<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title><![CDATA[NinjaWorld - Templos abandonados]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:32:51 +0000</pubDate>
		<generator>MyBB</generator>
		<item>
			<title><![CDATA[Templos e Ídolos]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-templos-e-%C3%ADdolos</link>
			<pubDate>Wed, 01 May 2019 12:48:17 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-templos-e-%C3%ADdolos</guid>
			<description><![CDATA[Ayame saltó un pilar derrumbado y aterrizó con suavidad sobre un lecho de hojas que la recibieron con un ligero crujido. Acalorada, la kunoichi levantó el antebrazo y se limpió el sudor que comenzaba a perlar su frente antes de pegarle tres buenos tragos a la cantimplora que llevaba consigo. El agua comenzaba a calentarse, pero poco le importó en aquellos instantes. El calor del verano comenzaba a resultar asfixiante, aún más tan lejos de su país natal y en aquel lugar tan húmedo y lleno de vegetación, donde se pegaba a la piel y la obligaba a sudar sin ningún tipo de compasión.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Después de esto voy a necesitar un buen baño...</span> —resopló, antes de volver a colgarse la cantimplora y echar a caminar de nuevo.<br />
<br />
La luz del sol se filtraba entre delicados haces que sorteaban las ramas altas de los árboles del bosque y los arcos de piedra semiderruídos que se extendían por encima de su cabeza. Bajo sus pies, las hojas y las hierbas se entremezclaban con adoquines sueltos y tierra desmenuzada. Escombros, paredes prácticamente derrumbadas y columnas tumbadas complementaban el escenario. Lo que en antaño debía haber sido un esplendoroso templo, ahora no quedaba de él más que unas tristes ruinas que la naturaleza no había tardado en reclamar como suyas. Incluso las hiedras habían colonizado las pocas piedras que habían logrado sobrevivir y seguían alzándose victoriosas y ahora las habían esclavizado para utilizarlas como escalas para ascender a lo más alto, buscando aquella preciada luz que necesitaban para sobrevivir. <br />
<br />
Ayame se adelantó, evitando varios obstáculos por el camino y se plantó frente a la pared del fondo, detrás de un altar de piedra resquebrajado. Milagrosamente, una buena parte de ella había sobrevivido al paso del tiempo y aún se adivinaba entre sus cimientos los trazos de unos dibujos tan antiguos como misteriosos: LO que parecían ser unos extraños animales desfigurados le devolvieron una emborronada mirada.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Crees que son...?</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Si lo son, esos humanos no tenían  ningún sentido de lo artístico.</span>»</span></div>
<br />
Respondió  la voz de Kokuō desde su interior. Y Ayame ladeó la cabeza, estudiando con cuidado aquellos extraños garabatos, en los que las formas quedaban desdibujadas y los rasgos completamente irreconocibles.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Ayame saltó un pilar derrumbado y aterrizó con suavidad sobre un lecho de hojas que la recibieron con un ligero crujido. Acalorada, la kunoichi levantó el antebrazo y se limpió el sudor que comenzaba a perlar su frente antes de pegarle tres buenos tragos a la cantimplora que llevaba consigo. El agua comenzaba a calentarse, pero poco le importó en aquellos instantes. El calor del verano comenzaba a resultar asfixiante, aún más tan lejos de su país natal y en aquel lugar tan húmedo y lleno de vegetación, donde se pegaba a la piel y la obligaba a sudar sin ningún tipo de compasión.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">Después de esto voy a necesitar un buen baño...</span> —resopló, antes de volver a colgarse la cantimplora y echar a caminar de nuevo.<br />
<br />
La luz del sol se filtraba entre delicados haces que sorteaban las ramas altas de los árboles del bosque y los arcos de piedra semiderruídos que se extendían por encima de su cabeza. Bajo sus pies, las hojas y las hierbas se entremezclaban con adoquines sueltos y tierra desmenuzada. Escombros, paredes prácticamente derrumbadas y columnas tumbadas complementaban el escenario. Lo que en antaño debía haber sido un esplendoroso templo, ahora no quedaba de él más que unas tristes ruinas que la naturaleza no había tardado en reclamar como suyas. Incluso las hiedras habían colonizado las pocas piedras que habían logrado sobrevivir y seguían alzándose victoriosas y ahora las habían esclavizado para utilizarlas como escalas para ascender a lo más alto, buscando aquella preciada luz que necesitaban para sobrevivir. <br />
<br />
Ayame se adelantó, evitando varios obstáculos por el camino y se plantó frente a la pared del fondo, detrás de un altar de piedra resquebrajado. Milagrosamente, una buena parte de ella había sobrevivido al paso del tiempo y aún se adivinaba entre sus cimientos los trazos de unos dibujos tan antiguos como misteriosos: LO que parecían ser unos extraños animales desfigurados le devolvieron una emborronada mirada.<br />
<br />
—<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">¿Crees que son...?</span><br />
<br />
<div align="center"><span style="color: navajowhite; font-style: italic;">«<span style="opacity: 0.65;">Si lo son, esos humanos no tenían  ningún sentido de lo artístico.</span>»</span></div>
<br />
Respondió  la voz de Kokuō desde su interior. Y Ayame ladeó la cabeza, estudiando con cuidado aquellos extraños garabatos, en los que las formas quedaban desdibujadas y los rasgos completamente irreconocibles.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Paredes vetustas al calor del verano]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-paredes-vetustas-al-calor-del-verano</link>
			<pubDate>Wed, 23 May 2018 13:27:44 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=3">Aotsuki Ayame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-paredes-vetustas-al-calor-del-verano</guid>
			<description><![CDATA[El calor era verdaderamente insoportable. Aquella era la frase que Ayame se repetía una y otra vez en su torturada mente. Ni siquiera el hecho de caminar al amparo de la sombra de los árboles conseguía disminuir aquella asfixiante sensación. Mas bien al contrario, la humedad del aire sólo la incrementaba, y ahora la kunoichi caminaba con la sensación de que se le pegaba la ropa continuamente al cuerpo y con regueros de sudor perlando su frente. En un momento de desesperación, incluso había llegado a quitarse la camiseta interior que normalmente llevaba, la había guardado en la mochila que llevaba a su espalda, y ahora iba sólo con su uwagi de manga corta sujeto a la cintura por el obi negro.<br />
<br />
Quizás también llegaría a arrepentirse de aquella decisión... Porque el bosque estaba cargado de toda clase de insectos, entre ellos los molestos mosquitos que ya le habían picado en más de una situación.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Ojalá hubiera agua cerc...</span> —comenzó a decir, hasta que se dio cuenta de su propia estupidez. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Ella era el agua!</span><br />
<br />
Pero, aunque pudiera hacerlo, no podía llegar e inundar una parte del bosque. No podía alterar el terreno de esa forma sólo por su propio capricho. Por lo que tendría que hacer llover. Con la parsimonia del cansancio entumeciendo sus movimientos, juntó las manos en tres sellos consecutivos y, tras inspirar profundo, alzó la cabeza hacia el cielo. Exhaló un potente chorro de agua a presión que se levantó en el aire, chocando en su camino con varias ramas para terminar estampándose contra las copas de los árboles que cubrían su cabeza. Así, el chorro de agua se diseminó y terminó cayendo de vuelta encima del cuerpo de la kunoichi.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—¡Ah, mucho mejor!</span> —exclamó, retirándose el pelo empapado de la cara.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[El calor era verdaderamente insoportable. Aquella era la frase que Ayame se repetía una y otra vez en su torturada mente. Ni siquiera el hecho de caminar al amparo de la sombra de los árboles conseguía disminuir aquella asfixiante sensación. Mas bien al contrario, la humedad del aire sólo la incrementaba, y ahora la kunoichi caminaba con la sensación de que se le pegaba la ropa continuamente al cuerpo y con regueros de sudor perlando su frente. En un momento de desesperación, incluso había llegado a quitarse la camiseta interior que normalmente llevaba, la había guardado en la mochila que llevaba a su espalda, y ahora iba sólo con su uwagi de manga corta sujeto a la cintura por el obi negro.<br />
<br />
Quizás también llegaría a arrepentirse de aquella decisión... Porque el bosque estaba cargado de toda clase de insectos, entre ellos los molestos mosquitos que ya le habían picado en más de una situación.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—Ojalá hubiera agua cerc...</span> —comenzó a decir, hasta que se dio cuenta de su propia estupidez. <br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Ella era el agua!</span><br />
<br />
Pero, aunque pudiera hacerlo, no podía llegar e inundar una parte del bosque. No podía alterar el terreno de esa forma sólo por su propio capricho. Por lo que tendría que hacer llover. Con la parsimonia del cansancio entumeciendo sus movimientos, juntó las manos en tres sellos consecutivos y, tras inspirar profundo, alzó la cabeza hacia el cielo. Exhaló un potente chorro de agua a presión que se levantó en el aire, chocando en su camino con varias ramas para terminar estampándose contra las copas de los árboles que cubrían su cabeza. Así, el chorro de agua se diseminó y terminó cayendo de vuelta encima del cuerpo de la kunoichi.<br />
<br />
<span style="color: dodgerblue;" class="mycode_color">—¡Ah, mucho mejor!</span> —exclamó, retirándose el pelo empapado de la cara.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Un mal presagio]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-un-mal-presagio</link>
			<pubDate>Tue, 01 May 2018 22:20:35 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=8">Eikyuu Juro</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-un-mal-presagio</guid>
			<description><![CDATA[Envuelto en el calor del verano, Eikyu Juro caminaba a través de un bosque que ya sentía como su propio hogar. Criado desde la niñez entre aquel ambiente natural,e el chico se sentía como pez en el agua, aunque lo curioso era que seguía sin ser capaz de orientarse. Aun así, se podría afirmar que Juro se orientaba mejor en el bosque en la tierra.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Los templos tienen que estar en esta dirección </span>— suspiró el chico, decidiendo hacer un alto en el camino, para consultar el mapa que llevaba.<br />
<br />
Los templos abandonados del país del Bosque. Eran lugar ancestral y místico, quizá, el lugar más increible de su país. ¡Y aun no lo había visitado! En cuanto había escuchado de él, hacía unas semanas, se había preparado para hacer una pequeña escapada en su jornada de entrenamientos y ayuda en al tienda de su hermana. Y ahí estaba, cumpliendo sus deseos realidad.<br />
<br />
Más o menos. Llevaba unos días de viaje, y se había perdido un par de veces. Afortunadamente, tenía suministros.<br />
<br />
El chico vestía una simple camisa verde holgada, que le llegaba hasta la cintura, y unos pantalones cortos azulados, además de sus sandalias ninja. La bandana estaba colgada en su cuello, y en su cintura, tenía su portaobjetos. A cada lado de su cintura, tenía dos destacantes pergaminos, donde llevaba selladas sus armas.<br />
<br />
Tras mucho caminar, Juro había logrado encontrar un sendero. A su derecha y a su izquierda solo había árboles de copas altas, que no dejaban ver mucho más allá, y que amenazaban con tapar el sol. Solo había un camino, marcado por el sendero, y era el frente. <br />
<br />
Con suerte, si lo seguía, llegaría a alguno de los múltiples templos. O no. Pero tenía que intentarlo.<br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">« Juro, no te salgas del sendero. No te salgas del sendero »</span> — se repitió mentalmente.<br />
<br />
Cinco minutos más, para recuperar fuerzas y dar un trago de su cantimplora, y el chico se levantaría para continuar el viaje. Ya debía de estar cerca, suponía. Fuese lo que fuese lo que se fuese a encontrar ahí.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Envuelto en el calor del verano, Eikyu Juro caminaba a través de un bosque que ya sentía como su propio hogar. Criado desde la niñez entre aquel ambiente natural,e el chico se sentía como pez en el agua, aunque lo curioso era que seguía sin ser capaz de orientarse. Aun así, se podría afirmar que Juro se orientaba mejor en el bosque en la tierra.<br />
<br />
<span style="color: green;" class="mycode_color"> — Los templos tienen que estar en esta dirección </span>— suspiró el chico, decidiendo hacer un alto en el camino, para consultar el mapa que llevaba.<br />
<br />
Los templos abandonados del país del Bosque. Eran lugar ancestral y místico, quizá, el lugar más increible de su país. ¡Y aun no lo había visitado! En cuanto había escuchado de él, hacía unas semanas, se había preparado para hacer una pequeña escapada en su jornada de entrenamientos y ayuda en al tienda de su hermana. Y ahí estaba, cumpliendo sus deseos realidad.<br />
<br />
Más o menos. Llevaba unos días de viaje, y se había perdido un par de veces. Afortunadamente, tenía suministros.<br />
<br />
El chico vestía una simple camisa verde holgada, que le llegaba hasta la cintura, y unos pantalones cortos azulados, además de sus sandalias ninja. La bandana estaba colgada en su cuello, y en su cintura, tenía su portaobjetos. A cada lado de su cintura, tenía dos destacantes pergaminos, donde llevaba selladas sus armas.<br />
<br />
Tras mucho caminar, Juro había logrado encontrar un sendero. A su derecha y a su izquierda solo había árboles de copas altas, que no dejaban ver mucho más allá, y que amenazaban con tapar el sol. Solo había un camino, marcado por el sendero, y era el frente. <br />
<br />
Con suerte, si lo seguía, llegaría a alguno de los múltiples templos. O no. Pero tenía que intentarlo.<br />
<br />
<span style="color: gold; font-style: italic;">« Juro, no te salgas del sendero. No te salgas del sendero »</span> — se repitió mentalmente.<br />
<br />
Cinco minutos más, para recuperar fuerzas y dar un trago de su cantimplora, y el chico se levantaría para continuar el viaje. Ya debía de estar cerca, suponía. Fuese lo que fuese lo que se fuese a encontrar ahí.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Que buscas?]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-que-buscas</link>
			<pubDate>Sun, 14 Jan 2018 23:22:24 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=4">Sasaki Reiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-que-buscas</guid>
			<description><![CDATA[Había aprendido la lección. Y dolía como si me hubiera arrancado una parte muy importante de mi mismo. No era como el dolor físico. En realidad hubiera preferido sentir un corte, o cien latigazos, a lo que estaba sintiendo en aquel momento. Había aprendido que, las cosas que amas, las cosas que te gustan de verdad, a veces, podían hacerte sufrir y mucho. Aún me dolía el corazón.<br />
<br />
Y aun con ese dolor, tenía que continuar mi viaje. Darse media vuelta y volver a casa llorando no me aportaba nada, ni me ayudara a sanar. Bajo el frio manto de la Despedida, caminé varios días hasta dar con el lugar que estaba buscando. No tarde por que no supiera como llegar, sabía leer un mapa tan simple como el que me había dado mi madre. El problema era que el clima no ayudaba. Tal vez tenía que haber elegido otra estación.<br />
<br />
Sin embargo, no podía hacer eso. Tenía demasiadas ganas de salir, de ver el mundo, de saber cómo era el sol, como era un día sin lluvia. Peque de ansioso, lo admito, me pudieron las ganas de conocer algo nuevo, de aprender. Y había aprendido, eso era indudable, no como yo quería, pero lo había hecho.<br />
<br />
Aun así, no había tenido suficiente. Mi ansia era mucho mayor, muchísimo. Una lección no era bastante para calmarme. Solo por eso, continúe hasta alcanzar las ruinas de unas civilizaciones perdidas, olvidadas por la naturaleza, que seguía su curso como si aquello no estuviera allí, y crecían por encima, o derribando los muros. Y a su vez, desgatadas por orden del tiempo, quien no se olvidaba de ellas y no les daba tregua. Tal vez, dentro de cientos de años, tal vez menos, allí solo pudiera verse la vegetación. <br />
<br />
—<span style="color: Firebrick;" class="mycode_color">¿por dónde debería empezar?</span><br />
<br />
Me pregunte a mi mismo en voz alta, creyéndome solo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Había aprendido la lección. Y dolía como si me hubiera arrancado una parte muy importante de mi mismo. No era como el dolor físico. En realidad hubiera preferido sentir un corte, o cien latigazos, a lo que estaba sintiendo en aquel momento. Había aprendido que, las cosas que amas, las cosas que te gustan de verdad, a veces, podían hacerte sufrir y mucho. Aún me dolía el corazón.<br />
<br />
Y aun con ese dolor, tenía que continuar mi viaje. Darse media vuelta y volver a casa llorando no me aportaba nada, ni me ayudara a sanar. Bajo el frio manto de la Despedida, caminé varios días hasta dar con el lugar que estaba buscando. No tarde por que no supiera como llegar, sabía leer un mapa tan simple como el que me había dado mi madre. El problema era que el clima no ayudaba. Tal vez tenía que haber elegido otra estación.<br />
<br />
Sin embargo, no podía hacer eso. Tenía demasiadas ganas de salir, de ver el mundo, de saber cómo era el sol, como era un día sin lluvia. Peque de ansioso, lo admito, me pudieron las ganas de conocer algo nuevo, de aprender. Y había aprendido, eso era indudable, no como yo quería, pero lo había hecho.<br />
<br />
Aun así, no había tenido suficiente. Mi ansia era mucho mayor, muchísimo. Una lección no era bastante para calmarme. Solo por eso, continúe hasta alcanzar las ruinas de unas civilizaciones perdidas, olvidadas por la naturaleza, que seguía su curso como si aquello no estuviera allí, y crecían por encima, o derribando los muros. Y a su vez, desgatadas por orden del tiempo, quien no se olvidaba de ellas y no les daba tregua. Tal vez, dentro de cientos de años, tal vez menos, allí solo pudiera verse la vegetación. <br />
<br />
—<span style="color: Firebrick;" class="mycode_color">¿por dónde debería empezar?</span><br />
<br />
Me pregunte a mi mismo en voz alta, creyéndome solo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ralexion Jones y el Templo de la Balalaika]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-ralexion-jones-y-el-templo-de-la-balalaika</link>
			<pubDate>Fri, 15 Dec 2017 16:58:39 +0100</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-ralexion-jones-y-el-templo-de-la-balalaika</guid>
			<description><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: aquamarine;" class="mycode_color">Despedida</span>, Invierno del año 217</div></i></div>
<br />
<br />
Akame se arrebujó en su capa marrón mientras trataba de calentarse las manos en torno a la taza de té que humeaba en la mesa, frente a él. A aquellas horas de la mañana el ambiente era todavía demasiado frío para su gusto —acostumbrado, como estaba, al clima moderado de la costa en Uzu no Kuni—, y la sensación de gelidez y humedad se intensificaba notablemente por el hecho de que, en ese preciso momento, se encontraba suspendido a una considerable altura sobre el suelo. <br />
<br />
Estaba en Tane-Shigai, ni más ni menos que la capital de Mori no Kuni. Akame había leído mucho acerca de aquel lugar de fantasía, de cómo sus edificios se combaban en formas agradables para la vista del hombre sin perder un ápice de resistencia ni calidad. De que las calles eran, en realidad, gigantescos puentes colgantes construídos integramente en madera que iban del tronco de un árbol a otro. De esos mismos árboles centarios, gigantescos y robustos que sustentaban el peso de una ciudad enorme sobre sus ramas. Pero la verdad era que todo cuanto había leído u oído del lugar palidecía ante la realidad; Tane-Shigai era muchísimo más majestuosa e impresionante de lo que jamás aquel joven genin pudiera haberse imaginado. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Pero menudo frío...</span> —masculló después de tomar un sorbo de su té. <br />
<br />
Notó la calidez de su bebida confortándole y se caló un poco más la capucha, aunque no lo suficiente como para ocultar su rostro. Necesitaba estar visible por una sencilla razón; quería ser encontrado. No sólo eso, sino que esperaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">visita</span>.<br />
<br />
Akame había llegado la noche anterior a la capital con un propósito muy claro; desentrañar el misterio del Templo de Uróboros. Dentro de la mochila que reposaba junto a él, sobre el suelo de la terraza donde estaba sentado, estaba el libro que hacía algunos meses había <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tomado prestado</span> del despacho del mismísimo profesor Muten Rōshi, célebre académico de la Escuela de Historia de Taikarune. En él se trataban en profundidad los misterios que rodeaban aquel misterioso símbolo; el Uróboros. Una serpiente que se devoraba a sí misma, formando un círculo perfecto. <br />
<br />
No era simple curiosidad histórica lo que movía al joven Uchiha. Por suerte o por desgracia, varios inquietantes acontecimientos y sucesos difíciles de explicar de forma coherente que le habían sucedido durante aquel año parecían estar directamente relacionados con aquel símbolo. Había pasado casi dos estaciones enteras estudiando el libro de Muten Rōshi, llegando a la inevitable conclusión de que el templo que buscaba probablemente no estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">perdido</span>, sino que, simplemente, había muy pocas personas en Oonindo que pudieran reconocerlo como tal. <br />
<br />
En realidad el lugar siempre había estado ahí, solo que, con el tiempo, había perdido por completo el interés de los nativos. <br />
<br />
De modo que, tras reservar una habitación en el hostal —si es que se podía llamar así a la construcción esférica de cuatro plantas suspendidas entre las ramas de los árboles—, Akame había decidido colgar un anuncio en el tablón de una taberna cercana.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: wheat; font-style: italic;">«<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">SE BUSCA GUÍA»</span></span><br />
<br />
<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Se precisa guía, a poder ser autóctono, que sepa proporcionar direcciones claras y llegar hasta los templos abandonados al Noroeste del país. Costes del viaje no incluídos. Retribución a convenir. <br />
<br />
Interesados preguntar en este mismo establecimiento por Uchiha Akame.</span></div></i></div>
<br />
Pese a que el cartel llevaba allí colgado toda la noche y parte de ese día—todavía era temprano, apenas las ocho de la mañana— nadie había preguntado por él. <br />
<br />
Akame estaba lejos de darse por vencido, de modo que simplemente tomó otro sorbo de té y se dedicó a observar a los lugareños que iban de acá para allá por los puentes colgantes de Tane-Shigai. Sentado allí, en la terraza del bar —una plataforma de madera que sobresalía sobre la estructura esférica del hostal—, tenía una vista espléndida de ciudad pese a que no era el punto más alto. El lugar era amplio y había suficientes mesas para unos cuarenta o cincuenta clientes. Si uno se asomaba a la barandilla de madera que rodeaba toda la terraza, podía comprobar que en efecto estaban suspendidos a una altura considerable del suelo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: aquamarine;" class="mycode_color">Despedida</span>, Invierno del año 217</div></i></div>
<br />
<br />
Akame se arrebujó en su capa marrón mientras trataba de calentarse las manos en torno a la taza de té que humeaba en la mesa, frente a él. A aquellas horas de la mañana el ambiente era todavía demasiado frío para su gusto —acostumbrado, como estaba, al clima moderado de la costa en Uzu no Kuni—, y la sensación de gelidez y humedad se intensificaba notablemente por el hecho de que, en ese preciso momento, se encontraba suspendido a una considerable altura sobre el suelo. <br />
<br />
Estaba en Tane-Shigai, ni más ni menos que la capital de Mori no Kuni. Akame había leído mucho acerca de aquel lugar de fantasía, de cómo sus edificios se combaban en formas agradables para la vista del hombre sin perder un ápice de resistencia ni calidad. De que las calles eran, en realidad, gigantescos puentes colgantes construídos integramente en madera que iban del tronco de un árbol a otro. De esos mismos árboles centarios, gigantescos y robustos que sustentaban el peso de una ciudad enorme sobre sus ramas. Pero la verdad era que todo cuanto había leído u oído del lugar palidecía ante la realidad; Tane-Shigai era muchísimo más majestuosa e impresionante de lo que jamás aquel joven genin pudiera haberse imaginado. <br />
<br />
—<span style="color: khaki;" class="mycode_color">Pero menudo frío...</span> —masculló después de tomar un sorbo de su té. <br />
<br />
Notó la calidez de su bebida confortándole y se caló un poco más la capucha, aunque no lo suficiente como para ocultar su rostro. Necesitaba estar visible por una sencilla razón; quería ser encontrado. No sólo eso, sino que esperaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">visita</span>.<br />
<br />
Akame había llegado la noche anterior a la capital con un propósito muy claro; desentrañar el misterio del Templo de Uróboros. Dentro de la mochila que reposaba junto a él, sobre el suelo de la terraza donde estaba sentado, estaba el libro que hacía algunos meses había <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">tomado prestado</span> del despacho del mismísimo profesor Muten Rōshi, célebre académico de la Escuela de Historia de Taikarune. En él se trataban en profundidad los misterios que rodeaban aquel misterioso símbolo; el Uróboros. Una serpiente que se devoraba a sí misma, formando un círculo perfecto. <br />
<br />
No era simple curiosidad histórica lo que movía al joven Uchiha. Por suerte o por desgracia, varios inquietantes acontecimientos y sucesos difíciles de explicar de forma coherente que le habían sucedido durante aquel año parecían estar directamente relacionados con aquel símbolo. Había pasado casi dos estaciones enteras estudiando el libro de Muten Rōshi, llegando a la inevitable conclusión de que el templo que buscaba probablemente no estaba <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">perdido</span>, sino que, simplemente, había muy pocas personas en Oonindo que pudieran reconocerlo como tal. <br />
<br />
En realidad el lugar siempre había estado ahí, solo que, con el tiempo, había perdido por completo el interés de los nativos. <br />
<br />
De modo que, tras reservar una habitación en el hostal —si es que se podía llamar así a la construcción esférica de cuatro plantas suspendidas entre las ramas de los árboles—, Akame había decidido colgar un anuncio en el tablón de una taberna cercana.<br />
<br />
<div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><div align="center"><span style="color: wheat; font-style: italic;">«<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">SE BUSCA GUÍA»</span></span><br />
<br />
<span style="color: wheat;" class="mycode_color">Se precisa guía, a poder ser autóctono, que sepa proporcionar direcciones claras y llegar hasta los templos abandonados al Noroeste del país. Costes del viaje no incluídos. Retribución a convenir. <br />
<br />
Interesados preguntar en este mismo establecimiento por Uchiha Akame.</span></div></i></div>
<br />
Pese a que el cartel llevaba allí colgado toda la noche y parte de ese día—todavía era temprano, apenas las ocho de la mañana— nadie había preguntado por él. <br />
<br />
Akame estaba lejos de darse por vencido, de modo que simplemente tomó otro sorbo de té y se dedicó a observar a los lugareños que iban de acá para allá por los puentes colgantes de Tane-Shigai. Sentado allí, en la terraza del bar —una plataforma de madera que sobresalía sobre la estructura esférica del hostal—, tenía una vista espléndida de ciudad pese a que no era el punto más alto. El lugar era amplio y había suficientes mesas para unos cuarenta o cincuenta clientes. Si uno se asomaba a la barandilla de madera que rodeaba toda la terraza, podía comprobar que en efecto estaban suspendidos a una altura considerable del suelo.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La recompensa de una vida pasada]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-la-recompensa-de-una-vida-pasada</link>
			<pubDate>Sat, 15 Apr 2017 17:30:03 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-la-recompensa-de-una-vida-pasada</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No pus, esto sí que es interesante"</span></span><br />
<br />
El joven Senju contemplaba con curiosidad aquellas pertubadoras figuras en los muros, las cuales hubiesen despertado el temor entre la gente medianamente precavida. Pero él era distinto, lo normal le solía causar la misma emoción que ver un caracol subir una pared. El abandono había dado paso al musgo y a la vegetación, las cuales ocultaban bajo su manto los horribles grabados que ahí se encontraban. Eran ese tipo de rarezas las que le fascinaban, lo misterioso. No sabía distinguir que eran, no parecían pinturas sobre oni comunes, pues en ellas los grabados eran de seres causando tormento en el mundo mortal, cuando los onis eran entes que castigaban en los infiernos. <br />
<br />
Había una muy grande, la cual era una extraña bestia que parecía tener tres rostros en su cabeza, con ocho ojos como los de una araña, así como colmillos que sobresalían de su mandíbula, mordiendo lo que aparentemente era un bebe sacrificado. Mientras en cada una de las palmas de las manos de sus cuatro brazos sujetaba aparentemente un tipo de fruta. Ahora bien, ¿qué demonios hacía el joven Isa en un lugar cómo ese?<br />
<br />
Escaquearse de las labores del equipo no era tarea fácil, pero de alguna manera logró convencer a su padre para lo mandara a traer un encargo a la ciudad de Tane-shigai y le pasara una nota a su sensei. Eran algunos viejos rollos, nada más. No era ni quiera el inicio del viaje, de hecho, ya estaba regresando con los escritos cuando a su paso por la Ribera Norte escuchó los rumores de la existencia de las ruinas. Así pues, ya podría inventarse algún pretextillo para excusarse por la tardanza, tenía que verlo por sus propios ojos.<br />
<br />
<span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Por alguna razón siento que este sitio no debería ser así. Antes, esto era otra cosa... Joder, que me estoy sugestionando yo solo."</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No pus, esto sí que es interesante"</span></span><br />
<br />
El joven Senju contemplaba con curiosidad aquellas pertubadoras figuras en los muros, las cuales hubiesen despertado el temor entre la gente medianamente precavida. Pero él era distinto, lo normal le solía causar la misma emoción que ver un caracol subir una pared. El abandono había dado paso al musgo y a la vegetación, las cuales ocultaban bajo su manto los horribles grabados que ahí se encontraban. Eran ese tipo de rarezas las que le fascinaban, lo misterioso. No sabía distinguir que eran, no parecían pinturas sobre oni comunes, pues en ellas los grabados eran de seres causando tormento en el mundo mortal, cuando los onis eran entes que castigaban en los infiernos. <br />
<br />
Había una muy grande, la cual era una extraña bestia que parecía tener tres rostros en su cabeza, con ocho ojos como los de una araña, así como colmillos que sobresalían de su mandíbula, mordiendo lo que aparentemente era un bebe sacrificado. Mientras en cada una de las palmas de las manos de sus cuatro brazos sujetaba aparentemente un tipo de fruta. Ahora bien, ¿qué demonios hacía el joven Isa en un lugar cómo ese?<br />
<br />
Escaquearse de las labores del equipo no era tarea fácil, pero de alguna manera logró convencer a su padre para lo mandara a traer un encargo a la ciudad de Tane-shigai y le pasara una nota a su sensei. Eran algunos viejos rollos, nada más. No era ni quiera el inicio del viaje, de hecho, ya estaba regresando con los escritos cuando a su paso por la Ribera Norte escuchó los rumores de la existencia de las ruinas. Así pues, ya podría inventarse algún pretextillo para excusarse por la tardanza, tenía que verlo por sus propios ojos.<br />
<br />
<span style="color: lightsteelblue;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Por alguna razón siento que este sitio no debería ser así. Antes, esto era otra cosa... Joder, que me estoy sugestionando yo solo."</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
	</channel>
</rss>