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		<title><![CDATA[NinjaWorld - Tierras Nevadas del Norte]]></title>
		<link>https://ninjaworld.es/</link>
		<description><![CDATA[NinjaWorld - https://ninjaworld.es]]></description>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 11:02:58 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Soy eterno]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-soy-eterno</link>
			<pubDate>Sun, 22 Sep 2024 01:31:27 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1">Sama-sama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-soy-eterno</guid>
			<description><![CDATA[Kurama yacía como muerto en un frío trono de cristal negro, en lo alto de una torre, más allá de los confines del mundo. En su momento la ubicación parecía de lo más apropiada. Un refugio. Un cuartel secreto desde donde trazar un plan maestro.<br />
<br />
Ahora le parecía más bien una cárcel. El rincón donde la alianza entre las Tres Grandes trataba de aplastarle con la zapatilla como si se tratara de una cucaracha.<br />
<br />
Estaba contrariado. Y todavía le irritaba más aquella voz. Había cogido la fea costumbre de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">reaparecer</span> en el peor momento de todos. Le ponía nervioso. Las cosas que le dejaban de hacer sentir que tenía el control le ponían nervioso. Con el dedo índice, repiqueteaba el reposabrazos.<br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Piénsalo, Kurama. ¿Cuánto tiempo queda? ¿Cuánto tardarán en derribar esa puerta? ¿Un año? ¿Unos meses? ¿Días...?»</span> —La voz de Uzumaki Shiomaru no le había abandonado desde que reveló a Hanabi la identidad del cuerpo humano que habitaba. Casi le hacía desear apuñalarse en el pecho y quedarse dentro de Kuroyuki—. <span style="color: crimson; font-style: italic;">«Ah. Sólo es cuestión de tiempo.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Quieres CALLARTE DE UNA PUTA VEZ?</span> —Kurama cerró el puño y lo estampó contra el reposabrazos. Fingió que no le había dolido el golpe—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Mira, no sé cómo sigues vivo ni dónde reside el chakra que utilizas para mantenerte conmigo, pero juro que algún día te extirparé como el  cáncer que eres y que siempre has sido para el mundo. Pero tengo cosas más importantes que hacer que eso. Así que... cállate.</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«¿Por qué debería hacerlo? Si eso te pone nervioso y te hace caer... habré contribuído un poco a tu derrota.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Y a ti qué te importa? Hijo de puta, intentaste quedarte con mi poder para dominar el mundo. ¿Ahora vas de héroe?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Oh, no. Mi tiempo ya acabó, solo que... a diferencia de ti, he invertido todos estos años en la introspección. Sé lo que soy, sé lo que fui. No puedo cambiar eso. Pero me puedo permitir cambiar mi forma de ver las cosas. ¿Lo has probado alguna vez?»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Mi forma de ver las cosas es la que me ha traído hasta aquí. Qué coño sabrás tú.</span> —El Kyūbi se levantó y comenzó a caminar por la sala. Con las manos, se agarró el cuero cabelludo y se rascó con impaciencia.<br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Sé, por ejemplo, que estabas tan centrado en ti mismo que olvidaste que tus hermanos podían tener una opinión diferente a la tuya. Eso es lo que ha hecho fracasar a tu plan.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Con el tiempo, ellos también comprenderán la verdad.</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Ah, pero eso es de lo que más careces, ¿recuerdas? Tiempo. Qué irónico.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡CÁLLATE!!</span> Tu tiempo ya acabó, viejo decrépito.</span> —Kurama gritaba en el centro de la sala del trono, en un silencio sepulcral, excepto por el eco que reflejaban las paredes de cristal—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Yo, sin embargo, soy un bijū. Soy eterno. Eterno...</span> —repitió, como si dudase de las palabras. Pero, ¿por qué dudaba? Se echó a reír, y miró al techo, con los ojos muy abiertos, con una sonrisa que era una mueca desencajada y siniestra—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Viejo, ¿sabes cuál es la pieza más importante del ajedrez, ¿EH? ¿SABES CUAL ES?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Con el tiempo, creo que he aprendido la respuesta a esa pregunta. Espero que tú también lo hagas, algún día.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Me menosprecias, idiota. Como toda tu puta especie. ¡Seres inferiores!</span> —Kurama apretó los puños., El suelo a su alrededor comenzó a agrietarse—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Soy eterno. Soy eterno. Soy eterno...</span><br />
<br />
Unos golpes urgentes llamaron a la puerta. Sobresaltado, Kurama se dio la vuelta. La mirada preocupada de Kuroyuki se cruzó con la suya.<br />
<br />
—<span style="color: lightslategray;" class="mycode_color">Kurama, señor... el enemigo está a las puertas de Yukio.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Qué?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Horas, entonces.»</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Kurama yacía como muerto en un frío trono de cristal negro, en lo alto de una torre, más allá de los confines del mundo. En su momento la ubicación parecía de lo más apropiada. Un refugio. Un cuartel secreto desde donde trazar un plan maestro.<br />
<br />
Ahora le parecía más bien una cárcel. El rincón donde la alianza entre las Tres Grandes trataba de aplastarle con la zapatilla como si se tratara de una cucaracha.<br />
<br />
Estaba contrariado. Y todavía le irritaba más aquella voz. Había cogido la fea costumbre de <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">reaparecer</span> en el peor momento de todos. Le ponía nervioso. Las cosas que le dejaban de hacer sentir que tenía el control le ponían nervioso. Con el dedo índice, repiqueteaba el reposabrazos.<br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Piénsalo, Kurama. ¿Cuánto tiempo queda? ¿Cuánto tardarán en derribar esa puerta? ¿Un año? ¿Unos meses? ¿Días...?»</span> —La voz de Uzumaki Shiomaru no le había abandonado desde que reveló a Hanabi la identidad del cuerpo humano que habitaba. Casi le hacía desear apuñalarse en el pecho y quedarse dentro de Kuroyuki—. <span style="color: crimson; font-style: italic;">«Ah. Sólo es cuestión de tiempo.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Quieres CALLARTE DE UNA PUTA VEZ?</span> —Kurama cerró el puño y lo estampó contra el reposabrazos. Fingió que no le había dolido el golpe—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Mira, no sé cómo sigues vivo ni dónde reside el chakra que utilizas para mantenerte conmigo, pero juro que algún día te extirparé como el  cáncer que eres y que siempre has sido para el mundo. Pero tengo cosas más importantes que hacer que eso. Así que... cállate.</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«¿Por qué debería hacerlo? Si eso te pone nervioso y te hace caer... habré contribuído un poco a tu derrota.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Y a ti qué te importa? Hijo de puta, intentaste quedarte con mi poder para dominar el mundo. ¿Ahora vas de héroe?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Oh, no. Mi tiempo ya acabó, solo que... a diferencia de ti, he invertido todos estos años en la introspección. Sé lo que soy, sé lo que fui. No puedo cambiar eso. Pero me puedo permitir cambiar mi forma de ver las cosas. ¿Lo has probado alguna vez?»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Mi forma de ver las cosas es la que me ha traído hasta aquí. Qué coño sabrás tú.</span> —El Kyūbi se levantó y comenzó a caminar por la sala. Con las manos, se agarró el cuero cabelludo y se rascó con impaciencia.<br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Sé, por ejemplo, que estabas tan centrado en ti mismo que olvidaste que tus hermanos podían tener una opinión diferente a la tuya. Eso es lo que ha hecho fracasar a tu plan.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Con el tiempo, ellos también comprenderán la verdad.</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Ah, pero eso es de lo que más careces, ¿recuerdas? Tiempo. Qué irónico.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">¡¡CÁLLATE!!</span> Tu tiempo ya acabó, viejo decrépito.</span> —Kurama gritaba en el centro de la sala del trono, en un silencio sepulcral, excepto por el eco que reflejaban las paredes de cristal—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Yo, sin embargo, soy un bijū. Soy eterno. Eterno...</span> —repitió, como si dudase de las palabras. Pero, ¿por qué dudaba? Se echó a reír, y miró al techo, con los ojos muy abiertos, con una sonrisa que era una mueca desencajada y siniestra—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Viejo, ¿sabes cuál es la pieza más importante del ajedrez, ¿EH? ¿SABES CUAL ES?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Con el tiempo, creo que he aprendido la respuesta a esa pregunta. Espero que tú también lo hagas, algún día.»</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Me menosprecias, idiota. Como toda tu puta especie. ¡Seres inferiores!</span> —Kurama apretó los puños., El suelo a su alrededor comenzó a agrietarse—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Soy eterno. Soy eterno. Soy eterno...</span><br />
<br />
Unos golpes urgentes llamaron a la puerta. Sobresaltado, Kurama se dio la vuelta. La mirada preocupada de Kuroyuki se cruzó con la suya.<br />
<br />
—<span style="color: lightslategray;" class="mycode_color">Kurama, señor... el enemigo está a las puertas de Yukio.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Qué?</span><br />
<br />
<span style="color: crimson; font-style: italic;">«Horas, entonces.»</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Los horrores que vendrán]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-los-horrores-que-vendran</link>
			<pubDate>Mon, 02 Sep 2019 00:26:08 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=1">Sama-sama</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-los-horrores-que-vendran</guid>
			<description><![CDATA[Dos hombres caminaban por un amplio pasillo, en un lugar oscuro, pero al mismo tiempo brillante. Los suelos, las paredes, y hasta los cilíndricos pilares gruesos que a pares sujetaban el techo del sótano parecían hechos de un material cristalino, entre negro y púrpura, similar al hielo, pero que no resbalaba ni estaba frío. De hecho, allá adentro hacía algo de calor, pese al perpetuo invierno del exterior. Hacía calor y la atmósfera era algo asfixiante, con el eco de los pasos de aquellas dos personas reverberando continuamente entre reflejos de lámparas, incapaces de escapar, prisioneros.<br />
<br />
Una prisión, eso parecía aquél lugar. Había celdas, y había barrotes. De los prisioneros mejor no adelantamos nada.<br />
<br />
Uno de los hombres era bajito, andaba encorvado y se ayudaba de un bastón. Llevaba una máscara de médico como las de la antiguedad, aunque con el pico bastante más corto. Un extraño sombrero de copa blanco, como la túnica larga que vestía, reflejaba la luz porque llevaba atornillada una placa de metal con la insignia de su fría patria. El otro hombre era mucho más alto y lucía una túnica negra tan larga que la arrastraba por el suelo. Su porte orgulloso hacía balancear su cabello pelirrojo y largo hasta la parte baja de la espalda. Sus ojos afilados registraban los habitantes de aquellas celdas con muchísimo interés. Se detuvo frente a una de ellas.<br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Hmm.</span> —Se aclaró la garganta—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">No negaré que me deja usted impresionado, Medichii. ¿Y cuándo dices que estarán preparados?</span><br />
<br />
Dentro, una figura oscura levantó la mirada. Una mirada roja, cargada de odio, que escudriñó al pelirrojo de arriba a abajo. Sin previo aviso, aquello se lanzó hacia los barrotes, los golpeó con violencia y los hizo doblarse. Hizo que Medichii diera un salto y tuviera que apoyarse en el bastón para no caer, pero su superior apenas se movió del sitio. Tan sólo le ondeó el pelo y la túnica. Se apartó el mechón que se había interpuesto en su rostro.<br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Un mes. Tal vez dos. Pero podemos empezar a hacer pruebas de campo con ellos, si lo desea...</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Bam, Bam, BAMBAM!</span> El animal, un gorila desproporcionado con el rostro desfigurado y más parecido a las fauces de un cocodrilo, golpeó los barrotes insistentemente. Mordisqueó los barrotes dejando atrás un reguero de babas y mucosidad pegajosas.<br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Hiciste buen uso del chakra que presté?</span><br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Por supuesto, señor. Todos tienen un pequeño fragmento. Y esperamos que cuando estén completos sean capaces de usarlo por sí mismos.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Podremos reventar unas cuantas cosas, ¿eh, Medichii?</span> —rio el superior.<br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Sí, sí.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Dime, Medichii....</span> —El pelirrojo se dio la vuelta hacia su subordinado y luego miró de reojo a la bestia. Se acarició la barbilla con extrema curiosidad—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Pero qué pasa si derrotan a unos cuantos, eh? Sólo diez de estos te han llevado todo un año.</span><br />
<br />
----<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Mi señor...</span> —Medichii comenzó a reír. Era una risa suave, pero extremadamente irritante, acompañada de alguna que otra tos enfermiza.<br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Qué te hace tanta gracia, Medichii?</span><br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Mi señor, dígamelo usted, ¿qué les pasa a los bijuu cuando mueren?</span><br />
<br />
Kurama sonrió.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dos hombres caminaban por un amplio pasillo, en un lugar oscuro, pero al mismo tiempo brillante. Los suelos, las paredes, y hasta los cilíndricos pilares gruesos que a pares sujetaban el techo del sótano parecían hechos de un material cristalino, entre negro y púrpura, similar al hielo, pero que no resbalaba ni estaba frío. De hecho, allá adentro hacía algo de calor, pese al perpetuo invierno del exterior. Hacía calor y la atmósfera era algo asfixiante, con el eco de los pasos de aquellas dos personas reverberando continuamente entre reflejos de lámparas, incapaces de escapar, prisioneros.<br />
<br />
Una prisión, eso parecía aquél lugar. Había celdas, y había barrotes. De los prisioneros mejor no adelantamos nada.<br />
<br />
Uno de los hombres era bajito, andaba encorvado y se ayudaba de un bastón. Llevaba una máscara de médico como las de la antiguedad, aunque con el pico bastante más corto. Un extraño sombrero de copa blanco, como la túnica larga que vestía, reflejaba la luz porque llevaba atornillada una placa de metal con la insignia de su fría patria. El otro hombre era mucho más alto y lucía una túnica negra tan larga que la arrastraba por el suelo. Su porte orgulloso hacía balancear su cabello pelirrojo y largo hasta la parte baja de la espalda. Sus ojos afilados registraban los habitantes de aquellas celdas con muchísimo interés. Se detuvo frente a una de ellas.<br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Hmm.</span> —Se aclaró la garganta—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">No negaré que me deja usted impresionado, Medichii. ¿Y cuándo dices que estarán preparados?</span><br />
<br />
Dentro, una figura oscura levantó la mirada. Una mirada roja, cargada de odio, que escudriñó al pelirrojo de arriba a abajo. Sin previo aviso, aquello se lanzó hacia los barrotes, los golpeó con violencia y los hizo doblarse. Hizo que Medichii diera un salto y tuviera que apoyarse en el bastón para no caer, pero su superior apenas se movió del sitio. Tan sólo le ondeó el pelo y la túnica. Se apartó el mechón que se había interpuesto en su rostro.<br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Un mes. Tal vez dos. Pero podemos empezar a hacer pruebas de campo con ellos, si lo desea...</span><br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Bam, Bam, BAMBAM!</span> El animal, un gorila desproporcionado con el rostro desfigurado y más parecido a las fauces de un cocodrilo, golpeó los barrotes insistentemente. Mordisqueó los barrotes dejando atrás un reguero de babas y mucosidad pegajosas.<br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Hiciste buen uso del chakra que presté?</span><br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Por supuesto, señor. Todos tienen un pequeño fragmento. Y esperamos que cuando estén completos sean capaces de usarlo por sí mismos.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Podremos reventar unas cuantas cosas, ¿eh, Medichii?</span> —rio el superior.<br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Sí, sí.</span><br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">Dime, Medichii....</span> —El pelirrojo se dio la vuelta hacia su subordinado y luego miró de reojo a la bestia. Se acarició la barbilla con extrema curiosidad—. <span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Pero qué pasa si derrotan a unos cuantos, eh? Sólo diez de estos te han llevado todo un año.</span><br />
<br />
----<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Mi señor...</span> —Medichii comenzó a reír. Era una risa suave, pero extremadamente irritante, acompañada de alguna que otra tos enfermiza.<br />
<br />
—<span style="color: darkorange;" class="mycode_color">¿Qué te hace tanta gracia, Medichii?</span><br />
<br />
—<span style="color: darkseagreen;" class="mycode_color">Mi señor, dígamelo usted, ¿qué les pasa a los bijuu cuando mueren?</span><br />
<br />
Kurama sonrió.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(C) Wardruna]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-c-wardruna</link>
			<pubDate>Thu, 23 May 2019 13:54:00 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=158">Uchiha Akame</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-c-wardruna</guid>
			<description><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tomo esta trama con mi segundo hueco de Narrador.</div>
    </div>
</div>
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="color: orangered;" class="mycode_color">Flama</span>, <span style="color: gold;" class="mycode_color">Verano</span> del año 219</i></div></div>
<br />
Era un flamante —redoble de caja y platillo— día de Verano. El Sol brillaba, los pájaros cantaban, el rumor del mar traía consigo una brisa de lo más refrescante y...<br />
<br />
Bueno, al menos así sería, si el protagonista de esta misión estuviera en otro lugar. En casi cualquier otro lugar de Oonindo, de Norte a Sur, habría muchos que hubieran validado esa descripción. Pero no el que nos ocupa, no. No este. Porque Manase Mogura, recién reincorporado miembro del cuerpo médico de la Villa Oculta de la Lluvia y chuunin reputado, no vería más que lluvia y nubes, nubes y lluvia, cuando abriese la puerta a la que alguien acababa de llamar. Y claro, no podía ser otro que Azuma Jiro, más conocido como El Recadero. Un tipo con quizás demasiado buen corazón que era famoso por pasarse el día llevando mensajes y recados de una punta a otra de la Aldea; como Manase Mogura no era menos que ningún otro chuunin, y como la petición venía de la oficina de la Arashikage, Jiro no había podido negarse. Como siempre. <br />
<br />
Así que allí estaba, llamando insistentemente a la puerta de aquel joven médico recién retornado al servicio. A decir verdad, Jiro estaba raro aquella mañana. Estaba interesado en aquel recado. Por primera vez, quería llevar el mensaje, y quería que su compañero abriese la puerta. ¿Por qué? Muy simple. Porque aquel muchacho que tan alto había apuntado desde el principio, cercano a la Arashikage, ascendido a chuunin de forma temprana y apreciado por la Aldea, había decidido tomarse un impás de un año. ¿Qué podía haberle llevado a semejante cosa? En la Villa se comentaba de todo; desde justificaciones perfectamente normales y lógicas, hasta las más inverosímiles historias; como que Mogura se había pasado todo un año encerrado en el cuarto de baño de un prost... <br />
<br />
¡Seguro que era mentira! Seguro, pero precisamente por eso, Jiro quería averiguarlo.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Manase Mogura!</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">toc, toc, toc</span>, tres golpes perfectamente sincronizados. Era una técnica que Jiro ya había dominado por completo—. <span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Tengo un pergamino de misión para usted!</span><br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Pergamino de misión" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div style="border-top: 2px solid cornflowerblue; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">(C) Wardruna</span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid cornflowerblue; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Publicada en:</span></span> Amegakure no Sato<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rango recomendado:</span></span> Chuunin<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nivel recomendado:</span></span> 15<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Hokubu Sanmaru, alcalde de Villa Hokubu<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Tierras Nevadas del Norte<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Villa Hokubu es una aldea de pastores montañeses y mineros situada en las faldas de las nevadas montañas al Norte de Yukio y al Sur de la misteriosa Cordillera Tsukima. Su alcalde, Hokubu Sanmaru, ha pedido a la Villa ayuda para rescatar a su hijo de las garras de una tribu salvaje de las montañas que lleva hostigándoles desde hace un tiempo. Villa Hokubu proporcionará a los shinobi alojamiento y manutención, así como colaboración durante la operación de búsqueda y rescate. Se desconoce si el hijo de Hokubu Sanmaru sigue con vida, pero el alcalde ha requerido que al menos su cadáver sea recuperado para poder darle un entierro digno.</span></div>
    </div>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="OFF" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">Tomo esta trama con mi segundo hueco de Narrador.</div>
    </div>
</div>
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i><span style="color: orangered;" class="mycode_color">Flama</span>, <span style="color: gold;" class="mycode_color">Verano</span> del año 219</i></div></div>
<br />
Era un flamante —redoble de caja y platillo— día de Verano. El Sol brillaba, los pájaros cantaban, el rumor del mar traía consigo una brisa de lo más refrescante y...<br />
<br />
Bueno, al menos así sería, si el protagonista de esta misión estuviera en otro lugar. En casi cualquier otro lugar de Oonindo, de Norte a Sur, habría muchos que hubieran validado esa descripción. Pero no el que nos ocupa, no. No este. Porque Manase Mogura, recién reincorporado miembro del cuerpo médico de la Villa Oculta de la Lluvia y chuunin reputado, no vería más que lluvia y nubes, nubes y lluvia, cuando abriese la puerta a la que alguien acababa de llamar. Y claro, no podía ser otro que Azuma Jiro, más conocido como El Recadero. Un tipo con quizás demasiado buen corazón que era famoso por pasarse el día llevando mensajes y recados de una punta a otra de la Aldea; como Manase Mogura no era menos que ningún otro chuunin, y como la petición venía de la oficina de la Arashikage, Jiro no había podido negarse. Como siempre. <br />
<br />
Así que allí estaba, llamando insistentemente a la puerta de aquel joven médico recién retornado al servicio. A decir verdad, Jiro estaba raro aquella mañana. Estaba interesado en aquel recado. Por primera vez, quería llevar el mensaje, y quería que su compañero abriese la puerta. ¿Por qué? Muy simple. Porque aquel muchacho que tan alto había apuntado desde el principio, cercano a la Arashikage, ascendido a chuunin de forma temprana y apreciado por la Aldea, había decidido tomarse un impás de un año. ¿Qué podía haberle llevado a semejante cosa? En la Villa se comentaba de todo; desde justificaciones perfectamente normales y lógicas, hasta las más inverosímiles historias; como que Mogura se había pasado todo un año encerrado en el cuarto de baño de un prost... <br />
<br />
¡Seguro que era mentira! Seguro, pero precisamente por eso, Jiro quería averiguarlo.<br />
<br />
—<span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Manase Mogura!</span> —<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">toc, toc, toc</span>, tres golpes perfectamente sincronizados. Era una técnica que Jiro ya había dominado por completo—. <span style="color: crimson;" class="mycode_color">¡Tengo un pergamino de misión para usted!</span><br />
<br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Pergamino de misión" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;"><div style="border-top: 2px solid cornflowerblue; font-size: 11px;">
<br />
<div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: 16px;">(C) Wardruna</span></span></div></div>
<br />
<div style="border-top: 2px solid cornflowerblue; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Publicada en:</span></span> Amegakure no Sato<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Rango recomendado:</span></span> Chuunin<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Nivel recomendado:</span></span> 15<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span></span> Hokubu Sanmaru, alcalde de Villa Hokubu<br />
<span style="color: white;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span></span> Tierras Nevadas del Norte<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Villa Hokubu es una aldea de pastores montañeses y mineros situada en las faldas de las nevadas montañas al Norte de Yukio y al Sur de la misteriosa Cordillera Tsukima. Su alcalde, Hokubu Sanmaru, ha pedido a la Villa ayuda para rescatar a su hijo de las garras de una tribu salvaje de las montañas que lleva hostigándoles desde hace un tiempo. Villa Hokubu proporcionará a los shinobi alojamiento y manutención, así como colaboración durante la operación de búsqueda y rescate. Se desconoce si el hijo de Hokubu Sanmaru sigue con vida, pero el alcalde ha requerido que al menos su cadáver sea recuperado para poder darle un entierro digno.</span></div>
    </div>
</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(D) La comitiva helada]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-d-la-comitiva-helada</link>
			<pubDate>Tue, 09 Oct 2018 23:32:46 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=380">King Roga</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-d-la-comitiva-helada</guid>
			<description><![CDATA[Era un día totalmente normal en Amegakure, con el agua de la lluvia escurriéndose desde los tejados hasta las canaletas. La única diferencia era que las temperaturas eran más bajas de lo habitual gracias al frío entrante del invierno. Quizás las lluvias eran más intensas, pero esta era poca o nula diferencia para los habitantes de la aldea. Era en medio de esta cotidianidad qué Rōga se encontraba acostado en el sofá de la sala de su casa, aburrido enfrente de la televisión. La única razón por la que no se levantaba a cambiar de canal era por la pereza que implicaba mover los músculos para levantarse. Toda su energía habitual se agotó tras regresar de sus viajes.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Mocoso insensato...—</span> Se asomó un hombre moreno de edad avanzada, apoyándose con un largo bastón. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—¿No se suponía qué hoy precisamente ibas a salir a tú primera misión?—</span> Le espetó.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Ah, maldita sea, es cierto—</span> Admitió mientras se estiraba para desperezarse, aunque seguía acostado. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Acabo de volver del País de la Tierra, no podríamos aplazarlo para dentro de, qué se yo, ¿una semana?—</span> Remató la frase con un largo bostezo.<br />
<br />
Una vena se remarcó en la frente del sujeto, apretando con fuerza su bastón mientras se acercaba a paso lento pero firme a dónde se hallaba el genin. Un escalofrío recorrió la espalda de Rōga al percatarse de ello, pero antes de poder abrir la boca para disculparse, fue tomado por el cuello y lanzado con brusquedad a través de la ventana que daba a la calle.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—¡VAS A SALIR AHORA MISMO!—</span> Gritó a todo pulmón, mientras en la parte de afuera el joven Yotsuki trataba de reincorporarse.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¡Oye! No era necese-</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">PUM</span>, se vió interrumpido por el impacto de una mochila mediamente pesada en su estómago. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Mira abuelo, yo-</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">PLOC</span>, nuevamente le cortaron lo que iba a decir, siendo esta vez un pergamino golpeándole en toda la frente.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Ni una palabra más, te deben estar esperando a las puertas de la aldea—</span> Dijo el anciano asomándose a través del cristal roto. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—Tú lo pediste, ahora te haces responsable. Además de lo que recibas vas a pagar el vidrio—</span> Le terminó de amenazar.<br />
<br />
El de cabellos oscuros rechistó, poniéndose en pie mientras se echaba la mochila al hombro. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Qué ya iba ir yo de todos modos hombre."</span></span> Quiso decirle, pero era mejor guardárselo si no quería llegar hecho añicos a su primera misión.<br />
<br />
Se giró sobre sus talones, sonrió, y se puso en marcha hacia la salida de la aldea, mientras el retirado jounin le observaba alejarse. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Veamos de qué se trata"</span></span> Abrió entonces el pergamino, esperando ver que le deparaba durante la jornada. <br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Contenido del pergamino" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<div style="border-top: 2px solid Cornflowerblue; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="font-size: 20px;"><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Misión D: La comitiva helada</span></div></span><br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid cornflowerblue; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span> Atsuki Hirashi<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span> Tierras Nevadas del Norte<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El señor Hirashi es un importante comerciante que se dedica a importar y exportar cargamentos de artesanías y pieles en su natal Fukui, un pueblo escondido entre las blancas montañas norteñas. Sin embargo, con la llegada del invierno las condiciones climáticas han empeorado, causando que los senderos se viesen obstruidos por la nieve, además de una avalancha qué provocó la caída de varios árboles y rocas, dañando varias viviendas. Es por esto que el señor Hirashi a solicitado la ayuda de shinobis que le ayuden a remover los escombros y limpiar los caminos con el fin de hacerlos transitables nuevamente.<br />
<br />
Los genin asignados a esta misión son: Habaki Karamaru, Hyūga Higeki y King Rōga, quienes deberán presentarse en la entrada de Amegakure al medio día, dónde el señor Hirashi y su nieta les indicarán el camino a seguir para llegar al poblado de Fukui. <br />
<br />
Durante la misión, Habaki Karamaru será el capitán de la misión al ser el más experimentado de los tres.</span></div>
    </div>
</div>
<br />
Tras cerrar el pergamino se sintió un poco molesto, al darse cuenta que le estaban tratando cómo un novato. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No es que no lo sea, después de todo me gradué el mes pasado apenas, pero aún así es frustrante."</span></span> se dijo mientras caminaba hacia el sitio indicado, esperando encontrarse con los que serían sus compañeros de equipo y con el cliente.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Era un día totalmente normal en Amegakure, con el agua de la lluvia escurriéndose desde los tejados hasta las canaletas. La única diferencia era que las temperaturas eran más bajas de lo habitual gracias al frío entrante del invierno. Quizás las lluvias eran más intensas, pero esta era poca o nula diferencia para los habitantes de la aldea. Era en medio de esta cotidianidad qué Rōga se encontraba acostado en el sofá de la sala de su casa, aburrido enfrente de la televisión. La única razón por la que no se levantaba a cambiar de canal era por la pereza que implicaba mover los músculos para levantarse. Toda su energía habitual se agotó tras regresar de sus viajes.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Mocoso insensato...—</span> Se asomó un hombre moreno de edad avanzada, apoyándose con un largo bastón. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—¿No se suponía qué hoy precisamente ibas a salir a tú primera misión?—</span> Le espetó.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Ah, maldita sea, es cierto—</span> Admitió mientras se estiraba para desperezarse, aunque seguía acostado. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Acabo de volver del País de la Tierra, no podríamos aplazarlo para dentro de, qué se yo, ¿una semana?—</span> Remató la frase con un largo bostezo.<br />
<br />
Una vena se remarcó en la frente del sujeto, apretando con fuerza su bastón mientras se acercaba a paso lento pero firme a dónde se hallaba el genin. Un escalofrío recorrió la espalda de Rōga al percatarse de ello, pero antes de poder abrir la boca para disculparse, fue tomado por el cuello y lanzado con brusquedad a través de la ventana que daba a la calle.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—¡VAS A SALIR AHORA MISMO!—</span> Gritó a todo pulmón, mientras en la parte de afuera el joven Yotsuki trataba de reincorporarse.<br />
<br />
<span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—¡Oye! No era necese-</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">PUM</span>, se vió interrumpido por el impacto de una mochila mediamente pesada en su estómago. <span style="color: dimgray;" class="mycode_color">—Mira abuelo, yo-</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">PLOC</span>, nuevamente le cortaron lo que iba a decir, siendo esta vez un pergamino golpeándole en toda la frente.<br />
<br />
<span style="color: coral;" class="mycode_color">—Ni una palabra más, te deben estar esperando a las puertas de la aldea—</span> Dijo el anciano asomándose a través del cristal roto. <span style="color: coral;" class="mycode_color">—Tú lo pediste, ahora te haces responsable. Además de lo que recibas vas a pagar el vidrio—</span> Le terminó de amenazar.<br />
<br />
El de cabellos oscuros rechistó, poniéndose en pie mientras se echaba la mochila al hombro. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Qué ya iba ir yo de todos modos hombre."</span></span> Quiso decirle, pero era mejor guardárselo si no quería llegar hecho añicos a su primera misión.<br />
<br />
Se giró sobre sus talones, sonrió, y se puso en marcha hacia la salida de la aldea, mientras el retirado jounin le observaba alejarse. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"Veamos de qué se trata"</span></span> Abrió entonces el pergamino, esperando ver que le deparaba durante la jornada. <br />
<br />
<div style="background: #000; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020; margin-top: 5px;">
    <div style="color: #cfcfcf; font-weight: bold; padding: 8px; width: auto;">
        <input type="button" class="button spoiler-button" style="font-weight: bold;" value="Contenido del pergamino" /><br />
    </div>
    <div class="quotecontent">
        <div style="padding: 8px; display: none; border-bottom-right-radius: 5px; border-bottom-left-radius: 5px;">
<div style="border-top: 2px solid Cornflowerblue; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="font-size: 20px;"><div align="center"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Misión D: La comitiva helada</span></div></span><br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid cornflowerblue; font-size: 11px;"></div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Solicitante:</span> Atsuki Hirashi<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Lugar:</span> Tierras Nevadas del Norte<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El señor Hirashi es un importante comerciante que se dedica a importar y exportar cargamentos de artesanías y pieles en su natal Fukui, un pueblo escondido entre las blancas montañas norteñas. Sin embargo, con la llegada del invierno las condiciones climáticas han empeorado, causando que los senderos se viesen obstruidos por la nieve, además de una avalancha qué provocó la caída de varios árboles y rocas, dañando varias viviendas. Es por esto que el señor Hirashi a solicitado la ayuda de shinobis que le ayuden a remover los escombros y limpiar los caminos con el fin de hacerlos transitables nuevamente.<br />
<br />
Los genin asignados a esta misión son: Habaki Karamaru, Hyūga Higeki y King Rōga, quienes deberán presentarse en la entrada de Amegakure al medio día, dónde el señor Hirashi y su nieta les indicarán el camino a seguir para llegar al poblado de Fukui. <br />
<br />
Durante la misión, Habaki Karamaru será el capitán de la misión al ser el más experimentado de los tres.</span></div>
    </div>
</div>
<br />
Tras cerrar el pergamino se sintió un poco molesto, al darse cuenta que le estaban tratando cómo un novato. <span style="color: goldenrod;" class="mycode_color"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No es que no lo sea, después de todo me gradué el mes pasado apenas, pero aún así es frustrante."</span></span> se dijo mientras caminaba hacia el sitio indicado, esperando encontrarse con los que serían sus compañeros de equipo y con el cliente.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Al borde de la montaña]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-al-borde-de-la-montana</link>
			<pubDate>Thu, 14 Jun 2018 17:26:03 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=374">Manase Mogura</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-al-borde-de-la-montana</guid>
			<description><![CDATA[En un punto alejado de todo, casi en uno de esos lugares que uno suele referirse como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el fin del mundo</span>, un pueblo se encontraba asentado desde hacía mucho tiempo. No era un lugar particularmente interesante para visitar, por lo que su valor turístico era igual a uno por debajo de cero. El pueblo tendría que pagarte para que lo visites.<br />
<br />
Aquel abatido lugar parecía apostar su supervivencia al comercio marítimo, evidenciado en un tímido puerto con un faro en la punta, esperando la visita de cualquiera. La mayoría de las edificaciones se encontraban apostadas a los lados de un camino central, camino que comenzaba en el puerto y terminaba rodeando una elevación natural. Dicha elevación era coronada con los restos de lo que parecía ser una vieja mansión de algún acaudalado local que con dos dedos de frente se movió a una mejor cota para vivir una vida más estable. Desde entonces, pocos lugares destacaban en el paisaje de ese pueblo.<br />
<br />
Si uno llegaba a continuar por aquel viejo camino empedrado, terminaría encontrándose con un bosque que terminaba perdiéndose entre las montañas, siguiendo más allá el destino era incierto, perderse era fácil. Se podía terminar en la cordillera o bien entrar a Tsuchi-no-kuni. Nadie se adentraba demasiado de todas formas, algún leñador queriendo evitar levantar el hacha buscando ramas caídas y secas.<br />
<br />
Algunas chozas venidas abajo se podían apreciar en las cercanías del bosque, prácticamente devoradas por la nieve de alguna tormenta. Advirtiendo de las consecuencias de no estar preparado para las inclemencias del clima.<br />
<br />
La noche caía rápido en aquel lugar. El ocaso, lejos de ser una escena romántica para la gente de allí, era una señal para dejar todo y buscar refugio de las bajas temperaturas.<br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>. . .</i></div></div>
<br />
Manase Mogura había viajado un día entero desde el lejano pueblo de Yukio, no se suponía que fuese más lejos de eso si valoraba su vida. Pero era un shinobi, un shinobi con una misión. La noche comenzaba a caer sobre él y eso le preocupaba, copos de nieve comenzaba a agruparse sobre su abrigo cada vez con mayor velocidad. Una tormenta de nieve se acercaba.<br />
<br />
Su paso se apresuró cada vez más al ver las luces de un edificio en la lejanía.<br />
<br />
<span style="color: lightseagreen; font-style: italic;">«Yamahata.»</span><br />
<br />
Pensó y su espíritu recuperó la fuerza para seguir su camino. Estaba cansado por el viaje y necesitaba algo caliente no morir de frío.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[En un punto alejado de todo, casi en uno de esos lugares que uno suele referirse como <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">el fin del mundo</span>, un pueblo se encontraba asentado desde hacía mucho tiempo. No era un lugar particularmente interesante para visitar, por lo que su valor turístico era igual a uno por debajo de cero. El pueblo tendría que pagarte para que lo visites.<br />
<br />
Aquel abatido lugar parecía apostar su supervivencia al comercio marítimo, evidenciado en un tímido puerto con un faro en la punta, esperando la visita de cualquiera. La mayoría de las edificaciones se encontraban apostadas a los lados de un camino central, camino que comenzaba en el puerto y terminaba rodeando una elevación natural. Dicha elevación era coronada con los restos de lo que parecía ser una vieja mansión de algún acaudalado local que con dos dedos de frente se movió a una mejor cota para vivir una vida más estable. Desde entonces, pocos lugares destacaban en el paisaje de ese pueblo.<br />
<br />
Si uno llegaba a continuar por aquel viejo camino empedrado, terminaría encontrándose con un bosque que terminaba perdiéndose entre las montañas, siguiendo más allá el destino era incierto, perderse era fácil. Se podía terminar en la cordillera o bien entrar a Tsuchi-no-kuni. Nadie se adentraba demasiado de todas formas, algún leñador queriendo evitar levantar el hacha buscando ramas caídas y secas.<br />
<br />
Algunas chozas venidas abajo se podían apreciar en las cercanías del bosque, prácticamente devoradas por la nieve de alguna tormenta. Advirtiendo de las consecuencias de no estar preparado para las inclemencias del clima.<br />
<br />
La noche caía rápido en aquel lugar. El ocaso, lejos de ser una escena romántica para la gente de allí, era una señal para dejar todo y buscar refugio de las bajas temperaturas.<br />
<br />
<div align="center"><div style="padding: 10px; margin-top: 5px; background-color: #080808; border-radius: 8px; border: 1px solid #202020;"><i>. . .</i></div></div>
<br />
Manase Mogura había viajado un día entero desde el lejano pueblo de Yukio, no se suponía que fuese más lejos de eso si valoraba su vida. Pero era un shinobi, un shinobi con una misión. La noche comenzaba a caer sobre él y eso le preocupaba, copos de nieve comenzaba a agruparse sobre su abrigo cada vez con mayor velocidad. Una tormenta de nieve se acercaba.<br />
<br />
Su paso se apresuró cada vez más al ver las luces de un edificio en la lejanía.<br />
<br />
<span style="color: lightseagreen; font-style: italic;">«Yamahata.»</span><br />
<br />
Pensó y su espíritu recuperó la fuerza para seguir su camino. Estaba cansado por el viaje y necesitaba algo caliente no morir de frío.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Unific] Las cosas no siempre saldrán bien]]></title>
			<link>https://ninjaworld.es/tema-unific-las-cosas-no-siempre-saldran-bien</link>
			<pubDate>Sun, 28 May 2017 20:49:55 +0200</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://ninjaworld.es/member.php?action=profile&uid=0">Koko</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://ninjaworld.es/tema-unific-las-cosas-no-siempre-saldran-bien</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: gold;" class="mycode_color">—Maldito imbécil —</span>murmuraba una malhumorada kunoichi.<br />
<br />
Un encuentro espontáneo con aquel chico había sido atroz para ella, no solo para su ya cuestionable estado de ánimo sino también para sus nervios, después de todo se la habían pasado insultándose mutuamente hasta el cansancio y dicho sea de paso, el chico volvió a darle un buen golpe a su autoestima que en los últimos días había estado por el suelo.<br />
<br />
<span style="color: lime; font-style: italic;">«Se suponía que las cosas eran distintas, soy una Sakamoto, no puede ser que me consideren una mierda así »</span>pensaba mientras avanzaba por aquel desértico paraje.<br />
<br />
Uchiha Datsue probablemente sería un objetivo para todos los demás del clan, es cierto, pero Noemi se había llevado tan mal con él que lo mejor según ella era olvidarse completamente de él o de lo contrario terminarían matándose mutuamente, pero las pocas reacciones que provocaba en él le molestaba demasiado, no podía ser posible que siendo una Sakamoto, una de las nueve selectas le hablen de tal manera y la despreciasen de tal forma.<br />
<br />
De cualquier manera, la kunoichi tenía otras cosas de las que ocuparse, mucho más urgentes que encontrar el razonamiento lógico de aquel individuo aunque un “es homosexual” siempre explicaba las cosas rápida y eficazmente.<br />
<br />
Llegar a Yukio y mantenerse refugiada en alguna posada mientras sus hermanos hacían todo el trabajo sucio, aquella era su misión. No suponía ningún tipo de riesgo ya que en ningún momento nadie debería detectarla ni similares, no se vería expuesta al peligro y en cualquier caso los otros cinco que la habían estado acompañando eran shinobis con mucha experiencia en el campo de batalla, nadie puede ir y molestar abiertamente a cinco jounins de Uzushio y esperar salir airoso del combate…<br />
<br />
El tiempo pasó, Noemi avanzaba por el país de la Tierra ya algo más tranquila tras ese encuentro con el Uchiha. Se suponía que debía de estar en el país de la Tormenta varias horas antes pero por una cosa o la otra había terminado atrasándose y en consecuencia ocurrió lo que nadie tuvo en cuenta que podría pasar.<br />
<br />
Un grupo reducido de bandidos liderado por un shinobi renegado interceptaron a la kunoichi.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color">—Hey, mira eso —</span>dijo un hombre fornido de cabellos azabaches y varias cicatrices dispersas por su rostro.<br />
<br />
<span style="color: sandybrown;" class="mycode_color">—¿Será uno de esos? Tiene toda la pinta —</span>preguntó un hombre bastante más delgado pero sumamente alto.<br />
<br />
A medida que iban soltándose preguntas entre sí, fueron rodeando a la kunoichi quien realmente no tenía mucha idea de lo que debería de hacer, es decir, los podía ver a todos armados y al menos por aspecto la intimidaban bastante.<br />
<br />
<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">—¿Qué pasa? ¿No vas a decir nada? —</span>Cuestionó una mujer de extensa cabellera castaña al tiempo que se acercaba a la rubia desde atrás.<br />
<br />
Noemi no dijo absolutamente nada, no tenía sentido realmente, todos allí sabrían perfectamente que estaba mintiendo, no valía la pena siquiera mentir. Pero para cuando se armó de valor para pronunciar al menos una palabra, uno de los hombres más robustos la asestó un potente golpe en el estómago que además de sacarle el aire la hizo vomitar algo de sangre.<br />
<br />
Luego de ese fuerte impacto, la kunoichi no pudo hacer más que desplomarse sobre sus rodillas cubriéndose el vientre con ambos brazos. El dolor y la  falta de aire la habían dejado sin habla y completamente paralizada en aquella lamentable posición.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color">—Llévensela —</span>indicó el que parecía ser más experimentado del grupo.<br />
<br />
Tal y como este dijo, otro de los hombres pertenecientes al grupo la tomó debajo de su brazo como si su peso no le significase nada y en grupo se dirigieron hacia Yukio.<br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid goldenrod; font-size: 11px;"></div>
<br />
Las horas pasaban y el grupo Sakamoto no recibía ninguna noticia de la menor de sus hermanas.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">—Ya tendría que estar aquí, ¿se habrá perdido? —</span>decía Hideo, el tercero.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Esperemos que sea eso —</span>respondió Hiromasa, el segundo, quien afilaba una de sus múltiples espadas.<br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—Pero no podemos esperar más, tenemos que irnos ahora —</span>indicó Katsu, el cuarto.<br />
<br />
Los demás simplemente asintieron y tras preparar sus cosas salieron de la posada dejando una nota a Noemi, también dejaron indicaciones al posadero para que guiase a la menor de las hermanas hacia esa habitación reunidos hasta el momento.<br />
<br />
Sin esperar más, los seis hermanos partieron en busca de aquella guarida que otra de sus hermanas había logrado localizar, era algo joven en comparación de los demás pero había demostrado ser sumamente útil a la hora de rastrear personas, fue así como dieron con una especie de cueva camuflada entre elevaciones del terreno.<br />
<br />
La misión de estos shinobi era la de erradicar a todos los bandidos que acompañasen a ese shinobi exiliado. Tendría que ser algo sumamente simple para tantos ninjas de élite, pero desde lo alto de una montaña Goro divisó perfectamente la rubia cabellera de Noemi, quien se removía en un intento por liberarse de aquel agarre que la apresaba.<br />
<br />
La expresión serena de los cinco masculinos cambió radicalmente, no habían tenido en cuenta la posibilidad de que interceptaran a la que actuaría como una mera mensajera en caso de que algo saliera mal.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">—Hicimos mal en traerla… —</span>Murmuró Kenji tras chasquear la lengua.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Vamos a tener que buscarla antes de hacer nada —</span>comentó Hiromasa, algo afligido al no poder hacer nada de buenas a primeras.<br />
<br />
La mayoría estuvo dispuesto a rearmar el plan, la idea original era la de pasar por cuchillo toda esa guarida teniendo a alguien en la entrada para que se asegurase de que nadie escaparía, pero la presencia de Noemi allí adentro cambiaba radicalmente las cosas.<br />
<br />
Pero en el preciso instante en que cinco de los Sakamotos se voltearon dispuestos a alejarse y discutir un nuevo plan de acción, el mayor de todos, el más alto y robusto de los hermanos con notorio bello facial que se extendía hasta cubrirle una parte del pecho rompió el silencio.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Haremos las cosas como lo planeamos, no podemos permitir que esto salga mal —</span>fueron las severas palabras del hombretón que desenfundó dos de sus Uchigatanas y se lanzó por aquel acantilado en dirección al a cueva.<br />
<br />
<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">—¡Osamu! —</span>exclamó la única fémina del equipo, una de las mayores.<br />
<br />
Ya era demasiado tarde para intentar hablar con aquel que los lideraba, este ya se había lanzado contra un par de guardias que se habían refugiado en el interior de la cueva para vigilar que nadie se acercase por casualidad.<br />
<br />
A él le siguieron todos los demás, Katsu con una perturbadora sonrisa dibujada y el resto con semblantes serenos, a excepción de Hideo a quién no le gustaba para nada la situación y se le notaba en la cara.<br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid goldenrod; font-size: 11px;"></div>
<br />
Aquel grupo que había secuestrado a Noemi era probablemente el más experimentado en combate, además de que su líder era un shinobi que había traicionado a Uzushiogakure y según alguno que otro informe, podría tener alguna intención de intentar negociar con Amegakure si es que las autoridades de esta última villa accedían y no le ejecutaban en el acto.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color">—Asegúrense que no escape —</span>fue la única indicación que dio aquel renegado antes de retirarse a interceptar a los de Uzushiogakure.<br />
<br />
Sus secuaces por su parte asintieron con una siniestra sonrisa en el rostro y procedieron a cumplir con sus órdenes.<br />
<br />
Primeramente amarraron a la rubia, quien se retorcía e insultaba tanto como podía como si fuese a ayudarle en algo. Luego de ello, cuando se hubieron asegurado de que la chica estaba firmemente amarrada a la pared, la mujer de cabello café tomó un hacha y sin ninguna piedad la utilizó para asegurarse de que Noemi no se iría a ninguna parte…<br />
<br />
Gritos desgarradores inundaron la cueva acompañados del eco que el ambiente producía, gritos que sirvieron para estremecer los cuerpos de todos sus hermanos que lo escucharon claramente como si estuviesen presenciando lo que hacían a la menor, pero una vez más, Osamu, el más experimentado hizo lo posible por motivar a sus compañeros.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—¡Rápido! ¡Matadlos a todos! —</span>rugió cual animal tras desgarrar el torso de un bandido de poca monta que se había interpuesto en su camino.<br />
<br />
La lucha estaba tornándose más y más feroz. La sangre brotaba a montones mayormente de cuerpos de los renegados, en mucha menor medida los shinobis se llevaban algunos cortes. La diferencia era abismal, casi parecía que estaban ejecutando a un grupo de aldeanos indefensos sin ninguna piedad… Pero los delitos de todos ellos eran incuestionables, robo, asesinato, violación, todo ello y más que justificaba la sentencia que los Sakamoto estaban impartiendo.<br />
<br />
<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">—¿Cómo se siente? No ser tan perfecta digo —</span>decía burlona la mujer que con gozo había rebanado el pie de la genin.<br />
<br />
La menor no podía responderle, no se veía en condiciones de articular palabra ya que el intenso dolor de la pierna la tenía llorando y retorciéndose.<br />
<br />
Sin previo aviso, sin nada que indicase lo que iba a pasar, el otro hombre con una maza le asestó un potente golpe en la zurda a la kunoichi, una y otra vez ignorando los gritos de la chica hasta que su mano pasó a ser una masa de carne amorfa y cubierta de sangre, llegado el punto en que la atadura prácticamente dejó de cumplir su función sobre aquella extremidad.<br />
<br />
¿Qué otra cosa podía hacer Noemi más que llorar y removerse en el lugar? No tenía la experiencia, no tenía la voluntad ni la resistencia, no estaba preparada para una situación así, era demasiado joven para ello…<br />
<br />
Pronto, el renegado alcanzó a los demás Sakamotos que parecían haber liquidado a prácticamente todos los soldados, se acercó con suma seguridad en sí mismo, como si estuviese seguro de ser capaz de enfrentarse a esos seis jounins sin problemas pero el mayor de los de Uzushio tomó la palabra tras terminar con otro de los bandidos.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Katsu conmigo, el resto vayan a buscar a Noemi —</span>fue la única indicación que dio el mayor.<br />
<br />
De los seis, solo Osamu mantenía el semblante sereno, todos los demás tenían una expresión de fiereza como si se hubiesen dejado llevar por la ira, probablemente por estar luchando mientras escuchaban los gritos de su hermana menor. Pero Katsu por su parte se mostraba bastante a gusto, con una perturbadora sonrisa y ningún signo de asco al verse bañado en sangre de sus enemigos. Era con diferencia, al que más sangre había caído.<br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—Por mi bien —</span>soltó burlón Katsu antes de lanzar todas sus katanas al aire al igual que hizo Osamu un instante antes.<br />
<br />
Los demás sencillamente siguieron la orden del mayor, mediante el sunshin no jutsu pasaron al renegado, aunque este no se mostró demasiado dispuesto a detenerles.<br />
<br />
De algún modo, a medida que los cuatro Sakamoto avanzaban por la cueva pudieron divisar perfectamente a dos extraños armados a cada lado de Noemi, quien no hacía más que llorar y suplicar por algo de piedad. Una pierna rebanada, una mano molida y moratones por todas partes sin mencionar la daga que yacía incrustada en su brazo bueno.<br />
<br />
Hideo se adelantó a los demás, desenfundó todas sus armas y las lanzó hacia el techo aunque todas en misma dirección, dio un salto y las atrapó absolutamente todas entre brazos, axilas, codos, cuello, incluso dos por cada mano y una en la boca. Con el aspecto de un erizo algo atolondrado, el shinobi se lanzó hacia el hombre que tenía la maza en mano y comenzó a atacarle a gran velocidad, sin darle chance de contraatacar en ningún instante.<br />
<br />
La mujer supuso que podría aprovechar para atacar a Hideo en ese instante, pero pronto Hiromasa y Kenji se enfrentaron a ella lanzando sus espadas y aprovechando incluso la distracción para meterla en un genjutsu en el que los filos que aún no habían caído se multiplicaban.<br />
<br />
Así, Hiromasa se movió rápidamente detrás de la mujer mientras que Kenji se acercaba rápidamente de frente y entre ambos le asestaron cortes que en consecuencia hicieron que su cabeza y torso se separasen, quedando las piernas de pie por unos instantes pero ya sin torso ni cabeza. Un segundo después, todo cayó a tierra claramente sin vida.<br />
<br />
El otro bandido, quien se las había arreglado para sobrevivir al intenso ataque de Hideo, halló su fin cuando Yuna le atacó desde la distancia lanzando dos espadas que previamente había clavado en el suelo. Una de las katanas rebanó el brazo con el que el hombre había estado empuñando la maza, la otra le atravesó verticalmente el torso y por si fuera poco, Hideo dio una última voltereta en la que descuartizó completamente el cuerpo de aquel individuo.<br />
<br />
Tan simple como eso habían salvado a su hermana, desesperada, maltrecha y seguramente traumada de por vida por lo ocurrido.<br />
<br />
Pero todavía les quedaba una cosa entre medio, así que tras liberar a Noemi de sus ataduras, Hideo se cargó a la menor a la espalda y los demás se adelantaron para ofrecer alguna ayuda a Osamu y Katsu. Pero al llegar se encontraron con el cuerpo sin vida del renegado y a sus hermanos recolectando sus armas, ninguno de los dos presentaba rasguño alguno.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Volvamos a casa —</span>fueron las únicas palabras que dedicó el mayor de todos.<br />
<br />
Aquel día ni siquiera Katsu fardó de lo que había logrado en aquella cueva.<br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid goldenrod; font-size: 11px;"></div>
<br />
Al pasar algunas semanas, las heridas de Noemi habrían sanado completamente, su brazo derecho y pierna izquierda estarían completamente recuperadas y en pleno funcionamiento, pero no así sus otras extremidades. No importaba cuánto se hiciera, no había manera de que los huesos molidos de su mano se recuperasen o que volviese a caminar, después de todo no había manera de que se recuperase de un miembro amputado. Y todo eso sin mencionar el estado emocional de la kunoichi, quien aquel verano renunció a su posición de kunoichi de Uzushiogakure.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: gold;" class="mycode_color">—Maldito imbécil —</span>murmuraba una malhumorada kunoichi.<br />
<br />
Un encuentro espontáneo con aquel chico había sido atroz para ella, no solo para su ya cuestionable estado de ánimo sino también para sus nervios, después de todo se la habían pasado insultándose mutuamente hasta el cansancio y dicho sea de paso, el chico volvió a darle un buen golpe a su autoestima que en los últimos días había estado por el suelo.<br />
<br />
<span style="color: lime; font-style: italic;">«Se suponía que las cosas eran distintas, soy una Sakamoto, no puede ser que me consideren una mierda así »</span>pensaba mientras avanzaba por aquel desértico paraje.<br />
<br />
Uchiha Datsue probablemente sería un objetivo para todos los demás del clan, es cierto, pero Noemi se había llevado tan mal con él que lo mejor según ella era olvidarse completamente de él o de lo contrario terminarían matándose mutuamente, pero las pocas reacciones que provocaba en él le molestaba demasiado, no podía ser posible que siendo una Sakamoto, una de las nueve selectas le hablen de tal manera y la despreciasen de tal forma.<br />
<br />
De cualquier manera, la kunoichi tenía otras cosas de las que ocuparse, mucho más urgentes que encontrar el razonamiento lógico de aquel individuo aunque un “es homosexual” siempre explicaba las cosas rápida y eficazmente.<br />
<br />
Llegar a Yukio y mantenerse refugiada en alguna posada mientras sus hermanos hacían todo el trabajo sucio, aquella era su misión. No suponía ningún tipo de riesgo ya que en ningún momento nadie debería detectarla ni similares, no se vería expuesta al peligro y en cualquier caso los otros cinco que la habían estado acompañando eran shinobis con mucha experiencia en el campo de batalla, nadie puede ir y molestar abiertamente a cinco jounins de Uzushio y esperar salir airoso del combate…<br />
<br />
El tiempo pasó, Noemi avanzaba por el país de la Tierra ya algo más tranquila tras ese encuentro con el Uchiha. Se suponía que debía de estar en el país de la Tormenta varias horas antes pero por una cosa o la otra había terminado atrasándose y en consecuencia ocurrió lo que nadie tuvo en cuenta que podría pasar.<br />
<br />
Un grupo reducido de bandidos liderado por un shinobi renegado interceptaron a la kunoichi.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color">—Hey, mira eso —</span>dijo un hombre fornido de cabellos azabaches y varias cicatrices dispersas por su rostro.<br />
<br />
<span style="color: sandybrown;" class="mycode_color">—¿Será uno de esos? Tiene toda la pinta —</span>preguntó un hombre bastante más delgado pero sumamente alto.<br />
<br />
A medida que iban soltándose preguntas entre sí, fueron rodeando a la kunoichi quien realmente no tenía mucha idea de lo que debería de hacer, es decir, los podía ver a todos armados y al menos por aspecto la intimidaban bastante.<br />
<br />
<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">—¿Qué pasa? ¿No vas a decir nada? —</span>Cuestionó una mujer de extensa cabellera castaña al tiempo que se acercaba a la rubia desde atrás.<br />
<br />
Noemi no dijo absolutamente nada, no tenía sentido realmente, todos allí sabrían perfectamente que estaba mintiendo, no valía la pena siquiera mentir. Pero para cuando se armó de valor para pronunciar al menos una palabra, uno de los hombres más robustos la asestó un potente golpe en el estómago que además de sacarle el aire la hizo vomitar algo de sangre.<br />
<br />
Luego de ese fuerte impacto, la kunoichi no pudo hacer más que desplomarse sobre sus rodillas cubriéndose el vientre con ambos brazos. El dolor y la  falta de aire la habían dejado sin habla y completamente paralizada en aquella lamentable posición.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color">—Llévensela —</span>indicó el que parecía ser más experimentado del grupo.<br />
<br />
Tal y como este dijo, otro de los hombres pertenecientes al grupo la tomó debajo de su brazo como si su peso no le significase nada y en grupo se dirigieron hacia Yukio.<br />
<br />
<div style="border-top: 2px solid goldenrod; font-size: 11px;"></div>
<br />
Las horas pasaban y el grupo Sakamoto no recibía ninguna noticia de la menor de sus hermanas.<br />
<br />
<span style="color: firebrick;" class="mycode_color">—Ya tendría que estar aquí, ¿se habrá perdido? —</span>decía Hideo, el tercero.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Esperemos que sea eso —</span>respondió Hiromasa, el segundo, quien afilaba una de sus múltiples espadas.<br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—Pero no podemos esperar más, tenemos que irnos ahora —</span>indicó Katsu, el cuarto.<br />
<br />
Los demás simplemente asintieron y tras preparar sus cosas salieron de la posada dejando una nota a Noemi, también dejaron indicaciones al posadero para que guiase a la menor de las hermanas hacia esa habitación reunidos hasta el momento.<br />
<br />
Sin esperar más, los seis hermanos partieron en busca de aquella guarida que otra de sus hermanas había logrado localizar, era algo joven en comparación de los demás pero había demostrado ser sumamente útil a la hora de rastrear personas, fue así como dieron con una especie de cueva camuflada entre elevaciones del terreno.<br />
<br />
La misión de estos shinobi era la de erradicar a todos los bandidos que acompañasen a ese shinobi exiliado. Tendría que ser algo sumamente simple para tantos ninjas de élite, pero desde lo alto de una montaña Goro divisó perfectamente la rubia cabellera de Noemi, quien se removía en un intento por liberarse de aquel agarre que la apresaba.<br />
<br />
La expresión serena de los cinco masculinos cambió radicalmente, no habían tenido en cuenta la posibilidad de que interceptaran a la que actuaría como una mera mensajera en caso de que algo saliera mal.<br />
<br />
<span style="color: red;" class="mycode_color">—Hicimos mal en traerla… —</span>Murmuró Kenji tras chasquear la lengua.<br />
<br />
<span style="color: darkcyan;" class="mycode_color">—Vamos a tener que buscarla antes de hacer nada —</span>comentó Hiromasa, algo afligido al no poder hacer nada de buenas a primeras.<br />
<br />
La mayoría estuvo dispuesto a rearmar el plan, la idea original era la de pasar por cuchillo toda esa guarida teniendo a alguien en la entrada para que se asegurase de que nadie escaparía, pero la presencia de Noemi allí adentro cambiaba radicalmente las cosas.<br />
<br />
Pero en el preciso instante en que cinco de los Sakamotos se voltearon dispuestos a alejarse y discutir un nuevo plan de acción, el mayor de todos, el más alto y robusto de los hermanos con notorio bello facial que se extendía hasta cubrirle una parte del pecho rompió el silencio.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Haremos las cosas como lo planeamos, no podemos permitir que esto salga mal —</span>fueron las severas palabras del hombretón que desenfundó dos de sus Uchigatanas y se lanzó por aquel acantilado en dirección al a cueva.<br />
<br />
<span style="color: steelblue;" class="mycode_color">—¡Osamu! —</span>exclamó la única fémina del equipo, una de las mayores.<br />
<br />
Ya era demasiado tarde para intentar hablar con aquel que los lideraba, este ya se había lanzado contra un par de guardias que se habían refugiado en el interior de la cueva para vigilar que nadie se acercase por casualidad.<br />
<br />
A él le siguieron todos los demás, Katsu con una perturbadora sonrisa dibujada y el resto con semblantes serenos, a excepción de Hideo a quién no le gustaba para nada la situación y se le notaba en la cara.<br />
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<div style="border-top: 2px solid goldenrod; font-size: 11px;"></div>
<br />
Aquel grupo que había secuestrado a Noemi era probablemente el más experimentado en combate, además de que su líder era un shinobi que había traicionado a Uzushiogakure y según alguno que otro informe, podría tener alguna intención de intentar negociar con Amegakure si es que las autoridades de esta última villa accedían y no le ejecutaban en el acto.<br />
<br />
<span style="color: sienna;" class="mycode_color">—Asegúrense que no escape —</span>fue la única indicación que dio aquel renegado antes de retirarse a interceptar a los de Uzushiogakure.<br />
<br />
Sus secuaces por su parte asintieron con una siniestra sonrisa en el rostro y procedieron a cumplir con sus órdenes.<br />
<br />
Primeramente amarraron a la rubia, quien se retorcía e insultaba tanto como podía como si fuese a ayudarle en algo. Luego de ello, cuando se hubieron asegurado de que la chica estaba firmemente amarrada a la pared, la mujer de cabello café tomó un hacha y sin ninguna piedad la utilizó para asegurarse de que Noemi no se iría a ninguna parte…<br />
<br />
Gritos desgarradores inundaron la cueva acompañados del eco que el ambiente producía, gritos que sirvieron para estremecer los cuerpos de todos sus hermanos que lo escucharon claramente como si estuviesen presenciando lo que hacían a la menor, pero una vez más, Osamu, el más experimentado hizo lo posible por motivar a sus compañeros.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—¡Rápido! ¡Matadlos a todos! —</span>rugió cual animal tras desgarrar el torso de un bandido de poca monta que se había interpuesto en su camino.<br />
<br />
La lucha estaba tornándose más y más feroz. La sangre brotaba a montones mayormente de cuerpos de los renegados, en mucha menor medida los shinobis se llevaban algunos cortes. La diferencia era abismal, casi parecía que estaban ejecutando a un grupo de aldeanos indefensos sin ninguna piedad… Pero los delitos de todos ellos eran incuestionables, robo, asesinato, violación, todo ello y más que justificaba la sentencia que los Sakamoto estaban impartiendo.<br />
<br />
<span style="color: darkorchid;" class="mycode_color">—¿Cómo se siente? No ser tan perfecta digo —</span>decía burlona la mujer que con gozo había rebanado el pie de la genin.<br />
<br />
La menor no podía responderle, no se veía en condiciones de articular palabra ya que el intenso dolor de la pierna la tenía llorando y retorciéndose.<br />
<br />
Sin previo aviso, sin nada que indicase lo que iba a pasar, el otro hombre con una maza le asestó un potente golpe en la zurda a la kunoichi, una y otra vez ignorando los gritos de la chica hasta que su mano pasó a ser una masa de carne amorfa y cubierta de sangre, llegado el punto en que la atadura prácticamente dejó de cumplir su función sobre aquella extremidad.<br />
<br />
¿Qué otra cosa podía hacer Noemi más que llorar y removerse en el lugar? No tenía la experiencia, no tenía la voluntad ni la resistencia, no estaba preparada para una situación así, era demasiado joven para ello…<br />
<br />
Pronto, el renegado alcanzó a los demás Sakamotos que parecían haber liquidado a prácticamente todos los soldados, se acercó con suma seguridad en sí mismo, como si estuviese seguro de ser capaz de enfrentarse a esos seis jounins sin problemas pero el mayor de los de Uzushio tomó la palabra tras terminar con otro de los bandidos.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Katsu conmigo, el resto vayan a buscar a Noemi —</span>fue la única indicación que dio el mayor.<br />
<br />
De los seis, solo Osamu mantenía el semblante sereno, todos los demás tenían una expresión de fiereza como si se hubiesen dejado llevar por la ira, probablemente por estar luchando mientras escuchaban los gritos de su hermana menor. Pero Katsu por su parte se mostraba bastante a gusto, con una perturbadora sonrisa y ningún signo de asco al verse bañado en sangre de sus enemigos. Era con diferencia, al que más sangre había caído.<br />
<br />
<span style="color: deepskyblue;" class="mycode_color">—Por mi bien —</span>soltó burlón Katsu antes de lanzar todas sus katanas al aire al igual que hizo Osamu un instante antes.<br />
<br />
Los demás sencillamente siguieron la orden del mayor, mediante el sunshin no jutsu pasaron al renegado, aunque este no se mostró demasiado dispuesto a detenerles.<br />
<br />
De algún modo, a medida que los cuatro Sakamoto avanzaban por la cueva pudieron divisar perfectamente a dos extraños armados a cada lado de Noemi, quien no hacía más que llorar y suplicar por algo de piedad. Una pierna rebanada, una mano molida y moratones por todas partes sin mencionar la daga que yacía incrustada en su brazo bueno.<br />
<br />
Hideo se adelantó a los demás, desenfundó todas sus armas y las lanzó hacia el techo aunque todas en misma dirección, dio un salto y las atrapó absolutamente todas entre brazos, axilas, codos, cuello, incluso dos por cada mano y una en la boca. Con el aspecto de un erizo algo atolondrado, el shinobi se lanzó hacia el hombre que tenía la maza en mano y comenzó a atacarle a gran velocidad, sin darle chance de contraatacar en ningún instante.<br />
<br />
La mujer supuso que podría aprovechar para atacar a Hideo en ese instante, pero pronto Hiromasa y Kenji se enfrentaron a ella lanzando sus espadas y aprovechando incluso la distracción para meterla en un genjutsu en el que los filos que aún no habían caído se multiplicaban.<br />
<br />
Así, Hiromasa se movió rápidamente detrás de la mujer mientras que Kenji se acercaba rápidamente de frente y entre ambos le asestaron cortes que en consecuencia hicieron que su cabeza y torso se separasen, quedando las piernas de pie por unos instantes pero ya sin torso ni cabeza. Un segundo después, todo cayó a tierra claramente sin vida.<br />
<br />
El otro bandido, quien se las había arreglado para sobrevivir al intenso ataque de Hideo, halló su fin cuando Yuna le atacó desde la distancia lanzando dos espadas que previamente había clavado en el suelo. Una de las katanas rebanó el brazo con el que el hombre había estado empuñando la maza, la otra le atravesó verticalmente el torso y por si fuera poco, Hideo dio una última voltereta en la que descuartizó completamente el cuerpo de aquel individuo.<br />
<br />
Tan simple como eso habían salvado a su hermana, desesperada, maltrecha y seguramente traumada de por vida por lo ocurrido.<br />
<br />
Pero todavía les quedaba una cosa entre medio, así que tras liberar a Noemi de sus ataduras, Hideo se cargó a la menor a la espalda y los demás se adelantaron para ofrecer alguna ayuda a Osamu y Katsu. Pero al llegar se encontraron con el cuerpo sin vida del renegado y a sus hermanos recolectando sus armas, ninguno de los dos presentaba rasguño alguno.<br />
<br />
<span style="color: springgreen;" class="mycode_color">—Volvamos a casa —</span>fueron las únicas palabras que dedicó el mayor de todos.<br />
<br />
Aquel día ni siquiera Katsu fardó de lo que había logrado en aquella cueva.<br />
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Al pasar algunas semanas, las heridas de Noemi habrían sanado completamente, su brazo derecho y pierna izquierda estarían completamente recuperadas y en pleno funcionamiento, pero no así sus otras extremidades. No importaba cuánto se hiciera, no había manera de que los huesos molidos de su mano se recuperasen o que volviese a caminar, después de todo no había manera de que se recuperase de un miembro amputado. Y todo eso sin mencionar el estado emocional de la kunoichi, quien aquel verano renunció a su posición de kunoichi de Uzushiogakure.]]></content:encoded>
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