprisionando parte de su torso y la mayor parte de sus piernas. La mano de su madre se esfumó de entre sus dedos, y éste solo vio la situación desde una perspectiva bastante inferior. El dolor era tan intenso que sobrepasaba los límites del mismo, haciendo que no sintiese nada mas que un frío atroz. Las lagrimas brotaron de sus ojos, así como un gemido de angustia y malestar que haría temblar a los mismos difuntos.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Madre! ¡Ayúdame!</span>—<br />
<br />
Gritaba desesperado, tendiendo la mano hacia la de su madre. Pero ésta estaba ya en la salida del edificio. Los ojos del peliblanco se abrieron como platos, y las lagrimas quedaron atascadas, cerca a desprenderse por sus mejillas.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡MADREEEEEEEEEEEEEEEEE....!</span>— Gritó abrumado por la situación.<br />
<br />
Sin embargo, la madre no tuvo remordimientos. Ella también tenia lagrimas en sus mejillas, pero a saber a causa de qué serían... sin mirar a su hijo a los ojos, abandonó la sala dejándolo a su amparo. El albino quedó con la mano alzada hacia la posición de su madre un instante, pero no tardó en darse cuenta que estaba solo. El chico quedó en el suelo, llorando, esperando a ver que sucedía. ¿Caería el edificio sobre su cuerpo? ¿Sería tan solo un terremoto? El chico sucumbió ante el dolor emocional y físico, cerró los ojos y dejó todo transcurrir.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley de un nuevo nacimiento</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Al abrir los ojos, el chico vio el cielo estrellado y una luna llena que iluminaba con fuerza todo bajo ella. Era extraño ver el cielo desde el interior de un edificio, pero en breve recordó los últimos detalles antes de perder la consciencia. El joven ahora no tenía ninguna roca sobre él, tan solo añicos de lo que antes había sido el techo, todo el edificio estaba destruido, y un detalle extraño era que la planta negra, o lo que quedaba de ella, se encontraba apenas a medio metro suya.... pero la planta en su mayor parte había desaparecido. Lo mas extraño era que en sí, la mayor parte de la susodicha había quedado reducida a un liquido negro, quizás debido a que se hubiese aplastado o algo.... a saber.<br />
<br />
El chico intentó levantarse, pero su cuerpo estaba totalmente hecho polvo. Tan solo con ese mero intento, la sangre brotó de su boca, así como un intenso calambre recorrió toda su columna, entumeciendolo completamente. Su dolor emergió de las profundidades, pero por un instante olvidó éste. Al igual que el techo, parte de los muros también habían caído, dejando ver el resto de la pequeña aldea.... o lo que quedaba de ésta. La aldea entera había sido arrasada por éste fenómeno o ataque. No quedaba un solo edificio en pié, y no se escuchaba un alma. ¿Qué diantres había pasado?<br />
<br />
Apenas habían transcurrido unos segundos, pero el momento pareció durar eternamente. De nuevo el dolor se apoderó de su mente, y un gemido de dolor salió de lo más profundo de su ser.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Otro superviviente!</span>— Se escuchó lejano.<br />
<br />
De pronto, un par de personas con trajes extraños aparecieron a su vera. Una careta y una espada daban a ver que podían ser guerreros o algo parecido. ¿Habrían sido ellos los causantes de esta hecatombe? Uno de ellos le tomó la mano al peliblanco, buscando quizás su pulso.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Está débil, debemos evacuarlo rápidamente.</span>— Comentó.<br />
<br />
El otro individuo asintió con la cabeza, a la par que agarraba al chico de un puñado y lo reposaba sobre su hombro derecho. El dolor que recorría el cuerpo del chico era tanto que ni pudo aguantar consciente.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Lo llevaré a la aldea, necesita tratamiento médico urgente.</span>—<br />
<br />
Tras el incidente del vivero, el chico despertó semanas después, en una sala de hospital. Era la primera vez que veía ese sitio, y lo corroboró al mirar por la ventana. Estaba en una aldea distinta, y bastante militar... había guardias como los que lo habían agarrado del vivero por todos lados de aquella aldea. Además todo parecía muy tradicional, bastante clásico y lleno de dojos... no llegó a fijarse en mucho mas antes de que un medico entrase en la sala.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Al fin despiertas.</span>—<br />
<br />
El chico miró al señor, y con curiosidad y desdén preguntó por su futuro. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Dónde estoy? ¿qué ha sido de mi aldea?</span>—<br />
<br />
-<span style="color: green;" class="mycode_color">Estás en Kusagakure, jovencito. Con respecto a tu aldea... fue arrasada por un fatídico terremoto. Aún no saben la causa, pero todo indica que no fue algo provocado.</span>-<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Entiendo.... </span>—<br />
<br />
Tras una larga recuperación y siendo por así decirlo huérfano, ya que no sabía nada de su madre, su destino quedó guiado por una costumbre militar de una villa un tanto siniestra a su ver. Poco a poco, el joven fue aprendiendo lo que era el chakra, así como las nociones básicas de un shinobi. Poco a poco se fue acostumbrando a eso de ser un shinobi y todas estas patrañas nuevas... aunque su caso fue bastante singular entre su promoción, pues los chunin le daban clases por separado, pues al parecer su chakra había sido influenciado por algo, era distinto al del resto, algo singular y único que lo hacia especial.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del primer examen</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Los años habían pasado, y básicamente hablando por cifras o fechas, su estancia en la academia había empezado a los 8 años, y en 4 años ya estaba preparado para examinarse, pero no se le permitió ese privilegio por no haberse centrado en su carrera como shinobi. Sin duda era algo normal, pues tampoco tenía alicientes por convertirse en ninja. Hasta los 14 años no se le permitió al joven presentarse al examen genin, el cuál sin lugar a dudas recordaría por un tiempo.<br />
<br />
Sendo se presentó en el aula del examen, donde los chunin y un par de jounin esperaban. Frente a él, uno de sus compañeros de clase, un genin con el que había compartido horas y horas, compañero con el que había compartido hasta el almuerzo. Su nombre Kuro Maotsuke.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Habéis entrenado durante años para éste momento, vuestra promoción a genin. Las normas son sencillas: no hay normas. Es un combate sencillo, en el que deberéis mostrar todas vuestras facultades como shinobis.</span>— Comentó un jounin.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Lo siento mucho Sendo-san, pero vas a morder el polvo.... mi familia estará orgullosa de mi!</span>— Sin duda su compañero tenia... "tacto".<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Tsk! Kuro-san.... siempre tan caballeroso...</span>—<br />
<br />
Ambos sonrieron, quizás se conocían demasiado bien.... o eso pensaban, aunque el albino ocultaba mucho en su interior. El joven de ojos de distinto color alzó su guardia, y no tardó mucho en imitarle su antagonista. Sendos shinobis pretendían dar su mejor esfuerzo, pues en ello pendía su graduación.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Que comience el show!</span>— Añadió Sendo antes de lanzarse al ataque.<br />
<br />
El albino corrió a la par que unía sus manos en una leve sucesión de sellos. Por su parte, Kuro realizó un movimiento para lanzar kunais... su acción fue mas que prevista por Sendo. Una bocanada de agua había causado que sus metales saltaran por los aires, dando hueco a un rápido movimiento punzante por parte del albino. El puño de Sendo tornaba color negro, y mas que un puño, se había transformado en algo parecido a una cuchilla de gran tamaño, la cual atravesaba el torso del antagonista. El rostro de Kuro cambió de pronto, apenas había resistido unos segundos... y toda su vida pasaba ante sus ojos. No podía evitar llorar, cayó sobre el hombro de su compañero, y le agarró en un abrazo. De pronto, la alarma saltó, sin duda el calor de la batalla le había tomado, y se había pasado con creces.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">No.... no quiero morir.... no quiero..... no...</span>— Aquejó el shinobi a oídos de Sendo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Shhhhh.... tranquilo, no temas a morir.... te estoy salvando de vivir en este mundo tan cruel. Ahora eres libre....</span>— Cortó el albino ante las replicas de su compañero. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Disfruta tu libertad!</span>—<br />
<br />
En ese mismo instante los profesores llegaron hasta la posición de los chicos, separando a ambos de una manera rápida y eficaz. La sangre brotó, salpicando las ropas de ambos, y Kuro no tardó en caer al suelo inerte. Pese a intento de los profesores por salvarlo, les fue imposible. Mientras que en el rostro del chico solo se veía dolor y angustia, en el del albino por el contrario no se mostraba signo de sentimiento alguno, parecía indiferente ante el hecho de haber acabado con la vida de su compañero. No era cierto, en el fondo estaba contento por él... se estaba ahorrando una infinidad de sufrimientos a si continuase viviendo. Le acababa de salvar.<br />
<br />
Un tiempo de reflexión y castigo se le vendría encima. Aunque ésto para el chico no era nada, había soportado castigos, palizas y torturas durante toda su vida. Hasta su madre le había traicionado y roto el corazón... ¿qué mas daba un poco mas?</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del castigo</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Tras aquel examen de ascenso, el joven adquirió una mala fama ejemplar... No solo eso, si no que se le prohibió tomar el rango de genin. El mismo profesorado dictó que el chico era un peligro, y que debían imponerle un castigo ejemplar.<br />
<br />
No muy lejos del propósito, el chico fue mandado a un reformatorio. Una escuela donde "reformaban" a los chicos a base de golpes y castigos físicos. Un lugar adorable, vamos. Allí paso un buen trecho, aunque por suerte podía leer y dibujar, lo cual le dio mucha libertad. Pasado un tiempo, fue estudiando libros que normalmente la gente no tomaba, sobre todo uno llamado diccionario anglosajón. En éste, vio una palabra de otro idioma que realmente le definía por completo como martil. Blame, culpable. El era a quien todas las culpas echaban, absolutamente todo iba a parar sobre sus hombros... esa palabra le definía por completo, esa palabra era su auténtico nombre.<br />
<br />
Aprovechando esos interminables ratos muertos en su calabozo, pues eso mas que un cuarto era una cárcel, el chico comenzó a experimentar con sus habilidades. Ese extraño chakra era bastante maleable, y comenzó a averiguar cosas que podía hacer con el, como por ejemplo cubrir su cuerpo con éste. Ésto le empezaba a resultar fácil, le llegó a pillar mas la confianza a realizar técnicas de ésta habilidad que de su propia afinidad elemental. Sin duda, era un bicho raro... o quizás lo llevaba en la sangre...<br />
<br />
Lo que era irrevocable, era que su afán por salvar a sus iguales continuaba creciendo y creciendo. Él era quien debía ayudar al resto a encontrar la paz, fuere como fuere. Aunque tras su examen, se dio cuenta de que esa obsesión no podía estar destapada a todo público, le considerarían un loco, y lo encerrarían de nuevo. Al menos éste tiempo de encarcelamiento o reforma, le sirvieron de bastante.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del perdón</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Cierto día, mientras el chico estudiaba en su habitación, ajeno al resto, un barullo llamó su atención. Normal, "barullo" se escapaba a las dimensiones de lo sucedido. Entre seis y siete chicos habían tomado a la fuerza a un par de trabajadores del recinto, y los tenían con un cuchillo al cuello. Pedían no muy amablemente que los soltaran, mas su petición no quería ser escuchada por nadie. Quizás estaban condenando a aquellos pobres trabajadores con tal de que los chicos quedasen en el centro. Evidentemente, los esfuerzos del reformatorio no eran para nada eficientes... de ahí nadie salía reformado, quizás alguno se arrepentía de sus actos, pero eran una mayoritaria minoría.<br />
<br />
El albino se encogió de hombros, a él ni le iba ni le venía el problema. Si morían, bien, si se libraban... pues ya les llegaría su hora mas tarde... Con su característica calma, el joven cruzó por entre medio de todo ese jaleo. Tomó un vaso de agua del comedor, y se dispuso a volver a su habitación, como si nada tuviese que ver con él. Sin embargo, su fama y su templanza en aquel acontecimiento le jugarían una mala pasada. Mientras regresaba, un brillo metálico le deslumbró.<br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Pilla éso, Sendo!</span>— Gritaron desde el otro lado del comedor.<br />
<br />
Como acto reflejo, el chico dejó caer el libro que llevaba entre manos, y tomó un cuchillo al vuelo. No había sido lanzado con propósito de herirlo, si no de manera curva, para que éste lo tomase. Al hacerlo, vio como uno de los agresores le sonreía, intentando hacer ver al albino que contaban con él.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Que diantres pretenden?"</span></span> Pensó el chico mientras observaba el cuchillo.<br />
<br />
Para cuando se quiso dar cuenta, tras del chico de orbes dispares se presentaron una escuadra de genins, lideradas por un jounin. El rostro del chico que había ofrecido el cuchillo al albino cambió de pronto, para nada esperaba a un experimentado shinobi dando apoyo tan rápido a éste reformatorio.<br />
<br />
El albino miró hacia detrás, donde el jefe de esa escuadra observaba como sus pupilos intentarían hacer el trabajo. Pero para cuando éstos lo intentasen, el asunto estaría algo mas "sencillo". Sin previo aviso, el Senju lanzó sin preámbulos el cuchillo a la cabeza del que segundos antes le había ofrecido el cuchillo. Estupefactos, todos quedaron en silencio. Segundos mas tardes, el cuerpo de chico cayó al suelo, y el trabajador del recinto, con lagrimas entre los ojos, corrió dirección al jounin.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">A mi me dejáis en paz, idiotas.</span>— Sentenció el peliblanco.<br />
<br />
Los otros chicos que aún contenían al otro trabajador se rajaron, y dejaron libre al sujeto. Quizás promovidos por el hecho de perder a uno de ellos, o quizás por el hecho de que habían shinobis allí, y tenían todas las de perder. Fuera como fuera, no tenían opción, y sin luchar terminaron rindiéndose.<br />
<br />
El albino se fue hacia su habitación, como si nada, tranquilo cual mapache en su madriguera. La situación se resolvió rápidamente, y al cabo de unos días, llegó un mensaje para el chico.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>El administrador ha considerado que gracias a tu actuación, no ha habido ningún herido importante. Tu comportamiento está siendo ejemplar, y por lo consiguiente, mereces salir del reformatorio. Eres un chico ejemplar. <br />
<br />
Enhorabuena.</blockquote>
<br />
Un par de días mas tarde, el chico obtuvo su redención, a coste de una muerte sin importancia tal y como sugerían los encargados. El chico, quisiera o no, se había ganado un fama bastante desagradable, pues sus actos no fueron borrados de ningún lado, tan solo elogiados. El albino había quitado ya dos vidas, aunque una hubiese servido para salvar a otra.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del héroe</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Pese a que poca gente se arrimaba al chico, el albino continuó su carrera como shinobi. Su meta era obvia, había de ser fuerte como ninguno para poder acabar con todos. Además, tan solo cuando estuviese en el rango de anbu podría averiguar sobre su madre, pues fueron anbu los que le trajeron desde su aldea. Quizás entre ellos pasase información de aquel acontecimiento, pero evidentemente no darían trapo alguno a un chico cualquiera...<br />
<br />
Con el tiempo, el chico terminó de nuevo el curso de genin, y terminó por graduarse. Ésta vez no tuvo problemas, aunque su contrincante en ésta ocasión casi ni se dignó a oponer resistencia. Quizás fuese que el chico ya llevaba demasiada experiencia, o simplemente que su oponente le tenía miedo. Fuese lo que fuese, lo que importaba era lo que tenía entre manos al terminar. Una banda de tela negra con una placa metálica que hacía referencia con un grabado a la aldea que habitaba, Kusagakure.<br />
<br />
Como auto regalo tras el ascenso, Blame fue a una afamada herrería, e hizo un encargo un tanto singular. Quería una espada, pero que tuviese la forma de una llave.<br />
<br />
¿Motivo? Todo héroe necesita destacar sobre el resto, y una capa no le molaba. Había de tener la llave para liberar las almas de la humanidad, una llave que sirviese para matar. Literal, y metafóricamente. Tan solo daba un pequeño paso en pos de su futuro, un futuro que solo le quitarían de las manos pasando sobre su cadáver.</i></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: 16px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley de la no armonía</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Dicen que el dinero no da la felicidad, así como la salud lo es todo, el amor es lo mas importante, los padres son los últimos que fallarían a un hijo, e innumerables sandeces. Sin embargo la realidad se rige sobre 2 leyes básicas y fundamentales. La primera, nunca bajes la guardia. La segunda, y no por ello menos importante, uno mismo debe hacer las cosas si desea que salgan bien.<br />
<br />
Desde el día en que nació, Sendo no ha llegado a ser nada afortunado. Hijo único, en una familia de únicamente una pareja, sin herencias, sin legado, albino, con heterocromia, con unos padres inapropiados... Mares de lagrimas eran frecuentes en el seno familiar, si no era a causa de una borrachera del padre, era una ausencia de comida. El nacimiento del hijo había resultado casi un castigo, y muchas veces aunque fuese inconscientemente, así lo hacían ver sendos padres. Sendo creció sin saber de su sangre, pues ni tan siquiera su padre lo sabía. Creció sin amigos, pues en esa aldea solo habían adultos, y creció rodeado de desdén.<br />
<br />
Apenas llegaba su quinta primavera, el hijo de ésta familia comenzó a desarrollar un talento asombroso para el dibujo, una de las muchas aficiones que lo salvaban de una cruda y difícil realidad. La familia duramente llegaba a fin de mes, el padre no tenía trabajo y la madre estaba casi siempre fuera de casa.... momentos que el padre aprovechaba para desahogar su ira sobre el pequeño. Siempre había una causa justificando dicha acción, y un padre no había de ser malo, era un pensamiento alocado, o al menos eso pensaba la madre. Un beso y una disculpa, y ahí no había sucedido nada.<br />
<br />
Sendo buscaba en su mente la libertad, no había mal que en su imaginación pudiese hacerle daño, allí el era el rey. Sus dibujos, no eran mas que sus fantasías expresadas en papel, así mas tarde podía volver a revivirlas.<br />
<br />
La sexta primavera de su vida se acercaba, la familia por otro lado parecía ir a peor situación, y más aun al ser despedida la madre... todo parecía irse al traste en breve. Fue casualmente, o no, el día del cumpleaños del progenitor cuando sucederían uno de los acontecimientos mas impactantes en ésta familia.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del ahorcado</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Ardiente mañana relucía con el avistamiento del astro flamígero, un día mas. Sendo levantaba su mirada desde la cama, buscando los primeros rayos de sol. Su mirada, triste, no llegaba a ver con claridad por la ventana, pero tampoco importaba... en éste día no había mas importancia que la celebración de 6 primaveras. ¿Habría hoy algo de almorzar? Eso si que era para debatir en éstos momentos.<br />
<br />
Un ruido alertó al albino, su mirada rápidamente se clavó sobre la recién abierta puerta, entre la cuál se hallaba la madre del chico. Sus ojos tornaban oceánicos, por una clara influencia de lágrimas. Sin duda algo pasaba.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Te encuentras bien madre?</span>— Preguntó el joven aún desde la cama.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Tu-tu.... tu....</span>— Apenas había pronunciado una palabra y explotó a llorar, aunque no duró demasiado en su posición, casi a la vez que comenzó a llorar salió corriendo hacia el comedor.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: grey;" class="mycode_color">"¿Que diablos... ? ¿Padre habrá bebido otra vez... ?"</span> </span>Pensó a la par que volvía su mirada hacia la ventana. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: gray;" class="mycode_color">"Creo que no es eso.... es muy temprano....."</span></span><br />
<br />
Tras alzarse, no muy lejos de su cama, situada en una mesilla se encontraba la parte superior de su pijama. El albino agarró la prenda, la cuál se puso casi al instante. La prenda quedó abierta, omitió la parte de abrocharse los botones con tal de ahorrar unos segundos, tras lo cuál avanzó hacia la puerta de la habitación. Apenas había salido del habitáculo, sus ojos se abrieron cual búho. Una escena impresionante se representaba frente a él.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Idiota! ¡Ayúdame!</span>- Gritó la mujer entre llantos. —<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Aún podemos salvarlo! ¡Ayúdame a baja a papa! ¡AYÚDAME!</span>-<br />
<br />
En el comedor, la luz atravesaba con potencia la persiana, iluminando ténuemente un inerte caparazón. El cuerpo del padre yacía colgado sobre una soga. A sus pies, una botella de alcohol barato derramada, y no mucho mas lejos una silla derrumbada. Quizás la presión había sido demasiado para él, y había recurrido al camino fácil. A su lado, la mujer insistía en intentar salvarlo... apretaba con fuerzas la mano del cadáver, y le hablaba como si éste fuese a responder. No mas allá de la expectativa de la mujer, aquel inerte cuerpo ya poseía un color mas blanco al cabello del hijo, así como un olor a putrefacción bastante desagradable. Sendo no acudió a la llamada auxilio de la madre, quedó pasivo observando. En la mente del joven solo se veía algo positivo en esta situación, ya no recibiría mas palizas sin motivo. El peliblanco comenzó a reír a carcajadas, inconscientemente mostraba el resentimiento que había sentido hacia ese hombre durante toda su vida.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Padre a muerto.... jajajajajaja! BWAJAJAJAJAJA!</span>—<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Estúpido! ¡TU TIENES LA CULPA! ¡TODO HA SIDO CULPA TUYA!</span>— Gritó furiosa la mujer mientras soltaba la mano del difunto. La mujer no tardó en dirigirse hacia la posición del albino para propinarle un espeluznante puñetazo en la cabeza que lo dejaría inconsciente.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: grey;" class="mycode_color">"¿Yo tengo la culpa... ?"</span></span> Fue el último pensamiento que rondó la cabeza del chico antes de que todo se volviese turbio.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del vivero</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Los recuerdos a destacar hasta la sexta primavera eran pocos, pero quizás eso fuese lo mejor, no recordar los momentos de dificultad... aunque quizás los recuerdos que mas sobrellevaba eran los mas dolorosos. Fuere como fuere, los tiempos que transcurrieron a la muerte del padre de la familia no fueron a peor, si no al contrario. La madre encontró un trabajo en un vivero, y se pudieron mudar a una casa distinta en la misma aldea. Fue un tiempo de paz, de agradable estancia, que aunque no llegase a disfrutar con la madre debido a su trabajo, fue inolvidable. No había palizas, podía dormir a la hora que le viniese en gana, nadie le reprochaba nada, no tenía vigilancia...<br />
<br />
La vida en general parecía sonreír a la escasa familia, al parecer había sobrado alguien durante mucho tiempo. Los días transcurrían, y aunque la tragedia les había besado hacía poco, ya llevaban casi 10 meses de recuperación... obviamente no demasiado, pero las heridas las cura el tiempo, o eso dicen.<br />
<br />
En incontables ocasiones el chico había acudido al trabajo de la madre, pues además de ser un lugar armonioso, el edificio era precioso y la compañía agradable. Como un día cualquiera, el chico acudió a ver a su madre tras el almuerzo, llevando consigo un plato para que la mujer comiese también. El día era de lo mas agradable, así como la sonrisa de la madre al ver a su hijo traerle la comida. Un cálido abrazó fue la recompensa del chico, mas que suficiente.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Sendo, ¿Que vas a querer por tu cumpleaños?</span>— Preguntó indiscretamente.<br />
<br />
El joven quedó asombrado, hacía mucho que no vivían tan bien, y no recordaba haber recibido mas que la comida en un cumpleaños. Sin duda la reacción del albino fue quedar asombrado y callado, no tenía respuesta a esa pregunta... ahora mismo no deseaba nada, lo tenía todo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Madre, no gastes el dinero en un regalo. Usa el dinero para que viajemos algún día a la capital del país, eso si sería un regalo, y para ambos.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Que buena idea!</span>—<br />
<br />
La madre confirmó que la idea del chico había sido espléndida, a la par agarró el plato y comenzó a comer ayudada por la mesa de muestras como soporte al plato. El joven quedó asombrado mirando una extraña planta, una planta de raíces negras y hojas rojas con marcas triangulares color azabache. Sus tallos eran delgados y espinosos, así mismo estaba autoprotegida por varias ramas menores terminadas en filosas puntas. Su mirada quedó tan empapada de asombro ante esa planta, que la madre no pudo evitar darse cuenta.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Es fascinante, ¿verdad? Esta planta es muy rara. La semana que viene van a mandarla a la capital para que se estudie, al parecer tiene propiedades parecidas a las de una sanguijuela. Será un gran avance para la medicina. Yo la he llamado Orquidea Negra.</span>—<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Es hermosa.... espeluznante y hermosa....</span>— Comentó el peliblanco.<br />
<br />
De pronto, la armonía se vio eclipsada por el pánico. La tierra comenzó a temblar, el pánico cundió en las calles, y no fue distinto dentro del vivero. Sendo agarró la mano de su madre, e intentó arrastrarla hacia la salida.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Vamos madre! ¡Hay que salir fuera!</span>—<br />
<br />
Apenas había avanzado 3 pasos, una enorme parte del techo cayó sobre el albino, aprisionando parte de su torso y la mayor parte de sus piernas. La mano de su madre se esfumó de entre sus dedos, y éste solo vio la situación desde una perspectiva bastante inferior. El dolor era tan intenso que sobrepasaba los límites del mismo, haciendo que no sintiese nada mas que un frío atroz. Las lagrimas brotaron de sus ojos, así como un gemido de angustia y malestar que haría temblar a los mismos difuntos.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Madre! ¡Ayúdame!</span>—<br />
<br />
Gritaba desesperado, tendiendo la mano hacia la de su madre. Pero ésta estaba ya en la salida del edificio. Los ojos del peliblanco se abrieron como platos, y las lagrimas quedaron atascadas, cerca a desprenderse por sus mejillas.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡MADREEEEEEEEEEEEEEEEE....!</span>— Gritó abrumado por la situación.<br />
<br />
Sin embargo, la madre no tuvo remordimientos. Ella también tenia lagrimas en sus mejillas, pero a saber a causa de qué serían... sin mirar a su hijo a los ojos, abandonó la sala dejándolo a su amparo. El albino quedó con la mano alzada hacia la posición de su madre un instante, pero no tardó en darse cuenta que estaba solo. El chico quedó en el suelo, llorando, esperando a ver que sucedía. ¿Caería el edificio sobre su cuerpo? ¿Sería tan solo un terremoto? El chico sucumbió ante el dolor emocional y físico, cerró los ojos y dejó todo transcurrir.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley de un nuevo nacimiento</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Al abrir los ojos, el chico vio el cielo estrellado y una luna llena que iluminaba con fuerza todo bajo ella. Era extraño ver el cielo desde el interior de un edificio, pero en breve recordó los últimos detalles antes de perder la consciencia. El joven ahora no tenía ninguna roca sobre él, tan solo añicos de lo que antes había sido el techo, todo el edificio estaba destruido, y un detalle extraño era que la planta negra, o lo que quedaba de ella, se encontraba apenas a medio metro suya.... pero la planta en su mayor parte había desaparecido. Lo mas extraño era que en sí, la mayor parte de la susodicha había quedado reducida a un liquido negro, quizás debido a que se hubiese aplastado o algo.... a saber.<br />
<br />
El chico intentó levantarse, pero su cuerpo estaba totalmente hecho polvo. Tan solo con ese mero intento, la sangre brotó de su boca, así como un intenso calambre recorrió toda su columna, entumeciendolo completamente. Su dolor emergió de las profundidades, pero por un instante olvidó éste. Al igual que el techo, parte de los muros también habían caído, dejando ver el resto de la pequeña aldea.... o lo que quedaba de ésta. La aldea entera había sido arrasada por éste fenómeno o ataque. No quedaba un solo edificio en pié, y no se escuchaba un alma. ¿Qué diantres había pasado?<br />
<br />
Apenas habían transcurrido unos segundos, pero el momento pareció durar eternamente. De nuevo el dolor se apoderó de su mente, y un gemido de dolor salió de lo más profundo de su ser.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">¡Otro superviviente!</span>— Se escuchó lejano.<br />
<br />
De pronto, un par de personas con trajes extraños aparecieron a su vera. Una careta y una espada daban a ver que podían ser guerreros o algo parecido. ¿Habrían sido ellos los causantes de esta hecatombe? Uno de ellos le tomó la mano al peliblanco, buscando quizás su pulso.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Está débil, debemos evacuarlo rápidamente.</span>— Comentó.<br />
<br />
El otro individuo asintió con la cabeza, a la par que agarraba al chico de un puñado y lo reposaba sobre su hombro derecho. El dolor que recorría el cuerpo del chico era tanto que ni pudo aguantar consciente.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Lo llevaré a la aldea, necesita tratamiento médico urgente.</span>—<br />
<br />
Tras el incidente del vivero, el chico despertó semanas después, en una sala de hospital. Era la primera vez que veía ese sitio, y lo corroboró al mirar por la ventana. Estaba en una aldea distinta, y bastante militar... había guardias como los que lo habían agarrado del vivero por todos lados de aquella aldea. Además todo parecía muy tradicional, bastante clásico y lleno de dojos... no llegó a fijarse en mucho mas antes de que un medico entrase en la sala.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Al fin despiertas.</span>—<br />
<br />
El chico miró al señor, y con curiosidad y desdén preguntó por su futuro. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Dónde estoy? ¿qué ha sido de mi aldea?</span>—<br />
<br />
-<span style="color: green;" class="mycode_color">Estás en Kusagakure, jovencito. Con respecto a tu aldea... fue arrasada por un fatídico terremoto. Aún no saben la causa, pero todo indica que no fue algo provocado.</span>-<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Entiendo.... </span>—<br />
<br />
Tras una larga recuperación y siendo por así decirlo huérfano, ya que no sabía nada de su madre, su destino quedó guiado por una costumbre militar de una villa un tanto siniestra a su ver. Poco a poco, el joven fue aprendiendo lo que era el chakra, así como las nociones básicas de un shinobi. Poco a poco se fue acostumbrando a eso de ser un shinobi y todas estas patrañas nuevas... aunque su caso fue bastante singular entre su promoción, pues los chunin le daban clases por separado, pues al parecer su chakra había sido influenciado por algo, era distinto al del resto, algo singular y único que lo hacia especial.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del primer examen</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Los años habían pasado, y básicamente hablando por cifras o fechas, su estancia en la academia había empezado a los 8 años, y en 4 años ya estaba preparado para examinarse, pero no se le permitió ese privilegio por no haberse centrado en su carrera como shinobi. Sin duda era algo normal, pues tampoco tenía alicientes por convertirse en ninja. Hasta los 14 años no se le permitió al joven presentarse al examen genin, el cuál sin lugar a dudas recordaría por un tiempo.<br />
<br />
Sendo se presentó en el aula del examen, donde los chunin y un par de jounin esperaban. Frente a él, uno de sus compañeros de clase, un genin con el que había compartido horas y horas, compañero con el que había compartido hasta el almuerzo. Su nombre Kuro Maotsuke.<br />
<br />
—<span style="color: green;" class="mycode_color">Habéis entrenado durante años para éste momento, vuestra promoción a genin. Las normas son sencillas: no hay normas. Es un combate sencillo, en el que deberéis mostrar todas vuestras facultades como shinobis.</span>— Comentó un jounin.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">Lo siento mucho Sendo-san, pero vas a morder el polvo.... mi familia estará orgullosa de mi!</span>— Sin duda su compañero tenia... "tacto".<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Tsk! Kuro-san.... siempre tan caballeroso...</span>—<br />
<br />
Ambos sonrieron, quizás se conocían demasiado bien.... o eso pensaban, aunque el albino ocultaba mucho en su interior. El joven de ojos de distinto color alzó su guardia, y no tardó mucho en imitarle su antagonista. Sendos shinobis pretendían dar su mejor esfuerzo, pues en ello pendía su graduación.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Que comience el show!</span>— Añadió Sendo antes de lanzarse al ataque.<br />
<br />
El albino corrió a la par que unía sus manos en una leve sucesión de sellos. Por su parte, Kuro realizó un movimiento para lanzar kunais... su acción fue mas que prevista por Sendo. Una bocanada de agua había causado que sus metales saltaran por los aires, dando hueco a un rápido movimiento punzante por parte del albino. El puño de Sendo tornaba color negro, y mas que un puño, se había transformado en algo parecido a una cuchilla de gran tamaño, la cual atravesaba el torso del antagonista. El rostro de Kuro cambió de pronto, apenas había resistido unos segundos... y toda su vida pasaba ante sus ojos. No podía evitar llorar, cayó sobre el hombro de su compañero, y le agarró en un abrazo. De pronto, la alarma saltó, sin duda el calor de la batalla le había tomado, y se había pasado con creces.<br />
<br />
—<span style="color: orange;" class="mycode_color">No.... no quiero morir.... no quiero..... no...</span>— Aquejó el shinobi a oídos de Sendo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Shhhhh.... tranquilo, no temas a morir.... te estoy salvando de vivir en este mundo tan cruel. Ahora eres libre....</span>— Cortó el albino ante las replicas de su compañero. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡Disfruta tu libertad!</span>—<br />
<br />
En ese mismo instante los profesores llegaron hasta la posición de los chicos, separando a ambos de una manera rápida y eficaz. La sangre brotó, salpicando las ropas de ambos, y Kuro no tardó en caer al suelo inerte. Pese a intento de los profesores por salvarlo, les fue imposible. Mientras que en el rostro del chico solo se veía dolor y angustia, en el del albino por el contrario no se mostraba signo de sentimiento alguno, parecía indiferente ante el hecho de haber acabado con la vida de su compañero. No era cierto, en el fondo estaba contento por él... se estaba ahorrando una infinidad de sufrimientos a si continuase viviendo. Le acababa de salvar.<br />
<br />
Un tiempo de reflexión y castigo se le vendría encima. Aunque ésto para el chico no era nada, había soportado castigos, palizas y torturas durante toda su vida. Hasta su madre le había traicionado y roto el corazón... ¿qué mas daba un poco mas?</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del castigo</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Tras aquel examen de ascenso, el joven adquirió una mala fama ejemplar... No solo eso, si no que se le prohibió tomar el rango de genin. El mismo profesorado dictó que el chico era un peligro, y que debían imponerle un castigo ejemplar.<br />
<br />
No muy lejos del propósito, el chico fue mandado a un reformatorio. Una escuela donde "reformaban" a los chicos a base de golpes y castigos físicos. Un lugar adorable, vamos. Allí paso un buen trecho, aunque por suerte podía leer y dibujar, lo cual le dio mucha libertad. Pasado un tiempo, fue estudiando libros que normalmente la gente no tomaba, sobre todo uno llamado diccionario anglosajón. En éste, vio una palabra de otro idioma que realmente le definía por completo como martil. Blame, culpable. El era a quien todas las culpas echaban, absolutamente todo iba a parar sobre sus hombros... esa palabra le definía por completo, esa palabra era su auténtico nombre.<br />
<br />
Aprovechando esos interminables ratos muertos en su calabozo, pues eso mas que un cuarto era una cárcel, el chico comenzó a experimentar con sus habilidades. Ese extraño chakra era bastante maleable, y comenzó a averiguar cosas que podía hacer con el, como por ejemplo cubrir su cuerpo con éste. Ésto le empezaba a resultar fácil, le llegó a pillar mas la confianza a realizar técnicas de ésta habilidad que de su propia afinidad elemental. Sin duda, era un bicho raro... o quizás lo llevaba en la sangre...<br />
<br />
Lo que era irrevocable, era que su afán por salvar a sus iguales continuaba creciendo y creciendo. Él era quien debía ayudar al resto a encontrar la paz, fuere como fuere. Aunque tras su examen, se dio cuenta de que esa obsesión no podía estar destapada a todo público, le considerarían un loco, y lo encerrarían de nuevo. Al menos éste tiempo de encarcelamiento o reforma, le sirvieron de bastante.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del perdón</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Cierto día, mientras el chico estudiaba en su habitación, ajeno al resto, un barullo llamó su atención. Normal, "barullo" se escapaba a las dimensiones de lo sucedido. Entre seis y siete chicos habían tomado a la fuerza a un par de trabajadores del recinto, y los tenían con un cuchillo al cuello. Pedían no muy amablemente que los soltaran, mas su petición no quería ser escuchada por nadie. Quizás estaban condenando a aquellos pobres trabajadores con tal de que los chicos quedasen en el centro. Evidentemente, los esfuerzos del reformatorio no eran para nada eficientes... de ahí nadie salía reformado, quizás alguno se arrepentía de sus actos, pero eran una mayoritaria minoría.<br />
<br />
El albino se encogió de hombros, a él ni le iba ni le venía el problema. Si morían, bien, si se libraban... pues ya les llegaría su hora mas tarde... Con su característica calma, el joven cruzó por entre medio de todo ese jaleo. Tomó un vaso de agua del comedor, y se dispuso a volver a su habitación, como si nada tuviese que ver con él. Sin embargo, su fama y su templanza en aquel acontecimiento le jugarían una mala pasada. Mientras regresaba, un brillo metálico le deslumbró.<br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Pilla éso, Sendo!</span>— Gritaron desde el otro lado del comedor.<br />
<br />
Como acto reflejo, el chico dejó caer el libro que llevaba entre manos, y tomó un cuchillo al vuelo. No había sido lanzado con propósito de herirlo, si no de manera curva, para que éste lo tomase. Al hacerlo, vio como uno de los agresores le sonreía, intentando hacer ver al albino que contaban con él.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"¿Que diantres pretenden?"</span></span> Pensó el chico mientras observaba el cuchillo.<br />
<br />
Para cuando se quiso dar cuenta, tras del chico de orbes dispares se presentaron una escuadra de genins, lideradas por un jounin. El rostro del chico que había ofrecido el cuchillo al albino cambió de pronto, para nada esperaba a un experimentado shinobi dando apoyo tan rápido a éste reformatorio.<br />
<br />
El albino miró hacia detrás, donde el jefe de esa escuadra observaba como sus pupilos intentarían hacer el trabajo. Pero para cuando éstos lo intentasen, el asunto estaría algo mas "sencillo". Sin previo aviso, el Senju lanzó sin preámbulos el cuchillo a la cabeza del que segundos antes le había ofrecido el cuchillo. Estupefactos, todos quedaron en silencio. Segundos mas tardes, el cuerpo de chico cayó al suelo, y el trabajador del recinto, con lagrimas entre los ojos, corrió dirección al jounin.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">A mi me dejáis en paz, idiotas.</span>— Sentenció el peliblanco.<br />
<br />
Los otros chicos que aún contenían al otro trabajador se rajaron, y dejaron libre al sujeto. Quizás promovidos por el hecho de perder a uno de ellos, o quizás por el hecho de que habían shinobis allí, y tenían todas las de perder. Fuera como fuera, no tenían opción, y sin luchar terminaron rindiéndose.<br />
<br />
El albino se fue hacia su habitación, como si nada, tranquilo cual mapache en su madriguera. La situación se resolvió rápidamente, y al cabo de unos días, llegó un mensaje para el chico.<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Cita:</cite>El administrador ha considerado que gracias a tu actuación, no ha habido ningún herido importante. Tu comportamiento está siendo ejemplar, y por lo consiguiente, mereces salir del reformatorio. Eres un chico ejemplar. <br />
<br />
Enhorabuena.</blockquote>
<br />
Un par de días mas tarde, el chico obtuvo su redención, a coste de una muerte sin importancia tal y como sugerían los encargados. El chico, quisiera o no, se había ganado un fama bastante desagradable, pues sus actos no fueron borrados de ningún lado, tan solo elogiados. El albino había quitado ya dos vidas, aunque una hubiese servido para salvar a otra.</i></div>
<br />
<br />
<span style="font-size: 12px;"><br />
<div align="center"><span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La ley del héroe</span> <span style="color: blue;" class="mycode_color">~</span></div></span><br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Pese a que poca gente se arrimaba al chico, el albino continuó su carrera como shinobi. Su meta era obvia, había de ser fuerte como ninguno para poder acabar con todos. Además, tan solo cuando estuviese en el rango de anbu podría averiguar sobre su madre, pues fueron anbu los que le trajeron desde su aldea. Quizás entre ellos pasase información de aquel acontecimiento, pero evidentemente no darían trapo alguno a un chico cualquiera...<br />
<br />
Con el tiempo, el chico terminó de nuevo el curso de genin, y terminó por graduarse. Ésta vez no tuvo problemas, aunque su contrincante en ésta ocasión casi ni se dignó a oponer resistencia. Quizás fuese que el chico ya llevaba demasiada experiencia, o simplemente que su oponente le tenía miedo. Fuese lo que fuese, lo que importaba era lo que tenía entre manos al terminar. Una banda de tela negra con una placa metálica que hacía referencia con un grabado a la aldea que habitaba, Kusagakure.<br />
<br />
Como auto regalo tras el ascenso, Blame fue a una afamada herrería, e hizo un encargo un tanto singular. Quería una espada, pero que tuviese la forma de una llave.<br />
<br />
¿Motivo? Todo héroe necesita destacar sobre el resto, y una capa no le molaba. Había de tener la llave para liberar las almas de la humanidad, una llave que sirviese para matar. Literal, y metafóricamente. Tan solo daba un pequeño paso en pos de su futuro, un futuro que solo le quitarían de las manos pasando sobre su cadáver.</i></div>]]></content:encoded>
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