<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title><![CDATA[NinjaWorld - Lago de Shiona]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Fri, 12 Jun 2026 13:14:09 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Corazón ardiente]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-corazon-ardiente</link>
			<pubDate>Wed, 08 Jan 2025 20:33:27 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=201">Himura Ren</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-corazon-ardiente</guid>
			<description><![CDATA[Había pasado una semana, el tiempo que habían estipulado para reencontrarse en el lago de Shiona. No habían estipulado si sería de mañana, tarde o noche, por lo que Ren había salido el día anterior y durmió en una posada cercana. Le había costado horrores conciliar el sueño la noche anterior de los nervios, pero cuando lo consiguió durmió como un tronco; y sin embargo, se levantó con extremada puntualidad cuando la luz del día empezó a entrar en su habitación y el ruido de actividad llegaba a sus oídos. <br />
<br />
Compró algo de comer, lo primero que vio que le pudiera gustar cuando salió del hostal en una tienda cercana y después se dirigió con paso ligero hasta el lago de Shiona, comiendolo por el camino. Una vez allí, simplemente se quedaría a esperar pasar el tiempo hasta que Hana apareciera.<br />
<br />
Llevaba una kasa de bambú sobre la cabeza con forma de cono esférico estirado, vestía con una camisa interior negra de cuello alto y sobre esta una de color azul apagado que se solapaba un lado por encima del otro. Sobre este, un haori negro largo y en un lateral se vería su daisho compuesto por una uchigatana y una wakizashi. Llevaba un obi también de un color oscuro, con una cuerda azul a modo de refuerzo, la cual tenía el nudo a un lado y podía verse el resto sobrante de la cuerda así como las dos orejas del nudo; colgado de este y en el lado opuesto, llevaba una pequeña bolsa colgada en la que guardaba algunas monedas y en la parte posterior de ese lado una cantimplora hecha con una calabaza. Sus manos estaban cubiertas por la camisa interior negra que llegaba hasta el final de sus manos, metiéndose entre los dedos anular y corazón. También tenía un hakama de un color oscuro algo más claro, pero bajo este llevaba los pantalones normales de un ninja y las zapatillas negras y blancas que carecían de cuerdas o similares para ser llevadas. Finalmente, a su espalda parecía llevar una bolsa grande y un palo que sobresalía por el lateral.<br />
<br />
Con todas las de la ley, parecía una samurai extraviada del país de Acero o de otros ciudadanos más tradicionales del país de la espiral.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había pasado una semana, el tiempo que habían estipulado para reencontrarse en el lago de Shiona. No habían estipulado si sería de mañana, tarde o noche, por lo que Ren había salido el día anterior y durmió en una posada cercana. Le había costado horrores conciliar el sueño la noche anterior de los nervios, pero cuando lo consiguió durmió como un tronco; y sin embargo, se levantó con extremada puntualidad cuando la luz del día empezó a entrar en su habitación y el ruido de actividad llegaba a sus oídos. <br />
<br />
Compró algo de comer, lo primero que vio que le pudiera gustar cuando salió del hostal en una tienda cercana y después se dirigió con paso ligero hasta el lago de Shiona, comiendolo por el camino. Una vez allí, simplemente se quedaría a esperar pasar el tiempo hasta que Hana apareciera.<br />
<br />
Llevaba una kasa de bambú sobre la cabeza con forma de cono esférico estirado, vestía con una camisa interior negra de cuello alto y sobre esta una de color azul apagado que se solapaba un lado por encima del otro. Sobre este, un haori negro largo y en un lateral se vería su daisho compuesto por una uchigatana y una wakizashi. Llevaba un obi también de un color oscuro, con una cuerda azul a modo de refuerzo, la cual tenía el nudo a un lado y podía verse el resto sobrante de la cuerda así como las dos orejas del nudo; colgado de este y en el lado opuesto, llevaba una pequeña bolsa colgada en la que guardaba algunas monedas y en la parte posterior de ese lado una cantimplora hecha con una calabaza. Sus manos estaban cubiertas por la camisa interior negra que llegaba hasta el final de sus manos, metiéndose entre los dedos anular y corazón. También tenía un hakama de un color oscuro algo más claro, pero bajo este llevaba los pantalones normales de un ninja y las zapatillas negras y blancas que carecían de cuerdas o similares para ser llevadas. Finalmente, a su espalda parecía llevar una bolsa grande y un palo que sobresalía por el lateral.<br />
<br />
Con todas las de la ley, parecía una samurai extraviada del país de Acero o de otros ciudadanos más tradicionales del país de la espiral.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Tributo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-tributo</link>
			<pubDate>Mon, 21 Mar 2022 23:59:55 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=992">Himura Hana</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-tributo</guid>
			<description><![CDATA[No podía, en buena conciencia, volver a ser kunoichi sin ir a visitar a su madre. A la madre de todos los ninjas de Uzushiogakure, por lo menos los de su generación y anteriores. Muchos de los que se graduaban ahora no tenían el cariño y la implicación que ella misma o cualquier mayor tendría con Uzumaki Shiona. La respetaban, claro, como a cualquier otra Uzukage, pero no era lo mismo. No era ni remotamente parecido.<br />
<br />
Ya no había la misma afluencia al Lago de Shiona como había habido antes. Algunos ninjas, como ella, venían a rendir tributo a la Uzukage. Algunos civiles venían de turismo, a ver la construcción que había alrededor de su tumba. Estaba arrodillada en la plataforma central, donde quedaba la tumba. Miraba y no veía. Cuando llegó había un par de shinobis que se marcharon media hora más tarde, eso fue hace más de una hora y Hana seguía allí. <br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¿Qué hago, Shiona-sama? ¿Qué debería hacer?</span> — se quitó la bandana de la frente y la sostuvo en sus manos, como ofreciendosela. — <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¿Cómo puedo volver a ponerme la bandana y hacer como si no hubiese pasado nada? ¿Y si vuelvo a hacerlo?</span> <br />
<br />
Se quedó unos segundos esperando una respuesta antes de volver a ponerse la bandana, en silencio. <br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">Perdone, ya la he molestado bastante. Estaré bien. Tal vez.</span> — lo quería creer, iba a intentar seguir adelante, ayudar a su villa en el campo de batalla hasta donde diese. <br />
<br />
Se levantó e hizo una ligera reverencia, echando un vistazo al lago y a sus alrededores.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[No podía, en buena conciencia, volver a ser kunoichi sin ir a visitar a su madre. A la madre de todos los ninjas de Uzushiogakure, por lo menos los de su generación y anteriores. Muchos de los que se graduaban ahora no tenían el cariño y la implicación que ella misma o cualquier mayor tendría con Uzumaki Shiona. La respetaban, claro, como a cualquier otra Uzukage, pero no era lo mismo. No era ni remotamente parecido.<br />
<br />
Ya no había la misma afluencia al Lago de Shiona como había habido antes. Algunos ninjas, como ella, venían a rendir tributo a la Uzukage. Algunos civiles venían de turismo, a ver la construcción que había alrededor de su tumba. Estaba arrodillada en la plataforma central, donde quedaba la tumba. Miraba y no veía. Cuando llegó había un par de shinobis que se marcharon media hora más tarde, eso fue hace más de una hora y Hana seguía allí. <br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¿Qué hago, Shiona-sama? ¿Qué debería hacer?</span> — se quitó la bandana de la frente y la sostuvo en sus manos, como ofreciendosela. — <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">¿Cómo puedo volver a ponerme la bandana y hacer como si no hubiese pasado nada? ¿Y si vuelvo a hacerlo?</span> <br />
<br />
Se quedó unos segundos esperando una respuesta antes de volver a ponerse la bandana, en silencio. <br />
<br />
— <span style="color: lightsalmon;" class="mycode_color">Perdone, ya la he molestado bastante. Estaré bien. Tal vez.</span> — lo quería creer, iba a intentar seguir adelante, ayudar a su villa en el campo de batalla hasta donde diese. <br />
<br />
Se levantó e hizo una ligera reverencia, echando un vistazo al lago y a sus alrededores.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Honor en vida, Caos en muerte]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-honor-en-vida-caos-en-muerte</link>
			<pubDate>Sun, 26 Jan 2020 23:20:38 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=992">Himura Hana</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-honor-en-vida-caos-en-muerte</guid>
			<description><![CDATA[Para cualquier uzujin no había ningún lugar en el mundo más digno de visitar que aquel. El Valle del Fin estaba bien, pero el Lago de Shiona era una herida reciente, sin cicatrizar, ni en la Tierra ni en el corazón. El agua de mar se colaba, creando un mar interior mal denominado lago por el mundo. Hana no era la que iba a empezar ese debate. <br />
<br />
Arrodillada en la isla central ante el monumento a su Uzukage le rendía tributo, con las palmas juntas y los ojos cerrados. Podía dudar de su villa, del sistema actual que las jerarquizaba, pero no había ni un atisbo de duda acerca de que Shiona-sama había sido una de las mejores kages que habían habido en las Tres Villas. No puedes mantener a toda una villa en paz y bien alimentada durante cien años siendo una mala persona.<br />
<br />
En principio, el Sol estaba alto todavía, llevaba una capa de viaje puesta, una chaqueta, una camiseta de manga larga y una camiseta interior. Dicho de otra manera, llevaba más capas que una cebolla. Aún así, tras cinco minutos parada, estaba congelándose.  Decidió que era hora de volver. Era uno de sus primeros viajes fuera de la villa, había hecho noche en Los Herreros y ahora le tocaba volver, por mucho que la idea de acampar en el bosque le llamase, era demasiado friolera para dormir a la intemperie en invierno. <br />
<br />
Se acercó a la estatua y posó su mano sobre ella, casi esperando sentir algo fuera de lo común. Solo sintió el frio en su palma, la rugosidad del monumento y el silencio, que ella misma rompió.<br />
<br />
— <span style="color: LightSalmon;" class="mycode_color">Saluda a papá y mamá.</span> — no tenía mucho más que decir.<br />
<br />
Dio un par de pasos atrás antes de dedicarle una última mirada al lugar y ponerse en marcha. Se puso la capucha de la capa de viaje de color carmesí y empezó a saltar de plataforma en plataforma, haciendo ritual saltarlas en orden para honrar a Shiona. Nada más digno que ir a verla haciendo la espiral e irse de la misma manera.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Para cualquier uzujin no había ningún lugar en el mundo más digno de visitar que aquel. El Valle del Fin estaba bien, pero el Lago de Shiona era una herida reciente, sin cicatrizar, ni en la Tierra ni en el corazón. El agua de mar se colaba, creando un mar interior mal denominado lago por el mundo. Hana no era la que iba a empezar ese debate. <br />
<br />
Arrodillada en la isla central ante el monumento a su Uzukage le rendía tributo, con las palmas juntas y los ojos cerrados. Podía dudar de su villa, del sistema actual que las jerarquizaba, pero no había ni un atisbo de duda acerca de que Shiona-sama había sido una de las mejores kages que habían habido en las Tres Villas. No puedes mantener a toda una villa en paz y bien alimentada durante cien años siendo una mala persona.<br />
<br />
En principio, el Sol estaba alto todavía, llevaba una capa de viaje puesta, una chaqueta, una camiseta de manga larga y una camiseta interior. Dicho de otra manera, llevaba más capas que una cebolla. Aún así, tras cinco minutos parada, estaba congelándose.  Decidió que era hora de volver. Era uno de sus primeros viajes fuera de la villa, había hecho noche en Los Herreros y ahora le tocaba volver, por mucho que la idea de acampar en el bosque le llamase, era demasiado friolera para dormir a la intemperie en invierno. <br />
<br />
Se acercó a la estatua y posó su mano sobre ella, casi esperando sentir algo fuera de lo común. Solo sintió el frio en su palma, la rugosidad del monumento y el silencio, que ella misma rompió.<br />
<br />
— <span style="color: LightSalmon;" class="mycode_color">Saluda a papá y mamá.</span> — no tenía mucho más que decir.<br />
<br />
Dio un par de pasos atrás antes de dedicarle una última mirada al lugar y ponerse en marcha. Se puso la capucha de la capa de viaje de color carmesí y empezó a saltar de plataforma en plataforma, haciendo ritual saltarlas en orden para honrar a Shiona. Nada más digno que ir a verla haciendo la espiral e irse de la misma manera.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[De ojos ámbares y cabello carmesí]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-de-ojos-ambares-y-cabello-carmesi</link>
			<pubDate>Tue, 15 Jan 2019 17:53:40 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-de-ojos-ambares-y-cabello-carmesi</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 10px;"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color">Bienvenida</span>, 219</span></div>
<br />
<br />
Por mucho que no podamos verlo, por mucho que no sepamos apreciarlo, cada día la naturaleza nos regala momentos maravillosos. Aquel era uno de esos, en ese intervalo de tiempo justo, en esa hora y minuto exacto, cuando el sol perdía fuerza en el horizonte y teñía el cielo de tonalidades rojas, naranjas y doradas. <br />
<br />
El Lago de Shiona absorbía toda esa amalgama de colores y se teñía de un único y homogéneo tono: el carmesí. Esto, unido a las plataformas circulares que flotaban sobre el lago, distribuidas de tal modo que, vistas desde el cielo, formaban el símbolo del remolino, hacia que se le pusiesen los vellos de punta a cualquier uzujin que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sintiese</span> por su patria. <br />
<br />
Aquel preciso momento no se producía a las seis de la tarde. Ni a las siete. Ni a las ocho. No, aquel era, como le gustaba llamarle a Datsue, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la hora de Shiona</span>. <br />
<br />
El Uchiha recordaba como si fuese ayer la última vez que había estado allí. Había sido ocho meses atrás, cuando se había encontrado con Senju Riko, también conocido como Riko el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Soplón</span>. Había llegado en un gran bache en su vida, con Aiko perdida, y justo después de haber sido rebajado a Genin. <br />
<br />
Ahora, volvía con su uniforme oficial de Jounin y su placa dorada reluciente en el brazo derecho. Había ganado prestigio y una posición de poder. Había perdido a su Hermano. Aiko seguía pudriéndose bajo un lago. Si lo de antes había sido un bache, ahora había caído de cabeza en un pozo. <br />
<br />
Pero aquel no era un día para ponerse triste, se dijo. Tenía que ser optimista. Tenía que pensar en positivo. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Hoy vengo de cumplir una misión</span> —dijo a la estatua de Shiona, y a su Hermano. Había activado el sello de la Hermandad Intrépida, ese que llevaba el número dos encima de su oreja, cubierto por su cabello, y que todavía le unía a Akame—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Completada con éxito, aunque eso no hacía falta decirlo.</span> <br />
<br />
Sonrió, y pese a que fue una sonrisa alegre, le faltaba algo. La sonrisa de Datsue siempre había sido una de sus armas más poderosas. Era una sonrisa zorruna y contagiosa. Te podía hacer gracia su chiste o no, pero cuando Datsue se reía, te entraban ganas de reírte a ti también. Ahora… Ahora era la sonrisa de un anuncio de pasta dentífrica. Una sonrisa… Pues eso, bonita. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sin más</span>. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Ha sido buena misión. En solitario, sí… Sin ninguna ida de tono ni broma pesada. Con diligencia y profesionalidad. Una de esas que no aparecerá en ningún capítulo de mi biografía porque, francamente, también fue algo sosa y aburrida.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Tampoco me metí en ningún problema. Ni me enfrasqué en discusiones o peleas tontas con ningún amejin</span> —agregó, para la tranquilidad de ellos—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Ni con kusareños. Un día soso, como os digo. Un día… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bueno</span>. Un día... corriente.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 10px;"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color">Bienvenida</span>, 219</span></div>
<br />
<br />
Por mucho que no podamos verlo, por mucho que no sepamos apreciarlo, cada día la naturaleza nos regala momentos maravillosos. Aquel era uno de esos, en ese intervalo de tiempo justo, en esa hora y minuto exacto, cuando el sol perdía fuerza en el horizonte y teñía el cielo de tonalidades rojas, naranjas y doradas. <br />
<br />
El Lago de Shiona absorbía toda esa amalgama de colores y se teñía de un único y homogéneo tono: el carmesí. Esto, unido a las plataformas circulares que flotaban sobre el lago, distribuidas de tal modo que, vistas desde el cielo, formaban el símbolo del remolino, hacia que se le pusiesen los vellos de punta a cualquier uzujin que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sintiese</span> por su patria. <br />
<br />
Aquel preciso momento no se producía a las seis de la tarde. Ni a las siete. Ni a las ocho. No, aquel era, como le gustaba llamarle a Datsue, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">la hora de Shiona</span>. <br />
<br />
El Uchiha recordaba como si fuese ayer la última vez que había estado allí. Había sido ocho meses atrás, cuando se había encontrado con Senju Riko, también conocido como Riko el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Soplón</span>. Había llegado en un gran bache en su vida, con Aiko perdida, y justo después de haber sido rebajado a Genin. <br />
<br />
Ahora, volvía con su uniforme oficial de Jounin y su placa dorada reluciente en el brazo derecho. Había ganado prestigio y una posición de poder. Había perdido a su Hermano. Aiko seguía pudriéndose bajo un lago. Si lo de antes había sido un bache, ahora había caído de cabeza en un pozo. <br />
<br />
Pero aquel no era un día para ponerse triste, se dijo. Tenía que ser optimista. Tenía que pensar en positivo. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Hoy vengo de cumplir una misión</span> —dijo a la estatua de Shiona, y a su Hermano. Había activado el sello de la Hermandad Intrépida, ese que llevaba el número dos encima de su oreja, cubierto por su cabello, y que todavía le unía a Akame—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Completada con éxito, aunque eso no hacía falta decirlo.</span> <br />
<br />
Sonrió, y pese a que fue una sonrisa alegre, le faltaba algo. La sonrisa de Datsue siempre había sido una de sus armas más poderosas. Era una sonrisa zorruna y contagiosa. Te podía hacer gracia su chiste o no, pero cuando Datsue se reía, te entraban ganas de reírte a ti también. Ahora… Ahora era la sonrisa de un anuncio de pasta dentífrica. Una sonrisa… Pues eso, bonita. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Sin más</span>. <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Ha sido buena misión. En solitario, sí… Sin ninguna ida de tono ni broma pesada. Con diligencia y profesionalidad. Una de esas que no aparecerá en ningún capítulo de mi biografía porque, francamente, también fue algo sosa y aburrida.</span><br />
<br />
»<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">Tampoco me metí en ningún problema. Ni me enfrasqué en discusiones o peleas tontas con ningún amejin</span> —agregó, para la tranquilidad de ellos—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Ni con kusareños. Un día soso, como os digo. Un día… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">bueno</span>. Un día... corriente.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Reflejos de serenidad]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-reflejos-de-serenidad</link>
			<pubDate>Sun, 11 Nov 2018 11:43:39 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Fuukei</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-reflejos-de-serenidad</guid>
			<description><![CDATA[El peliblanco anduvo impasible por los páramos del País del Fuego hasta llegar al Lago de Shiona. Podría decirse que el destino lo había llevado hasta allí pues, a cada pisada, el chico no se detenía a pensar el rumbo de los pasos que dejaba atrás. Evadirse de la realidad le era necesario; sobretodo después del último entrenamiento que su abuela le había mandado.<br />
<br />
<span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«¿Cuidar de una planta? Me parece a mí que la abuela se está haciendo mayor... ¡¿de qué me va a servir plantar una semilla y regarla de vez en cuando?!»</span></span><br />
<br />
Situaciones como aquellas le exasperaba. Su abuela se había encargado de su entrenamiento durante los últimos años —y le habían servido para mucho, no lo podía negar. — pero recientemente no entendía para que le servían las nuevas propuestas de aquella anciana. Prefería, cuando se daba el caso, poner en práctica su taijutsu o mejorar el uso de su ninjutsu. Pero... la planta...<br />
<br />
<span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Hay muchas cosas que todavía me hace falta aprender... Y la abuela quiere dedicarse a la jardinería. Si es que...»</span></span><br />
<br />
Soltó un bufido de impotencia. No podía replicarle o bien sabía que se llevaría un mamporro de su bastón. Finalmente, el peliblanco decidió aparcar aquel tema por un momento y alzó la vista para contemplar el lago. El Lago de Shiona. Nunca había estado allí y las aquellas primeras luces le parecieron una imagen de serenidad. Quizá por eso sus pisadas le habían llevado hasta allí: debía apaciguarse.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El peliblanco anduvo impasible por los páramos del País del Fuego hasta llegar al Lago de Shiona. Podría decirse que el destino lo había llevado hasta allí pues, a cada pisada, el chico no se detenía a pensar el rumbo de los pasos que dejaba atrás. Evadirse de la realidad le era necesario; sobretodo después del último entrenamiento que su abuela le había mandado.<br />
<br />
<span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«¿Cuidar de una planta? Me parece a mí que la abuela se está haciendo mayor... ¡¿de qué me va a servir plantar una semilla y regarla de vez en cuando?!»</span></span><br />
<br />
Situaciones como aquellas le exasperaba. Su abuela se había encargado de su entrenamiento durante los últimos años —y le habían servido para mucho, no lo podía negar. — pero recientemente no entendía para que le servían las nuevas propuestas de aquella anciana. Prefería, cuando se daba el caso, poner en práctica su taijutsu o mejorar el uso de su ninjutsu. Pero... la planta...<br />
<br />
<span style="color: khaki;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">«Hay muchas cosas que todavía me hace falta aprender... Y la abuela quiere dedicarse a la jardinería. Si es que...»</span></span><br />
<br />
Soltó un bufido de impotencia. No podía replicarle o bien sabía que se llevaría un mamporro de su bastón. Finalmente, el peliblanco decidió aparcar aquel tema por un momento y alzó la vista para contemplar el lago. El Lago de Shiona. Nunca había estado allí y las aquellas primeras luces le parecieron una imagen de serenidad. Quizá por eso sus pisadas le habían llevado hasta allí: debía apaciguarse.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Vientos de Invierno]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-vientos-de-invierno</link>
			<pubDate>Mon, 05 Nov 2018 17:18:21 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-vientos-de-invierno</guid>
			<description><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color">Viento Gris</span>, <span style="color: white;" class="mycode_color">Invierno</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
El día había amanecido soleado, pero aun así el frío del Invierno ya se hacía notar por todo el País de la Espiral. Pese a que en aquellas tierras los termómetros nunca llegaban a descender hasta los niveles más bajos que podían darse en Oonindo, y que las lluvias podían ser escasas —dependiendo del año— incluso que aquella estación, todavía había lugareños que detestaban el Invierno en Uzu no Kuni. Acostumbrados a un clima amable y suave durante el resto del año, el drástico cambio se hacía notar sobre todo en las tierras del interior, y siempre cogía por sorpresa a algún que otro oriundo que se resistía a sacar el abrigo del armario. <br />
<br />
Uchiha Akame siempre había sido de esos, de Verano, cerveza fresca y playa de blanca arena. Incluso un ninja tan dedicado como él tenía dificultades para resistirse al inmejorable paisaje que dibujaba una playa uzureña con su buen chiringuito al lado. Sin embargo, aquel año fue distinto. Aquel año recibió al Invierno con los brazos abiertos, esperando que una brisa escarchada le enfriase el corazón y templara los ánimos de todos. Porque la Paz de Shiona, tan duradera como había sido, se había roto al calor del Verano; y no había frío en todo Oonindo que pudiera congelar las llamas del agravio que ardían en algunos de los ninjas de sus Aldeas. También, porque el mal tiempo —lo que se consideraba en Uzu no Kuni "mal tiempo"— le proporcionaba la coyuntura necesaria y una razón "de peso" para no salir de casa. <br />
<br />
Akame no quería ver a nadie. Las pesadillas del Shukaku se habían vuelto mucho peores, su Kage desconfiaba abiertamente de él y la gente en Uzu empezaba a preguntarse si de verdad los Hermanos del Desierto eran los héroes que venían a salvar el día, o un mal necesario. Después de los sucesos transcurridos durante el Examen de Chuunin, hasta él mismo había tenido sus dudas. Se encontraba en horas bajas, y no había que ser un genio para darse cuenta. Así que aquel día, había cogido carretera y manta a primera hora de la mañana para encaminarse hacia el Lago de Shiona, como un fervoroso adepto que esperase, en recompensa a su peregrinaje, obtener respuesta a sus inseguridades existenciales. <br />
<br />
Y allí se encontraba, frente a la estatua erigida en nombre a la gobernante más justa que hubiera visto alguna vez Oonindo. Vestía el uniforme reglamentario de jōnin de Uzushiogakure, con su bandana del Remolino en la frente, chaleco militar y placa dorada en el hombro izquierdo. No llevaba de su equipamiento más que sus portaobjetos, pues se había dejado la espada en casa. Contemplaba con mirada ausente el rostro pétreo de la Uzukage que le graduó como genin, tan inmerso en sus pensamientos que ni siquiera reparó en la presencia de un recién llegado...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color">Viento Gris</span>, <span style="color: white;" class="mycode_color">Invierno</span> del año 218.</div></i></div>
<br />
<br />
El día había amanecido soleado, pero aun así el frío del Invierno ya se hacía notar por todo el País de la Espiral. Pese a que en aquellas tierras los termómetros nunca llegaban a descender hasta los niveles más bajos que podían darse en Oonindo, y que las lluvias podían ser escasas —dependiendo del año— incluso que aquella estación, todavía había lugareños que detestaban el Invierno en Uzu no Kuni. Acostumbrados a un clima amable y suave durante el resto del año, el drástico cambio se hacía notar sobre todo en las tierras del interior, y siempre cogía por sorpresa a algún que otro oriundo que se resistía a sacar el abrigo del armario. <br />
<br />
Uchiha Akame siempre había sido de esos, de Verano, cerveza fresca y playa de blanca arena. Incluso un ninja tan dedicado como él tenía dificultades para resistirse al inmejorable paisaje que dibujaba una playa uzureña con su buen chiringuito al lado. Sin embargo, aquel año fue distinto. Aquel año recibió al Invierno con los brazos abiertos, esperando que una brisa escarchada le enfriase el corazón y templara los ánimos de todos. Porque la Paz de Shiona, tan duradera como había sido, se había roto al calor del Verano; y no había frío en todo Oonindo que pudiera congelar las llamas del agravio que ardían en algunos de los ninjas de sus Aldeas. También, porque el mal tiempo —lo que se consideraba en Uzu no Kuni "mal tiempo"— le proporcionaba la coyuntura necesaria y una razón "de peso" para no salir de casa. <br />
<br />
Akame no quería ver a nadie. Las pesadillas del Shukaku se habían vuelto mucho peores, su Kage desconfiaba abiertamente de él y la gente en Uzu empezaba a preguntarse si de verdad los Hermanos del Desierto eran los héroes que venían a salvar el día, o un mal necesario. Después de los sucesos transcurridos durante el Examen de Chuunin, hasta él mismo había tenido sus dudas. Se encontraba en horas bajas, y no había que ser un genio para darse cuenta. Así que aquel día, había cogido carretera y manta a primera hora de la mañana para encaminarse hacia el Lago de Shiona, como un fervoroso adepto que esperase, en recompensa a su peregrinaje, obtener respuesta a sus inseguridades existenciales. <br />
<br />
Y allí se encontraba, frente a la estatua erigida en nombre a la gobernante más justa que hubiera visto alguna vez Oonindo. Vestía el uniforme reglamentario de jōnin de Uzushiogakure, con su bandana del Remolino en la frente, chaleco militar y placa dorada en el hombro izquierdo. No llevaba de su equipamiento más que sus portaobjetos, pues se había dejado la espada en casa. Contemplaba con mirada ausente el rostro pétreo de la Uzukage que le graduó como genin, tan inmerso en sus pensamientos que ni siquiera reparó en la presencia de un recién llegado...]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Interludio]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-interludio</link>
			<pubDate>Tue, 15 May 2018 17:31:44 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=34">Uchiha Datsue</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-interludio</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 9px;">Dos días después de su degradación como Jōnin…</span></div>
<br />
<br />
Uchiha Datsue caminaba por el Bosque de la Hoja con las manos en los bolsillos y los hombros caídos, cabizbajo. No habían pasado ni dos días completos desde que Hanabi le hubiese quitado su placa dorada, y ya sentía como el mundo se desmoronaba a su alrededor. Había perdido la confianza de su Kage; había perdido su placa y lo que ello representaba; había perdido dos amigos; y, por encima de todo ello, estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">perdiendo</span> a Aiko. <br />
<br />
Se quitó el pitillo de la boca y exhaló una gran bocanada de humo. Su Hermano le había pegado aquella mala costumbre de fumar, aunque él, al contrario que Akame, solo fumaba excepcionalmente y no de manera habitual. <span style="color: mediumturquoise; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65">Akame…</span>»</span><br />
<br />
Antes de salir de la Villa, le había dejado una nota bajo la puerta. Una simple frase: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Valle del Fin</span>. Sabía que reconocería su letra, y que no hacían falta más palabras. Acudiría al encuentro. <br />
<br />
Por suerte, Datsue le llevaba, por lo menos, medio día de ventaja. No había modo alguno en que le alcanzase antes de llegar hasta allí. Por eso, cuando sus pasos le llevaron inconscientemente hasta un lugar que conocía muy bien, supo que debía hacer un alto. <br />
<br />
Miró al cielo, y una suave brisa azotó sus cabellos. ¿Le estaría contemplando desde lo alto Shiona? <br />
<br />
Dio una última calada al cigarrillo y lo pisoteó en el suelo. Luego, saltó por las pequeñas plataformas que sobresalían de la superficie del lago. Pequeñas, circulares y carmesíes. Nunca se había fijado, ni pensado en ello, pero aquellas plataformas no formaban una línea recta que te conducía a la isla artificial del centro, sino que iban en espiral. De hecho, ahora que lo pensaba… <br />
<br />
Sonrió. Si ahora mismo compartiese la vista de Shiona, allá en el cielo, se daría cuenta que las plataformas formaban el símbolo de Uzushiogakure no Sato. En el centro de la espiral, en su corazón, no estaba otra que la estatua de la antigua Uzukage. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del Uchiha cuando sintió su mirada clavada en la de él. <br />
<br />
Había pasado tanto tiempo, y aún así… <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">No me mires así, Shiona-sama</span> —murmuró, esbozando una sonrisa triste—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Tú sabías cómo era. Me atravesaste el alma con esos ojos tuyos desde el primer día.</span> —Sintió que se le quebraba la voz—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Y aun así me acogiste entre tus brazos… ¿Por qué?</span><br />
<br />
Silencio. El sonido de una lágrima al desplomarse en el suelo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: right;" class="mycode_align"><span style="font-size: 9px;">Dos días después de su degradación como Jōnin…</span></div>
<br />
<br />
Uchiha Datsue caminaba por el Bosque de la Hoja con las manos en los bolsillos y los hombros caídos, cabizbajo. No habían pasado ni dos días completos desde que Hanabi le hubiese quitado su placa dorada, y ya sentía como el mundo se desmoronaba a su alrededor. Había perdido la confianza de su Kage; había perdido su placa y lo que ello representaba; había perdido dos amigos; y, por encima de todo ello, estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">perdiendo</span> a Aiko. <br />
<br />
Se quitó el pitillo de la boca y exhaló una gran bocanada de humo. Su Hermano le había pegado aquella mala costumbre de fumar, aunque él, al contrario que Akame, solo fumaba excepcionalmente y no de manera habitual. <span style="color: mediumturquoise; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65">Akame…</span>»</span><br />
<br />
Antes de salir de la Villa, le había dejado una nota bajo la puerta. Una simple frase: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Valle del Fin</span>. Sabía que reconocería su letra, y que no hacían falta más palabras. Acudiría al encuentro. <br />
<br />
Por suerte, Datsue le llevaba, por lo menos, medio día de ventaja. No había modo alguno en que le alcanzase antes de llegar hasta allí. Por eso, cuando sus pasos le llevaron inconscientemente hasta un lugar que conocía muy bien, supo que debía hacer un alto. <br />
<br />
Miró al cielo, y una suave brisa azotó sus cabellos. ¿Le estaría contemplando desde lo alto Shiona? <br />
<br />
Dio una última calada al cigarrillo y lo pisoteó en el suelo. Luego, saltó por las pequeñas plataformas que sobresalían de la superficie del lago. Pequeñas, circulares y carmesíes. Nunca se había fijado, ni pensado en ello, pero aquellas plataformas no formaban una línea recta que te conducía a la isla artificial del centro, sino que iban en espiral. De hecho, ahora que lo pensaba… <br />
<br />
Sonrió. Si ahora mismo compartiese la vista de Shiona, allá en el cielo, se daría cuenta que las plataformas formaban el símbolo de Uzushiogakure no Sato. En el centro de la espiral, en su corazón, no estaba otra que la estatua de la antigua Uzukage. Un escalofrío recorrió la espina dorsal del Uchiha cuando sintió su mirada clavada en la de él. <br />
<br />
Había pasado tanto tiempo, y aún así… <br />
<br />
—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">No me mires así, Shiona-sama</span> —murmuró, esbozando una sonrisa triste—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Tú sabías cómo era. Me atravesaste el alma con esos ojos tuyos desde el primer día.</span> —Sintió que se le quebraba la voz—<span style="color: mediumturquoise;" class="mycode_color">. Y aun así me acogiste entre tus brazos… ¿Por qué?</span><br />
<br />
Silencio. El sonido de una lágrima al desplomarse en el suelo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(D) Murió la kunoichi, permaneció su leyenda]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-d-murio-la-kunoichi-permanecio-su-leyenda</link>
			<pubDate>Sat, 12 May 2018 15:51:22 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Karma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-d-murio-la-kunoichi-permanecio-su-leyenda</guid>
			<description><![CDATA[La inquisitva mirada del astro rey crucificaba con su radiación a todo aquel lo suficientemente intrépido —o temerario— como para poner un pie en la calle en ese medio día en el que la sombra escaseaba y el aire se negaba a circular. <br />
<br />
A pesar de estas inclementes condiciones atmosféricas, la joven kunoichi llamada Kojima Karma abrió las puertas del edificio del Uzukage y se introdujo en su interior con una mal disimulada celeridad propia del que huye de un gran mal. El camino hasta el centro neurálgico de la aldea había sido una tortura, la fémina se había visto obligada a aprovechar hasta el más reducido retazo de sombra para no sufrir una insolación.<br />
<br />
Estaba empapada de sudor, a pesar de que su tan querido vestido era una prenda considerablemente fresca. Tanto sol azotando su piel, casi tan pálida como la porcelana, le causaría quemaduras en unos días, sin lugar a dudas. Afortunadamente, disponía de pomada en casa con la que ponerle remedio.<br />
<br />
¿Por qué la muchacha se había tomado la molestia de ir hasta allí en un día como ese? ¿Se trataba de un inquebrantable ánimo patriotico? En realidad, los fondos de Karma comenzaban a verse tan delgados como la propia kunoichi, motivo por el que necesitaba un de día de paga o dos. <br />
<br />
No parecía que hubiese demasiada gente en la recepción —algo comprensible—. Se aproximó al escritorio más cercano en busca de algún encargado al que poder pedirle una misión.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Buenas tardes</span> —llevó a cabo una reverencia—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. Mi nombre es Kojima Karma, soy una genin. ¿Hay alguna misión de la que me podría ocupar?</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[La inquisitva mirada del astro rey crucificaba con su radiación a todo aquel lo suficientemente intrépido —o temerario— como para poner un pie en la calle en ese medio día en el que la sombra escaseaba y el aire se negaba a circular. <br />
<br />
A pesar de estas inclementes condiciones atmosféricas, la joven kunoichi llamada Kojima Karma abrió las puertas del edificio del Uzukage y se introdujo en su interior con una mal disimulada celeridad propia del que huye de un gran mal. El camino hasta el centro neurálgico de la aldea había sido una tortura, la fémina se había visto obligada a aprovechar hasta el más reducido retazo de sombra para no sufrir una insolación.<br />
<br />
Estaba empapada de sudor, a pesar de que su tan querido vestido era una prenda considerablemente fresca. Tanto sol azotando su piel, casi tan pálida como la porcelana, le causaría quemaduras en unos días, sin lugar a dudas. Afortunadamente, disponía de pomada en casa con la que ponerle remedio.<br />
<br />
¿Por qué la muchacha se había tomado la molestia de ir hasta allí en un día como ese? ¿Se trataba de un inquebrantable ánimo patriotico? En realidad, los fondos de Karma comenzaban a verse tan delgados como la propia kunoichi, motivo por el que necesitaba un de día de paga o dos. <br />
<br />
No parecía que hubiese demasiada gente en la recepción —algo comprensible—. Se aproximó al escritorio más cercano en busca de algún encargado al que poder pedirle una misión.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Buenas tardes</span> —llevó a cabo una reverencia—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">. Mi nombre es Kojima Karma, soy una genin. ¿Hay alguna misión de la que me podría ocupar?</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[De camino a Taikarune]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-de-camino-a-taikarune</link>
			<pubDate>Sun, 15 Apr 2018 16:53:00 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Nande</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-de-camino-a-taikarune</guid>
			<description><![CDATA[Hacía un par de días que el joven shinobi había abandonado por primera Uzushiogakure totalmente solo, con dirección a Taikarune para visitar el museo de la pequeña villa de artesanos. Así que tras pasar por los Herreros, decidió desviarse un poco hacia el norte para pasar por el conocido Lago de Shiona para presentar sus respetos tal y como le había pedido su abuelo.<br />
<br />
Llevaba ya unas cuantas horas caminando a través del bosque y la verdad es que lo agradecía, no era lo mismo estar cobijado por la suave sombre proyectada por las ramas de aquellos enormes y frondosos árboles que caminar a través de la eterna planicie bajo un sol de justicia. Y eso que no lo llevaba tan mal como se había imaginado en un principio, puesto que el pequeño estaba mal acostumbrado a viajar siempre en un cómodo carruaje y eso le hizo pensar que su primer viaje de larga distancia se le podía hacer bastante cuesta arriba.<br />
<br />
Poco a poco el bosque pareció aclararse casi súbitamente, como si parte de aquel forraje hubiese sido arrancado abruptamente y de hecho podía ver trozos de árboles, troncos y ramajes diseminados aún por algunas zonas a pesar de que parecía que el lugar había sido trabajado por la mano del hombre. Frente a él apareció el impresionante lago que ahora anegaba las tierras en las que antaño estuvo una de esas aldeas cuyo nombre suena ya a leyenda: Konoha<br />
<br />
Y sobre una antigua leyenda, se erigía ahora otra aunque más reciente. En mitad del lago pudo divisar el islote donde se encontraba la estatua a la difunta uzukage, un puente de madera llevaba hasta ella <span style="color: forestgreen;" class="mycode_color">(así que ahí han debido ir a parar muchos de los árboles que fueron arrancados por la explosión que conformó ese lago)</span> dedujo el pequeño marionetista mientras se alejaba poco a poco del linde del bosque en dirección a la orilla de lago, concretamente hasta la zona donde daba comienzo el puente]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Hacía un par de días que el joven shinobi había abandonado por primera Uzushiogakure totalmente solo, con dirección a Taikarune para visitar el museo de la pequeña villa de artesanos. Así que tras pasar por los Herreros, decidió desviarse un poco hacia el norte para pasar por el conocido Lago de Shiona para presentar sus respetos tal y como le había pedido su abuelo.<br />
<br />
Llevaba ya unas cuantas horas caminando a través del bosque y la verdad es que lo agradecía, no era lo mismo estar cobijado por la suave sombre proyectada por las ramas de aquellos enormes y frondosos árboles que caminar a través de la eterna planicie bajo un sol de justicia. Y eso que no lo llevaba tan mal como se había imaginado en un principio, puesto que el pequeño estaba mal acostumbrado a viajar siempre en un cómodo carruaje y eso le hizo pensar que su primer viaje de larga distancia se le podía hacer bastante cuesta arriba.<br />
<br />
Poco a poco el bosque pareció aclararse casi súbitamente, como si parte de aquel forraje hubiese sido arrancado abruptamente y de hecho podía ver trozos de árboles, troncos y ramajes diseminados aún por algunas zonas a pesar de que parecía que el lugar había sido trabajado por la mano del hombre. Frente a él apareció el impresionante lago que ahora anegaba las tierras en las que antaño estuvo una de esas aldeas cuyo nombre suena ya a leyenda: Konoha<br />
<br />
Y sobre una antigua leyenda, se erigía ahora otra aunque más reciente. En mitad del lago pudo divisar el islote donde se encontraba la estatua a la difunta uzukage, un puente de madera llevaba hasta ella <span style="color: forestgreen;" class="mycode_color">(así que ahí han debido ir a parar muchos de los árboles que fueron arrancados por la explosión que conformó ese lago)</span> dedujo el pequeño marionetista mientras se alejaba poco a poco del linde del bosque en dirección a la orilla de lago, concretamente hasta la zona donde daba comienzo el puente]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Algunos Ninjas Buenos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-algunos-ninjas-buenos</link>
			<pubDate>Mon, 29 May 2017 21:15:08 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-algunos-ninjas-buenos</guid>
			<description><![CDATA[Caía la tarde y el cielo estaba teñido de naranjas, rojos y amarillos mientras el Sol se ocultaba tras el horizonte de árboles y picos escarpados. Aquel paisaje era típico de la zona, donde predominaban los verdes y marrones; varios kilómetros de bosque rodeaban el lugar donde antaño —antes de la crisis de los bijuu— había estado Konohagakure no Sato. Una Aldea poderosa y orgullosa, hogar del gran linaje Uchiha, que con el paso del tiempo se había convertido en poco más que polvo en el viento. <br />
<br />
Algo así sintió Akame cuando, tras cruzar las plataformas de piedra que se mantenían a flote formando un camino hasta el centro del Lago, puso sus ojos por primera vez en la estatua de la que hasta hacía una estación había sido su Kage. Sus facciones severas, tras las que se escondía la ternura de una madre, su rostro joven —que ocultaba más de cien años de experiencia— y su postura marcial. Una mujer formidable que ya no estaba con los vivos. Las circunstancias de su muerte eran todavía inciertas para alguien como Akame. Se decía que había muerto combatiendo a un poderoso enemigo, pero poco más. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? Preguntas para las que aquel joven gennin no tenía respuesta. <br />
<br />
El viento veraniego agitó sus cabellos negros, recogidos en una coleta que le llegaba hasta más allá de la nuca, y también sus ropas. Una camisa de manga corta, negra, y unos pantalones pesqueros de color marrón claro. Llevaba sandalias ninja y su equipamiento shinobi atado al cinturón color marrón oscuro. Entre sus manos, una pitillera negra. <br />
<br />
Akame se acercó con pasos temblorosos a la estatua y sus ojos bajaron de la pétrea figura hasta detenerse en la funda de cuero. Había muerto alguien más aquel día. Alguien para quien no se había levantado estatua alguna, ni organizado funeral ni conmemoración. Un muchacho, un simple gennin sin pasado ni futuro que probablemente a nadie en todo Oonindo le importase un carajo... Salvo a dos personas. Y una de ellas estaba allí. <br />
<br />
El Uchiha se agachó al lado izquierdo de la estatua de Shiona, excavó un pequeño agujero con las manos y dejó la pitillera de cuero dentro. Luego lo tapó y se puso en pie, con la mirada perdida en el horizonte. Deseó saber rezar, o siquiera tener algunas palabras reservadas para la ocasión. De modo que simplemente juntó las manos e hizo una gran reverencia.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: indianred; font-style: italic;">«Esto es por tí, Haskoz-kun»</span></div>
<br />
Se incorporó apretando los puños, y una lágrima se deslizó por su rostro.<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Hola hamijos, abro este tema para quien quiera entrar a presentar sus respetos a nuestra amada ex-Uzukage XD <br />
<br />
Puede entrar quien quiera y no hay turnos, en principio yo iré posteando cada 72 horas (como máximo), y en función de la gente que vaya entrando pues vamos viendo. Igual digo, se puede entrar y salir sin compromiso, no tengo una idea definida para esto XD</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Caía la tarde y el cielo estaba teñido de naranjas, rojos y amarillos mientras el Sol se ocultaba tras el horizonte de árboles y picos escarpados. Aquel paisaje era típico de la zona, donde predominaban los verdes y marrones; varios kilómetros de bosque rodeaban el lugar donde antaño —antes de la crisis de los bijuu— había estado Konohagakure no Sato. Una Aldea poderosa y orgullosa, hogar del gran linaje Uchiha, que con el paso del tiempo se había convertido en poco más que polvo en el viento. <br />
<br />
Algo así sintió Akame cuando, tras cruzar las plataformas de piedra que se mantenían a flote formando un camino hasta el centro del Lago, puso sus ojos por primera vez en la estatua de la que hasta hacía una estación había sido su Kage. Sus facciones severas, tras las que se escondía la ternura de una madre, su rostro joven —que ocultaba más de cien años de experiencia— y su postura marcial. Una mujer formidable que ya no estaba con los vivos. Las circunstancias de su muerte eran todavía inciertas para alguien como Akame. Se decía que había muerto combatiendo a un poderoso enemigo, pero poco más. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? Preguntas para las que aquel joven gennin no tenía respuesta. <br />
<br />
El viento veraniego agitó sus cabellos negros, recogidos en una coleta que le llegaba hasta más allá de la nuca, y también sus ropas. Una camisa de manga corta, negra, y unos pantalones pesqueros de color marrón claro. Llevaba sandalias ninja y su equipamiento shinobi atado al cinturón color marrón oscuro. Entre sus manos, una pitillera negra. <br />
<br />
Akame se acercó con pasos temblorosos a la estatua y sus ojos bajaron de la pétrea figura hasta detenerse en la funda de cuero. Había muerto alguien más aquel día. Alguien para quien no se había levantado estatua alguna, ni organizado funeral ni conmemoración. Un muchacho, un simple gennin sin pasado ni futuro que probablemente a nadie en todo Oonindo le importase un carajo... Salvo a dos personas. Y una de ellas estaba allí. <br />
<br />
El Uchiha se agachó al lado izquierdo de la estatua de Shiona, excavó un pequeño agujero con las manos y dejó la pitillera de cuero dentro. Luego lo tapó y se puso en pie, con la mirada perdida en el horizonte. Deseó saber rezar, o siquiera tener algunas palabras reservadas para la ocasión. De modo que simplemente juntó las manos e hizo una gran reverencia.<br />
<br />
<div align="center"><span style="color: indianred; font-style: italic;">«Esto es por tí, Haskoz-kun»</span></div>
<br />
Se incorporó apretando los puños, y una lágrima se deslizó por su rostro.<br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Hola hamijos, abro este tema para quien quiera entrar a presentar sus respetos a nuestra amada ex-Uzukage XD <br />
<br />
Puede entrar quien quiera y no hay turnos, en principio yo iré posteando cada 72 horas (como máximo), y en función de la gente que vaya entrando pues vamos viendo. Igual digo, se puede entrar y salir sin compromiso, no tengo una idea definida para esto XD</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El hogar que jamás conocí...]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-hogar-que-jamas-conoci</link>
			<pubDate>Tue, 25 Apr 2017 05:50:05 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=600">Reika</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-hogar-que-jamas-conoci</guid>
			<description><![CDATA[Había pasado el medio día, era un espléndido día de Ascua, en el cual, la kunoichi de cabellos dorados descansaba sentada al sol al borde del cráter gigantesco justo en donde alguna vez fue la villa en donde su clan se había asentado durante los tiempos anteriores al ataque de las bestias con cola.<br />
Mientras comía unos sándwiches se imaginaba como habría sido la vida en la vieja Konoha, que costumbres y tradiciones tenían. Desde su posición veía lo que en su antiguo momento fue un monumento gigante, el cual hoy por hoy estaba irreconocible, solo quedaban trozos de rostro tallado en la roca.<br />
<br />
Como era usual en la chica de Amegakure, su vestimenta era siempre diferente, en esa ocasión llevaba una camiseta de color morado de mangas cortas y cuello alto, un mini-sport de color negro, en sus brazos llevaba puestos mitones echos de redecilla y sus iban con las clásicas sandalias ninja que siempre les resultó más que cómodas, aunque siempre corto el largo flequillo no dejaba mostrar su bandana que la identificaba como kunoichi de Amegakure, pero así le gustaba usarlo.<br />
<br />
<br />
La kunoichi pensaba que estaba perdiendo el tiempo y así lo era, debería estar entrenando y puliendo sus habilidades, aun faltaba mucho tiempo, pero los exámenes de ascenso se acercaban. Ella no era una kunoichi que destaca por su repertorio de técnicas de ataque sumamente destructivas, en cambio, era más de soporte y espionaje por lo cual debía ser muy inteligente y trazar buenas estrategias para poder salir adelante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había pasado el medio día, era un espléndido día de Ascua, en el cual, la kunoichi de cabellos dorados descansaba sentada al sol al borde del cráter gigantesco justo en donde alguna vez fue la villa en donde su clan se había asentado durante los tiempos anteriores al ataque de las bestias con cola.<br />
Mientras comía unos sándwiches se imaginaba como habría sido la vida en la vieja Konoha, que costumbres y tradiciones tenían. Desde su posición veía lo que en su antiguo momento fue un monumento gigante, el cual hoy por hoy estaba irreconocible, solo quedaban trozos de rostro tallado en la roca.<br />
<br />
Como era usual en la chica de Amegakure, su vestimenta era siempre diferente, en esa ocasión llevaba una camiseta de color morado de mangas cortas y cuello alto, un mini-sport de color negro, en sus brazos llevaba puestos mitones echos de redecilla y sus iban con las clásicas sandalias ninja que siempre les resultó más que cómodas, aunque siempre corto el largo flequillo no dejaba mostrar su bandana que la identificaba como kunoichi de Amegakure, pero así le gustaba usarlo.<br />
<br />
<br />
La kunoichi pensaba que estaba perdiendo el tiempo y así lo era, debería estar entrenando y puliendo sus habilidades, aun faltaba mucho tiempo, pero los exámenes de ascenso se acercaban. Ella no era una kunoichi que destaca por su repertorio de técnicas de ataque sumamente destructivas, en cambio, era más de soporte y espionaje por lo cual debía ser muy inteligente y trazar buenas estrategias para poder salir adelante.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Se te acusa de vivir]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-se-te-acusa-de-vivir</link>
			<pubDate>Thu, 09 Feb 2017 01:11:10 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1">Sama-sama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-se-te-acusa-de-vivir</guid>
			<description><![CDATA[Haskoz despertó en una celda oscura y estrecha, desprovisto de todo su equipamiento, y de su ropa. Tan sólo vestía unos calzones blancos, limpios, pero irreconocibles como suyos. Tenía las manos atadas por una cuerda, y no parecía de las que se dejan soltar fácilmente. Los barrotes eran de acero, pero ya podían ser de diamantes.<br />
<br />
Se notaba torpe, como si algo fallase, como si algo fallase <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mucho</span>. Le pitaba el oído izquierdo. Lo peor era el pitido. En realidad no era lo peor, pero aún no se había dado cuenta.<br />
<br />
Tenía un ventanuco, también reforzado, atrás de él. Por él se filtraba la suave luz de la mañana. Cuando recuperó la visión, se dio cuenta de qué era lo peor.<br />
<br />
Lo peor era el parche en su ojo izquierdo. Y la sensación de vacío.<br />
<br />
Su celda estaba en un pasillo estrecho, y era la última. O quizás la única —imposible de saberlo—. Escuchó el crujir de una puerta de madera al abrirse. Se oía lejos. Y luego, unos pasos.<br />
<br />
Los recuerdos más recientes que pudo agarrar con la mano de la mente volvieron a visitarle. Pero había una importante laguna... Lo más reciente era... Lo más reciente era...<br />
<br />
<span style="opacity: 0.65"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Y a dónde ir sino a los Valle de los Dojos? Haskoz había oído hablar de aquel lugar en innumerables ocasiones. Un sitio construido y dedicado por y para el entrenamiento. El sitio ideal para lo que quería.</span></span><br />
<br />
Eso, fue al Valle de los Dojos después de su combate contra Uchiha Akame. Eso fue lo que pasó. ¿Y luego?<br />
<br />
En blanco.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Haskoz despertó en una celda oscura y estrecha, desprovisto de todo su equipamiento, y de su ropa. Tan sólo vestía unos calzones blancos, limpios, pero irreconocibles como suyos. Tenía las manos atadas por una cuerda, y no parecía de las que se dejan soltar fácilmente. Los barrotes eran de acero, pero ya podían ser de diamantes.<br />
<br />
Se notaba torpe, como si algo fallase, como si algo fallase <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mucho</span>. Le pitaba el oído izquierdo. Lo peor era el pitido. En realidad no era lo peor, pero aún no se había dado cuenta.<br />
<br />
Tenía un ventanuco, también reforzado, atrás de él. Por él se filtraba la suave luz de la mañana. Cuando recuperó la visión, se dio cuenta de qué era lo peor.<br />
<br />
Lo peor era el parche en su ojo izquierdo. Y la sensación de vacío.<br />
<br />
Su celda estaba en un pasillo estrecho, y era la última. O quizás la única —imposible de saberlo—. Escuchó el crujir de una puerta de madera al abrirse. Se oía lejos. Y luego, unos pasos.<br />
<br />
Los recuerdos más recientes que pudo agarrar con la mano de la mente volvieron a visitarle. Pero había una importante laguna... Lo más reciente era... Lo más reciente era...<br />
<br />
<span style="opacity: 0.65"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Y a dónde ir sino a los Valle de los Dojos? Haskoz había oído hablar de aquel lugar en innumerables ocasiones. Un sitio construido y dedicado por y para el entrenamiento. El sitio ideal para lo que quería.</span></span><br />
<br />
Eso, fue al Valle de los Dojos después de su combate contra Uchiha Akame. Eso fue lo que pasó. ¿Y luego?<br />
<br />
En blanco.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[De donde nace la desesperación.]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-de-donde-nace-la-desesperacion</link>
			<pubDate>Sat, 14 Jan 2017 15:39:29 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-de-donde-nace-la-desesperacion</guid>
			<description><![CDATA[Ante él se alzaba una gran cantidad de vegetación. Árboles, muchos árboles. Ya había perdido la cuenta. Juro siguió caminando a la deriva, perdido en aquella marea arbórea. Su pie tropezó con una raíz y se dio de bruces contra el suelo. <br />
<br />
Tuvo que contenerse para no echarse a llorar ahí mismo.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color"> — ¡Katsue! </span>  — exclamó, con voz llorosa —.<span style="color: green;" class="mycode_color">   ¿Dónde estas?</span><br />
<br />
Aún reprimiendo el llanto, volvió a levantarse como pudo. Los pies ya le dolían de tanto caminar, y se había rasgado un poco la tela de los pantalones. La caída le había dado hecho una herida, y algo de sangre se acumulaba en ella. Nada más que un raspón. Pero la situación ya le superaba.<br />
<br />
Lo único que le consolaba es que no estaba desarmado. Tenía a Gen a su espalda, junto a su portaobjetos, tapados con su manta blanca. Había cogido toda su equipacion ninja antes de salir. Sin embargo, ahora mismo, no se sentía como un ninja. De hecho, en cuanto había salido de la villa se había guardado la bandana a buen recaudo.  Katsue le había hecho prometer que sería cuidadoso. Y en eso estaba más que de acuerdo. <br />
<br />
Pero no lo había sido suficiente. Aún tenía reciente lo sucedido...<br />
<br />
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color"> — Claro que no vienes conmigo.</span> — le había dicho Katsue, días antes, cuando había anunciado en casa que tenía un viaje por hacer.<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">  — ¡Por favor!</span><br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">  — Aún es muy pronto. No quiero hacer de niñera.</span><br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">  — ¡Venga! ¡Me portare bien!</span> — exclamó, a punto de tener un berrinche —.<span style="color: green;" class="mycode_color">   Nunca he salido de la aldea. Quiero ver mundo.</span><br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color"> — No se que esperas ver...</span><br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — Katsue, llevatelo. Ya es mayorcito.</span><br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color"> — Pero...</span><br />
<br />
Recordaba perfectamente como Furui había estado de su lado. Si supiese ahora lo que había hecho...<br />
<br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">  — Esta bien </span>— terminó por acceder —. <span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">  Pero prometeme que te portaras bien y no te separaras de mi.</span><br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— ¡Prometido! </span><br />
<br />
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br />
<br />
Y durante los días del viaje, lo había cumplido. Sin embargo, al llegar a la frontera entre los tres países, Katsue lo dejó a un lado. Tenía que hacer un encargo de la tienda, y su cliente la había citado cercana al valle del fin. Como no le quería estorbando, su hermana había tenido la genial idea de dejarle quietecito esperando a un lado. Juro había decidido dar un pequeño paseo mientras esperaba a su hermana. Solo ver un poco de bosque y volver. Era un niño. Se aburría esperando. Katsue debía de haberlo supuesto.<br />
<br />
Horas después, podía decir que estaba perdido.<br />
<br />
Su hermana lo encontraría. No tenía nada que temer. Juro se había repetido eso durante todo el trayecto. Quizá debería haber parado de caminar. Pero estar quieto en ese lugar le ponía nervioso. No era como los bosques de Kusagakure. Era desconocido para él.<br />
<br />
Al cruzar la arboleda, dio con una explanada. Juro corrió, emocionado, pensando que había encontrado la salida. Sin embargo, dio con algo que desde luego, no esperaba. Ante él se alzaba un enorme cráter. El ambiente estaba cargado de polvo, y de un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por algún pausado silbido que provocaban los propios árboles.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">  — Los restos de Konoha...</span> — Vale, no sabía orientarse. Pero por el lugar, las proporciones y lo que sabía, no había que ser muy inteligente para darse cuenta.<br />
<br />
Se acercó un poco más, sin atreverse a aproximarse demasiado. Como si fuese a aparecer un bijuu y se lo fuese a comer. Se quedó tan admirado por el lugar, que por unos momentos, olvidó sus problemas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ante él se alzaba una gran cantidad de vegetación. Árboles, muchos árboles. Ya había perdido la cuenta. Juro siguió caminando a la deriva, perdido en aquella marea arbórea. Su pie tropezó con una raíz y se dio de bruces contra el suelo. <br />
<br />
Tuvo que contenerse para no echarse a llorar ahí mismo.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color"> — ¡Katsue! </span>  — exclamó, con voz llorosa —.<span style="color: green;" class="mycode_color">   ¿Dónde estas?</span><br />
<br />
Aún reprimiendo el llanto, volvió a levantarse como pudo. Los pies ya le dolían de tanto caminar, y se había rasgado un poco la tela de los pantalones. La caída le había dado hecho una herida, y algo de sangre se acumulaba en ella. Nada más que un raspón. Pero la situación ya le superaba.<br />
<br />
Lo único que le consolaba es que no estaba desarmado. Tenía a Gen a su espalda, junto a su portaobjetos, tapados con su manta blanca. Había cogido toda su equipacion ninja antes de salir. Sin embargo, ahora mismo, no se sentía como un ninja. De hecho, en cuanto había salido de la villa se había guardado la bandana a buen recaudo.  Katsue le había hecho prometer que sería cuidadoso. Y en eso estaba más que de acuerdo. <br />
<br />
Pero no lo había sido suficiente. Aún tenía reciente lo sucedido...<br />
<br />
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color"> — Claro que no vienes conmigo.</span> — le había dicho Katsue, días antes, cuando había anunciado en casa que tenía un viaje por hacer.<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">  — ¡Por favor!</span><br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">  — Aún es muy pronto. No quiero hacer de niñera.</span><br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">  — ¡Venga! ¡Me portare bien!</span> — exclamó, a punto de tener un berrinche —.<span style="color: green;" class="mycode_color">   Nunca he salido de la aldea. Quiero ver mundo.</span><br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color"> — No se que esperas ver...</span><br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color"> — Katsue, llevatelo. Ya es mayorcito.</span><br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color"> — Pero...</span><br />
<br />
Recordaba perfectamente como Furui había estado de su lado. Si supiese ahora lo que había hecho...<br />
<br />
<span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">  — Esta bien </span>— terminó por acceder —. <span style="color: yellowgreen;" class="mycode_color">  Pero prometeme que te portaras bien y no te separaras de mi.</span><br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">— ¡Prometido! </span><br />
<br />
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------<br />
<br />
Y durante los días del viaje, lo había cumplido. Sin embargo, al llegar a la frontera entre los tres países, Katsue lo dejó a un lado. Tenía que hacer un encargo de la tienda, y su cliente la había citado cercana al valle del fin. Como no le quería estorbando, su hermana había tenido la genial idea de dejarle quietecito esperando a un lado. Juro había decidido dar un pequeño paseo mientras esperaba a su hermana. Solo ver un poco de bosque y volver. Era un niño. Se aburría esperando. Katsue debía de haberlo supuesto.<br />
<br />
Horas después, podía decir que estaba perdido.<br />
<br />
Su hermana lo encontraría. No tenía nada que temer. Juro se había repetido eso durante todo el trayecto. Quizá debería haber parado de caminar. Pero estar quieto en ese lugar le ponía nervioso. No era como los bosques de Kusagakure. Era desconocido para él.<br />
<br />
Al cruzar la arboleda, dio con una explanada. Juro corrió, emocionado, pensando que había encontrado la salida. Sin embargo, dio con algo que desde luego, no esperaba. Ante él se alzaba un enorme cráter. El ambiente estaba cargado de polvo, y de un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por algún pausado silbido que provocaban los propios árboles.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color">  — Los restos de Konoha...</span> — Vale, no sabía orientarse. Pero por el lugar, las proporciones y lo que sabía, no había que ser muy inteligente para darse cuenta.<br />
<br />
Se acercó un poco más, sin atreverse a aproximarse demasiado. Como si fuese a aparecer un bijuu y se lo fuese a comer. Se quedó tan admirado por el lugar, que por unos momentos, olvidó sus problemas.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Lo que mis ojos no pueden ver]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-lo-que-mis-ojos-no-pueden-ver</link>
			<pubDate>Thu, 12 Jan 2017 23:28:18 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=2">Amedama Daruu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-lo-que-mis-ojos-no-pueden-ver</guid>
			<description><![CDATA[El viaje había sido duro. Nunca había estado tan lejos de casa, y habían tenido que acampar varias veces a la intemperie. Pero todo estaba bien, porque había algo que tenía que ver. Su madre se había quedado en Tanzaku, donde tenía una reunión con un importante proveedor de harina para las masas de la pastelería. Daruu se había escabullido, si escabullido era la palabra, porque técnicamente su madre sabía dónde iba. Él no se lo había contado claro.<br />
<br />
Pero ella lo sabía.<br />
<br />
Extendió la mirada por el camposanto de historias. Activó su Byakugan y miró más allá. Y vio... vio... Nada. No vio nada, porque no había nada. Pero era de esas <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nadas</span> que son algo, que cuentan más con lo que callan que con lo que gritan.<br />
<br />
El cráter que descansaba infame, donde antaño debía erigirse Konoha, la ciudad de su antiguo clan, era más grande de lo que le habían contado. Y eso era mucho tamaño. Ni siquiera podía alcanzar con la mirada más allá del centro, y eso que tenía muy buena vista, dadas las circunstancias.<br />
<br />
Puso un pie en el borde vertical del cráter y se dejó caer, patinando por la tierra y rompiendo el extraño silencio. Desactivó sus ojos, y caminó, caminó, caminó hacia el centro, pensando en cómo debió haber sido alguna vez vivir en aquella aldea.<br />
<br />
Por ejemplo, en cómo podía vivir la gente más allá del País de la Tormenta con tantos días de sol. Joder, no estaba acostumbrado. Era su primera vez fuera, y ya estaba deseando volver.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El viaje había sido duro. Nunca había estado tan lejos de casa, y habían tenido que acampar varias veces a la intemperie. Pero todo estaba bien, porque había algo que tenía que ver. Su madre se había quedado en Tanzaku, donde tenía una reunión con un importante proveedor de harina para las masas de la pastelería. Daruu se había escabullido, si escabullido era la palabra, porque técnicamente su madre sabía dónde iba. Él no se lo había contado claro.<br />
<br />
Pero ella lo sabía.<br />
<br />
Extendió la mirada por el camposanto de historias. Activó su Byakugan y miró más allá. Y vio... vio... Nada. No vio nada, porque no había nada. Pero era de esas <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nadas</span> que son algo, que cuentan más con lo que callan que con lo que gritan.<br />
<br />
El cráter que descansaba infame, donde antaño debía erigirse Konoha, la ciudad de su antiguo clan, era más grande de lo que le habían contado. Y eso era mucho tamaño. Ni siquiera podía alcanzar con la mirada más allá del centro, y eso que tenía muy buena vista, dadas las circunstancias.<br />
<br />
Puso un pie en el borde vertical del cráter y se dejó caer, patinando por la tierra y rompiendo el extraño silencio. Desactivó sus ojos, y caminó, caminó, caminó hacia el centro, pensando en cómo debió haber sido alguna vez vivir en aquella aldea.<br />
<br />
Por ejemplo, en cómo podía vivir la gente más allá del País de la Tormenta con tantos días de sol. Joder, no estaba acostumbrado. Era su primera vez fuera, y ya estaba deseando volver.]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
</rss>