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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Tramas antiguas]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Tue, 21 Apr 2026 21:35:53 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Una banda de metal de lo mas singular]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-banda-de-metal-de-lo-mas-singular</link>
			<pubDate>Tue, 18 Aug 2015 16:09:34 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Blame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-banda-de-metal-de-lo-mas-singular</guid>
			<description><![CDATA[Los días habían pasado desde que el último regimiento de genins habían aprobado sus respectivas pruebas. Algunos habían tenido que superar un mero examen, otros había tenido que mostrar tan solo un simple jutsu, otros tuvieron que combatir. Las pruebas eran miles, y a cada cual mas tediosa. Lo peor no era el curso, si no ver con qué clase de prueba te saltaban al final del mismo. Por suerte o desgracia, para Blame había sido la misma que en la anterior ocasión. Un simple y descarado combate. Cabe destacar que en ésta ocasión su rival sobrevivió, el chico tuvo que contener su alma en el puño, aguantar el sufrimiento de no salvar a su compañero, con tal de un futuro mas prospero...<br />
<br />
Al levantarse, el señor albino se dirigió en pelotas hacia la cocina, donde tomó un par de trozos de pizza y una lata de té verde. Con parsimonia se sentó en el salón, y comenzó a tomar el desayuno sin demasiadas ganas, pese a lo bueno que es desayunar pizza. 9 de cada 10 médicos lo aconsejan, el que no lo hace es vegano y hereje... morirá a manos de su dios.<br />
<br />
Al cabo de un buen rato, el chico se dio cuenta de que bajo la puerta habían pasado una nota. Era un sobre blanco, algo de lo mas normal salvo por el hecho de que en la puerta, al lado derecho concretamente, había un buzón. El chico alzó una ceja mientras terminaba de saborear la pizza, mientras que por su cabeza pasaba una ligera idea de qué podía ser. Seguramente había sido uno de sus tantos queridos admiradores, quizás un "Vete de esta aldea, o morirás". Evidentemente éste tipo de avisos eran de lo mas aduladores.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En fin...</span>—<br />
<br />
Con todo el ánimo que se podía esperar, el chico se levantó del sofá, se estiró un poco y procedió a mirar de qué se trataba. Se acercó a la puerta, y tomó el sobre. Algo llamó su atención, el sobre tenía el sello del despacho del Morikage. Sin duda, como se tratase de una amenaza bajo ese sello, debía andarse con cuidado. El chico abrió el sobre, y comenzó a leer.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Atención, aviso urgente.<br />
<br />
Se requiere de la presencia de todo el alumnado de la promoción 3 del año 200 para su acto público en la que se otorgará la banda metálica que representa a nuestra aldea. Se ruega que nadie falte, aunque no haya conseguido alcanzar el rango de genin, debe mostrar sus respetos hacia sus compañeros. La hora de la celebración serán las 11:00 horas de la mañana, día 15. El lugar será el estadio de Bambú.<br />
<br />
Enhorabuena a los que han pasado con éxito el examen, y ánimo para intentarlo de nuevo a los que no.<br />
<br />
Attmte. Señor Morikage.</i></div>
<br />
El chico arrugó la carta como si del envoltorio de un bocadillo se tratase, hizo una pelota y la lanzó a la papelera. Dejó caer un suspiro, y alzó su mirada al cuarto. Sobre la puerta de éste tenía un reloj, de ahí el gesto. El susodicho reloj marcaba las 10:00 de la mañana.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No me digas que..."</span></span><br />
<br />
Cuando llegó a mirar el calendario que tenía pegado a la nevera, cayó en cuenta del porqué la invitación estaba en ese lugar y no fuera. Era día 15.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Mierda...</span>—<br />
<br />
De nuevo le tocaba aguantar a toda la gente posible. Para colmo, iba bastante justo de tiempo. Sin demasiada demora, aunque sin animo alguno, el chico se dirigió a su habitación. Se arrimó a la mesilla de noche, tomó de uno de los cajones uno calzoncillos y se los puso, tras ello unos calcetines del mismo cajón. ¿Para qué ordenar cada cosa por su tipo? En fin, tampoco era un experto en la colada, a nadie le importaba o debía importarle este detalle. Tras ello tomó sus pantalones negros, y su camiseta de color negro y blanca. Por último, tomó su capa de viaje negra, cubriendo su falta de pinarse con esa capucha holgada que caracterizaba esa elección.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bueno... vamos al lío. Cuanto antes lo haga, antes podré irme..."</span></span><br />
<br />
El Senju se dirigió a la salida, y en la misma instancia tomó las botas. No le gustaba andar con ellas por casa. Sin mas, tomó las llaves del llavero que tenía al lado de la puerta, y salió de casa. Cerró tras de sí sin preámbulos, aunque pasó en ésta ocasión de echar el cerrojo.<br />
<br />
Comenzó a caminar, dirección al estadio de Bambú. Jamás había estado en ese sitio, aunque sabía que estaba adaptado para grandes celebraciones, o actos de bastante importancia. Al cabo de un rato, el chico llegó al sitio. Frente a él se hallaba aquella enorme estructura creada casi en su totalidad de bambú. Sin demasiadas contemplaciones, y bajo la mirada de numerosos "Haters" el chico continuó su camino hacia el interior.<br />
<br />
Una vez dentro, el chico observó que todo estaba bastante organizado. En el medio del estadio había una infinidad de sillas, en los bordes había incontable vegetación decorativa, una infinidad de gente se arremolinaba y hablaba a saber de qué, En la zona norte se había colocado un escenario enorme, y en la zona sur había una especie de bar improvisado. En lo alto del escenario había unos cuantos jounin, y algún que otro chunin. No había rastro de la gran celebridad que había firmado la carta.<br />
<br />
El albino permaneció en la entrada, con los brazos cruzados y sus orbes en el escenario. Si le llamaban, pues iría... entre tanto, no había otra cosa que hacer salvo esperar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Los días habían pasado desde que el último regimiento de genins habían aprobado sus respectivas pruebas. Algunos habían tenido que superar un mero examen, otros había tenido que mostrar tan solo un simple jutsu, otros tuvieron que combatir. Las pruebas eran miles, y a cada cual mas tediosa. Lo peor no era el curso, si no ver con qué clase de prueba te saltaban al final del mismo. Por suerte o desgracia, para Blame había sido la misma que en la anterior ocasión. Un simple y descarado combate. Cabe destacar que en ésta ocasión su rival sobrevivió, el chico tuvo que contener su alma en el puño, aguantar el sufrimiento de no salvar a su compañero, con tal de un futuro mas prospero...<br />
<br />
Al levantarse, el señor albino se dirigió en pelotas hacia la cocina, donde tomó un par de trozos de pizza y una lata de té verde. Con parsimonia se sentó en el salón, y comenzó a tomar el desayuno sin demasiadas ganas, pese a lo bueno que es desayunar pizza. 9 de cada 10 médicos lo aconsejan, el que no lo hace es vegano y hereje... morirá a manos de su dios.<br />
<br />
Al cabo de un buen rato, el chico se dio cuenta de que bajo la puerta habían pasado una nota. Era un sobre blanco, algo de lo mas normal salvo por el hecho de que en la puerta, al lado derecho concretamente, había un buzón. El chico alzó una ceja mientras terminaba de saborear la pizza, mientras que por su cabeza pasaba una ligera idea de qué podía ser. Seguramente había sido uno de sus tantos queridos admiradores, quizás un "Vete de esta aldea, o morirás". Evidentemente éste tipo de avisos eran de lo mas aduladores.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En fin...</span>—<br />
<br />
Con todo el ánimo que se podía esperar, el chico se levantó del sofá, se estiró un poco y procedió a mirar de qué se trataba. Se acercó a la puerta, y tomó el sobre. Algo llamó su atención, el sobre tenía el sello del despacho del Morikage. Sin duda, como se tratase de una amenaza bajo ese sello, debía andarse con cuidado. El chico abrió el sobre, y comenzó a leer.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Atención, aviso urgente.<br />
<br />
Se requiere de la presencia de todo el alumnado de la promoción 3 del año 200 para su acto público en la que se otorgará la banda metálica que representa a nuestra aldea. Se ruega que nadie falte, aunque no haya conseguido alcanzar el rango de genin, debe mostrar sus respetos hacia sus compañeros. La hora de la celebración serán las 11:00 horas de la mañana, día 15. El lugar será el estadio de Bambú.<br />
<br />
Enhorabuena a los que han pasado con éxito el examen, y ánimo para intentarlo de nuevo a los que no.<br />
<br />
Attmte. Señor Morikage.</i></div>
<br />
El chico arrugó la carta como si del envoltorio de un bocadillo se tratase, hizo una pelota y la lanzó a la papelera. Dejó caer un suspiro, y alzó su mirada al cuarto. Sobre la puerta de éste tenía un reloj, de ahí el gesto. El susodicho reloj marcaba las 10:00 de la mañana.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No me digas que..."</span></span><br />
<br />
Cuando llegó a mirar el calendario que tenía pegado a la nevera, cayó en cuenta del porqué la invitación estaba en ese lugar y no fuera. Era día 15.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Mierda...</span>—<br />
<br />
De nuevo le tocaba aguantar a toda la gente posible. Para colmo, iba bastante justo de tiempo. Sin demasiada demora, aunque sin animo alguno, el chico se dirigió a su habitación. Se arrimó a la mesilla de noche, tomó de uno de los cajones uno calzoncillos y se los puso, tras ello unos calcetines del mismo cajón. ¿Para qué ordenar cada cosa por su tipo? En fin, tampoco era un experto en la colada, a nadie le importaba o debía importarle este detalle. Tras ello tomó sus pantalones negros, y su camiseta de color negro y blanca. Por último, tomó su capa de viaje negra, cubriendo su falta de pinarse con esa capucha holgada que caracterizaba esa elección.<br />
<br />
<span style="color: grey;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Bueno... vamos al lío. Cuanto antes lo haga, antes podré irme..."</span></span><br />
<br />
El Senju se dirigió a la salida, y en la misma instancia tomó las botas. No le gustaba andar con ellas por casa. Sin mas, tomó las llaves del llavero que tenía al lado de la puerta, y salió de casa. Cerró tras de sí sin preámbulos, aunque pasó en ésta ocasión de echar el cerrojo.<br />
<br />
Comenzó a caminar, dirección al estadio de Bambú. Jamás había estado en ese sitio, aunque sabía que estaba adaptado para grandes celebraciones, o actos de bastante importancia. Al cabo de un rato, el chico llegó al sitio. Frente a él se hallaba aquella enorme estructura creada casi en su totalidad de bambú. Sin demasiadas contemplaciones, y bajo la mirada de numerosos "Haters" el chico continuó su camino hacia el interior.<br />
<br />
Una vez dentro, el chico observó que todo estaba bastante organizado. En el medio del estadio había una infinidad de sillas, en los bordes había incontable vegetación decorativa, una infinidad de gente se arremolinaba y hablaba a saber de qué, En la zona norte se había colocado un escenario enorme, y en la zona sur había una especie de bar improvisado. En lo alto del escenario había unos cuantos jounin, y algún que otro chunin. No había rastro de la gran celebridad que había firmado la carta.<br />
<br />
El albino permaneció en la entrada, con los brazos cruzados y sus orbes en el escenario. Si le llamaban, pues iría... entre tanto, no había otra cosa que hacer salvo esperar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Dios los cría...]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-dios-los-cria</link>
			<pubDate>Tue, 18 Aug 2015 13:44:43 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Sayaka</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-dios-los-cria</guid>
			<description><![CDATA[Sentada frente a una pequeña mesa de café de hierros blancos y tarima de cristal, se encontraba la pequeña maestra de marionetas: Sayaka. <br />
<br />
Tenía la cabeza apoyada sobre el cristal, frente a ella se derretía una gigantesca copa de helado de multitud de sabores. La pelirrubia estaba aburrida para variar, había pensado que un helado le levantaría la moral pero cuando llegó a la heladería recordó que ella no tenía moral. Que lo único que podría animarla le acarrearía más problemas que satisfacciones, sin lugar a dudas ser una psicópata con tendencias sádicas era bastante más duro de lo que la gente se pensaba.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">"¿Cuando podré divertirme?"</span> se preguntaba mientras balanceaba sus pequeñas piernas en el aire <span style="color: red;" class="mycode_color">"Quiero probar a Kaori"</span> la chica giró su cabeza hasta queda apoyada sobre su barbilla. Tras la gran copa de helado y sentada al otro lado de la mesa, estaba su siniestra marioneta de pelo negro y pomposa vestimenta <span style="color: red;" class="mycode_color">"Se suponía que me mandarían misiones donde poder desahogarme... pero me paso el día aburrida, sin poder hacer nada... ser ninja es una mierda"</span><br />
<br />
La chica recuperó la verticalidad sobre su trasero, dejándose caer sobre el respaldar de la silla mientras señalaba la cuchara con sus manos. Desde la punta de sus dedos surgieron unas finas hebras casi transparentes que se adhirieron a la  cuchara, lo que hizo que esta comenzase a responder a los designios de la pequeña que comenzó a dar cuenta de su helado con desgana.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">"Ni siquiera me sabe bien este maldito helado..."</span> el humor de la pequeña Akaiwa empeoraba alarmantemente con cada día que pasaba, hecho que preocupaba bastante en su villa pues la última vez que la señorita se enfado casi tira la casa abajo <span style="color: red;" class="mycode_color">"Y esta aldea parece una jodida reunión de payasos, todos con sus asquerosas sonrisas..."</span> la chica torció el gesto en una mueca que delataba su estado de ánimo <span style="color: red;" class="mycode_color">"Todos pueden divertirse menos yo... malditos..."</span><br />
<br />
Sayaka continuó comiendo su helado mientras observaba con resentimiento al resto de los visitantes de la vieja Torre de Ocio que osaban pasar cerca del café donde la pequeña se encontraba sentada, justo en la puerta del centro comercial.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Sentada frente a una pequeña mesa de café de hierros blancos y tarima de cristal, se encontraba la pequeña maestra de marionetas: Sayaka. <br />
<br />
Tenía la cabeza apoyada sobre el cristal, frente a ella se derretía una gigantesca copa de helado de multitud de sabores. La pelirrubia estaba aburrida para variar, había pensado que un helado le levantaría la moral pero cuando llegó a la heladería recordó que ella no tenía moral. Que lo único que podría animarla le acarrearía más problemas que satisfacciones, sin lugar a dudas ser una psicópata con tendencias sádicas era bastante más duro de lo que la gente se pensaba.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">"¿Cuando podré divertirme?"</span> se preguntaba mientras balanceaba sus pequeñas piernas en el aire <span style="color: red;" class="mycode_color">"Quiero probar a Kaori"</span> la chica giró su cabeza hasta queda apoyada sobre su barbilla. Tras la gran copa de helado y sentada al otro lado de la mesa, estaba su siniestra marioneta de pelo negro y pomposa vestimenta <span style="color: red;" class="mycode_color">"Se suponía que me mandarían misiones donde poder desahogarme... pero me paso el día aburrida, sin poder hacer nada... ser ninja es una mierda"</span><br />
<br />
La chica recuperó la verticalidad sobre su trasero, dejándose caer sobre el respaldar de la silla mientras señalaba la cuchara con sus manos. Desde la punta de sus dedos surgieron unas finas hebras casi transparentes que se adhirieron a la  cuchara, lo que hizo que esta comenzase a responder a los designios de la pequeña que comenzó a dar cuenta de su helado con desgana.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">"Ni siquiera me sabe bien este maldito helado..."</span> el humor de la pequeña Akaiwa empeoraba alarmantemente con cada día que pasaba, hecho que preocupaba bastante en su villa pues la última vez que la señorita se enfado casi tira la casa abajo <span style="color: red;" class="mycode_color">"Y esta aldea parece una jodida reunión de payasos, todos con sus asquerosas sonrisas..."</span> la chica torció el gesto en una mueca que delataba su estado de ánimo <span style="color: red;" class="mycode_color">"Todos pueden divertirse menos yo... malditos..."</span><br />
<br />
Sayaka continuó comiendo su helado mientras observaba con resentimiento al resto de los visitantes de la vieja Torre de Ocio que osaban pasar cerca del café donde la pequeña se encontraba sentada, justo en la puerta del centro comercial.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Déjà vu]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-dej%C3%A0-vu</link>
			<pubDate>Sun, 26 Jul 2015 14:43:51 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-dej%C3%A0-vu</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: YellowGreen;" class="mycode_color"> — ¿Y bien, que te parece? </span><br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — No esta mal, pero...¿No crees que sería más bonito si estuviesen en flor? </span><br />
<br />
Los hermanos Eikyu se encontraban paseando tranquilamente por el jardín de los cerezos. Su hermana había estado especialmente amable con él hoy. Pero bueno, era lógico, después de todo, hoy era su cumpleaños.<br />
<br />
<span style="color: YellowGreen;" class="mycode_color"> — No es mi culpa que tu cumpleaños sea justamente en invierno </span> — protestó, ofendida por su comentario —<span style="color: YellowGreen;" class="mycode_color">  Además, no conozco algún sitio mejor para llevarte en la villa... </span> <br />
<br />
Juro la miró durante unos segundos.  Por primera vez, sintió culpabilidad por haberse puesto así. Por una vez, parecía querer actuar de hermana mayor.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — Tienes razón, siento haberme puesto así... </span> — comentó, mirando los cerezos, deteriorados por el invierno —<span style="color: sienna;" class="mycode_color">  ya sabes que no me gusta este día... </span> <br />
<br />
Su hermana guardó silencio, y le miró con lastima. Era obvio que a ella tampoco. Más que el aniversario de su nacimiento, para él era el aniversario de la muerte de su madre. A veces pensaba en ella, miraba fotografías de como fue, o incluso recordaba lo poco que había sacado de su padre o su hermana....<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — Creo...que voy a dar un paseo </span> —su voz casi fue su susurro, por temor a que se quebrase por los sentimientos de tristeza que invadían su mente. Empezó a caminar y a caminar, alejándose de su hermana...<br />
<br />
El joven marionetista caminó sin detenerse. Poco a poco, dejó atras los cerezos que daban nombre al lugar, y siguió por otra ruta, sin llegar a salir. Cuando se dio cuenta, los cerezos se veían a lo lejos, y próximo a él, parecía haber una especie de ruta, con varios templos a su alrededor. Estos tenían la forma de distintos animales, ciervos, leones...Incluso uno que parecía tener la forma de una araña.<br />
<br />
<span style="color: ForestGreen;" class="mycode_color"> "Es raro que aquí convivan tantas cosas" </span>  — pensó, intentando despejarse, sin éxito aparente. <br />
<br />
Respiró profundamente, y intento serenarse.  Había estado al borde de las lagrimas, pero ahora estaba medianamente bien, al menos de momento. Pensó en volver, pero no tenia fuerzas ni le apetecía volver a confrontar a su hermana, y explicar porque había salido corriendo.<br />
<br />
Como tampoco podía quedarse quieto en medio de la calle, decidió que era mejor seguir, le llevase a donde le llevase. Aún algo decaido, decidió ponerse en marcha, y caminar hasta los templos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: YellowGreen;" class="mycode_color"> — ¿Y bien, que te parece? </span><br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — No esta mal, pero...¿No crees que sería más bonito si estuviesen en flor? </span><br />
<br />
Los hermanos Eikyu se encontraban paseando tranquilamente por el jardín de los cerezos. Su hermana había estado especialmente amable con él hoy. Pero bueno, era lógico, después de todo, hoy era su cumpleaños.<br />
<br />
<span style="color: YellowGreen;" class="mycode_color"> — No es mi culpa que tu cumpleaños sea justamente en invierno </span> — protestó, ofendida por su comentario —<span style="color: YellowGreen;" class="mycode_color">  Además, no conozco algún sitio mejor para llevarte en la villa... </span> <br />
<br />
Juro la miró durante unos segundos.  Por primera vez, sintió culpabilidad por haberse puesto así. Por una vez, parecía querer actuar de hermana mayor.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — Tienes razón, siento haberme puesto así... </span> — comentó, mirando los cerezos, deteriorados por el invierno —<span style="color: sienna;" class="mycode_color">  ya sabes que no me gusta este día... </span> <br />
<br />
Su hermana guardó silencio, y le miró con lastima. Era obvio que a ella tampoco. Más que el aniversario de su nacimiento, para él era el aniversario de la muerte de su madre. A veces pensaba en ella, miraba fotografías de como fue, o incluso recordaba lo poco que había sacado de su padre o su hermana....<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — Creo...que voy a dar un paseo </span> —su voz casi fue su susurro, por temor a que se quebrase por los sentimientos de tristeza que invadían su mente. Empezó a caminar y a caminar, alejándose de su hermana...<br />
<br />
El joven marionetista caminó sin detenerse. Poco a poco, dejó atras los cerezos que daban nombre al lugar, y siguió por otra ruta, sin llegar a salir. Cuando se dio cuenta, los cerezos se veían a lo lejos, y próximo a él, parecía haber una especie de ruta, con varios templos a su alrededor. Estos tenían la forma de distintos animales, ciervos, leones...Incluso uno que parecía tener la forma de una araña.<br />
<br />
<span style="color: ForestGreen;" class="mycode_color"> "Es raro que aquí convivan tantas cosas" </span>  — pensó, intentando despejarse, sin éxito aparente. <br />
<br />
Respiró profundamente, y intento serenarse.  Había estado al borde de las lagrimas, pero ahora estaba medianamente bien, al menos de momento. Pensó en volver, pero no tenia fuerzas ni le apetecía volver a confrontar a su hermana, y explicar porque había salido corriendo.<br />
<br />
Como tampoco podía quedarse quieto en medio de la calle, decidió que era mejor seguir, le llevase a donde le llevase. Aún algo decaido, decidió ponerse en marcha, y caminar hasta los templos...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un día de invierno]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-dia-de-invierno</link>
			<pubDate>Sun, 26 Jul 2015 14:28:09 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-dia-de-invierno</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El mismo lugar, las mismas caras, la misma chica, pero diferente esta vez. Eri se sentía como si no pudiera reaccionar ante lo que el cerebro le ordenaba, no era dueña de su cuerpo, no del todo, y lo único que buscaba era salir corriendo de allí. Esas imágenes, esas personas, la perturbaban. Odiaba rememorar esos momentos vividos, cuando su madre no estaba, cuando su padre se encargaba de meterle en su cabeza falsos ideales solo por el bienestar de su propio clan.<br />
<br />
Ahí estaba, otra vez, en el patio de esa casa que tanto la atormentó cuando era joven, pero ella se encontraba tal y como era a sus trece años de edad. Miró hacia el lugar de entrenamiento y se encontró más pequeña, con los cabellos cortos, y con muchos rasguños. Ojalá hubiera podido volver en el tiempo y librar a esa pequeña de todo su sufrimiento. Pero su cuerpo seguía sin poder moverse.<br />
<br />
Aparecía su padre, y volvía a hablar sobre la importancia de ser un hombre, de su clan. ''<span style="color: aquamarine;" class="mycode_color">Bobadas...</span>'' Pensó la kunoichi, más seguía sin poder moverse. Suspiró, y dándose cuenta de qué ocurría, solo logró esperar y observar a su padre y a su antiguo yo entrenar.</span><br />
<br />
<br />
Cuando la de cabellos azules logró despertar del sueño se llevó una mano a la cabeza, era la tercera vez en un mes que soñaba de nuevo con eso, y solo hacían a la pequeña inquietarse más de lo normal. Se levantó de la cama como cualquier día normal, se vistió y cepilló el pelo. Era día festivo de invierno, aunque su madre tenía trabajo pendiente. Miró por la ventana y suspiró, buscando algo de alimento para tener algo en el cuerpo.<br />
<br />
''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">No sé que haré hoy...</span>'' Sumida en sus pensamientos volvió a fijar la vista en un punto perdido a través de la ventana, entonces, decidió que saldría a dar una vuelta. No le apetecía en absoluto entrenar, y ya llevaba unos días así, la pereza no era buena, pero... ¿Qué más daba en ese momento? Su cabeza estaba ocupada intentando buscar un por qué en esos estúpidos sueños que tenía.<br />
<br />
Así que con su túnica de invierno salió a la calle, cerrando la puerta con llave tras de sí; salió en busca de dar un paseo por las calles de Uzushio, intentando que el frío y la humedad le ayudasen a despejar la mente y lograr encontrar la respuesta. Y así, caminando y caminando, llegó sin querer al campo de entrenamiento. ''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">Antes lo pienso, antes llego, gracias subconsciente.</span>'' Y decidió acercarse a uno de los árboles que se encontraban cerca de aquel lugar, no sin alejarse mucho, ya que quizás podría aprovechar luego y entrenar un poco. Subió a una de las ramas y se acostó contra el tronco. El viento mecía sus cabellos, y el tiempo frío la agradaba, quizás le faltaba un amigo con el que pasar esos días festivos.<br />
<br />
''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">¿Qué estará haciendo...?</span>'' Su cara tomó una tonalidad más roja que de costumbre al acordarse de esa persona que no había podido sacar de su cabeza desde hace varios años. Ojalá aquel chico estuviese allí... Pero si quiera había logrado mantener una conversación abierta con alguno de sus compañeros, como para hacerlo con él. Suspiró de nuevo, todo era muy difícil. <br />
<br />
Miró hacia la aldea, ''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">¿Cómo será el día a día de la gente</span>'' Pensó dudosa. Y allí se quedó, plantada junto al árbol que la acompañaba. Allí, sola, en un día de invierno.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El mismo lugar, las mismas caras, la misma chica, pero diferente esta vez. Eri se sentía como si no pudiera reaccionar ante lo que el cerebro le ordenaba, no era dueña de su cuerpo, no del todo, y lo único que buscaba era salir corriendo de allí. Esas imágenes, esas personas, la perturbaban. Odiaba rememorar esos momentos vividos, cuando su madre no estaba, cuando su padre se encargaba de meterle en su cabeza falsos ideales solo por el bienestar de su propio clan.<br />
<br />
Ahí estaba, otra vez, en el patio de esa casa que tanto la atormentó cuando era joven, pero ella se encontraba tal y como era a sus trece años de edad. Miró hacia el lugar de entrenamiento y se encontró más pequeña, con los cabellos cortos, y con muchos rasguños. Ojalá hubiera podido volver en el tiempo y librar a esa pequeña de todo su sufrimiento. Pero su cuerpo seguía sin poder moverse.<br />
<br />
Aparecía su padre, y volvía a hablar sobre la importancia de ser un hombre, de su clan. ''<span style="color: aquamarine;" class="mycode_color">Bobadas...</span>'' Pensó la kunoichi, más seguía sin poder moverse. Suspiró, y dándose cuenta de qué ocurría, solo logró esperar y observar a su padre y a su antiguo yo entrenar.</span><br />
<br />
<br />
Cuando la de cabellos azules logró despertar del sueño se llevó una mano a la cabeza, era la tercera vez en un mes que soñaba de nuevo con eso, y solo hacían a la pequeña inquietarse más de lo normal. Se levantó de la cama como cualquier día normal, se vistió y cepilló el pelo. Era día festivo de invierno, aunque su madre tenía trabajo pendiente. Miró por la ventana y suspiró, buscando algo de alimento para tener algo en el cuerpo.<br />
<br />
''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">No sé que haré hoy...</span>'' Sumida en sus pensamientos volvió a fijar la vista en un punto perdido a través de la ventana, entonces, decidió que saldría a dar una vuelta. No le apetecía en absoluto entrenar, y ya llevaba unos días así, la pereza no era buena, pero... ¿Qué más daba en ese momento? Su cabeza estaba ocupada intentando buscar un por qué en esos estúpidos sueños que tenía.<br />
<br />
Así que con su túnica de invierno salió a la calle, cerrando la puerta con llave tras de sí; salió en busca de dar un paseo por las calles de Uzushio, intentando que el frío y la humedad le ayudasen a despejar la mente y lograr encontrar la respuesta. Y así, caminando y caminando, llegó sin querer al campo de entrenamiento. ''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">Antes lo pienso, antes llego, gracias subconsciente.</span>'' Y decidió acercarse a uno de los árboles que se encontraban cerca de aquel lugar, no sin alejarse mucho, ya que quizás podría aprovechar luego y entrenar un poco. Subió a una de las ramas y se acostó contra el tronco. El viento mecía sus cabellos, y el tiempo frío la agradaba, quizás le faltaba un amigo con el que pasar esos días festivos.<br />
<br />
''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">¿Qué estará haciendo...?</span>'' Su cara tomó una tonalidad más roja que de costumbre al acordarse de esa persona que no había podido sacar de su cabeza desde hace varios años. Ojalá aquel chico estuviese allí... Pero si quiera había logrado mantener una conversación abierta con alguno de sus compañeros, como para hacerlo con él. Suspiró de nuevo, todo era muy difícil. <br />
<br />
Miró hacia la aldea, ''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">¿Cómo será el día a día de la gente</span>'' Pensó dudosa. Y allí se quedó, plantada junto al árbol que la acompañaba. Allí, sola, en un día de invierno.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Origenes]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-origenes</link>
			<pubDate>Sun, 26 Jul 2015 02:21:01 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Ichiro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-origenes</guid>
			<description><![CDATA[Ichiro se había obstinado y propuesto a conocer un poco más de sus raíces, criado por los hermanos de su madre, prácticamente no conoció a sus padres, fueron obligados a servir a su señor feudal cuando los necesito. Su padre, era un granjero común y corriente y poco se sabía de él, ya que el muchacho quedo en manos de su familia materna. <br />
Por otro lado su madre, era una kunoichi de lo que alguna vez fue la aldea de la niebla, había fallecido en una de las tantas guerras civiles que habían ocurrido a lo largo del país, o por lo menos eso era lo que el shinobi sabía gracias a la poca información que revelaban sus tíos, ya que estos cuando saltaba alguna charla sobre sus padres intentaban desviar el tema, o simplemente se quedaban callados.<br />
<br />
 “Convertir su cuerpo en agua” esto era lo que definía mejor a su madre y que el joven heredo directamente. Hōzuki, una familia que poco se sabía de ella, pero los dientes afilados como tiburón y los diferentes manejos de chakra que le brindaba el clan ataba fuertemente a Ichiro a sus orígenes. <br />
Realizaba el viaje solo, con un cargamento liviano, con su ropa habitual azul y negra, su pelo al viento. Caminando entre pasadizos y cordilleras se acercaba al lugar. Los primeros avisos era un descenso de la temperatura, aunque estaban en invierno, el frio se hacía sentir todavía más en aquel lugar, y una ligera neblina que paso a paso se iba poniendo un poco más espesa.<br />
<br />
El joven no conocía muy bien el camino, iba con cuidado observando todo a su alrededor, antes de salir en su viaje, le pregunto a algunos pobladores como llegar, muchos no sabían con determinación como, ya que nunca se habían adentrado tanto en las montañas, los escalofríos y la niebla se ponían insoportables, además se comentaba que la mayoría de las personas que llegaba al lago no regresaban jamás. Muchos de estos aldeanos les aterraba la idea de acercarse a ese lago, también comentaban que muchos espíritus de los ninjas todavía merodeaban por ese lugar no aceptando su muerte.<br />
<br />
Finalmente el camino comenzó a transformarse en una explanada gigante, aunque Ichiro no podía ver mucho, había notado que el camino estaba menos sinuoso además que más parejo de lo que había sido en todo su recorrido. <span style="color: RoyalBlue;" class="mycode_color">– No puedo ver nada, será mejor que espere que cambie el clima, así estoy prácticamente ciego.</span>  Pensó el shinobi mientras se subía en una piedra de 2 metros de alto y se sentaba en ella en modo zen con los ojos cerrados, y  los oídos atentos por si escuchaba un ruido que sus otros sentidos no pudieran percibir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ichiro se había obstinado y propuesto a conocer un poco más de sus raíces, criado por los hermanos de su madre, prácticamente no conoció a sus padres, fueron obligados a servir a su señor feudal cuando los necesito. Su padre, era un granjero común y corriente y poco se sabía de él, ya que el muchacho quedo en manos de su familia materna. <br />
Por otro lado su madre, era una kunoichi de lo que alguna vez fue la aldea de la niebla, había fallecido en una de las tantas guerras civiles que habían ocurrido a lo largo del país, o por lo menos eso era lo que el shinobi sabía gracias a la poca información que revelaban sus tíos, ya que estos cuando saltaba alguna charla sobre sus padres intentaban desviar el tema, o simplemente se quedaban callados.<br />
<br />
 “Convertir su cuerpo en agua” esto era lo que definía mejor a su madre y que el joven heredo directamente. Hōzuki, una familia que poco se sabía de ella, pero los dientes afilados como tiburón y los diferentes manejos de chakra que le brindaba el clan ataba fuertemente a Ichiro a sus orígenes. <br />
Realizaba el viaje solo, con un cargamento liviano, con su ropa habitual azul y negra, su pelo al viento. Caminando entre pasadizos y cordilleras se acercaba al lugar. Los primeros avisos era un descenso de la temperatura, aunque estaban en invierno, el frio se hacía sentir todavía más en aquel lugar, y una ligera neblina que paso a paso se iba poniendo un poco más espesa.<br />
<br />
El joven no conocía muy bien el camino, iba con cuidado observando todo a su alrededor, antes de salir en su viaje, le pregunto a algunos pobladores como llegar, muchos no sabían con determinación como, ya que nunca se habían adentrado tanto en las montañas, los escalofríos y la niebla se ponían insoportables, además se comentaba que la mayoría de las personas que llegaba al lago no regresaban jamás. Muchos de estos aldeanos les aterraba la idea de acercarse a ese lago, también comentaban que muchos espíritus de los ninjas todavía merodeaban por ese lugar no aceptando su muerte.<br />
<br />
Finalmente el camino comenzó a transformarse en una explanada gigante, aunque Ichiro no podía ver mucho, había notado que el camino estaba menos sinuoso además que más parejo de lo que había sido en todo su recorrido. <span style="color: RoyalBlue;" class="mycode_color">– No puedo ver nada, será mejor que espere que cambie el clima, así estoy prácticamente ciego.</span>  Pensó el shinobi mientras se subía en una piedra de 2 metros de alto y se sentaba en ella en modo zen con los ojos cerrados, y  los oídos atentos por si escuchaba un ruido que sus otros sentidos no pudieran percibir.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un descanso en el desierto]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-descanso-en-el-desierto</link>
			<pubDate>Tue, 21 Jul 2015 21:19:11 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=12">Karamaru</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-descanso-en-el-desierto</guid>
			<description><![CDATA[Era otra fría mañana en la ciudad de Uzushiogakure. Una como cualquier otra, en la que Karamaru se levantaba a las cinco de la madrugada, desayunaba, se cambiaba y se preparaba para salir a caminar unas pocas cuadras hasta el local de Lee. Siempre estaban los carromatos de la caravana frente a el, y el dueño esperaba cada día a Karamaru con una sonrisa y un abrazo. Seguía la breve explicación del destino, que el shinobi nunca prestaba atención, y luego una cálida despedida para sentarse en el último carromato, el que cerraba la fila, y veía la ciudad haciéndose cada vez mas chica mientras se alejaba en el horizonte. <br />
<br />
Karamaru ya no estaba tan emocionado como el primer día. Los viajes se volvían repetitivos, exceptuando algunos, y estaba pensando en hacer otra cosa para conocer el continente. Tal vez viajar solo, perderse por el mundo sin saber a donde ir no era algo que le preocupaba, o tal vez quedarse en la ciudad. Llegó a pensar que podía empezar a hacer misiones y hacerse mas fuerte, pero era muy temprano para eso. O por lo menos, eso lo pensó antes de dormirse a la hora de viaje.<br />
<br />
<div align="center">...</div>
<br />
Pasaron largos días, algunos cruzando bosques y los últimos cruzando el desierto. La única vista que había era arena, y luego mas arena y por último mas arena. El calor era molesto, incluso estando en Invierno, y Karamaru para entrenar, aprovecho el atardecer para bajar del carromato y acompañarlo corriendo, enterrando los pies en la arena y yendo a la par de los bueyes que tiraban del carromato principal.<br />
<br />
Sin embargo, eso no duraría mucho, por fortuna de Karamaru. A los pocos minutos se distinguió a lo lejos el destino, el Oasis de la Luna. Según Lee, por las noches tiene muchos turistas, y ellos eran el objetivo del pequeño grupo de vendedores de sakes.<br />
<br />
Emocionado, el pelado lanzó un grito de alegría y so volvió a subir al carromato esperando poder encontrar gente con la que conversar. Los guardias no eran muy simpáticos y menos después de tantos días en el desierto]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era otra fría mañana en la ciudad de Uzushiogakure. Una como cualquier otra, en la que Karamaru se levantaba a las cinco de la madrugada, desayunaba, se cambiaba y se preparaba para salir a caminar unas pocas cuadras hasta el local de Lee. Siempre estaban los carromatos de la caravana frente a el, y el dueño esperaba cada día a Karamaru con una sonrisa y un abrazo. Seguía la breve explicación del destino, que el shinobi nunca prestaba atención, y luego una cálida despedida para sentarse en el último carromato, el que cerraba la fila, y veía la ciudad haciéndose cada vez mas chica mientras se alejaba en el horizonte. <br />
<br />
Karamaru ya no estaba tan emocionado como el primer día. Los viajes se volvían repetitivos, exceptuando algunos, y estaba pensando en hacer otra cosa para conocer el continente. Tal vez viajar solo, perderse por el mundo sin saber a donde ir no era algo que le preocupaba, o tal vez quedarse en la ciudad. Llegó a pensar que podía empezar a hacer misiones y hacerse mas fuerte, pero era muy temprano para eso. O por lo menos, eso lo pensó antes de dormirse a la hora de viaje.<br />
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<div align="center">...</div>
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Pasaron largos días, algunos cruzando bosques y los últimos cruzando el desierto. La única vista que había era arena, y luego mas arena y por último mas arena. El calor era molesto, incluso estando en Invierno, y Karamaru para entrenar, aprovecho el atardecer para bajar del carromato y acompañarlo corriendo, enterrando los pies en la arena y yendo a la par de los bueyes que tiraban del carromato principal.<br />
<br />
Sin embargo, eso no duraría mucho, por fortuna de Karamaru. A los pocos minutos se distinguió a lo lejos el destino, el Oasis de la Luna. Según Lee, por las noches tiene muchos turistas, y ellos eran el objetivo del pequeño grupo de vendedores de sakes.<br />
<br />
Emocionado, el pelado lanzó un grito de alegría y so volvió a subir al carromato esperando poder encontrar gente con la que conversar. Los guardias no eran muy simpáticos y menos después de tantos días en el desierto]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lejos de casa]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-lejos-de-casa</link>
			<pubDate>Wed, 15 Jul 2015 09:25:27 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-lejos-de-casa</guid>
			<description><![CDATA[Tanzaku Gai no había sido suficiente para saciar su curiosidad. Disfrutó aquella ciudad lo suficiente hasta aburrirse, pero lo que más le chirriaba era tener que dar vuelta y poner marcha hacia la vieja rutina que le esperaba en casa. Así pues decidió enviar una carta a la aldea de Uzushiogakure esperando que su madre y su hermano leyesen su contenido, en el cual explicaba el por qué no volvería a casa al día siguiente. <br />
<br />
La razón era simple: su aventura debía prolongarse un poco más por la proximidad que tenía al famoso valle del fin, lugar idílico e histórico; presente en casi todos los libros que su madre leía con tanto afán y al cual no perdería la oportunidad de visitar. <br />
<br />
Aquel sitio era un referente que reflejaba a través de su presencia el pasado mismo, mas su importancia se extendía al presente más inmediato al representar un símbolo de paz y cooperación mutual, siendo aquellas grandes estatuas un legado de sacrificio. El gran Valle del fin, según Naomi; era sin duda la base fundamental del entendimiento mutuo de las tres naciones, el cual funcionaba como recordatorio a las nuevas generaciones de cómo comenzó todo. Un trabajo mutuo por el bienestar de la humanidad, el cual se debe preservar sea como sea aún cuando los obstáculos de las nuevas eras se postren frente a los líderes para atentar contra la equidad existente en el mundo shinobi. Claro que, más allá de su retoña madurez, Kota era muy joven para entenderlo apropiadamente y necesitaría de experiencias y unos cuantos años más en su haber como para poder debatir sobre ello. <br />
<br />
De cualquier forma, su objetivo primario era poder deleitarse con la obra natural creada por el inmenso poder de las tan famosas bestias con colas. Leerlo no bastaba, tendría que verlo con sus propios ojos. Por tanto, en cuanto amaneció; dejó aquel sucio motel en el que se había alojado en los límites del país del fuego y tomó rumbo hacia los interiores del país de la lluvia, el cual le recibió —como era de esperarse— con un torrencial sobre sus hombros, manteniéndole empapado durante todo el trayecto y haciéndole pasar un frío terrible que calaba hasta sus huesos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: slategray;" class="mycode_color">«Quién diría que esto de la lluvia fuese tan literal»</span></span><br />
<br />
Aquel pensamiento le comería la cabeza por un largo rato, pero todo terminó abandonándole una vez que vio a la distancia tres grandes formaciones rocosas que se abrían paso encima de los grandes árboles de pino que crecían frondosos alrededor de lo que parecía ser un valle. Kota se adentró como buenamente pudo en aquella maleza y tras escalar unas cuantas zonas inclinadas, llegaría finalmente hasta la zona en la que el panorama era el más apropiado. Justo allí podía ver como la gran cascada retumbaba con sus grandes masas de agua cayendo por su cascada, la cual adornaba de una forma interesante las siluetas de los antepasados de las tres grandes naciones, quienes se miraban fijamente, con sello en mano; cooperando aún después de muertos.<br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—Impresionante</span> —se dijo en voz alta, aunque no creía que hubiese alguien que pudiera escucharle.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Tanzaku Gai no había sido suficiente para saciar su curiosidad. Disfrutó aquella ciudad lo suficiente hasta aburrirse, pero lo que más le chirriaba era tener que dar vuelta y poner marcha hacia la vieja rutina que le esperaba en casa. Así pues decidió enviar una carta a la aldea de Uzushiogakure esperando que su madre y su hermano leyesen su contenido, en el cual explicaba el por qué no volvería a casa al día siguiente. <br />
<br />
La razón era simple: su aventura debía prolongarse un poco más por la proximidad que tenía al famoso valle del fin, lugar idílico e histórico; presente en casi todos los libros que su madre leía con tanto afán y al cual no perdería la oportunidad de visitar. <br />
<br />
Aquel sitio era un referente que reflejaba a través de su presencia el pasado mismo, mas su importancia se extendía al presente más inmediato al representar un símbolo de paz y cooperación mutual, siendo aquellas grandes estatuas un legado de sacrificio. El gran Valle del fin, según Naomi; era sin duda la base fundamental del entendimiento mutuo de las tres naciones, el cual funcionaba como recordatorio a las nuevas generaciones de cómo comenzó todo. Un trabajo mutuo por el bienestar de la humanidad, el cual se debe preservar sea como sea aún cuando los obstáculos de las nuevas eras se postren frente a los líderes para atentar contra la equidad existente en el mundo shinobi. Claro que, más allá de su retoña madurez, Kota era muy joven para entenderlo apropiadamente y necesitaría de experiencias y unos cuantos años más en su haber como para poder debatir sobre ello. <br />
<br />
De cualquier forma, su objetivo primario era poder deleitarse con la obra natural creada por el inmenso poder de las tan famosas bestias con colas. Leerlo no bastaba, tendría que verlo con sus propios ojos. Por tanto, en cuanto amaneció; dejó aquel sucio motel en el que se había alojado en los límites del país del fuego y tomó rumbo hacia los interiores del país de la lluvia, el cual le recibió —como era de esperarse— con un torrencial sobre sus hombros, manteniéndole empapado durante todo el trayecto y haciéndole pasar un frío terrible que calaba hasta sus huesos.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: slategray;" class="mycode_color">«Quién diría que esto de la lluvia fuese tan literal»</span></span><br />
<br />
Aquel pensamiento le comería la cabeza por un largo rato, pero todo terminó abandonándole una vez que vio a la distancia tres grandes formaciones rocosas que se abrían paso encima de los grandes árboles de pino que crecían frondosos alrededor de lo que parecía ser un valle. Kota se adentró como buenamente pudo en aquella maleza y tras escalar unas cuantas zonas inclinadas, llegaría finalmente hasta la zona en la que el panorama era el más apropiado. Justo allí podía ver como la gran cascada retumbaba con sus grandes masas de agua cayendo por su cascada, la cual adornaba de una forma interesante las siluetas de los antepasados de las tres grandes naciones, quienes se miraban fijamente, con sello en mano; cooperando aún después de muertos.<br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—Impresionante</span> —se dijo en voz alta, aunque no creía que hubiese alguien que pudiera escucharle.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Mentor para los descarriados]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-mentor-para-los-descarriados</link>
			<pubDate>Wed, 15 Jul 2015 08:58:19 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-mentor-para-los-descarriados</guid>
			<description><![CDATA[Ya había pasado un buen tiempo desde la graduación de los dos jóvenes Uchiha. Aún no habían tenido su primera misión, y aunque las semanas se hacían largas, siempre lograban encontrar algo con lo qué distraerse hasta que la realidad de ser un genin les tocara finalmente la puerta. Pero tan ansioso como siempre, Kota se sintió inquieto durante todo ese tiempo pues la espera se le hacía eterna, aún y cuando no estuviese plenamente seguro de cómo se presentaría esa realidad fortuita en la que tanto pensaba. Sin embargo, no era tan difícil hacer suposiciones, teniendo en cuenta que la madre de ambos solía contar anécdotas sobre sus tiempos de juventud alegando que padecía casualmente de las misma dubitativa: <br />
<br />
La tan evasiva pregunta... ¿y ahora qué?<br />
<br />
Pero lo cierto era que a pesar de que los tiempos habían cambiado, muchas de las costumbres y procederes seguían siendo los mismos. Una vez fuera de la academia, se pretendía que los graduados a través de las misiones y el continuo entrenamiento pudieran progresar acorde a sus años de crecimiento. Muchos apostaban por mantener dicho proceso dentro de los círculos familiares, pero otros se inclinaban hacia ciertas opciones que existían simplemente por disponer de una alternativa. Y Naomi, consciente de que no era muy buena idea que el padre de los chicos se encargara directamente de una nueva etapa (y no porque no estuviese calificado, pero el pasado turbio lo hacía todo más complicado) decidió abogar para que los chicos tuvieran la oportunidad de probar otra opción.  <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—¿Un Sensei?</span> —preguntó Kota, un tanto incrédulo.<br />
<br />
<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">—Sí, un maestro. Tu padre y yo consideramos que será bueno para ustedes tener a alguien ajeno a nosotros para progresar y Uzushiogakure tiene muy buenos postulantes cada año para esta tarea. Estoy segura de que muchos de sus compañeros también aplicaron para tener un Sensei, así que si os preocupa ser los únicos... pues no es así. </span><br />
<br />
El peliblanco volteó a ver a su hermano extrañado, pero por alguna razón aquella noticia le había agregado emoción al día. Tendrían a una persona experimentada que se encargase de ellos y quizás podrían aprender cosas nuevas, sin dejar por fuera el hecho de que con un ojo vigilante podrían hacer menos lío que estando los dos solos.<br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—Me agrada, me agrada. ¿Tú que piensas Yotita?</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ya había pasado un buen tiempo desde la graduación de los dos jóvenes Uchiha. Aún no habían tenido su primera misión, y aunque las semanas se hacían largas, siempre lograban encontrar algo con lo qué distraerse hasta que la realidad de ser un genin les tocara finalmente la puerta. Pero tan ansioso como siempre, Kota se sintió inquieto durante todo ese tiempo pues la espera se le hacía eterna, aún y cuando no estuviese plenamente seguro de cómo se presentaría esa realidad fortuita en la que tanto pensaba. Sin embargo, no era tan difícil hacer suposiciones, teniendo en cuenta que la madre de ambos solía contar anécdotas sobre sus tiempos de juventud alegando que padecía casualmente de las misma dubitativa: <br />
<br />
La tan evasiva pregunta... ¿y ahora qué?<br />
<br />
Pero lo cierto era que a pesar de que los tiempos habían cambiado, muchas de las costumbres y procederes seguían siendo los mismos. Una vez fuera de la academia, se pretendía que los graduados a través de las misiones y el continuo entrenamiento pudieran progresar acorde a sus años de crecimiento. Muchos apostaban por mantener dicho proceso dentro de los círculos familiares, pero otros se inclinaban hacia ciertas opciones que existían simplemente por disponer de una alternativa. Y Naomi, consciente de que no era muy buena idea que el padre de los chicos se encargara directamente de una nueva etapa (y no porque no estuviese calificado, pero el pasado turbio lo hacía todo más complicado) decidió abogar para que los chicos tuvieran la oportunidad de probar otra opción.  <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—¿Un Sensei?</span> —preguntó Kota, un tanto incrédulo.<br />
<br />
<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">—Sí, un maestro. Tu padre y yo consideramos que será bueno para ustedes tener a alguien ajeno a nosotros para progresar y Uzushiogakure tiene muy buenos postulantes cada año para esta tarea. Estoy segura de que muchos de sus compañeros también aplicaron para tener un Sensei, así que si os preocupa ser los únicos... pues no es así. </span><br />
<br />
El peliblanco volteó a ver a su hermano extrañado, pero por alguna razón aquella noticia le había agregado emoción al día. Tendrían a una persona experimentada que se encargase de ellos y quizás podrían aprender cosas nuevas, sin dejar por fuera el hecho de que con un ojo vigilante podrían hacer menos lío que estando los dos solos.<br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—Me agrada, me agrada. ¿Tú que piensas Yotita?</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un viaje para pensar]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-viaje-para-pensar</link>
			<pubDate>Sun, 12 Jul 2015 18:31:21 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-viaje-para-pensar</guid>
			<description><![CDATA[Llevaba unos días decaída, no sabría por qué si le preguntaran, solo sabía que su estado de ánimo últimamente no era el mejor. Eri se sentía vacía por dentro y notaba como algo en su interior faltaba, algo que no podía saber con exactitud qué era. Así que uno de los días de esa semana, vestida y con su bandana en la frente, decidió dejar su cuarto del que no salía en esos días y decidió comentarle a Shian sobre su plan para los próximos días.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Buenos días mamá.</span>-Saludó la menor de cabellos azules, sin embargo su voz sonaba diferente a como estaba antes. Su madre se alarmó ante ello, pero tenía mucho trabajo que hacer esos días y no podía prestar atención a su única hija como ésta merecía.<br />
<br />
-<span style="color: Cyan;" class="mycode_color">Hola Eri.</span>-Contestó con una sonrisa, luego se percató de que la pequeña llevaba una mochila a su espalda.-<span style="color: Cyan;" class="mycode_color">¿Vas a alguna parte?</span>-Preguntó con curiosidad.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Verás... He decidido salir de la villa para despejarme y pensar un poco, a solas...</span>- Explicó la susodicha. -<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Volveré en unos días, ¿vale?</span>- Esto último lo dijo mientras cogía un montón de cosas de la cocina, y sin dar tiempo a la mayor de contestar o rechistar, salió corriendo de su casa, al igual que de Uzushiogakure.<br />
<br />
Así caminó durante toda una jornada, pensando que quizá había hecho mal en salir corriendo así de su casa, pero ella simplemente quería evadirse y salir un poco, olvidarse de todo lo que dejaba en Uzushio esos días y pensar en qué le rondaba por la cabeza últimamente para sentirse así. <br />
<br />
''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">Según mi padre cuando era pequeña... Las mujeres solían tener cambios de humor estúpidos, y por eso eran mejor los hombres...</span>'' Recordó esas palabras de su padre, pero luego negó con la cabeza. ''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">¿Qué estoy pensando? Son solo tonterías que me metió en la cabeza mi padre, alguna razón habrá para que me sienta así...</span>''<br />
<br />
Ensimismada en sus pensamientos, no se dio cuenta de que había llegado a una ciudad del País del Fuego, su nombre: Taikarune, conocida por ser una ciudad de casas de madera construida a lo largo de un gran arco de piedra que asciende por encima del mar, hasta un acantilado. Eri había oído hablar de dicha ciudad, pero nunca había tenido la oportunidad de verla en persona, así que aprovechó esos días que había conseguido para alejarse y conocer la ciudad.<br />
<br />
La joven kunoichi echó la mirada hacia lo alto de la ciudad, sin darse cuenta de nada a su al rededor, cuando sin querer topó con la espalda de un chico más alto que ella. Solo logró a ver una cabellera gris pálido.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Uh... Disculpa, no te había visto.</span>-Se disculpó la joven haciendo una pequeña reverencia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Llevaba unos días decaída, no sabría por qué si le preguntaran, solo sabía que su estado de ánimo últimamente no era el mejor. Eri se sentía vacía por dentro y notaba como algo en su interior faltaba, algo que no podía saber con exactitud qué era. Así que uno de los días de esa semana, vestida y con su bandana en la frente, decidió dejar su cuarto del que no salía en esos días y decidió comentarle a Shian sobre su plan para los próximos días.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Buenos días mamá.</span>-Saludó la menor de cabellos azules, sin embargo su voz sonaba diferente a como estaba antes. Su madre se alarmó ante ello, pero tenía mucho trabajo que hacer esos días y no podía prestar atención a su única hija como ésta merecía.<br />
<br />
-<span style="color: Cyan;" class="mycode_color">Hola Eri.</span>-Contestó con una sonrisa, luego se percató de que la pequeña llevaba una mochila a su espalda.-<span style="color: Cyan;" class="mycode_color">¿Vas a alguna parte?</span>-Preguntó con curiosidad.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Verás... He decidido salir de la villa para despejarme y pensar un poco, a solas...</span>- Explicó la susodicha. -<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Volveré en unos días, ¿vale?</span>- Esto último lo dijo mientras cogía un montón de cosas de la cocina, y sin dar tiempo a la mayor de contestar o rechistar, salió corriendo de su casa, al igual que de Uzushiogakure.<br />
<br />
Así caminó durante toda una jornada, pensando que quizá había hecho mal en salir corriendo así de su casa, pero ella simplemente quería evadirse y salir un poco, olvidarse de todo lo que dejaba en Uzushio esos días y pensar en qué le rondaba por la cabeza últimamente para sentirse así. <br />
<br />
''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">Según mi padre cuando era pequeña... Las mujeres solían tener cambios de humor estúpidos, y por eso eran mejor los hombres...</span>'' Recordó esas palabras de su padre, pero luego negó con la cabeza. ''<span style="color: Aquamarine;" class="mycode_color">¿Qué estoy pensando? Son solo tonterías que me metió en la cabeza mi padre, alguna razón habrá para que me sienta así...</span>''<br />
<br />
Ensimismada en sus pensamientos, no se dio cuenta de que había llegado a una ciudad del País del Fuego, su nombre: Taikarune, conocida por ser una ciudad de casas de madera construida a lo largo de un gran arco de piedra que asciende por encima del mar, hasta un acantilado. Eri había oído hablar de dicha ciudad, pero nunca había tenido la oportunidad de verla en persona, así que aprovechó esos días que había conseguido para alejarse y conocer la ciudad.<br />
<br />
La joven kunoichi echó la mirada hacia lo alto de la ciudad, sin darse cuenta de nada a su al rededor, cuando sin querer topó con la espalda de un chico más alto que ella. Solo logró a ver una cabellera gris pálido.<br />
<br />
-<span style="color: DarkCyan;" class="mycode_color">Uh... Disculpa, no te había visto.</span>-Se disculpó la joven haciendo una pequeña reverencia.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Días de academia]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-dias-de-academia</link>
			<pubDate>Sun, 12 Jul 2015 11:56:53 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Sayaka</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-dias-de-academia</guid>
			<description><![CDATA[Tomoe se encontraba sentada en el borde de una de las muchas ventans del Torreón de la Academia, concretamente en una de las más bajas que se encontraba en dirección a la zona de entrenamiento. <br />
<br />
La pelinegra tenía la constumbre de ir a entrenar a aquel lugar de manera habitual, le encantaba sentir la lluvia mientras se desfogaba golpeando los maniquíes de madera habilitados para prácticar el taijutsu. Aunque esta vez no estaba allí por eso, hacia poco tiempo que había vuelto del pequeño encargo de Mitsuki y no tenía nada que hacer.<br />
<br />
Así que, sin que sirviera de precedente, decidió que sería una buena ocasión para buscar entre los nuevos gennins alguno que pudiese ser mínimamente interesante pues de vez en cuando, salían shinobis como ella.<br />
<br />
Sin embargo, la suerte no estaba de su lado. La chica llevaba más de tres horas observando aburridos y estúpidos  entrenamientos de alumnos que daban más pena que otra cosa<br />
<br />
<span style="color: BlueViolet;" class="mycode_color">"Y yo me quejaba de mi clase de academia..."</span> se lamentaba la chica mientras trataba de contener un bostezo <span style="color: BlueViolet;" class="mycode_color">"Casi que sería mejor que me volviese a casa..."</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Tomoe se encontraba sentada en el borde de una de las muchas ventans del Torreón de la Academia, concretamente en una de las más bajas que se encontraba en dirección a la zona de entrenamiento. <br />
<br />
La pelinegra tenía la constumbre de ir a entrenar a aquel lugar de manera habitual, le encantaba sentir la lluvia mientras se desfogaba golpeando los maniquíes de madera habilitados para prácticar el taijutsu. Aunque esta vez no estaba allí por eso, hacia poco tiempo que había vuelto del pequeño encargo de Mitsuki y no tenía nada que hacer.<br />
<br />
Así que, sin que sirviera de precedente, decidió que sería una buena ocasión para buscar entre los nuevos gennins alguno que pudiese ser mínimamente interesante pues de vez en cuando, salían shinobis como ella.<br />
<br />
Sin embargo, la suerte no estaba de su lado. La chica llevaba más de tres horas observando aburridos y estúpidos  entrenamientos de alumnos que daban más pena que otra cosa<br />
<br />
<span style="color: BlueViolet;" class="mycode_color">"Y yo me quejaba de mi clase de academia..."</span> se lamentaba la chica mientras trataba de contener un bostezo <span style="color: BlueViolet;" class="mycode_color">"Casi que sería mejor que me volviese a casa..."</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Cambiando la rutina]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-cambiando-la-rutina</link>
			<pubDate>Sun, 12 Jul 2015 10:36:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-cambiando-la-rutina</guid>
			<description><![CDATA[La vida de un joven estudiante recién graduado era tan excitante y divertida como las circunstancias lo permitían. Para un niño con grandes ideas y aspiraciones, el simple hecho de recibir la bandana, tener un combate real o realizar su primera misión —aunque se tratase de cuidar a la mascota de un cliente—. era de por sí una experiencia importante y enriquecedora. No obstante, con cada día que pasara la emoción reducía sus niveles y las tareas se convertían en simples rutinas a las que es sencillo acostumbrarse. Así sucedió con Kota, quien a pesar de intentar realizar actividades diferentes durante la semana, ya parecía reacio a encontrar algo que le satisficiera lo suficiente como para llegar a casa con una historia interesante que contar. <br />
<br />
Fue así como decidió por su propia cuenta planificar un pequeño viaje, sólo; con todas las responsabilidades que traía ello consigo. Sabía de su hermano y un viaje que había realizado al país del fuego, así que contaba con algo de respaldo a la hora de preparar el itinerario de viaje. Y entre todos los destinos posibles, fue la gran ciudad de Tanzaku Gai la que salió elegida. El peliblanco había escuchado que era una amplia capital con diversas formas de entretenimiento y quién mejor que él para comprobarlo.  <br />
<br />
La noche anterior al viaje preparó su mochila con todos los utensilios, empaquetó gracias a su madre unas cuantas raciones de alimento y alistó su vestuario junto con el equipamiento shinobi. A la mañana siguiente, sólo bastó con vestirse y montar su bolso en la espalda: pronto partiría al gran país del fuego. <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—¡Nos vemos!</span> —dijo, despidiéndose de su madre. Un abrazo y un beso fraternal, para luego dejarle ir.<br />
<br />
<div align="center">...</div>
<br />
El viaje le tomó gran parte de la mañana, aunque por suerte logró llegar a la entrada de la gran ciudad antes del mediodía. Allí en la entrada, el peliblanco visualizó la gran muralla de piedra que rodeaba hasta su horizonte todo el panorama, y sonrió por la gran vista que tenía aún cuando no había siquiera entrado en la zona. Pronto el genin avanzaría hasta adentrarse finalmente, dejando atrás a unos cuantos guardias que caminaban marchantes y firmes custodiando las adyacencias de Tanzaku.<br />
<br />
Lo que encontró adentro fue muy diverso, desde puestos independientes en las avenidas donde vendían desde comida hasta prendas de vestir, hasta transeúntes mercaderes, algún gitano prestidigitador amante del dinero fácil e incluso los voceros que invitaban a la gente a adentrarse en sus grandes locales, muchos de ellos no permitidos para personas de corta edad. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: slategray;" class="mycode_color">«Y bien... ¿qué puedo hacer primero?»</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La vida de un joven estudiante recién graduado era tan excitante y divertida como las circunstancias lo permitían. Para un niño con grandes ideas y aspiraciones, el simple hecho de recibir la bandana, tener un combate real o realizar su primera misión —aunque se tratase de cuidar a la mascota de un cliente—. era de por sí una experiencia importante y enriquecedora. No obstante, con cada día que pasara la emoción reducía sus niveles y las tareas se convertían en simples rutinas a las que es sencillo acostumbrarse. Así sucedió con Kota, quien a pesar de intentar realizar actividades diferentes durante la semana, ya parecía reacio a encontrar algo que le satisficiera lo suficiente como para llegar a casa con una historia interesante que contar. <br />
<br />
Fue así como decidió por su propia cuenta planificar un pequeño viaje, sólo; con todas las responsabilidades que traía ello consigo. Sabía de su hermano y un viaje que había realizado al país del fuego, así que contaba con algo de respaldo a la hora de preparar el itinerario de viaje. Y entre todos los destinos posibles, fue la gran ciudad de Tanzaku Gai la que salió elegida. El peliblanco había escuchado que era una amplia capital con diversas formas de entretenimiento y quién mejor que él para comprobarlo.  <br />
<br />
La noche anterior al viaje preparó su mochila con todos los utensilios, empaquetó gracias a su madre unas cuantas raciones de alimento y alistó su vestuario junto con el equipamiento shinobi. A la mañana siguiente, sólo bastó con vestirse y montar su bolso en la espalda: pronto partiría al gran país del fuego. <br />
<br />
<span style="color: indianred;" class="mycode_color">—¡Nos vemos!</span> —dijo, despidiéndose de su madre. Un abrazo y un beso fraternal, para luego dejarle ir.<br />
<br />
<div align="center">...</div>
<br />
El viaje le tomó gran parte de la mañana, aunque por suerte logró llegar a la entrada de la gran ciudad antes del mediodía. Allí en la entrada, el peliblanco visualizó la gran muralla de piedra que rodeaba hasta su horizonte todo el panorama, y sonrió por la gran vista que tenía aún cuando no había siquiera entrado en la zona. Pronto el genin avanzaría hasta adentrarse finalmente, dejando atrás a unos cuantos guardias que caminaban marchantes y firmes custodiando las adyacencias de Tanzaku.<br />
<br />
Lo que encontró adentro fue muy diverso, desde puestos independientes en las avenidas donde vendían desde comida hasta prendas de vestir, hasta transeúntes mercaderes, algún gitano prestidigitador amante del dinero fácil e incluso los voceros que invitaban a la gente a adentrarse en sus grandes locales, muchos de ellos no permitidos para personas de corta edad. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: slategray;" class="mycode_color">«Y bien... ¿qué puedo hacer primero?»</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Caminos sin destinos.]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-caminos-sin-destinos</link>
			<pubDate>Thu, 09 Jul 2015 19:44:58 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Ichiro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-caminos-sin-destinos</guid>
			<description><![CDATA[Recién llegado, sin rumbo. Llovía en la fría ciudad, un paisaje gris predominaba en aquella escena, los pies mojados una capa negra que cubrían al shinobi desde la cabeza con una capucha, hasta la mitad de la pierna. Debajo su ropa normal, una campera y una bufanda. Su cara era la única parte de piel que dejaba al descubierto.<br />
<br />
Aunque el agua caía, debido a su poca intensidad, dejaba ver con total libertad las lejanías de la aldea. Ichiro se adentró poco a poco, lentamente, buscando alguien que le ayudara a encontrar el edificio más alto, su objetivo. En su camino se cruzó con varias personas, que sin saber quiénes eran, les buscaba los ojos para tener un cruce de miradas y así empezar una conversación, que le ayudara en su búsqueda, o hacer más amigable aquel triste panorama, pero cada una estaba en lo suyo, con mirada perdida, o simplemente pasaban rápido sin prestarle atención. <br />
<br />
*Al parecer la gente de aquí vive muy apurada por la lluvia.<br />
<br />
Pensó el joven para si mismo luego de varios intentos frustrados de tratar de comunicarse.<br />
Un ardor de garganta y una toz seca que a veces lo obligaba a frenar para intentar aliviarse eran sus únicos compañeros en ese instante.<br />
<br />
Siguió caminando, pisando charcos, apreciando las construcciones de sementó, algunas con detalles de colores, pero por lo general opacos. Aunque lento y sin rumbo, era la primera visita de Ichiro a la villa e iba entretenido apreciando el paisaje de la misma. Sin aviso volvió a toser fuertemente, tanto que esta vez lo hizo auto golpearse el pecho, intentando de alguna manera, sacar lo que, con la tos no podía.<br />
<br />
Luego de un suspiro con la cabeza gacha, se reincorporo y antes de empezar la marcha nuevamente, a lo lejos diviso al fondo de la calle, una mayor iluminación de esta.<br />
El joven no tenía idea de dónde provenía la luz, pero tras caminar mucho tiempo en las sombras de aquellas calles grisáceas se sintió fuertemente atraído a ese lugar. Casi sin prestar atención a su alrededor, mantuvo la mirada fija para tratar de divisar que manifestaba la luminiscencia.<br />
Así camino sin pausa tratando de llegar a la parte de la calle alumbrada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Recién llegado, sin rumbo. Llovía en la fría ciudad, un paisaje gris predominaba en aquella escena, los pies mojados una capa negra que cubrían al shinobi desde la cabeza con una capucha, hasta la mitad de la pierna. Debajo su ropa normal, una campera y una bufanda. Su cara era la única parte de piel que dejaba al descubierto.<br />
<br />
Aunque el agua caía, debido a su poca intensidad, dejaba ver con total libertad las lejanías de la aldea. Ichiro se adentró poco a poco, lentamente, buscando alguien que le ayudara a encontrar el edificio más alto, su objetivo. En su camino se cruzó con varias personas, que sin saber quiénes eran, les buscaba los ojos para tener un cruce de miradas y así empezar una conversación, que le ayudara en su búsqueda, o hacer más amigable aquel triste panorama, pero cada una estaba en lo suyo, con mirada perdida, o simplemente pasaban rápido sin prestarle atención. <br />
<br />
*Al parecer la gente de aquí vive muy apurada por la lluvia.<br />
<br />
Pensó el joven para si mismo luego de varios intentos frustrados de tratar de comunicarse.<br />
Un ardor de garganta y una toz seca que a veces lo obligaba a frenar para intentar aliviarse eran sus únicos compañeros en ese instante.<br />
<br />
Siguió caminando, pisando charcos, apreciando las construcciones de sementó, algunas con detalles de colores, pero por lo general opacos. Aunque lento y sin rumbo, era la primera visita de Ichiro a la villa e iba entretenido apreciando el paisaje de la misma. Sin aviso volvió a toser fuertemente, tanto que esta vez lo hizo auto golpearse el pecho, intentando de alguna manera, sacar lo que, con la tos no podía.<br />
<br />
Luego de un suspiro con la cabeza gacha, se reincorporo y antes de empezar la marcha nuevamente, a lo lejos diviso al fondo de la calle, una mayor iluminación de esta.<br />
El joven no tenía idea de dónde provenía la luz, pero tras caminar mucho tiempo en las sombras de aquellas calles grisáceas se sintió fuertemente atraído a ese lugar. Casi sin prestar atención a su alrededor, mantuvo la mirada fija para tratar de divisar que manifestaba la luminiscencia.<br />
Así camino sin pausa tratando de llegar a la parte de la calle alumbrada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Por un mundo mejor]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-por-un-mundo-mejor</link>
			<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 16:51:37 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Yoshimitsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-por-un-mundo-mejor</guid>
			<description><![CDATA["<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Maldita sea!</span></span>"<br />
<br />
El invierno entró este año desapercibido, me levanté temprano y a diferencia de otros días, hoy estaba completamente oscuro, el cielo estaba encapotado y llovía bastante. El agua martilleaba el tejado sin descanso, la verdad es que era relajante aquel sonido, pero sabía que debía salir y es cuando ya no me parecería tan divertida la lluvia.<br />
<br />
Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina, tomé un poco de pan como desayuno y salí al exterior. Como supuse, el frío en ésta época del año junto con la lluvia, sería una mala combinación, pero sirvió para que me espabilara en el acto, me cerré la túnica lo más que pude y me dirigí nuevamente hacía el edificio del Morikage, en busca de algo provechoso que hacer.<br />
<br />
Recorrí las calles abandonadas, repletas de innumerables charcos de todos los tamaños, solo podía ver alguna que otra ventana iluminada y poco más, de repente, algo rompió aquel sonido monótono de la lluvia al caer.<br />
<br />
-<span style="color: red;" class="mycode_color">Has madrugado mucho ésta vez</span>. Pude escuchar desde las alturas, alcé la mirada en busca de aquella voz y se trataba de mi amigo Kintaro, ataviado con su icónica máscara demoníaca. Estaba de pie sobre un muro, con los brazos cruzados, observándome impasible.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Buenos días...por decir algo...</span><br />
<br />
-<span style="color: red;" class="mycode_color">¿Que pasa con ese ánimo?¿No te gusta la lluvia? Los días lluviosos me parecen fantásticos, el ruido de la lluvia y de los relámpagos son ideales para hacernos todavía más invisibles</span>. Mientras hablaba sobre lo fantástica que era la lluvia, Kintaro descruzó los brazos y rebuscó entre los bolsillos de su chaleco.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Si, si...lo que tu digas</span>. Dije no muy entusiasmado, mientras rebuscaba.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Ajá! Aquí tienes Yoshimitsu, una nueva tarea para que no te aburras. Eres idóneo para este trabajo</span>. Me arrojó un pequeño pergamino enrollado.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Oh! eso está bien</span>. Sonreí gratamente.<br />
<br />
-<span style="color: red;" class="mycode_color">Bueno, lee en un lugar menos húmedo el pergamino, está todo perfectamente detallado. Básicamente debes viajar a los bosques del país del fuego y acabar con una pequeña rebelión</span>. <br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Me parece bien</span>. Dije poniendo voz seria.<br />
<br />
Kintaro asintió con un brusco gesto de cabeza y desapareció como de costumbre, rodeado de un denso humo negro delante de mis ojos. -<span style="color: red;" class="mycode_color">Contamos contigo Yoshimitsu...</span>Habló desde la nada.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Muy bien, vamos para allá</span></span>"<br />
<br />
Me dirigía hacía mi nuevo destino, con mi mapa en mano y siguiendo los caminos, no tenía perdida. En poco más de un día llegué a mi destino. Tiempo más que suficiente para leer el pergamino unas cuantas veces. Se trataba de un pequeño asentamiento de revolucionarios que estaban talando el árboles para confeccionar armas de asedio, querían perpetrar un pequeño golpe de estado en una aldea vecina de comerciantes muy prospera. <br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Vamos que la quieren saquear hasta los cimientos</span></span>"<br />
<br />
Mi misión era destruir todas las maquinas de asedio y, si podía matar al cacique de aquel movimiento, mejor que mejor. Estando ya más o menos cerca del lugar me guardé mi hitai-ate por si las moscas. En el país del fuego también llovia, y como bien dijo Kintaro, eso me daría ventaja  en un ataque por sorpresa, algo que me gustaría aprovechar.<br />
<br />
Seguía por uno de los caminos que habían por los bosques del país del fuego, esos que están hechos sobre la tierra por el pasar de los carromatos. Pude observar que había una chica justo delante mía, me acercaría para tratar de averiguar algo, tenía un color de pelo azul oscuro muy peculiar, a juego con su túnica.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Hola niña!</span> Alcé la voz para que esta pudiera oír a través de la lluvia. -<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Eres de por aquí?</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA["<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Maldita sea!</span></span>"<br />
<br />
El invierno entró este año desapercibido, me levanté temprano y a diferencia de otros días, hoy estaba completamente oscuro, el cielo estaba encapotado y llovía bastante. El agua martilleaba el tejado sin descanso, la verdad es que era relajante aquel sonido, pero sabía que debía salir y es cuando ya no me parecería tan divertida la lluvia.<br />
<br />
Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina, tomé un poco de pan como desayuno y salí al exterior. Como supuse, el frío en ésta época del año junto con la lluvia, sería una mala combinación, pero sirvió para que me espabilara en el acto, me cerré la túnica lo más que pude y me dirigí nuevamente hacía el edificio del Morikage, en busca de algo provechoso que hacer.<br />
<br />
Recorrí las calles abandonadas, repletas de innumerables charcos de todos los tamaños, solo podía ver alguna que otra ventana iluminada y poco más, de repente, algo rompió aquel sonido monótono de la lluvia al caer.<br />
<br />
-<span style="color: red;" class="mycode_color">Has madrugado mucho ésta vez</span>. Pude escuchar desde las alturas, alcé la mirada en busca de aquella voz y se trataba de mi amigo Kintaro, ataviado con su icónica máscara demoníaca. Estaba de pie sobre un muro, con los brazos cruzados, observándome impasible.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Buenos días...por decir algo...</span><br />
<br />
-<span style="color: red;" class="mycode_color">¿Que pasa con ese ánimo?¿No te gusta la lluvia? Los días lluviosos me parecen fantásticos, el ruido de la lluvia y de los relámpagos son ideales para hacernos todavía más invisibles</span>. Mientras hablaba sobre lo fantástica que era la lluvia, Kintaro descruzó los brazos y rebuscó entre los bolsillos de su chaleco.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Si, si...lo que tu digas</span>. Dije no muy entusiasmado, mientras rebuscaba.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Ajá! Aquí tienes Yoshimitsu, una nueva tarea para que no te aburras. Eres idóneo para este trabajo</span>. Me arrojó un pequeño pergamino enrollado.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Oh! eso está bien</span>. Sonreí gratamente.<br />
<br />
-<span style="color: red;" class="mycode_color">Bueno, lee en un lugar menos húmedo el pergamino, está todo perfectamente detallado. Básicamente debes viajar a los bosques del país del fuego y acabar con una pequeña rebelión</span>. <br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Me parece bien</span>. Dije poniendo voz seria.<br />
<br />
Kintaro asintió con un brusco gesto de cabeza y desapareció como de costumbre, rodeado de un denso humo negro delante de mis ojos. -<span style="color: red;" class="mycode_color">Contamos contigo Yoshimitsu...</span>Habló desde la nada.<br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Muy bien, vamos para allá</span></span>"<br />
<br />
Me dirigía hacía mi nuevo destino, con mi mapa en mano y siguiendo los caminos, no tenía perdida. En poco más de un día llegué a mi destino. Tiempo más que suficiente para leer el pergamino unas cuantas veces. Se trataba de un pequeño asentamiento de revolucionarios que estaban talando el árboles para confeccionar armas de asedio, querían perpetrar un pequeño golpe de estado en una aldea vecina de comerciantes muy prospera. <br />
<br />
"<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: lightblue;" class="mycode_color">Vamos que la quieren saquear hasta los cimientos</span></span>"<br />
<br />
Mi misión era destruir todas las maquinas de asedio y, si podía matar al cacique de aquel movimiento, mejor que mejor. Estando ya más o menos cerca del lugar me guardé mi hitai-ate por si las moscas. En el país del fuego también llovia, y como bien dijo Kintaro, eso me daría ventaja  en un ataque por sorpresa, algo que me gustaría aprovechar.<br />
<br />
Seguía por uno de los caminos que habían por los bosques del país del fuego, esos que están hechos sobre la tierra por el pasar de los carromatos. Pude observar que había una chica justo delante mía, me acercaría para tratar de averiguar algo, tenía un color de pelo azul oscuro muy peculiar, a juego con su túnica.<br />
<br />
-<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Hola niña!</span> Alcé la voz para que esta pudiera oír a través de la lluvia. -<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Eres de por aquí?</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La Segunda oportunidad: Nada o ahogate]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-segunda-oportunidad-nada-o-ahogate</link>
			<pubDate>Sat, 04 Jul 2015 22:40:12 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-segunda-oportunidad-nada-o-ahogate</guid>
			<description><![CDATA[El sol aún no había aparecido en el horizonte, no del todo, al menos. El amanecer estaba por comenzar. A esas horas, no mucha gente se atrevería a salir de la calle, cualquier persona decente se encontraría durmiendo, o haciendo cosas mejores que dar un paseo en mitad de la noche por la villa.<br />
<br />
Pero claro, en la villa de Uzushiogakure no todo el mundo podía permitirse el lujo de tener esos pensamientos. Cuatro personas tenían una cita más que importante, en las tranquilas costas del remolino. Quizá por castigo, quizá simplemente para favorecer el respeto, pero Kureji Shiori se había encargado de que sus alumnos madrugaran.<br />
<br />
En ese momento, antes de que el sol amenzase con salir y marcar el cielo con sus rayos de luz, Juro se encontraba caminando a través de las calles, con un rumbo más que fijo. Estaba más que preparado. Se había despertado con antelación, todo para no llegar tarde. Había ido miles de veces a la playa, aun así llevaba un pequeño plano, que había doblado varias veces hasta formar un pequeño cuadrado, colocable en su bolsillo.<br />
<br />
Aun con todo, tumo una desviación equivocada, pero pudo corregirse antes de caminar demasiado. Había conseguido que su hermana le despertase a tiempo — aunque ahora le debía un favor— <br />
<br />
Mientras caminaba, ya irremediablemente hacia la playa, emitió un bostezo, era bastante raro estar tan despierto. Había estado tentado de darse un golpe contra la pared para espabilarse, pero decidiendo que eso no era lo mejor que podía hacer, utilizo el agua fría como sustitutivo. Una y otra vez hacia su cara, hasta espabilarse...<br />
<br />
Aun no podía evitar un pequeño zumbido en su cabeza, a causa de la falta de sueño, y el pensamiento de lo mal que lo iba a pasar después. Puso una mano inconscientemente en el rollo que tenía guardado en la cintura, junto con su portaobjetos, en el que estaba su marioneta.<br />
<br />
<span style="color: ForestGreen;" class="mycode_color"> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "Pero <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> esto </span>  es ser un ninja" </span> </span>  — En el fondo, el mismo lo sabía.<br />
<br />
Manteniendo la compostura, se adentró en la playa, aun cuando el amanecer no había comenzado. Estaba seguro de que pronto aparecería, pero mientras, cuanto antes llegase mejor. Avanzó un poco, esperando la llegada de sus compañeros y su sensei, por el momento, no veía a nadie...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El sol aún no había aparecido en el horizonte, no del todo, al menos. El amanecer estaba por comenzar. A esas horas, no mucha gente se atrevería a salir de la calle, cualquier persona decente se encontraría durmiendo, o haciendo cosas mejores que dar un paseo en mitad de la noche por la villa.<br />
<br />
Pero claro, en la villa de Uzushiogakure no todo el mundo podía permitirse el lujo de tener esos pensamientos. Cuatro personas tenían una cita más que importante, en las tranquilas costas del remolino. Quizá por castigo, quizá simplemente para favorecer el respeto, pero Kureji Shiori se había encargado de que sus alumnos madrugaran.<br />
<br />
En ese momento, antes de que el sol amenzase con salir y marcar el cielo con sus rayos de luz, Juro se encontraba caminando a través de las calles, con un rumbo más que fijo. Estaba más que preparado. Se había despertado con antelación, todo para no llegar tarde. Había ido miles de veces a la playa, aun así llevaba un pequeño plano, que había doblado varias veces hasta formar un pequeño cuadrado, colocable en su bolsillo.<br />
<br />
Aun con todo, tumo una desviación equivocada, pero pudo corregirse antes de caminar demasiado. Había conseguido que su hermana le despertase a tiempo — aunque ahora le debía un favor— <br />
<br />
Mientras caminaba, ya irremediablemente hacia la playa, emitió un bostezo, era bastante raro estar tan despierto. Había estado tentado de darse un golpe contra la pared para espabilarse, pero decidiendo que eso no era lo mejor que podía hacer, utilizo el agua fría como sustitutivo. Una y otra vez hacia su cara, hasta espabilarse...<br />
<br />
Aun no podía evitar un pequeño zumbido en su cabeza, a causa de la falta de sueño, y el pensamiento de lo mal que lo iba a pasar después. Puso una mano inconscientemente en el rollo que tenía guardado en la cintura, junto con su portaobjetos, en el que estaba su marioneta.<br />
<br />
<span style="color: ForestGreen;" class="mycode_color"> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> "Pero <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> esto </span>  es ser un ninja" </span> </span>  — En el fondo, el mismo lo sabía.<br />
<br />
Manteniendo la compostura, se adentró en la playa, aun cuando el amanecer no había comenzado. Estaba seguro de que pronto aparecería, pero mientras, cuanto antes llegase mejor. Avanzó un poco, esperando la llegada de sus compañeros y su sensei, por el momento, no veía a nadie...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un pequeño descanso]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-pequeno-descanso</link>
			<pubDate>Sat, 04 Jul 2015 11:16:01 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Blame</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[Los tiempos se hacían difíciles, o al menos raros. La paz que un día reinaba bajo la mirada de los señores feudales, ahora estaban bajo la mirada de un solo hombre, y las naciones ninja se hacían de valer de sí mismas. Habían llegado incluso a establecer un cuartel general en cada capital, volviendo éstas un claro punto de conflicto-protección, pues donde se acumulan armas.... tarde o temprano surge la guerra.<br />
<br />
Con el paso de los días, el rubio había acumulado algo de estrés, y no tardó demasiado en comprender que necesitaba un descanso, una pequeña temporada de relax. Últimamente había tenido unos viajes muy moviditos, y era hora de tomarse lo que merecía. No todo ha de ser trabajo en ésta vida. Tras informar a su familia, su propio tío le dijo que le acompañaría en la aventura en ésta ocasión. Ésto podía ser bueno y a la vez malo, pues éste familiar suyo era un tanto... "gracioso". Lo que sí podía tener en constancia, era que al menos no perdería mas tiempo buscando el lugar de descanso que en él. Eso ya era bastante...<br />
<br />
Su tío fue quien decidió el lugar de descanso, y al parecer eran unas pequeñas islas, fuera del archipiélago. De ahí se suponía que venía la mayor parte de té del archipiélago, lo cual venía a ser mucho. Además, su retiro y poca atracción turística eran perfectas, el sitio ideal para un descanso relajado y carente de ruidos.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Allí es donde te dije, chaval. Agárrate los machos, que vas a fliparlo. —</span><br />
<br />
El chico observó como a lo lejos se disponían unas cuantas islas. Frente a él, el agua cristalina daba lejanía a éstas, y a su diestra, un embarcadero ofrecía un viaje a los que quisieran viajar hasta las mencionadas islas. El paseo no era caro, y siempre sería mas comodo que andar sobre las aguas por tanto rato.<br />
<br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— Pintan bien, tito... aunque. ¿Vamos a pillar una barcucha, o vamos a pié? —</span> Preguntó el rubio.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Lo mejor será que vayamos a pié, es lo mas fiable. —</span><br />
<br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— ¿Lo mejor y mas fiable? ¿O lo mejor para tu bolsillo? —</span> Le volvió a preguntar, con los ojos entrecerrados.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Lo mejor para todo, hasta para mi bolsillo. —</span> Respondió sin ningún pudor.<br />
<br />
El hombre comenzó a andar, bajo los pies una capa de chakra. Como si andase por la tierra, comenzó a pasear por encima del agua, de manera casi bíblica. El mas joven le siguió cabizbajo, de capa caída...<br />
<br />
No tardaron demasiado en recorrer las distancias que separaban el muelle de la primera de las islas, bueno... en realidad si que se tomaron un buen rato. Al final, terminaron por tocar la arena de la playa con sus sandalias. El rubio echó una ojeada a su alrededor, y observó que allí solo había naturaleza. No parecía haber rastro de civilización alguna, salvo otra barca que a saber cuanto tiempo llevaría allí. La playa se veía hermosa, de cristalinas aguas y arena mas fina que la cabeza de una aguja.<br />
<br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— Tito.... ¿Por qué no nos quedamos aquí un rato? Después vamos hacia el pueblo ese... —</span> Sugirió el joven.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Nanai de la china! Que ya pagué un adelanto, y si no llegamos pronto, se pierde el adelanto y la habitación. —</span><br />
<br />
El chico dejó caer un suspiro, y de nuevo lució cabizbajo. Se disponía a seguir a su familiar, que a cada momento le parecía mas tacaño, pero de pronto, le puso una mano sobre el hombro.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Pero oye, que solo tiene que ir uno. Tú puedes quedarte aquí y disfrutar un poquito, yo voy y tomo las llaves de la habitación, y vuelvo. ¿Te parece? —</span><br />
<br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— Gracias! —</span><br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Nos vemos en un rato. —</span><br />
<br />
Dicho ésto, su tío desapareció entre la maleza de mas adelante. Entre tanto, el rubio tomó posición en mitad de la playa, y se dejó caer hacia detrás cual saco de papas. Desplomado sobre la arena, no hizo mas que lo que venía a hacer, relajarse. Cerró los ojos, y quedó bajo la leve luz del sol. Pese a ser apenas medio día, el astro apenas otorgaba calor... cosas del invierno.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Los tiempos se hacían difíciles, o al menos raros. La paz que un día reinaba bajo la mirada de los señores feudales, ahora estaban bajo la mirada de un solo hombre, y las naciones ninja se hacían de valer de sí mismas. Habían llegado incluso a establecer un cuartel general en cada capital, volviendo éstas un claro punto de conflicto-protección, pues donde se acumulan armas.... tarde o temprano surge la guerra.<br />
<br />
Con el paso de los días, el rubio había acumulado algo de estrés, y no tardó demasiado en comprender que necesitaba un descanso, una pequeña temporada de relax. Últimamente había tenido unos viajes muy moviditos, y era hora de tomarse lo que merecía. No todo ha de ser trabajo en ésta vida. Tras informar a su familia, su propio tío le dijo que le acompañaría en la aventura en ésta ocasión. Ésto podía ser bueno y a la vez malo, pues éste familiar suyo era un tanto... "gracioso". Lo que sí podía tener en constancia, era que al menos no perdería mas tiempo buscando el lugar de descanso que en él. Eso ya era bastante...<br />
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Su tío fue quien decidió el lugar de descanso, y al parecer eran unas pequeñas islas, fuera del archipiélago. De ahí se suponía que venía la mayor parte de té del archipiélago, lo cual venía a ser mucho. Además, su retiro y poca atracción turística eran perfectas, el sitio ideal para un descanso relajado y carente de ruidos.<br />
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<span style="color: green;" class="mycode_color">— Allí es donde te dije, chaval. Agárrate los machos, que vas a fliparlo. —</span><br />
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El chico observó como a lo lejos se disponían unas cuantas islas. Frente a él, el agua cristalina daba lejanía a éstas, y a su diestra, un embarcadero ofrecía un viaje a los que quisieran viajar hasta las mencionadas islas. El paseo no era caro, y siempre sería mas comodo que andar sobre las aguas por tanto rato.<br />
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<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— Pintan bien, tito... aunque. ¿Vamos a pillar una barcucha, o vamos a pié? —</span> Preguntó el rubio.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Lo mejor será que vayamos a pié, es lo mas fiable. —</span><br />
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<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— ¿Lo mejor y mas fiable? ¿O lo mejor para tu bolsillo? —</span> Le volvió a preguntar, con los ojos entrecerrados.<br />
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<span style="color: green;" class="mycode_color">— Lo mejor para todo, hasta para mi bolsillo. —</span> Respondió sin ningún pudor.<br />
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El hombre comenzó a andar, bajo los pies una capa de chakra. Como si andase por la tierra, comenzó a pasear por encima del agua, de manera casi bíblica. El mas joven le siguió cabizbajo, de capa caída...<br />
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No tardaron demasiado en recorrer las distancias que separaban el muelle de la primera de las islas, bueno... en realidad si que se tomaron un buen rato. Al final, terminaron por tocar la arena de la playa con sus sandalias. El rubio echó una ojeada a su alrededor, y observó que allí solo había naturaleza. No parecía haber rastro de civilización alguna, salvo otra barca que a saber cuanto tiempo llevaría allí. La playa se veía hermosa, de cristalinas aguas y arena mas fina que la cabeza de una aguja.<br />
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<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— Tito.... ¿Por qué no nos quedamos aquí un rato? Después vamos hacia el pueblo ese... —</span> Sugirió el joven.<br />
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<span style="color: green;" class="mycode_color">— Nanai de la china! Que ya pagué un adelanto, y si no llegamos pronto, se pierde el adelanto y la habitación. —</span><br />
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El chico dejó caer un suspiro, y de nuevo lució cabizbajo. Se disponía a seguir a su familiar, que a cada momento le parecía mas tacaño, pero de pronto, le puso una mano sobre el hombro.<br />
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<span style="color: green;" class="mycode_color">— Pero oye, que solo tiene que ir uno. Tú puedes quedarte aquí y disfrutar un poquito, yo voy y tomo las llaves de la habitación, y vuelvo. ¿Te parece? —</span><br />
<br />
<span style="color: seagreen;" class="mycode_color">— Gracias! —</span><br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— Nos vemos en un rato. —</span><br />
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Dicho ésto, su tío desapareció entre la maleza de mas adelante. Entre tanto, el rubio tomó posición en mitad de la playa, y se dejó caer hacia detrás cual saco de papas. Desplomado sobre la arena, no hizo mas que lo que venía a hacer, relajarse. Cerró los ojos, y quedó bajo la leve luz del sol. Pese a ser apenas medio día, el astro apenas otorgaba calor... cosas del invierno.]]></content:encoded>
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