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		<title><![CDATA[NinjaWorld - La Mediana Roja]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 06:05:50 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Se necesita un monstruo para matar a otro]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-se-necesita-un-monstruo-para-matar-a-otro</link>
			<pubDate>Sun, 25 Oct 2020 01:04:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1">Sama-sama</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Datsue al habla. Uso la trama con hueco de <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">ROL</span> <span style="color: red;" class="mycode_color">MASTER</span></div>
    </div>
</div>
<br />
Era una tarde tranquila en Zawara, una aldea costera situada no muy lejos del gran puente que la conectaba con su hermana mayor, La Capital. Zawara era una pequeña villa rural, cuyas gentes se dedicaban, como no, a cultivar el té rojo. Enormes extensiones de campos se situaban alrededor de las casas, plagados de las características plantas de casi dos metros de altura de la que se extraía el famoso té de la región. <br />
<br />
Pese a que no era un sitio donde los turistas soliesen hospedarse, no era extraño ver en su única taberna a gente foránea, extranjeros de todas partes del mundo que habían venido a ver las famosas Islas del Té y paraba para tomar un trago —probar el té rojo era obligatorio, por supuesto—. <br />
<br />
Un cartel destartalado daba nombre al local: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mar Rojo</span>. Era de planta única, de aspecto humilde y en la que lo más emocionante que estaba ocurriendo era el duelo sin cuartel que se estaba fraguando entre dos hombres de barba larga. Un duelo al shōgi, cabe recalcar. La mayoría de la clientela se concentraba alrededor de ellos dos y observaba, entre comentarios jocosos y bromas de tanto en tanto, la larga partida. Otros charlaban sobre lo buena que había salido la cosecha junto a la barra. Otros pocos bebían en soledad. Uno de ellos, un hombre de pelo largo, barba recortada y ojos muy azules. <br />
<br />
De pronto, la puerta de la taberna se abrió de golpe. Un hombre manchado de tierra y la cara empapada en sudor apareció al otro lado. Cayó de rodillas mientras trataba de recuperar el aliento. <br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">A… A… ¡¡¡AYUDA!!!</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Datsue al habla. Uso la trama con hueco de <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">ROL</span> <span style="color: red;" class="mycode_color">MASTER</span></div>
    </div>
</div>
<br />
Era una tarde tranquila en Zawara, una aldea costera situada no muy lejos del gran puente que la conectaba con su hermana mayor, La Capital. Zawara era una pequeña villa rural, cuyas gentes se dedicaban, como no, a cultivar el té rojo. Enormes extensiones de campos se situaban alrededor de las casas, plagados de las características plantas de casi dos metros de altura de la que se extraía el famoso té de la región. <br />
<br />
Pese a que no era un sitio donde los turistas soliesen hospedarse, no era extraño ver en su única taberna a gente foránea, extranjeros de todas partes del mundo que habían venido a ver las famosas Islas del Té y paraba para tomar un trago —probar el té rojo era obligatorio, por supuesto—. <br />
<br />
Un cartel destartalado daba nombre al local: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mar Rojo</span>. Era de planta única, de aspecto humilde y en la que lo más emocionante que estaba ocurriendo era el duelo sin cuartel que se estaba fraguando entre dos hombres de barba larga. Un duelo al shōgi, cabe recalcar. La mayoría de la clientela se concentraba alrededor de ellos dos y observaba, entre comentarios jocosos y bromas de tanto en tanto, la larga partida. Otros charlaban sobre lo buena que había salido la cosecha junto a la barra. Otros pocos bebían en soledad. Uno de ellos, un hombre de pelo largo, barba recortada y ojos muy azules. <br />
<br />
De pronto, la puerta de la taberna se abrió de golpe. Un hombre manchado de tierra y la cara empapada en sudor apareció al otro lado. Cayó de rodillas mientras trataba de recuperar el aliento. <br />
<br />
—<span style="color: red;" class="mycode_color">A… A… ¡¡¡AYUDA!!!</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Zarpemos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-zarpemos</link>
			<pubDate>Tue, 20 Nov 2018 00:14:41 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-zarpemos</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ni se te ocurra salir así a la calle.</span>»</span></div>
<br />
Kokuō ignoró deliberadamente la voz irritada de Ayame y ultimó los detalles en su peinado.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¡Te lo advierto! Ni-Se-Te-Ocurra.</span>»</span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Y si no qué va a hacer, señorita?</span> —terminó por ceder, irritada ante la insistencia de la muchacha—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Le recuerdo que este ya no es su cuerpo.</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Te pienso dar la tabarra todo el maldito día. ¡Gritaré todo el rato, hasta que te duela la cabeza! ¡Y sigue siendo mi cuerpo, por mucho que ahora tú lo controles! ¡Así que quítate eso ahora mismo!</span>»</span></div>
<br />
Cuatro coletas, ni más ni menos. Ni una. Ni dos. Ni tres. Cuatro. Kokuō se había peinado el pelo con cuatro malditas coletas que ahora caían hacia la parte posterior de su cabeza, como una burda imitación de sus cuernos perdidos. Y no le decía nada de la ropa porque ya era un caso perdido: había sustituido la habitual indumentaria de Ayame por un kimono blanco de mangas largas y amplias y rebordes de color crema, ceñido a la cintura por un cinturón rojo, y, cubriendo sus piernas, una falda larga dividida en cinco pliegues (tres por detrás y dos por delante) que quedaban por encima de unos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">shorts</span> también de color crema.¡Pero las coletas no iba a consentirlas!<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Ah, ¿que iba a gritar más de lo normal?</span> —Pero Kokuō terminó por resoplar, rendida ante la obstinación de Ayame y deshizo el peinado, liberando los largos cabellos níveos sobre sus hombros y su espalda.<br />
<br />
Ayame debía haberse dado por satisfecha, porque no respondió más. Tras ultimar los detalles, Kokuō se separó del espejo y salió de la habitación. Bajó las escaleras, hasta la recepción de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Hoja Roja</span> y tras una educada despedida dejó la llave de la habitación en la que se había estado hospedando y salió de la posada de camino al puerto. <br />
<br />
Había pasado casi una semana desde lo ocurrido en el Valle del Fin y desde su encuentro con Datsue y Juro en el Bosque de Hongos del País de los Bosques. Después de huir precipitadamente para no ser capturada de nuevo, Kokuō había estado viajando de forma incansable hacia el este. El bosque enseguida se dispersó para dar lugar a los Arrozales del Silencio, y fue allí donde se dio de bruces con la realidad. Si quería llegar a su destino, tendría que tomar un barco. Cruzar las aguas andando o volando no era una opción, aquel débil cuerpo humano no soportaría una esfuerzo así. Ni siquiera nadando en su medio natural como Hōzuki que era. Así que su viaje se vio desviado hacia el sur, para adentrarse en el País de los Remolinos y desde ahí hasta Yamiria y después las Islas del Té, donde se encontraba ahora. Las primeras noches fueron las peores que había pasado nunca. En el silencio y la oscuridad, los fantasmas abundaban e invadían las mentes. Y Ayame no dejaba de llorar. Rendida a su destino a aquellas alturas, ya había dejado de suplicarle que la liberara y la dejara volver a Amegakure, pero Kokuō seguía escuchando sus silenciosos sollozos. Y ella era incapaz de descansar. <br />
<br />
Era difícil pensar que aquella débil criatura era la misma criatura que la irritaba tanto en cuanto salía el sol.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Ni se te ocurra salir así a la calle.</span>»</span></div>
<br />
Kokuō ignoró deliberadamente la voz irritada de Ayame y ultimó los detalles en su peinado.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">¡Te lo advierto! Ni-Se-Te-Ocurra.</span>»</span></div>
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—¿Y si no qué va a hacer, señorita?</span> —terminó por ceder, irritada ante la insistencia de la muchacha—. <span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">Le recuerdo que este ya no es su cuerpo.</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Te pienso dar la tabarra todo el maldito día. ¡Gritaré todo el rato, hasta que te duela la cabeza! ¡Y sigue siendo mi cuerpo, por mucho que ahora tú lo controles! ¡Así que quítate eso ahora mismo!</span>»</span></div>
<br />
Cuatro coletas, ni más ni menos. Ni una. Ni dos. Ni tres. Cuatro. Kokuō se había peinado el pelo con cuatro malditas coletas que ahora caían hacia la parte posterior de su cabeza, como una burda imitación de sus cuernos perdidos. Y no le decía nada de la ropa porque ya era un caso perdido: había sustituido la habitual indumentaria de Ayame por un kimono blanco de mangas largas y amplias y rebordes de color crema, ceñido a la cintura por un cinturón rojo, y, cubriendo sus piernas, una falda larga dividida en cinco pliegues (tres por detrás y dos por delante) que quedaban por encima de unos <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">shorts</span> también de color crema.¡Pero las coletas no iba a consentirlas!<br />
<br />
<span style="color: navajowhite;" class="mycode_color">—Ah, ¿que iba a gritar más de lo normal?</span> —Pero Kokuō terminó por resoplar, rendida ante la obstinación de Ayame y deshizo el peinado, liberando los largos cabellos níveos sobre sus hombros y su espalda.<br />
<br />
Ayame debía haberse dado por satisfecha, porque no respondió más. Tras ultimar los detalles, Kokuō se separó del espejo y salió de la habitación. Bajó las escaleras, hasta la recepción de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">La Hoja Roja</span> y tras una educada despedida dejó la llave de la habitación en la que se había estado hospedando y salió de la posada de camino al puerto. <br />
<br />
Había pasado casi una semana desde lo ocurrido en el Valle del Fin y desde su encuentro con Datsue y Juro en el Bosque de Hongos del País de los Bosques. Después de huir precipitadamente para no ser capturada de nuevo, Kokuō había estado viajando de forma incansable hacia el este. El bosque enseguida se dispersó para dar lugar a los Arrozales del Silencio, y fue allí donde se dio de bruces con la realidad. Si quería llegar a su destino, tendría que tomar un barco. Cruzar las aguas andando o volando no era una opción, aquel débil cuerpo humano no soportaría una esfuerzo así. Ni siquiera nadando en su medio natural como Hōzuki que era. Así que su viaje se vio desviado hacia el sur, para adentrarse en el País de los Remolinos y desde ahí hasta Yamiria y después las Islas del Té, donde se encontraba ahora. Las primeras noches fueron las peores que había pasado nunca. En el silencio y la oscuridad, los fantasmas abundaban e invadían las mentes. Y Ayame no dejaba de llorar. Rendida a su destino a aquellas alturas, ya había dejado de suplicarle que la liberara y la dejara volver a Amegakure, pero Kokuō seguía escuchando sus silenciosos sollozos. Y ella era incapaz de descansar. <br />
<br />
Era difícil pensar que aquella débil criatura era la misma criatura que la irritaba tanto en cuanto salía el sol.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La bestia de Akachamura]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-bestia-de-akachamura</link>
			<pubDate>Fri, 10 Aug 2018 18:51:46 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-bestia-de-akachamura</guid>
			<description><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: orangered;" class="mycode_color">Flama</span>, <span style="color: gold;" class="mycode_color">Verano</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
Con la inminente llegada de los exámenes de ascenso a rango chuunin, Uzushiogakure estaba patas arriba. Toda la Aldea se esforzaba —civiles y ninjas por igual— en finalizar con los preparativos necesarios para acoger tan renombrado evento lo antes posible; eso incluía a muchos shinobi de alto rango como Akame que, aunque no se presentaban, sí debían estar listos y dispuestos para cualquier tipo de emergencia que pudiera surgir durante la celebración de las pruebas. <br />
<br />
Por aquello mismo, el habitual ritmo de trabajo del joven Uchiha se había visto volcado hacia otros derroteros, y cada vez le era más difícil mantener su habitual calma. Fue por eso que, apenas llegó el primer día libre antes de Ceniza, Akame empacó unas cuantas prendas en su vieja mochila militar, se calzó un bañador y unas chanclas, y tomó el primer barco hacia las Islas del Té. Aquel pequeño archipiélago era un popular destino turístico, conocido no sólo en Uzu no Kuni sino en todo Oonindo. La calidad de su té, la belleza de sus paisajes y la amabilidad de los lugareños —acostumbrados a recibir a extranjeros— las convertían en un excelente destino de retiro para pasar unos días de desconexión. <br />
<br />
Así, Akame terminó plantándose en La Mediana Roja; quería, no sólo probar su famoso té, sino también relajarse en las playas de la isla. Su barco llegó por la mañana temprano, y apenas pasó por el hostal en el que había alquilado una habitación para una noche —lo necesario para registrar su llegada y dejar la mochila— antes de bajar a la playa. Por suerte, el hotelito estaba situado en un pueblo cercano tanto al puerto principal de la isla como una de las mejores playas; según le habían dicho los habitantes. <br />
<br />
Este pequeño pueblo se llamaba Akachamura, y era bien famoso en todo el archipiélago del Té por su té rojo. Así pues, no sorprendería a nadie ver al joven jōnin tumbado sobre una cómoda hamaca, con un bañador corto de color bermellón y unas chanclas blancas. En su mano izquierda sostenía un libro —"Juego de Kages", del género de la literatura fantástica— y en la derecha un vaso de té rojo con hielo, del que bebía con ayuda de una larga pajita. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Ah, esto es vida... Desde luego que podría acostumbrarme</span> —musitó, mientras seguía leyendo su libro por encima de unas gafas de sol cuadradas que tenía apoyadas en su nariz aguileña y torcida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: orangered;" class="mycode_color">Flama</span>, <span style="color: gold;" class="mycode_color">Verano</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
Con la inminente llegada de los exámenes de ascenso a rango chuunin, Uzushiogakure estaba patas arriba. Toda la Aldea se esforzaba —civiles y ninjas por igual— en finalizar con los preparativos necesarios para acoger tan renombrado evento lo antes posible; eso incluía a muchos shinobi de alto rango como Akame que, aunque no se presentaban, sí debían estar listos y dispuestos para cualquier tipo de emergencia que pudiera surgir durante la celebración de las pruebas. <br />
<br />
Por aquello mismo, el habitual ritmo de trabajo del joven Uchiha se había visto volcado hacia otros derroteros, y cada vez le era más difícil mantener su habitual calma. Fue por eso que, apenas llegó el primer día libre antes de Ceniza, Akame empacó unas cuantas prendas en su vieja mochila militar, se calzó un bañador y unas chanclas, y tomó el primer barco hacia las Islas del Té. Aquel pequeño archipiélago era un popular destino turístico, conocido no sólo en Uzu no Kuni sino en todo Oonindo. La calidad de su té, la belleza de sus paisajes y la amabilidad de los lugareños —acostumbrados a recibir a extranjeros— las convertían en un excelente destino de retiro para pasar unos días de desconexión. <br />
<br />
Así, Akame terminó plantándose en La Mediana Roja; quería, no sólo probar su famoso té, sino también relajarse en las playas de la isla. Su barco llegó por la mañana temprano, y apenas pasó por el hostal en el que había alquilado una habitación para una noche —lo necesario para registrar su llegada y dejar la mochila— antes de bajar a la playa. Por suerte, el hotelito estaba situado en un pueblo cercano tanto al puerto principal de la isla como una de las mejores playas; según le habían dicho los habitantes. <br />
<br />
Este pequeño pueblo se llamaba Akachamura, y era bien famoso en todo el archipiélago del Té por su té rojo. Así pues, no sorprendería a nadie ver al joven jōnin tumbado sobre una cómoda hamaca, con un bañador corto de color bermellón y unas chanclas blancas. En su mano izquierda sostenía un libro —"Juego de Kages", del género de la literatura fantástica— y en la derecha un vaso de té rojo con hielo, del que bebía con ayuda de una larga pajita. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Ah, esto es vida... Desde luego que podría acostumbrarme</span> —musitó, mientras seguía leyendo su libro por encima de unas gafas de sol cuadradas que tenía apoyadas en su nariz aguileña y torcida.]]></content:encoded>
		</item>
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