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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Dojos de Instrucción]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 10:13:15 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Como pollos sin cabeza]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-como-pollos-sin-cabeza</link>
			<pubDate>Tue, 13 Jul 2021 12:47:22 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=5">Sasagani Yota</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-como-pollos-sin-cabeza</guid>
			<description><![CDATA[Era un día normal en Kusagakure. Todo lo normal que podría ser un día invernal. Lo único que faltaba era la nieve pero se necesitaba ir con ropa de cierto abrigo para enfrentar las temperaturas y la humedad de los bosques de la zona. No obstante el sol que se posó en los cielos daba ese calorcito relajante típico del invierno. Ese mismo día, Kaguya Koji y Akiyama Haru vieron como una nota se colaba por debajo de la puerta. Llevaba el  símbolo de Kusagakure impreso en ellas.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota para Koji" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">A nuestro genin Kaguya Koji,<br />
<br />
Nos complace comunicarle que Kusagakure ha decidido asignarle un sensei para ayudarle a tener una adaptación lo más rápida posible a su nueva vida como ninja de la hierba. Para reunirse con él y empezar con el tutelaje deberá acudir a la cita el próximo Kazeyōbi a primera hora de la mañana en los dojos de instrucción.</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota para Haru" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Estimado Akiyama Haru,<br />
<br />
Nos complace notificarle de que a través de su aplicación para ingresar en un equipo ninja una vez superada su graduación como gennin de Kusagakure ha sido un éxito. Su nuevo equipo ninja ya ha sido creado y están convocados para su primer encuentro en el próximo Kazeyōbi en los dojos de instrucción.</div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era un día normal en Kusagakure. Todo lo normal que podría ser un día invernal. Lo único que faltaba era la nieve pero se necesitaba ir con ropa de cierto abrigo para enfrentar las temperaturas y la humedad de los bosques de la zona. No obstante el sol que se posó en los cielos daba ese calorcito relajante típico del invierno. Ese mismo día, Kaguya Koji y Akiyama Haru vieron como una nota se colaba por debajo de la puerta. Llevaba el  símbolo de Kusagakure impreso en ellas.<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota para Koji" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">A nuestro genin Kaguya Koji,<br />
<br />
Nos complace comunicarle que Kusagakure ha decidido asignarle un sensei para ayudarle a tener una adaptación lo más rápida posible a su nueva vida como ninja de la hierba. Para reunirse con él y empezar con el tutelaje deberá acudir a la cita el próximo Kazeyōbi a primera hora de la mañana en los dojos de instrucción.</div>
    </div>
</div>
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Nota para Haru" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Estimado Akiyama Haru,<br />
<br />
Nos complace notificarle de que a través de su aplicación para ingresar en un equipo ninja una vez superada su graduación como gennin de Kusagakure ha sido un éxito. Su nuevo equipo ninja ya ha sido creado y están convocados para su primer encuentro en el próximo Kazeyōbi en los dojos de instrucción.</div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El tigre agazapado, el conejo escondido]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-tigre-agazapado-el-conejo-escondido</link>
			<pubDate>Sun, 16 Aug 2020 18:56:39 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=851">Sagiso Ranko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-tigre-agazapado-el-conejo-escondido</guid>
			<description><![CDATA[Habían pasado seis días desde que regresaron del Valle de los Dojos.<br />
<br />
Su padre y Kuumi le habían alcanzado en aquel dojo interior de atención improvisada, donde les esperaba junto con su madre. Aunque a Ranko le sorprendió despertar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dentro</span> del dojo, medio recordando que se había sentado a esperarlos fuera. Su madre estaba exhausta por abrir dos Puertas Internas, su padre apenas y tenía mala la ropa, y su hermana había sufrido un par de raspaduras al caer. La de peor estado era, curiosamente, Ranko, aunque ya estaba recuperándose: la herida de la espada de Reiji le dejaría una gran cicatriz en el vientre, de eso estaba segura.<br />
<br />
El camino de vuelta había sido casi en silencio. No querían, todavía, comentar lo sucedido, ni siquiera lo emocionante. Ranko pasó la mayoría del viaje dormida en su asiento de tren. Habían sobrevivido a un ataque que, al parecer, había tenido como objetivo a los Daimyō. Fue extraño llegar a la aldea como si hubiesen vuelto de una guerra, cuando todo allá estaba en relativa calma.<br />
<br />
Aquel día, después de compartir con su familia las experiencias sobre lo vivido, y con la incertidumbre de aquello en lo que podía desembocar aquel cruce de caminos, Ranko decidió que debía volver al entrenamiento. A pesar de que ahora se encontraba más enfocada, no se le quitaba el peso del encuentro con aquella bestia, aquel hombre que había destrozado los pasillos del estadio con suma facilidad. Ranko ya no se imaginaba qué habría pasado si ella se hubiese opuesto y hubiese enfrentado al hombre, pues estaba segura de que habría acabado bajo los escombros sin más. Ranko sólo pensaba en lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pasaría la próxima vez</span> que se encontrase con él. Porque claro, un villano no aparece una vez nada más en una historia. Eventualmente se reencuentra con el héroe para una revancha. Y la de la trenza estaba decidida a dar el grueso para ello. Aunque le costara, aunque le doliera. Tenía que hacerse <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mucho más fuerte</span>.<br />
<br />
A diferencia de otras veces, los dojos de instrucción estaban relativamente vacíos. Tal vez por el estado que se seguía viviendo, tal vez porque era muy temprano aún. Siguiendo los consejos de moda de su hermana, ya había cambiado su atuendo a uno más ligero: unos pantaloncillos verde oscuro con una blusa verde claro, larga y sin mangas; un obi, guantes y zapatos ligeros a juego con el pantalón corto, y, como un pequeño capricho a su guardarropa, una gargantilla de tela negra. Su placa de Kusagakure, nueva y reluciente, estaba integrada a su obi. La anterior, muy dañada por su combate contra Sasaki Reiji, yacía a modo de medalla de segundo lugar en un estante en su habitación.<br />
<br />
Fruto de su último combate fue también su peinado, pues uno de los sablazos de Reiji le había cortado parte de las trenzas que se había hecho específicamente para el torneo, por lo que ahora había peinado sus mechones hacia atrás, pero abultándolos un poco en la parte superior de su cabeza. Kuumi había sugerido tirabuzones, pero Ranko sólo admitió unos pocos a cada sien. Su icónica trenza lucía esponjosa como siempre.<br />
<br />
Ranko ya había comenzado a calentar, habiendo dejado antes su portaobjetos y a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Higanbana</span>, su wakizashi, al borde de aquella habitación. Claro que habría sido más entretenido combatir con otra persona, pero, curiosamente, Ranko no estaba segura de si le apetecía estar con alguien. No sabía realmente si quería enfrentarse a un compañero o ser sólo ella, ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sólo Hakuto</span>.<br />
<br />
Lo descubriría en unos minutos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Habían pasado seis días desde que regresaron del Valle de los Dojos.<br />
<br />
Su padre y Kuumi le habían alcanzado en aquel dojo interior de atención improvisada, donde les esperaba junto con su madre. Aunque a Ranko le sorprendió despertar <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dentro</span> del dojo, medio recordando que se había sentado a esperarlos fuera. Su madre estaba exhausta por abrir dos Puertas Internas, su padre apenas y tenía mala la ropa, y su hermana había sufrido un par de raspaduras al caer. La de peor estado era, curiosamente, Ranko, aunque ya estaba recuperándose: la herida de la espada de Reiji le dejaría una gran cicatriz en el vientre, de eso estaba segura.<br />
<br />
El camino de vuelta había sido casi en silencio. No querían, todavía, comentar lo sucedido, ni siquiera lo emocionante. Ranko pasó la mayoría del viaje dormida en su asiento de tren. Habían sobrevivido a un ataque que, al parecer, había tenido como objetivo a los Daimyō. Fue extraño llegar a la aldea como si hubiesen vuelto de una guerra, cuando todo allá estaba en relativa calma.<br />
<br />
Aquel día, después de compartir con su familia las experiencias sobre lo vivido, y con la incertidumbre de aquello en lo que podía desembocar aquel cruce de caminos, Ranko decidió que debía volver al entrenamiento. A pesar de que ahora se encontraba más enfocada, no se le quitaba el peso del encuentro con aquella bestia, aquel hombre que había destrozado los pasillos del estadio con suma facilidad. Ranko ya no se imaginaba qué habría pasado si ella se hubiese opuesto y hubiese enfrentado al hombre, pues estaba segura de que habría acabado bajo los escombros sin más. Ranko sólo pensaba en lo que <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">pasaría la próxima vez</span> que se encontrase con él. Porque claro, un villano no aparece una vez nada más en una historia. Eventualmente se reencuentra con el héroe para una revancha. Y la de la trenza estaba decidida a dar el grueso para ello. Aunque le costara, aunque le doliera. Tenía que hacerse <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mucho más fuerte</span>.<br />
<br />
A diferencia de otras veces, los dojos de instrucción estaban relativamente vacíos. Tal vez por el estado que se seguía viviendo, tal vez porque era muy temprano aún. Siguiendo los consejos de moda de su hermana, ya había cambiado su atuendo a uno más ligero: unos pantaloncillos verde oscuro con una blusa verde claro, larga y sin mangas; un obi, guantes y zapatos ligeros a juego con el pantalón corto, y, como un pequeño capricho a su guardarropa, una gargantilla de tela negra. Su placa de Kusagakure, nueva y reluciente, estaba integrada a su obi. La anterior, muy dañada por su combate contra Sasaki Reiji, yacía a modo de medalla de segundo lugar en un estante en su habitación.<br />
<br />
Fruto de su último combate fue también su peinado, pues uno de los sablazos de Reiji le había cortado parte de las trenzas que se había hecho específicamente para el torneo, por lo que ahora había peinado sus mechones hacia atrás, pero abultándolos un poco en la parte superior de su cabeza. Kuumi había sugerido tirabuzones, pero Ranko sólo admitió unos pocos a cada sien. Su icónica trenza lucía esponjosa como siempre.<br />
<br />
Ranko ya había comenzado a calentar, habiendo dejado antes su portaobjetos y a <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Higanbana</span>, su wakizashi, al borde de aquella habitación. Claro que habría sido más entretenido combatir con otra persona, pero, curiosamente, Ranko no estaba segura de si le apetecía estar con alguien. No sabía realmente si quería enfrentarse a un compañero o ser sólo ella, ser <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">sólo Hakuto</span>.<br />
<br />
Lo descubriría en unos minutos.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] El hombre que ríe]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-el-hombre-que-rie</link>
			<pubDate>Tue, 21 Jan 2020 23:31:42 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=730">Inuzuka Etsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-el-hombre-que-rie</guid>
			<description><![CDATA[Como acostumbraba, Etsu y Akane practicaban Tekken en el dojo. Ser los mejores alumnos del dojo familiar no es cosa de apellido, o de sangre... mas bien es cosa del esfuerzo y del empeño que ambos ponían en ello. No había día que ambos entrenasen menos de 10 horas. Obsesión de Etsu, y cosa con la que Akane tenía que lidiar. Pero al final, todo trae sus frutos. Akane ganaba grandes manjares, y Etsu ganaba sentirse mejor consigo mismo.<br />
<br />
El día lucía nublado, con una tormenta que parecía estar anunciándose más que inminente. Apenas se podía decir que fuese mediodía, pues la luz del sol estaba siendo aplacada en su mayor parte por las nubes. Numerosos cuervos graznaban en bandadas, arremolinados sobre kusagakure. Era día trece, por encima de todo, un número de lo más negativo.<br />
<br />
Era una aglomeración curiosa de malas señales.<br />
<br />
Pese a todo, el par de Inuzukas practicaban contra un pelele. Realizaban katas, practicaban golpeo directo, se iban sucediendo en combos. En sí practicaban un poco de todo, nada concreto. Etsu continuaba golpeando el pelele en lo que Akane tomaba un descanso, y fue precisamente en ese momento que el abuelo apareció en la sala del dojo. Abrió las puertas con el sigilo de un ánima, y se plantó en el umbral de la puerta corredera.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Etsu, Akane</span> —llamó la atención de sendos Inuzuka, a los cuales pilló por sorpresa. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">dejad el entrenamiento, necesito que me acompañéis a casa.</span><br />
<br />
El anciano, tan brusco y directo como siempre, dejó claras las cosas. Etsu dejó su golpeo contra el pelele, y miró al anciano. Realizó una reverencia en contestación —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Sí, abuelo.</span> —aclaró. Akane, ni corto ni perezoso, se adelantó y se puso a la par que el de mayor edad. Etsu no tardó en acompañarlos.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿Sucede algo, abuelo?</span> —preguntó curioso Etsu.<br />
<br />
Pero ni media palabra salió de los labios del anciano. Los tres tomaron camino a casa, en un silencio casi sepulcral. Etsu tenía más que curiosidad, no era frecuente que el abuelo le cortase el entrenamiento, y mucho menos que le obligase a acompañarlo a casa. Pero por el momento, no podía hacer más que andar. Tras casi un par de decenas de minutos, y un sinfín de calles, los Inuzukas llegaron a las puertas del dojo familiar. Estaban de nuevo en casa.<br />
<br />
El abuelo fue el primero en entrar, y tras éste entraron el nieto y su can. Todos se dirigieron al salón principal, liderados por el de mayor edad. Al llegar al salón, el anciano tomó asiento en su sillón favorito, uno casi tan grande como él mismo. Etsu miró al abuelo, arqueando una ceja en clara discordia. El abuelo sin embargo, no soltó prenda. Akane se sentó al lado del sillón que tenía al flanco derecho el anciano, y Etsu terminó por tomar asiento en el mismo. Pronto uno de los sirviente acudió a la improvisada reunión familiar. Se trataba de shimano, el tipo que hacía un té que sabía a gloria divina. Se acercó, y realizó una leve reverencia, claramente dirigida al abuelo.<br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Señor, ¿desea que les prepare un poco de té?</span> —preguntó con descaro.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Si, prepara té para cuatro, por favor.</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Si, señor.</span> —contestó al anciano, y con las mismas, el hombre se retiró.<br />
<br />
Etsu no pudo obviar las palabras del abuelo. Había pedido que hicieran té para cuatro, cuando solo eran tres en esa reunión. Bien podía ser que quisiese que Shimano tomase el té con ellos, pero era un poco extraño. Normalmente, si alguien está invitado a una reunión, ya lo sabe de antemano, y si encima es el que prepara el té... sería muy raro que tuvieses que remarcarle que se preparase a sí mismo uno. Quizás el Inuzuka le daba demasiadas vueltas al asunto.<br />
<br />
Explotó.<br />
<br />
No pudo esconderlo más.<br />
<br />
La curiosidad mató al gato, y eso que él tenía mas afinidad con los perros, pero...<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Abuelo, ¿quién mas viene? ¿y porqué de ésta reunión? No lo entiendo.</span><br />
<br />
El abuelo suspiró, y se relajó levemente en su sitio. Clavó su mirada en la puerta que hacía escasos segundos habían pasado, y tras ello desvió la mirada a algún punto perdido en el suelo. Era la primera vez en su vida que Etsu veía de esa manera a su abuelo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿Abuelo?</span> —insistió el rastas, como si el anciano no le hubiese escuchado.<br />
<br />
El abuelo tomó aire, y lo soltó con parsimonia. Miró al chico, y miró de nuevo a la puerta. Apenas pasados unos segundos, y con Etsu que casi le da un infarto del mismo estrés, el abuelo devolvió la mirada a su nieto.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Verás, Etsu... él ha salido.</span><br />
<br />
Etsu quedó en blanco. No entendía a qué se refería el anciano. No sabía quién podía haber salido de donde. No entendía porqué su abuelo estaba nervioso. Lo único que quedó en el aire fue un incómodo silencio, un silencio que ni en un cementerio a media noche.<br />
<br />
El de rastas agarró con fuerza el apoya-brazos del sofá con su diestra, en lo que con la zurda tomaba el cojinete de su lado por la parte mas adelantada, y se echó hacia delante. —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿A quién te refieres?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Han liberado a tu padre.</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
El corazón casi se le sale del pecho.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Está de camino</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Quiere verte...</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
El Inuzuka no daba crédito a lo que el anciano decía, y terminó llevándose la diestra directa al corazón.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿¡CÓMO ES POSIBLE!?</span> —bramó el rastas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM! ¡BOM! ¡BOOOM!</span></span><br />
<br />
La puerta se abrió, en un golpe seco y tosco.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM! ¡BOM! ¡BOOOM!</span></span><br />
<br />
La silueta de un hombre de mediana edad, que vestía un kimono negro y llevaba unos pelos alborotados se plantó en el umbral.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM! ¡BOM! ¡BOOOM! ¡BOM! ¡BOOOM!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Cuanto tiempo...</span> —escupió con una sonrisa el hombre.<br />
<br />
El padre de Etsu comenzó a andar de nuevo, directo hacia el rastas, con parsimonia. Bajo la mirada de los otros tres, el hombre parecía inmutable, ajeno a todos los sentimientos que podían tener en su contra. Etsu, el que más, quedó helado ante la presencia de su padre. Quería gritar de odio, quería golpearlo hasta dejarlo sin sentido, quería hundir su ono en la cabeza de ese hombre, quería...<br />
<br />
Quería tantas cosas...<br />
<br />
El silencio volvió a reinar en la sala, una sala donde las miradas podían matar. El Inuzuka no pudo esconder ese odio tan atroz que le tenía. Tenía ante sus ojos no a su padre, si no a la persona que había matado a su madre. Ese hombre dejó de ser su padre desde ese mismo día.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿No vas a saludar a tu padre?</span><br />
<br />
El de rastas quedó con su mirada clavada en los orbes del padre. Pero pese a todo lo que sentía, pese a todo el odio que podía tenerle, estaba paralizado por la misma situación. Lo peor de todo, esa sonrisa que aquél hombre tenía de oreja a oreja.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Ni se te ocurra...</span> —inquirió el Inuzuka. —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Después de lo que hiciste, ni se te ocurra volver como si no hubieses hecho nada.</span><br />
<br />
Por fin el Inuzuka pudo escupir las palabras que casi formulaban sus sentimientos. No era todo lo que sentía, ni mucho menos... pero algo era algo.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Hijo...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿¡NO ME LLAMES HIJO!?</span> —bramó el rastas, levantándose del sofá y encarándolo.<br />
<br />
El padre acentuó aún mas la sonrisa —<span style="color: orangered;" class="mycode_color">pequeño, ni se te ocurra levantarme la voz.</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Con la misma sonrisa, y la misma actitud tranquila con la que estaba acercándose, tomó la especie de guitarra que tenía a la espalda colgada y en un movimiento sin tutías la partió en la cabeza de Etsu.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡CLUUUNKCH!</span></span><br />
<br />
Un reguero de sangre recorrió la cara del Inuzuka, que quedó blanco e inmóvil. Los trozos de guitarra saltaron por todos lados, los trozos que obviamente sobraban de la cabeza del chico. Un sinfín de astillas y restos del instrumento se clavaron en la cabeza del joven, que drásticamente cayó sobre sus rodillas. La sangre cada vez brotaba más rápido, todo le daba vueltas, y estaba a punto de perder el conocimiento...<br />
<br />
Frente a él, su padre tenía esa asquerosa sonrisa aún más acentuada, si es que cabe.</i></div>
<br />
Pero todo había sido un engaño. En un abrir y cerrar de ojos, todo había vuelto a como estaba unos segundos antes. Se encontraba frente a su padre, y éste aún tenía su guitarra a la espalda. El suelo no tenía añicos del instrumento, y no había sangre por ningún lado.<br />
<br />
El Inuzuka reculó, sin entender en absoluto lo que había pasado. Su padre sonrió de nuevo...<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Así me gusta.</span><br />
<br />
El abuelo golpeó el apoya-brazos del sillón, llamando la atención de los otros tres. Si, Akane también estaba allí aún, acojonado al lado del abuelo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Déjate de tonterías, hijo. ¿Acaso has salido de la cárcel solo para torturar psicológicamente a tu hijo?</span><br />
<br />
El hombre se llevó la mano tras la nuca —<span style="color: orangered;" class="mycode_color">jajajajaja tienes razón, padre. Tan sabio como siempre.</span><br />
<br />
El padre de Etsu pasó a su lado, en lo que éste aún estaba helado, y tomó asiento en el sofá. Etsu quedó mirándolo, con rencor, con odio, y quizás con temor. Bueno, más que quizás. El hombre palpó un par de veces el cojinete de su lado, indicando al chico que se sentase a su lado. Obviamente, Etsu hizo caso omiso, y se sentó en el sofá que tenía frente a éste.<br />
<br />
Shimano hizo aparición, y dejó la bandeja con los cuatro té en la mesa que tenían entre los sofás y el sillón. Hizo una reverencia, y se fue con las mismas.<br />
<br />
El abuelo fue el primero en tomar su taza de té, seguido por su hijo. El anciano removió su taza, y bebió un sorbo. Frente a Etsu, su padre cruzó las piernas, y dejó de nuevo la taza sobre la mesa. Se quitó el instrumento de la espalda, y lo recostó en el sofá justo a su vera. Tras ello, retomó la taza de té, a la cuál le propinó un sorbo.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Y bien. ¿Qué rango posees ya, Etsu? ¿jounin? ¿anbu?</span> —le propinó otro sorbo al té.<br />
<br />
El chico tomó una taza, y la dejó en el suelo para que Akane pudiese beber de ella. Tras ello tomó una para sí mismo —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">aún soy genin.</span><br />
<br />
El hombre cesó bebiendo el té de inmediato, y sonrió de nuevo.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Tras unos segundos de incómodo silencio, el padre de Etsu apretó tanto la taza que ésta estalló. Con las mismas, tomó la guitarra, y la lanzó con una fuerza abrumadora contra el rastas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡CLUUUNKCH!</span></span><br />
<br />
Del mismo golpe, el chico cayó de espaldas, con el sillón incluido. El golpe había sido tal, que había volcado el sillón y todo. La sangre brotaba por todo el suelo de la estancia, y Etsu apenas era capaz de analizar lo sucedido. Estaba mirando el techo de la sala, o bueno, eso era prácticamente lo que podía deducirse. Realmente, tenía la mayor parte de la cara hecha un cristo, apenas podía mantener los ojos abiertos.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Qué has dicho?</span> —preguntó el hombre, que continuaba sentado con las piernas cruzadas.<br />
<br />
Etsu quiso contestar, o levantarse... pero no podía ni respirar apenas. Todo daba vueltas. Muchas vueltas.</i></div>
<br />
Todo volvió a estar como estaba, salvo la obviedad de que al chico se le cayó la taza de las manos. La impresión del cambio de perspectiva, del golpe que le había propinado su padre y luego no era... todo era una diarrea mental de aúpa.<br />
<br />
El anciano hincó su mirada en su hijo —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡he dicho que ya basta!</span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Viejo, has fallado en lo que te encomendé. Etsu aún es un puto genin. No veo cómo así va a convertirse en el Inuzuka más fuerte de todos los tiempos. A su edad, ambos eramos jounin.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Un rango no me categoriza como nada! ¡Soy perectamente capaz de ser chunin o jounin! ¡Pero dedico más tiempo a entrenar que a hacer misiones!</span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Si, claro...</span><br />
<br />
Un incómodo silencio volvió a reinar.<br />
<br />
El hombre tomó un sorbo de su taza, y el anciano también lo hizo. Ninguno abrió de nuevo la boca, tan solo se acuchillaban con miradas.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Etsu entrenará conmigo a partir de mañana</span> —sentenció el hombre.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡...Y una mierda!</span><br />
<br />
Pero se tuvo que tragar sus palabras el joven, pues la escena vivida con la guitarra se revivió por tercera vez. Por suerte o por desgracia, la taza de té ya estaba rota y desparramada por el suelo, por lo que no se le pudo caer de nuevo. Por contra, cada vez que eso pasaba, le dejaba helado por unos cuantos segundos. Su padre era odioso, en todos los sentidos.<br />
<br />
El hombre sonrió, y le propinó otro trago a su taza de té.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Aprovecha si quieres para descansar. Te espera una larga temporada entrenando conmigo.</span><br />
<br />
Etsu torció una mueca de desagrado, y miró hacia un flanco.<br />
<br />
¿Qué podía hacer?<br />
<br />
Se levantó, y sin mediar palabra se fue a su cuarto. Deseaba con todo su alma destrozarle a su padre esa maldita guitarra en la cabeza, deseaba abrirle la cabeza en dos con su ono, deseaba... tantas cosas deseaba, que por desgracia no podía ni cumplir.<br />
<br />
¿Cómo habían podido dejar suelto a ese lunático?<br />
<br />
Etsu se echó a dormir, dándole vueltas al asunto. Pensaba en cuantas cosas quería hacerle a su padre, en cuánto le odiaba por haber matado a su madre, en cómo había podido salir de la cárcel. Pero por más vueltas que le daba a esos asuntos en su cabeza, no hacía más que marearse. No era demasiado inteligente, y quizás habían demasiadas cosas que se le escapaban...<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[...]</span><br />
<br />
<br />
La puerta de la habitación de Etsu se abrió mucho antes de que el sol saliese. El chico se levantó con el mismo sonido de la puerta, y miró hacia el umbral de la misma. En éste umbral se hallaba su padre, como la peor de las pesadillas. El hombre le lanzó unas prendas, que golpearon en el pecho del chico, que aún estaba recostado. Miró las mismas, y se trataba de un kimono blanco, así como una máscara del mismo color totalmente lisa y con dos agujeros para los ojos. El rastas arqueó una ceja, y miró a su padre.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿Y ésto...?</span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Tu uniforme de entrenamiento. Conmigo no tienes la libertad de vestir como plazcas.</span> —contestó, tras lo cuál sonrió.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡No eres nadie para decirme como tengo que vestir, o cómo tengo que entrenar!</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>El hombre caminó hacia Etsu, y lo miró desde una distancia relativamente corta —<span style="color: orangered;" class="mycode_color">soy tu padre, y vas a obedecerme.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡...Y una mierda!</span><br />
<br />
Las palabras sobraban, no parecían llegar a un acuerdo. Pero, el hombre no pensaba de igual manera. En un abrir y cerrar de ojos, tomó la guitarra y...<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡CLUUUNKCH!</span></span><br />
<br />
De nuevo, destrozó la guitarra contra la cabeza del joven. Las paredes, el suelo, el techo, la cama... todo quedó manchado con sangre del joven Inuzuka. Además, el suelo quedó decorado con los restos de madera del instrumento. Todo comenzó a dar vueltas, se sentía mareado, como si las fuerzas le flaqueasen.</i></div>
<br />
De nuevo, regresaron a la realidad, donde el padre aún estaba en el umbral de la puerta, con su característica sonrisa. Una sonrisa que hacía sombra a la de Etsu, y que sin duda tenía un sentido mucho mas espeluznante. La piel se le erizó al joven, y para cuando pudo reaccionar, se vistió con ese maldito uniforme. Tras vestirse, quedó con los brazos cruzados y una mueca bien seria para con su padre.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">No seas así, chico. Tómatelo como una ayuda en tu carrera hacia convertirte en el Inuzuka más fuerte de todos los tiempos.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Si, claro...</span> —masculló entredientes.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Por cierto, toma todas las cosas que necesites en una mochila. No vamos a volver en una buen temporada.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿Pero qué coño dice...?»</span><br />
<br />
De nuevo, el chico blandió una mueca de desagrado, pero hizo caso de lo que el padre le decía. Tomó una maleta, y cogió ropa para unos cuantos días, así como sus pocas herramientas. Además, tomó sus armas, solo por si acaso. Temía que pudiese acabar con su ono clavada en la cabeza de su padre, pero por otro lado no hacía mas que desear esa situación...<br />
<br />
Los tres abandonaron el dojo —si, Akane también iba— y tomaron dirección al bosque de hongos. Caminaron una buena parte del día, por no decir que la mayor parte. Pararon en un puesto para comer, y luego para cenar, y siguieron andando. Terminaron haciendo noche en mitad de la nada, y al día siguiente, más de lo mismo. Caminaron hasta aborrecer el camino. Al par de días, llegaron a un dojo abandonado en mitad de ninguna parte. Un dojo que estaba casi demolido por las ramas de los árboles, la enredaderas, y algunos hongos gigantes.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Hemos llegado</span> —anunció el hombre.<br />
<br />
El chico no le devolvió palabra alguna, tal y como había hecho en la absoluta totalidad del viaje. El hombre se adelantó un poco, y abrió la puerta principal del dojo. Una manta de murciélagos salieron del mismo, armando un buen alboroto con el batir de sus alas. El hombre continuó hacia adentro, como si nada, ni tan siquiera se asustó o impresionó. Etsu lo siguió a la distancia, adentrándose en el susodicho dojo.<br />
<br />
El lugar era amplio, conformado por una única sala de tatami, con seis pilares que sostenían el techo a duras penas. Todas las paredes eran de madera, sin decoración alguna, y una única puerta de entrada y salida —la misma que habían cruzado—.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Bueno cachorro, es hora de entrenar.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[...]</span><br />
<br />
<br />
Los días pasaron, las semanas, y de hecho hasta los meses. El entrenamiento con el padre había sido una lucha psicológica constante, en la que había terminado con algo menos confianza en sí mismo, pero había terminado decidido. Tenía un objetivo, y debía cumplirlo. El entrenamiento con ese loco le había dado frutos, quisiera o no reconocerlo. Le había hecho dominar otro de los pilares del estilo familiar, lo cuál no era poco. Además de eso, había logrado aprender el Kuchiyose, y había afinado un poco sus jutsus elementales. Por contra, había ganado unas cuantas cicatrices más, tanto físicas como emocionales...<br />
<br />
Y una careta, en la que con su propia sangre dibujó una sonrisa.<br />
<br />
Esa sonrisa que tanto odiaba de su padre, y la cuál él mismo usaba en muchas ocasiones, aunque no con la misma intencionalidad que su padre. Por suerte para él, todo había acabado. El entrenamiento había terminado. Lo malo... que su padre se quedaría en el dojo a vivir también, y tendría que convivir con él día a día.<br />
<br />
Si os preguntáis si hicieron las paces o si hablaron mucho durante ese entrenamiento... la respuesta es no. Como mucho Etsu dio las gracias por la comida, o le decía un asqueado "hasta mañana". En todo ese tiempo juntos, tan solo el padre intentó hablar con el chico, pero éste se mantuvo aferrado a su odio.<br />
<br />
¿Quién en su sano juicio iba a hacer las paces con la persona que había matado a su madre?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Como acostumbraba, Etsu y Akane practicaban Tekken en el dojo. Ser los mejores alumnos del dojo familiar no es cosa de apellido, o de sangre... mas bien es cosa del esfuerzo y del empeño que ambos ponían en ello. No había día que ambos entrenasen menos de 10 horas. Obsesión de Etsu, y cosa con la que Akane tenía que lidiar. Pero al final, todo trae sus frutos. Akane ganaba grandes manjares, y Etsu ganaba sentirse mejor consigo mismo.<br />
<br />
El día lucía nublado, con una tormenta que parecía estar anunciándose más que inminente. Apenas se podía decir que fuese mediodía, pues la luz del sol estaba siendo aplacada en su mayor parte por las nubes. Numerosos cuervos graznaban en bandadas, arremolinados sobre kusagakure. Era día trece, por encima de todo, un número de lo más negativo.<br />
<br />
Era una aglomeración curiosa de malas señales.<br />
<br />
Pese a todo, el par de Inuzukas practicaban contra un pelele. Realizaban katas, practicaban golpeo directo, se iban sucediendo en combos. En sí practicaban un poco de todo, nada concreto. Etsu continuaba golpeando el pelele en lo que Akane tomaba un descanso, y fue precisamente en ese momento que el abuelo apareció en la sala del dojo. Abrió las puertas con el sigilo de un ánima, y se plantó en el umbral de la puerta corredera.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Etsu, Akane</span> —llamó la atención de sendos Inuzuka, a los cuales pilló por sorpresa. —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">dejad el entrenamiento, necesito que me acompañéis a casa.</span><br />
<br />
El anciano, tan brusco y directo como siempre, dejó claras las cosas. Etsu dejó su golpeo contra el pelele, y miró al anciano. Realizó una reverencia en contestación —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Sí, abuelo.</span> —aclaró. Akane, ni corto ni perezoso, se adelantó y se puso a la par que el de mayor edad. Etsu no tardó en acompañarlos.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿Sucede algo, abuelo?</span> —preguntó curioso Etsu.<br />
<br />
Pero ni media palabra salió de los labios del anciano. Los tres tomaron camino a casa, en un silencio casi sepulcral. Etsu tenía más que curiosidad, no era frecuente que el abuelo le cortase el entrenamiento, y mucho menos que le obligase a acompañarlo a casa. Pero por el momento, no podía hacer más que andar. Tras casi un par de decenas de minutos, y un sinfín de calles, los Inuzukas llegaron a las puertas del dojo familiar. Estaban de nuevo en casa.<br />
<br />
El abuelo fue el primero en entrar, y tras éste entraron el nieto y su can. Todos se dirigieron al salón principal, liderados por el de mayor edad. Al llegar al salón, el anciano tomó asiento en su sillón favorito, uno casi tan grande como él mismo. Etsu miró al abuelo, arqueando una ceja en clara discordia. El abuelo sin embargo, no soltó prenda. Akane se sentó al lado del sillón que tenía al flanco derecho el anciano, y Etsu terminó por tomar asiento en el mismo. Pronto uno de los sirviente acudió a la improvisada reunión familiar. Se trataba de shimano, el tipo que hacía un té que sabía a gloria divina. Se acercó, y realizó una leve reverencia, claramente dirigida al abuelo.<br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Señor, ¿desea que les prepare un poco de té?</span> —preguntó con descaro.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Si, prepara té para cuatro, por favor.</span><br />
<br />
—<span style="color: yellow;" class="mycode_color">Si, señor.</span> —contestó al anciano, y con las mismas, el hombre se retiró.<br />
<br />
Etsu no pudo obviar las palabras del abuelo. Había pedido que hicieran té para cuatro, cuando solo eran tres en esa reunión. Bien podía ser que quisiese que Shimano tomase el té con ellos, pero era un poco extraño. Normalmente, si alguien está invitado a una reunión, ya lo sabe de antemano, y si encima es el que prepara el té... sería muy raro que tuvieses que remarcarle que se preparase a sí mismo uno. Quizás el Inuzuka le daba demasiadas vueltas al asunto.<br />
<br />
Explotó.<br />
<br />
No pudo esconderlo más.<br />
<br />
La curiosidad mató al gato, y eso que él tenía mas afinidad con los perros, pero...<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Abuelo, ¿quién mas viene? ¿y porqué de ésta reunión? No lo entiendo.</span><br />
<br />
El abuelo suspiró, y se relajó levemente en su sitio. Clavó su mirada en la puerta que hacía escasos segundos habían pasado, y tras ello desvió la mirada a algún punto perdido en el suelo. Era la primera vez en su vida que Etsu veía de esa manera a su abuelo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿Abuelo?</span> —insistió el rastas, como si el anciano no le hubiese escuchado.<br />
<br />
El abuelo tomó aire, y lo soltó con parsimonia. Miró al chico, y miró de nuevo a la puerta. Apenas pasados unos segundos, y con Etsu que casi le da un infarto del mismo estrés, el abuelo devolvió la mirada a su nieto.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Verás, Etsu... él ha salido.</span><br />
<br />
Etsu quedó en blanco. No entendía a qué se refería el anciano. No sabía quién podía haber salido de donde. No entendía porqué su abuelo estaba nervioso. Lo único que quedó en el aire fue un incómodo silencio, un silencio que ni en un cementerio a media noche.<br />
<br />
El de rastas agarró con fuerza el apoya-brazos del sofá con su diestra, en lo que con la zurda tomaba el cojinete de su lado por la parte mas adelantada, y se echó hacia delante. —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿A quién te refieres?</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Han liberado a tu padre.</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
El corazón casi se le sale del pecho.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Está de camino</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Quiere verte...</span><br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
El Inuzuka no daba crédito a lo que el anciano decía, y terminó llevándose la diestra directa al corazón.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿¡CÓMO ES POSIBLE!?</span> —bramó el rastas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM! ¡BOM! ¡BOOOM!</span></span><br />
<br />
La puerta se abrió, en un golpe seco y tosco.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM! ¡BOM! ¡BOOOM!</span></span><br />
<br />
La silueta de un hombre de mediana edad, que vestía un kimono negro y llevaba unos pelos alborotados se plantó en el umbral.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡BOM! ¡BOOM! ¡BOM! ¡BOOOM! ¡BOM! ¡BOOOM!</span></span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Cuanto tiempo...</span> —escupió con una sonrisa el hombre.<br />
<br />
El padre de Etsu comenzó a andar de nuevo, directo hacia el rastas, con parsimonia. Bajo la mirada de los otros tres, el hombre parecía inmutable, ajeno a todos los sentimientos que podían tener en su contra. Etsu, el que más, quedó helado ante la presencia de su padre. Quería gritar de odio, quería golpearlo hasta dejarlo sin sentido, quería hundir su ono en la cabeza de ese hombre, quería...<br />
<br />
Quería tantas cosas...<br />
<br />
El silencio volvió a reinar en la sala, una sala donde las miradas podían matar. El Inuzuka no pudo esconder ese odio tan atroz que le tenía. Tenía ante sus ojos no a su padre, si no a la persona que había matado a su madre. Ese hombre dejó de ser su padre desde ese mismo día.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿No vas a saludar a tu padre?</span><br />
<br />
El de rastas quedó con su mirada clavada en los orbes del padre. Pero pese a todo lo que sentía, pese a todo el odio que podía tenerle, estaba paralizado por la misma situación. Lo peor de todo, esa sonrisa que aquél hombre tenía de oreja a oreja.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Ni se te ocurra...</span> —inquirió el Inuzuka. —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Después de lo que hiciste, ni se te ocurra volver como si no hubieses hecho nada.</span><br />
<br />
Por fin el Inuzuka pudo escupir las palabras que casi formulaban sus sentimientos. No era todo lo que sentía, ni mucho menos... pero algo era algo.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Hijo...</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿¡NO ME LLAMES HIJO!?</span> —bramó el rastas, levantándose del sofá y encarándolo.<br />
<br />
El padre acentuó aún mas la sonrisa —<span style="color: orangered;" class="mycode_color">pequeño, ni se te ocurra levantarme la voz.</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Con la misma sonrisa, y la misma actitud tranquila con la que estaba acercándose, tomó la especie de guitarra que tenía a la espalda colgada y en un movimiento sin tutías la partió en la cabeza de Etsu.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡CLUUUNKCH!</span></span><br />
<br />
Un reguero de sangre recorrió la cara del Inuzuka, que quedó blanco e inmóvil. Los trozos de guitarra saltaron por todos lados, los trozos que obviamente sobraban de la cabeza del chico. Un sinfín de astillas y restos del instrumento se clavaron en la cabeza del joven, que drásticamente cayó sobre sus rodillas. La sangre cada vez brotaba más rápido, todo le daba vueltas, y estaba a punto de perder el conocimiento...<br />
<br />
Frente a él, su padre tenía esa asquerosa sonrisa aún más acentuada, si es que cabe.</i></div>
<br />
Pero todo había sido un engaño. En un abrir y cerrar de ojos, todo había vuelto a como estaba unos segundos antes. Se encontraba frente a su padre, y éste aún tenía su guitarra a la espalda. El suelo no tenía añicos del instrumento, y no había sangre por ningún lado.<br />
<br />
El Inuzuka reculó, sin entender en absoluto lo que había pasado. Su padre sonrió de nuevo...<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Así me gusta.</span><br />
<br />
El abuelo golpeó el apoya-brazos del sillón, llamando la atención de los otros tres. Si, Akane también estaba allí aún, acojonado al lado del abuelo.<br />
<br />
—<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">Déjate de tonterías, hijo. ¿Acaso has salido de la cárcel solo para torturar psicológicamente a tu hijo?</span><br />
<br />
El hombre se llevó la mano tras la nuca —<span style="color: orangered;" class="mycode_color">jajajajaja tienes razón, padre. Tan sabio como siempre.</span><br />
<br />
El padre de Etsu pasó a su lado, en lo que éste aún estaba helado, y tomó asiento en el sofá. Etsu quedó mirándolo, con rencor, con odio, y quizás con temor. Bueno, más que quizás. El hombre palpó un par de veces el cojinete de su lado, indicando al chico que se sentase a su lado. Obviamente, Etsu hizo caso omiso, y se sentó en el sofá que tenía frente a éste.<br />
<br />
Shimano hizo aparición, y dejó la bandeja con los cuatro té en la mesa que tenían entre los sofás y el sillón. Hizo una reverencia, y se fue con las mismas.<br />
<br />
El abuelo fue el primero en tomar su taza de té, seguido por su hijo. El anciano removió su taza, y bebió un sorbo. Frente a Etsu, su padre cruzó las piernas, y dejó de nuevo la taza sobre la mesa. Se quitó el instrumento de la espalda, y lo recostó en el sofá justo a su vera. Tras ello, retomó la taza de té, a la cuál le propinó un sorbo.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Y bien. ¿Qué rango posees ya, Etsu? ¿jounin? ¿anbu?</span> —le propinó otro sorbo al té.<br />
<br />
El chico tomó una taza, y la dejó en el suelo para que Akane pudiese beber de ella. Tras ello tomó una para sí mismo —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">aún soy genin.</span><br />
<br />
El hombre cesó bebiendo el té de inmediato, y sonrió de nuevo.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>Tras unos segundos de incómodo silencio, el padre de Etsu apretó tanto la taza que ésta estalló. Con las mismas, tomó la guitarra, y la lanzó con una fuerza abrumadora contra el rastas.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡CLUUUNKCH!</span></span><br />
<br />
Del mismo golpe, el chico cayó de espaldas, con el sillón incluido. El golpe había sido tal, que había volcado el sillón y todo. La sangre brotaba por todo el suelo de la estancia, y Etsu apenas era capaz de analizar lo sucedido. Estaba mirando el techo de la sala, o bueno, eso era prácticamente lo que podía deducirse. Realmente, tenía la mayor parte de la cara hecha un cristo, apenas podía mantener los ojos abiertos.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">¿Qué has dicho?</span> —preguntó el hombre, que continuaba sentado con las piernas cruzadas.<br />
<br />
Etsu quiso contestar, o levantarse... pero no podía ni respirar apenas. Todo daba vueltas. Muchas vueltas.</i></div>
<br />
Todo volvió a estar como estaba, salvo la obviedad de que al chico se le cayó la taza de las manos. La impresión del cambio de perspectiva, del golpe que le había propinado su padre y luego no era... todo era una diarrea mental de aúpa.<br />
<br />
El anciano hincó su mirada en su hijo —<span style="color: mediumorchid;" class="mycode_color">¡he dicho que ya basta!</span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Viejo, has fallado en lo que te encomendé. Etsu aún es un puto genin. No veo cómo así va a convertirse en el Inuzuka más fuerte de todos los tiempos. A su edad, ambos eramos jounin.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Un rango no me categoriza como nada! ¡Soy perectamente capaz de ser chunin o jounin! ¡Pero dedico más tiempo a entrenar que a hacer misiones!</span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Si, claro...</span><br />
<br />
Un incómodo silencio volvió a reinar.<br />
<br />
El hombre tomó un sorbo de su taza, y el anciano también lo hizo. Ninguno abrió de nuevo la boca, tan solo se acuchillaban con miradas.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Etsu entrenará conmigo a partir de mañana</span> —sentenció el hombre.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡...Y una mierda!</span><br />
<br />
Pero se tuvo que tragar sus palabras el joven, pues la escena vivida con la guitarra se revivió por tercera vez. Por suerte o por desgracia, la taza de té ya estaba rota y desparramada por el suelo, por lo que no se le pudo caer de nuevo. Por contra, cada vez que eso pasaba, le dejaba helado por unos cuantos segundos. Su padre era odioso, en todos los sentidos.<br />
<br />
El hombre sonrió, y le propinó otro trago a su taza de té.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Aprovecha si quieres para descansar. Te espera una larga temporada entrenando conmigo.</span><br />
<br />
Etsu torció una mueca de desagrado, y miró hacia un flanco.<br />
<br />
¿Qué podía hacer?<br />
<br />
Se levantó, y sin mediar palabra se fue a su cuarto. Deseaba con todo su alma destrozarle a su padre esa maldita guitarra en la cabeza, deseaba abrirle la cabeza en dos con su ono, deseaba... tantas cosas deseaba, que por desgracia no podía ni cumplir.<br />
<br />
¿Cómo habían podido dejar suelto a ese lunático?<br />
<br />
Etsu se echó a dormir, dándole vueltas al asunto. Pensaba en cuantas cosas quería hacerle a su padre, en cuánto le odiaba por haber matado a su madre, en cómo había podido salir de la cárcel. Pero por más vueltas que le daba a esos asuntos en su cabeza, no hacía más que marearse. No era demasiado inteligente, y quizás habían demasiadas cosas que se le escapaban...<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[...]</span><br />
<br />
<br />
La puerta de la habitación de Etsu se abrió mucho antes de que el sol saliese. El chico se levantó con el mismo sonido de la puerta, y miró hacia el umbral de la misma. En éste umbral se hallaba su padre, como la peor de las pesadillas. El hombre le lanzó unas prendas, que golpearon en el pecho del chico, que aún estaba recostado. Miró las mismas, y se trataba de un kimono blanco, así como una máscara del mismo color totalmente lisa y con dos agujeros para los ojos. El rastas arqueó una ceja, y miró a su padre.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¿Y ésto...?</span><br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Tu uniforme de entrenamiento. Conmigo no tienes la libertad de vestir como plazcas.</span> —contestó, tras lo cuál sonrió.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡No eres nadie para decirme como tengo que vestir, o cómo tengo que entrenar!</span><br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>El hombre caminó hacia Etsu, y lo miró desde una distancia relativamente corta —<span style="color: orangered;" class="mycode_color">soy tu padre, y vas a obedecerme.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡...Y una mierda!</span><br />
<br />
Las palabras sobraban, no parecían llegar a un acuerdo. Pero, el hombre no pensaba de igual manera. En un abrir y cerrar de ojos, tomó la guitarra y...<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 20px;">¡CLUUUNKCH!</span></span><br />
<br />
De nuevo, destrozó la guitarra contra la cabeza del joven. Las paredes, el suelo, el techo, la cama... todo quedó manchado con sangre del joven Inuzuka. Además, el suelo quedó decorado con los restos de madera del instrumento. Todo comenzó a dar vueltas, se sentía mareado, como si las fuerzas le flaqueasen.</i></div>
<br />
De nuevo, regresaron a la realidad, donde el padre aún estaba en el umbral de la puerta, con su característica sonrisa. Una sonrisa que hacía sombra a la de Etsu, y que sin duda tenía un sentido mucho mas espeluznante. La piel se le erizó al joven, y para cuando pudo reaccionar, se vistió con ese maldito uniforme. Tras vestirse, quedó con los brazos cruzados y una mueca bien seria para con su padre.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">No seas así, chico. Tómatelo como una ayuda en tu carrera hacia convertirte en el Inuzuka más fuerte de todos los tiempos.</span><br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Si, claro...</span> —masculló entredientes.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Por cierto, toma todas las cosas que necesites en una mochila. No vamos a volver en una buen temporada.</span><br />
<br />
<span style="color: dodgerblue; font-style: italic;">«¿Pero qué coño dice...?»</span><br />
<br />
De nuevo, el chico blandió una mueca de desagrado, pero hizo caso de lo que el padre le decía. Tomó una maleta, y cogió ropa para unos cuantos días, así como sus pocas herramientas. Además, tomó sus armas, solo por si acaso. Temía que pudiese acabar con su ono clavada en la cabeza de su padre, pero por otro lado no hacía mas que desear esa situación...<br />
<br />
Los tres abandonaron el dojo —si, Akane también iba— y tomaron dirección al bosque de hongos. Caminaron una buena parte del día, por no decir que la mayor parte. Pararon en un puesto para comer, y luego para cenar, y siguieron andando. Terminaron haciendo noche en mitad de la nada, y al día siguiente, más de lo mismo. Caminaron hasta aborrecer el camino. Al par de días, llegaron a un dojo abandonado en mitad de ninguna parte. Un dojo que estaba casi demolido por las ramas de los árboles, la enredaderas, y algunos hongos gigantes.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Hemos llegado</span> —anunció el hombre.<br />
<br />
El chico no le devolvió palabra alguna, tal y como había hecho en la absoluta totalidad del viaje. El hombre se adelantó un poco, y abrió la puerta principal del dojo. Una manta de murciélagos salieron del mismo, armando un buen alboroto con el batir de sus alas. El hombre continuó hacia adentro, como si nada, ni tan siquiera se asustó o impresionó. Etsu lo siguió a la distancia, adentrándose en el susodicho dojo.<br />
<br />
El lugar era amplio, conformado por una única sala de tatami, con seis pilares que sostenían el techo a duras penas. Todas las paredes eran de madera, sin decoración alguna, y una única puerta de entrada y salida —la misma que habían cruzado—.<br />
<br />
—<span style="color: orangered;" class="mycode_color">Bueno cachorro, es hora de entrenar.</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">[...]</span><br />
<br />
<br />
Los días pasaron, las semanas, y de hecho hasta los meses. El entrenamiento con el padre había sido una lucha psicológica constante, en la que había terminado con algo menos confianza en sí mismo, pero había terminado decidido. Tenía un objetivo, y debía cumplirlo. El entrenamiento con ese loco le había dado frutos, quisiera o no reconocerlo. Le había hecho dominar otro de los pilares del estilo familiar, lo cuál no era poco. Además de eso, había logrado aprender el Kuchiyose, y había afinado un poco sus jutsus elementales. Por contra, había ganado unas cuantas cicatrices más, tanto físicas como emocionales...<br />
<br />
Y una careta, en la que con su propia sangre dibujó una sonrisa.<br />
<br />
Esa sonrisa que tanto odiaba de su padre, y la cuál él mismo usaba en muchas ocasiones, aunque no con la misma intencionalidad que su padre. Por suerte para él, todo había acabado. El entrenamiento había terminado. Lo malo... que su padre se quedaría en el dojo a vivir también, y tendría que convivir con él día a día.<br />
<br />
Si os preguntáis si hicieron las paces o si hablaron mucho durante ese entrenamiento... la respuesta es no. Como mucho Etsu dio las gracias por la comida, o le decía un asqueado "hasta mañana". En todo ese tiempo juntos, tan solo el padre intentó hablar con el chico, pero éste se mantuvo aferrado a su odio.<br />
<br />
¿Quién en su sano juicio iba a hacer las paces con la persona que había matado a su madre?]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un! dos! tres! un pasito palante, Yasúo! un! dos! tres! un pasito patrás!]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-dos-tres-un-pasito-palante-yasuo-un-dos-tres-un-pasito-patras</link>
			<pubDate>Fri, 07 Dec 2018 01:21:47 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=730">Inuzuka Etsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-dos-tres-un-pasito-palante-yasuo-un-dos-tres-un-pasito-patras</guid>
			<description><![CDATA[El tiempo había pasado, mucho tiempo a decir verdad. El examen de chunin había marcado un antes y un después. Para bien o para mal, y en Etsu y Akane había hecho mella. La sensación que Etsu se llevó del evento no había sido para nada positiva, si no mas bien lo contrario. Y no solo por cosa de cómo había actuado, si no que también había podido observar que la actual paz pendía de un hilo. Igual de fácil estaban en armonía, como podía estallar un conflicto. Chica broma.<br />
<br />
Por ello, y por él mismo, el Inuzuka comenzó un arduo régimen de entrenamiento. Aún mas intenso que el habitual, cosa que ya de por sí no era moco de pavo. Podía pasar días entrenando sin descanso mas que para recuperar el aliento. El descanso ya apenas estaba enmarcado en su vocabulario. Tanto era así, que ya no tenía relación alguna con otra persona, salvo con Akane. Casi se podría decir que se había vuelto un antisocial de cuidado...<br />
<br />
Pero, en realidad no era cosa de que el chico no quisiese relacionarse con nadie mas. Lo único que le faltaba era tiempo. Una pena, pero no podía depender de sus habilidades sociales a la hora de lograr sus objetivos, debía ser el mejor shinobi, y eso requiere de una habilidad espléndida, y una implicación completa. De ninguna manera llegaría a cumplir sus propias expectativas si no trabajaba duro. El Inuzuka no pensaba decepcionar al abuelo, y mucho menos decepcionarse a sí mismo. Tenía un futuro brillante por delante, y eso lo tenía bien claro.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Vamos, Akane!</span> —inquirió en última instancia —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">ya solo quedan cien mas...</span><br />
<br />
El sudor resbalaba por su rostro hasta su barbilla, donde terminaba por caer al vacío. No demasiado dramático, de ahí llegaban con tremenda rapidez al tatami, que apenas a cinco centímetros esperaba a que el chico golpease con su nariz su superficie. En ocasiones eran 5 centímetros, en otra algo mas. Los sobrecargados músculos del chico temblaban como flanes en la mesa de un buen gourmet. Aun así, no desistía. Una mas, otra, otra, otra... ya no las hacía tan veloces como al inicio, pero sin duda no se rendía. Continuaba con recelo, con paso firme, con determinación.<br />
<br />
Frente a él, su enorme can imitaba el ejercicio.<br />
<br />
Un nuevo golpeo leve de su respingona nariz contra el tatami anunció una nueva flexión. Poco mas tarde, una mas. Y así continuaba, como si su vida dependiese de ello. No había nada mas en el universo que él y su objetivo actual. Apenas le podía siquiera prestar atención al huskie, todo a su alrededor se había vuelto realmente oscuro y efímero. Nada tenía en éstos instantes tanto valor como ese record personal de flexiones diarias... y eso que apenas era mediodía.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Una... más...</span><br />
<br />
Temblando cual volcán en erupción, el Inuzuka terminó por caer al suelo, agotado. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Aunque estaba abatido, lo había logrado. Por el momento iba a superar el número de flexiones del anterior día, lo cuál era genial. Pero por otro lado, apenas tenía fuerzas para levantarse.<br />
<br />
A su alrededor, la vida seguía. Un gran número de personas iban y venían. Bueno, quizás no tantas, ya que el frío de una tarde invernal hacía que muchos hogareños prefiriesen refugiarse en casa a entrenar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El tiempo había pasado, mucho tiempo a decir verdad. El examen de chunin había marcado un antes y un después. Para bien o para mal, y en Etsu y Akane había hecho mella. La sensación que Etsu se llevó del evento no había sido para nada positiva, si no mas bien lo contrario. Y no solo por cosa de cómo había actuado, si no que también había podido observar que la actual paz pendía de un hilo. Igual de fácil estaban en armonía, como podía estallar un conflicto. Chica broma.<br />
<br />
Por ello, y por él mismo, el Inuzuka comenzó un arduo régimen de entrenamiento. Aún mas intenso que el habitual, cosa que ya de por sí no era moco de pavo. Podía pasar días entrenando sin descanso mas que para recuperar el aliento. El descanso ya apenas estaba enmarcado en su vocabulario. Tanto era así, que ya no tenía relación alguna con otra persona, salvo con Akane. Casi se podría decir que se había vuelto un antisocial de cuidado...<br />
<br />
Pero, en realidad no era cosa de que el chico no quisiese relacionarse con nadie mas. Lo único que le faltaba era tiempo. Una pena, pero no podía depender de sus habilidades sociales a la hora de lograr sus objetivos, debía ser el mejor shinobi, y eso requiere de una habilidad espléndida, y una implicación completa. De ninguna manera llegaría a cumplir sus propias expectativas si no trabajaba duro. El Inuzuka no pensaba decepcionar al abuelo, y mucho menos decepcionarse a sí mismo. Tenía un futuro brillante por delante, y eso lo tenía bien claro.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">¡Vamos, Akane!</span> —inquirió en última instancia —<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">ya solo quedan cien mas...</span><br />
<br />
El sudor resbalaba por su rostro hasta su barbilla, donde terminaba por caer al vacío. No demasiado dramático, de ahí llegaban con tremenda rapidez al tatami, que apenas a cinco centímetros esperaba a que el chico golpease con su nariz su superficie. En ocasiones eran 5 centímetros, en otra algo mas. Los sobrecargados músculos del chico temblaban como flanes en la mesa de un buen gourmet. Aun así, no desistía. Una mas, otra, otra, otra... ya no las hacía tan veloces como al inicio, pero sin duda no se rendía. Continuaba con recelo, con paso firme, con determinación.<br />
<br />
Frente a él, su enorme can imitaba el ejercicio.<br />
<br />
Un nuevo golpeo leve de su respingona nariz contra el tatami anunció una nueva flexión. Poco mas tarde, una mas. Y así continuaba, como si su vida dependiese de ello. No había nada mas en el universo que él y su objetivo actual. Apenas le podía siquiera prestar atención al huskie, todo a su alrededor se había vuelto realmente oscuro y efímero. Nada tenía en éstos instantes tanto valor como ese record personal de flexiones diarias... y eso que apenas era mediodía.<br />
<br />
—<span style="color: mediumseagreen;" class="mycode_color">Una... más...</span><br />
<br />
Temblando cual volcán en erupción, el Inuzuka terminó por caer al suelo, agotado. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Aunque estaba abatido, lo había logrado. Por el momento iba a superar el número de flexiones del anterior día, lo cuál era genial. Pero por otro lado, apenas tenía fuerzas para levantarse.<br />
<br />
A su alrededor, la vida seguía. Un gran número de personas iban y venían. Bueno, quizás no tantas, ya que el frío de una tarde invernal hacía que muchos hogareños prefiriesen refugiarse en casa a entrenar.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Madera de Ninja]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-madera-de-ninja</link>
			<pubDate>Wed, 19 Sep 2018 03:19:55 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=16">Hanamura Kazuma</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-madera-de-ninja</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: slategray;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mes de Augurio del año 218</span></span></span></div>
<br />
<br />
Para Kazuma resultaba justo el pensar que podría tener un poco de merecida paz, un tiempo con el cual podría darle algo de descanso a su maltrecho orgullo: había reprobado la primera forma del examen que le permitiría ascender, de un simple estudiante de academia, al grado básico de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninja</span> en plena facultad de deberes y derechos, un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">genin</span>. Lo más frustrante era que lo había hecho frente a todos aquellos que le señalaban como un provinciano del sur que no poseía talento para el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninjutsu elemental</span> (algo casi estigmático entre los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninjas</span>). <br />
<br />
No había bastado superar aquel obstáculo, dedicando gran parte de su tiempo a clases suplementarias para poder optar a una segunda forma. En esta segunda ocasión demostró —no sin una innominada ayuda externa— de lo que era capaz, destacándose asi en el área del <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kenjutsu</span>. Ahora la bandana no se le escaparía; lo que si habría de serle esquivo era la sensación de compañerismo que se manifiesta luego de un curso agotador, pues de entre los muchos postulantes de la segunda forma solo él consiguió su cometido; ganándole el desprecio de algunos que creían merecer en mayor medida tal reivindicación y que aun así tendrían que recursar el periodo académico. <br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Las cosas son como deben ser: si han tenido tiempo para hacerme el objetivo de sus burlas, entonces seguro que les alcanzara para estudiar y aprobar el año que viene</span> —se dijo, sereno, mientras caminaba hacía uno de los Dojos de Instrucción. <br />
<br />
El joven sureño se había atrasado respecto a sus compañeros, por lo que no había sido capaz de entrar en algún "equipo": un programa en donde tríos de recién graduados eran puestos bajo la guía de un ninja experimentado que habría de supervisar su formación. <br />
<br />
Ahora le tocaba tomar lo que quedase, los “despojos” como decían peyorativamente algunos profesores. Aquello tampoco era que le agradace mucho; tenía el temor de que el titulo de instructor especial designase a alguien que tenía por objetivo tratar con quienes tuviesen alguna suerte de retraso, para intentar hacerlos medianamente útiles. <br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">En todo caso, quedarme bajo su cuidado no es algo obligatorio</span> —se dijo, sabiendo que lo que allí lo mantenía era la curiosidad, aunque también había algo de escepticismo y temor.  <br />
<br />
Llego al sitio que se le había indicado un poco antes de la hora (esperar no le resultaba ningún problema). La estructura, de antigua y robusta madera, se veía descuidada. Y aquello tenía sentido; las mejores salas no iban a estar a la disposición de un rezagado único. <br />
<br />
Y aun así, el sol de la mañana sobre aquella estructura retirada y silenciosa, cuya fortaleza yacía oculta tras una mística innombrable, parecía corresponderse a la perfección con la clase de persona que era. <br />
<br />
¿Era eso bueno o malo? Solo el instructor podría discernirlo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: slategray;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mes de Augurio del año 218</span></span></span></div>
<br />
<br />
Para Kazuma resultaba justo el pensar que podría tener un poco de merecida paz, un tiempo con el cual podría darle algo de descanso a su maltrecho orgullo: había reprobado la primera forma del examen que le permitiría ascender, de un simple estudiante de academia, al grado básico de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninja</span> en plena facultad de deberes y derechos, un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">genin</span>. Lo más frustrante era que lo había hecho frente a todos aquellos que le señalaban como un provinciano del sur que no poseía talento para el <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninjutsu elemental</span> (algo casi estigmático entre los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ninjas</span>). <br />
<br />
No había bastado superar aquel obstáculo, dedicando gran parte de su tiempo a clases suplementarias para poder optar a una segunda forma. En esta segunda ocasión demostró —no sin una innominada ayuda externa— de lo que era capaz, destacándose asi en el área del <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">kenjutsu</span>. Ahora la bandana no se le escaparía; lo que si habría de serle esquivo era la sensación de compañerismo que se manifiesta luego de un curso agotador, pues de entre los muchos postulantes de la segunda forma solo él consiguió su cometido; ganándole el desprecio de algunos que creían merecer en mayor medida tal reivindicación y que aun así tendrían que recursar el periodo académico. <br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">Las cosas son como deben ser: si han tenido tiempo para hacerme el objetivo de sus burlas, entonces seguro que les alcanzara para estudiar y aprobar el año que viene</span> —se dijo, sereno, mientras caminaba hacía uno de los Dojos de Instrucción. <br />
<br />
El joven sureño se había atrasado respecto a sus compañeros, por lo que no había sido capaz de entrar en algún "equipo": un programa en donde tríos de recién graduados eran puestos bajo la guía de un ninja experimentado que habría de supervisar su formación. <br />
<br />
Ahora le tocaba tomar lo que quedase, los “despojos” como decían peyorativamente algunos profesores. Aquello tampoco era que le agradace mucho; tenía el temor de que el titulo de instructor especial designase a alguien que tenía por objetivo tratar con quienes tuviesen alguna suerte de retraso, para intentar hacerlos medianamente útiles. <br />
<br />
—<span style="color: slategray;" class="mycode_color">En todo caso, quedarme bajo su cuidado no es algo obligatorio</span> —se dijo, sabiendo que lo que allí lo mantenía era la curiosidad, aunque también había algo de escepticismo y temor.  <br />
<br />
Llego al sitio que se le había indicado un poco antes de la hora (esperar no le resultaba ningún problema). La estructura, de antigua y robusta madera, se veía descuidada. Y aquello tenía sentido; las mejores salas no iban a estar a la disposición de un rezagado único. <br />
<br />
Y aun así, el sol de la mañana sobre aquella estructura retirada y silenciosa, cuya fortaleza yacía oculta tras una mística innombrable, parecía corresponderse a la perfección con la clase de persona que era. <br />
<br />
¿Era eso bueno o malo? Solo el instructor podría discernirlo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Toda una vida y todavía no aprende]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-toda-una-vida-y-todavia-no-aprende</link>
			<pubDate>Sun, 10 Dec 2017 23:40:30 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Ritsuko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-toda-una-vida-y-todavia-no-aprende</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Siempre fue un problema para Ritsuko no saber dónde ir para llegar a dónde debería de estar… hace varias horas atrás.<br />
<br />
Aquella tarde lo único que la pelirroja tenía por hacer, era asistir a uno de los dojos de instrucción donde entrenaría al menos un rato con Akutagawa, aquel chuunin que siempre se había encargado de asesorarla durante su paso por la academia. Pero este hombre jamás se acostumbró a dejarle indicaciones a prueba de idiotas para llegar a un lugar determinado.<br />
<br />
En otras palabras, la kunoichi en esos precisos instantes estaba vagando por toda la aldea buscando el dojo específico donde estaría su sensei. Obviamente, no tuvo suerte, pues seguramente aquel hombre se había ido ya maldiciendo a la chica por haberle hecho perder su tiempo, y no podía culparle.<br />
<br />
<span style="color: deeppink;" class="mycode_color">«¿Dónde estoy? »</span>se preguntaba la depresiva fémina mientras seguía su inagotable marcha.<br />
<br />
Luego de mucho tiempo, ya al atardecer, cuando el sol apenas podía divisarse en el horizonte, la joven dio con los dojos. Una leve alegría inundó… su mente, su cara seguía siendo la misma depresiva de siempre.<br />
<br />
Uno por uno, la pelirroja se asomó por cada dojo por si encontraba Akutagawa. Algunos vacíos, otros estaban ocupados por algunos shinobis entrenando, en otros habían algunos animales, pero no había pista de su maestro.<br />
<br />
<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">—Disculpe —</span>dijo rápidamente al interrumpir a alguien en uno de los dojos.<br />
<br />
Tan pronto como se disculpó, Ritsuko se dispuso a seguir con su búsqueda, aunque no era que le quedasen muchos más lugares por comprobar.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Siempre fue un problema para Ritsuko no saber dónde ir para llegar a dónde debería de estar… hace varias horas atrás.<br />
<br />
Aquella tarde lo único que la pelirroja tenía por hacer, era asistir a uno de los dojos de instrucción donde entrenaría al menos un rato con Akutagawa, aquel chuunin que siempre se había encargado de asesorarla durante su paso por la academia. Pero este hombre jamás se acostumbró a dejarle indicaciones a prueba de idiotas para llegar a un lugar determinado.<br />
<br />
En otras palabras, la kunoichi en esos precisos instantes estaba vagando por toda la aldea buscando el dojo específico donde estaría su sensei. Obviamente, no tuvo suerte, pues seguramente aquel hombre se había ido ya maldiciendo a la chica por haberle hecho perder su tiempo, y no podía culparle.<br />
<br />
<span style="color: deeppink;" class="mycode_color">«¿Dónde estoy? »</span>se preguntaba la depresiva fémina mientras seguía su inagotable marcha.<br />
<br />
Luego de mucho tiempo, ya al atardecer, cuando el sol apenas podía divisarse en el horizonte, la joven dio con los dojos. Una leve alegría inundó… su mente, su cara seguía siendo la misma depresiva de siempre.<br />
<br />
Uno por uno, la pelirroja se asomó por cada dojo por si encontraba Akutagawa. Algunos vacíos, otros estaban ocupados por algunos shinobis entrenando, en otros habían algunos animales, pero no había pista de su maestro.<br />
<br />
<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">—Disculpe —</span>dijo rápidamente al interrumpir a alguien en uno de los dojos.<br />
<br />
Tan pronto como se disculpó, Ritsuko se dispuso a seguir con su búsqueda, aunque no era que le quedasen muchos más lugares por comprobar.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Formando un futuro equipo]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-formando-un-futuro-equipo</link>
			<pubDate>Sun, 10 Dec 2017 20:03:19 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Rika</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-formando-un-futuro-equipo</guid>
			<description><![CDATA[Era un día más para ella, no pensaba en lo que comenzaría aquel día. Como cada mañana, se vistió, se equipó, saludó a su wakizashi y se largó de su casa bien contenta. Vivir en soledad le resultaba bastante cómodo, aunque ciertamente, echaba en falta la compañía de alguien, aunque tan solo fuera por hacer acto de presencia. Pensó en comentarle a Nemu, un amigo suyo que de vez en cuanto, se pasara por calla de ella, e incluso se quedase a cenar o dormir a pesar de que él si tenía familia y un hermano menor del que ocuparse.<br />
<br />
Se detuvo en una pequeña tienda y compró un par de bollos de carne para desayunar. Últimamente se habían convertido en una droga para ella, aunque no era adicta a ellos, estaba consumiéndolos regularmente y a cualquier hora. Ella lo sabía, era consciente de ello, y de que debía de ingerir tal comida. Aunque de momento, prefería seguir saboreándolos durante una temporada más, mientras el dinero le diera para ello, u encontrara un alimento más satisfactorio para ella.<br />
<br />
Aquella mañana no encontró a Nemu en el dojo. Ni siquiera estaba la mitad de la clase. Y ni siquiera había llegado tarde. Poco después entendió que ocurría. Estaban llamando a los alumnos de tres en tres, para formar equipos con ellos. Avisaron de que pensaba que había llegado el momento de pasar a un nivel mayor, y de comenzar el “verdadero” entrenamiento ninja, como desde antiguas culturas se había estado impartiendo.<br />
<br />
Rika se desilusionó un poco. Ella siempre pensó que si llegado el momento tenía que pertenecer a un equipo, lo haría junto a su amigo Nemu con el cual había establecido una buena relación desde la academia, y era la única persona a la que le había contado lo que ocurrió en su pasado. Solamente él, y ella obviamente, sabían de la desaparición de sus padres y de las condiciones en la que vivió la kunoichi. <br />
<br />
En cuanto la vieron llegar la asignaron a una antesala, donde entró y pudo ver lo que estaba ocurriendo. Habían dividido a la clase en tres grupos de primera tanta, después de esos tres grupos que no pudieran interactuar mucho entre sí, iban llamando a los alumnos conforme a ellos les apetecía o tenían bien predispuestos. Una sala bastante amplia con tres puertas corredizas era donde se realizaba la construcción oficial del grupo, y seguramente desde los mandarían a hacer algún tipo de actividad o incluso se les podía realizar una prueba. Aquello ya dependía de la persona al cargo del equipo.<br />
<br />
Todo aquello lo pensaba Rika por lo que había estudiado, pero la verdad es que no tenía realmente mucha idea sobre el funcionamiento. Ella simplemente se limitó a asentir, saludar con honor cuando se la nombró y atravesar aquella puerta a la misma vez que otros dos alumnos más, que estaban en otras antesalas y entrarían allí por la misma razón que ella.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era un día más para ella, no pensaba en lo que comenzaría aquel día. Como cada mañana, se vistió, se equipó, saludó a su wakizashi y se largó de su casa bien contenta. Vivir en soledad le resultaba bastante cómodo, aunque ciertamente, echaba en falta la compañía de alguien, aunque tan solo fuera por hacer acto de presencia. Pensó en comentarle a Nemu, un amigo suyo que de vez en cuanto, se pasara por calla de ella, e incluso se quedase a cenar o dormir a pesar de que él si tenía familia y un hermano menor del que ocuparse.<br />
<br />
Se detuvo en una pequeña tienda y compró un par de bollos de carne para desayunar. Últimamente se habían convertido en una droga para ella, aunque no era adicta a ellos, estaba consumiéndolos regularmente y a cualquier hora. Ella lo sabía, era consciente de ello, y de que debía de ingerir tal comida. Aunque de momento, prefería seguir saboreándolos durante una temporada más, mientras el dinero le diera para ello, u encontrara un alimento más satisfactorio para ella.<br />
<br />
Aquella mañana no encontró a Nemu en el dojo. Ni siquiera estaba la mitad de la clase. Y ni siquiera había llegado tarde. Poco después entendió que ocurría. Estaban llamando a los alumnos de tres en tres, para formar equipos con ellos. Avisaron de que pensaba que había llegado el momento de pasar a un nivel mayor, y de comenzar el “verdadero” entrenamiento ninja, como desde antiguas culturas se había estado impartiendo.<br />
<br />
Rika se desilusionó un poco. Ella siempre pensó que si llegado el momento tenía que pertenecer a un equipo, lo haría junto a su amigo Nemu con el cual había establecido una buena relación desde la academia, y era la única persona a la que le había contado lo que ocurrió en su pasado. Solamente él, y ella obviamente, sabían de la desaparición de sus padres y de las condiciones en la que vivió la kunoichi. <br />
<br />
En cuanto la vieron llegar la asignaron a una antesala, donde entró y pudo ver lo que estaba ocurriendo. Habían dividido a la clase en tres grupos de primera tanta, después de esos tres grupos que no pudieran interactuar mucho entre sí, iban llamando a los alumnos conforme a ellos les apetecía o tenían bien predispuestos. Una sala bastante amplia con tres puertas corredizas era donde se realizaba la construcción oficial del grupo, y seguramente desde los mandarían a hacer algún tipo de actividad o incluso se les podía realizar una prueba. Aquello ya dependía de la persona al cargo del equipo.<br />
<br />
Todo aquello lo pensaba Rika por lo que había estudiado, pero la verdad es que no tenía realmente mucha idea sobre el funcionamiento. Ella simplemente se limitó a asentir, saludar con honor cuando se la nombró y atravesar aquella puerta a la misma vez que otros dos alumnos más, que estaban en otras antesalas y entrarían allí por la misma razón que ella.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[El deseado reencuentro]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-el-deseado-reencuentro</link>
			<pubDate>Wed, 06 Dec 2017 19:26:04 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=5">Sasagani Yota</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-el-deseado-reencuentro</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Hay que entrenar con esto...</span> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">me dije en voz alta mientras sostenía mi nueva arma. Jamás había utilizado uno pero mamá estaba empecinada en que ese hankyu me sería realmente útil. No dudo que tuviese razón. Era la arma que podía usar a más distancia sin tener en cuenta mis técnicas, pero no acababa de comprender la insistencia</span> <span style="color: yellow;" class="mycode_color">— En fin, en casa no aprenderé a usarlo, así que será mejor que mueva el jodido trasero</span><br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>···</i></div></div>
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Después de una caminata a paso ligero, con el carcaj de flechas en mi espalda y el hankyu en mi diestra, llegué a la zona de lanzamiento de shurikens. Aquel era el mejor lugar para llevar a cabo la práctica, cambiando las estrelas metálicas por aquel pedazo de madera curva, con un hilo unido a sus extremos y las flechas. Un arma distinta, perfectamente pudiendo ser letal, pero sobre todo, me brindaba más diversidad estratégica de cara a hipotéticos combates y una herramienta más para contrarrestar posibles bazas del enemigo.<br />
<br />
Me coloqué a unos 6 metros de una de las dianas, observándola con seriedad. Me puse de perfil y alcé el brazo derecho que estaba armado con aquel arco, cogí con la zurda una de mis flechas y la coloqué en el hankyu, tensando la cuerda que actuaría de amortiguador para poder lanzar el proyectil hasta la diana.<br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Bien... Veamos qué tal se da esto...»</span><br />
<br />
suspiré y luego contuve la respiración sintiendo los latidos de mi corazón palpitando bajo la bandana, cerré el ojo izquierdo y con el derecho apunté al centro de la diana y disparé con suavidad, soltando la flecha.<br />
<br />
El proyectil salió disparado hacia delante y... ni siquiera se acercó al centro.</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Puta mierda. voy a intentarlo de nuevo</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No quedaba de otra que seguir practicando así que volví a intentarlo. Tomé otra flecha y repetí el proceso. Esta vez en vez de simplemente soltar el proyectil intenté hacerlo con la mayor suavidad posible para crear la menor turbulencia posible. Sí, al parecer dio resultado pero seguía estando lejos del centro de la diana de madera. <br />
<br />
Suspiré pesado mientras dejaba caer el brazo que sostenía el hankyu.</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Voy a tener que practicar duro según parece...</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Alcé otra vez el brazo y tomé una tercera flecha.</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Una vez más...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Hay que entrenar con esto...</span> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">me dije en voz alta mientras sostenía mi nueva arma. Jamás había utilizado uno pero mamá estaba empecinada en que ese hankyu me sería realmente útil. No dudo que tuviese razón. Era la arma que podía usar a más distancia sin tener en cuenta mis técnicas, pero no acababa de comprender la insistencia</span> <span style="color: yellow;" class="mycode_color">— En fin, en casa no aprenderé a usarlo, así que será mejor que mueva el jodido trasero</span><br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>···</i></div></div>
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Después de una caminata a paso ligero, con el carcaj de flechas en mi espalda y el hankyu en mi diestra, llegué a la zona de lanzamiento de shurikens. Aquel era el mejor lugar para llevar a cabo la práctica, cambiando las estrelas metálicas por aquel pedazo de madera curva, con un hilo unido a sus extremos y las flechas. Un arma distinta, perfectamente pudiendo ser letal, pero sobre todo, me brindaba más diversidad estratégica de cara a hipotéticos combates y una herramienta más para contrarrestar posibles bazas del enemigo.<br />
<br />
Me coloqué a unos 6 metros de una de las dianas, observándola con seriedad. Me puse de perfil y alcé el brazo derecho que estaba armado con aquel arco, cogí con la zurda una de mis flechas y la coloqué en el hankyu, tensando la cuerda que actuaría de amortiguador para poder lanzar el proyectil hasta la diana.<br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Bien... Veamos qué tal se da esto...»</span><br />
<br />
suspiré y luego contuve la respiración sintiendo los latidos de mi corazón palpitando bajo la bandana, cerré el ojo izquierdo y con el derecho apunté al centro de la diana y disparé con suavidad, soltando la flecha.<br />
<br />
El proyectil salió disparado hacia delante y... ni siquiera se acercó al centro.</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Puta mierda. voy a intentarlo de nuevo</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No quedaba de otra que seguir practicando así que volví a intentarlo. Tomé otra flecha y repetí el proceso. Esta vez en vez de simplemente soltar el proyectil intenté hacerlo con la mayor suavidad posible para crear la menor turbulencia posible. Sí, al parecer dio resultado pero seguía estando lejos del centro de la diana de madera. <br />
<br />
Suspiré pesado mientras dejaba caer el brazo que sostenía el hankyu.</span><br />
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<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Voy a tener que practicar duro según parece...</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Alcé otra vez el brazo y tomé una tercera flecha.</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Una vez más...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Misión Rango D] Como perro y gato]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-mision-rango-d-como-perro-y-gato</link>
			<pubDate>Tue, 02 May 2017 14:15:39 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=5">Sasagani Yota</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-mision-rango-d-como-perro-y-gato</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hacia tan solo unos pocos días que había conocido a mi equipo ninja y que habíamos hecho aquella peculiar prueba a petición de Sora-sensei. Ahora me sentía como un gennin como tal, ya tenía lo que todo debutante podía tener y ahora solo quedaba trabajar cada vez con más frecuencia ir mejorando e ir volviéndome cada día un poco más poderoso.<br />
<br />
El trabajo llegó ya que tenía una notificación de Sora. Debía ir a citarme con ella delante de mismísimo edificio del Morikage, rogando una buena puntualidad, la misma que no tuvo ella el día que nos conocimos y formamos nuestro equipo.</span><br />
<br />
<span style="color: darkturquoise;" class="mycode_color">— ¿Una misión?</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— No lo sé... Igual solo quiere entrenar. Es un poco rara, ¿Sabes?</span><br />
<br />
<span style="color: darkturquoise;" class="mycode_color">— ¡No hables así de tu sensei! Y ahora apresúrate y no la hagas esperar</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Ya va, ya va..</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En efecto, mi madre también era algo impulsiva.<br />
<br />
Antes de salir cogí mis cosas y me anudé mi bandana en la frente, donde siempre solía llevarla. Poco después tomé la puerta y salí a la calle, colocándome las manos en los bolsillos y dirigiéndome al punto de encuentro. Durante unos 15 minutos fui cruzando varias calles y algunos niños se emocionaban al verme con la bandana. Ser ninja era el sueño de cada niño o niña, aunque era algo complicado de conseguir que no estaba al alcance de todos.<br />
<br />
finalmente llegué allí. Estaba en frente de aquel dojo imponente pero ni rastro de Sora. Así que tocaba esperar hasta que decidiese llegar...</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Tarde otra vez...</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hacia tan solo unos pocos días que había conocido a mi equipo ninja y que habíamos hecho aquella peculiar prueba a petición de Sora-sensei. Ahora me sentía como un gennin como tal, ya tenía lo que todo debutante podía tener y ahora solo quedaba trabajar cada vez con más frecuencia ir mejorando e ir volviéndome cada día un poco más poderoso.<br />
<br />
El trabajo llegó ya que tenía una notificación de Sora. Debía ir a citarme con ella delante de mismísimo edificio del Morikage, rogando una buena puntualidad, la misma que no tuvo ella el día que nos conocimos y formamos nuestro equipo.</span><br />
<br />
<span style="color: darkturquoise;" class="mycode_color">— ¿Una misión?</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— No lo sé... Igual solo quiere entrenar. Es un poco rara, ¿Sabes?</span><br />
<br />
<span style="color: darkturquoise;" class="mycode_color">— ¡No hables así de tu sensei! Y ahora apresúrate y no la hagas esperar</span><br />
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<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Ya va, ya va..</span><br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">En efecto, mi madre también era algo impulsiva.<br />
<br />
Antes de salir cogí mis cosas y me anudé mi bandana en la frente, donde siempre solía llevarla. Poco después tomé la puerta y salí a la calle, colocándome las manos en los bolsillos y dirigiéndome al punto de encuentro. Durante unos 15 minutos fui cruzando varias calles y algunos niños se emocionaban al verme con la bandana. Ser ninja era el sueño de cada niño o niña, aunque era algo complicado de conseguir que no estaba al alcance de todos.<br />
<br />
finalmente llegué allí. Estaba en frente de aquel dojo imponente pero ni rastro de Sora. Así que tocaba esperar hasta que decidiese llegar...</span><br />
<br />
<span style="color: yellow;" class="mycode_color">— Tarde otra vez...</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿A eso llamas tu pelear?...pringao...]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-a-eso-llamas-tu-pelear-pringao</link>
			<pubDate>Sat, 14 Jan 2017 22:05:02 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Yoshimitsu</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-a-eso-llamas-tu-pelear-pringao</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Madre mía me ha tocado la lotería el día que fui aceptado en Kusagakure</span></span><br />
<br />
Pensaba alegre mientras disfrutaba de un esplendido día de primavera de esos buenos, de esos que la brisa traía aromas flores y los pajaritos cantaban alegres y todas esas cosas cursis tan bonitas. Sin duda un buen día para entrenar hasta caer rendido.<br />
Pero bueno, como aún me estaba adaptando a la aldea, más que nada me tomé el día de relax buscando sitios decentes en donde pudiera entrenar. Ayaka me comentó que habían dojos y sitios en donde los shinobis Kusagakureños se daban mamporros a base de bien.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">A ver si me encuentro un tipo duro para darnos de tortas...</span></span><br />
<br />
Paseé por la aldea cargando a la espalda mi amigo tronco de cien kilos que me agencié el otro día, bien sujeto a una enorme cuerda que tenía atada la cintura y encontré varios Dojos, pero me centré en los que estuvieran practicando algo de taijutsu. Me dispuse a entrar en aquel inmenso Dojo en donde podía escuchar sin problemas los berridos de lo que seguramente sería los ninjas entrenando o peleando. Fuera lo que fuera que estuvieran haciendo dentro, seguro que me interesaría. <br />
<br />
Pero antes de entrar, al ver que el Dojo estaba hecho a base de madera, y aún viendo que era una estructura la mar de sólida. No quise arriesgar que el peso del tronco junto con el mio fuera demasiado para los viejos tablones del suelo. Por lo que dejé el tronco en la entrada, sabía que nadie se lo llevaría...<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Bueno...vamos allá...</span></span> <br />
<br />
Yo ya empecé a escudriñar a todo el mundo con el que me cruzaba mientras entraba, sobre todo los shinobis con chalecos y con máscaras, que esos eran la clase de oponentes que me interesaban. Quería hostias de verdad, no caricias de bebés.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Madre mía me ha tocado la lotería el día que fui aceptado en Kusagakure</span></span><br />
<br />
Pensaba alegre mientras disfrutaba de un esplendido día de primavera de esos buenos, de esos que la brisa traía aromas flores y los pajaritos cantaban alegres y todas esas cosas cursis tan bonitas. Sin duda un buen día para entrenar hasta caer rendido.<br />
Pero bueno, como aún me estaba adaptando a la aldea, más que nada me tomé el día de relax buscando sitios decentes en donde pudiera entrenar. Ayaka me comentó que habían dojos y sitios en donde los shinobis Kusagakureños se daban mamporros a base de bien.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">A ver si me encuentro un tipo duro para darnos de tortas...</span></span><br />
<br />
Paseé por la aldea cargando a la espalda mi amigo tronco de cien kilos que me agencié el otro día, bien sujeto a una enorme cuerda que tenía atada la cintura y encontré varios Dojos, pero me centré en los que estuvieran practicando algo de taijutsu. Me dispuse a entrar en aquel inmenso Dojo en donde podía escuchar sin problemas los berridos de lo que seguramente sería los ninjas entrenando o peleando. Fuera lo que fuera que estuvieran haciendo dentro, seguro que me interesaría. <br />
<br />
Pero antes de entrar, al ver que el Dojo estaba hecho a base de madera, y aún viendo que era una estructura la mar de sólida. No quise arriesgar que el peso del tronco junto con el mio fuera demasiado para los viejos tablones del suelo. Por lo que dejé el tronco en la entrada, sabía que nadie se lo llevaría...<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: mediumpurple;" class="mycode_color">Bueno...vamos allá...</span></span> <br />
<br />
Yo ya empecé a escudriñar a todo el mundo con el que me cruzaba mientras entraba, sobre todo los shinobis con chalecos y con máscaras, que esos eran la clase de oponentes que me interesaban. Quería hostias de verdad, no caricias de bebés.]]></content:encoded>
		</item>
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