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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Los Herreros]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:13:53 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[(C) Canción de hielo y fuego]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-c-cancion-de-hielo-y-fuego</link>
			<pubDate>Wed, 29 Jan 2025 21:49:48 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1295">Long Rin</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<span style="color: gold;" class="mycode_color">"Las 6. Las putas 6 de la mañana. ¿Quién cojones se levanta a esa hora? Si no están despiertos ni los gallos. Claro, aquí como una puta pringada más currando para levantar el país mientras el cabrón del Uzukage se tocaba los huevos en las sabanas bien calentito. Seguro que ese gilipollas no se levanta hasta las doce por lo menos. ¿Lo has visto? No puede interesarme menos, pero tampoco se puede negar que es guapo. Aunque últimamente cada vez perdía más su atractivo. ¿Será cosa del estrés del puesto o la edad? ¿Qué estrés? Si seguro que tiene un campo de golf detrás de la oficina que se baja por una barandilla especial secreta detrás de una estantería. Tenía que ser entonces la edad, suerte que a mí no me pasará."</span><br />
<br />
Y ahí estaba Rin, meciéndose en una de las sillas del local que estaba recogido por completo de la noche anterior, con todas salvo esa silla colocada en su sitio. Miraba al techo, con los ojos ligeramente cerrados mientras se quejaba mentalmente de todo. Su padre la acompañaba detrás de la barra, quien había aprovechado para terminar de colocar algunas cosas y que esta no se sintiera tan sola mientras esperaba a su senpai. Además, había una luz encendida que podría verse desde la calle.<br />
<br />
— <span style="color: orangered;" class="mycode_color">Si podemos coger el puto tren... Podría haberme levantado a las doce o así, coger el tren y seguro que llegaríamos antes que andando.</span><br />
<br />
— <span style="color: darkred;" class="mycode_color">Si es tu superior, aceptas y tragas con lo que te diga</span><br />
<br />
— <span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Tu hiciste lo mismo en su momento? ¿Tragaste con toda la mierda de tus superiores y te quedaste callado?</span><br />
<br />
El padre mantuvo un incómodo silencio, agazapándose algo para buscar algo en unos cajones. Rin suspiró, apoyando un brazo hacia atrás en la silla y dejandose caer un poco.<br />
<br />
— <span style="color: orangered;" class="mycode_color">Ya, me lo imaginaba...</span> — Añadió con decepción en su mirada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: gold;" class="mycode_color">"Las 6. Las putas 6 de la mañana. ¿Quién cojones se levanta a esa hora? Si no están despiertos ni los gallos. Claro, aquí como una puta pringada más currando para levantar el país mientras el cabrón del Uzukage se tocaba los huevos en las sabanas bien calentito. Seguro que ese gilipollas no se levanta hasta las doce por lo menos. ¿Lo has visto? No puede interesarme menos, pero tampoco se puede negar que es guapo. Aunque últimamente cada vez perdía más su atractivo. ¿Será cosa del estrés del puesto o la edad? ¿Qué estrés? Si seguro que tiene un campo de golf detrás de la oficina que se baja por una barandilla especial secreta detrás de una estantería. Tenía que ser entonces la edad, suerte que a mí no me pasará."</span><br />
<br />
Y ahí estaba Rin, meciéndose en una de las sillas del local que estaba recogido por completo de la noche anterior, con todas salvo esa silla colocada en su sitio. Miraba al techo, con los ojos ligeramente cerrados mientras se quejaba mentalmente de todo. Su padre la acompañaba detrás de la barra, quien había aprovechado para terminar de colocar algunas cosas y que esta no se sintiera tan sola mientras esperaba a su senpai. Además, había una luz encendida que podría verse desde la calle.<br />
<br />
— <span style="color: orangered;" class="mycode_color">Si podemos coger el puto tren... Podría haberme levantado a las doce o así, coger el tren y seguro que llegaríamos antes que andando.</span><br />
<br />
— <span style="color: darkred;" class="mycode_color">Si es tu superior, aceptas y tragas con lo que te diga</span><br />
<br />
— <span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Tu hiciste lo mismo en su momento? ¿Tragaste con toda la mierda de tus superiores y te quedaste callado?</span><br />
<br />
El padre mantuvo un incómodo silencio, agazapándose algo para buscar algo en unos cajones. Rin suspiró, apoyando un brazo hacia atrás en la silla y dejandose caer un poco.<br />
<br />
— <span style="color: orangered;" class="mycode_color">Ya, me lo imaginaba...</span> — Añadió con decepción en su mirada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(C) Jigoku no Ken]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-c-jigoku-no-ken</link>
			<pubDate>Sat, 11 Mar 2023 17:34:46 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-c-jigoku-no-ken</guid>
			<description><![CDATA[No era la primera vez que visitaba Los Herreros, cuando se graduó, Nanashi cerró su local por varios días para acompañar a Ren y que viera algo de mundo. Aunque en su momento se acabó desviando ella por su cuenta para acercarse a las Ruinas Abandonadas, las cuales eran un antiguo castillo abandonado, lleno de chatarra y relatos sobre lo que se aconteció allí para que acabara de aquella forma o sobre quien era el dueño del lugar. <br />
<br />
Ren había escuchado que pertenecía a unos samurais o a algún Damyio de la época, y en parte pareció ser cierto. Encontró partes de armaduras hasta el punto de poder formar casi una por completo. En su momento no sabía que es lo que haría con ella, simplemente su afición por los samuráis la impulso. Pero un chico bastante seco y borde le impidió siquiera proseguir con su búsqueda, teniendo que marcharse del lugar con el fin de no acabar buscando un conflicto entre ellos. Tampoco quería meterse en problemas, y es que al ser de Uzugakure, podría haber acabado en algún tipo de disputa entre las villas. <br />
<br />
En este caso, la búsqueda de una espada legendaria la había llevado hasta allí. Por supuesto que la joven conocía sobre la existencia de las siete espadas legendarias de Kirigakure, pero no había ninguna pista de ellas, hasta el punto de que parecía que simplemente se habían esfurmado del mundo. Sin embargo, a Ren le llegó una petición. Se trataba de una misión que hablaba de una espada legendaria que podría llegar a cambiar el rumbo de la futura guerra para cualquiera de los dos bandos. No parecía tratarse de una de aquellas espadas pero hasta que no se encontrara o desmintiera, la incognitia seguia de cuerpo presente.<br />
<br />
El vapor de la locomotora inundo la estación de trenes, y poco despues, la genin de Amegakure obsesionada por los samurais, bajó al andén]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[No era la primera vez que visitaba Los Herreros, cuando se graduó, Nanashi cerró su local por varios días para acompañar a Ren y que viera algo de mundo. Aunque en su momento se acabó desviando ella por su cuenta para acercarse a las Ruinas Abandonadas, las cuales eran un antiguo castillo abandonado, lleno de chatarra y relatos sobre lo que se aconteció allí para que acabara de aquella forma o sobre quien era el dueño del lugar. <br />
<br />
Ren había escuchado que pertenecía a unos samurais o a algún Damyio de la época, y en parte pareció ser cierto. Encontró partes de armaduras hasta el punto de poder formar casi una por completo. En su momento no sabía que es lo que haría con ella, simplemente su afición por los samuráis la impulso. Pero un chico bastante seco y borde le impidió siquiera proseguir con su búsqueda, teniendo que marcharse del lugar con el fin de no acabar buscando un conflicto entre ellos. Tampoco quería meterse en problemas, y es que al ser de Uzugakure, podría haber acabado en algún tipo de disputa entre las villas. <br />
<br />
En este caso, la búsqueda de una espada legendaria la había llevado hasta allí. Por supuesto que la joven conocía sobre la existencia de las siete espadas legendarias de Kirigakure, pero no había ninguna pista de ellas, hasta el punto de que parecía que simplemente se habían esfurmado del mundo. Sin embargo, a Ren le llegó una petición. Se trataba de una misión que hablaba de una espada legendaria que podría llegar a cambiar el rumbo de la futura guerra para cualquiera de los dos bandos. No parecía tratarse de una de aquellas espadas pero hasta que no se encontrara o desmintiera, la incognitia seguia de cuerpo presente.<br />
<br />
El vapor de la locomotora inundo la estación de trenes, y poco despues, la genin de Amegakure obsesionada por los samurais, bajó al andén]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Un respiro en la fama]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-un-respiro-en-la-fama</link>
			<pubDate>Wed, 13 Apr 2022 05:20:27 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1206">Senju Hayato</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-un-respiro-en-la-fama</guid>
			<description><![CDATA[Habían pasado tan solo unas horas desde el encuentro con el nuevo Uzukage, y he ahí el Senju esperando en la estación de trenes. No habían pasados ni tan siquiera una semana desde su proclamación en líder, y ya sabía de buena tinta que se había propuesto cambiar unas cuantas cosas. En lo que al Senju respectaba, comenzaba por una prohibición inmediata de sus negocios menos legales, concretamente su fumadero. Esa, y no otra, era la razón por la que en éstos momentos esperaba al mencionado tren.<br />
<br />
Lanzaba la moneda al aire, y la observaba dar vueltas con parsimonia en lo que ésta volvía a tomar contacto con su mano. Cara y cruz parecían estar bastante equilibradas en resultado hoy. Entre resultado y resultado, el genin le daba movimientos entre los dedos, haciendo a la moneda pasar de uno a otro en lo que casi parecía el típico truquito de un mago callejero. De esos que además te presentan el juego del cubilete, y terminan estafándote hasta la última moneda. La diferencia estaba en que el chico no le estaba dedicando las acrobacias y juegos a nadie, salvo a sí mismo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿Y ahora cómo le explico ésto a Tres? Normalmente confía en mi, pero darle un vuelco a un negocio que va viento en popa es una locura. Convencerla no va a ser fácil, a menos que le proponga algo con lo que afrontar las perdidas. Lo único que se me ocurre hacer, es una auténtica locura... ¡DE LAS MÁS GRANDES!»</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 26px;">¡TSCHHHHHH!</span></span><br />
<br />
Un escape de vapor anunció la llegada, o más bien la parada, de la bestia metálica. El tren acababa de estacionar en la vía, y el primero en asomar por una de las puertas del mismo fue uno de los revisores, al grito de: —<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Próóóóóóóxima parada: Los Herreeeeeeros!</span>, seguido de un desconcertante balanceo de una campana de mano. Ante el anuncio, muchos bajaron y subieron en el tren. Entre ellos Siete, que se disponía a bajarse en la mencionada estación. Bueno, en realidad algo antes, pues el Panda Fumado estaba a escasos cinco kilómetros de la urbe. Había un punto estratégico, en una curva concreta, que te ahorraba una buena caminata. No eran cinco minutos lo que ahorrabas andando, si no casi cuarenta minutos, lo cuál para nada es poco.<br />
<br />
Hayato tomó un asiento cualquiera, y disfrutó todo lo posible del efímero viaje. Para cuando se acercaban a la curva del atajo, se tomó la libertad de coger su abrigo y caminar hasta la puerta del vagón. Tomó un cigarrillo del bolsillo de la chaqueta, y se lo colocó entre los labios, para luego ponerse la chaqueta. Fuera hacía un frío considerable, y más teniendo en cuenta la velocidad del tren.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Bueno, ya llegamos...</span> —Se dijo a sí mismo, reconociendo el paisaje que pasaba a toda velocidad por la ventana.<br />
<br />
Siete abrió la puerta del final del vagón, y la cerró tras salir al espacio exterior que unían ambos vagones. Colocó su diestra ante su pecho, apuntando con el índice hacia el cigarrillo que tenía entre dientes, y sin más disparó un leve fogonazo que prendería el mismo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Y pensar que inventé ésta técnica solo para ésto...»</span><br />
<br />
Le propinó una buena calada al cigarro, y dejó escapar el humo por la comisura de sus labios. Sus ojos, rapaces, observaban con detenimiento todo el terreno que veía pasar, analizando cuando debiere ser el momento perfecto para saltar. Parecían tan solo pasar árboles, bambú, y casas de vez en cuando. Pero había un punto crítico, un poste de madera que...<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¡Aaaaaahora!»</span><br />
<br />
Y sin más, tomó impulso y saltó más allá de las vías, e incluso más allá de un pequeño montículo que había a escaso metro de las mismas. No es que el shinobi fuese algo así como un atleta profesional, o que sus habilidades físicas fuesen envidiables —Ni mucho menos.—, si no que la inercia del tren en la curva hicieron todo el trabajo.<br />
<br />
No era la primera, ni la última vez, que Hayato usaba ese atajo.<br />
<br />
La parada del salto no fue de lo más leve, pero por suerte o desgracia, ya se había acostumbrado. Le había costado muchos intentos el acostumbrarse a ella, eso sí. Al inicio, siempre solía caer de costado, de espalda, de culo, o incluso dando vueltas... pero hoy día, la cosa había cambiado bastante. Hoy día, era capaz de mantenerse en pie, aunque terminase deslizándose varios metros por el propio impulso. Se dice que el hábito hace al maestro.<br />
<br />
Siete se sacudió un poco los pantalones, y tras ello volvió a propinarle una calada a su vicio. Dejó escapar de nuevo el humo poco a poco, y justo después comenzó a andar dirección al Panda. Un camino que apenas le duraría cinco minutos, lo cual sería poco más de lo que tardase en acabar ese cigarro.<br />
<br />
Al llegar, pudo ver cómo Komo hacía sus funciones, vigilando la entrada del Panda. Aunque a esas horas no hubiesen demasiados clientes, seguro que estaba bien pagada su labor. De hecho, no solo podía ver en la entrada al subordinado, si no que también podía apreciarse a una decena de metros de la misma entrada a un par de hombres tirados en el suelo. Parecían abatidos, hechos trizas... ¿Lo normal en un fumadero?.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Quizás... quizás no sea tan mala idea darle un cambio radical a ésto...»</span><br />
<br />
Tras aproximarse hasta la puerta del Panda Fumado, Siete tocó levemente el brazo de Komo, en lo que portaba una amable sonrisa. Un saludo típico entre ambos, que el hombre terminó imitando.<br />
<br />
—<span style="color: SandyBrown;" class="mycode_color">Buenos días, Siete. ¿Todo bien?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Si, todo bien Komo. Buenos días.</span><br />
<br />
Con parsimonia, abrió la puerta del local, y atravesó el umbral de la puerta. El suelo de madera andaba algo más pegajoso que de costumbre, y es algo que Hayato no pudo evitar ver con desagrado. Por otra parte, el intenso humo y el olor a droga era casi insoportable, y eso que la mayor parte se encontraba en el piso superior.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¡Buaj! ¡Qué asco!»</span><br />
<br />
Levantó levemente el pie derecho, en lo que observaba que el suelo parecía estar bañado de algún tipo de sustancia pegajosa de tono amarillento. ¿Acaso habían potado en la entrada del local?. No, éste era el colmo de los colmos... ¿de verdad era vómito?. Hayato no quiso ni pensarlo, suspiró y caminó un poco, directo hacia la barra. En la misma, habían dos camareras, una pelirroja y otra morena; se trataba de Sakura y Azumi respectivamente.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Por favor Azumi, limpia ese estropicio de la entrada. Creo que es...</span><br />
<br />
—<span style="color: grey;" class="mycode_color">Sí, Siete. Enseguida voy. Han sido un par de clientes al que Komo ha tenido que echar... estaban muy pasados.</span> —Contestó la chica, ni corta ni perezosa.<br />
<br />
Sus miedos no habían sido infundados. Pero ya no había vuelta atrás, ya lo había pisado. Lo único que pudo hacer el Senju es irse al cuarto de baño de empleados, donde también se guardaban los artículos de limpieza, y quitarse con la fregona los restos de comida regurgitados.<br />
<br />
Tras limpiar un poco los zapatos, Siete salió del baño y se dirigió sin más a la oficina, que estaba también en la planta baja. Abrió la puerta, y entró en la misma. La oficina era un pequeño refugio para toda la humareda y los olores que habían en el resto del local, un pequeño Edén en mitad de un infierno. Allí todo lucía limpio, con fresco aroma a bambú, y bien ordenado. Sin duda, en gran parte gracias a Tres, y al sumidero de aire hacia el exterior que tenían.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pero qué ven mis ojos. El gran Siete en persona.</span> —Anunció Tres, que andaba sentada en el sillón tras la mesa del despacho, con ambos pies cruzados sobre la misma mesa.<br />
<br />
La chica vestía una camiseta interior o sujetador negro, cuyas tirantas se podían ver fuera de una amplia camiseta amarilla que dejaba destapado la mayor parte del torso. En la misma camiseta tenía una especie de garabato, que llegaba a parecer una cara sonriente, aunque había que echarle algo de imaginación. Los pantalones eran bastante anchos, de color negro también, y unas botas de tono amarillo ponían limite a los mismos. Llevaba una gorra también amarilla, y unas gafas de sol. Si, las gafas en realidad eran como un poco inútiles, pero era meramente "estilo"... o eso contestaría si alguien le preguntaba, casi seguro.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Yay! A veces las estrellas del mundo shinobi pasan a saludar a los conocidos y tal.</span> —Bromeó con la rubia, que siempre solía echarle en cara eso.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Ya veo, ya veo.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Bueno, la verdad es que vengo un poco obligado, Tres. Han habido unas movidas gordas, y... pues eso, que van a tener que haber cambios.</span><br />
<br />
Tres arqueó una ceja, y terminó bajando las piernas de la mesa. Entrecruzó ambas manos, e incluso apoyó la barbilla sobre las mismas, prestándole atención a lo que decía el Senju. Si no entendía mal, muy grave habían tenido que ser esas "movidas".<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Soy toda oídos chico. ¿A qué cambios te refieres?.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues verás</span> —Y cerró la puerta con cerrojo, antes de tomar asiento en el sofá del despacho. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">, ¿recuerdas que el anterior Uzukage no se metía con nada de éste tema del negocio? Parecía ajeno a lo que sucediese fuera de las puertas de la villa, aunque si un noble lo pedía sí que actuaba... Pues ha habido repentinamente un cambio de mandos, y resulta que el nuevo líder... pues como que se está metiendo un poco más en las vidas de los shinobis. No se si fue casualidad o no, pero está entrevistándose con todo dios, y tuve que ser uno de los primeros. Y como entenderás, ya sabía o había escuchado sobre la fama que estaba recolectando sobre éste sitio... Los apodos y las triquiñuelas en nuestro mundo de shinobis no son tan factibles.</span><br />
<br />
»<span style="color: crimson;" class="mycode_color">El Uzukage me ha pedido... me ha EXIJIDO... que ponga fin a ésto, Tres. No solo eso, me ha advertido que si yo no le pongo fin, él mismo se personificará aquí y lo quemará hasta los cimientos. Dice que no piensa tolerar que hagamos trizas las vidas de otras personas para obtener dinero. No debe sacarse beneficio de la desgracia de otros.</span><br />
<br />
Aunque parte de lo dicho fuese inventado, sobre todo lo de que quemaría el local, era una realidad que debían afrontar. Tenían la obligación de cerrar el negocio, o de darle un giro totalmente radical a su uso.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Buuuffff... ¡Tío! ¿Sabes cuanta pasta hemos ganado éste último semestre?</span> —Se quejó la chica, llevándose las manos a la cabeza. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Qué vamos a hacer? ¿cuánto tiempo tenemos?.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues en realidad, tenemos hasta mañana para deshacernos de toda la mercancía y de los consumidores...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿¡PERO ESTÁS LOCO!? ¿¡QUÉ COÑO...!? </span> —Contestó Tres, incapaz de concebir cómo podía ser eso. Incluso golpeó con ambas manos la mesa.<br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Sabes que lo que me estás pidiendo es imposible, LO SABES, ¿NO?</span><br />
<br />
Hayato, en vez de contestar inmediatamente, se tomó la libertad de tomar un cigarrillo, y se recostó aún mas en el sofá. Incluso se permitió el lujo de elevar los pies, sobrepasando el reposabrazos del mismo. En un chasquido de dedos prendió fuego al mismo, con un leve fogonazo.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Imposible no. Difícil... pues no te lo voy a negar.</span><br />
<br />
Tomó una buena calada del cigarrillo, y lo dejó escapar lentamente por la comisura de los labios, disfrutando el sabor amargo del mismo. Maldito y buen vicio...<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Tienes ya algo en mente?</span> —Preguntó Tres, volviendo a retomar un poco la calma.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Bueno, tengo una idea, pero necesitaremos a varios amigos de Komo, y alguna de tus influencias.</span><br />
<br />
Tres hizo una leve mueca con la boca, en lo que ponía ambas manos tras la nuca. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Puedes contar con ello, pero antes debes explicarme el plan.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues... ¿recuerdas el plan Y?</span><br />
<br />
»<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Vamos a encajarle todo el marrón a mi querido padrastro. Vamos a hacer que nuestros colegas, le pasen toda la mierda a otros colegas, y éstos busquen otros a quienes pasarsela, y entre medias que haya mucho jaleo de nombres... ya me entiendes. No quiero que en ningún momento puedan saber de dónde procede la movida, ya sabes. Éste sitio tiene que estar limpio a ojos del mundo entero, no podemos permitirnos el lujo de que alguien descubra la mierda, y mucho menos mi padrastro. Con los suficientes meneos, le encajaremos todo el follón a uno de sus locales. A los clientes, nos los quitaremos de encima rápidamente cuando les digamos que Momori Kuzogane ya solo mueve material en ese local. Todos nuestros antiguos clientes irán desesperados en busca de su droga allí.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Tío vaya jaleo...</span> —Contestó la rubia. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pero me gusta... jajajaja.</span><br />
<br />
Si tenían algo en común Tres y Siete, era un profundo odio hacia Momori Kuzogane. Sendos chicos habían sido victimas directas de sus malas acciones, y si podían hacer algo para joderle, sin duda alguna era algo que iban a disfrutar ambos.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Y sobre el local, vamos a darle un cambio radical de aspecto. Vamos a conservar la temática, que siempre me ha gustado, pero quiero darle un limpiado de cara magistral. Y la oficina la vamos a poner arriba. Nunca me ha gustado que esté al lado de los baños...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Bueno, de eso otro mejor me encargo yo personalmente, que tengo unas ideas en mente.</span><br />
<br />
Hayato alzó ambas manos, indispuesto a discutir con ella sobre eso. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Como quieras.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Bueno, y todo éste follón tenemos que solucionarlo hoy, ¿no?. Pues entonces, más me vale que me ponga a ello.</span><br />
<br />
Sin más, Tres se levantó de su asiento, y caminó hasta la puerta. Tomó el pomo de la misma, y miró por última vez a Siete. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En unas dos horas estaré de nuevo aquí, ¿podrás echar a los clientes tu solo?.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Si, sí. Eso está hecho.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Habían pasado tan solo unas horas desde el encuentro con el nuevo Uzukage, y he ahí el Senju esperando en la estación de trenes. No habían pasados ni tan siquiera una semana desde su proclamación en líder, y ya sabía de buena tinta que se había propuesto cambiar unas cuantas cosas. En lo que al Senju respectaba, comenzaba por una prohibición inmediata de sus negocios menos legales, concretamente su fumadero. Esa, y no otra, era la razón por la que en éstos momentos esperaba al mencionado tren.<br />
<br />
Lanzaba la moneda al aire, y la observaba dar vueltas con parsimonia en lo que ésta volvía a tomar contacto con su mano. Cara y cruz parecían estar bastante equilibradas en resultado hoy. Entre resultado y resultado, el genin le daba movimientos entre los dedos, haciendo a la moneda pasar de uno a otro en lo que casi parecía el típico truquito de un mago callejero. De esos que además te presentan el juego del cubilete, y terminan estafándote hasta la última moneda. La diferencia estaba en que el chico no le estaba dedicando las acrobacias y juegos a nadie, salvo a sí mismo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿Y ahora cómo le explico ésto a Tres? Normalmente confía en mi, pero darle un vuelco a un negocio que va viento en popa es una locura. Convencerla no va a ser fácil, a menos que le proponga algo con lo que afrontar las perdidas. Lo único que se me ocurre hacer, es una auténtica locura... ¡DE LAS MÁS GRANDES!»</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 26px;">¡TSCHHHHHH!</span></span><br />
<br />
Un escape de vapor anunció la llegada, o más bien la parada, de la bestia metálica. El tren acababa de estacionar en la vía, y el primero en asomar por una de las puertas del mismo fue uno de los revisores, al grito de: —<span style="color: orange;" class="mycode_color">¡Próóóóóóóxima parada: Los Herreeeeeeros!</span>, seguido de un desconcertante balanceo de una campana de mano. Ante el anuncio, muchos bajaron y subieron en el tren. Entre ellos Siete, que se disponía a bajarse en la mencionada estación. Bueno, en realidad algo antes, pues el Panda Fumado estaba a escasos cinco kilómetros de la urbe. Había un punto estratégico, en una curva concreta, que te ahorraba una buena caminata. No eran cinco minutos lo que ahorrabas andando, si no casi cuarenta minutos, lo cuál para nada es poco.<br />
<br />
Hayato tomó un asiento cualquiera, y disfrutó todo lo posible del efímero viaje. Para cuando se acercaban a la curva del atajo, se tomó la libertad de coger su abrigo y caminar hasta la puerta del vagón. Tomó un cigarrillo del bolsillo de la chaqueta, y se lo colocó entre los labios, para luego ponerse la chaqueta. Fuera hacía un frío considerable, y más teniendo en cuenta la velocidad del tren.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Bueno, ya llegamos...</span> —Se dijo a sí mismo, reconociendo el paisaje que pasaba a toda velocidad por la ventana.<br />
<br />
Siete abrió la puerta del final del vagón, y la cerró tras salir al espacio exterior que unían ambos vagones. Colocó su diestra ante su pecho, apuntando con el índice hacia el cigarrillo que tenía entre dientes, y sin más disparó un leve fogonazo que prendería el mismo.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Y pensar que inventé ésta técnica solo para ésto...»</span><br />
<br />
Le propinó una buena calada al cigarro, y dejó escapar el humo por la comisura de sus labios. Sus ojos, rapaces, observaban con detenimiento todo el terreno que veía pasar, analizando cuando debiere ser el momento perfecto para saltar. Parecían tan solo pasar árboles, bambú, y casas de vez en cuando. Pero había un punto crítico, un poste de madera que...<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¡Aaaaaahora!»</span><br />
<br />
Y sin más, tomó impulso y saltó más allá de las vías, e incluso más allá de un pequeño montículo que había a escaso metro de las mismas. No es que el shinobi fuese algo así como un atleta profesional, o que sus habilidades físicas fuesen envidiables —Ni mucho menos.—, si no que la inercia del tren en la curva hicieron todo el trabajo.<br />
<br />
No era la primera, ni la última vez, que Hayato usaba ese atajo.<br />
<br />
La parada del salto no fue de lo más leve, pero por suerte o desgracia, ya se había acostumbrado. Le había costado muchos intentos el acostumbrarse a ella, eso sí. Al inicio, siempre solía caer de costado, de espalda, de culo, o incluso dando vueltas... pero hoy día, la cosa había cambiado bastante. Hoy día, era capaz de mantenerse en pie, aunque terminase deslizándose varios metros por el propio impulso. Se dice que el hábito hace al maestro.<br />
<br />
Siete se sacudió un poco los pantalones, y tras ello volvió a propinarle una calada a su vicio. Dejó escapar de nuevo el humo poco a poco, y justo después comenzó a andar dirección al Panda. Un camino que apenas le duraría cinco minutos, lo cual sería poco más de lo que tardase en acabar ese cigarro.<br />
<br />
Al llegar, pudo ver cómo Komo hacía sus funciones, vigilando la entrada del Panda. Aunque a esas horas no hubiesen demasiados clientes, seguro que estaba bien pagada su labor. De hecho, no solo podía ver en la entrada al subordinado, si no que también podía apreciarse a una decena de metros de la misma entrada a un par de hombres tirados en el suelo. Parecían abatidos, hechos trizas... ¿Lo normal en un fumadero?.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«Quizás... quizás no sea tan mala idea darle un cambio radical a ésto...»</span><br />
<br />
Tras aproximarse hasta la puerta del Panda Fumado, Siete tocó levemente el brazo de Komo, en lo que portaba una amable sonrisa. Un saludo típico entre ambos, que el hombre terminó imitando.<br />
<br />
—<span style="color: SandyBrown;" class="mycode_color">Buenos días, Siete. ¿Todo bien?</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Si, todo bien Komo. Buenos días.</span><br />
<br />
Con parsimonia, abrió la puerta del local, y atravesó el umbral de la puerta. El suelo de madera andaba algo más pegajoso que de costumbre, y es algo que Hayato no pudo evitar ver con desagrado. Por otra parte, el intenso humo y el olor a droga era casi insoportable, y eso que la mayor parte se encontraba en el piso superior.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¡Buaj! ¡Qué asco!»</span><br />
<br />
Levantó levemente el pie derecho, en lo que observaba que el suelo parecía estar bañado de algún tipo de sustancia pegajosa de tono amarillento. ¿Acaso habían potado en la entrada del local?. No, éste era el colmo de los colmos... ¿de verdad era vómito?. Hayato no quiso ni pensarlo, suspiró y caminó un poco, directo hacia la barra. En la misma, habían dos camareras, una pelirroja y otra morena; se trataba de Sakura y Azumi respectivamente.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Por favor Azumi, limpia ese estropicio de la entrada. Creo que es...</span><br />
<br />
—<span style="color: grey;" class="mycode_color">Sí, Siete. Enseguida voy. Han sido un par de clientes al que Komo ha tenido que echar... estaban muy pasados.</span> —Contestó la chica, ni corta ni perezosa.<br />
<br />
Sus miedos no habían sido infundados. Pero ya no había vuelta atrás, ya lo había pisado. Lo único que pudo hacer el Senju es irse al cuarto de baño de empleados, donde también se guardaban los artículos de limpieza, y quitarse con la fregona los restos de comida regurgitados.<br />
<br />
Tras limpiar un poco los zapatos, Siete salió del baño y se dirigió sin más a la oficina, que estaba también en la planta baja. Abrió la puerta, y entró en la misma. La oficina era un pequeño refugio para toda la humareda y los olores que habían en el resto del local, un pequeño Edén en mitad de un infierno. Allí todo lucía limpio, con fresco aroma a bambú, y bien ordenado. Sin duda, en gran parte gracias a Tres, y al sumidero de aire hacia el exterior que tenían.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pero qué ven mis ojos. El gran Siete en persona.</span> —Anunció Tres, que andaba sentada en el sillón tras la mesa del despacho, con ambos pies cruzados sobre la misma mesa.<br />
<br />
La chica vestía una camiseta interior o sujetador negro, cuyas tirantas se podían ver fuera de una amplia camiseta amarilla que dejaba destapado la mayor parte del torso. En la misma camiseta tenía una especie de garabato, que llegaba a parecer una cara sonriente, aunque había que echarle algo de imaginación. Los pantalones eran bastante anchos, de color negro también, y unas botas de tono amarillo ponían limite a los mismos. Llevaba una gorra también amarilla, y unas gafas de sol. Si, las gafas en realidad eran como un poco inútiles, pero era meramente "estilo"... o eso contestaría si alguien le preguntaba, casi seguro.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Yay! A veces las estrellas del mundo shinobi pasan a saludar a los conocidos y tal.</span> —Bromeó con la rubia, que siempre solía echarle en cara eso.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Ya veo, ya veo.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Bueno, la verdad es que vengo un poco obligado, Tres. Han habido unas movidas gordas, y... pues eso, que van a tener que haber cambios.</span><br />
<br />
Tres arqueó una ceja, y terminó bajando las piernas de la mesa. Entrecruzó ambas manos, e incluso apoyó la barbilla sobre las mismas, prestándole atención a lo que decía el Senju. Si no entendía mal, muy grave habían tenido que ser esas "movidas".<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Soy toda oídos chico. ¿A qué cambios te refieres?.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues verás</span> —Y cerró la puerta con cerrojo, antes de tomar asiento en el sofá del despacho. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">, ¿recuerdas que el anterior Uzukage no se metía con nada de éste tema del negocio? Parecía ajeno a lo que sucediese fuera de las puertas de la villa, aunque si un noble lo pedía sí que actuaba... Pues ha habido repentinamente un cambio de mandos, y resulta que el nuevo líder... pues como que se está metiendo un poco más en las vidas de los shinobis. No se si fue casualidad o no, pero está entrevistándose con todo dios, y tuve que ser uno de los primeros. Y como entenderás, ya sabía o había escuchado sobre la fama que estaba recolectando sobre éste sitio... Los apodos y las triquiñuelas en nuestro mundo de shinobis no son tan factibles.</span><br />
<br />
»<span style="color: crimson;" class="mycode_color">El Uzukage me ha pedido... me ha EXIJIDO... que ponga fin a ésto, Tres. No solo eso, me ha advertido que si yo no le pongo fin, él mismo se personificará aquí y lo quemará hasta los cimientos. Dice que no piensa tolerar que hagamos trizas las vidas de otras personas para obtener dinero. No debe sacarse beneficio de la desgracia de otros.</span><br />
<br />
Aunque parte de lo dicho fuese inventado, sobre todo lo de que quemaría el local, era una realidad que debían afrontar. Tenían la obligación de cerrar el negocio, o de darle un giro totalmente radical a su uso.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Buuuffff... ¡Tío! ¿Sabes cuanta pasta hemos ganado éste último semestre?</span> —Se quejó la chica, llevándose las manos a la cabeza. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Qué vamos a hacer? ¿cuánto tiempo tenemos?.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues en realidad, tenemos hasta mañana para deshacernos de toda la mercancía y de los consumidores...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿¡PERO ESTÁS LOCO!? ¿¡QUÉ COÑO...!? </span> —Contestó Tres, incapaz de concebir cómo podía ser eso. Incluso golpeó con ambas manos la mesa.<br />
<br />
»<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Sabes que lo que me estás pidiendo es imposible, LO SABES, ¿NO?</span><br />
<br />
Hayato, en vez de contestar inmediatamente, se tomó la libertad de tomar un cigarrillo, y se recostó aún mas en el sofá. Incluso se permitió el lujo de elevar los pies, sobrepasando el reposabrazos del mismo. En un chasquido de dedos prendió fuego al mismo, con un leve fogonazo.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Imposible no. Difícil... pues no te lo voy a negar.</span><br />
<br />
Tomó una buena calada del cigarrillo, y lo dejó escapar lentamente por la comisura de los labios, disfrutando el sabor amargo del mismo. Maldito y buen vicio...<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Tienes ya algo en mente?</span> —Preguntó Tres, volviendo a retomar un poco la calma.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Bueno, tengo una idea, pero necesitaremos a varios amigos de Komo, y alguna de tus influencias.</span><br />
<br />
Tres hizo una leve mueca con la boca, en lo que ponía ambas manos tras la nuca. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Puedes contar con ello, pero antes debes explicarme el plan.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Pues... ¿recuerdas el plan Y?</span><br />
<br />
»<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Vamos a encajarle todo el marrón a mi querido padrastro. Vamos a hacer que nuestros colegas, le pasen toda la mierda a otros colegas, y éstos busquen otros a quienes pasarsela, y entre medias que haya mucho jaleo de nombres... ya me entiendes. No quiero que en ningún momento puedan saber de dónde procede la movida, ya sabes. Éste sitio tiene que estar limpio a ojos del mundo entero, no podemos permitirnos el lujo de que alguien descubra la mierda, y mucho menos mi padrastro. Con los suficientes meneos, le encajaremos todo el follón a uno de sus locales. A los clientes, nos los quitaremos de encima rápidamente cuando les digamos que Momori Kuzogane ya solo mueve material en ese local. Todos nuestros antiguos clientes irán desesperados en busca de su droga allí.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Tío vaya jaleo...</span> —Contestó la rubia. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Pero me gusta... jajajaja.</span><br />
<br />
Si tenían algo en común Tres y Siete, era un profundo odio hacia Momori Kuzogane. Sendos chicos habían sido victimas directas de sus malas acciones, y si podían hacer algo para joderle, sin duda alguna era algo que iban a disfrutar ambos.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Y sobre el local, vamos a darle un cambio radical de aspecto. Vamos a conservar la temática, que siempre me ha gustado, pero quiero darle un limpiado de cara magistral. Y la oficina la vamos a poner arriba. Nunca me ha gustado que esté al lado de los baños...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Bueno, de eso otro mejor me encargo yo personalmente, que tengo unas ideas en mente.</span><br />
<br />
Hayato alzó ambas manos, indispuesto a discutir con ella sobre eso. —<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Como quieras.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Bueno, y todo éste follón tenemos que solucionarlo hoy, ¿no?. Pues entonces, más me vale que me ponga a ello.</span><br />
<br />
Sin más, Tres se levantó de su asiento, y caminó hasta la puerta. Tomó el pomo de la misma, y miró por última vez a Siete. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">En unas dos horas estaré de nuevo aquí, ¿podrás echar a los clientes tu solo?.</span><br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Si, sí. Eso está hecho.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La melodía del acero]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-melodia-del-acero</link>
			<pubDate>Mon, 27 Jan 2020 23:10:45 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=139">Uzumaki Eri</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-melodia-del-acero</guid>
			<description><![CDATA[Poco faltaba ya para volver a Uzushiogakure no Sato, pero para ella todavía se le hacía una eternidad desde que se marchó. Por enésima vez en aquel viaje se colocó de mejor forma su pesada mochila y se retiró algunos cabellos sueltos que se le pegaban por causa del sudor a la frente con cierto hastío, pues, pese a que era invierno, las largas caminatas siempre hacían sudar a la kunoichi.<br />
<br />
Se propuso hacer una pequeña parada en Los  Herreros para ver si podía encontrar algo que suplantara a su Ninjato, rota por el viaje y por el uso indebido que le había dado durante los últimos meses. Torció el gesto, la verdad es que sentía que las katanas no serían lo suyo. Pensó en Ryuusuke, en su destreza con las lanzas, pero rápidamente lo obvió pues a lo lejos ya se divisaban las viejas casas y el sonido metálico de los trabajadores desde su zona de trabajo.<br />
<br />
<span style="color: orange; font-style: italic;">«Necesito descansar un poco antes de continuar mi camino»</span> Se recordó mentalmente cuando cruzó la zona que dejaba de ser camino para adentrarse en las calles de Los Herreros. Buscaría alguna tasca o taberna para llenar su estómago y retomaría el viaje, pero antes daría una pequeña vuelta, por si sus curiosos ojos daban con algún acero que le interesase.<br />
<br />
Pero, de pronto, escuchó  una melodía no muy lejana a su posición.<br />
<br />
Y, lejos de ser metálica, era de cuerda rasgada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Poco faltaba ya para volver a Uzushiogakure no Sato, pero para ella todavía se le hacía una eternidad desde que se marchó. Por enésima vez en aquel viaje se colocó de mejor forma su pesada mochila y se retiró algunos cabellos sueltos que se le pegaban por causa del sudor a la frente con cierto hastío, pues, pese a que era invierno, las largas caminatas siempre hacían sudar a la kunoichi.<br />
<br />
Se propuso hacer una pequeña parada en Los  Herreros para ver si podía encontrar algo que suplantara a su Ninjato, rota por el viaje y por el uso indebido que le había dado durante los últimos meses. Torció el gesto, la verdad es que sentía que las katanas no serían lo suyo. Pensó en Ryuusuke, en su destreza con las lanzas, pero rápidamente lo obvió pues a lo lejos ya se divisaban las viejas casas y el sonido metálico de los trabajadores desde su zona de trabajo.<br />
<br />
<span style="color: orange; font-style: italic;">«Necesito descansar un poco antes de continuar mi camino»</span> Se recordó mentalmente cuando cruzó la zona que dejaba de ser camino para adentrarse en las calles de Los Herreros. Buscaría alguna tasca o taberna para llenar su estómago y retomaría el viaje, pero antes daría una pequeña vuelta, por si sus curiosos ojos daban con algún acero que le interesase.<br />
<br />
Pero, de pronto, escuchó  una melodía no muy lejana a su posición.<br />
<br />
Y, lejos de ser metálica, era de cuerda rasgada.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Una vuelta accidentada]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-una-vuelta-accidentada</link>
			<pubDate>Mon, 27 Jan 2020 00:29:44 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=992">Himura Hana</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-una-vuelta-accidentada</guid>
			<description><![CDATA[Había vuelto con prisa pensando que iba tarde. Sin pararse ni para comer, para nada. Había llegado a Los Herreros con demasiado tiempo, no tanto como para poder ponerse en marcha a la villa y que no la atrapase la noche pero sí que tenía una larga tarde por delante sin nada más que hacer que esperar a la noche. Suspiró para sus adentros, aún tenía que ponerse a tono con todo lo que concernía a los viajes. No calculaba tan bien los tiempos y las distancias y todo porque en la academia te lo pintan muy bonito, pero en la práctica todo es mucho más accidentado.<br />
<br />
Bueno, podría ir de tiendas, si la ciudad se llamaba Los Herreros podía ser que encontrase algún arma digna de mención. Ni de lejos tan buena como las que se hacen en Uzushiogakure, eso sí que es calidad. Aunque mientras le sirviese para matar el tiempo no se iba a quejar. Tras dejar la pequeña mochila de viaje que llevaba en el hostal, se dispuso a darse una vuelta por la ciudad.<br />
<br />
La primera calle de comercios a la que entró eran los tipicos puestos de comida rápida, tiendas de cosas varias, souvenirs, no fue hasta que pasó esa primera calle que entró de lleno en herreríalandia. No solo eran armas, había todo tipo de materiales de hierro, acero, plata, oro y otros metales que no llegaba a reconocer. Intentó mirar únicamente las cosas que sí podía comprar por si le daba un arranque de los suyos, así que apenas levantó la mirada de la chatarra y las cuchillas pequeñitas que apenas servirían para pelar una manzana. Y claro que no quería nada de eso. <br />
<br />
La ciudad no estaba abarrotada, aunque en cada tenderete había un par de personas mirando. Ella era la única que desentonaba, con la capa de viaje carmesí hasta los tobillos y la capucha puesta. Después de ver algunas miradas sospechosas de su apariencia, decidió bajar la capucha, dejando relucir su bandana al cuello. Sin duda, en esos lares, una bandana de Uzushiogakure era un simbolo de seguridad. ¿No?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había vuelto con prisa pensando que iba tarde. Sin pararse ni para comer, para nada. Había llegado a Los Herreros con demasiado tiempo, no tanto como para poder ponerse en marcha a la villa y que no la atrapase la noche pero sí que tenía una larga tarde por delante sin nada más que hacer que esperar a la noche. Suspiró para sus adentros, aún tenía que ponerse a tono con todo lo que concernía a los viajes. No calculaba tan bien los tiempos y las distancias y todo porque en la academia te lo pintan muy bonito, pero en la práctica todo es mucho más accidentado.<br />
<br />
Bueno, podría ir de tiendas, si la ciudad se llamaba Los Herreros podía ser que encontrase algún arma digna de mención. Ni de lejos tan buena como las que se hacen en Uzushiogakure, eso sí que es calidad. Aunque mientras le sirviese para matar el tiempo no se iba a quejar. Tras dejar la pequeña mochila de viaje que llevaba en el hostal, se dispuso a darse una vuelta por la ciudad.<br />
<br />
La primera calle de comercios a la que entró eran los tipicos puestos de comida rápida, tiendas de cosas varias, souvenirs, no fue hasta que pasó esa primera calle que entró de lleno en herreríalandia. No solo eran armas, había todo tipo de materiales de hierro, acero, plata, oro y otros metales que no llegaba a reconocer. Intentó mirar únicamente las cosas que sí podía comprar por si le daba un arranque de los suyos, así que apenas levantó la mirada de la chatarra y las cuchillas pequeñitas que apenas servirían para pelar una manzana. Y claro que no quería nada de eso. <br />
<br />
La ciudad no estaba abarrotada, aunque en cada tenderete había un par de personas mirando. Ella era la única que desentonaba, con la capa de viaje carmesí hasta los tobillos y la capucha puesta. Después de ver algunas miradas sospechosas de su apariencia, decidió bajar la capucha, dejando relucir su bandana al cuello. Sin duda, en esos lares, una bandana de Uzushiogakure era un simbolo de seguridad. ¿No?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las espadas están sobrevaloradas]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-las-espadas-estan-sobrevaloradas</link>
			<pubDate>Sun, 26 Jan 2020 23:35:55 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=994">Tanaka Hiroki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-las-espadas-estan-sobrevaloradas</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Esta trama la he situado antes de conseguir mi konaginata, así que no figura todavía en mi inventario.</div>
    </div>
</div>
<br />
Odiaba cuando sus primos se salían con la suya, sobre todo, si lo hacían mucho antes que él, y lo peor era que ambos, al mismo tiempo, habían coincidido en querer su primer <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">arma</span>. ¿Por qué todo el mundo en esta villa tendría una Kodachi como primer arma de filo? ¿Qué pasa? El creador de la kodachi tendría que estar enterrado en ryos a este paso, porque era increíble como las ventas de la espada se habían multiplicado con el tiempo.<br />
<br />
Por ello, Hiroki se había encaminado a la ciudad de las armas por excelencia, sí, a Los Herreros. Con el dinero que le quedaba y sin haber dicho palabra a su abuelo, se había encaminado a las afueras de Uzushiogakure (¡y vaya afueras!) para conseguir un arma que fuera mejor que esa triste y débil <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kodachi</span>, ¡porque él tendría el mejor arma de todas!<br />
<br />
El problema residía en que él, como buen novato, no tenía ni idea de qué podría querer, así que allí se encontraba, frente a un cartel con numerosa publicidad frente a sus ojos y sin saber elegir dónde poder buscar el mejor arma de todos los tiempos.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Un arco... O quiza... ¿Unas garras? Demasiado Inuzuka, y un bokken es muy contundente. Una katana tampoco, es demasiado grande y parecida a una kodachi...</span> —Se quejaba el joven en voz baja, levantando alguna que otra ceja en los transeúntes que pasaban por allí.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Off" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Esta trama la he situado antes de conseguir mi konaginata, así que no figura todavía en mi inventario.</div>
    </div>
</div>
<br />
Odiaba cuando sus primos se salían con la suya, sobre todo, si lo hacían mucho antes que él, y lo peor era que ambos, al mismo tiempo, habían coincidido en querer su primer <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">arma</span>. ¿Por qué todo el mundo en esta villa tendría una Kodachi como primer arma de filo? ¿Qué pasa? El creador de la kodachi tendría que estar enterrado en ryos a este paso, porque era increíble como las ventas de la espada se habían multiplicado con el tiempo.<br />
<br />
Por ello, Hiroki se había encaminado a la ciudad de las armas por excelencia, sí, a Los Herreros. Con el dinero que le quedaba y sin haber dicho palabra a su abuelo, se había encaminado a las afueras de Uzushiogakure (¡y vaya afueras!) para conseguir un arma que fuera mejor que esa triste y débil <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kodachi</span>, ¡porque él tendría el mejor arma de todas!<br />
<br />
El problema residía en que él, como buen novato, no tenía ni idea de qué podría querer, así que allí se encontraba, frente a un cartel con numerosa publicidad frente a sus ojos y sin saber elegir dónde poder buscar el mejor arma de todos los tiempos.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Un arco... O quiza... ¿Unas garras? Demasiado Inuzuka, y un bokken es muy contundente. Una katana tampoco, es demasiado grande y parecida a una kodachi...</span> —Se quejaba el joven en voz baja, levantando alguna que otra ceja en los transeúntes que pasaban por allí.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Como se forja un ninja]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-como-se-forja-un-ninja</link>
			<pubDate>Sun, 22 Sep 2019 05:07:58 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=16">Hanamura Kazuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-como-se-forja-un-ninja</guid>
			<description><![CDATA[Su maestro, y muchos otros, le habían alentado a viajar y ver mundo… Pero él quería tomárselo con calma, pues había tanto que ver y hacer que resultaba difícil decidir. Sin embargo, había eventos tan interesantes que era menester colocarlos de primeros en su larga listas de cosas por experimentar.<br />
<br />
«<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Huele a brasas</span></span>», pensó mientras llegaba a la ciudad de los herreros.<br />
<br />
A través de sus cada vez mayores contactos, se había enterado de que en aquella ciudad de artesanos se llevaría a cabo un evento sin igual, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tetsu no Chōsen</span>: herreros de toda la región se reunían para participar en una serie de pruebas que les llevaba hasta el límite de sus habilidades. Esto se hacía con cierta frecuencia e informalidad, pero resultaba que en esta ocasión había unos mecenas comerciantes muy acaudalados y organizados; por lo se daban las circunstancias para que, por primera vez, la competencia fuese algo sistemático y oficial, que también atrajese a participantes de cada rincón de Oonindo.<br />
<br />
Kazuma consideraba aquello un evento digno de ser presenciado; pero verlo solo no le era suficiente: desde que había caído bajo la tutela de Juro y se había empapado de sus enseñanzas, había adquirido una mayor habilidad para hacer amigos y relacionarse con la gente; pero también sentía una mayor necesidad de compañía en ciertas ocasiones que creía necesarias compartir con alguien más. <br />
<br />
Aquello resultaba malo si no tenía a nadie que le acompañase, como en aquella ocasión; por lo que decidió que aquel que fomento su desarrollo social se hiciese responsable y le acompañase. Por supuesto, tendría que esperar un poco: fue recién cuando estaba a mitad de camino que se le ocurrió invitar a Juro con una carta que recurría a su amabilidad para que no pudiese negarse a ir.<br />
<br />
«<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aunque… No creí que hubiese tanta gente</span></span>», pensó mientras veía las calles repletas y recordaba no haberle indicado a su sensei un punto de encuentro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Su maestro, y muchos otros, le habían alentado a viajar y ver mundo… Pero él quería tomárselo con calma, pues había tanto que ver y hacer que resultaba difícil decidir. Sin embargo, había eventos tan interesantes que era menester colocarlos de primeros en su larga listas de cosas por experimentar.<br />
<br />
«<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Huele a brasas</span></span>», pensó mientras llegaba a la ciudad de los herreros.<br />
<br />
A través de sus cada vez mayores contactos, se había enterado de que en aquella ciudad de artesanos se llevaría a cabo un evento sin igual, el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Tetsu no Chōsen</span>: herreros de toda la región se reunían para participar en una serie de pruebas que les llevaba hasta el límite de sus habilidades. Esto se hacía con cierta frecuencia e informalidad, pero resultaba que en esta ocasión había unos mecenas comerciantes muy acaudalados y organizados; por lo se daban las circunstancias para que, por primera vez, la competencia fuese algo sistemático y oficial, que también atrajese a participantes de cada rincón de Oonindo.<br />
<br />
Kazuma consideraba aquello un evento digno de ser presenciado; pero verlo solo no le era suficiente: desde que había caído bajo la tutela de Juro y se había empapado de sus enseñanzas, había adquirido una mayor habilidad para hacer amigos y relacionarse con la gente; pero también sentía una mayor necesidad de compañía en ciertas ocasiones que creía necesarias compartir con alguien más. <br />
<br />
Aquello resultaba malo si no tenía a nadie que le acompañase, como en aquella ocasión; por lo que decidió que aquel que fomento su desarrollo social se hiciese responsable y le acompañase. Por supuesto, tendría que esperar un poco: fue recién cuando estaba a mitad de camino que se le ocurrió invitar a Juro con una carta que recurría a su amabilidad para que no pudiese negarse a ir.<br />
<br />
«<span style="color: darkkhaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aunque… No creí que hubiese tanta gente</span></span>», pensó mientras veía las calles repletas y recordaba no haberle indicado a su sensei un punto de encuentro.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Tras una hoja]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-tras-una-hoja</link>
			<pubDate>Wed, 05 Jun 2019 00:11:01 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=851">Sagiso Ranko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-tras-una-hoja</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">&gt;&gt;Hueco de rol para nuevos&lt;&lt;</span></div>
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Ahora que oficialmente has demostrado a Kusagakure que eres una ninja totalmente funcional, lo suficientemente hábil como para llevar a cabo misiones, me puedo permitir encargarte una.</span><br />
<br />
Su madre la había llamado en secreto, cuando su padre estaba fuera por negocios, y su hermana estaba de compras. Sagisō Komachi le entregó con su único brazo, el izquierdo, un pergamino enrollado. Ranko, sorprendida, lo tomó con cierta timidez y lo desenrolló. El contenido era breve, pero fue suficiente para confundir a la chica.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Contenido del pergamino" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">(-) Hoja perdida</span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Sagisō Komachi<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Los Herreros(Planicie del Silencio)<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Encuentra y recupera a </span>Shunkashūtō<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">.</span><br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">P-pero madre…</span> —Alzó la vista hacia su progenitora —<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">. Ésta es tu letra. Y ni siquiera está sellado por Morikage-sama.</span><br />
<br />
Komachi tomó con su mano la pipa <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kiseru</span> que había estado prensando fuertemente entre sus labios. Rió suavemente.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Minucias. Detalles. No todos los deberes te serán entregados de manos oficiales, Ran-chan. Algunos pueden salirte al paso de la nada, y serás tú quien decida si te corresponde a ti o no cumplirlo. Quiero que estés preparada para todo, así que te doy esta misión, si decides aceptarla, a manera de entrenamiento. Considérala una misión super-extra-oficial y secreta.</span><br />
<br />
Ranko bajó la mirada hacia el pergamino. Pasaron unos segundos antes de que la chica de la trenza asintiera, con una mirada firme en su rostro.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">¿Quién es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shunkashūtō</span>?</span><br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid palevioletred; font-size: 11px;"></div>
<br />
Y hela allí, a la entrada de la Ciudad de los Herreros, acalorada y cansada, con una blusa verde, sin mangas, una mochila al hombro, y una misión en la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">“Es una espada.”</span> le había contestado su madre, hacía ya días <span style="color: crimson;" class="mycode_color">“La encargué en los Herreros hace un tiempo, y debían entregármela la semana pasada, pero no he recibido noticias del fabricante. Es una espada especial, por eso te la confío, Ran-chan. Búscala y tráela. Y no la desenvaines."</span><br />
<br />
Ranko suspiró. Había mucha gente en es ciudad. Demasiada. Más que demasiada. La kunoichi apretó sus puños y dio un paso hacia adelante. Luego dudó. No dudó sobre buscar la espada o su voluntad de ir varios días al sureste de Ōnindō, sino de su habilidad para encontrar el arma.<br />
<br />
<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">"Siendo honesta… No me sorprendería que pasara más tiempo armándome de valor para preguntar que lo que llevo de viaje… Creo que debería de descansar primero."</span><br />
<br />
Caía la tarde, y la decisión de buscar un lugar para comer y recuperar energías se forjó en su mente. Esperaba no quedarse demasiado allí. Le incomodaba el bullicio de las urbes, mas parecía que a ellas les encantaba incomodar a Ranko.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">&gt;&gt;Hueco de rol para nuevos&lt;&lt;</span></div>
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Ahora que oficialmente has demostrado a Kusagakure que eres una ninja totalmente funcional, lo suficientemente hábil como para llevar a cabo misiones, me puedo permitir encargarte una.</span><br />
<br />
Su madre la había llamado en secreto, cuando su padre estaba fuera por negocios, y su hermana estaba de compras. Sagisō Komachi le entregó con su único brazo, el izquierdo, un pergamino enrollado. Ranko, sorprendida, lo tomó con cierta timidez y lo desenrolló. El contenido era breve, pero fue suficiente para confundir a la chica.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Contenido del pergamino" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">(-) Hoja perdida</span></span></div></div>
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<div style="border-top: 2px solid crimson; font-size: 11px;"></div>
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<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Sagisō Komachi<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Los Herreros(Planicie del Silencio)<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Encuentra y recupera a </span>Shunkashūtō<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">.</span><br />
</div>
    </div>
</div>
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">P-pero madre…</span> —Alzó la vista hacia su progenitora —<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">. Ésta es tu letra. Y ni siquiera está sellado por Morikage-sama.</span><br />
<br />
Komachi tomó con su mano la pipa <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kiseru</span> que había estado prensando fuertemente entre sus labios. Rió suavemente.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">Minucias. Detalles. No todos los deberes te serán entregados de manos oficiales, Ran-chan. Algunos pueden salirte al paso de la nada, y serás tú quien decida si te corresponde a ti o no cumplirlo. Quiero que estés preparada para todo, así que te doy esta misión, si decides aceptarla, a manera de entrenamiento. Considérala una misión super-extra-oficial y secreta.</span><br />
<br />
Ranko bajó la mirada hacia el pergamino. Pasaron unos segundos antes de que la chica de la trenza asintiera, con una mirada firme en su rostro.<br />
<br />
—<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">¿Quién es <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Shunkashūtō</span>?</span><br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid palevioletred; font-size: 11px;"></div>
<br />
Y hela allí, a la entrada de la Ciudad de los Herreros, acalorada y cansada, con una blusa verde, sin mangas, una mochila al hombro, y una misión en la cabeza.<br />
<br />
<span style="color: crimson;" class="mycode_color">“Es una espada.”</span> le había contestado su madre, hacía ya días <span style="color: crimson;" class="mycode_color">“La encargué en los Herreros hace un tiempo, y debían entregármela la semana pasada, pero no he recibido noticias del fabricante. Es una espada especial, por eso te la confío, Ran-chan. Búscala y tráela. Y no la desenvaines."</span><br />
<br />
Ranko suspiró. Había mucha gente en es ciudad. Demasiada. Más que demasiada. La kunoichi apretó sus puños y dio un paso hacia adelante. Luego dudó. No dudó sobre buscar la espada o su voluntad de ir varios días al sureste de Ōnindō, sino de su habilidad para encontrar el arma.<br />
<br />
<span style="color: palevioletred;" class="mycode_color">"Siendo honesta… No me sorprendería que pasara más tiempo armándome de valor para preguntar que lo que llevo de viaje… Creo que debería de descansar primero."</span><br />
<br />
Caía la tarde, y la decisión de buscar un lugar para comer y recuperar energías se forjó en su mente. Esperaba no quedarse demasiado allí. Le incomodaba el bullicio de las urbes, mas parecía que a ellas les encantaba incomodar a Ranko.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El Hierro no olvida]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-hierro-no-olvida</link>
			<pubDate>Sat, 04 May 2019 23:42:05 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-hierro-no-olvida</guid>
			<description><![CDATA[Un calor seco y asfixiante llenaba las calles de Los Herreros, como solía ser habitual, hasta en las épocas de año más frías. Fuego, brasas, humo… Si a eso se le sumaba el gentío por las calles y un sol de verano pegando fuerte en lo alto, obtenías como resultado un día abrasador, de esos en los que buscabas refugio en cada sombra que encontrabas para huir un poco de tanto calor. <br />
<br />
El Uchiha caminaba con su habitual elegancia, hacia un sitio que conocía muy bien. La muerte de su Hermano, la depresión y el estrés habían alargado su vuelta demasiado tiempo. Vestía una camiseta de color blanco oscuro, que dejaban a la vista unos músculos bien formados, fruto de dos meses de duro entrenamiento. Su habitual chaqueta la llevaba colgando de un hombro, y vestía un pantalón largo de un azul oscuro. <br />
<br />
Se detuvo frente a una conocida herrería. Suspiró. Suspiró de nuevo. <br />
<br />
Ahora se arrepentía más que nunca de haberlo alargado tanto. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Venga, vamos allá…</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Un calor seco y asfixiante llenaba las calles de Los Herreros, como solía ser habitual, hasta en las épocas de año más frías. Fuego, brasas, humo… Si a eso se le sumaba el gentío por las calles y un sol de verano pegando fuerte en lo alto, obtenías como resultado un día abrasador, de esos en los que buscabas refugio en cada sombra que encontrabas para huir un poco de tanto calor. <br />
<br />
El Uchiha caminaba con su habitual elegancia, hacia un sitio que conocía muy bien. La muerte de su Hermano, la depresión y el estrés habían alargado su vuelta demasiado tiempo. Vestía una camiseta de color blanco oscuro, que dejaban a la vista unos músculos bien formados, fruto de dos meses de duro entrenamiento. Su habitual chaqueta la llevaba colgando de un hombro, y vestía un pantalón largo de un azul oscuro. <br />
<br />
Se detuvo frente a una conocida herrería. Suspiró. Suspiró de nuevo. <br />
<br />
Ahora se arrepentía más que nunca de haberlo alargado tanto. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Venga, vamos allá…</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los puntos sobre las íes]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-los-puntos-sobre-las-ies</link>
			<pubDate>Tue, 19 Jun 2018 14:48:16 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Karma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-los-puntos-sobre-las-ies</guid>
			<description><![CDATA[—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Buenos días</span> —realizó una reverencia—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. ¿Es esta la herrería de Minoshi-san?</span><br />
<br />
El calor de la fragua era asfixiante, a pesar de que estaba en el exterior. Solo había que dar un par de pasos dentro de la zona de influencia del horno para sentirlo, como si el mismísimo Kagutsuchi bajase de los cielos para darte un malhumorado manotazo en la frente. <br />
<br />
Un hombre trabajaba la ya mencionada. Era enorme, de casi dos metros de altura, musculoso como la mayoría de herreros y con la piel bronceada. Lucía una frondosa melena cana, acompañada de una barba igual de generosa y de la misma tonalidad. Las arrugas de su rostro delataban su avanzada edad. Vestía con un holgado delantal de cuero y ropajes de campesino.<br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Así es, jovencita. ¿Qué puedo hacer por ti? Me temo que ya no forjo armas de ningún tipo, si eso es lo que buscas</span> —afirmó, consciente de que su interlocutora portaba un protector con el símbolo de Uzushiogakure en la frente. <br />
<br />
Minoshi golpeaba con un martillo lo que parecía ser un cucharón de metal, apoyado en el yunque, aportándole veracidad a su argumento. <br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No se preocupe, no vengo en busca de armas. Me han dicho que es muy bueno a la hora de forjar cosas que requieren un poquito más de cuidado que un cuchillo o pieza de armadura cualquiera. Ornamentaciones y similares, por ejemplo.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Sí, no se me daba mal. Aunque a estas alturas solo soy un viejo a punto de retirarse</span> —se encogió de hombros y sonrió, para luego resumir su tarea.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Cree que podría hacer algo similar a esto?</span> —preguntó Karma, llevándose el índice de su mano derecha al centro metálico del hitai-ate.<br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Vaya, vaya. ¿Quieres que falsifique un protector ninja? Creía que las cosas entre las aldeas ya se habían calmado un poco...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡No, no!</span> —se apresuró a decir la pelivioleta, mostrando las palmas de las manos. La sola idea le horrorizaba—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. ¡Es para mí! Quiero uno nuevo, algo un poco distinto a... lo común. Por eso buscaba a un herrero con experiencia en este tipo de creaciones. ¿Sería usted tan amable de considerar mi encargo?</span><br />
<br />
El veterano se acarició el mentón a lo largo de unos instantes. <br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Espero que sea verdad. No estoy para trotes a estas alturas de mi vida, solo quiero tranquilidad. Pero me tienes interesado. Hablemos sobre los detalles, el precio, y quizás podamos llegar a un acuerdo.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Le he preparado una lista y unos esquemas</span> —indicó la fémina—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. Podrá ver que no solo se trata del hitai-ate, hay otra cosa que también necesito...</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">***</div></span></i></div>
<br />
Uchiha Akame podría encontrar una carta en el interior de su buzón. Había sido colada en este en algún momento de la madrugada de ese mismo día. El escrito rezaba:<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Akame-sensei,<br />
<br />
En primer lugar me gustaría disculparme por las molestias que mi petición venidera podría causarle. Sé que está sumamente ocupado con sus deberes de jōnin. No se sienta en compromiso alguno si estos le impiden cumplir con el favor que me gustaría pedirle.<br />
<br />
Estaré alojada durante los próximos tres días en Los Herreros, más concretamente, en una posada llamada El Lechón de Acero. Me gustaría que se reuniese conmigo allí. Además de tener que ocuparme de unos asuntos personales en esta localidad, he oído hablar sobre un interesante lugar que promete ser excelente para entrenar. Si llega y no me encuentra en la posada, pregunte al posadero, le mencionaré su nombre y le indicaré a dónde he ido cada vez que marche a alguna parte.<br />
<br />
Al amanecer del cuarto día partiré de vuelta a Uzushiogakure si no ha podido acudir. Como ya dije, no se sienta obligado. Tampoco es necesario que responda con otro mensaje si no va a venir, en cualquiera de los casos necesitaré estar aquí durante unos días, no estaré perdiendo el tiempo. También procuraré entrenar en solitario.<br />
<br />
Un respetuoso saludo,<br />
Kojima Karma</i></div>
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
Era una mañana como cualquier otra. <br />
<br />
A esas horas no habían demasiados parroquianos en El Lechón de Acero. La posada era amplia y rectangular, con mesas redondas distribuidas por su centro, la barra y trastienda a la izquierda, mientras que a la derecha se podían encontrar las escaleras que llevaban al segundo piso, reservado para las habitaciones de los huéspedes. La entrada y salida estaba cerca de la esquina inferior izquierda, no muy lejos de la barra. <br />
<br />
Karma estaba sentada en una de estas mesas, con una humeante taza de café frente a ella. Junto a esta, su kit médico. Vestía como siempre, llevaba encima todo su equipamiento y el protector frontal. Sostenía con la mano izquierda un libro abierto: "El Ninja Sabio". Leía, enfrascada en el tomo, y de tanto en tanto le daba un sorbo a su café con la diestra.<br />
<br />
Unas cuantas mesas más allá había un par de ancianos jugando al shōgi mientras disfrutaban de unas pintas. Tras la barra estaba el posadero, calvo y panzudo, mirando al infinito. Era fácil deducir que estaba aburrido como una ostra. Lo único que rompía el silencio eran los comentarios del par de viejos, comentarios que a veces se convertían en quejas al no estar de acuerdo con un movimiento del contrario.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Buenos días</span> —realizó una reverencia—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. ¿Es esta la herrería de Minoshi-san?</span><br />
<br />
El calor de la fragua era asfixiante, a pesar de que estaba en el exterior. Solo había que dar un par de pasos dentro de la zona de influencia del horno para sentirlo, como si el mismísimo Kagutsuchi bajase de los cielos para darte un malhumorado manotazo en la frente. <br />
<br />
Un hombre trabajaba la ya mencionada. Era enorme, de casi dos metros de altura, musculoso como la mayoría de herreros y con la piel bronceada. Lucía una frondosa melena cana, acompañada de una barba igual de generosa y de la misma tonalidad. Las arrugas de su rostro delataban su avanzada edad. Vestía con un holgado delantal de cuero y ropajes de campesino.<br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Así es, jovencita. ¿Qué puedo hacer por ti? Me temo que ya no forjo armas de ningún tipo, si eso es lo que buscas</span> —afirmó, consciente de que su interlocutora portaba un protector con el símbolo de Uzushiogakure en la frente. <br />
<br />
Minoshi golpeaba con un martillo lo que parecía ser un cucharón de metal, apoyado en el yunque, aportándole veracidad a su argumento. <br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">No se preocupe, no vengo en busca de armas. Me han dicho que es muy bueno a la hora de forjar cosas que requieren un poquito más de cuidado que un cuchillo o pieza de armadura cualquiera. Ornamentaciones y similares, por ejemplo.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Sí, no se me daba mal. Aunque a estas alturas solo soy un viejo a punto de retirarse</span> —se encogió de hombros y sonrió, para luego resumir su tarea.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¿Cree que podría hacer algo similar a esto?</span> —preguntó Karma, llevándose el índice de su mano derecha al centro metálico del hitai-ate.<br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Vaya, vaya. ¿Quieres que falsifique un protector ninja? Creía que las cosas entre las aldeas ya se habían calmado un poco...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡No, no!</span> —se apresuró a decir la pelivioleta, mostrando las palmas de las manos. La sola idea le horrorizaba—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. ¡Es para mí! Quiero uno nuevo, algo un poco distinto a... lo común. Por eso buscaba a un herrero con experiencia en este tipo de creaciones. ¿Sería usted tan amable de considerar mi encargo?</span><br />
<br />
El veterano se acarició el mentón a lo largo de unos instantes. <br />
<br />
—<span style="color: darkgray;" class="mycode_color">Espero que sea verdad. No estoy para trotes a estas alturas de mi vida, solo quiero tranquilidad. Pero me tienes interesado. Hablemos sobre los detalles, el precio, y quizás podamos llegar a un acuerdo.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Le he preparado una lista y unos esquemas</span> —indicó la fémina—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. Podrá ver que no solo se trata del hitai-ate, hay otra cosa que también necesito...</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><div align="center">***</div></span></i></div>
<br />
Uchiha Akame podría encontrar una carta en el interior de su buzón. Había sido colada en este en algún momento de la madrugada de ese mismo día. El escrito rezaba:<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Akame-sensei,<br />
<br />
En primer lugar me gustaría disculparme por las molestias que mi petición venidera podría causarle. Sé que está sumamente ocupado con sus deberes de jōnin. No se sienta en compromiso alguno si estos le impiden cumplir con el favor que me gustaría pedirle.<br />
<br />
Estaré alojada durante los próximos tres días en Los Herreros, más concretamente, en una posada llamada El Lechón de Acero. Me gustaría que se reuniese conmigo allí. Además de tener que ocuparme de unos asuntos personales en esta localidad, he oído hablar sobre un interesante lugar que promete ser excelente para entrenar. Si llega y no me encuentra en la posada, pregunte al posadero, le mencionaré su nombre y le indicaré a dónde he ido cada vez que marche a alguna parte.<br />
<br />
Al amanecer del cuarto día partiré de vuelta a Uzushiogakure si no ha podido acudir. Como ya dije, no se sienta obligado. Tampoco es necesario que responda con otro mensaje si no va a venir, en cualquiera de los casos necesitaré estar aquí durante unos días, no estaré perdiendo el tiempo. También procuraré entrenar en solitario.<br />
<br />
Un respetuoso saludo,<br />
Kojima Karma</i></div>
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">***</span></div></i></div>
<br />
Era una mañana como cualquier otra. <br />
<br />
A esas horas no habían demasiados parroquianos en El Lechón de Acero. La posada era amplia y rectangular, con mesas redondas distribuidas por su centro, la barra y trastienda a la izquierda, mientras que a la derecha se podían encontrar las escaleras que llevaban al segundo piso, reservado para las habitaciones de los huéspedes. La entrada y salida estaba cerca de la esquina inferior izquierda, no muy lejos de la barra. <br />
<br />
Karma estaba sentada en una de estas mesas, con una humeante taza de café frente a ella. Junto a esta, su kit médico. Vestía como siempre, llevaba encima todo su equipamiento y el protector frontal. Sostenía con la mano izquierda un libro abierto: "El Ninja Sabio". Leía, enfrascada en el tomo, y de tanto en tanto le daba un sorbo a su café con la diestra.<br />
<br />
Unas cuantas mesas más allá había un par de ancianos jugando al shōgi mientras disfrutaban de unas pintas. Tras la barra estaba el posadero, calvo y panzudo, mirando al infinito. Era fácil deducir que estaba aburrido como una ostra. Lo único que rompía el silencio eran los comentarios del par de viejos, comentarios que a veces se convertían en quejas al no estar de acuerdo con un movimiento del contrario.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Aprendiendo de los mejores]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-aprendiendo-de-los-mejores</link>
			<pubDate>Sun, 15 Apr 2018 17:11:01 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Nande</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-aprendiendo-de-los-mejores</guid>
			<description><![CDATA[Tras algo más de un día de viaje, por fin había llegado al afamado pueblo de artesanos conocido como "Los Herreros". Se sentía bastante orgulloso de sí mismo por haber llegado hasta allí puesto que era la primera vez que emprendía un viaje solo y a pie, así que para el chico aquel primer trayecto había sido algo más que una simple caminata. Además de la alegría de sentirse finalmente independiente en cierta forma, debía de sumarse que acababa de llegar a, posiblemente, la ciudad más importante de todo Onindo en lo que se respecta a la forja y mercadeo de armamento. Y es que el lugar a visitar no había sido elegido al azar, si no que había sido cuidadosamente planificado. Su primer viaje le llevaría desde los Herreros hasta Taikarune, ambas ciudades unidas por las armas.<br />
<br />
La idea de Nande era buscar ideas nuevas para seguir con el desarrollo y avance de sus propias marionetas, puesto que la mayoría del armamento que utilizaba era considerado estándar y el quería ser reconocido como un innovador dentro de su especialidad, que generaciones futuras usasen sus inventos y le recordasen como uno de los grandes dentro de los marionetistas. <br />
<br />
El chico de ojos azules se unió a la masa de comerciantes, viajeros y soldados que trataban de acceder a la ciudad. Se notaba que era uno de los centros de comercio más importantes de la zona, puesto que ese volumen de personas solo lo había visto en Yamiria anteriormente cuando la visitó con su abuelo en un viaje de negocios. Aquella vez iba protegido por un robusto carruaje que le mantenía a salvo de los vaivenes de la masa, sin embargo esta vez iba a pie y solo. Su altura suponía un problema cuando tenía que caminar entre tantas personas, pues debía estar constantemente esquivando las piernas de los demás viandantes que por lo general no solían reparar en él hasta que era demasiado tarde.<br />
<br />
Por suerte para Nande, la entrada la ciudad estaba ya cercana y seguramente allí podría apartarse del caudal principal de visitantes.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Tras algo más de un día de viaje, por fin había llegado al afamado pueblo de artesanos conocido como "Los Herreros". Se sentía bastante orgulloso de sí mismo por haber llegado hasta allí puesto que era la primera vez que emprendía un viaje solo y a pie, así que para el chico aquel primer trayecto había sido algo más que una simple caminata. Además de la alegría de sentirse finalmente independiente en cierta forma, debía de sumarse que acababa de llegar a, posiblemente, la ciudad más importante de todo Onindo en lo que se respecta a la forja y mercadeo de armamento. Y es que el lugar a visitar no había sido elegido al azar, si no que había sido cuidadosamente planificado. Su primer viaje le llevaría desde los Herreros hasta Taikarune, ambas ciudades unidas por las armas.<br />
<br />
La idea de Nande era buscar ideas nuevas para seguir con el desarrollo y avance de sus propias marionetas, puesto que la mayoría del armamento que utilizaba era considerado estándar y el quería ser reconocido como un innovador dentro de su especialidad, que generaciones futuras usasen sus inventos y le recordasen como uno de los grandes dentro de los marionetistas. <br />
<br />
El chico de ojos azules se unió a la masa de comerciantes, viajeros y soldados que trataban de acceder a la ciudad. Se notaba que era uno de los centros de comercio más importantes de la zona, puesto que ese volumen de personas solo lo había visto en Yamiria anteriormente cuando la visitó con su abuelo en un viaje de negocios. Aquella vez iba protegido por un robusto carruaje que le mantenía a salvo de los vaivenes de la masa, sin embargo esta vez iba a pie y solo. Su altura suponía un problema cuando tenía que caminar entre tantas personas, pues debía estar constantemente esquivando las piernas de los demás viandantes que por lo general no solían reparar en él hasta que era demasiado tarde.<br />
<br />
Por suerte para Nande, la entrada la ciudad estaba ya cercana y seguramente allí podría apartarse del caudal principal de visitantes.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los señores del Hierro]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-los-senores-del-hierro</link>
			<pubDate>Tue, 09 May 2017 22:07:45 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=6">Umikiba Kaido</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-los-senores-del-hierro</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los Herreros</span> era un pueblo muy curioso, teniendo en cuenta la manera en la que ōnindo ha funcionado; incluso desde sus tiempos más memorables, durante tantas generaciones. La confrontación, la guerra, las amenazas veladas. Los secretos, el subterfugio. Así se mueve el mundo ninja. Y sin embargo...<br />
<br />
Allí estaba el pueblo de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los Herreros</span>. Un bastión conocido de grandes artesanos armamentistas, cuyas más exóticas creaciones eran despachadas a los numerosos ejércitos que protegen a ōnindo. Desde milicias feudales hasta a las mismísimas tres grandes aldeas tenían las narices metidas en ostentosos contratos que probablemente le arreglaría la vida a más de un trabajador. Entonces pues, un pequeño asentamiento repleto de armas por doquier, con tanto dinero de por medio. <br />
<br />
Y se decía que era uno de los pueblos más pacíficos de todo el país de la Espiral, al menos, por no ir más allá.<br />
<br />
No está de más decir que existe más de un escéptico que desconfía de ésta primicia, pues para el que conoce los vestigios turbulentos de la historia ninja, poco puede creer en que algo así pueda existir, no sin un acuerdo fortuito, firmado y equitativamente beneficioso para todas las partes, como en el caso de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Amegakure, Uzushiogakure y Kusagakure</span>.<br />
<br />
Es ahí, mis queridos colegas, donde la fábula de los Señores del Hierro comienza. <br />
<br />
<div align="center"> *** </div>
<br />
La entrada al pueblo era esplendorosa en su más humilde forma. Dos caminos conexos en cada extremo del asentamiento se unían en conformidad con las salidas a las distintas vertientes del país de la Espiral. Detrás se podía apreciar a lo lejano las extensas planicies del silencio que daban paso hasta los más frondosos bosques de la Hoja, y más adelante, sucedía lo mismo pero con un panorama más abierto y pulcro que el anterior, hacia allá, en dirección a la ubicación de la aldea de ese mismo país, desconocida, claro, salvo para los mismísimos miembros de su ciudad.<br />
<br />
El pueblo estaba compuesto por numerosas cabañas de ladrillo y piedra, casi todas distinguidas por letreros únicos de nombres diferentes. Salvo por alguna excepción en particular, estas casas siempre estaban equipadas con grandes chimeneas donde probablemente estuviese ubicada la forja de cada artesano. Está de más decir que el humo despedido de ellas era abismal. <br />
<br />
Además de, contaba con unos cuantos hostales, un par de bares y restaurantes para los turistas e incluso casas de empeño. Allí no sólo se vendían armas, también se compraban.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los Herreros</span> era un pueblo muy curioso, teniendo en cuenta la manera en la que ōnindo ha funcionado; incluso desde sus tiempos más memorables, durante tantas generaciones. La confrontación, la guerra, las amenazas veladas. Los secretos, el subterfugio. Así se mueve el mundo ninja. Y sin embargo...<br />
<br />
Allí estaba el pueblo de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Los Herreros</span>. Un bastión conocido de grandes artesanos armamentistas, cuyas más exóticas creaciones eran despachadas a los numerosos ejércitos que protegen a ōnindo. Desde milicias feudales hasta a las mismísimas tres grandes aldeas tenían las narices metidas en ostentosos contratos que probablemente le arreglaría la vida a más de un trabajador. Entonces pues, un pequeño asentamiento repleto de armas por doquier, con tanto dinero de por medio. <br />
<br />
Y se decía que era uno de los pueblos más pacíficos de todo el país de la Espiral, al menos, por no ir más allá.<br />
<br />
No está de más decir que existe más de un escéptico que desconfía de ésta primicia, pues para el que conoce los vestigios turbulentos de la historia ninja, poco puede creer en que algo así pueda existir, no sin un acuerdo fortuito, firmado y equitativamente beneficioso para todas las partes, como en el caso de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Amegakure, Uzushiogakure y Kusagakure</span>.<br />
<br />
Es ahí, mis queridos colegas, donde la fábula de los Señores del Hierro comienza. <br />
<br />
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La entrada al pueblo era esplendorosa en su más humilde forma. Dos caminos conexos en cada extremo del asentamiento se unían en conformidad con las salidas a las distintas vertientes del país de la Espiral. Detrás se podía apreciar a lo lejano las extensas planicies del silencio que daban paso hasta los más frondosos bosques de la Hoja, y más adelante, sucedía lo mismo pero con un panorama más abierto y pulcro que el anterior, hacia allá, en dirección a la ubicación de la aldea de ese mismo país, desconocida, claro, salvo para los mismísimos miembros de su ciudad.<br />
<br />
El pueblo estaba compuesto por numerosas cabañas de ladrillo y piedra, casi todas distinguidas por letreros únicos de nombres diferentes. Salvo por alguna excepción en particular, estas casas siempre estaban equipadas con grandes chimeneas donde probablemente estuviese ubicada la forja de cada artesano. Está de más decir que el humo despedido de ellas era abismal. <br />
<br />
Además de, contaba con unos cuantos hostales, un par de bares y restaurantes para los turistas e incluso casas de empeño. Allí no sólo se vendían armas, también se compraban.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Enzo Petas y las Reliquias de la Muerte]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-enzo-petas-y-las-reliquias-de-la-muerte</link>
			<pubDate>Thu, 12 Jan 2017 23:36:41 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-enzo-petas-y-las-reliquias-de-la-muerte</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clink, clonk, clank</span>. <br />
<br />
Mientras caminaba por aquella calle tan bien pavimentada con ladrillos grises, franqueada por edificios de paredes blancas y tejados rojos, Akame no pudo evitar pensar que tal vez aquella fuese la ciudad más ruidosa de todo Oonindo. Claro que, ¿qué otra cosa podía esperarse de Los Herreros? Un lugar famoso por su producción de armamento y material militar como aquel no podía tener otra banda sonora. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clink, clonk, clank</span>.<br />
<br />
Hasta el observador menos avispado podía advertir, mirase donde mirase, al menos dos o tres fuentes de golpeteos, tintineos metálicos y chirridos. Aquí, un comerciante poniendo en orden una remesa de katanas. Allá, un armero colgando varias armaduras de firmes perchas de madera. Y, como no, casi en cualquier sitio podía oírse, alto y claro, el estruendo de un martillo golpeando contra su yunque.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clink, clonk, clank</span>. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: indianred;" class="mycode_color">«¡Por todos los dioses de Oonindo, ¿es que no va a parar ni un segundo este ruido del demonio!?»</span></span>, se dijo a sí mismo el Uchiha, aprentado los dientes, y como si eso fuese a ayudarle, empezó a caminar más deprisa.<br />
<br />
Lo cierto era que Akame no se encontraba allí por casualidad. Llevaba poco tiempo en el País de la Espiral, pero ya había oído historias sobre aquel importante asentamiento, y todas concluían que era un lugar digno de visitar. Él, como gennin recién graduado de Uzushiogakure no Sato, sentía una sana curiosidad por ver de primera mano cómo y dónde se elaboraban las armas que luego le vendían los comerciantes de su aldea... A coste de oro, cabe decir.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: indianred;" class="mycode_color">«Lo que está claro es que aquí encontraré mejores precios»</span></span>. El muchacho no era un negociante nato, ni mucho menos, pero claro como el agua estaba que cuanto más te acercas a la fuente —eliminando intermediarios— más beneficio obtienes. Y por eso mismo había decidido ahorrar algo del dinero que su maestra le había dado, y gastarlo allí, si es que veía alguna pieza que mereciese la pena.<br />
<br />
De repente algo captó su atención. Un artesano colocaba, con destreza y cuidado, una reluciente armadura sobre su percha de madera oscura. Akame se acercó sin disimulo, admirando la pieza. El acero pulido brillaba con la luz del Sol de Primavera, arrancando destellos plateados, las juntas estaban ribeteadas con colores carmesíes, dorados y plateados, y las placas parecían sumamente armónicas. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No soy herrero, ni conozco el oficio, pero está claro que esto es una armadura de calidad.</span> —dijo el Uchiha, al ver que el artesano se le había quedado mirando.<br />
<br />
El hombre, un tipo alto y de hombros anchos, con la cabeza totalmente pelada y un poblado bigote negro bajo la nariz, sonrió con satisfacción.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Veo que tienes buen ojo, muchacho. En efecto, es una buena pieza</span> —respondió el artesano—. <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Y está mal que lo diga yo, pero es que me siento realmente orgulloso de ésta en concreto. ¿Tal vez te interesaría comprarla?</span><br />
<br />
Akame negó con la cabeza, sonriendo con amabilidad.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No, gracias. No sería capaz de aguantar ni cinco minutos con eso puesto.</span><br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Pasen, pasen, caballeros. Por favor, recordemos respetar la Sagrada Regla de las 72 Horas (salvo ausencias avisadas y fines de semana e.e)</div></div></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clink, clonk, clank</span>. <br />
<br />
Mientras caminaba por aquella calle tan bien pavimentada con ladrillos grises, franqueada por edificios de paredes blancas y tejados rojos, Akame no pudo evitar pensar que tal vez aquella fuese la ciudad más ruidosa de todo Oonindo. Claro que, ¿qué otra cosa podía esperarse de Los Herreros? Un lugar famoso por su producción de armamento y material militar como aquel no podía tener otra banda sonora. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clink, clonk, clank</span>.<br />
<br />
Hasta el observador menos avispado podía advertir, mirase donde mirase, al menos dos o tres fuentes de golpeteos, tintineos metálicos y chirridos. Aquí, un comerciante poniendo en orden una remesa de katanas. Allá, un armero colgando varias armaduras de firmes perchas de madera. Y, como no, casi en cualquier sitio podía oírse, alto y claro, el estruendo de un martillo golpeando contra su yunque.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Clink, clonk, clank</span>. <br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: indianred;" class="mycode_color">«¡Por todos los dioses de Oonindo, ¿es que no va a parar ni un segundo este ruido del demonio!?»</span></span>, se dijo a sí mismo el Uchiha, aprentado los dientes, y como si eso fuese a ayudarle, empezó a caminar más deprisa.<br />
<br />
Lo cierto era que Akame no se encontraba allí por casualidad. Llevaba poco tiempo en el País de la Espiral, pero ya había oído historias sobre aquel importante asentamiento, y todas concluían que era un lugar digno de visitar. Él, como gennin recién graduado de Uzushiogakure no Sato, sentía una sana curiosidad por ver de primera mano cómo y dónde se elaboraban las armas que luego le vendían los comerciantes de su aldea... A coste de oro, cabe decir.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: indianred;" class="mycode_color">«Lo que está claro es que aquí encontraré mejores precios»</span></span>. El muchacho no era un negociante nato, ni mucho menos, pero claro como el agua estaba que cuanto más te acercas a la fuente —eliminando intermediarios— más beneficio obtienes. Y por eso mismo había decidido ahorrar algo del dinero que su maestra le había dado, y gastarlo allí, si es que veía alguna pieza que mereciese la pena.<br />
<br />
De repente algo captó su atención. Un artesano colocaba, con destreza y cuidado, una reluciente armadura sobre su percha de madera oscura. Akame se acercó sin disimulo, admirando la pieza. El acero pulido brillaba con la luz del Sol de Primavera, arrancando destellos plateados, las juntas estaban ribeteadas con colores carmesíes, dorados y plateados, y las placas parecían sumamente armónicas. <br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No soy herrero, ni conozco el oficio, pero está claro que esto es una armadura de calidad.</span> —dijo el Uchiha, al ver que el artesano se le había quedado mirando.<br />
<br />
El hombre, un tipo alto y de hombros anchos, con la cabeza totalmente pelada y un poblado bigote negro bajo la nariz, sonrió con satisfacción.<br />
<br />
—<span style="color: sienna;" class="mycode_color">Veo que tienes buen ojo, muchacho. En efecto, es una buena pieza</span> —respondió el artesano—. <span style="color: sienna;" class="mycode_color">Y está mal que lo diga yo, pero es que me siento realmente orgulloso de ésta en concreto. ¿Tal vez te interesaría comprarla?</span><br />
<br />
Akame negó con la cabeza, sonriendo con amabilidad.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">No, gracias. No sería capaz de aguantar ni cinco minutos con eso puesto.</span><br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;"><div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px;  width: auto;"><input type="button" class="button spoiler-button-noname" style="font-weight: bold;" value="Mostrar/Ocultar" /></div><div class="quotecontent"><div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Pasen, pasen, caballeros. Por favor, recordemos respetar la Sagrada Regla de las 72 Horas (salvo ausencias avisadas y fines de semana e.e)</div></div></div>]]></content:encoded>
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